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Opinión

Carlos Raúl Hernández

Las emociones son prescindibles y hasta el propio cuerpo al extremo que se le desprecia... Lo que llaman la Singularidad será el mundo después de la rebelión de las máquinas (circa) 2045, como en Matrix y Terminator.​

Muy fácil, según un video sobre los asombrosos avances de la medicina. La impresora 3D esculpe en colágeno el chasis de un “parche” cardíaco, diseñado por los tratantes. Luego se rellena de células de laboratorio IPS (madre) y se coloca en la parte necrosada por el infarto. Al poco tiempo el tejido regenera y la huella del trauma se repara. Joseph Murray recibe el Premio Nobel en 1990 después de formular su teoría de las cuatro R de la medicina: remover, reparar, reemplazar y regenerar.

En 1954 Murray hizo el milagro: el primer trasplante de órgano humano, un riñón. Diez años después Christiaan Barnard realiza el primero de corazón. En las últimas décadas, como lo informó ampliamente Hollywood con varias super bombas, Terminator, Robocop y Matrix entre muchas, se difundió la teoría cyborg. Los ciberorganismos serán mixs de seres vivos con altas tecnologías convergentes, cómo aclara Schwarzenegger.


Estas son las NBIC (nanotecnología, biotecnología, inteligencia artificial y ciencias cognitivas) De allí la explosión de ideologías de moda, post humanismo y transhumanismo que ocupan el debate intelectual, un hervidero de contradicciones, como siempre, entre revolucionarios y moderados, proaccionistas vs. precaucionistas. Yuval Harari, de los primeros, promete la inmortalidad. Piensa que “el Hombre ha creado muchos dioses y ahora será un dios”. Los segundos son más discretos.

Superman contra Matusalén
El optimismo nace de asombrosas longevidades. Sequoias y olivos que viven sobre mil años, tiburones de cuatrocientos y almejas de seiscientos. La hidra, un microorganismo de agua dulce, y ciertas medusas, no envejecen. Parecen ser inmortales las células cancerosas Hela, que se reproducen frenéticamente en los laboratorios a 70 años de la muerte de su víctima. La esperanza nace de develar sus secretos.

Grandes laboratorios consagran esfuerzos. La respuesta, ya cercana, para algunos marca el fin de la era del Hombre, que dará paso al superhumano mental y físico. Durante el siglo XX la expectativa de vida aumentó tres años cada diez. En Japón y España llegó a 84 años, y ahora a 110 para los recién nacidos. A este ritmo, las NBIC harán que cada diez años la vida se alargue diez.


Habrá tratamientos para rejuvenecer las células, seremos cada día más jóvenes y burlaremos la muerte. Para Aubrey de Grey, Ph. D. (Cambridge), ya nació quien vivirá mil años. Google trabaja en nanorobots que se inyectarán intravenosos, teñirán la piel de azul donde haya células cancerosas, y lo trasmitirán al disco duro, red o aplicación móvil. La prevención oncológica será simple y doméstica. Alguien dijo que dentro de 25 años, morir será optativo. porque vejez y muerte son enfermedades y la cura está cerca.


En Silicon Valley se creó un thing-tank, la Universidad de la Singularidad, radicada en la NASA. Varias personas se hacen llamar cyborg por implantarse dispositivos hasta ahora pintorescos o bien artísticos. La española Moon Ribas insertó sensores en sus pies que la hacen un sismógrafo humano, y ella traslada esas vibraciones a la percusión. Su amigo, el británico Neil Harbisson, implanta una antena en su cabeza para escuchar las vibraciones de los colores, una experiencia difícil de imaginar y cuyos beneficios no lucen muy claros.

Superniñas
Pero hay asuntos de fondo. Mediante la intervención del genoma humano se podrá crear, eliminar o alterar a quienes nacerán, de acuerdo con nuestro gusto (un médico chino manipuló los fetos de dos niñas para hacerlas inmunes al SIDA sin prever las secuelas). Para Robert Nozick las parejas jóvenes diseñarían a sus hijos en el “supermercado genético”, estaturas, propensiones, sensibilidades, y eliminarán posibles patologías.

Se dicen cosas insólitas. Peter Sloterdijk, que el Hombre ha fracasado, porque el proyecto de la Ilustración, -la educación y la ciencia-, no creó la sociedad armónica de las bonachonas tesis de Rousseau en Emilio. Pero la utopía del mundo feliz, nace precisamente de la revolución, el proyecto de Sloterdijk, y de la anti ilustración alemana cuestionó la ciencia y la modernidad, corruptoras del hombre nuevo, puro, sin egoísmos.


Deslumbrantes mujeres, a quienes me maravilló ver y oír, hacen puré la papa posmoderna. Ana Postigo, Ph. D en bioética de la U. Francisco de Vitoria; María Blasco, directora del Centro Nacional de Oncología de España y Martha Nussbaum, Ph. D en ciencia política de Harvard. Coinciden en que los saberes construidos por el “fracasado” Hombre, son las maravillas que enarbola el transhumanismo.


Los seres humanos hacen la guerra y exhiben sus miserias, pero escribieron la Ilíada, la Comedia, el Quijote y existieron Mahler, Picasso, Colón, Neil Armstrong y Beethoven. Lo que no parta de la condición humana, sino de negarla, es aberrante. Las emociones son prescindibles y hasta el propio cuerpo al extremo que se le desprecia. Ray Kurzweil, jefe de ingenieros de Google, trabaja en la idea de pasar la mente a un disco duro y así vivir por siempre, en las redes. Lo que llaman la Singularidad será el mundo después de la rebelión de las máquinas (circa) 2045, como en Matrix y Terminator.


@CarlosRaulHer

 4 min


Berna González Harbour

La estrategia que hoy se practica en política es tan competitiva, tan amarrada a la apariencia de certezas y a la culpabilización del contrario que el perdón que ha pedido Angela Merkel por sus errores se ha convertido en noticia. El Entschuldigung (lo siento) pronunciado el pasado 24 de marzo por la canciller alemana ante la prensa, dando marcha atrás a un nuevo confinamiento extremo que generaba gran resistencia, ha resonado con fuerza en un contexto complicado por la pandemia y por la crisis, pero, sobre todo, por una cultura política que no contempla pedir perdón.

En los años setenta y ochenta se abrió paso desde Estados Unidos una adaptación de la estrategia militar a las campañas electorales que implicaba un espíritu de guerra abierta, de no dar ni agua al rival y de defender cada palmo de terreno ganado sin reconocer errores, cuenta María José Canel, catedrática de Comunicación Política de la Universidad Complutense.

Esto se extendió a la comunicación de los gobiernos y dio paso a este tiempo en que el hecho de que un jefe de Gobierno pida disculpas constituye una muestra inconcebible de vulnerabilidad. Como veremos, esto puede cambiar. “En la ley de la política, que premia a los más fuertes, pedir perdón puede ser interpretado como una debilidad y por tanto como un modo de autoexcluirse de un partido de tenis en el que la clave es ganar el último punto”, señala Javier Gomá, autor de la Tetralogía de la ejemplaridad. Lo que es signo de fortaleza humana puede ser interpretado como fragilidad política.

Pedir perdón no fue solo la opción de Merkel en su rueda de prensa del mes pasado, sino de Hillary Clinton después de perder las presidenciales de EE UU en 2016; de la ministra principal del Gobierno autónomo de Escocia, Nicola Sturgeon, por un examen erróneo a estudiantes el año pasado, o de la británica Theresa May, en 2017, por su gestión del Partido Conservador.

En España hay pocos precedentes, pero uno de ellos ha sido el ministro Salvador Illa, el más votado en las elecciones de febrero en Cataluña al frente del PSC. No solo pidió disculpas por asistir a una fiesta, sino que reconoció errores en la gestión de la pandemia y —el summum de la antipolítica actual— se atrevió a señalar virtudes de sus adversarios. “La base de la política es la credibilidad y para mantenerla, si tienes conciencia de que te has equivocado, debes reconocer el error”, analiza ahora. “Supongo que no se practica más porque parece que facilitas la crítica al contrario, pero ya hay una ciudadanía muy adulta en términos políticos. Yo tuve claro desde el primer momento que el requisito para que la gestión de la pandemia funcionara bien era no sacar rédito de ello”.

Los manuales de liderazgo aconsejan mostrarse seguros, no dejar pasar ninguna oportunidad de denigrar al adversario y cooperar solo cuando sea imposible competir, sin reconocer errores ni pedir nunca disculpas, sostiene el filósofo Daniel Innerarity.

Solo tendría sentido pedir perdón cuando hay segundas oportunidades. “Y uno de los problemas actuales de la política tan acelerada es que apenas concede segundas oportunidades”, afirma. “Genera políticos ansiosos”. Para el asesor de comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí prima una estrategia de supervivencia y beligerancia política que no deja espacio a matices. “España está en una fase competitiva de tintes dramáticos”, apunta.

Ante los riesgos de reconocer errores, los políticos optan por el viejo manual de: 1) negar las crisis, 2) reconocerlas solo si no hay más remedio aunque sin atribuirse la responsabilidad, y 3) echar la culpa a un tercero. Es la estrategia que ha llevado a la polarización extrema en Madrid de una forma que, según Verónica Fumanal, presidenta de la Asociación de Comunicación Política, no tiene marcha atrás. “Ayuso ha optado por culpabilizar al Gobierno como estrategia política. Si ahora asumiera otro discurso y hablara de gestión se hundiría, porque ha hecho su estrategia de esa culpabilización ajena y ahora no la puede cambiar”. Para Fumanal, Pedro Sánchez también tendría que haber asumido que se precipitó al dar por derrotado al virus. “Debió reconocer ante la sociedad que esta pandemia tiene una cuestión contingente que escapa a nuestro control. No somos omnipotentes”.

La necesidad de que los líderes sean infalibles, de que tengan siempre respuestas e infundan confianza, está agudizada por la pandemia, sostiene la politóloga Cristina Monge. “Los miramos como a las azafatas en un vuelo con turbulencias; si ellas están nerviosas, mala señal. Cuando hay turbulencias en la sociedad, miramos a los políticos. Y pedir perdón significa que no tienen esas respuestas”. En algunos países nórdicos existe un formato de legislación provisional de prueba-error (sunset law) que permite a los gobernantes ensayar fórmulas y corregirlas rápidamente si no dan resultados. En España, opina Monge, sería impensable reconocer que no se tiene la verdad absoluta.

La disculpa y el perdón pertenecen a un terreno de conciencia muy arraigado en la cultura religiosa europea y con matices muy distintos según el origen luterano o católico. El ejemplo por antonomasia en España fue aquel “lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir” que entonó el rey Juan Carlos en 2012 tras su caída en un safari en África mientras el país se sumía en la honda recesión. “Fue balsámico por el halo divino de la Monarquía, y fue buena la ejecución: en el pasillo, con muleta, una persona frágil que parecía un igual, alguien que podía equivocarse como cualquiera”, dice la comunicadora Fumanal. Pero no estuvo acompañado de algo imprescindible, apunta: el propósito de enmienda. Los católicos, al fin y al cabo, pudieron siempre conseguir el perdón mediante bulas, sin necesidad de rectificación ni contrición, analiza el asesor de comunicación Gutiérrez-Rubí.

Es más fácil pedir disculpas en la recta final de un mandato, como ha hecho Merkel, cuando uno ya no se juega los votos. Pero mientras están en lucha, prima la defensa propia y la culpabilización del enemigo. La conoce bien Illa: “En Cataluña la victimización de los independentistas y la culpabilización al otro por no facilitar recursos o competencias, lo que llamo el pimpón político, ha sido corriente, pero es cada vez más una mala estrategia”. Ese “cada vez más” aúna las esperanzas de los consultados. Cansados de polarización, de enfrentamientos, algunos encuentran en la sociedad un apetito de confianza y honradez que puede ayudar a cambiar de paradigma: “La sinceridad, la responsabilidad y la autenticidad pueden ser muy valiosas para cambiar las dinámicas”, asegura Marta Rebolledo, profesora de Comunicación Política. “Pedir perdón da la oportunidad de reconectar con los ciudadanos y diferenciarte de los rivales que no son capaces de hacerlo”, añade Gutiérrez-Rubí. La sociedad es hoy más ilustrada y exigente: está pidiendo moralidad, ejemplaridad más allá del cumplimiento de las normas, opina el filósofo Javier Gomá. La tarea moral pendiente ya no es ser libres, sino ser libres juntos, afirma, y esto consiste, entre otras cosas, en sentir “asco” ante determinados comportamientos que atropellan la dignidad. “Hemos conquistado la mayoría de los derechos en época moderna por el asco que nos producía su atropello”, subraya. Esa evolución hacia una sociedad más exigente es clave en estos momentos de incertidumbre, señala la catedrática Canel: “La comunicación más auténtica es la única que puede triunfar. Se va abriendo camino un estilo en que eres más digno de confianza si reconoces lo que has hecho mal que si no lo haces. Y lejos va quedando esa estrategia de guerra que se aplicó desde los setenta”. El tiempo dirá.

9 de abril 2021

El País

https://elpais.com/ideas/2021-04-10/por-que-lo-politicos-nunca-piden-per...

 6 min


Américo Martín

Que Enrique Krauze, muy apto historiador mexicano, llame «caudillos» a los sacerdotes Hidalgo y Morelos, al tiempo que a ese extraño líder de mirada dominante y fulminante, que fue Antonio López Santa Anna y también al general Porfirio Díaz, nos da una idea de lo contradictorio, impreciso y ambiguo del concepto mismo. Recaen sobre Morelos, Santa Anna y Díaz los juicios más excluyentes. Díaz, uno de los más rutilantes hasta el momento de ser derrotado, fue expulsado para siempre del país. Fue enterrado en un cementerio parisino. Y ahí sigue sin que ni los que guardan opiniones más justas acerca de su gestión pidan que sus restos sean repatriados.

… que digan que estoy dormido

y que me traigan aquí

México lindo y querido

si muero lejos de ti.

Nuestro Laureano Vallenilla describió a Páez cual gran caudillo de los llanos occidentales.

Laureano le daba valor a cada palabra. Un poderoso César, sí, de fuerza férrea, pero de y para la democracia. Un gendarme o dictador que controlara turbulencias sociales y políticas.

Ocurre que atribuir a Páez o a Monagas la condición de caudillos no lleva connotaciones negativas, se trata de un calificativo afectuoso que denota admiración, al igual que se lo propone el gran educador argentino Domingo Faustino Sarmiento con el caudillo Juan Facundo Quiroga, un recio samán, tallado a golpes de hacha al igual que José Antonio Páez en su forja viril desde que ejerció los trabajos más duros en la hacienda donde se refugió para no pagar el homicidio que cometió contra un temerario que pretendió robarlo.

El caudillo de los llanos occidentales, el Centauro, fue uno de los grandes líderes de la Emancipación. Pero siguen en pie los equívocos. Le lloverán cargos difíciles de aceptar que lo presentan como traidor a Bolívar. A las malquerencias contra el catire se han unido los seguidores de un Bolívar impostado, que no cabe en el molde que le han construido quienes pretenden usurpar los legítimos títulos de grandeza erigiéndose en sus legatarios o salvadores destinados a completar lo que al Libertador supuestamente «le falta por hacer todavía».

En nombre de la revolución estos novedosos sucesores han querido culminar la aún inconclusa gestión del principal héroe de la Independencia. Pero un rápido vistazo a los escombros que han dejado basta para medir la magnitud de su retroceso histórico.

Permítanme evocar esta cuestión de los caudillos para bien o para mal. Aunque de antemano el dilema puede resolverse, usando la inteligencia o prescindiendo de ella en uno u otro sentido. Creo que un dictador sanguinario tendría una palabra que decir al respecto.

Haciendo un balance de sus casi tres primeros lapsos de su ya larga dictadura, Juan Vicente Gómez —el gendarme necesario en que pensaba Vallenilla Lanz— dijo en el Capitolio Federal: «Los cinco primeros años solo pude emplearlos para acabar uno a uno con los caudillos, sin lo cual no estaríamos en el auge que ahora hemos comenzado a disfrutar».

El caso es que hasta sus más drásticos enemigos reconocen que pacificar el país liquidando a los caudillos, sí fue un mérito del viejo tirano. Quiere decir que el caudillaje ya no tiene en Venezuela y la región valores reconocibles.

Mas la valentía en defensa de la libertad, desplegada por hombres como Román Delgado Chalbaud, Nicolás Rolando, Juan Pablo Peñaloza y muchos otros, de jugarse la piel en operaciones extravagantes, deja siempre un rescoldo de legítima admiración.

La última oportunidad en nuestro país de vivir luchas de esta índole fue en los terribles años 60. Las guerrillas revolucionarias fueron derrotadas y aunque su factura fue fidelista carecieron de los rasgos caudillistas del siglo XIX.

No quiero concluir esta columna sin responder a las medidas que, segun J. V. Gómez proyectaron, luego de cauterizar el penoso caudillismo, el equívoco auge de nuestro país.

El tirano llegó al otro extremo, la dictadura, la más desembozada y completa que se conoció en Latinoamérica.

Ese dictador totalitario no estuvo muy desorientado cuando relacionó sus éxitos con las siguientes disposiciones:

  • Eliminación del impuesto de exportación al café y el cacao. El Fisco dejó de percibir 84 millones de bolívares, pero la economía productiva recibió un importante empujón.
  • La red vial que impactó la actividad productiva y comercial.
  • Financiamiento «minero» (se refería principalmente a la producción y exportación de yacimientos petroleros). En ese punto el tirano hizo una pausa y agregó: el petróleo nos asegura un brillante porvenir.
  • Organización moderna del Ejército, para lo cual fortaleció la Academia Militar, colocando en su dirección al experimentado coronel Samuel Mc Gill. En este último particular ya está fuera de dudas que Juan Vicente fue el fundador del Ejército venezolano.

Curioso destino el de un caudillo devenido en cruento dictador. Fracasó en su deseo de ser enaltecido, sometiendo a sus súbditos como lo habría hecho Carlos V con los suyos. Y fracasó como dictador porque sus bárbaros excesos no lo salvaron del alzamiento del juicio de la historia y del alzamiento del posgomecismo contra el gomecismo.

Twitter: @AmericoMartin

 4 min


Ismael Pérez Vigil

La unidad es un tema mítico en la política venezolana. Nadie se atreve a hablar en contra de la unidad. El concepto se matiza, se relativiza. Se dice que no es un dogma, que es una estrategia más. Que unidad no es unanimidad y no implica renunciar a principios propios, filosofías, ideologías o cuerpos de ideas; que se dará solo con los que sea posible, y un sin número más de cosas.

Pero la unidad no se niega y quien lo haga, políticamente, estará muerto. Porque hay una convicción política en el venezolano que ha entendido, intuitivamente y en la práctica, que no es posible luchar solo contra un régimen autoritario o una dictadura, como se le quiera llamar.

Además, ha sido gracias a la unidad, en la lucha política y en la arena electoral, el terreno en que la oposición democrática ha logrado derrotar al régimen, aunque sea de manera parcial y, sobre todo, contener su desarrollo. La unidad ha demostrado ser una estrategia eficaz; si la unidad está definida y lograda, todo lo demás pasa a ser táctica: vía electoral, insurrección popular, intervención interna o internacional, etc.

Ese concepto de unidad es el tema central del reciente pronunciamiento de los partidos políticos democráticos que se dio a conocer el martes 6 de abril. De manera definitiva pues desde hace algunos días venían circulando diferentes versiones. Algunos dicen que la salida de ese pronunciamiento tuvo que ver con las declaraciones de la semana pasada de James Story, el embajador de los Estados Unidos en Venezuela. Si eso es cierto, después de todo, alguna virtud tuvo ese indiscreto pronunciamiento.

En efecto, después de varios meses de expectante y hasta angustiosa espera por una definición sobre la ruta a seguir por parte de la oposición, finalmente “habló la efigie” y los partidos integrantes del Frente Amplio o del Gobierno Interino, del G4, G7 o G27, como se le quiera llamar, se pronunciaron.

Tal pronunciamiento se recoge en un documento cuyo largo nombre de una vez expresa las ideas fundamentales y es una síntesis de todo el documento. El documento en cuestión se denomina: “Partidos políticos acuerdan reconfiguración de la alianza unitaria y construcción de una coalición más amplia con la sociedad civil para lograr elecciones libres y ayuda humanitaria”.

Las ideas fundamentales y, a la vez, lo que serían los objetivos de la oposición democrática, plasmados en el documento son:

- La idea de unidad para derrotar a la dictadura; preservando los “diversos criterios, visiones, aspiraciones e ideologías”; incluso algunos voceros opositores han comenzado a hablar de “Volver a la MUD” reconocida como la experiencia organizativa más exitosa de la oposición en los últimos 22 años.

- Ampliar a otros partidos y a la sociedad civil los esfuerzos para lograr una mayor unidad; que no es algo nuevo, recordemos la experiencia de la Coordinadora Democrática, entre 2002 y 2004, que no fue tan exitosa en esa materia de coordinación entre partidos y sociedad civil, pero asumimos que hay lecciones aprendidas

- Elecciones libres, y toda su coletilla −justas, verificables, con observación internacional− ampliándola a elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y locales.

- Ayuda humanitaria, como concepto, como objetivo y problema principal a atender por parte de la acción opositora.

Creo que es un documento importante, como cualquier documento de la oposición; pero algunos lo considerarán poco atractivo, que a lo mejor no llenará las aspiraciones de muchos, en el sentido de que esperaban un mensaje más contundente y con más garra, sobre todo después de varios meses de silencio.

Se nota que el documento recoge un “compromiso” −no podía ser de otra manera en un documento político− para complacer e integrar a todos; sobre todo a los líderes más “fuertes”, con mayor arrastre popular; de allí la mención a elecciones parlamentarias y presidenciales; pero también a los demás líderes −de los estados y municipios− y de allí entonces la mención a elecciones regionales y locales. El documento también busca −y esto es también muy importante− tender puentes hacia sectores cercanos de la sociedad civil, involucrados en la actividad política, que reclamaban, con razón, que la oposición debe ocuparse de la crisis humanitaria y el grave problema de la pandemia.

El documento es sin duda un primer intento −buen primer intento, vale decir−, si se le ve como un documento base para la discusión, que es como debe ser considerado. Para mi gusto, sin embargo, adolece de algunos elementos, por ejemplo, para solo mencionar uno, no resuelve aún el tema álgido: la posición frente a las elecciones regionales.

Sobre esto hay muchas ideas románticas y posiciones de principios; desde los que afirman que no se le puede “hacer el juego” al régimen avalando unas elecciones que no son libres ni democráticas, hasta los más prácticos que afirman que no se deben abandonar “espacios”. Pero muchos olvidan que, en la práctica, para partidos y dirigentes, las alcaldías, los concejos municipales, las asambleas legislativas y las gobernaciones, no son solo una fuente de liderazgo local, de acercamiento a la población, sino también una fuente de recursos, de trabajo, de ingresos, de supervivencia, para activistas y militantes políticos.

Suponemos que la solución de este dilema será el próximo capítulo para el que todavía no se ha logrado un consenso suficiente. Creo que es un punto que no se resolverá fácilmente porque, por el momento, es una pelea que está perdida a nivel de la opinión pública y del pueblo en general, que no tiene ningún interés en el tema y que es un campo minado, horadado, ablandado por las políticas de abstención pasiva y sobre todo por el morbo de la “antipolítica”, que parecía haberse mitigado en los últimos años, pero que vuelve a surgir con fuerza.

En cualquier caso, del pronunciamiento público no se podía esperar un recetario de medidas o un listado de acciones; menos de un cuerpo tan heterogéneo y disímil como lo son los diez partidos que lo integran; tenía que ser, lo que es: un pronunciamiento general, con los principios u objetivos que orientarán la acción. La tarea ahora es llevarlo a la discusión en todos los niveles, en partidos y organizaciones de la sociedad civil, de donde surgirán las propuestas de acciones concretas, sobre las cuales se debe reconstruir la oposición. Esa es la tarea pendiente.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 5 min


Carlos Machado Allison

Cuando Venezuela se asomaba al mundo moderno, en la década de 1940, surgieron ideas y organizaciones más marcadas por la ideología, que por el sentido común. Una de las más populares fue aquella del “Estado Docente”, es decir el control de la educación por el gobierno de turno. Otra, que venía del siglo XIX y se le atribuye a Guzmán Blanco, era la gratuidad de la enseñanza. Con el tiempo y la nefasta experiencia de las dictaduras, que han marcado algo así como el 80% de nuestra historia, pensamos que con nuevas leyes, incluyendo la autonomía universitaria, se podían alcanzar metas adecuadas en materia educativa. Pero, sin negar que aumentó notablemente el número de escuelas, liceos y universidades, nuestra sociedad fracasó, a la par de sus gobiernos, en crear un sistema sólido, de calidad y competitivo. Sacrificamos calidad por cantidad.

Es que resulta muy difícil crear un paraíso dentro del infierno y al arrastrar serias carencias, y crear nuevas, resultaba muy difícil generar ideas claras sobre la educación y su indispensable vínculo con la economía. Algunas son notables como las “escuelitas rurales” que, con raras excepciones, eran construcciones baratas y primitivas, bloques perforados para ventilación, techos de zinc, mobiliario elemental y adentro un maestro mal pagado tratando de transmitir conocimientos en el seno de un clima caluroso y húmedo, plagado de mosquitos y con su voz atenuada por el ruido de la lluvia sobre el techo de zinc. En muchas ciudades también se improvisaron centros educativos en casas antiguas o nuevas, pobremente diseñadas y a veces mal construidas. No podían esas construcciones dotar al estudiante de un horizonte de vida mejor que el de su propia y humilde vivienda.

No fue muy distinto el criterio utilizado para dispensarios o sedes de organizaciones gubernamentales que hasta hoy persisten. Mientras tanto en los países que hoy llamamos desarrollados y que no lo eran tanto hace 50 o 100 años, se construían escuelas con otros criterios arquitectónicos y se formaban docentes para ser líderes de la sociedad. Puedo recordar escuelas, primarias y secundarias rurales en esos países con estructuras de ladrillo y vidrio, biblioteca, piscina, aire acondicionado, buena iluminación, campo deportivo, buenos muebles, baños limpios y laboratorios. Competían los gobiernos locales, nacionales y el sector privado, con menos leyes y más libertad, por ofrecer educación de calidad. Aquí, sin duda crecimos, aumentó el número de estudiantes y docentes, pero no progresamos lo suficiente por carecer de visión y ambición. Pobres escuelas para los pobres y, debemos admitir, destellos, como algunos liceos bien construidos y dotados como el Andrés Bello y el Fermín Toro en Caracas para citar algunos.

A la educación universitaria le fue mejor. Fue factible, a partir de la década de 1950, hacer cosas como la Ciudad Universitaria para albergar a la UCV y se dotaron bien las instalaciones de la ULA, UDO, UC, USB y otras. La nueva Ley de Universidades de 1958 le dio un buen impulso a nuestras principales casas de estudio y a la par se desarrollaron universidades privadas. Pero ideologías trasnochadas, política, compadrazgo, gremialismo mal concebido, aislamiento del sector privado y el control gubernamental a través del presupuesto, fueron erosionando un sistema que creció en cantidad y calidad hasta 1978. Hoy el sistema está deteriorado al extremo, buena parte de la infraestructura está destruida, han migrado miles de docentes e investigadores porque el populismo y la corrupción, que en todas partes existe, pero no domina, se impuso sobre la calidad.

Esas cosas las conversamos en un grupo de opinión denominado Nueva Universalia, profesores universitarios preocupados por el futuro, pero obligados a atisbar al pasado. Existen frases crueles para describir lo ocurrido, una, común en lo cotidiano, reza así: “es que tiene un rancho en la cabeza”. Pero ¿por qué elegimos gente que tiene un rancho en la cabeza para gobernarnos? Quizás los años de bonanza se nos fueron en vivir mejor que las generaciones precedentes que nacieron en una Venezuela pobre que venía de ser una colonia muy pobre, en lugar de hacer un esfuerzo por inscribirnos en el pujante siglo XX. Ojalá que de esta crisis, la peor que hemos tenido desde la Guerra Federal, nos hayan quedado lecciones para el futuro, que necesitamos más baños en las escuelas, maestros y profesores bien pagados, capacitados y estrictamente supervisados -en lo que al conocimiento concierne- y menos citas de textos o cuadros de algún prócer matizando las paredes.

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BioEconomía

A pesar de los importantes avances agrícolas para alimentar al mundo en los últimos 60 años, un estudio dirigido por la Universidad de Cornell encontró que la productividad agrícola mundial es 21% más baja de lo que podría haber sido sin el cambio climático. Esto equivale a perder unos siete años de aumentos de productividad agrícola desde la década de 1960.

Los impactos potenciales futuros del cambio climático en la producción agrícola mundial se han cuantificado en muchos informes científicos, pero la influencia histórica del cambio climático antropogénico en el sector agrícola no se había modelado hasta este trabajo.

El nuevo estudio ‘El cambio climático antropogénico ha frenado el crecimiento de la productividad agrícola mundial’, dirigido por el economista Ariel Ortiz-Bobea, profesor asociado de la Escuela de Economía Aplicada y Gestión Charles H. Dyson, fue publicado el 1 de abril en Nature Climate Change.

“Descubrimos que el cambio climático básicamente ha borrado alrededor de siete años de mejoras en la productividad agrícola durante los últimos 60 años”, dijo Ortiz-Bobea. “Es equivalente a presionar el botón de pausa en el crecimiento de la productividad en 2013 y no experimentar mejoras desde entonces. El cambio climático antropogénico ya nos está frenando».

Los científicos y economistas desarrollaron un modelo econométrico integral que vincula los cambios de año a año en el clima y las métricas de productividad con los resultados de los últimos modelos climáticos durante seis décadas, para cuantificar el efecto reciente del cambio climático causado por el hombre. Es lo que los economistas llaman “productividad total de los factores”, una medida que captura la productividad general del sector agrícola.

Ortiz-Bobea dijo que consideraron más de 200 variaciones sistemáticas del modelo econométrico y los resultados se mantuvieron en gran medida consistentes. “Cuando nos acercamos a diferentes partes del mundo, encontramos que los impactos históricos del cambio climático han sido mayores en áreas que ya son más cálidas, incluidas regiones de África, América Latina y Asia”, dijo.

Los seres humanos ya han alterado el sistema climático, dijo Ortiz-Bobea, ya que la ciencia climática indica que el mundo es aproximadamente 1 grado Celsius más cálido que sin los gases de efecto invernadero atmosféricos.

“La mayoría de la gente percibe el cambio climático como un problema lejano”, dijo Ortiz-Bobea. “Pero esto es algo que ya está surtiendo efecto. Tenemos que abordar el cambio climático ahora para evitar mayores daños a las generaciones futuras”.

Ortiz-Bobea y Robert G. Chambers, profesor de economía de la producción en la Universidad de Maryland, han sido pioneros en nuevos cálculos de productividad en la agricultura para incluir datos meteorológicos que no se han abordado históricamente, con el objetivo de aportar nueva precisión a los modelos climáticos.

«La productividad es esencialmente un cálculo de sus insumos en comparación con sus productos, y en la mayoría de las industrias, la única forma de obtener crecimiento es con nuevos insumos», dijo Chambers. «Históricamente, la medición de la productividad agrícola no ha incorporado datos meteorológicos, pero queremos ver las tendencias de estos insumos que están fuera del control del agricultor».

David Lobell, profesor de ciencia del sistema terrestre en Stanford, dijo que los resultados muestran claramente que los esfuerzos de adaptación deben considerar toda la cadena de suministro, incluida la mano de obra y el ganado. “También muestran que incluso a medida que la agricultura se vuelve más mecanizada y sofisticada, la sensibilidad al clima no desaparece”, dijo. «Esto es contrario a la intuición para la mayoría de las personas y necesitamos una comprensión más profunda del por qué».

«Mi sensación es que estamos mejorando en la eliminación de todas las limitaciones no climáticas en la producción, pero necesitamos analizar varias explicaciones posibles», dijo Lobell, quien examina el impacto del cambio climático en la producción de cultivos y la seguridad alimentaria.

“Este estudio es un gran salto más allá del enfoque tradicional en algunos cultivos de granos importantes”, dijo. “Al observar todo el sistema, los animales, los trabajadores, los cultivos especiales, podemos ver que toda la economía agrícola es bastante sensible al clima. Parece que en la agricultura, prácticamente todo se vuelve más difícil cuando hace más calor”.

Además de Ortiz-Bobea, Chambers y Lobell, los coautores son Toby R. Ault, profesor de ciencias de la tierra y la atmósfera en la Facultad de Agricultura y Ciencias de la Vida; y Carlos M. Carrillo, investigador asociado del Departamento de Ciencias de la Tierra y Atmosféricas.

Los fondos de Cornell fueron proporcionados por el Instituto Nacional de Alimentos y Agricultura del USDA y la Fundación Nacional de Ciencia.

6 de abril 2021

BieEconomía

https://www.bioeconomia.info/2021/04/06/el-cambio-climatico-ha-costado-7...

 3 min


José Machillanda

De nuevo muertos y heridos efectivos venezolanos en una escaramuza armada en el costado norte sur occidental, que anida como espacio crítico la violencia creciente entre el estado Apure y el departamento Arauca de Colombia, comprometiendo al Estado Cuartel responsable por esta operación, evento que de nuevo dibuja la inoperatividad de Venezuela-Estado en lo pareciera una Guerra Catalizadora. Guerra Catalizadora provocada por un tercer Estado, ese tercer Estado es la droga. Perversión que ha potenciado que Venezuela sirva de triple frontera debido al farquismo y elenismo, acuerdos convenidos por un revolucionarismo cobarde, acompañado de un cuerpo armado, de quien se sospecha ser parte y actor pleno.

El Estado cuartel de NM y PL que, como revolucionarismo, gobierna a la sociedad venezolana, ha mostrado señales desde sus primeros años de conexión y compromiso con el Crimen Internacional Organizado, convirtiéndose así en un factor que opera como una amenaza para la sociedad democrática del país, también como amenaza para la geopolítica en la región, en especial por razones geopolíticas no resueltas. Ese Estado Cuartel es el responsable por la desprofesionalización del estamento militar y la capacidad operativa convertida hoy, en una milicia expresión del capricho, ignorancia y adulación para la destrucción del profesionalismo de un antiguo estamento militar que derroto a la guerrilla comunista de la década de los 70’s.

El Estado Cuartel como revolucionarismo se muestra como una regresión del arte y ciencia militar, lográndose su imposición en Venezuela mediante la ideologización desde la conspiración golpista de espalda a la ética iutens y a la ética militar, para accionar con la violencia de espalda a la polemología y a la ciencia militar. Eso le ha permitido ser parte del revolucionarismo y mostrar los dos hechos vergonzosos, armados y mal comandados por desconocimiento y falta de destrezas en el arte y la ciencia militar. Como sí fuera, poco se le ocurre a un atolondrando después de la segunda acción llamar a la Milicia se incorporé a la defensa de la revolución. El Estado Cuartel como imposición de la revolución socialista ya puede sellar su segunda vergonzosa, dolorosa y triste derrota sin combate.

La sociedad venezolana ha tomado nota de esta dolorosa coyuntura, adolorida por los muertos y heridos, razón por lo cual demanda el régimen como sociedad reclamante y preocupada que sepa ser uso y empleo de la fuerza según los Patrones De La Fuerza Militar. En consecuencia, demanda que prive en estos hechos de guerra, el uso de la estrategia y la táctica con consideración especial de la Logística. Entiéndase el desarrollo sistemático del Poder Nacional que abarca la táctica y el empleo de los instrumentos de guerra o combate de la manera adecuada, para lograr los objetivos con la correspondiente maniobra, previo estudio y análisis propios que garanticen la ética de quien comanda y gran espíritu militar del comandado.

La sociedad venezolana frente a la conducta simplista y errática de quienes olvidaron el arte de comandar y pareciera que poco le importa la vida de los soldados y oficiales, demanda se active el adiestramiento de unidades de tropas que garanticen en la batalla, el éxito. Éxito que se logrará resguardando la vida de hombres y mujeres en filas llevados a una batalla en la que por sus destrezas lograran el éxito en las escaramuzas o en el combate. La sociedad venezolana está en cuenta y vigila la escalada por los anuncios del Estado Cuartel, lo que sólo muestra la delicada regresión, una brutal improvisación y unas ejecutorias de acciones que desmoralizan que confunden a los efectivos e impactarán negativamente a la venezolanidad.

El Estado Cuartel, su improvisación y falta de apresto operacional seguirán siendo vigilados por el venezolano común, el ciudadano de a pie que se niega a tolerar más el empleo irracional de efectivos con los resultados desastrosos y dolorosos que hasta hoy ha conocido la República que está de luto. Luto por la improvisación, el desconocimiento, la falta de adiestramiento individual y colectivo, la maniobra conjunta con graves fallas en el adiestramiento, mando y comando. Todo lo anterior se resume en una falta de liderazgo, incapacidad para liderar combates, ejecutar operaciones y ser capaces por hacer el uso apropiado del arte de la guerra.

El Estado Cuartel y sus acciones en el porvenir, desde ya están monitoreados por la masa social democrática cuantificable, que como sociedad democrática tienen la capacidad de exigir, reclamar y controlar lo que no hacen quienes por incapaces y revolucionarios, debieran ejecutar, léase quienes mandan las tropas, pero no la entrenan ni la capacitan. Los efectivos muertos y o heridos, responsabilidad del Estado Cuartel evidencian la falta de mando, la desorganización y torpeza por el combate y carencia de liderazgo. También habla de las fallas en el adiestramiento, la logística y las comunicaciones, con lo cual se concluye en una falta total en el Apresto Operacional. La sociedad esta alerta y enterada de la irresponsabilidad del revolucionarismo en la defensa y de su función sagrada con los soldados combatientes.

La sociedad venezolana tiene razones para estar alerta y, en ese sentido, exige de quienes son los responsables hoy por el cuerpo armado del Estado Cuartel se enteren que la venezolanidad democrática exige cuenta de estos dolorosos y vergonzosos eventos armados que como resultados nefastos que marcan la historia e imponen la necesidad desde ya de un proceso de re conceptualización del estamento militar del Estado venezolano.

Es auténtico,

Director CSB CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 06 de abril de 2021

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