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Opinión

Carlos Raúl Hernández

La desgracia de Venezuela comienza con la demoledora, efectiva y profunda estrategia de descrédito a la democracia desde fines de los 80. Tanto que incluso muchos que vivieron aquel país estable, progresivo, modelo democrático en medio de dictaduras, y refugio de masas migrantes, creen recordar un infierno corrupto, miserable, “y por eso pasó lo que pasó”. Se vivió un gap en el proceso de desarrollo al agotarse la primera etapa de la sustitución de importaciones, que se expresa el viernes negro de 1983, pero en 1989, el gobierno de Carlos Andrés Pérez emprende el Gran Viraje, que puso a crecer la economía al mismo ritmo de China. Comienza una furiosa ofensiva antipolítica desde las élites sociales para derrocar al Presidente, los partidos históricos se asustaron, y por meros oportunismo e ignorancia, le siguieron la corriente a los notables y dieron la razón a quienes intentaron en 1992 un golpe de Estado. Aquí los pasos de la destrucción.

1. La reacción perversa de las élites ante los acontecimientos del 27 y 28 de febrero de 1989. Ese día en un azar catastrófico se encontraron desordenes por el aumento del precio de la gasolina y una huelga de la Policía Metropolitana, dirigida por Freddy Bernal. La ausencia de respuesta policial, promueve grandes saqueos, robos, violaciones. Lejos de llamar al orden y repudiar la delincuencia masiva, los medios, gremios, intelectuales, académicos y demás factores de poder social, hicieron responsables a los “empresarios especuladores”, “políticos corruptos”, “clases medias hedonistas”, trabajadores “indiferentes”. El “gobierno neoliberal” que tenía dos semanas instalado y la sociedad honrada fueron los culpables, y las víctimas los delincuentes, una inversión absoluta de valores. Caldera consagra esto en un discurso solemne en el Senado.
2. El 4F. La ignorancia de las élites, los odios y mezquindades contra el Gran Viraje, Pérez y Miguel Rodríguez, promovieron la desestabilización que tendió la cama a golpistas civiles y militares. Pérez derrotó el levantamiento, pero este minó las bases de sustentación del gobierno y del sistema. Las acciones no fueron contra “los males” de la democracia, sino contra correcciones que introducía gobierno. Ninguno de los ministros de Pérez tiene tacha y fueron posteriormente estrellas internacionales en sus profesiones. Caldera hace un nuevo discurso en el Senado en el que justifica el golpe de Estado.
3. El derrocamiento del Presidente Pérez en 1993. Los partidos presa de una gran ceguera y acorralados por los notables, destituyen y enjuician a Pérez sin entender qué al liquidar la cabeza, vendrían por ellos como ocurrió.
4. La elección Caldera en 1993 es un regreso al pasado, deshace las reformas que habían puesto el país a crecer, establece controles de cambio y de precios, vuelve al intervencionismo, lo que produce el colapso económico. Se ven obligados a cambiar de rumbo e improvisan una caricatura del Gran Viraje, la Agenda Venezuela, una piratería peor que no hacer nada. En vez de indultarlo, si era el caso, Caldera sobresee la causa a Chávez, y lo deja en libertad de ser candidato. El período termina vegetativamente, por inercia.
5. El triunfo de Chávez en 1998 es el desmantelamiento de las instituciones políticas y económicas, que se hacen personalistas y autoritarias con la constituyente de 1999.
6. La oposición de “los cuatro jinetes”. El Paro Petrolero, 11 de abril, Plazaltamira, la Megaplasta, el llamado a la abstención en 2005, le entregan parlamento al chavismo y con él los demás poderes que perfeccionan el autoritarismo. La oposición pierde posiciones institucionales en las FF. AA, el TSJ, CNE, y el gobierno revolucionario toma control casi total. Recupera la cordura en 2006 y participa en las presidenciales.
7. Pierde definitivamente el rumbo en 2016-17-18, cuando anuncia lo que serán su derrota catastrófica: la insurrección sin armas. El RR y la negativa a concurrir a las elecciones de gobernadores de 2017, a las de alcaldes y a la “constituyente”. La ofensiva insultante contra el voto y contra quienes llaman a votar y la joya de la corona: la depredación moral de Henri Falcón por presentarse a las presidenciales de 2018.
8. El año oscuro de 2019 comienza con la autoproclamación, y sigue con “el cucutazo”, “el golpe de los topochos”, culmina con la “operación Gedeón”, para luego volver a abstenerse en 2020 a la AN.
9. Finalmente el crimen sadomasoquista de 2021: saltar al cuello y masacrar a la oposición en conjunto al restar el domingo 21N los votos con los que hubieran podido obtener dieciocho gobernaciones. Haber ganado en sufragios, y perdido en gobernaciones, oposición 51.7 % (4.414.874) votos, y gobierno 46.1% (3.940.335, para obtener 3 0 4 gobernaciones. Se ganaron 117 alcaldías porque los dirigentes locales no hicieron caso a cantos de ballena “de arriba”. Estos treinta años son el imperio de la antipolítica, el radicalismo, la estupidez, la ignorancia, de las “nuevas generaciones” y las viejas mayores compitieron para ver quiénes eran más cuadrúpedos, cuya obra culminan por ahora el 21N. Conseguirá varias figuritas repetidas en los nueve pasos, pero hoy todos tienen acuerdos con el gobierno. Verá los próximos capítulos. (coming soon)

@CarlosRaulHer

 3 min


Maxim Ross

Todos conocemos la famosa frase atribuida a Luis XIV, monarca de la Francia pre-revolucionaria, cuyo contenido revela la reacción de un pueblo ante el poder absoluto de los “Luises”, en la también famosa “Comuna de Paris”, de donde deseo extraer algunas ideas a la luz de acontecimientos de hoy.

¡EL ESTADO SOY YO!

Cuando uno escucha a un Maduro decir, con sobrada arrogancia, que él decidió darle a la UCV $ 48 millones para “recuperarla” o ayer a Chávez obligando al BCV a “darle su millardito”, o a Putin realizar elecciones para re-elegirse indefinidamente, o a Ader separarse de los poderes constituidos, a Ortega, a un Erdogan o a un Bukele, o la irrupción de Trump contra los poderes, uno debería comenzar a preocuparse de si este fenómeno atiende a circunstancias transitorias o a un patrón general. Aun cuando sabemos que dictadores han existido antes, vale la pena examinar el tema porque, esta vez tiene características diferentes.

LO QUE DEJÓ LA REVOLUCION FRANCESA

Apelo a dos legados fundamentales de ese evento para intentar una explicación ligada a nuestros días, más allá de sus conocidos eslogan de ¡Libertad, Igualdad y Fraternidad!, especialmente dos de carácter institucional. En primer lugar, me refiero al rompimiento de la estructura de un solo poder, el monárquico, y su conversión en los tres que conocemos hoy, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y, en segundo lugar, a la consolidación de la búsqueda del poder por los modernos partidos políticos, los que se comenzaron a identificar con las siglas de “izquierdas y derechas”, liberales, socialdemócratas, etc. etc. hasta llegar a lo que tenemos hoy. El punto que quiero resaltar es que puede haber una relación entre este legado y el surgimiento de estos nuevos “Zares”

PARTIDOS y PODERES EN LA SOCIEDAD DE HOY

Es mucho lo que se viene escribiendo sobre una real o aparente crisis de la democracia liberal y, de sus principales representantes los partidos políticos. Innumerables artículos se han escrito sobre los peligros que afrenta la democracia y sobre la pérdida de influencia, representatividad y militancia de los partidos políticos. Sin embargo, cabe preguntarse si ello se debe a situaciones coyunturales o en qué medida estos, y la democracia misma, están en línea con los temas y problemas de la sociedad actual.

Movimientos y demostraciones espontáneas de los ciudadanos, el súper- desarrollo de las redes sociales, la tecnología que hoy pone disposición de todos la protesta, los temas de inequidad y marginalidad y otros de mayor carácter de alguna manera, interroga acerca de si ese legado institucional está en capacidad de entenderlos y resolverlos. Tengo la impresión de que no es así. Las críticas a los Gobiernos, las fallas de los poderes legislativo y judicial y de los partidos políticos en darle respuestas a sus ciudadanos parecieran indicar que no están a la altura de los problemas modernos y que, por esa razón, aquellos personajes mencionados estarían recogiendo los frutos de esa disonancia y ocupando espacios de ese legado.

POPULISMO Y NEOPOPULISMO

También, bastante se ha pensado y escrito sobre estos dos simbolismos, el primero referido al formato de política en que un líder o un gobernante promete todo y de todo, y que nos lleva a los tradicionales líderes de izquierda, en especial en Latinoamérica y, el segundo, a aquellos que parecieran recoger los temas y problemas de la sociedad actual, pero con la diferencia, a mi juicio la más relevante, de que también quieren o logran sobrepasar los tradicionales tres poderes y erigirse en un solo poder, muy similar, por cierto, al que poseyera la monarquía absoluta[1]. El expediente “Constituyente” y el regreso al “poder originario” son pruebas del método. Si estoy en lo cierto, lo que se asemeja a una trama transitoria “neo populista” podría ser un modelo más permanente y ¿única respuesta?

¿NUEVAS INSTITUCIONES?

Sin embargo, si en algo ha sido experta la humanidad es en la creación de instituciones, todas aquellas que han gobernado al mundo desde la antigüedad, hasta modificarlas según los tiempos, los problemas y las circunstancias. La Revolución Francesa, y otras menos mencionadas son ejemplo de ello, por lo que cabe pensar en innovaciones institucionales que se ajusten al hoy y al mañana y se acerquen a la ciudadanía. Ojala se presenten más “pronto que tarde” y ofrezcan una alternativa al “neopopulismo”

[1] Cierto es que el fenómeno no se ha extendido a todo el mundo y aquel legado todavía funciona en muchos países.

 3 min


Ismael Pérez Vigil

Con respecto a lo ocurrido el 21N caben todas las interpretaciones, pues cada quien se come como puede la sardina que arrimó desde su brasa. Aún no se ha cerrado la ventana desde donde solo se ven las culpas ajenas de lo ocurrido. Pero, pasado el sacudón de Barinas −el del TSJ y el de los candidatos−, esperando que haya cogido el rumbo para que el 9 de enero se le propine otra derrota al régimen, cabe ahora sacar algunas lecciones de lo que evidenciaron los resultados electorales.

Son muchos los temas y las lecciones que se pueden sacar de lo ocurrido el 21N, algunos ya los he tratado extensamente, como por ejemplo el fracaso de la abstención como política, aun cuando no se puede negar que fue alta; otros expresamente los pospondré para una próxima ocasión, como el de la crisis del liderazgo opositor y de la oposición democrática en general.

Este último tema, complejo, corresponderá tratarlo en breve, en las proximidades del 5 de enero de 2022, para algunos fatídica fecha, cuando vence la vigencia del Estatuto de Transición que dio origen al Gobierno Interino y la Presidencia de Juan Guaidó, que a no pocos líderes, aspirantes a serlo y sus asesores, trae por la calle de la amargura. Me concentraré en otros, de los cuales he hecho una selección

Primera lección: El régimen como minoría

La primera lección es la conciencia de la condición de minoría del régimen chavista. Siempre lo fue. Ya en el año 2004, cuando analizábamos las posibilidades de derrotar al naciente régimen −en aquel revocatorio de infausta recordación, de agosto de ese año− afirmé en un artículo publicado en Analítica que “… el llamado “chavismo” nunca pasó del 32% del electorado y de un escaso 15% del total de la población del país”. Ahora esto se confirma, no solo por encuestas, sino también en las urnas, pues el gobierno pierde millones de votos en cada elección, que se refleja en una caída porcentual cercana al 10%, en promedio, en los cuatro últimos procesos electorales.

En esta última elección −a pesar de que la prensa pro oficialista afirma que “el gobierno arrasó” ganando 20 de 23 gobernaciones−, el oficialismo estuvo por debajo de la votación del no-oficialismo, en casi un millón de votos. Además, si evaluamos cuánto representan los resultados de la votación, con respecto al total de la población y los comparamos con el año 2012 −el proceso electoral más exitoso del chavismo− tenemos que pasó de representar el 27,9% del total de la población ese año, a representar solo el 18,8% en 2021. Con estas cifras se derrumba un mito y se constata una realidad: el mito que se cae es que el chavismo tiene apoyo mayoritario en el país, pues vemos que nunca llegó a representar el 28%, ni siquiera un tercio de la población; y ahora constatamos, que pierde rápidamente apoyo popular, pues en 2021, representa menos del 19%. Con menos del 20% del país, constatado ahora en votos, domina al 80% restante, Obviamente eso solo es posible con demagogia e intimidación, a sangre y fuego.

Segunda lección: La recuperación de la oposición

La segunda lección es la recuperación de la oposición. A pesar de todas las críticas, válidas, de falta de unidad que hizo perder oportunidades; de la forma general y específica en que se escogieron los candidatos, sin elecciones primarias, sin tomar en cuenta liderazgos locales y regionales; de no haber sin presentado una propuesta claramente diferenciadora al país, para salir de la crisis y un largo y doloroso etcétera, hay que apuntar varios elementos significativos de esa recuperación de la oposición. Uno de carácter cualitativo: El abandono de las políticas abstencionistas, negadoras del voto como instrumento de recuperación de la democracia; y otras dos de carácter cuantitativo. La primera es la recuperación de fuerza electoral en lo que antes era un bastión indiscutible del régimen: Los Llanos; llegando incluso a ganar en Cojedes, estando aún pendiente Barinas, y recuperando votación en Portuguesa y Guárico; en la región llanera el descalabro del régimen fue considerable, si comparamos su votación con la votación del no-oficialismo. Pero la recuperación más notable de la oposición es que, cuando se disipe el humo de los votos y las abstenciones, en términos absolutos, quedará como resultado concreto, que se logró arrebatar al oficialismo 123 alcaldías, de las cuales la oposición democrática obtuvo 63.

Tercera lección: La solidez del sistema de votación electrónico

De niño intentaba explicarle a mi abuela, una recia inmigrante asturiana, cómo funcionaba el teléfono, al que miraba con asombro; aquel aparato negro, con una ruedita y números, que uno discaba y se comunicaba con el mundo. Hasta que un día me dijo: “No pierdas más tiempo, me basta con que funcione”. Esa misma perplejidad de mi abuela frente al teléfono la tienen muchos ahora con la “caja negra”: las computadoras y todos los artilugios electrónicos que hoy pueblan y facilitan nuestras vidas, pero que siempre han estado rodeados de mitos. Las máquinas de votación no escapan a este fenómeno y sobre ellas se han tejido toda clase de leyendas y fantasías: Que si uno marca un candidato, pero la maquina lo cambia por otro; que si la captahuella está conectada con la máquina de votación y así el régimen −porque todos estos trucos siempre favorecen al régimen− sabe por quién votas y anulan ese voto; que si cada equis votos en favor de un candidato opositor, el programa de votación otorga unos cuantos al candidato del gobierno; que si cuando se transmiten los datos, antes de llegar al CNE pasan por Cuba, Rusia o un barco que navega en el atlántico y allí los cambian para que lleguen otros resultados, etc. Es inútil explicar que todo eso es imposible tras después de las auditorías de software y de máquinas que se hacen, en las que participa calificado personal de partidos de oposición y personal de las universidades, porque cada quien sigue creyendo lo que le interesa creer.

No hay que argumentar mucho al respecto; el resultado de la votación es el que es y no se puede alterar impunemente, porque deja “rastro”, fácil de seguir y verificar, no como en el caso de las votaciones manuales, donde es fácil reemplazar actas y papeletas. Eso lo demuestran contundentemente dos acontecimientos: Uno, lo ocurrido en el estado Bolívar en 2017, cuando le arrebataron a Andrés Velásquez la gobernación, pues para hacerlo tuvieron que desconocer los resultados de las máquinas de votación e inventar los resultados de unas supuestas mesas en las que se votó manualmente y le dieron el triunfo al candidato oficialista, que fue el que reconoció el CNE y sobre el cual el TSJ −tan diligente y rápido para algunas cosas− nunca se ha pronunciado. El segundo acontecimiento que prueba la seguridad del voto electrónico es lo ocurrido en esta elección en el estado Barinas. Los resultados de la votación electrónica daban una diferencia en favor del candidato opositor, Freddy Superlano, que hasta el TSJ admitió en su sentencia y, por tanto, los “amos del poder” apelaron a impedir la recepción de tres actas de algunas zonas remotas del estado y luego, mediante su dócil TSJ, detuvieron la totalización, adjudicación y proclamación del resultado y convocaron a nuevas elecciones, tras inhabilitar al candidato ganador. Lo ocurrido después, con la inhabilitación de posibles candidatos opositores, ya es bien conocido y superada esa dificultad por los partidos opositores, como ya sabemos, solo resta esperar la respuesta del pueblo barinés, que esperamos sea contundente.

Es fácil realizar cada quien su propia comprobación en cada proceso electoral en los que se participe; una vez que el CNE publica en su página web los resultados, revise los de la mesa en la que ha votado y compruebe si coinciden los que están allí, con los del acta que usted puede pedir después de finalizado el escrutinio y la trasmisión de datos de su mesa. Desde luego no pretendo que esto sea tomado como una auditoría válida y concluyente, pero invito a todos los que dudan a hacerlo, incluso a que se tomen el trabajo de ir a alguna área más remota o dudosa y comprobar los resultados.

Cuarta lección: Posibilidad de la necesaria unidad

La cuarta lección es que en cuanto “unidad”, como objetivo político y estratégico indispensable para recuperar la democracia, no se avanzó mucho. Ciertamente el chavismo perdió el voto popular, pues obtuvo menos votos que todo lo que no es chavismo. No cabe duda que si agrupamos las cifras y si se hubiera unido la oposición democrática, representada en la MUD, con la llamada Alianza Democrática, se hubieran ganado 12 gobernaciones (Anzoátegui, Apure, Barinas, Carabobo. Cojedes, Falcon, Guárico, Lara, Mérida, Nueva Esparta, Táchira y Zulia) y si a eso se le suman los votos de otros partidos diferentes al oficialismo, se hubieran agregado siete estados más (Bolívar, Miranda, Monagas, Portuguesa, Sucre, Trujillo y Yaracuy). Pero, aparte de que eso ya es una lamentación y ejercicio inútil, ¿Es factible pensar que todo lo que no es chavismo, se puede unir en una sola opción? Eso es lo que no resulta fácil de lograr. Hoy por hoy es difícil pensar que se puedan unir en un solo saco, en una misma causa, todos esos partidos. Lo estamos viendo en Barinas, aunque algo se ha avanzado y esperamos que sirva de lección para el futuro.

Entre las “varias oposiciones”, como dicen algunos −aceptando que el término “oposición” define e identifica, de manera clara y sobre todo inequívoca a cada una o a todas ellas−, hay dificultades y diferencias profundas para lograr esa idílica unidad. Por ejemplo, con la Alianza Democrática −denominados por ellos mismos y otros como “alacranes” −, el obstáculo fundamental es que no es fácil considerar opositores a un sector conformado en su mayoría por los que aceptaron que los partidos que la integran fueron los confiscados por el régimen, despojados de sus dirigentes naturales, de sus símbolos, colores y recursos y entregados a disidentes de los mismos y que algunos postularon candidatos que habían sido incluso expulsados, por corruptos, de sus partidos originales. Ese sector conformó alianzas que accedieron a participar en procesos electorales −2018 y 2020− contra la posición mayoritaria, que había decidido abstenerse. No es fácil pensar que algunas de las diferencias y roces que surgieron en este proceso puedan ser dejadas de lado para conformar una unidad que enfrente al régimen. Es lamentable, pero es así.

La unidad no es un fetiche al que se adora y al que se rinde culto, es algo vivo y no significa uniformidad; la oposición tampoco debe unirse simplemente para satisfacer los gustos, la incomprensión o la ignorancia de lo que sin duda es muy importante, pero que no deja de ser una entelequia, la llamada “comunidad internacional”; o por seguir la recomendación y buen deseo conceptual y teórico de muchos asesores y consultores políticos.

Quinta lección: Victoriosa estrategia del régimen

La quinta lección es que, aunque no cabe duda que el régimen ha perdido un considerable caudal electoral y apoyo popular y electoralmente ha descendido por debajo del sector no chavista −como pudimos ver−, su estrategia de incrementar la desconfianza en el voto y de dividir a la oposición, ha sido exitosa. No lo podemos desconocer y negar. Y ese proceso continúa, pues el régimen teme, y con razón, que tras los resultados del 21N, con la avalancha de votos perdidos, que la reacción de la oposición sea unificarse en torno a la idea de promover un referendo revocatorio presidencial el próximo año. Porque eso si afecta el corazón del poder político.

Acciones como el traspaso de bienes y fuentes de ingreso de las gobernaciones a manos del ejecutivo y acciones como la ilegal y abusiva intervención del TSJ ante los resultados de Barinas, la inhabilitación de posibles candidatos opositores en esa entidad, son acciones que van en la dirección de desconocer el voto, propiciar la abstención y dividir más a la oposición, promoviendo que opositores radicales e indiferentes, se pronuncien con el consabido “te lo dije”. Y ese es uno de los temas en los que la oposición democrática debe trabajar, políticamente, con información y educación política a los ciudadanos.

Sexta lección: La utilidad del voto

Creo que la utilidad del voto para ofrecer resistencia al régimen está demostrada; no solo por los resultados numéricos, sino también por lo que hemos visto en Barinas, con el desconocimiento del ganador y después la inhabilitación de los posibles candidatos opositores.

Pero hay otra hipótesis o reflexión que quiero adelantar. Hasta ahora sabemos lo que pasa cuando se infringe al régimen una derrota electoral en procesos en los que no está en juego el poder; por ejemplo: una Reforma de la Constitución (2007), la elección de una Asamblea Nacional (2015) o una elección de gobernadores o alcaldes (2021); en estos casos el régimen reacciona utilizando y abusando del poder que tiene para intimidar, desmoralizar, desmotivar, para que no se produzca el hecho; o bien, para revertir o desconocer esa derrota. Hasta ahora también sabemos que se valen de todos los subterfugios para “modelar” resultados: retrasan o adelantan procesos, cambian circunscripciones, mueven votantes de un sitio a otro, cierran y abren centros, dificultan el registro, intimidan votantes, inhabilitan candidatos, y el largo etcétera que conocemos. También hemos visto como usan todos los recursos, económicos y represivos que les da el ejercicio del poder, para retrasar o impedir que se lleven a cabo algunos eventos, que pueden alterar el ejercicio del poder nacional, como lo que ocurrió en 2004 con el referendo revocatorio, que lo retrasaron más de un año mientras las llamadas “Misiones” hacían su tarea populista de recuperar popularidad deteriorada por la ineficacia al gobernar; o con lo ocurrido con el intento de convocar el referendo revocatorio en 2016, que lo cancelaron por vía judicial cuando se dieron cuenta que era inminente que la oposición recogiera las firmas necesarias para convocarlo.

Todo esto ocurre por el abuso del poder que tienen, cuando ese poder no está en juego, en elecciones locales, regionales, referendos o de Asamblea Nacional. Lo que no sabemos, porque no ha ocurrido de manera comprobada −fehacientemente, no en el deseo de algunos− es: ¿Qué pasaría si la derrota se la infringimos en un proceso electoral revocatorio o presidencial, cuando sí está en juego el poder? ¿Cómo reaccionaría el pueblo, despojado de ese resultado? ¿Cómo reaccionaría la fuerza armada, en caso de protestas y disturbios? ¿Cómo reaccionaría el propio régimen? Sabemos también cómo reacciona la comunidad internacional (CI) cuando se trata de procesos en los que no está en juego el poder: Lamentando lo ocurrido, con alguna declaración y solidarizándose con la oposición; pero, ¿cómo reaccionaría esa CI ante un desconocimiento −obviamente por la fuerza− del resultado de un proceso electoral en el que resultase perdedor el régimen venezolano? Y lo más importante, ya dicho, ¿Cómo reaccionarían la dirigencia opositora despojada y el pueblo venezolano? Sin necesidad de más argumentos, ese es uno contundente para insistir en la vía electoral.

Conclusión breve

Como advertí al principio, hay muchos temas que se quedan en el tintero; entre ellos el tema de la “crisis de la oposición” y del “liderazgo” opositor; crisis que no se desprende como tal de lo ocurrido el 21N, sino que lo ocurrido en éste es una consecuencia de esos dos problemas, que no acaban de ser enfrentados. Pero ese tema, ineludiblemente tendrá que confrontarse antes o en las cercanías del 5 de enero, que como dije más arriba, vence la vigencia del Estatuto de Transición y deberá tomar la Asamblea Nacional de 2015, alguna decisión política sobre el Gobierno Interino y la presidencia de Juan Guaidó.

Algunos solo aciertan a ver el mapa de Venezuela pintado de rojo, la perdida de oportunidades por la falta de unidad opositora o el éxito de la estrategia del régimen en intimidar y dividir; todo lo demás que he descrito, en particular la recuperación de la oposición y la caída de la votación del régimen que lo deja en minoría, para algunos es irrelevante o no lo creen; pero, para el gobierno estos temas sí son relevantes, si cree esas cifras y sí son motivo de preocupación; y de allí el esfuerzo que está desarrollando en Barinas para evitar que se profundice su caída y su debacle y la campaña que ya comienzan a desplegar para impedir la posibilidad de un referendo revocatorio en 2022.

En resumen, se puede hablar de un resultado, que sin ser bueno u optimo, tampoco fue malo para la oposición y refleja el descalabro del régimen. Pero esta es una conclusión incompleta si no reflexionamos acerca de: ¿Cómo crecemos si no participamos? ¿Cómo salimos de esto sin tener la fuerza y sin tratar de organizarnos y si nadie está dispuesto a venir de afuera a salvarnos? ¿El último que salga que apague la luz? Eso es lo que ellos quieren y que nos resistiremos a que pase.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 13 min


Ricardo Hausmann

No esperamos que vengan piñas de Noruega ni papayas del Desierto del Sahara. Esas frutas tienden a crecer en lugares con mucho sol y mucha agua. ¿Por qué, entonces, es que los productos intensivos en energía como el acero provienen de países con pocos recursos energéticos como Japón y Corea del Sur?

La respuesta es que el carbón y el petróleo tienen una característica única cuando se los compara con la madera, el gas natural o el hidrógeno: son sorprendentemente energéticos por unidad de volumen y peso. Este dato, combinado con los progresos en las tecnologías de transporte del siglo XX, significó que el mundo se volvió “plano” desde un punto de vista energético. Como el petróleo se puede transportar del Golfo Pérsico a Nueva York o Seúl por una fracción de lo que cuesta un barril de petróleo en su punto de origen, la ausencia de fuentes de energía locales no fue un obstáculo.

Esto no siempre fue así. Antes de los trenes, la proximidad al carbón era importante para la producción de hierro, y antes del motor a vapor, estar cerca de ríos de cauce rápido que pudieran impulsar molinos de agua era crucial para la manufactura. Pero hoy, las fuentes de energía disponibles a nivel local no son un prerrequisito para emprender la mayoría de las actividades intensivas en energía. Excepto por el gas natural (que, en todo caso, es un poco más verde que el carbón y el petróleo), la energía se puede transportar a la mayoría de los lugares a un costo modesto.

Sin embargo, en la medida que el mundo vaya abandonando el carbón y el petróleo, la planicie energética pasará a ser una cosa del pasado. Con excepción de la energía nuclear, todas las fuentes de energía verdes –solar, eólica, hidroeléctrica y geotérmica- están distribuidas geográficamente de manera desigual y son costosas para transportar. Aun si las empresas insisten en utilizar combustibles fósiles junto con captura y almacenamiento de carbono, se beneficiarán de la proximidad a formaciones geológicas que puedan almacenar dióxido de carbono –y éstas no son ubicuas.

En un mundo que se descarboniza, por lo tanto, las actividades intensivas en energía nuevamente van a tener que localizarse en zonas específicas, como en los tiempos de los molinos de agua. Éstas no son buenas noticias para ciudades como Gwangyang, en Corea del Sur, sede de la mayor planta de acero del mundo, o para la industria del aluminio de Oriente Medio, que actualmente utiliza gas natural.

Qué países se beneficiarán de este cambio dependerá del resultado de un conflicto en ciernes que involucra a la Tierra y su atmósfera. El movimiento ambiental hace mucho tiempo que se preocupa por el impacto de la actividad humana en el planeta, desde la contaminación local del suelo, el aire y el agua hasta la destrucción de bosques y especies animales. Pero el cambio climático y la necesidad de una descarbonización aumentan drásticamente los conflictos entre estos objetivos tan distintos.

En particular, como ha señalado Bill Gates, reducir significativamente las emisiones de CO2 implicará electrificar todo lo que se pueda electrificar. Pero esto exigirá inmensas cantidades de cobre, aluminio, cobalto, litio y tierras raras, que sólo se pueden obtener a través de una gran expansión de la minería. La electrificación masiva también puede exigir más plantas hidroeléctricas y nucleares.

Ya estamos viendo los efectos de este conflicto. Si bien el incremento reciente del precio del petróleo favorece la descarbonización al hacer que la energía fósil sea más cara, el hecho de que los precios del aluminio y del cobre estén cerca de picos históricos implica que el costo de las alternativas eléctricas también está subiendo, atenuando la velocidad de la sustitución hacia la energía verde.

Estos incrementos del precio de los metales, en alguna medida, son inevitables, porque la oferta responde lentamente a la demanda debido al tiempo necesario para desarrollar una mina. Pero la velocidad de respuesta de la oferta no depende sólo de factores técnicos. También está profundamente conectada a la capacidad de los sistemas políticos de crear un consenso nacional sobre la manera correcta de desarrollar la minería, minimizando el daño ambiental, definiendo el reparto de los beneficios y compensando como corresponde a los potenciales perdedores.

Esto es más fácil de decir que de hacer. La minería sigue siendo sumamente polémica, aún en países como Perú y Chile, donde es la industria exportadora dominante y un importante contribuyente a la producción global. La primera ministra de Perú recientemente ordenó que no se renovaran las licencias de exploración y desarrollo en una región minera clave. De la misma manera, el proceso regulatorio le ha atado las manos a la industria minera de Sudáfrica. Y, más allá de la minería, Colombia y Chile tienen un potencial hidroeléctrico importante, pero crear un consenso nacional para aprovecharlo ha resultado difícil.

De manera que, mientras que los perdedores como consecuencia de la descarbonización son relativamente obvios, los ganadores serán quienes combinen la suerte geográfica con la acción inteligente. El sol y el viento no se convierten en electricidad sin el esfuerzo humano.

Las ciudades, las regiones y los países que quieran beneficiarse de la reubicación de industrias intensivas en energía necesitarán garantizar que pueden ofrecer creíblemente un acceso seguro a la energía verde. Eso dependerá de su capacidad de transformar sus sistemas energéticos. Algunos países podrían seguir el ejemplo de Francia y desarrollar su potencial energético nuclear. Kazajstán, por ejemplo, podría usar sus amplias reservas de uranio para desarrollar plantas nucleares de próxima generación y abastecer el resto de las necesidades de uranio del mundo. Venezuela podría maximizar la producción actualmente subutilizada de energía hidroeléctrica de su río Caroní para revivir sus industrias de acero y aluminio. Australia, Namibia y Chile podrían usar sus altísimas tasas de insolación para convertirse en los principales productores de hidrógeno verde.

Los países del África subsahariana podrían intentar explotar su potencial geológico y rivalizar con Australia y Sudamérica en el campo de la minería. Bolivia, Chile y México podrían dominar el sector de las baterías de litio transformando sus recursos de carbonato de litio en óxidos y baterías de litio transformando sus recursos mineros mediante el uso de energía verde. (Corea del Sur, Japón y China actualmente transforman el litio usando combustibles fósiles). Otros países podrían desarrollar su capacidad de almacenar carbono bajo tierra.

La descarbonización cambiará los senderos posibles de desarrollo nacionales y obligará a los responsables de las políticas públicas a repensar sus estrategias económicas. El debate sobre la agenda verde se ha centrado demasiado en los sacrificios que cada país tiene que hacer para reducir sus emisiones. Pero el fin de la planicie energética provocará una reubicación industrial masiva, mientras que salvar a la atmósfera exigirá encontrar mejores maneras de mitigar el daño al suelo. Los primeros en actuar para desarrollar un consenso nacional destinado a promover el ecosistema económico adecuado para el crecimiento verde serán quienes salgan ganando.

9 de diciembre

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/green-growth-and-end-of-fla...

 5 min


Jesús Elorza G.

El pasado 7 de diciembre, se realizó, en la sede del Comité Olímpico Venezolano, la Asamblea General Extraordinaria para la elección de la Comisión Electoral encargada del proceso electoral de la Junta Directiva, Consejo de Honor y Consejo Contralor para el período 2022-2026. Muchos de los dirigentes deportivos que iban progresivamente llegando a la sede olímpica, pensaban y hablaban sobre la posibilidad de renovar a las autoridades y otros sostenían la tesis de mantener a los actuales y eternos directivos.

Pero, la realidad era otra, las rejas estaban cerradas y un cerco de milicianos que fungían como “equipo de seguridad” eran los encargados de revisar las credenciales de los delegados y ¡¡¡decidir quiénes podían entrar a la sede!!!. A su libre arbitrio estos personajes policiales, decidían a quiénes revisar las credenciales para poder ejercer el derecho al voto y a quienes no, lo que provoco de inmediato la protesta de un amplio sector de los federativos. Algunos, señalaban, con sobrada razón, que estaban en presencia de una pesadilla autocrática y totalitaria, la cual se asemejaba a un Estado de Sitio en donde eran suspendidas las garantías constitucionales y los ciudadanos estábamos limitados a obedecer las órdenes dictatoriales. Los federativos, no se amedrentaron por este atropello de los esbirros de seguridad y solicitaron la presencia de un Fiscal del Ministerio Publico y un Notario para que dejaran constancia de los vejámenes a los cuales eran sometidos.

A los representantes de las federaciones de Sambo, Sumo, Ajedrez, Kickboxing, Sordos y Deportes Universitarios de manera arbitraria e ilegal no se les permitió la entrada. Los que pudieron superar el cerco miliciano-policial, no podían creer lo que estaba ocurriendo dentro del recinto de la asamblea, al ver que se permitió intervenir de forma activa, con derecho a voz y voto, a personas que no tenían la cualidad para participar. Estas personas, protegidas y auspiciadas por las autoridades del Comité Olímpico Venezolano, sin ser directivos, votaron en representación de las federaciones de Remo, Pelota Vasca, Boxeo, Kempo, Karate, Hockey sobre césped y Tenis de Campo mientras que en las afueras del recinto estaban los legítimos directivos. Otro caso, que dejo en evidencia la manipulación y la ilegalidad del proceso, fue el haber permitido el voto al representante de la Federación de Vela, puesto que dicha entidad se encuentra acéfala desde hace varios años.

En consecuencia, comentaban los delegados, la descarada actuación de los miembros de la junta directiva del COV, al organizar y desarrollar semejante fraude electoral, los hacia ver como una mala y pobre caricatura de Luis XIV al pretender imponer por todos medios antidemocráticos una especie de régimen donde El Rey y su corte dicen y hacen lo que les da la gana. El presidente del COV, pretende colocarse por encima del ordenamiento jurídico del país, al pretender establecerse como autoridad única supra nacional, para el reconocimiento de las federaciones deportivas, pasando por encima de la autoridad del Instituto Nacional del Deporte, de la Ley Orgánica del Deporte y de la Constitución Nacional.

Finalmente, debemos decir, que con este olímpico fraude electoral fueron violados los derechos a la participación, al sufragio y a la igualdad de los representantes legales de las federaciones, así como a la transparencia que debe reinar en todo proceso electoral, establecidos en los artículos 62 y 63 de nuestra Carta Magna y 3 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales. Al respecto, debe advertirse que la denunciada asamblea general extraordinaria se llevó a cabo en medio de la exclusión de la gran mayoría de los miembros integrantes del Comité Olímpico Venezolano y con la participación de otros no legitimados para hacerlo, lo cual deriva en la elección de una írrita Comisión Electoral, dado que su designación no sería una manifestación de la voluntad del universo de los representantes federativos que deberían participar en dichos comicios, sino que se priorizó de forma subjetiva la elección, solo a la participación de los ciudadanos que le fueran afines a la opción apoyada por los eternos miembros de la junta directiva del COV.

La asamblea se encuentra viciada de nulidad y las decisiones allí tomadas no son vinculantes, de conformidad con lo dispuesto en los artículos 8, 20 y 49 de sus Estatutos, 2, 41, 50, 51 y 53 de la Ley Orgánica de Deporte, Actividad Física y Educación Física, 13 de su Reglamento Parcial Nº 1 y 62 y 63 de nuestra Carta Magna.

La sentencia Nª 36 de la Sala Electoral del TSJ del 29 de mayo de 2013, es clara y precisa en esta materia:

“…los integrantes de sus órganos de dirección deben ser escogidos en el marco de procesos electorales en cuya organización y dirección se demuestre igualdad, transparencia e imparcialidad; de lo contrario, se les violaría a sus miembros el derecho al sufragio consagrado en el artículo 63 de la Constitución. Para ello resulta indispensable que en la escogencia de los órganos electorales llamados a organizar y dirigir los respectivos procesos electorales (comisiones electorales), participen todos los factores involucrados de manera que se garantice un efectivo y democrático control de los comicios…”.

Frente a este fraude electoral, corresponde a las Federaciones Deportiva solicitar ante los tribunales la nulidad de este vergonzoso acto y mantener una unidad que haga posible la renovación de las monárquicas autoridades olímpicas.

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Fernando Mires

(Alrededor de los libros)

Sinopsis de la novela La Anomalía

El 10 de marzo de 2021 los doscientos cuarenta y tres pasajeros de un avión procedente de París aterrizan en Nueva York después de pasar por una terrible tormenta. Ya en tierra, cada uno sigue con su vida. Tres meses más tarde, y contra toda lógica, un avión idéntico, con los mismos pasajeros y el mismo equipo a bordo, aparece en el cielo de Nueva York. Nadie se explica este increíble fenómeno que va a desatar una crisis política, mediática y científica sin precedentes en la que cada uno de los pasajeros acabará encontrándose cara a cara con una versión distinta de sí mismos.

Hervé Le Tellier firma una novela brillante, inteligente y virtuosa en la que la lógica se funde con lo imposible.

De acuerdo a la sinopsis puedo imaginar que la lectura de La Anomalía (premio Goncourt 2021) podría atraer magnéticamente a los entusiastas de la ciencia ficción. Aunque a decir verdad, no estoy muy seguro de que pertenezca enteramente a ese género. De ciencia hay muy poco. Más hay de filosofía, de imaginación sistémica, de teorías meta-reales. Pero sobre todo, de cinematografía. Efectivamente, la novela se deja leer como quien ve un film norteamericano de historias entrecruzadas. Pues a diferencias de esos tiempos lejanos, cuando cineastas se inspiraban en novelas, cada vez son más los novelistas que recogen sus ideas y materiales de la cinematografía. Al leer La Anomalía es imposible no pensar en los filmes de Robert Altman, por ejemplo. Distintas personas en distintos lugares, aisladas entre sí, comienzan a articular sus episodios de vida, hasta confluir en una historia alucinante que los subordina a todos. Esa fue la suerte que corrieron Blacke, David, Víctor Wiesel, André, y varios más.

La historia escuetamente narrada en la sinopsis es el relato de la repetición de un acontecimiento en el tiempo en un lapso de tres meses. O sea, es una historia -parece afirmar el autor en contra de lo que cree la mayoría de los historiadores- que sí se repite. Pero esa repetición requiere de una premisa insoslayable: la de que el tiempo deje de ser continuo. El escritor francés Hervé Le Tellier nos habla en cambio de la duplicación de un tiempo que presenta un error de programación entre la relación que se da entre lo devenido y el devenir. Menudo problema.

Naturalmente, si nos da miedo hundirnos en los pantanos de la metafísica, podemos seguir leyendo La Anomalía como una novela que nada tiene que ver con “nuestra” realidad, una, menos que historia, historieta divertida, a la que podemos leer masticando palomitas para pasar el rato, o para matar al tiempo como dicen los micro-suicidas quienes en vez de matarse a sí mismos, matan al tiempo.

Al fin y al cabo, cada uno lee a un libro, no como el libro es, sino como uno es. Podríamos agregar, cada uno es diferente a sí mismo en el momento en que lee un libro. Podemos imaginar así a un Heráclito moderno que en vez de no bañarse dos veces en el mismo río, nos dijera: “nunca leemos el mismo libro”. Le Tellier lo dice mejor: “Ningún autor escribe el libro del lector, ningún lector lee el libro del escritor”. Como sea, leamos como leamos, no podemos hacerle una finta al tema de los temas: al del tiempo, al de ser en el tiempo. Es el tema de la novela, en mi opinión.

Según la novela, el tiempo podría no solo ser continuo, sino también -paradoja- repetirse en el tiempo. Si esto sucediera, habría que revisar no solo nuestra concepción de tiempo sino la relación entre ser y tiempo. O lo que es parecido, pero no igual, la relación entre el espacio, sus objetos y el tiempo. Nada nuevo bajo el sol, nos dirá alguien. Estaríamos repitiendo en lengua vulgar la discusión de los físicos del siglo pasado. Pero no, no es eso, no, no es así. La discusión sobre el tiempo existía mucho antes que Einstein nos iluminara el mate con sus bellas y simples fórmulas.

San Agustín por ejemplo, fue el primero en formular una premisa que mucho después harían suya los genios de la física. ¿Qué es el tiempo? se pregunta el mismo. La respuesta del santo de Hipona está más cerca de Heisenberg que de Einstein: “Si no me preguntan qué es, lo sé. Si me preguntan qué es, no lo sé” (Confesiones, Xl). Es decir, el tiempo agustino es objetivo, pero nuestro tiempo, el que percibimos o medimos, no lo es. Así lo explica el mismo Agustín: “Mido el tiempo, lo sé; pero ni mido el futuro, que aún no es; ni mido el presente, que no se extiende por ningún espacio; ni mido el pretérito, que ya no existe. ¿Qué es, pues, lo que mido?” (Confesiones, Xl). Algo que no sabemos que es, pero avanza en el tiempo, habría tal vez contestado Stephen Hawkins.

En resumidas palabras, si hablamos del tiempo hablamos de un pasado que no existe porque ya pasó, de un presente que no existe porque al escribir estas palabras ya ha pasado y el de un futuro que no existe, porque aún no ha aparecido. Lo que mide San Agustín, es mi tímida respuesta, no es el tiempo sino SU tiempo, o más bien, la relación entre él y su tiempo. Hay por lo tanto un tiempo subjetivo y un tiempo objetivo donde toda medición del tiempo será relativa. Con esa afirmación nos acercamos a Einstein.

El tiempo es relativo según la noción einstiana. Pero si es relativo, constataría San Agustín -como si conversara en el tiempo con Einstein- debe haber en algún lugar un tiempo sin pasado y sin futuro, un tiempo absoluto, uno donde hay un presente puro o un puro presente. Ese es el tiempo divino, no el de la Ciudad de los Hombres sino el de la Ciudad de Dios.

Para nosotros, en cambio, no existe el tiempo sin su medición. De tal modo que podríamos seccionar al tiempo en dos trozos. El tiempo del dios Cronos que es crono-lógico y el tiempo del Dios Único. Por cierto, el segundo contiene al primero y no el primero al segundo de tal manera que puede ser posible que ráfagas de luz que provienen del tiempo eterno se deslicen ocasionalmente en el tiempo terreno, alterando su dimensionalidad, produciendo trastornos que antes se llamaban milagros y hoy se llaman anomalías.

Los milagros, efectivamente, son acontecimientos anómalos: anomalías. Y como son sin causa, nunca podremos entenderlos, solo Dios, si es que en Él creemos (no parece ser el caso de Le Tellier) Y a veces ni siquiera Dios, si tomamos en serio el delicioso chiste judío que nos cuenta Le Tellier, ese que dice que Dios lee cada cierto tiempo la Thora para entender lo que el mismo creó.

Dios no puede errar (aunque si un dios lo puede todo, debería también poder también errar) pero nosotros sí. Pero no siempre errar es errar. Dijo Kant que errar es fuente de toda verdad porque gracias al error rectificamos y pensar es rectificar. Lo dijo también Darwin cuando afirmó que la evolución se explica por mutaciones y las mutaciones suceden como resultado de errores que alteran los procesos naturales. Luego, la parte más ficticia de la novela de Le Tellier no sería tan ficticia. En la programación del tiempo puede haber errores y, el del desdoblamiento de la novela en dos acontecimientos iguales pero no crónicos, podría ser un error muy grave. Máxime si consideramos que el tiempo no es un “en sí”.

El tiempo, si existe, existe en un espacio y en relación a un objeto que hace posible al espacio que a la vez hace posible al tiempo. Por eso el desdoblamiento de un acontecimiento, según Le Tellier, puede tomar la forma de dos instancias similares pero superpuestas en lugares diferentes. Mejor dicho: en dos tiempos diferentes pero con los mismos objetos (avión, pasajeros)

En palabras más precisas: en la supuesta programación, los objetos han sufrido una dislocación de tiempo y lugar, reapareciendo en dos tiempos y lugares diferentes, produciéndose situaciones comiquísimas pero también muy dramáticas de personajes escaneados quienes son los mismos y a la vez no lo son. Esa, la de Le Tellier es literatura pura, y de la buena. El problema existencial para todos esos personajes es, sin embargo, no saber si ellos son el original o la fotocopia. O podría ser –no lo dice Le Tellier sino el autor de estas líneas- que nos estemos haciendo trampa, aplicando nuestras percepciones del mundo a una realidad que lo sobrepasa y lo trasciende. Puede ser incluso que estemos concibiendo al tiempo, al espacio y al objeto, como una trinidad sin unidad, como tres “cosas” diferentes, cuando solo son tres formas del ser de la unidad así como el Yo de cada uno no pasa de ser la simple percepción particular de un Yo supremo que vive en la verdad absoluta del universo y del que no somos ni siquiera la billonésima parte. Una partícula infinitesimal de un cuerpo eterno que trasciende a todos los espacios y tiempos habidos y por haber.

Dios santo, a los temas que puede llegar uno con una simple novela con la que solo queríamos entretenernos “un rato”.

Aparte de la comedia y la tragedia implícita en la relación espacio-tiempo-objeto, nada puede ocultar que en el desdoblamiento temporal de la novela yace el tema del no saber por qué ni para qué somos. La incógnita de la condición humana. ¿Somos de verdad o de ficción, somos reales o virtuales? ¿Obedecemos a las leyes de un programa suprahumano al que nunca tendremos acceso? ¿Es nuestra realidad una simple ilusión, según la expresión de Nietzsche?

En la realidad, en esa realidad tan simple que nos rodea, hay un programa, sospecha Le Tellier. Creo entenderlo: las aves migratorias, por ejemplo, nos muestran en bellísima precisión la programación a la que ellas están sometidas por el rigor de su propia naturaleza. El vuelo, la dirección que emprenderán en el cambio de las estaciones climáticas, precede a la existencia carnal de esas aves. O como dice casi genialmente Le Tellier “la existencia precede a la esencia”.

Si estamos programados o nos ha sido conferido además el rol de la programación no solo digital sino sobre todo espiritual, podría ser una posibilidad. Pero Le Tellier no da ni intenta dar respuesta a ninguna de nuestras inquietudes. Las deja estar ahí, simplemente. En ese sentido, es un escritor honesto, consigo y con sus lectores. Y al fin y al cabo, él es “solo un novelista”. No escribe para darnos explicaciones, ni mucho menos soluciones.

Su única tesis, formulada no por casualidad en las primeras páginas de su libro, es que una particularidad del ser humano es la de percibir que está rodeado por realidades incomprensibles. En las palabras textuales del autor: “Hay algo admirable que supera siempre el conocimiento, a la inteligencia, e incluso al genio: la incomprensión”. Con ese no-comprender hemos de vivir. Y, al fin y al cabo, deduce Le Tellier, si somos reales o virtuales, nada cambia en nuestra vida. ¿Qué importa saber si el amor que siento por ti es una invención, si de verdad siento que te amo? podría decir alguien que ha aprendido a amar de acuerdo a códigos cultural y socialmente establecidos.

“El amor evita al menos tener que buscarle continuamente un sentido a la vida”, apunta Le Tellier. Una frase conformista, sin duda. Pero plena de sentido. Podríamos reformularla así: vivir es inventarnos cosas para evitar preguntarnos acerca del sentido de las invenciones de las cosas que somos y nos rodean. ¿La vida es entonces una anomalía? No lo sé. Pero por lo menos -en eso podríamos estar de acuerdo- es un milagro.

Esa es la novela que leí, La Anomalía de Hervé Le Tellier. Seguramente otros lectores leerán en el mismo libro, otra novela. Leer, al fin, es pensar alrededor del libro que leemos.

9 de diciembre 2021

Polis

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Acceso a la Justicia

Reconversión monetaria

Haciendo caja. Así se encuentra en la actualidad el fisco nacional gracias al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) a causa de la última reconversión que ha sufrido el bolívar. La decisión de la administración de Nicolás Maduro de borrarle seis ceros a la moneda nacional ha terminado haciendo muy jugosas las multas que el máximo juzgado puede imponer al resguardo de la Ley Orgánica de Amparo y Garantías Constitucionales de 1988.

El artículo 25 del instrumento castiga con una sanción pecuniaria de entre «dos mil bolívares (Bs. 2.000,00) y cinco mil bolívares (Bs. 5.000,00)» el llamado «desistimiento malicioso o el abandono del trámite por el agraviado». En pocas palabras, aquella persona que acuda ante un juez o magistrado para denunciar que alguno de sus derechos fundamentales fue violado o corre el riesgo de serlo pero luego no impulsa el proceso de manera continua, aun cuando el TSJ se tarde años en contestar e incluso la situación planteada ya no tenga vigencia, puede ser sancionada económicamente. La norma tiene sentido en cuanto persigue evitar acciones temerarias o que la justicia se pueda utilizar como tribuna con fines proselitistas por parte de algunas personas, pero es importante que sea bien aplicada por el máximo tribunal.

Desde que el pasado 1 de octubre entró en vigor el nuevo Bolívar con seis ceros menos, las multas arriba mencionadas pasaron de tener un valor irrisorio, llegando incluso a poder pagarse con un solo billete, a equivaler a un monto entre 431 y 1.077 dólares al cambio actual publicado por el Banco Central de Venezuela (BCV) de 4,64 bolívares. Para ponerlo en perspectiva una multa por abandono de trámite representa hoy 285 salarios mínimos en su nivel inferior y 714 en su nivel más elevado.

La situación que se presenta en estos casos que favorece al Fisco Nacional va a contracorriente a la del grueso de los venezolanos, los cuales se acostaron siendo millonarios, nominalmente hablando, y se levantaron de la cama teniendo apenas unas decenas o cientos de bolívares, en el mejor de los casos.

Salvados por sus propios errores

¿Pero por qué la reconversión elevó el valor de las sanciones previstas en el artículo 25 de la Ley Orgánica de Amparo? Fundamentalmente porque el instrumento fija expresamente las multas en bolívares. En 2018 la Sala Constitucional reparó en este evidente detalle y puso fin a una práctica en la que venía incurriendo desde finales de 2007, cuando en vísperas de la entrada en vigor de la primera reconversión monetaria decretada por Hugo Chávez comenzó a calcular los montos de las sanciones en bolívares fuertes. «Se impone a la parte actora una multa por la cantidad de CINCO MIL BOLÍVARES (Bs. 5.000,00) o CINCO BOLÍVARES FUERTES (BsF. 5), pagaderos a favor del Fisco Nacional», como comenzó a aparecer en sus decisiones.

Sin embargo, a medida que la inflación galopaba y se convertía en la hiperinflación que desde 2017 azota al país, la instancia encargada de interpretar la carta magna decidió dar marcha atrás y dictaminó lo siguiente en su sentencia n.° 827 del 3 de diciembre de ese año, con la cual modificó su posición sobre este ámbito:

«Tomando en consideración que la sanción establecida en el artículo 25 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales fue expresada en bolívares y el bolívar continúa siendo la unidad monetaria de la República Bolivariana de Venezuela, el juez no puede modificar lo expresamente establecido por el legislador sin violar el principio de legalidad. En consecuencia, esta Sala Constitucional establece, con carácter vinculante, que en caso de desistimiento malicioso o de abandono de trámite la sanción aplicable por el juez de la causa será la establecida en la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales vigente, es decir, multa de dos mil bolívares (Bs. 2.000,00) a cinco mil bolívares (Bs. 5.000,00). Este cambio de criterio, se aplicará con efecto ex nunc, a partir de la publicación del presente fallo»

En esa ocasión la Sala consideró que la manera como está redactada la ley podría «sembrar duda sobre la cuantía de dicha sanción», por cuanto el extinto Congreso de la República al momento de dictar la norma en 1988 no tomó en consideración «el problema de la inflación, de las devaluaciones o de las reexpresiones monetarias». Sin embargo, afirmó que «no tiene cabida invocar principios como el de proporcionalidad o racionabilidad de la sanción con el propósito de corregir la desvalorización (o revalorización) de la moneda, porque objetivamente implica modificar el límite sancionador establecido por el legislador». En pocas palabras, dijo que no podía hacer lo que venía haciendo desde hacía una década.

En su momento esta sentencia le sirvió al TSJ para aumentar las multas y llenar las cuentas del fisco nacional.

Engrosando al fisco nacional

Desde octubre de este año la Sala Constitucional ha dictado treinta y dos sentencias en las que ha impuesto multas por abandono de trámite. Así lo contabilizó Acceso a la Justicia tras revisar los fallos publicados y anunciados en la página web del organismo rector del Poder Judicial. En cuatro de las sentencias publicadas en octubre (467, 474, 477 y 482), se constató que todas las sanciones impuestas fueron por el monto máximo de 5.000 bolívares o 1.160 dólares, bajo el argumento de que «la Sala juzga de suma gravedad el entorpecimiento de sus labores con la presentación de demandas posteriormente abandonadas, lo cual obliga a desviar su atención de asuntos que sí requieren de urgente tutela constitucional».

Lo llamativo de esos fallos es que los sancionados no solo son particulares sino también funcionarios públicos. De modo que en la sentencia n.° 482 del 1 de octubre, la instancia le impuso 5.000 bolívares de sanción a la fiscal 12 del Ministerio Público del estado Yaracuy, Nadexa Camacaro Carucí, por olvidarse de una acción de amparo que interpuso en septiembre de 2016 contra la decisión que en marzo de ese año dictó la Corte de Apelaciones de Yaracuy, mediante la cual envió a un centro de desintoxicación y rehabilitación a dos condenados por tráfico de drogas.

«Visto que en el presente caso se ha verificado la inactividad de la parte actora por más de seis (6) meses y como quiera que no se encuentra afectado el orden público, se advierte que tal situación debe interpretarse como la pérdida del interés de la misma», se lee en el fallo que tiene como ponente al magistrado Luis Fernando Damiani Bustillos.

Pero si lo anterior no fuera suficiente, todas las sanciones impuestas antes de la entrada en vigor de la reconversión también verán su valor aumentado, pues la decisión de 2018 de la Sala Constitucional deja en claro que las reexpresiones monetarias no afectan sus montos.

La medida prevista por la Ley de Amparo tiene sentido para evitar que la administración de justicia sea ineficiente ocupándose de casos donde ya no hay interés, y así, les dé prioridad a aquellos en que sí lo hay. Sin embargo, es llamativo que, en cuatro de las acciones publicadas en octubre de este año, la Sala no haya cumplido la obligación de informarle a los accionantes si revisaría o no dichas peticiones. Por el contrario, en algunos de los cuatro casos analizados, como el que afectó a la funcionaria del Ministerio Público, los magistrados se demoraron dos años en anunciar que no lo analizarían, contrariando abiertamente lo dispuesto en la Constitución y la propia Ley de Amparo, que obligan a que este tipo de solicitudes que sean tramitadas de manera expedita.

Y a ti venezolano, ¿cómo te afecta?

Es llamativo que, en el grueso de las peticiones rechazadas, bajo el argumento de la pérdida de interés o desistimiento malicioso, los magistrados ni siquiera informaron a los peticionarios si analizarían o no sus escritos, pese a que la Constitución y la ley los obliga a darles una respuesta perentoria. El máximo juzgado se queja de que los particulares se olvidan de sus acciones, pero él jamás les informa si las analizará, con lo cual parece que también él se olvida de las peticiones que recibe.

Los abogados y venezolanos de a pie que a partir de ahora acudan al máximo juzgado para pedir amparo deberán estar acudir constantemente al organismo, enviándole escritos o correos electrónicos, sin importar si este les responda o no, para así evitar que considere que se olvidaron de sus solicitudes y les imponga onerosas multas. En todo caso, representa una nueva barrera para los accionantes que buscan en el amparo una forma de restitución de sus derechos constitucionales.

8 de diciembre 2021

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