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Opinión

Eduardo Fernández

Los dos últimos artículos los he dedicado al cambio político institucional y al cambio económico. Hoy debo abordar al cambio social.

Razones evidentes me obligan a referirme antes a la terrible situación que está enfrentando la humanidad con la crisis que se presenta por la invasión de Rusia a Ucrania. Allí se están confrontando dos imperios que disponen de armas atómicas. Armas que tienen el potencial suficiente para acabar con la especie humana.

Hago mías las palabras de Su Santidad el Papa Francisco que nos pide a todos orar por la paz. Rechazamos la guerra. Ningún motivo puede justificar la apelación a las armas. Nada justifica la guerra. Mucho menos, entre potencias que disponen de armas nucleares que pueden acabar con todo vestigio de vida humana sobre el planeta.

Apostamos por el diálogo, por la diplomacia y por la solución pacífica de los conflictos. Ojalá los líderes de las potencias en conflicto escuchen la voz y los consejos del Papa Francisco.

En cuanto a nosotros, el tema del cambio social tiene que ver con el incremento alarmante de la pobreza y de la pobreza extrema en nuestro país. Nunca habíamos tenido tantas familias venezolanas viviendo con ingresos inferiores al nivel de pobreza. Nunca los pobres habían sido tan pobres. Víctimas de la pobreza, de la desesperanza, millones de compatriotas han abandonado al país en busca de mejores horizontes.

Resolver el problema de la pobreza, de la marginalidad, de la miseria, es una prioridad nacional. Prioridad impuesta por razones éticas y morales, en primer lugar. No es justo que tanta gente esté sufriendo los rigores de la pobreza y las consecuencias de las políticas equivocadas, en un país dotado de tantos recursos y de tantas posibilidades.

Además de las exigencias de la justicia social, resolver el problema de la pobreza y de la desigualdad responde a una racionalidad económica y a una racionalidad política. La recuperación económica de Venezuela supone la existencia de un vigoroso mercado consumidor.

Convertir a los pobres en consumidores es una exigencia de la economía nacional. Desde el punto de vista político, no puede haber una democracia sólida en un país con una minoría opulenta y una mayoría depauperada.

El cambio social que proponemos combina dos elementos: Inversiones que generen empleo y educación que capacite a los jóvenes venezolanos para asumir los nuevos empleos que se van a generar con la presencia de las nuevas y cuantiosas inversiones que requerimos. Empleos modernos, productivos, estables y bien remunerados.

Los pobres saldrán de la pobreza con la dignidad que supone un trabajo bien remunerado.

Seguiremos conversando.

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David Morán Bohórquez

1. Se ha creado una alharaca con la visita de unos funcionarios gringos al régimen de Maduro. Ya están en Ccs. La visita la propagandearon Anatoly Kurmanaev del NYT y Trish Regan, ex ancla de Fox News y ahora maneja su empresa TARM holdings. Voy con mi razonamiento

2. Propagaron la idea, esos periodistas, que la visita busca acercar al gobierno de Biden al régimen de Maduro, de manera de aumentar el aislamiento mundial del régimen de Putler. Kurmanaev resalta que los visitantes son de “alto nivel” y Regan dice que es una “smart move”.

3. De ahí muchos locales han especulado que levantarán las sanciones a Pdvsa porque EEUU necesita el petróleo de Venezuela. Y levantadas las sanciones, Maduro, como Rico McPato, nadará en petrodólares.

4. ¿Qué es lo que está detrás de la visita de “alto nivel” de los estadounidenses? Una empresa: Chevron. Y específicamente una persona, su presidente en Venezuela, el peruano Javier La Rosa, quien sostiene que Chevron puede producir 800 kbpd si le levantan las sanciones a Pdvsa.

5. Con eso recuperarían la deudota de Pdvsa con Chevron, manejarían ellos la venta de los barriles y no Pdvsa y en redondo, Pdvsa sería de nuevo una empresa azul, es decir, transparente. ¿Es ello posible? NO. La Rosa brega por su negocio, no por el país. Ver Javier La Rosa es el gerente clave para intentar que Chevron permanezca en Venezuela.

6. Maduro marcó el aislamiento de Vzla con Occidente con su apoyo a Putler. Sólo 5 países lo hicieron. Como un loco no midió las consecuencias de esa histórica decisión. Antier, EEUU ratificó que considera a nuestro país como amenaza. Pero veamos el asunto energético.

7. ¿Cómo es Pdvsa hoy? Un productor marginal por esfuerzo propio ~ 200 kbpd y ~ 350-400 kbpd con las empresas mixtas. Pero Pdvsa toma y comercializa todos los barriles producidos y no paga a las socias. ¿A dónde van esos barriles? A China y Cuba.

8. ¿Hay otro socio? Si. Irán, que envía aproximadamente 30 kbpd de condensados, que permiten producir un 200 kbpd de crudo Merey para exportación, que a su vez se usa para el repago a Irán de los condensados. Irán coloca por su cuenta el Merey en los mercados de Asia.

9. Si no llegan los condensados de Irán, la producción local y las exportaciones caen porque Pdvsa destruyó la produccion de livianos y medianos en el país, y por lo tanto la capacidad de alimentar las refinerías y también la producción del Merey en los mejoradores.

10. El gobierno de Biden ha sido enemigo de las petroleras estadounidenses. Y éstas redujeron sus inversiones porque el mundo no necesitaba más petróleo sino energía verde. Pero entonces dos crisis le estallaron a Biden en la cara: la inflación y Putler.

11. Biden ha emitido más dinero inorgánico que nadie en la historia de EEUU. Y era lógico, que el petróleo que se transa en dólares, subiera de precio. Pero Biden busca culpar al suministro petrolero mundial de la inflación estadounidense. Y esa lógica es la que aprovecha Chevron para recuperar su deuda y continuar operaciones en Vzla. Business is Business.

12. ¿Hay hoy en el mundo problemas de suministro de crudo? NO. El ruso fluye no sujeto a sanciones. ¿Y el precio? Sube por la emisión inorgánica de dólares y por la incertidumbre. Es lógico. Pero los fundamentos del mercado están ahí. Ayer la Opep+ acordó bombear 400 kbpd adicionales desde marzo. Que es casi la producción total de Venezuela.

13. ¿Dónde está la crisis? En el gas. Europa tiene una notable dependencia del gas ruso y especialmente Alemania. ¿Tienen alternativas al gas ruso? Si, pero más caras, como el carbón y la importación de electricidad. Alemania pagará un alto costo energético, pero no por culpa de Vzla o Arabia Saudita. lo pagará porque decidieron depender del gas ruso. Y de esa dependencia no se sale en el corto plazo.

14. En mi razonamiento concluyo que la visita de “alto nivel” a Venezuela no tiene nada que ver con la energía propiamente. El petróleo de Venezuela no juega en Occidente, ese petróleo es de China, y en gas no tiene nada que decir. Es Biden aprovechando el lobby de Cheveron para decirle a los estadounidenses que el precio de la gasolina es culpa de los países petroleros que no quieren producir más. Y por supuesto, Chevron quiere pescar en ese río.

15. ¿A dónde nos lleva esa visita? ¿Romperá Maduro con la Rusia de Putler, que es donde maneja sus finanzas? Ustedes conocen la naturaleza del alacrán y por lo tanto el resultado.

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Ricardo Hausmann

Mientras escribo, el ejército de Rusia ha entrado en la capital de Ucrania, Kiev. Ahora está claro que la amenaza de sanciones no disuadió al presidente ruso, Vladimir Putin, de lanzar su invasión. Pero cumplir con la amenaza aún puede desempeñar otros dos roles: las sanciones pueden limitar la capacidad de Rusia para proyectar poder al debilitar su economía, y pueden crear un precedente que podría influir en el comportamiento futuro de Putin frente a otros países como Georgia, Moldavia. , y los estados bálticos.

Una de las razones por las que la amenaza de sanciones podría no haber impedido la guerra es que Rusia no las consideró creíbles. Si imponer una sanción es costoso, la voluntad política para hacerlo puede ser débil o evaporarse con el tiempo. Por ejemplo, los consumidores occidentales ya están molestos por los altos costos de la energía. Un embargo sobre el petróleo ruso reducirá el suministro mundial de energía y hará que los precios suban aún más, lo que podría desencadenar una reacción violenta contra la política.

Esa puede ser la razón por la que los países occidentales no la han impuesto, sino que han optado por sanciones financieras que, hasta ahora, han sido decepcionantes. Después de todo, posiblemente la sanción más importante hasta la fecha, la suspensión del gasoducto Nord Stream 2 que habría entregado gas natural ruso directamente a Alemania, ejercerá presión sobre el mercado de gas natural de Europa, que ya es ajustado.

Las sanciones son más efectivas y creíbles si imponen grandes costos al objetivo previsto pero implican pequeños costos o incluso beneficios para quienes las imponen. Encontrar tales sanciones es más fácil decirlo que hacerlo, como muestra el proyecto Nord Stream 2. Entonces, ¿qué instrumentos tiene Occidente en su arsenal?

Uno que ha recibido sorprendentemente poca atención son los impuestos punitivos sobre el petróleo y el gas rusos. A primera vista, imponer un impuesto a un bien debe aumentar su precio, encareciendo aún más la energía para los consumidores occidentales. ¿Derecha? ¡Incorrecto!

Se trata de algo llamado análisis de incidencia fiscal, que se enseña en los cursos básicos de microeconomía. Un impuesto sobre un bien, como el petróleo ruso, afectará tanto a la oferta como a la demanda, modificando el precio del bien. Cuánto cambia el precio y quién asume el costo del impuesto depende de qué tan sensibles sean al impuesto tanto la oferta como la demanda, o lo que los economistas llaman elasticidad. Cuanto más elástica es la demanda , más soporta el productor el costo del impuesto porque los consumidores tienen más opciones. Cuanto más inelástica es la oferta , más paga el productor –nuevamente– el impuesto, porque tiene menos opciones.

Afortunadamente, esta es precisamente la situación que enfrenta Occidente ahora. La demanda de petróleo ruso es muy elástica, porque a los consumidores realmente no les importa si el petróleo que utilizan proviene de Rusia, del Golfo o de algún otro lugar. No están dispuestos a pagar más por el petróleo ruso si hay disponible otro petróleo con propiedades similares. Por lo tanto, el precio del petróleo ruso después de impuestos está determinado por el precio de mercado de todos los demás petróleos.

Al mismo tiempo, la oferta de petróleo ruso es muy inelástica, lo que significa que grandes cambios en el precio al productor no inducen cambios en la oferta. Aquí, los números son asombrosos. Según los estados financieros del grupo energético ruso Rosneft para 2021, los costos operativos upstream de la empresa son de 2,70 dólares por barril. Asimismo, Rystad Energy , una empresa de inteligencia de negocios, estima el costo variable total de producción del petróleo ruso (excluyendo impuestos y costos de capital) en $5.67 por barril.

Dicho de otra manera, incluso si el precio del petróleo cayera a $ 6 por barril (ahora está por encima de $ 100), a Rosneft le interesaría seguir bombeando: la oferta es realmente inelástica a corto plazo. Obviamente, bajo esas condiciones, no sería rentable invertir en mantener o expandir la capacidad de producción, y la producción de petróleo disminuiría gradualmente, como siempre ocurre debido al agotamiento y la pérdida de presión del yacimiento. Pero esto llevará tiempo y, para entonces, es posible que otros se apoderen de la cuota de mercado de Rusia.

En otras palabras, dada una elasticidad de la demanda muy alta y una elasticidad de la oferta a corto plazo muy baja, un impuesto sobre el petróleo ruso lo pagaría esencialmente Rusia. En lugar de ser costoso para el mundo, imponer tal impuesto en realidad sería rentable. Un impuesto global punitivo sobre el petróleo ruso, a una tasa de, digamos, 90% o $90 por barril, podría extraer y transferir al mundo unos $300 mil millones por año del cofre de guerra de Putin, o alrededor del 20% del PIB de Rusia en 2021. Y sería infinitamente más conveniente que un embargo sobre el petróleo ruso, que enriquecería a otros productores y empobrecería a los consumidores.

Esta lógica también se aplica al Nord Stream 2. Un impuesto equivalente al 90% del precio del gas natural de la Unión Europea , que actualmente ronda los 90 € (101 dólares) por megavatio-hora, mantendría el gas ruso en el mercado pero expropiaría la renta.

Pero, ¿qué tan factible sería un impuesto mundial del 90% sobre el petróleo ruso? En 2019, el 55 % de las exportaciones rusas de combustibles minerales (incluidos el petróleo, el gas natural y el carbón) se destinaron a la UE, mientras que otro 13 % se destinó a Japón, Corea del Sur, Singapur y Turquía. China obtuvo solo el 18%. Si todos estos países, excepto China, acordaran gravar el petróleo ruso al 90%, Rusia intentaría vender todo su petróleo a China. Pero esto pondría a China en una fuerte posición de negociación. En tal escenario, a China le interesaría imponer el impuesto, porque tal instrumento extraería la renta que, de lo contrario, tendría que pagar a Rusia.

En resumen, un impuesto punitivo sobre el petróleo ruso debilitaría significativamente a Rusia y beneficiaría a los países consumidores, haciéndolo más creíble y sostenible que un embargo. La idea merece mucha más atención de la que ha recibido.

Este artículo fue publicado originalmente en Project Syndicate el 26 de febrero de 2022

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Carlos Raúl Hernández

Entre extremos oscilan las expectativas sobre cambios económicos promovidos por el gobierno, que luce inseguro en sus pasos. Decíamos semanas atrás que en los ochentas después de un par de décadas de programas de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y de gobiernos populistoides, la región entra en un espantoso remolino, la Crisis de la Deuda. Había derrochado recursos en una industrialización parasitaria y no podía pagar las importaciones, sus monedas desaparecen en inflación y devaluación, y los sectores populares se depauperan. Los bomberos llegan con los Programas de Estabilización Macroeconómica del FMI, des-aprendizaje del basurero marxistoide; y la nueva cultura: que el flujo de los precios los equilibra y la libre convertibilidad evita la fuga de divisas; el Estado debe estimular los capitales nacionales y extranjeros, controlar los gastos fiscales y moderar las ganas de “hacer el bien” a costa de quebrar la economía. Invertir los recursos públicos con transparencia en puertos, aeropuertos, carreteras, hospitales, electricidad, escuelas y demás servicios, pero no gerenciarlos porque los destruyen la corrupción y el despilfarro. Eso era un programa “neoliberal” del FMI.

Aprendieron a nadar mientras se hundía la canoa y costó ahogos. Pero en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, gobiernos revolucionarios del siglo XXI lo dejaron claro: bien lejos con nacionalizar o estatizar empresas (la señora Castro de Honduras anuncia electricidad gratis. Ya se verá qué pasa) En el aprendizaje varios patinaron con engendros llamados programas heterodoxos de estabilización, eufemismo para designar chapapotes, mezclas oliscas de buena intención con ignorancia (Vaclav Havel escribió que “no se podía saltar un abismo en dos trancos”). Raúl Alfonsín asume la Presidencia de Argentina en 1983 para enfrentar la crisis que dejó la dictadura militar. Presenta el llamado Plan Austral de 1985, cuyos autores creían como Hans que el problema era el sofá y quitar ceros a la moneda detendría la inflación, mientras denunciaban el “neoliberalismo” y la “inhumanidad del FMI”. Hubo profusión de planes piratas heterodoxos pareja de culebra y conejo, que no erradican la enfermedad porque el tratamiento era fastidioso. Controlaban los precios de servicios públicos que quebraban y de alimentos que desaparecían.

El amor a la patria no aceptó privatizaciones, pero sí miseria, recesión, devaluación, hiperinflación, desempleo. El austral se hunde y se editaron a la carrera billetes de 10.000, 50.000, 500.000 y 1.000.000. No pueden con la deuda externa y emprenden una nueva ociosidad, el Plan Primavera, que trajo saqueos, incendios, fuga de divisas, devaluación, record histórico de pobreza y renuncia del Presidente. Asume Carlos Menem y con un plan serio, el de Convertibilidad, bajó la hiperinflación a un dígito y puso a crecer la economía, pero su sucesor, de la Rúa, en lucha renovada contra el dragón neoliberal, descarrilará los pobres de nuevo al abismo con el fin de ayudarlos (como Caldera aquí y su propio plan pirata, la Agenda Venezuela) Luego la familia Kirchner culminará el desastre. En Brasil de 1986, el Presidente Sarney intenta su propio gatuperio, el Plan Cruzado. Al cruceiro le quitan tres ceros y se convierte en cruzado, control de precios y de cambio, con el iluso fin de parar inflación y devaluación.

Publican la tabla de precios controlados en las dos monedas y una manada de lobos de la superintendencia sale a extorsionar comerciantes. Más hambre, las favelas tuvieron fama mundial por enjambres de garotos que bajaban en masa de Pan de Azúcar a Copacabana a asaltar a los turistas. Para 1990 triunfa Fernando H. Cardoso, ya sin las telarañas de la teoría de la dependencia. Confesó con conmovedora humildad no saber nada de economía, pero bien sabía qué hacer y se rodeó de quienes podían ayudarlo. Produjo el milagro, marcando el camino seguido por Lula, aunque el PT le puso aditamentos como Odebrecht. Los asesores ecuatorianos en Venezuela deben recordarlo. Cardoso creó una moneda ficticia llamada URV (Unidad Real de Valor) que coexistió unos meses con el cruzado. Los artículos tenían un precio invariable en URV, aunque la inflación inercial en cruzados seguía.
La gente se acostumbró al URV y mientras creaba confianza en el Real, Cardoso realizaba cirugía de corazón abierto a la economía apoyado por el cardiólogo jefe del FMI (tal como hicieron Menem, Salinas, Sánchez de Losada, Carlos Andrés Pérez) con una montaña de dólares a cambio de racionalizar los gastos del Estado y vender sus despojos. Libera importaciones y estimula exportaciones para traer divisas. Emprende la reconversión industrial, e invierte masivamente en formar mano de obra técnica. Eleva las tasas de interés por sobre la inflación para recuperar el ahorro y el valor de la moneda. Dio confianza a los trabajadores, comerciantes, empresarios, campesinos, profesionales, que nadie con carnet del gobierno podía arrebatarles sus empresas o los productos de su trabajo. Quienes invertían su dinero para generar empleo, tenían la protección de las instituciones. Para vivir mejor había que trabajar y estudiar más. ¿Pasará aquí algo parecido? Naturalmente con el Poder Comunal y demás cucarachas voladoras, no se llega muy lejos.

@CarlosRaulHer

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Josep Borrell

Algunas semanas pueden parecer décadas, y esta semana ha sido una de ellas. Con el desnudo acto de agresión de Rusia contra Ucrania, la tragedia de la guerra ha vuelto a estallar en Europa. Las fuerzas rusas han bombardeado viviendas, escuelas, hospitales y otras infraestructuras civiles. La maquinaria propagandística del Kremlin se ha disparado en su esfuerzo por justificar lo injustificable. Más de un millón de personas han huido ya de la violencia, y aún quedan más por llegar.

Los ucranianos, por su parte, están organizando una heroica defensa de su país, impulsados por el liderazgo del presidente Volodymyr Zelensky. Ante la escalada de ataques y las absurdas afirmaciones del Kremlin que niegan su identidad nacional, los ucranianos han demostrado unidad y resistencia. Atascado en el pasado, el presidente ruso Vladimir Putin puede haberse convencido de que Ucrania le pertenece bajo su visión de una "gran Rusia". Pero los ucranianos han demostrado que su país les pertenece a ellos, y que su futuro es europeo.

La Unión Europea ha entrado en acción. Mientras algunos esperaban que titubeáramos, que estuviéramos divididos y que reaccionáramos con lentitud, hemos actuado a una velocidad récord para apoyar a Ucrania, rompiendo tabúes en el camino. Hemos impuesto sanciones sin precedentes a los oligarcas vinculados al Kremlin y a los responsables de la guerra. Medidas que eran impensables hace tan solo unos días -como la prohibición de acceso al sistema SWIFT a los principales bancos rusos y la congelación de los activos del banco central ruso- ya están siendo implementadas. Y, por primera vez, la UE está apoyando a los Estados miembros en el suministro de equipos militares a la asediada Ucrania, movilizando 500 millones de euros (554 millones de dólares) a través del Fondo Europeo para la Paz.

Hemos hecho todo esto junto con otros países para garantizar que estas medidas tengan el máximo efecto. Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Suiza, Japón, Singapur y muchos otros centros neurálgicos financieros y económicos se han unido a nosotros en la adopción de duras sanciones. La indignación internacional contra Rusia se está extendiendo en cascada, incluso a los deportes y las artes. Una estampida de empresas está abandonando el mercado ruso.

Sin embargo, las noticias que nos llegan desde el terreno en Ucrania son horribles y aleccionadoras, sin que nadie sepa cómo acabará esta guerra. Putin intentará excusar el derramamiento de sangre que ha desencadenado describiéndolo como un subproducto inevitable de algún choque mítico entre Occidente y el Resto; pero no convencerá a casi nadie. La inmensa mayoría de los países y pueblos de todo el mundo se niegan a aceptar un mundo en el que un líder autocrático pueda simplemente apoderarse de lo que quiera mediante una agresión militar.

El 2 de marzo, una abrumadora mayoría de la Asamblea General de las Naciones Unidas -141 países- votó a favor de los derechos soberanos de Ucrania, denunciando las acciones de Rusia como una clara violación de la Carta de la ONU y del derecho internacional. Sólo cuatro países votaron con Rusia (los 35 restantes se abstuvieron). Esta histórica muestra de consenso mundial demuestra hasta qué punto los dirigentes rusos han aislado a su país. La UE se esforzó por lograr este resultado en la ONU, y estamos totalmente de acuerdo con el Secretario General de la ONU, António Guterres, en que la tarea ahora es poner fin a la violencia y abrir la puerta a la diplomacia.

En la semana transcurrida desde la invasión rusa, también hemos asistido al tardío nacimiento de una Europa geopolítica. Durante años, los europeos han debatido cómo hacer que la UE sea más sólida y consciente de la seguridad, con unidad de propósito y capacidades para perseguir nuestros objetivos políticos en la escena mundial. Se puede decir que en la última semana hemos avanzado más en ese camino que en la década anterior.

Se trata de un avance positivo, pero aún queda mucho por hacer. En primer lugar, debemos prepararnos para apoyar a Ucrania y a su pueblo a largo plazo, tanto por su bien como por el nuestro. No habrá seguridad para nadie si permitimos que Putin se imponga. Si ya no hay reglas, todos estaremos en peligro. Por eso debemos garantizar la supervivencia de una Ucrania libre. Y para ello, debemos mantener una apertura para que Rusia vuelva a la razón, para que se pueda restablecer la paz.

En segundo lugar, debemos reconocer lo que esta guerra supone para la seguridad y la resiliencia europea en general. Consideremos la dimensión energética. Está claro que reducir nuestra dependencia de las importaciones energéticas de potencias autoritarias y agresivas es un imperativo estratégico urgente. Es absurdo que hayamos financiado literalmente la capacidad de nuestro oponente para hacer la guerra. La invasión de Ucrania debería dar un nuevo impulso a nuestra transición energética y ecológica. Cada euro que invirtamos en el desarrollo de energías renovables en casa reducirá nuestras vulnerabilidades estratégicas y ayudará a evitar un cambio climático catastrófico. Reforzar nuestra base también significa hacer frente a las agresivas redes de desinformación de Rusia y perseguir el ecosistema de financiación y tráfico de influencias del Kremlin.

En tercer lugar, en un mundo basado en la política del poder, necesitamos la capacidad de coaccionar y defendernos. Sí, esto incluye medios militares y desarrollárosla necesidad de favorecer su desarrollo. Pero la esencia de lo que la UE ha hecho esta semana es utilizar todas las políticas e instrumentos -que siguen siendo principalmente de naturaleza económica y reguladora- como instrumentos de poder. Deberíamos partir desde esta base en las próximas semanas, en Ucrania, pero también en otros lugares, según sea necesario.

La tarea principal de la "Europa geopolítica" es sencilla. Debemos utilizar nuestro nuevo sentido de propósito primero para garantizar una Ucrania libre, y luego para restablecer la paz y la seguridad en todo nuestro continente.

3 de marzo 2022

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/geopolitical-europe-respond...

 4 min


Ismael Pérez Vigil

Obviamente es un deber comentar sobre la criminal invasión de Ucrania por las tropas de Putin, aun cuando sea difícil hacer un aporte original a todo lo ya dicho, pues, de entrada, confieso mi ignorancia en materia de historia rusa y sobre todo ucraniana. Lo único que quiero es rechazar la invasión y mostrar mi indignación por la agresión del ejército de Putin al pueblo ucraniano.

Debo reconocer que −gracias a la erudición de cantidad de personas que no me imaginaba que tenían conocimientos tan prolijos y profundos sobre estos temas− se me han aclarado cantidad de detalles que ignoraba; por ejemplo, sobre Hitler y los orígenes de la segunda guerra mundial −la toma de los Sudetes (?)−; ni que decir de todo eso del origen de Rusia en el Rus Kiev (?), mucho menos la diferencia de la palabra Kiev, de origen ruso, de la Kyiv, de origen ucraniano, que según parece es la forma correcta o “polite”” −disculpen el anglicismo− de llamar a la Capital de Ucrania;

Mis comentarios −ilustrado por la cantidad de informes, artículos, análisis, opiniones, mensajes, videos, etc. que he leído desde que se inició el conflicto−, tienen en verdad su “inspiración” y origen en la indignación que me produjeron unas declaraciones atribuidas a Donald Trump −que hacen hervir la sangre a cualquier desprevenido−, en las que califica a Putin de “genio” y justifica su hazaña invasora.

Si tenía alguna duda −o más bien educada consideración− acerca de la insania mental del expresidente norteamericano, Donald Trump, ya no la tengo. Tampoco dudo ahora que −por supuesto− es verdad eso de que Putin debe ser su socio de negocios, al que trata de ayudar y que para hacerlo, −él y algunos de sus seguidores− no tienen escrúpulos para pasar por encima de su país, porque en realidad personas así no tienen país, ni nacionalidad, ni raíces, ni nada, lo que les importa es su bienestar y su dinero, todo lo demás es fantasía.

Tampoco me sorprende lo que piensan algunos seguidores de Trump, o personajes de la farándula hollywoodense de quienes se sabe bien su apoyo a regímenes como el de Hugo Chávez, como Oliver Stone, cuyas declaraciones justificando la acción de Putin, han circulado por las redes.

Lo extraño es que no hayan aparecido otros, como Sean Penn o el inefable Danny Glover −que aún nos debe una película sobre Haití, por cuya filmación no realizada recibió una jugosa cantidad de dólares del régimen de Hugo Chávez−; pero, más interesante que la opinión de esos conspicuos directores y actores, es saber qué les pasa por la cabeza a quienes defienden y justifican acciones como las de Putin −en Crimea, Bielorrusia y ahora en Ucrania−, porque por ej. “los EEUU son también imperialistas” y han sido “invasores”.

No recuerdo a los que revisten de excusas de este tipo lo ocurrido o apelan a razones “geopolíticas”, haber escuchado esas mismas justificaciones y razones en contra de Rusia o la URSS cuando el invasor o agresor ha sido los EEUU o algún país occidental. Nos queda la satisfacción de saber que a esos que justifican acciones como las de Putin, son a los que se les ven las costuras pro totalitarias.

Pero ya que mencioné más arriba la palabra “fantasía” en el caso de Trump, sin ofender a nadie, debo decir que de todas maneras, no compro eso que dicen algunos, que Trump es un “ruso infiltrado” o un “agente ruso” en la política de los EEUU, por la simple razón que esos individuos no le tienen lealtad a nada, ¿Por qué la habrían de tener a Rusia, si no fuera por negocios? Solo tienen lealtad a su dinero y a sí mismos; pero, en fin, dejemos así lo de Trump y regresemos al otro tema, “al tema”.

Comienzo por decir que tampoco creo que sea rigurosamente válido e histórico comparar a Putin con Hitler, por más que ambos sean sendos locos invasores, pero no dejo de reconocer que me parecen “simpáticas” algunas de las caricaturas y frases que han aparecido haciendo esa comparación; y sobre todo, si a él le molesta, pues bienvenida sea.

Debo confesar que en mi optimismo craso hay dos cosas que no creí que pasarían: La primera es que Putin diera el paso de invadir Ucrania; la verdad es que nunca relacioné este hecho con lo de Crimea, ese criminal abuso lo entendí como una manera de asegurarse su salida al Mediterráneo, “recuperar” algunos espacios geográficos y asegurar otros, como Sebastopol, que en mi ignorancia histórica e imaginario “peliculero”, siempre asocié con Rusia; por lo tanto, ese acto de agresión de la toma de Crimea, no es que lo justifique, pero llegue a explicármelo. Lo que no llegué a explicarme nunca fue la inacción o pasividad europea al respecto.

De aquí viene entonces la segunda cosa que no creí que pasaría: Que los países occidentales, léase los grandes de la UE y los EEUU, tuvieran la reacción que han tenido, de ninguna a una muy lenta, que gracias a Dios −o a los dioses de la guerra− se han ido produciendo reacciones un tanto más enérgicas.

Sí. Es probable que tengan razón los que dicen que el sistema internacional −ONU−, no sirve para nada; el veto de Rusia a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU así lo demuestra; sin duda los que hablan de la inutilidad de esos organismos −OTAN incluida− para enfrentar estas situaciones, o similares, tienen la razón; de esa cuerda tenemos un largo rollo en Venezuela con la OEA, Grupo de Lima, etc. (Y que me perdonen mis amigos internacionalistas, ya me excusé confesándome ignorante en la materia. Espero que estemos en la víspera de un cambio en el orden mundial institucional).

Que a Putin hay que detenerlo no me cabe tampoco ninguna duda y por lo tanto, me estoy aviniendo a pensar que la única manera de parar a personajes como Putin es la fuerza; pero, el problema es que la fuerza −sobre todo en este caso y con orates como Putin− nos puede llevar muy rápidamente al armamento nuclear o químico o biológico, con consecuencias desastrosas para toda la humanidad, y no vale o no nos salva que no consideremos a estos señores como parte de la humanidad.

Lo peligroso de la situación es que a individuos como Putin no les importan las consecuencias de lo que hacen, si con ello obtienen alguna ganancia territorial, de poder o de tiempo; los muertos son, para ellos, estrictamente, números; para los países de Occidente, eso no es así (aunque a veces algunos dudan) … y Putin sabe eso. Sabe ambas cosas, que sabemos que a él no le importan nada las vidas humanas (obviamente tenía que saberlo), pero que a occidente, sí… y esa es su enorme ventaja; por eso, paradójicamente, creo que las sanciones, al menos algunas, sí le podrían afectar, además si se acompañan de una respuesta de fuerza física más contundente, aunque solo sea enviando armas y ayuda militar a Ucrania, como han comenzado a hacer algunos países europeos.

Cuando hablo de sanciones desde luego me refiero sobre todo a las sanciones que se han mencionado estos días, las de sacar a los bancos rusos del sistema financiero internacional, y que las medidas se le apliquen en lo personal a Putin y se hagan extensivas a los “ricachones mafiosos”, socios y amigos suyos y a los militares que los acompañan; y buscar formas de reemplazar el combustible que venden los rusos, sobre todo a Italia y Alemania; en mi ignorancia al respecto, pienso que eso no debería ser problema para los norteamericanos. Ojalá sea así.

En fin, creo que hay cosas que se pueden hacer −evitando llegar al extremo de desatar un conflicto multinacional− para que entren en razón algunos de sus cómplices internos y forzar la caída de Putin y que el conflicto se resuelva favorablemente para el pueblo ucraniano, el ruso −ajeno a las ambiciones de Putin− y desde luego para la democracia occidental, que es una de las probables víctimas de todo esto. Por allí van mis reflexiones.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 6 min


Alejandro Hernández

“El comentario de ‘los problemas de Venezuela se resuelven en Venezuela y por los venezolanos’ suena bien como una declaración diplomática, pero es un absurdo desde el punto de vista de la realidad práctica”, palabras de Moisés Naím en conversación con La Gran Aldea. El escritor aborda varios temas que van desde la fragilidad de la democracia en el mundo, hasta el conflicto entre Ucrania y Putin, pasando por lo que significa el populismo hoy para Occidente. Su último libro, “La revancha de los poderosos”, muestra con la agudeza que lo caracteriza cómo los autócratas, en pleno siglo 21, conquistan el poder y dinamitan los cimientos de la democracia.

Afirma que Venezuela no es Cuba, es peor, porque, entre otras cosas, somos un país fragmentado, donde cada retazo tiene como líder un narcotraficante, o un capo, o un general torcido o un guerrillero. Además, las tres conexiones que tiene Venezuela con el resto del mundo son unas pocas ventas de petróleo, los refugiados y las drogas, además de alianzas con países como Irán, Turquía, Siria y Cuba. De esta forma Moisés Naím aborda la situación actual de la nación al analizarla en el contexto de la política global y de la alta complejidad del entorno, tal como lo ha venido reflejando en sus libros y artículos de opinión.

Para el miembro del Carnegie Endowment for International Peace y conductor del programa “Efecto Naím” decir que los problemas de Venezuela se resuelven en Venezuela y por los venezolanos es un absurdo. Esto es desafiante porque “la gente está harta de oír de Venezuela fuera de Venezuela” debido a que “siempre es más de lo mismo”.

A su juicio, en el mundo hay problemas muy grandes y líderes muy pequeños, con el agravante de que muchos abrazan la antipolítica, que es un caldo de cultivo para los “héroes” de las tres P: populismo, posverdad y polarización.

En cuanto a la coyuntura bélica que sacude al mundo, afirma que Vladimir Putin tiene a Ucrania bajo ataque “porque teme que los rusos se quieran parecer a los ucranianos”.

-¿Qué lo llevó a escribir “La revancha de los poderosos” y qué relación tiene con “El fin del poder”?

-En el 2013 publiqué El fin del poder, cuya tesis es que en el siglo XXI el poder se ha hecho más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder; y que eso estaba ocurriendo en todos los países y en todas las actividades. El debilitamiento del poder era la columna vertebral del texto; razón por la examinamos cuáles eran las fuerzas centrífugas que lo estaban fragmentando. Nueve años después salgo con La revancha de los poderosos, que profundiza en las fuerzas centrípetas que concentran el poder. Esencialmente muestra que ambas coexisten y siempre coexistieron. La interacción, combinación y choque entre ambas fuerzas explica mucho de las convulsiones que vemos en el mundo de hoy.

-¿Qué es un autócrata “tres P”?

-Las tres P son el populismo, la posverdad y la polarización. El populismo siempre ha existido y es la tesis de divide y vencerás, la idea de que mientras fragmentes a la sociedad y a tus rivales, te puedes quedar en el poder mucho tiempo. El populismo es, con frecuencia, confundido con una ideología, pero eso es un error, solo es una serie de tretas, estrategias y trucos para obtener el poder. Eso se ayuda con la polarización. Hoy en día hay una polarización buena y una mala. La buena es donde grupos ideológicamente diferentes chocan entre sí, pero al final hay un resultado democrático. La mala es aquella en la cual la división de la sociedad es tan profunda, que se hace imposible gobernar; aquí los protagonistas no les conceden a sus rivales el derecho a existir, ni a ocupar un espacio político. Toda esa polarización es amplificada por las nuevas maneras de distribuir discordia, como las redes sociales; y a esto lo llamamos posverdad, que históricamente conocíamos con el nombre de propaganda. Entonces, lo que pasa con estas tres P es que se entrelazan y están al servicio de mantener en el poder a quien ya lo tiene o a quién lo alcanzó con métodos poco éticos.

-¿Cómo hacer para que estos países del tercer mundo, tan débiles institucionalmente, no sigan siendo el terreno idóneo para estos autócratas “tres P”?

-Pero es que, lamentablemente, ha ocurrido que países que pensábamos tenían sistemas políticos consolidados, han demostrado ser muy vulnerables. El mejor ejemplo es Estados Unidos, que fue gobernado durante cuatro años por Donald Trump; y ahora todos los días aparece un artículo en el cual se pronostica el fin de la democracia. ¿Quién iba a imaginar que eso podría ocurrir? Nosotros, los venezolanos, hemos sido muy sensibles en evaluar la conducta de Trump, sin embargo, esa película ya la vimos, pero en español e interpretada por Hugo Chávez. Lo que intento decir es que no hay una fórmula mágica para que las naciones sean inmunes a los abusos autocráticos. La única esperanza, y es el propósito de mi libro, es dar una campanada de que estas cosas están sucediendo y que muchas veces se generan de manera opaca, furtiva e invisible, pero poco a poco van minando la democracia desde adentro.

-¿Las sociedades occidentales no estarán menospreciando y subestimando la importancia que tiene la democracia?

-Yo comparto eso; y he escrito que en el mundo hay problemas muy grandes y líderes muy pequeños. Pero más importante aún, creo yo, es que el mundo también tiene una complicación con los seguidores, porque muchos son desinteresados, desinformados, ingenuos, simplistas y por eso abrazan la antipolítica, que es un caldo de cultivo para los “héroes” de las tres P; que simplemente les venden verdades que son mentiras, los engañan con promesas que claramente no van a ser cumplidas. Todo esto potenciado por las redes sociales, las tecnologías y toda la manipulación que hay en los medios de comunicación en estos tiempos.

Es muy alarmante.

-En “La revancha de los poderosos” hizo un paralelismo entre Hugo Chávez y Silvio Berlusconi, precisamente hablando del tema de los fans, la fama y la política. ¿Por qué esos dos personajes?

-Berlusconi fue el primero en entender que la relación con sus seguidores tenía que parecerse más a la que tiene una afición importante con su equipo de fútbol, o a la de un gran cantante o artista, donde hay una relación de cercanía e identificación con esa persona. Él captó muy temprano la importancia del uso del entretenimiento en la política, es decir, la política como diversión. Otra cosa que entendió rápidamente fue cómo hacer cambios legales o burocráticos sustanciales, de manera furtiva, sin que se vieran claramente. Para todo esto es fundamental la presencia en los medios de comunicación, meterse todos los días en las casas de los ciudadanos; eso lo hicieron sistemáticamente Berlusconi y Hugo Chávez. Después, la misma estrategia fue seguida, a su manera y con las redes sociales, por Donald Trump. Entonces, la lista de similitudes entre Silvio Berlusconi, Chávez y Trump es muy reveladora; porque, a pesar de que no podrían ser más diferentes en su origen, ideología, y forma de actuar; fueron pasmosamente idénticos en la manera de utilizar las tres P.

-En el libro usted explica que en la actualidad hay que librar dos batallas narrativas muy importantes, una contra la mentira y la otra contra los relatos iliberales, ¿por qué los liderazgos que hacen frente a estos autócratas “tres P” tienden a fallar en el discurso y la comunicación?

-No hay duda de que en la guerra narrativa, Occidente, las teorías liberales y la democracia están siendo menos eficaces que las mentiras y propaganda de los autócratas, por eso el relato, en estos momentos, lo están ganando las ideas iliberales o de tendencia autoritaria. El número de países que hoy en día son autocracias o democracias defectuosas ha aumentado, razón por la cual cada vez son más frecuentes los estudios que confirman que la tendencia es a la desaparición de las democracias y a la aparición de mucho autoritarismo o de sistemas híbridos. Eso tiene que ver con la narrativa, pero no basta con mejorarla, también hay que optimizar el desempeño de las democracias, trabajar en resolver los defectos que tienen y que las hacen tan vulnerable a los ataques de los tres P.

-Otro aspecto importante de “La revancha de los poderosos” es el punto de inflexión que representan las autocracias convertidas en una nueva normalidad o parte del paisaje. ¿Esa “normalización” no fue lo que pasó con Cuba y es lo que está pasando con Venezuela y el régimen de Maduro?

-No, no lo creo. Lo que está sucediendo en Venezuela no es la normalización de algo sostenible; estamos hablando de un país donde el 20% de la población se fue casi caminando al exterior, para escapar al infierno que representa el régimen de Maduro. Sí, hay una cierta normalización, es por los bodegones, la dolarización, la victoria de la oposición en Barinas; todo eso es utilizado para decir, “bueno, terminó todo lo peor y ya comienza la recuperación”. Pero, los bodegones son a la economía, lo que la victoria de Barinas fue a la política. Es decir, pensar que de los bodegones vas a sacar una economía y que de la victoria en Barinas vas a desplazar al régimen criminal, que si se deja el poder van presos, es un salto que no se justifica. Venezuela no es Cuba, es peor, porque, además, somos un país fragmentado, una colcha de retazos, donde cada retazo tiene como líder un narcotraficante, o un capo, o un general torcido, o a unos guerrilleros del ELN o las FARC. Somos un país internamente desintegrado e internacionalmente aislado. Las conexiones más importantes que tiene Venezuela con el resto del mundo hoy son unas pocas ventas de petróleo, los refugiados y las drogas. Esos son los tres puntos de contacto o canales de transmisión que hay entre nuestra nación y el mundo.

-¿Cómo evalúa el desafío de Vladímir Putin a Europa y Estados Unidos?

-A lo que Vladímir Putin le tiene miedo, es a que Ucrania se le vaya a Europa, que los jóvenes ucranianos adopten el estilo, preferencias y valores europeos. Él los quiere rusos, para tenerlos bajo control. Y eso lo necesita para mantener la realidad política que hoy existe su país. Él tiene a Ucrania bajo ataque, porque teme que los rusos se quieran parecer a los ucranianos, puesto que los ucranianos han dado todo tipo de muestras de que ellos con quien se quieren abrazar e integrar es con la Unión Europea. Los jóvenes rusos no quieren ir a trabajar o de vacaciones a San Petersburgo, Siberia o Moscú; ellos quieren ir a Londres, París, Italia y Suiza. Para Putin una Ucrania exitosa es muy amenazante y por eso busca un escenario bélico que la deje diezmada y la convierta en un país fallido. Él quiere una narrativa que se concentre en los refugiados y desplazados; para con eso evitar una historia de éxito que pueda inspirar un cambio en Rusia, cosa a la que Putin, por supuesto, le aterra.

-¿Cómo quedan Venezuela y Colombia en ese contexto?

-Yo creo que eso es muy, muy limitado. Pensar que tendrán un rol en este asunto tan delicado, es creerse más importante de lo que son dentro de las dinámicas mundiales. Sé que hay comentarios, declaraciones y amagues de acciones, pero de manera tangible y concreta, el peso internacional de Venezuela y Colombia no es relevante en esta crisis. Hay que tener mucho cuidado con creer que estos países pesan más en la geopolítica del mundo de lo que realmente pesan.

-¿Por qué en América Latina somos tan proclives al militarismo y el populismo?

-La necrofilia política es la respuesta. Lamentablemente América Latina tiene una gran propensión a ella. Hay una versión política de la necrofilia, que es la atracción irresistible por políticas fracasadas, o por formas de actuar que han sido utilizadas en el mismo país, pero en otros periodos, y han terminado en catástrofe. Es la fascinación por ideas muertas, ideas que no funcionan y que han sido probadas en muchas oportunidades y siempre dan el mismo resultado: miseria, corrupción, desigualdad y pobreza. Esa adoración por malas ideas que suenan tan bien, son tan seductoras y tan promisorias, pero que realmente son una trampa, es lo que estamos viendo en la campaña presidencial de Colombia; en las insólitas declaraciones del nuevo presidente de Perú; en la señora Cristina Kirchner en Argentina y, por supuesto, en Nicolás Maduro, cada vez que abre la boca hay un estallido de necrofilia política.

-En una de sus recientes conferencias, explicó que es mentira o demagogia decir que los venezolanos tenemos que solventar nuestros problemas por nosotros mismos. Pero lo que se dice desde las tribunas internacionales es que la crisis debe resolverse dentro de Venezuela y por sus propios ciudadanos. ¿Por qué se insiste en esta teoría?

-Porque ya hay una fatiga a Venezuela. Todos los líderes extranjeros que se meten a tratar de resolver las cosas salen con las tablas en la cabeza. Y la gente está harta de oír de Venezuela fuera de Venezuela, porque nunca hay buenas noticias, porque siempre es más de lo mismo, porque es un Gobierno abusador, dictatorial, torturador y maligno; que se enfrenta a una oposición miope, maltratada, fragmentada y peleada entre sí, con vanidades y personalismos que le impiden actuar concertadamente. Debemos entender que la lista de eventos que sacuden a nuestra nación produce ansiedad y frustración. La segunda parte es que Venezuela está en manos de fuerzas internacionales que la han ocupado y la están saqueando; comenzando por los cubanos. Por esta razón, es mucho pedirle a una oposición tan débil, como la que tenemos, que sea ella y que sean los ciudadanos los que lo resuelvan; cuándo es obvio que están desafiando a países muy importantes y a regímenes muy sofisticados en el uso de la represión. Los aliados de Maduro son Irán, Turquía, Siria, Cuba, etcétera. El comentario de “los problemas de Venezuela se resuelven en Venezuela y por los venezolanos”, suena bien como una declaración diplomática, pero es un absurdo desde el punto de vista de la realidad práctica.

-Años atrás en su libro “Ilícito” y ahora en “La revancha de los poderosos” estudió el tema de las mafias en el poder político. ¿Qué valoración hace de Venezuela en este sentido?

-Una de las cinco batallas que hay que ganar para lograr que sobrevivan nuestras democracias es la lucha contra los gobiernos criminalizados. Estos no son gobiernos corruptos, no son gobiernos cleptócratas, son mucho más que eso. Esto es un Estado que utiliza las técnicas y formas de actuar del crimen organizado, para apoyar su poder dentro y fuera del país. Donde el crimen organizado internacional se convierte en un instrumento de política tanto adentro como afuera. Venezuela es un Estado criminalizado y los jefes de eso están en el Palacio presidencial. Es decir, es gobierno transformado en una estructura de crimen organizado para mantenerse en el poder.

La Gran Aldea

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