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Opinión

Jesús Elorza G.

Una vez finalizado los Juegos Olímpicos de Río 2016, la comunidad deportiva de atletas, entrenadores y dirigentes fijaron su mirada en el próximo ciclo olímpico con rumbo a Tokio 2020. La ilusión del momento, les permitía pasar por alto las innumerables dificultades que han rodeado al deporte venezolano en los últimos 22 años: corrupción, instalaciones deterioradas, entrenadores con salarios de hambre, programas operativos sin recursos, violación de la autonomía federativa, suspensión de los juegos deportivos nacionales, traída de “entrenadores” cubanos, abandono de los Centros de Preparación de Alto Rendimiento, progresiva reducción de los programas de Asistencia Social Integral al Atleta y la participación en las elecciones federativas de los altos funcionarios del Ministerio del Deporte y el IND.

Sin embargo, todos los integrantes del sector deportivo mantenían en alto la esperanza que en el camino a Tokio en los próximos cuatro años (2016-2020) pudieran superarse las dificultades. Pero, la realidad fue totalmente lo contrario. El camino a las olimpiadas en Japón fue duro y largo. Quedando en evidencia las incapacidades de las autoridades gubernamentales y olímpicas para superar la caótica crisis del deporte venezolano. Una burocrática lucha por el poder se transformó en el objetivo principal de los representantes ministeriales y olímpicos.

Para el logro de tales propósitos, se impuso el concepto dictatorial según el cual “el fin justifica los medios” quedando atrapado el deporte en una maraña de maniobras y agresiones para doblegar o conseguir apoyos de las federaciones deportivas o en su defecto que los altos funcionarios pasen a ocupar cargos en las directivas o comités ejecutivos de las federaciones. Mientras tanto, el deporte estaba y sigue estando a la deriva.

En ese abandono de la atención a nuestros deportistas se destacan, entre muchos problemas o desaciertos, los siguientes:

- La irresponsabilidad de haber suspendido los Juegos Nacionales, lo que se tradujo en no poder tener de manera sistemática los relevos generacionales necesarios para ir atendiendo los ciclos olímpicos.

- La falta de mantenimiento de las instalaciones deportivas nos ha dejado sin centros de entrenamiento. Por solo citar un ejemplo: no hay pistas de atletismo en buenas condiciones.

- En términos de intercambios deportivos se impuso la política del “Forfeit”. Por razones de incapacidad en no poder resolver problemas de pasajes, pasaportes y viáticos delegaciones deportivas de boxeo, voleibol, atletismo, esgrima y softbol dejaron de asistir a competencias internacionales.

- La nadadora de aguas abiertas Paola Pérez, sufrió una hipotermia en los Juegos Panamericanos 2019 por no contar con un traje de baño adecuado.

- Rubén Limardo campeón olímpico en esgrima, por falta de pago de su beca tuvo que combinar sus entrenamientos en Polonia repartiendo comidas en bicicleta.

- Ahymara Espinoza por no recibir el pago de su beca tuvo que abandonar su sitio de entrenamiento en Eslovenia y regresar a Venezuela. Siguió con sus entrenamientos en un campo de béisbol en San José de Barlovento en el estado Miranda.

- Atletas y entrenadores forman parte de la diáspora.

Al final del camino, llegamos a Tokio 2021 con 43 jóvenes que con todo el sacrificio lograron recorrer el tortuoso camino durante cuatro largos años desasistidos del apoyo necesario de los organismos correspondientes. Creo importante señalar, que el número de atletas en la delegación, representa un retroceso continuado del 50% con respecto a los 86 que nos representaron en Río 2016. O una drástica reducción de 65 atletas (120%) con respecto a los 108 atletas que nos representaron en las Olimpiadas Pekín 2008.

Pero, a los que si se les hizo, el recorrido, un camino de flores, fue a los miembros de la Plana Mayor quienes llegaron a Tokio, sin haber pisado una cancha o haber sudado una camiseta, en su tradicional condición de “alegres viajeros”. La integración de dicha comitiva, se hizo obedeciendo a criterios de retaliación política –electoral. Solo fueron seleccionados todos aquellos que estén, de manera sumisa, a favor de la reelección de Eduardo Álvarez a la presidencia del Comité Olímpico Venezolano dejando por fuera, sin argumento alguno, a los propuestos legalmente como delegados de el Atletismo y los Deportes Acuáticos por el simple hecho de ser opositores.

No debe sorprendernos, que de alcanzar alguna medalla, los integrantes de la Plana Mayor comiencen a celebrar como suyos el triunfo de los sacrificados atletas y comencemos a oír el discurso desgastado y demagógico de “la generación de oro” o la de” somos potencia” y entre brindis con copas de champagne comiencen a preparar sus maletas para los próximos Juegos Olímpicos Paris 2024. Mientras tanto, atletas, entrenadores y dirigentes continúan su tránsito por el duro y largo camino del deporte venezolano.

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Fernando Mires

Los sismos, los terremotos, los cataclismos y todo ese tipo de movimientos tectónicos que han llevado a opinar a algunos que la tierra no es un planeta habitable, demuestran que el mundo no está terminado, o que su existencia es un permanente hacerse. Frase que, aunque parezca rara tiene ciertas connotaciones políticas. Pues la política es, antes que nada, movimiento. Allí donde la política termina de moverse, desaparece.

Un mundo políticamente congelado es ideal de dictadores, un ideal ptolomeico en contraposición al copernicano que no solo postuló el heliocentrismo sino, además, anticipó la visión relativa a que no solo la tierra se movía sino que la vida es el movimiento (energía) y el movimiento es la vida. No otra es la tesis central de la obra de Galileo “la revolución de las esferas celestes“, a la que si tomamos en serio, vale decir, en un sentido meta-astronómico, o sea filosófico, nos lleva a afirmar que la vida de por sí es revolucionaria en contraposición a la muerte que es contrarrevolucionaria.

Chile: del estallido social a las primarias y desde ahí enfilando hacia las presidenciales

Si quisiéramos demostrar a nivel sudamericano por qué la política solo es política cuando se mueve, no encontraríamos otro ejemplo mejor que el dado por Chile en los últimos dos años.

Quiero afirmar que en Chile ha tenido lugar -no en el sentido marxista-leninista, ni mucho menos chavista o castrista del término, pero sí en el sentido de Galileo Galilei- una revolución política cuyos resultados no son hasta ahora definitivamente visibles. Revolución constitucional, la llamó el ex candidato presidencial Andrés Velasco.

El estallido de octubre del 2019, el destape de capas socio-tectónicas ocultas que abrieron el cráter donde se escondía una profunda desigualdad social, sacó a la calle a multitudes sin conducción ni líderes, sin programas ni partidos, a protestar por razones diversas, pero todas sociales. Masas alegres coreando consignas del pasado y del futuro pero también a vándalos destrozando estatuas y quemando iglesias por doquier.

Ambivalente y heterogénea como toda gran movilización social, prometía la chilena transformarse en un río sin cauce en medio de un cambio climático sin precedentes. Ante esa visión apocalíptica, la clase política, tal vez presintiendo que con el estallido social se les iba la vida, en lugar de construir un dique de contención, como mal hizo Duque frente al estallido colombiano, construyó un canal llamado "cambio constitucional". Así, el movimiento social fue constitucionalizado, institucionalizado y, sobre todo, politizado.

El plebiscito constitucional de octubre de 2019 dio curso libre a una nueva Constitución encargada de situar una marca histórica entre el Chile post- pinochetista y el Chile que viene, a quien nadie se atreve todavía a ponerle un nombre. Las elecciones constituyentes del 15 y 16 de mayo de 2021 revelaron a su vez de forma nítida la nueva base política sobre la cual se sustentaría la nueva Constitución: Crecimiento acelerado de la izquierda emergente, desgaste de la izquierda tradicional, debacle de la derecha centrista y casi desaparición de la ultraderecha, pero sobre todo –y esto cambiaría el juego en los partidos– un crecimiento enorme de los independientes o “sin-partidos”. Las constituyentes fueron potencialmente un acto de rebelión en contra de la clase política establecida, pero sin salirse de los cauces institucionales y constitucionales.

Poco tiempo después, 18 de julio de 2021, tendrían lugar las “primeras primarias” en dos coaliciones: Apruebo Dignidad y Chile Vamos.

Inevitablemente la energía política desatada en los eventos anteriores debía penetrar en la lucha partidista. Evento que portó consigo tres grandes novedades: Primero, la participación electoral fue numerosa. Segundo, los resultados fueron inesperados. Tercero, la geometría política centrista de Chile fue recuperada.

En el bloque llamado Apruebo Dignidad, Boric, con su discurso izquierda-centrista se impuso al comunista Jadué y su discurso clasista. En el bloque de la derecha centrista, Chile Vamos, el centroderechismo más económico de Sichel se impuso al centrismo mas político de Desbordes y del derechismo tradicional de Lavin. En los dos bloques fue mostrado que el codiciado objeto del deseo político yace en el centro y no en las puntas.

En el tercer bloque gravitante, Unidad Constituyente, la disputa entre la tendencia post-bacheletista representada por la socialista Paula Narváez y la figura carismática de la presidente del senado, Yasna Provoste, está por verse. Provoste, siendo democristiana, es la figura política más centrista de todo el país. La única persona en condiciones de ejercer atracciones transversales en los independientes e incluso en los demás partidos. Visto así, hacia las presidenciales, si es que entre el bloque de izquierda-centro y el de centro-izquierda no hay un acuerdo, habrá un choque de trenes entre los contingentes de Boric y los de Provoste. El dilema será si Chile vuelve a su tradicional estructura de “los tres tercios” o se embarca en las peligrosas aguas de un océano bi-polar.

Lo importante es que Chile, siguiendo el principio galileico y no ptolomeico de la política, se mueve rápidamente hacia el centro. Pero a diferencias del sistema solar, donde el centro está pre-establecido, el centro político en Chile será configurado a través de una intensa lucha. Ese centro nunca tendrá un lugar fijo pues es un espacio configurado por desplazamientos, no de cuerpos celestes sino de cuerpos políticos. En un sistema planetario el sol también se mueve. El sol es un centro dinámico, no estático. El centro es el sol de la política.

Desde esa perspectiva lo peor que podría suceder en Chile sería una alianza de todas las izquierdas, la comunista, la frenteamplista y la post-concertacionista. No olvidemos que la inesperada paliza propinada por Boric a Jadué tuvo que ver con el rechazo a un partido dispuesto a reconocer la legitimidad de dictaduras como las de Nicaragua y Cuba. Esa alianza llevaría a disolver la importante separación entre una izquierda democrática y otra que no lo es. Y lo que es peor, crearía en Chile una bi-polaridad que no corresponde con la personalidad política centrista del país.

Toda polaridad tiende al immovilismo, y con ello al deterioro de la vida social y política. Si se forma una “izquierda unida” lo más probable es que la derecha, hoy muy dividida, deberá también unirse. Chile no merece regresar a la política ptolomeica del siglo pasado.

Y Cuba también se mueve

Si trasladamos el principio copernicano a la dinámica política, podremos comprobar que los cuerpos no celestes de la política tienden a resistir el principio de la inercia buscando el movimiento que les da vida. Visto así, la libertad, incluyendo a la libertad política, es el triunfo de la movilidad sobre el principio (mortal) de la inercia. La libertad será siempre libertad de movimiento, no solo físico sino también de ideas. Es por eso que toda toda dictadura busca petrificar a la política convirtiendo a la ciudadanía en simple población demográfica. Pero la vida quiere vivir. No otro es el sentido de la consigna hecha canción por el movimiento San Isidro aparecido en Cuba en noviembre del 2019, Patria y Vida, opuesta a la tétrica Patria o Muerte de los Castro, hoy administrada por ese revolucionario sin revolución llamado Díaz Canel.

Del estallido social cubano ya sabemos lo suficiente como para percibir de que se trata de un colectivo deseo de vida, de un grito desesperado por ser, de una expresión masiva por la libertad. En ese sentido, más que un movimiento político, el que hizo puesta en escena el 11-J fue un movimiento existencial. Sus antecedentes cercanos se encuentran en la rebelión cultural y urbana de los intelectuales y artistas del país. Luego en el grito de San Antonio de los Baños cuyos ecos despertaron muchedumbres en todo el país.

Los intelectuales y artistas viven en las urbes. La rebelión social viene de las entrañas rurales y suburbanas de la Cuba profunda. Ambos confluyeron en un solo río. El movimiento del 11-J puede ser así considerado como una carta de presentación de su propia existencia. Espontáneo, ha sido catalogado por muchos observadores, al observar que el movimiento no posee ningún liderazgo definido. Manipulados por EE UU, fue la respuesta de la nomenclatura. Ni lo uno ni lo otro. Una cosa es que un movimiento no tenga líderes ni partido y otra es que sea espontáneo.

Espontáneo, en el léxico político, significa un estallido anárquico y desorganizado. Pero en Cuba sucedió lo contrario: el solo hecho de que se expandiera tan rápidamente desde los poblados más lejanos hacia las grandes ciudades y que en todos los lugares fueran coreadas las mismas consignas y que sus participantes hubiesen decidido poner término a todas las manifestaciones a la misma hora, habla de un alto grado de sincronía, de intensiva comunicación (digital) interna. Hay pocas dudas: estamos en presencia de –para usar un término de Gramsci- un movimiento orgánico, uno que a diferencia de otros muy locales como el “Maleconazo” de 1994, atraviesa a la nación de punta a cabo. Con ese movimiento, explícito y manifiesto como el que hizo acto de presencia el 11-J, tendrá que convivir, de ahora en adelante, la dictadura de Díaz Canel.

Nadie puede predecir cual será el destino del movimiento del 11-J. La posibilidad de que la represión logre desmembrarlo, debe ser considerada. El aparato policial y militar cubano está hecho para reprimir a su propio pueblo. Pero que eso no suceda, depende también de las formas que asumirá en el movimiento en el futuro. Por el momento lo más importante es preservar su existencia física. A partir de ahí, la tarea será asegurar su existencia política.

Probablemente los miembros del movimiento del 11-J saben muy bien que no basta salir a las calles y gritar “abajo la dictadura” para que el régimen comience a retirarse. Por el momento, lo que más requiere es mantener continuidad. En otra palabras, que el régimen se vea obligado a reconocer al 11-J no solo como un enemigo externo sino como una oposición interna.

Por lo menos el movimiento del 11-J logró que Díaz Canel tuviera que reconocer algunos errores. En sistemas que reclaman para sí el don de la infabilidad, no deja de ser este un hecho importante. Llevar la discusión al seno de la casta dominante será luego uno de los principales objetivos a cumplir. Sin disidencias, sin trizaduras internas, ningún régimen se viene abajo. Eso significa, para el movimiento que recién nace, mantenerse atento a cualquiera posibilidad de comunicación con los personeros del régimen. Nunca cerrar todas las puertas.

No hay que olvidar que más allá de toda diferencia política existe el “factor humano”. En no pocas experiencias históricas hemos visto a miembros de regímenes dictatoriales que terminan por disentir. Nunca faltan los que se dan cuenta de que seguir manteniendo a gobiernos ilegítimos lleva a callejones sin salida. Hay quienes también no quieren pasar a la historia como verdugos de sus pueblos. No hay transiciones sin deserciones. Llámense Gorbachov como en la URSS, de Klerk como en Sudáfrica, Suárez como en España, Krenz como en Alemania comunista, o generales como Mathei en Chile o Jaruzelski en Polonia (Hans Magnus Eszenberger los llama “héroes de las retirada”). Pero para que estos aparezcan tiene que haber condiciones. La principal de ellas es la existencia de un movimiento democrático abierto a la comunicación política.

Las dictaduras no caen como sucede en las películas. El fin de las dictaduras -para decirlo en tono hegeliano– ocurre cuando los opresores entienden que la liberación de los oprimidos conduce a la liberación de los opresores. ¿Darán los cubanos el paso que lleva desde el estallido social a la política formal? Eso no depende solo de ellos. Pero tampoco solo de las fuerzas externas. Dependerá de la conjunción entre una presencia política interna y el apoyo internacional. De no ocurrir esa conjunción, en lugar de producirse la cubanización de Venezuela podría tener lugar una venezuelización de Cuba.

Venezuela y sus fallidos estallidos sociales

Hay estallidos y estallidos. Si nos atuviéramos a las imágenes televisivas, Venezuela también ha vivido a lo largo de los periodos madurista y chavista, diversos estallidos sociales. Pero las imágenes no hablan por sí solas, como suele decirse. No basta que miles y miles salgan a protestar si los objetivos no son traducidos en resultados políticos.

En Venezuela la furia movilizadora vivida durante “la salida” del 2013, así como las movilizaciones del 2017, fueron numéricamente superiores a las de Chile y Cuba, pero sus consecuencias políticas nunca cristalizaron. En otros términos, la tarea de dotar de sentido político a los estallidos no fue cumplida por las dirigencias partidistas. Encauzar, ese es el verbo.

En Chile las movilizaciones fueron encauzadas de modo institucional, constitucional y ahora, electoral. Cuba está en la lista de espera. En Venezuela, las movilizaciones, si tuvieron conducción, fue en torno a un solo objetivo: derrocar a Maduro. O lo que es igual, intentar conseguir mediante el estallido callejero lo que no había sido posible en las urnas. ¿De dónde proviene esta idea? A mi entender, de un falso paradigma.

A través de diferentes periodos, los dirigentes de la oposición venezolana, aún los que piensan en términos derechistas, han adoptado el esquema voluntarista que caracterizó a las llamadas izquierdas revolucionarias de los años sesenta. Por de pronto, todas creen en el arrojo de un líder heroico, llámese María Corina Machado, Leopoldo López, Juan Guaidó, quienes con consignas incendiarias pondrán en movilización a masas irredentas, marchando sin vacilar hasta llegar a Miraflores. Imaginan que bajo el calor de la lucha, como en las películas de Eisenstein, los soldados depondrán las armas para plegarse a la causa de los pueblos. Creencia que explica la enorme irracionalidad de los discursos políticos de los líderes opositores, todos basados en la apología de “la dignidad”, del valor, de la presión nacional e internacional.

Por supuesto, la oposición venezolana ha ido a elecciones, pero estás nunca han sido asumidas como un medio para conquistar espacios y continuar avanzando, sino como simple táctica en el marco de una insurrección permanente. Así, después de la conquista de la Asamblea Nacional en el 2015, a la que intentaron convertir en cuartel general de la insurrección, buscaron la inmediata caída de Maduro mediante un revocatorio que naturalmente el gobierno nunca iba a aceptar Y, lo peor, descuidando las gestas electorales que deberían tener lugar a nivel regional. Así fue como antes de la gran capitulación electoral del 2018, ya habían regalado a Maduro alcaldías y gobernaciones.

Después de las conversaciones de Santo Domingo, donde los opositores fueron a parlamentar con el gobierno sobre elecciones pero sin haber levantado siquiera una candidatura (!!) fue impuesta la tesis de la abstención, llamada por sus panegiristas, “abstención activa”. Así, Maduro sería elegido legalmente presidente, gracias a la oposición venezolana. Cuando Juan Guaidó fuera proclamado presidente no elegido por nadie, la oposición, bajo la conducción aventurera de Leopoldo López, secundado por el oportunismo de otros políticos, fue confirmada en las calles de Caracas, la tesis insurreccional (o fin de la usurpación) .

Como es sabido, Guaidó no dijo absolutamente nada acerca de como conseguir un objetivo tan lejano y ambicioso. Lo supimos recién el 30 de Abril del 2019. La insurrección del pueblo no iba a ser más que la puesta en escena de un miserable golpe de estado.

El desastre a que ha llevado la conducción Guaidó-López llegó a su zenit cuando fue cruzada por la administración de Trump, quien, junto a sus asesores inmediatos, asumió la conducción política de la oposición venezolana, creando una oposición de invernadero, pero internacionalmente protegida y financieramente mantenida.

Si algún valor tiene la trayectoria política de la oposición venezolana es haber mostrado a las oposiciones de otros países lo que justamente no hay que hacer para luchar en contra de un gobierno autoritario, llámese dictadura o no. Una lección que deberá ser tomada en cuenta en países como Nicaragua y Cuba.

Ya habiendo llegado al límite de sus contradicciones, algunos dirigentes de la oposición venezolana están reconsiderando sus posiciones, e intentan, sin mística, sin pasión, como derrotados de antemano, regresar a la vía electoral. Hay quienes piensan que más vale tarde que nunca. Hay otros que recuerdan la frase de Gorbachov: “Quien llega tarde será castigado por la historia”. El problema es que los castigados no serán los dirigentes sino los miembros de un sufrido pueblo aplastado por un gobierno corrupto, violento y militar.

Casi como un ritual, cada cierto tiempo, más para satisfacer a la comunidad internacional, sobre todo a su fracción europea, la oposición dice aceptar simulacros de diálogo, pero siempre poniendo como condición imposible la renuncia de Maduro, o lo que es lo mismo, exigiendo nuevas elecciones presidenciales antes del tiempo constitucionalmente fijado.

De nada ha servido que las voces más cuerdas de la oposición los hubieran alertado. Renunciar a la lucha electoral, se les ha dicho, significaba renunciar a la lucha política, desconectar a todos los partidos de sus bases sociales, encerrase en el vacío de la nada, vivir en el fétido pantano del inmovilismo político.

Si la oposición venezolana quiere ser una oposición de verdad, tendrá que hacerse de nuevo. No hay otra alternativa. No basta decir ahora vamos a las elecciones y después no vamos, para concitar el apoyo de las mayorías. Si algo ha sembrado esa oposición, es desconfianza en su torno

Hacerse de nuevo no significa hacer rodar cabezas, aunque más de alguna debería caer. Significa simplemente reconocer de modo público los errores cometidos, fijar las responsabilidades colectivas y personales en la debacle que los llevó a desperdiciar una enorme mayoría electoral, y levantar un programa democrático a ser cumplido de acuerdo a plazos fijados por la Constitución. Significa, además, convertirse en defensores y no en detractores de la democracia, dando un ejemplo al interior de sus propias organizaciones y partidos. Y no por último, significa aprender que los estallidos sociales no son un fin sino un comienzo de la lucha política.

Lo contrario sería continuar viviendo según la lógica de Ptolomeo, girando alrededor de si mismos, en los laberintos de la propia oscuridad, mientras el mundo continúa moviéndose sin cesar.

Julio 22, 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2021/07/fernando-mires-y-sin-embargo-se...

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Acceso a la Justicia

Legislar, aprobar créditos adicionales y contratos de interés públicos, y controlar al Gobierno. Estas son algunas de las tareas que la Constitución les asigna a los diputados de la Asamblea Nacional (AN). Sin embargo, en días pasados Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento, decidió atribuirse las funciones del Ministerio Público (MP) y hasta de la Defensoría del Pueblo acerca de los sucesos de la Cota 905.

El pasado 13 de julio el legislador oficialista aseguró que los sucesos registrados entre el 7 y 9 de julio en el suroeste de Caracas, cuando la banda de «El Koki» realizó ataques contra sedes de distintos organismos policiales y amenazó con asesinar a vecinos de La Vega, fueron planificados por sectores de la oposición, entre los cuales figuraba el diputado de la AN electa en 2015, Freddy Guevara, junto con el Gobierno colombiano. Guevara fue detenido el 12 de julio cuando conducía su auto por la autopista Francisco Fajardo, ahora Gran Cacique Guaicaipuro.

En una rueda de prensa, en la cual usurpó las funciones de investigación del MP, Rodríguez afirmó lo siguiente:

«Las acciones de las bandas criminales están relacionadas con los mercenarios colombianos debido a que sus actuaciones son típicas de éstos, uno de los principales productos de exportación de Colombia (…) El armamento que le fue incautado a los terroristas, a los delincuentes, fue armamento de guerra, provisto por la Casa de Nariño, por el Gobierno colombiano que se alió con estos malandros para empezar a matar gente en los túneles de La Planicie, en la autopista y generar extrema violencia con armamento de guerra».

Seguidamente el parlamentario oficialista mostró unas supuestas capturas de pantalla de conversaciones que Guevara y otros dirigentes del partido opositor Voluntad Popular habrían mantenido en los últimos meses y las cuales, según él, probarían que estaban planificando hechos violentos. Con esta acción no solo usurpó las funciones de los policías y de los fiscales, quienes son los únicos que deberían tener esta información, sino que además violó al menos dos disposiciones del proceso penal.

Por un lado, Rodríguez habría vulnerado la cadena de custodia, la cual según el artículo 187 del Código Orgánico Procesal Penal (COPP) no es otra cosa más que:

«la garantía legal que permite el manejo idóneo de las evidencias digitales, físicas o materiales, con el objeto de evitar su modificación, alteración o contaminación desde el momento de su ubicación en el sitio del suceso o lugar del hallazgo, su trayectoria por las distintas dependencias de investigaciones penales, criminalísticas y forenses, la consignación de los resultados a la autoridad competente, hasta la culminación del proceso».

En segundo término, el presidente de la AN habría infringido el principio de la reserva de las actuaciones de la investigación penal, previsto en el artículo 286 del COPP. Esta norma solo permite que los imputados, sus defensores y la víctima puedan examinar las evidencias, y además establece que los funcionarios públicos que por un motivo u otro las puedan tener en su poder, no las difundan.

¿Independencia de poderes?

Como si lo anterior no fuera suficiente, Jorge Rodríguez le dijo al fiscal general impuesto en 2017 por la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente, Tarek William Saab, lo que debía hacer.

«Me imagino que luego de estas imágenes, la Fiscalía General de la República ya debe haber dado órdenes de captura para Gilbert Caro, Hasler Iglesias, Emilio Graterón y Luis Somaza», dijo el diputado tras exhibir los supuestos chats entre los opositores.

Esta afirmación carece de base legal, pues no es el MP el que ordena la detención de alguien, sino que la solicita a un juez, quien es el competente para ello de acuerdo con la Constitución.

Además, a Rodríguez no le bastó actuar como fiscal, sino que también lo hizo como si fuera Defensor del Pueblo al abordar el caso de Freddy Guevara.

«Freddy Guevara no está desaparecido, está preso por planes terroristas y paramilitares en Caracas (…) Freddy Guevara intentó perpetrar hechos en contra de la paz de la República venezolana y la República se defendió», declaró el legislador, saliéndole al paso a las denuncias de que el opositor había sido detenido arbitrariamente y que se había configurado una desaparición forzada de corta duración. Ambas situaciones son violaciones a los derechos humanos, las cuales son asuntos que debe abordar la Defensoría del Pueblo.

Respecto de esta afirmación, cabe hacerse varias preguntas: ¿qué pasó con la presunción de inocencia?, ¿qué tribunal se atreverá a llevarle la contraria a uno de los máximos dirigentes del oficialismo luego de esta «condena»? Aquí aparece de nuevo el llamado «efecto Afiuni», que tan presente está en los tribunales de justicia del país.

Los hechos se encargan de corroborar las violaciones a los derechos humanos cometidas en el caso de Freddy Guevara: fue aprehendido a plena luz del día mientras conducía su vehículo, con lo cual parece complicado que se reúnan los requisitos para considerar que incurrió en un delito flagrante, en especial en los términos expresados por las autoridades, que lo acusan de incurrir en delitos de terrorismo y traición a la patria. El opositor transmitió mediante sus redes sociales el momento de su captura y se le veía tranquilo y no estaba armado.

Por su parte, la familia y los abogados del opositor no fueron notificados de su paradero y este fue presentado a tribunales cincuenta y ocho horas después de su aprehensión; es decir, diez horas más tarde de lo previsto en la ley venezolana.

En un proceso penal solo pueden actuar los órganos competentes

La actuación de Rodríguez también excedió el ámbito de sus atribuciones como presidente de la AN. El artículo 27 del Reglamento de Interior y Debates de la AN (Gaceta Oficial n.º 42.068 de 12 de febrero de 2021) en ningún caso se le atribuye la facultad de dar órdenes o instrucciones al MP ni a ningún otro organismo para capturar presuntos delincuentes, ni mucho menos manejar o hacer públicas las supuestas pruebas de un expediente.

Igualmente socava el artículo 39, numeral 1 del mencionado reglamento, dado que invade las funciones de la Comisión Permanente de Seguridad y Defensa de la Nación, instancia interna de la AN encargada de conocer sobre los asuntos relacionados con la seguridad y la defensa integral del país, así como los asuntos concernientes a la posesión y uso de armas de guerra, aparte de los relacionados a la fabricación, importación, exportación, almacenamiento, tránsito, registro, control, inspección, comercio, posesión y uso de otras armas, municiones y explosivos.

La comisión parlamentaria en cuestión sería la facultada para llevar a cabo una investigación de los hechos, pero sin que esto implique facultad alguna para acusar o hacer públicas o manipular pruebas de un proceso que apenas empieza.

Y a ti venezolano, ¿cómo te afecta?

La actuación de Rodríguez es el mejor ejemplo de que la división de poderes, y la imparcialidad e independencia del sistema de justicia son apenas una mera apariencia, por más que el fiscal Saab pretenda decir lo contrario ante la Fiscalía de la Corte Penal Internacional.

Cuando un ciudadano ve que no se respetan los principios constitucionales más elementales con dirigentes opositores, no puede hacer esperanza alguna que ocurra algo diferente con los ciudadanos de a pie de este país.

22 de julio 2021

https://accesoalajusticia.org/presidente-parlamento-venezolano-ejerce-funciones-de-otros-poderes-publicos-el-caso-de-la-cota-905/

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Ignacio Avalos Gutiérrez

En estos tiempos de encierro, me dio por revisar, no sé muy bien por qué, algunos textos de ciencia ficción, género por el que, si bien no siento afición, me genera mucho interés, no sé si me explico, pero trataré de hacerlo en el transcurso de las siguientes líneas.

De paso, dejé para la semana que viene mi comentario sobre el Proyecto de Ley de Universidades, que reposa en la Asamblea Nacional y que, salvo transformaciones de fondo, bastante improbables, por cierto, lo considero una grave equivocación, cuyas consecuencias vamos a lamentar los venezolanos, en particular los más jóvenes

Una travesura infantil

En un escrito publicado en El Nacional hace alrededor de quince años, refería que cuando éramos niños, mis hermanos, sobre todo Alfonso y Francisco, se daban a la tarea de mandar al cielo globos de manufactura doméstica. Eran, según recuerdo, bolsas de papel blanco, de casi dos metros de altura, que ascendían gracias al aire caliente generado por una estopa encendida, mojada con alcohol. La sencilla plataforma de lanzamiento era un viejo banquito que a duras penas guardaba el equilibrio, ubicada en la parte de atrás de la casa. En las vacaciones, durante varias noches seguidas ellos y algunos amigos, veían embelesados como cada globo subía lentamente, convertido en una luz que conforme se alejaba, se iba haciendo roja, hasta desvanecerse en la nada.

Pero, lo mejor era lo que sucedía en los días siguientes. Poco apoco se iban enterando de que algunos vecinos contaban haber visto un platillo volador, otros daban fe de la invasión de un OVNI comandado por marcianos y así como éstas, escuchaban otras historias protagonizadas por extraterrestres. Recuerdo que más de una vez algunos periódicos hablaron de sus globos reseñando el susto que causaban en alguna gente, llegando en cierta ocasión, a señalar el hallazgo de “materiales extraños”, que habían sido remitidos al IVIC para su correspondiente análisis, al paso que se recomendaba calma y serenidad ante esos misteriosos objetos nocturnos. Sobra señalar que mientras esto ocurría, mis hermanos disfrutaban su pequeña dosis de gloria.

Enterado de los comentarios que corrían, un profesor universitario que vivía cerca de nosotros los calificaba como una solemne pendejada. El miedo es pura ignorancia y Marte no era, según él, sino un planeta desolado que el cine y la literatura habían poblado de hombrecitos pequeños, de color verde y ojos saltones, provistos, además, de un par de antenitas empotradas en su cabeza deformada, pasajeros frecuentes de naves que viajaban hacia acá con la mala intención de invadirnos. Confieso que durante un buen tiempo me quedé con esa idea, pues parecía tener rango de sentido común.

Multimillonarios al espacio

Desde hace un buen rato, Marte está dejando de ser una fantasía. Así, el año pasado, en el marco de la denominada desde hace seis décadas, la “carrera por la conquista del espacio” Estados Unidos, China y, por primera vez, Emiratos Árabes Unidos (país dueño, por cierto, de varios de los mejores equipos de fútbol del mundo), enviaron tres naves a Marte. Con sus lógicas variantes tales iniciativas tenían el propósito de realizar estudios sobre el suelo marciano, la estructura geológica, el medio ambiente, la atmósfera y el agua, así como recolectar y almacenar rocas y polvos, además de, por supuesto, investigar acerca de las manifestaciones de vida al mencionado planeta

El asunto parece ir tan en serio que algunos especialistas sostienen la necesidad de revisar la legislación internacional correspondiente. Aluden a vacíos respecto a temas como la propiedad de los terrenos, la explotación de los recursos, la participación del sector privado, la basura espacial e igualmente acerca de quién debe fijar las reglas correspondientes. Lo que pareciera estar en juego es si prevalece el principio de que todo se hace “en interés de la humanidad y para la paz”, conforme lo establece el denominado Tratado del Espacio, suscrito en 1967

Por otro lado, hay quienes creen que la llegada del hombre al planeta rojo, incluyendo la creación de una colonia de humanos, si bien no se encuentra a la vuelta de la esquina, tampoco es tan lejana. Al menos es lo que empiezan a demostrar, apostando grandes sumas de dinero, el fundador de SpaceX, Elon Musk y el de Virgin Galactic, Richard Branson, quien hace apenas una semana realizó exitosamente un viaje al espacio, suerte de antesala de su programa de turismo cósmico, en el que también anda Jeff Bezos, otro multimillonario, fundador de Blue Origin y quien además afirma que los terrícolas pueden convertirse en una “especie multiplanetaria”. Así las cosas, ahora la conquista del espacio no sólo implica una disputa geopolítica, sino que también una lucha por la búsqueda de nuevos mercados.

¿Huir a Marte?

Ray Bradbury, considerado como uno de los mejores autores dentro de la literatura de ciencia ficción, describió en su libro Crónicas Marcianas (1950), las razones que llevaba, a los habitantes de la tierra a querer ir a Marte.

Allí relata que “... todas las gentes con sentido común querían irse de la Tierra. Antes que pasaran dos años iba a estallar una gran guerra atómica, y él no quería estar en la Tierra en ese entonces. Él y otros miles como él, todos los que tuvieran un poco de sentido común, se irían a Marte. Ya lo iban a ver. Escaparían de las guerras, la censura, el estatismo, el servicio militar, el control gubernamental de esto o aquello, del arte y de la ciencia. ¡Que se quedaran otros! Les ofrecía la mano derecha, el corazón, la cabeza, por la oportunidad de ir a Marte. ¿Qué había que hacer, qué había que firmar, a quién había que conocer para embarcar en un cohete?”

A partir del planteamiento anterior y dentro de una lógica similar a la de Bradbury, aunque con sus particularidades, distintos autores registraron en películas y libros que la llegada a otros planetas, su conquista y su colonización, terminaba reemplazando la organización y cultura de los lugares ocupados, replicando las causas por las que decidieron jugarse su suerte en otro sitio del espacio y poniendo de manifiesto que tal proeza tecnológica no incluía el cuido de sus implicaciones filosóficas y éticas.

Regresando a nuestro actualidad terrenal, sobran los estudios que de una u otra forma, diagnostican las amenazas que se ciernen sobre la humanidad, bien sea a través del cambio climático (respecto al cual los recientes pronunciamientos de la Agencia Internacional de Energía son terminantes), la guerra biológica, las armas nucleares, el crecimiento demográfico, factores todos que dejan la mesa servida la mesa para el debate sobre la posibilidad de mudarse a Marte, convertido, como leí en algún lado, en una suerte de “copia de seguridad” para los terrícolas.

¿Ficción o profecía?

Jeremy Rifkin, a quien he citado en muchas ocasiones, ha llegado a afirmar que somos una “especie en extinción”. La huida a otro lugar del espacio se nos asoma desde la ciencia ficción como solución a nuestra crisis civilizatoria, soslayando la necesidad y la posibilidad de transformar la esencia de los esquemas que han modelado la organización y los propósitos de la vida humana durante las últimas décadas.

Uno se pregunta, entonces si la ciencia ficción es más bien un pronóstico y si la realidad termina calcando la fantasía. De paso, cuál será ahora la respuesta del profesor que, cuando yo era niño, dijo lo que dijo sobre los enanitos verdes.

El Nacional, miércoles 21 de julio de 2021

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Aragua en Red

Como toda Venezuela, Aragua en Red está indignada y con ánimos renovados para seguir en la lucha democrática en nuestro país.

Ha sido, y sigue siendo práctica común del régimen de Nicolás Maduro, la amenaza, persecución, la violación sistemática de los derechos humanos, el encarcelamiento sin justo juicio previo y en las dos últimas semanas el régimen ha vuelto más difícil para el venezolano solucionar el mar de problemas que sufrimos, se empeña en hacerlo todo más sombrío y actuando en la oscuridad como ha sido su costumbre.

A pesar que la oposición democrática reconocida por el Grupo de Lima, la Unión Europea, USA, la Organización de Estados Americanos y otros organismos internacionales, con el apoyo del reino de Noruega ha dado pasos inequívocos pera iniciar un proceso de negociación serio que permita la recuperación del país y conduzca a unas elecciones libres y justas reconocidas por la comunidad internacional, el régimen continúa dando dos caras para sabotear el proceso, sencillamente porque no quiere paz, no quiere elecciones libres y quiere quedarse en el poder a como dé lugar.

Es menester tener siempre presente que la inmensa crisis que padecemos los venezolanos fue originada exclusivamente por los que han detentado el poder desde hace más de 20 años con la imposición de un modelo que ha sido rechazado por los venezolanos con sus políticas económicas erradas, la corrupción generalizada y el trillado argumento de que la culpa es del imperio y sus sanciones a personeros del gobierno.

En consecuencia, reiteramos, la mala gestión de la crisis sanitaria y su agravamiento por la pandemia del Covid 19, así como la constate violación de los derechos humanos, la privación ilegítima de la libertad de dirigentes políticos, el desborde de la delincuencia organizada en las zonas más emblemáticos de Caracas y otro sin fin de daños colaterales que hacen cada vez más difícil la vida del venezolano, son suficiente causales para que un gobierno medianamente responsable se marche. Lamentablemente este régimen está muy lejos de serlo y jamás reconocerá que la situación se le ha escapado de las manos.

Por estas razones desde esta asociación civil exhortamos a la oposición democrática a que continuemos los esfuerzos para alcanzar una negociación que conduzca a la solución de los problemas del país y para ello debemos actuar y trabajar con un solo objetivo, una sola estrategia y juntos en este duro camino hacia la libertad.

Es posible hacerlo, ¡claro que sí!

Maracay, 22 de julio 2021

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DW

Un 40 por ciento de productos cultivados para alimentar a la población global no acaban siendo consumidos, desperdicio que contribuye al 10 por ciento de los gases de efecto invernadero causantes del cambio climático

Un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) junto con la cadena de supermercados Tesco y publicado el martes (20.7.2021) advierte que la producción de comida utiliza grandes cantidades de terreno, agua y energía. Todo ello contribuye a los gases de efecto invernadero el equivalente a casi el doble de las emisiones anuales de todos los automóviles en EE. UU. y Europa.

En términos absolutos, el informe estima que cada año se desperdician 2.500 millones de toneladas de alimentos, de los que 1.200 millones se pierden ya en el campo y más de 900 millones en los establecimientos de venta o en los domicilios. "Este informe muestra que el problema es probablemente más grande de lo que nos imaginábamos", declaró a el jefe de la Iniciativa mundial sobre pérdida y desperdicio de alimentos de WWF, Pete Pearson.

La pandemia agudiza el problema

Según Pearson, la pandemia ha empeorado la tendencia al causar "interrupciones masivas en las cadenas de suministro, forzando cancelaciones de contratos, cierres de restaurantes y dejando grandes cantidades de alimentos perecederos desperdiciados o dejados en las granjas que luego fueron inservibles".

La lucha global contra los desperdicios alimenticios

Unos 4,4 millones de kilómetros cuadrados de terreno y 760 kilómetros cúbicos de agua se utilizan para producir los 1.200 millones de toneladas de comida que se desperdician en el campo, antes, durante y después de la cosecha, o se desvían a otros usos como la alimentación animal o los biocombustibles. Para ponerlo en perspectiva, estas cantidades equivalen a un terreno más amplio que el subcontinente indio y un volumen de agua de 304 millones de piscinas olímpicas.

El informe confirmó que los países de ingresos altos y medios de Europa, América del Norte y Asia industrializada contribuyen con el 58 por ciento de estas pérdidas en las cosechas mundiales, a pesar de tener una mayor mecanización y mejores sistemas en las granjas.

Pese a que en el medio agrícola es donde se concentran las cifras más altas de desperdicio de comida, las políticas de los gobiernos se concentran más en la última cadena de suministro, la venta y el consumo.

El informe concluye que, para lograr una reducción significativa, los gobiernos nacionales y los mercados deben tomar medidas para apoyar a los agricultores de todo el mundo y comprometerse a reducir a la mitad el desperdicio de alimentos en todas las etapas de la cadena de suministro.

Consumo de carne

Aunque el estudio se centra en la producción agrícola más que en la ganadera, en un momento en el que el debate sobre el consumo de carne está en la calle, Pearson dijo que diversos estudios globales han demostrado que hay una necesidad de reducirlo, tanto por el bien de la salud humana como para el medio ambiente.

Sin embargo, el responsable de WWF reconoció que, en algunos lugares, esto no es posible, y que cualquier reducción no debería de ser a expensas de la salud de las personas. "Proponer un único patrón de consumo o sistema de producción no lograría apreciar la complejidad de los sistemas de alimentación y la cultura, historia y ciencia detrás de ellos", declaró Pearson. "Donde se decida continuar consumiendo comida que viene de los animales, se tiene que asegurar que viene de sistemas de producción sostenibles", concluyó.

21 de julio 2021

DW

https://www.dw.com/es/desperdicio-global-el-40-por-ciento-de-alimentos-n...

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Humberto García Larralde

Se suele apelar a la fábula del alacrán con la rana porque señala una verdad aviesa: hay seres cuyas conductas desafían la razón porque está en “su naturaleza” actuar así. Quienes pensaban que, una vez manifestada su disposición a negociar con la oposición --bajo auspicios europeos--, el régimen se entregaría a ello como si se tratara de un juego de ajedrez, no tienen idea de con quién tratamos.

El fascismo no hace política; libra una guerra contra quienes no se le someten, porque esto los hace sus enemigos. Si negocia, es con la intención de ganar tiempo para reagrupar sus fuerzas o porque se ve forzado a ello para preservarlas, pero siempre con la intención última de aniquilar a los desadaptados. “Está en su naturaleza”. Aquello de labrar consensos mínimos en torno a ciertas ideas en aras de permitir acuerdos que favorecen al pueblo, no aparece en su manual. Éste se nutre de una realidad alterna, construida evocando mitos épicos que dividen a la sociedad –su campo de batalla—entre un “nosotros”, patriotas y “revolucionarios”, y un “ellos”, formado por la chusma de traidores contrarios a su dominación. Esta visión maniquea la alimenta incesantemente con nuevas fabricaciones. La mentira es un arma de guerra. El fascismo tiene que mantener siempre la ofensiva, tensando la confrontación con consignas sencillas que alebresten las pasiones de partidarios, prestos al combate, no su apego a la razón.

Las actuaciones recientes de Maduro y los suyos parecieran dirigidas a torpedear, deliberadamente, un posicionamiento favorable ante el proceso negociador, sobre todo a los ojos de sus garantes europeos. Al apresar arbitrariamente a Javier Tarazona y otros integrantes de la directiva de Fundaredes, luego a Freddy Guevara, y acosar a plena luz del día a Juan Guaidó, vuelven a mostrar las peores tretas del fascismo criollo. Y más bochornoso todavía es escuchar al fiscal usurpador o a los hermanos Rodríguez fabular acerca de la responsabilidad de estos y otros demócratas en la violencia desatada en Apure o en la Cota 905, ambas resultado de alianzas montadas por Maduro con la disidencia de las FARC y con el Koki, que se les fueron de las manos.

Sin el más mínimo sentido del ridículo, Maduro llegó incluso a denunciar que, desde España, Leopoldo López había armado al delincuente para atentar “contra el humilde pueblo venezolano”. Y Arreaza secunda la payasada culpando a Chile de recibir órdenes de los EE.UU. al cobijar en su embajada al dirigente opositor, Emilio Graterón, señalado, también, como supuesto promotor del tiroteo de la 905. No podía faltar la denuncia de que, por detrás, está la mano peluda del imperio y de la “derecha” colombiana, llegando al extremo de señalar a la policía del hermano país de suministrarle las armas al Koki. Reproducen, así, los funestos procedimientos de la Gestapo Nazi: detener a quienes se consideran enemigos para luego inventarles los cargos más funestos.

En perspectiva, sabemos que estas actuaciones en absoluto son anómalas en el proceder del régimen. Así lo recogen los informes de la Alta Comisionada de las NN.UU. para los Derechos Humanos, como de la misión especial designada por su Consejo de Derechos Humanos, y muchos reportes más. Roland Carreño tiene meses preso con base en similares fabulaciones, hace no mucho asesinaron a Fernando Albán y al capitán Acosta, estando ambos detenidos, siguen torturando a los militares dignos que no se doblegan e –imposible de olvidar—sus esbirros asesinaron a centenares de compatriotas que salieron a manifestar su derecho a la protesta entre 2014 y 2017. La confiscación arbitraria de las instalaciones de El Nacional por parte de Diosdado Cabello y tantos atropellos más, son parte de esta “naturaleza”.

Como hemos insistido, Venezuela ha sido un territorio conquistado para el saqueo por parte de Maduro, los militares corruptos y la dirigencia cubana. Pero se les está cayendo a pedazos. No hay forma de complacer las apetencias de las mafias sobre las que descansa su poder. El botín no alcanza. La alianza criminal empieza a mostrar peligrosas fisuras, como ha quedado manifiesto en Apure y en algunas zonas de Caracas, como la 905. De ahí la desesperación del régimen por que le levanten las sanciones.

Podía pensarse que el nombramiento de dos rectores demócratas en el CNE, la confesión de Tarek de crímenes cometidos por sus esbirros, la liberación de algunos presos políticos y el regreso de dirigentes exiliados, tenían como fin mejorar la posición negociadora del régimen y que, incluso, se cuidaría de violaciones como las antes mencionadas. Pero, no. Advertido de que tiene que crear condiciones electorales aceptadas internacionalmente para que sea considerado el levantamiento de algunas sanciones, Maduro reclama esto como condición previa a la negociación, junto a su reconocimiento como mandatario legítimo y el cese de acciones para desalojarlo del poder (¡!).

Destemplanzas como ésta y las disparatadas acusaciones referidas anteriormente, llevarían a dudar, en circunstancias normales, de que se está ante gente cuerda. Pero así es la “naturaleza” del fascismo.

Existen, desde luego, intentos por explicar esta conducta. Una, que Maduro le interesa sabotear la posibilidad de elecciones creíbles con la oposición, luego de conocer los resultados de las primarias del PSUV y sopesar que las fuerzas democráticas, si logran unificarse, le propinarían una paliza. En eso, estalló --¡al fin!— el formidable descontento social que sacude a Cuba. Sabiendo que el final de la tiranía antillana invariablemente pondría en peligro a la suya, el okupa de Miraflores se vio conminado a cerrar filas con sus jefes, reprimiendo “solidariamente” a la oposición venezolana. Está en la “naturaleza” de ambos regímenes.

Pero he aquí que, inesperadamente (¿o no?) aparecen apoyos internacionales, no de Rusia, China, Irán y Turquía, que siempre aprovecharán las oportunidades para meterle el dedo en el ojo a EE.UU., sino de sectores autoproclamados de izquierda o de avanzada en algunos países desarrollados. El PSOE gobernante en España se niega a calificar al régimen cubano de dictadura para no contrariar a sus socios de Podemos. Y Black Lives Matter (BLM) arroja por la borda la autoridad moral adquirida en su defensa del respeto por la vida de los afroamericanos en EE.UU., al repetir el cuento del “bloqueo” que le echa la culpa a este país del estallido social ahí. Con ello, exonera la falta de libertades y la ruina provocada por la tiranía cubana, su verdadera causa. En 2020, Cuba compró USD 157 millones en alimentos a este país “bloqueador”, apenas detrás de Brasil como proveedor, con USD 158 millones[1].

Difícil, entonces, que prospere una negociación orientada a abrirle espacios a una transición que permita recuperar las posibilidades de una vida digna, en libertad, para los venezolanos, con quienes conciben la política como una guerra. Ya la Unión Europea y Estados Unidos han hecho conocer de manera diáfana su oposición a las medidas represivas recientes, alertando que ponen en peligro la negociación de una salida pacífica a la tragedia venezolana. El fascismo responde atrincherándose en la mitología construida en torno a la revolución cubana –David contra Goliat--, a ver si logra, con algunos sectores izquierdosos de estos países, neutralizar tal apremio. Debe tenerse en cuenta que sin la presión de los países democráticos, será muy cuesta arriba forzar la aceptación de condiciones electorales apropiadas en Venezuela, el cese de la represión y el respeto por los derechos humanos.

La Unión Europea ha tolerado demasiado los desplantes de la tiranía cubana, bajo el chantaje de que debe cuidarse de no enajenar la voluntad de sus esbirros, porque ello impide llegar a acuerdos en favor de una población que tiene 62 años sufriendo las mayores privaciones. Es hora de que entienda que a la tiranía, esto les importa un bledo. Está en su “naturaleza”, como en la de la mafia de Maduro y sus militares corruptos, conservar el poder como sea. Un futuro de libertades y prosperidad en Venezuela y en Cuba, se verá favorecido con una postura realista, firme y consecuente de los países democráticos.

[1] https://www.elnacional.com/opinion/cuba-las-protestas-y-los-tontos-utiles/

https://www.elnacional.com/opinion/esta-en-su-naturaleza/

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