Pasar al contenido principal

Opinión

Alexis Mercado, Ignacio Avalos Gutiérrez, Isabelle Sánchez-Rose, María Antonia Cervilla, María Sonsiré López, Hebe Vessuri

Introducción

Desde hace poco más de un lustro, Venezuela se halla en medio de una grave crisis estructural, generada principal, aunque no exclusivamente, desde la política, que se manifiesta en todos los ámbitos (económico, educativo, social, sanitario, etcétera) y mantiene a la población en condiciones de vida muy precarias, tal como lo registran diversos estudios.

El Pacto de Punto Fijo

La crisis política, caracterizada por la imposibilidad de conformar un sistema político funcional capaz de arbitrar los conflictos resultantes de las relaciones entre Estado, mercado y sociedad, se inicia a finales de la década de los 80, cuando el sistema político vigente desde 1958 se deslegitimó velozmente a causa del crecimiento de la pobreza y de la inequidad.

El pacto político fundacional de la democracia venezolana, el denominado Pacto de Punto Fijo, descrito como un “sistema populista de conciliación de élites”, basó sus posibilidades de fortalecimiento y expansión de adhesiones en la participación restringida a través de los partidos políticos, teniendo como telón de fondo el manejo del ingreso petrolero. La vulnerabilidad del pacto político comenzó a partir de la crisis de la deuda de 1983, que afectó de manera especial a los países productores de petróleo, entre ellos Venezuela.

La presidencia de Hugo Chávez

Venezuela tuvo cuatro décadas de estabilidad política gracias al mencionado acuerdo, el cual empezó a debilitarse a principios de los años noventa, en medio de la deslegitimidad y los desaciertos de las élites gobernantes, dando pie a protestas populares masivas y golpes de estado fallidos que culminaron con la elección de Hugo Chávez Frías, un exmilitar, a finales de 1998.

En la primera década del siglo XXI se inició la actual fase política, la cual, pese a que en un tiempo permitió la estabilización forzada del sistema y el crecimiento económico del país gracias fundamentalmente al alza de los precios del petróleo, en las actuales circunstancias está siendo peligrosamente cuestionada por su disfuncionalidad y su incapacidad de lograr los consensos mínimos para destrabar el prolongado conflicto político que ha venido cobrando forma progresivamente.

Sin embargo, en el período 2006–2012, amparándose en la enorme y a la vez inestable renta petrolera (que tuvo una importante caída con la crisis de 2008), el Gobierno inició un arriesgado experimento político de “socialismo del siglo XXI”, que con fuertes reminiscencias del socialismo real del siglo XX buscó acentuar el papel protagonista del Estado en la economía, en desmedro de un ya débil sector privado nacional. El previsible fracaso de la estatización indiscriminada se agravó con el shock externo de los años 2013–2020.

El chavismo post-Chávez

Luego del deceso de Hugo Chávez y la elección por muy poco margen de Nicolás Maduro como presidente de la República en marzo de 2013, se reavivó el conflicto político-estructural entre un gobierno débil, sin luces, manejando una economía a las puertas de una catástrofe, y de otro lado una oposición fortalecida en el plano electoral y más cohesionada, que en 2015 obtuvo una clara victoria electoral en las elecciones a la Asamblea Nacional, que quedó anulada para todo efecto práctico por el Tribunal Supremo de Justicia, a través de medidas legalmente muy cuestionadas. Se trató, sin duda, de un duro golpe al estado de derecho, que reforzaba la tendencia autoritaria del Gobierno.

Maduro fue reelecto para un nuevo período (2019–2025). Diversos organismos de observación nacional registraron numerosas violaciones a las normas establecidas, las cuales convertían en ilegítima su designación, hecho que produjo su desconocimiento por parte de los sectores opositores e, igualmente, de alrededor de cincuenta países. Emerge entonces la designación de Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, como presidente legítimo, lo que supuso una dualización del poder y, como uno de sus efectos, el hecho de que la comunidad internacional aprobara sanciones económicas contra el gobierno de Maduro.

A raíz de ello, el conflicto político se ha ido agudizando a pesar de diversas iniciativas de negociación.

Hoy, este juego de ajedrez permanente dista mucho de ser una confrontación ideológica para convertirse, sobre todo, en una lucha por el poder que ha tenido consecuencias catastróficas en la sociedad venezolana —a la cual, dicho en pocas palabras, le ha costado desde 2013 hasta 2020 casi un 70% del PIB— y ha propiciado una crisis humanitaria, agravada por la fragilidad sanitaria del país ante la pandemia del COVID-19. Una situación de la que resulta difícil salir sin un acuerdo político que permita rescatar la economía, lo cual, en la actual coyuntura mundial, significa replantearse la vocación productiva del país y comenzar a afrontar los desafíos del siglo XXI. Este impostergable proceso de rediseño de las principales políticas de desarrollo del país incluye las políticas relativas a ciencia, tecnología e innovación (CTI).

El sentido de este trabajo

En medio de la actual crisis política han sido convocados unos comicios parlamentarios, conforme a lo que establece la Constitución Nacional, para finales de este año. Hasta ahora el proceso electoral ha transcurrido de manera irregular en muchos aspectos, en medio de los serios obstáculos que impone la pandemia, dibujando un escenario incierto con respecto a la forma misma en la que se desarrollarán las votaciones y las consecuencias políticas que derivarán de ellas.

No se trata de ignorar las trabas que derivan del conflicto político, sino de identificar las oportunidades que aun en esta situación se comienzan a ver en instancias sociales y productivas, fundamentales para contribuir a superar la crisis humanitaria; entre ellas, dos de suma importancia: la salud y la seguridad alimentaria, y las ingenierías, vistas desde la perspectiva del fortalecimiento de las actividades CTI. Se trata igualmente de extender la mirada hacia los desafíos y oportunidades del siglo XXI, fruto de las radicales transformaciones tecnocientíficas que constituyen el fundamento de la denominada Cuarta Revolución Industrial. En otras palabras, se trata de soltarnos las ataduras del siglo XX y sincronizarnos con el resto del mundo.

El documento completo se incluye como anexo.

 4 min


Ricardo Hausmann y José Morales-Arilla

Joe Biden obtuvo una victoria decisiva en la elección presidencial norteamericana, derrotando a Donald Trump por más de seis millones de votos a nivel nacional. Respaldado por votantes suburbanos, especialmente mujeres, el candidato demócrata recuperó Pennsylvania, Michigan y Wisconsin, que Trump había ganado en 2016, dio vuelta Arizona y Georgia y se adjudicó 306 de los 538 votos del Colegio Electoral.

Pero un estado pendular clave donde a Trump le fue mejor que hace cuatro años fue Florida –especialmente en sus zonas más hispanas-. El crecimiento del margen de Trump en Florida entre 2016 y 2020 se explica plenamente por su mejora en Miami.

Si bien Biden hizo incursiones importantes en otras partes de Florida, en Miami –una ciudad que representa más del 10% de la población votante del estado- los demócratas perdieron 23 de los 30 puntos de ventaja que obtuvo Hillary Clinton en 2016. Mientras que el voto al Partido Republicano en Miami creció el 60%, los demócratas obtuvieron un 1% menos de votos que en 2016, a pesar de que la concurrencia a las urnas a nivel estatal creció el 20% y que los demócratas obtuvieron un 21% más de votos que en 2016 en otras partes de Florida.

¿Qué explica esta disparidad?

Desde el inicio de la campaña presidencial de 2020, Trump intentó demonizar al Partido Demócrata asociándolo con los elementos más radicales de su ala progresista, cuyas posturas –desfinanciar a la policía, fronteras abiertas, seguro médico de pagador único habrían hecho que el partido resultara inelegible en gran parte del país. Más importante, Trump identificó al Partido Demócrata con el socialismo, utilizando a Venezuela como el símbolo de lo que el socialismo es en realidad. La estrategia de Trump fracasó en gran parte del país, porque Biden renegó de las políticas preferidas de los progresistas.

Pero Miami fue otra historia. Merecidamente conocida como “la capital de América Latina”, los latinos en Miami se mantienen relativamente involucrados en la política de sus propios países. Venezuela es un tema relevante en muchos países latinoamericanos, así como en España, dadas las repercusiones internacionales del colapso del país, que es muchas veces peor que cualquier crisis económica en la historia moderna de la región.

Venezuela, que alguna vez fue un modelo regional de democracia con una prensa libre pujante, y donde los gobiernos de turno perdieron las elecciones y entregaron pacíficamente el poder seis veces en 40 años, se ha convertido en una dictadura cleptocrática. Más del 90% de su población ha caído en la pobreza y el colapso de los suministros de gasolina, gas para cocinar, electricidad, agua corriente y servicios médicos ha hecho que más de cinco millones de personas (15% de la población) abandonaran el país, caminando, en muchos casos, distancias gigantescas y soportando un sufrimiento indescriptible.

Es fácil subestimar el shock cultural y político del colapso venezolano en los países vecinos y cercanos, entre ellos Miami, donde los venezolanos eran recordados como turistas adinerados pero que rápidamente empezaron a llegar como exiliados traumatizados. Los venezolanos se convirtieron en evidencia de los peligros de las políticas de extrema izquierda –como ha quedado meticulosamente documentado para el caso de Colombia.

Que la palabra “socialismo” se asocie tanto con Venezuela como con Suecia demuestra la imprecisión del lenguaje. Los progresistas deberían repudiar al régimen venezolano –y muchas veces lo hacen-: el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha declarado que el régimen chavista ha cometido crímenes de lesa humanidad, y la Corte Penal Internacional ha manifestado su convicción de que crímenes bajo su jurisdicción fueron cometidos en Venezuela. Asimismo, el culto de la personalidad, la criminalización del disenso, las flagrantes violaciones a los derechos humanos y el abuso descarado de las instituciones políticas y electorales por parte del régimen son características compartidas por los populistas de extrema derecha.

Pero esta estrategia de polarización política sigue siendo notablemente efectiva en los países de habla hispana, donde las campañas de derecha la utilizan para acusar a cualquier candidato o político a su izquierda de “socialista” o “castro-chavista”. Y también resultó efectiva en Miami, donde los venezolanos actúan como testigos de la fiscalía.

Cuando se debate sobre Venezuela en las campañas electorales de países vecinos, por lo general se lo hace de dos maneras diferentes: por un lado, se discuten los planes de un candidato para lidiar con el régimen chavista y la crisis de refugiados y, por otro lado, se discute si es más o menos probable que un candidato lleve al país por el camino venezolano. Mientras que a los migrantes venezolanos les importa relativamente más lo primero, a los locales les interesa más lo segundo. Sin embargo, dado lo grotesca que es la situación venezolana, no tener una postura fundamentada y tajante sobre cómo abordarla cede la superioridad moral sobre el tema y expone a un candidato a que lo asocien con el régimen chavista.

¿De qué manera deben los candidatos de centro-izquierda manejar la acusación de que llevarán al país en la dirección de Venezuela? El premio Nobel Michael Spence introdujo el concepto de señalización como una solución para los problemas de credibilidad. Una señal es efectiva si es prohibitivamente costosa para el tipo de persona de la cual intentamos diferenciarnos, inclusive si también nos resulta algo costosa. En este contexto, una buena señal es aquella que resulta prohibitivamente costosa para un verdadero aliado del chavismo.

Spence ayuda a explicar por qué la estrategia de Biden no fue exitosa en Miami. Biden propuso un Estatus de Protección Temporal (TPS) para los venezolanos que huían del chavismo, y con razón acusó a Trump y a los republicanos de no ofrecerlo. Pero si bien el TPS sirve para ayudar a los refugiados venezolanos en Estados Unidos, no ayuda a los venezolanos a recuperar el hogar que perdieron, y el hecho de que Biden no priorizara su compromiso de promover una transición democrática en Venezuela hizo que a los votantes de Miami les resultara más fácil creer que la situación no le parece tan indignante después de todo.

La elección ya pasó, pero la catástrofe en Venezuela no va a desaparecer. Por el contrario, además del colapso de 2014-19, el Fondo Monetario Internacional espera que el PIB de Venezuela se contraiga un 25% sólo este año –más del doble que el siguiente peor país en la región-. La crisis humanitaria y de refugiados empeorará en el mandato de Biden, lo que la convertirá en una prueba temprana de política exterior de su presidencia.

Biden tiene la oportunidad de desarrollar un respaldo bipartidista doméstico y una cooperación multilateral con sus aliados tradicionales, especialmente en Europa, para presionar al régimen venezolano a que acepte elecciones presidenciales libres y justas. Si Biden ayuda a salvar a Venezuela, producirá beneficios enormes tanto allí como en una región sobrecargada por la crisis de refugiados. Incidentalmente, una señal de este tipo desarmaría la estrategia de manipulación que entregó Florida al Partido Republicano.

3 de diciembre 2020

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/how-trump-won-with-venezuel...

 5 min


Dulce María Tosta

Ya que Nicolás Maduro continua en el poder y nada de lo descrito en mi artículo «Convocante», de fecha 12 de octubre de 2017, ha cambiado, mantengo la misma posición:

Yo estaría convocando a votar con todas mis fuerzas, si:

1.- Tuviéramos un régimen democrático, respetuoso de las decisiones del pueblo;

2.- Que en la presidencia del CNE no continuara una ficha de Maduro;

3.- El CNE fuera un organismo imparcial y confiable, que no fuera el «Ministerio de Elecciones» del régimen;

4.- El Plan República no estuviera bajo las órdenes de Vladimir Padrino López, quien declaró que jamás entregaría el poder;

5.- Los recursos del Estado no financiaran las campañas de los oficialistas;

6.- Los candidatos fueran escogidos mediante primarias transparentes y universales;

7.- No existiera una ANC adueñada de la soberanía popular, con «derecho» a destituir a quienes resulten electos;

8.- El régimen comunista cubano no tuviera la última palabra en las grandes decisiones;

9.- Nuestras Fuerzas Armadas fueran garantes del cumplimiento de la Constitución y no estuvieran sometidas a una parcialidad política;

10.- Tuviéramos un TSJ imparcial ante el cual apelar cualquier irregularidad electoral;

11.- El Registro Electoral Permanente fuera público y auditable por todos;

12.- Tuviéramos una oposición que se opusiera y que no cohabitara, al estilo MUD/FA/C.U.L.O.;

13.- Creyera que mi voto ayudaría a recuperar la libertad;

14.- No dándose las anteriores condiciones, le hubiera perdido el amor a mi Patria.

Pido a Dios que pronto me permita volver a votar en libertad, con la alegría de saber que elijo a quienes han de servir mejor a mi amado País.

turmero_2009@hotmail.com
@DulceMTostaR
https://www.dulcemariatosta.com
2 diciembre 2020

 1 min


Pedro Castro Guillen

La Universidad y el Petróleo son los fundamentos de la Venezuela moderna, en un caso porque fue su base intelectual y política y en el otro porque fue su base material. Las vicisitudes de estos dos elementos sustanciales han marcado nuestra historia, en un caso desde sus inicios pre-republicanos y en el otro en el turbulento Siglo XX. Estos dos pilares han sido sometidos a la más brutal devastación.

No resulta exagerado acompañar el juicio del historiador y cronista de la Universidad Central Alberto Navas Blanco, según el cual “la República de Venezuela es hija de la Universidad”, no sólo porque el Acta de la Independencia fue firmada en su Capilla, sino porque las elites intelectuales de la Independencia salieron de su seno, hombres como Juan German Roscio, Abogado y profesor, redactor del Acta de Independencia, Francisco de Miranda y su Hermano, José de Sata y Bussy, Gabriel Lindo, quien fuera una de sus autoridades, Felipe Fermín Paul, José María Vargas, Don Andrés Bello, entre muchos otros que no es posible citar en este breve artículo. Así como también, su primer Presidente Cristóbal de Mendoza y Hurtado, a quien le siguieron en la Venezuela Independiente hombres tan ilustres como el Pdte. Dr. José María Vargas, quien jugara un papel tan fundamental en la refundación de la Universidad realizada por el Libertador Simón Bolívar en 1827, el Gral. Antonio Guzmán Blanco, Juan Pablo Rojas Paul, Raimundo Andueza Palacios, José Gil Fortoul. En la era democrática con el nacimiento de la República Civil son notables Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Ramón J. Velásquez, (Alberto Navas, Presidentes ucevistas, Asamblea Nacional).

La cultura venezolana es hija de sus Universidades de donde se produjo el intercambio y transferencia y asimilación de saberes entre la nación y el mundo, fue el crisol para la formación de los conocimientos científicos que fueron el soporte para la formación de los profesionales que hoy por la desgracia de la emigración forzosa el mundo reconoce por su excelente formación en médicos, ingenieros, químicos, economistas administradores, arquitectos; así como también en sus humanistas, artistas, escritores y poetas.

En el caso del petróleo, no fue hasta su aparición en el siglo XX, que las ideas de modernidad que se incubaron en la República y que alcanzaron su punto crítico en la Constitución de 1870, obtuvieron un soporte material para su concreción en tanto que constituyó el necesario lazo del país con el mercado mundial, cubriendo una de las grandes carencias de la República emergente en 1830.

Fue a partir de la economía petrolera que se construyó en un tiempo histórico breve un país urbano moderno y una de las democracias más avanzadas de América Latina. Se logró erradicar todas las endemias y epidemias que el socialismo en el siglo xxi trajo de regreso en pleno Siglo XXI: tuberculosis, mal de Chagas, malaria, fiebre amarilla y así siguiendo. El sistema sanitario de agua, la infraestructura física más moderna del subcontinente, unos de los pocos países en el mundo con sistema eléctrico integrado nacional. Y porque no decirlo, el sistema universitario más amplio que permitió al país alcanzar índices envidiables de profesionalización que le permitió a la sociedad disfrutar de una alta movilidad e igualdad social.

Repensar la Universidad y la Industria Petrolera es fundamental para la reconstrucción de la República Democrática que todos deseamos. Pero esto no puede verse como un simple regreso al pasado, un simple remake. La Venezuela que el castro-chavo-madurismo destruyo hasta sus cimientos no va a regresar. Debemos tomar del pasado-presente y la expectativa de futuro que genera la experiencia para reconstruir no para repetir.

Hoy sobre todo la comunidad de petroleros y de economistas republicanos y liberales viene dando una importantísima discusión sobre las posibilidades de la industria petrolera del futuro, conscientes de que la destrucción realizada por el chavismo de PDVSA (como emblema de la industria) es irreversible y que es importante repensar el petróleo con la óptica del Siglo XXI, donde las fuentes de energía se han diversificado y los combustibles fósiles parecen perder importancia y sus valoraciones culturales son indexadas por los problemas ambientales y las ideologías conservacionistas que tienen una importancia insoslayables.

Desde hace algún tiempo se viene produciendo una discusión sobre las posibilidades de reconstrucción de la industria petrolera tanto a nivel institucional en la Asamblea Nacional como en otros espacios intelectuales y políticos –se reflejan al menos parcialmente en el Plan País-, los economistas han perfilado propuestas sobre las posibilidades de la nueva industria petrolera. Empero, la discusión sobre las universidades es casi inexistente, o peor aún, existe en un nivel muy adjetivo. Es decir, en las universidades se discuten aspectos que son, qué duda cabe muy importantes, los salarios, la seguridad social, la destrucción institucional interna, pero en el marco de las reglas actuales donde esa discusión no va a encontrar resolución alguna, sino que nos mantendrá empantanados en un verdadero callejón sin salida. Los universitarios debemos dar un debate sobre la Universidad misma como institución, sobre sus posibilidades de reconstrucción futura, porque en las condiciones actuales de destrucción nacional se impone la búsqueda de un nuevo sistema de educación superior que sea capaz de acompañar un cambio en el país de contribuir en la reconstrucción nacional. No obstante, el pensamiento predominante pareciera ser que, en algún momento, con un cambio del régimen la Universidad podrá retomar el curso de la universidad autónoma y democrática. Pienso que esta actitud está muy extraviada. Si queremos tener una Universidad que le sirva a un País democrático, es decir, que sea el eje del pensamiento científico y de saberes culturales de este siglo que pueda ser el soporte real de la investigación y la docencia, debemos imitar el ejemplo de la comunidad de los profesionales del petróleo y de los economistas y comenzar a pensarla como una nueva institución que renazca de las cenizas de la devastación castro-chavismo-madurista bajo la óptica de que ella no puede esperar que el estado la reconstruya, ella debe pensarse desde su seno, porque de esta manera pensará al país y puede la Universidad ser factor de cultura y de integración Nacional.

 4 min


Mariza Bafile

No solo Kamala Harris. El gobierno que acompañará al Presidente electo de Estados Unidos Joe Biden contará con la presencia de varias mujeres quienes, por primera vez, ocuparán cargos tan cruciales como el de la Secretaría del Tesoro, que irá a Janet Yellen, el de Inteligencia Nacional que tomará Avril Haines y el de portavoz de la Casa Blanca que asumirá Jen Psaki junto con un team de otras seis mujeres.

Todas ellas cuentan con una larga experiencia que garantiza un trabajo altamente profesional. Sin embargo, la historia enseña que, en el pasado, aun cuando las mujeres resultaran más preparadas que los hombres, no tenían acceso a determinados cargos de poder.

Mientras asistíamos con una profunda sensación de alivio al cambio que imprimirá Biden a la política estadounidense internamente y también a nivel internacional, en el mundo se celebraba el Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra las Mujeres.

Indiferente a las lindas palabras de los políticos, la violencia, en sus diferentes acepciones, sigue condenando a mujeres y niños a vivir en un infierno que muchas veces termina en una tumba. Aun en los países que cuentan con legislaciones que protegen a las mujeres, los índices de violencia son muy altos. En la mayoría de los casos, los maltratadores y los asesinos son miembros de la familia o personas conocidas. Demasiadas veces, cuando la policía encuentra el cadáver de una mujer asesinada, se descubre que la víctima había encontrado el valor de denunciar a su opresor sin obtener la protección que hubiera necesitado. Las denuncias son subestimadas aun cuando los reportes médicos demuestran el maltrato físico, y, en los casos de violación, es frecuente que las víctimas tengan que enfrentar juicios durante los cuales son sometidas a dolorosas humillaciones.

El maltrato hacia las mujeres representa una de las violaciones de derechos humanos más frecuente en el mundo. Las consecuencias a nivel físico y psicológico son tan profundas que a veces resultan irreversibles.

La violencia hacia las mujeres y las niñas no es solamente la que muchas deben soportar en sus casas sino también la que perpetran tradiciones antiguas, religiones y gobiernos. Se traducen en mutilación genital, matrimonios infantiles, penas corporales, limitación de la libertad, ausencia de derechos civiles, falta de acceso al estudio e imposibilidad de autonomía económica.

Actualmente, tras el auge de las redes sociales, otras tipologías de violencia amenazan a las mujeres, en particular a las más jóvenes. Entre ellas el ciberacoso, el sexteo o sexting que consiste en la recepción de mensajes pornográficos no autorizados y el doxing que es la publicación de información privada.

Según el último informe de ONU Mujeres, el 35 por ciento de las mujeres, a escala mundial, ha experimentado alguna vez violencia física o sexual por parte de su pareja, o violencia sexual perpetrada por una persona distinta.

Cada día, 137 mujeres son asesinadas por miembros de su propia familia. Las mujeres y niñas representan un 72 por cierto de las víctimas de trata de seres humanos a nivel mundial.

En 2019 una de cada cinco mujeres de 20 a 24 años se había casado antes de cumplir los 18. Al menos 200 millones de mujeres y niñas de 15 a 49 años han sido sometidas a la mutilación genital femenina en especial en los 31 países en los que se concentra esta práctica. 15 millones de niñas adolescentes de 15 a 19 años han experimentado relaciones sexuales forzadas en todo el mundo. En la inmensa mayoría de los países, las adolescentes son el grupo con mayor riesgo de verse forzadas a mantener relaciones sexuales (u otro tipo de actos sexuales) por parte de su esposo, pareja o novio actual o anterior.

En la Unión Europea, una de cada diez mujeres denuncia haber experimentado ciberacoso desde los 15 años de edad.

La situación, ya de por sí extremadamente grave, ha empeorado hasta límites alarmantes a raíz de la pandemia y los consecuentes confinamientos. Las denuncias de violencia doméstica se han multiplicado en todo el mundo llegando a quintuplicarse en algunos países. La preocupación derivada por el constante incremento de maltratos a mujeres e hijos ha llevado los gobiernos de 48 países a integrar la prevención y respuesta a la violencia contra las mujeres en sus planes de respuesta a la Covid-19. Ya 121 países habían adoptado medidas para fortalecer los servicios prestados a las mujeres sobrevivientes de violencia durante la crisis global. Sin embargo, a juicio de ONU Mujeres es urgente intensificar ulteriormente los esfuerzos.

Frente a esta situación tan denigrante y letal para las mujeres es importante no solamente que algunas logren ocupar puestos de poder rompiendo techos de cristal hasta ahora inquebrantables, sino que lo hagan conscientes de la responsabilidad que tienen hacia todas las mujeres y sobre todo hacia quienes no tienen voz.

Solo transformando la lucha de una en la lucha de todas, el dolor de una en el dolor de todas, la muerte de una en el luto de todas, lograremos educar y sensibilizar a la sociedad entera. Solo así podremos albergar la esperanza de que esa posición que ocupa una mujer significará realmente un paso adelante hacia una sociedad más justa, libre y de pares oportunidades.

@MBAFILE

30 de noviembre 2020

ViceVersa

https://www.viceversa-mag.com/la-responsabilidad-de-las-mujeres-en-el-po...

 4 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

I.

Que va a saber usted lo que es el amor si nunca quiso a ningún equipo.

La tristeza, si nunca salió derrotado del estadio.

La alegría, si nunca sintió lo que es ganar un campeonato.

El dolor, si nunca experimentó que le eliminaran a los suyos.

La ternura, si nunca tuvo cerca a un niño que lloraba porque perdió su club.

La militancia, si nunca se dio un abrazo con un fanático desconocido sentado a su lado, llevando la camiseta de su mismo equipo.

II.

Que va a saber usted lo que es el suspenso, si nunca vivió un noveno inning, con el equipo contrario con las bases llenas y el suyo ganando apenas por una carrera.

El insomnio, si nunca se acostó en la víspera de una final de campeonato.

La humillación, si nunca padeció un blanqueo en los propios huesos.

La depresión, si su club nunca quedó eliminado al ratico de empezar el torneo.

La frustración, si nunca perdió la clasificación a la serie final por medio juego.

El infierno, si su equipo nunca estuvo anclado en el último lugar durante casi toda la temporada.

III.

Qué va a saber usted lo que es un susto, si nunca vio la cara de un jugador sorprendido, puesto out en la tercera base.

El ridículo, si nunca miró a alguien dejar caer un flaicito al cuadro.

El abatimiento, si nunca observó la cara de un bateador ponchado.

El susto si nunca fue testigo de un lanzamiento pegado (a noventa millas) que casi mata a tu pelotero favorito.

Una ganga si desconoce lo que es la base por bolas

IV.

Que va a saber usted lo que es la fe, si nunca creyó en un club sin tener ningún motivo para ello.

El sexo, si nunca experimentó el orgasmo de un jonrón que sirvió para que su equipo ganara en extra-inning.

Un milagro, si su club nunca ganó un juego imposible.

La lealtad, si nunca se mantuvo fiel a un equipo aunque perdiera.

La euforia, si nunca llegó a un sexto inning embuchado con ocho cervezas y los suyos arriba en el marcador.

El rencor si su equipo fue vencido por el club de sus mayores odios.

La arrechera si el manager saco al picher cuando no debía y perdió su equipo.

La injusticia si nunca sufrió la sentencia de un umpire declarando out al corredor que anotaba la carrera del triunfo de su club.

Las diferencias sociales si nunca se asomó a la zona VIP del estadio.

V.

Qué va a saber usted lo que es la música, si nunca oyó el grito de los fanáticos de su equipo. El ruido, si nunca oyó el grito de los fanáticos del equipo rival.

El perfume, si nunca percibió el olor de la muchedumbre reunida en un estadio de béisbol. La nada, si nunca se sentó en las gradas de un estadio sin gente.

La muerte, si nunca vencieron a los suyos en el último minuto

VI.

Qué va a saber usted lo que es la estrategia, si nunca se leyó el librito no escrito que rige el juego de beisbol.

Lo que es la táctica, si nunca se percató de la lógica de un boleto intencional o de un toque de bola.

Una Constitución Nacional, si nunca reviso las normas casi perfectas que rigen el béisbol.

El estado de derecho si desconoce como se cumplen las leyes en el terreno de juego.

Un Tribunal de Justicia si no observo actuando a los umpires.

Gobernar si jamás fue manager.

VII.

Qué va a saber usted lo que es el estoicismo si nunca vio a un catcher agachado nueve innings, cuidándose además de que no le den un pelotazo en los testículos.

Lo que es el estrés, si nunca se puso en el pellejo de un manager.

La serenidad, si nunca le prestó atención al comportamiento de un pitcher relevo.

Los nervios, si nunca se dio cuenta de las mañas de un bateador.

La tensión, si nunca se fijó en el rostro de un tipo puesto en tres y dos.

VIII.

Qué va a saber usted lo que es la acrobacia, si nunca vio un doble play.

Lo que es la habilidad si nunca vio a nadie atrapar una pelota de espaldas y contra la pared. El suicidio, si nunca presenció una jugada de squeez play. La osadía, si nunca fue testigo de un robo de base. El riesgo si nunca vio como un picher retó con una recta por el medio al jonronero rival. La ley de gravedad, si nunca se sentó detrás del catcher y miró los vaivenes de una bola de nudillos lanzada por un pitcher zurdo.

IX.

Qué va a saber usted lo que es la falta de gobierno, si nunca hizo una cola para entrar al

estadio.

Lo que es el capitalismo salvaje, si nunca topó con revendedores de entradas.

El caos, si nunca sus riñones le ordenaron orinar a mitad de juego.

El hambre, si jamás se comió un pincho en las afueras del estadio y le supo a parrilla argentina.

X.

En fin, qué va a saber usted de la vida si nunca asistió a un estadio de béisbol.

HARINA DE OTRO COSTAL

La negociación no es la mejor alternativa ¡Es la única alternativa!". La frase anterior la dijo y escribió con insistencia en diversas oportunidades Pedro Nikken . Y, añadía que “…. un país no se puede construir sobre la base del odio y del miedo desatado”. La reconstrucción de Venezuela debe tener como base a los Derechos Humanos, lo que sólo es posible en el marco de un proceso de reconciliación nacional.

Ojalá que de estos borrosos y embrollados primeros días de diciembre, los venezolanos salgamos convencidos de lo que reiteraba Pedro Nikken. Y volvamos a la política, que como expresó el filósofo Daniel Innerarity ….” es una forma de hacer cosas con palabras”. Dialogar, negociar, pues

El Nacional 2 de diciembre 2020

 4 min


Humberto García Larralde

Lo confesó la vicepresidente del régimen, Delcy Rodríguez: “No nos importa el reconocimiento internacional de las elecciones del 6 de diciembre”. Este desplante no es solo al denigrado “imperio”, sino también a la Unión Europea, al Grupo de Lima y a otros países democráticos que se niegan a validar la farsa en ciernes. Tampoco le importa, por lo visto, que 78% de venezolanos manifestaran que no irían a votar, según la encuesta flash de noviembre de Consultores 21. Tal actitud no debe sorprendernos. Los fascistas tienen años gritándole a los cuatro vientos que el país les pertenece, que es de su exclusiva propiedad. Alegan contar con el apoyo del “Pueblo”, siendo ese “Pueblo” –claro está—la exigua minoría que sigue acompañándolos. El 80 y tanto por ciento que repudia su gestión se ha autoexcluido de ser considerado “pueblo”. Esta categoría, por antonomasia, se define sólo a partir de su identificación con la causa fascio madurista; no puede incluir a los que se oponen a ella.

Y en ejercicio de su propiedad exclusiva sobre una nación que le han arrebatada a los venezolanos, procedieron a privatizar los bienes públicos y a demoler toda restricción a la depredación de sus riquezas. No sólo acabaron con las partidas de mantenimiento y de inversión de empresas e institutos públicos, se chuparon íntegro su flujo de caja –en particular, la de PDVSA y de las empresas básicas y de servicio--, inventando contratos con compañías de maletín, comisiones escondidas o “por servicios”, compras ficticias (con abultado sobreprecio), financiamientos que terminaron en sus bolsillos --pero cargados al presupuesto nacional-- y cuantas marramucias fueron capaces de idear. Rafael Ramírez, ahora “opositor”, presidió el mayor saqueo de una empresa jamás visto, con terribles daños para la industria petrolera y para el país en general. La explosión de la Refinería de Amuay en 2012, que dejó 55 muertos, más de un centenar de heridos y destruyó decenas de casas, es apenas la expresión más visible y trágica de esta devastación. Jorge Giordani, ministro de Planificación de Chávez durante casi toda su gestión, reconoció en 2016 --como quien no tuviese nada que ver con ello-- que se habrían malversado unos USD 300.000 millones durante la última década. Los recurrentes apagones, el suministro tan esporádico de agua, la ausencia de gas y de gasolina, que hoy constituyen el sufrimiento cotidiano de todo venezolano que no pertenezca a la oligarquía militar y civil que se cogió al país, tienen su causa en tal expoliación. Pero ésta, olímpicamente, culpa a las sanciones de los EE.UU.

Luego de exprimir al máximo la “caja” del sector público, va ahora por el capital. Con tal fin, la asamblea constituyente fraudulenta aprobó una llamada ley “antibloqueo”; una patente de corso para desguazar los activos del país. Claro está, “¡en defensa de los intereses del pueblo trabajador”! Esa “ley” autoriza a los jerarcas al mando a “desaplicar” el ordenamiento legal –incluidas las leyes viciadas que ellos mismos se hicieron aprobar—para ofrecerle estos activos al mejor postor. Garantiza, además, la confidencialidad (el secreto cómplice) sobre tales transacciones. No se rendirán cuentas –la transparencia hace años que desapareció de su diccionario—, por lo que se le extiende un manto de impunidad a los infractores (nacionales o extranjeros) que participen en estos desfalcos. De hecho, ya Maduro había barrido con todo requerimiento legal que impidiese ofrecerles a sus cómplices el saqueo de las riquezas minerales de Guayana, amén de lo que queda de PDVSA.

Los comicios amañados de diciembre, al igual que los anteriores para la “constituyente” y la fraudulenta “reelección” de Maduro, tienen como finalidad terminar de ponerle un candado a su propiedad. Cual dados cargados, su diseño sólo permite que triunfe al chavo-madurismo. Copar todas las instituciones formales, con las trampas que sean, facilitará seguir expoliando la nación. Ya el mafioso máximo, Diosdado Cabello, se frota las manos anunciando, con su acostumbrado sadismo, la persecución de los actuales diputados de la Asamblea Nacional, una vez tome posesión la que se elija tramposamente en diciembre.

Nos enfrentamos a una monstruosidad impensada, insospechada en la intensidad de su maldad y por su absoluto desprecio por los sufrimientos de los venezolanos, como por su empeño en acentuarlos con tal de permanecer en el poder. Tal insensibilidad y falta de humanidad para con sus compatriotas no sólo obedece a las enormes fortunas amasadas, sus camionetotas y demás privilegios que exhiben, ostentosamente, ante al pueblo que dicen representar. También se refuerza con una construcción ideológica que, cual imagen espejo, invierte la culpabilidad para hacerlos aparecer como “revolucionarios”, víctimas del imperio. Y con esa cantinela siguen campantes, cayéndose a embustes con supuestos planes para el futuro, como si su permanencia en el poder fuese cosa ya dictada por la providencia. No es menester que sean creíbles los clichés que a diario repiten. Éstos sirven para obnubilar la mente y no tener que enfrentar las terribles consecuencias de sus atropellos. Suprimen toda noción de culpa y disuelven, con un discurso maniqueo, cualquier freno moral a sus desmanes. Reiteran conspiraciones inagotables, siempre promovidas por el imperio, como explicación de su fracaso al frente del Estado. Tal blindaje ideológico es reforzado por una “izquierda” internacional exquisita, que sirve de caja de resonancia a sus idioteces, en procura tremendista de acaparar resentimientos autóctonos. Este blindaje explica su crueldad y su capacidad de aguante. El sufrimiento del pueblo en absoluto es razón a considerar para entretener posibilidades de abrirles paso a quienes sí ofrecen soluciones, El reciente despojo y acoso de dos ONGs -- Alimenta la Solidaridad y Caracas Mi Convive, partícipes del Plan de Respuesta Humanitaria de las Naciones Unidas--, que coordinan el suministro de comida a unos 25.000 niños en 14 estados, confirma que, a la hora de las definiciones, los necesitados están, a los ojos de Maduro, del lado enemigo.

Que no quepa la menor duda de que la prolongación del régimen sólo acarreará mayores padecimientos a la población. La actividad económica, que se reducirá este año a apenas la cuarta parte de la que era cuando asumió Maduro, va a continuar con su caída libre; la hiperinflación seguirá corroyendo la exigua capacidad adquisitiva de las mayorías; la Guardia Nacional y otros cuerpos, esquilmando al pueblo; y los aparatos represivos ejercitando el terrorismo de Estado, con apoyo del alto gobierno.

Von Stauffenburg y Rommel, artífices de triunfos militares nazi -sobre todo el segundo-, pudieron redimirse parcialmente ante la historia con el atentado –lamentablemente fallido—contra Hitler en 1944. Que no haya habido acción análoga en Venezuela contra Maduro y su combo, aunque deprimente, no debe impedir que sigamos insistiendo en resquebrajar la cohesión que, hasta ahora, mantiene ese antro.

Pero no debemos esperar soluciones mágicas. En EE.UU., parece que nunca estuvieron todas las opciones sobre la mesa para sacar a Maduro, a pesar de los alardes de Trump. Debemos construir una estrategia sólida, que avance con pies de plomo, para abrir las puertas a algún tipo de negociación para reinstaurar, cuanto antes, la democracia. Se juega lo que hemos conocido como el país Venezuela.

Esta negociación sólo tendrá sentido si se hace desde una posición de fuerza, capaz de obligar al fascismo a pactar las condiciones de su salida. Las fuerzas democráticas en Venezuela deben mostrar la fuerza y la unidad de propósitos, para proyectarse claramente como la alternativa capaz de restablecer un régimen democrático, respetuoso de los derechos humanos y participante activo en la futura prosperidad de América Latina. De ahí la importancia de la consulta del 12 de diciembre, capaz de aglutinar y motivar a la población en la exigencia de elecciones libres, creíbles y auditables, de manera de proyectar un contraste claro con la farsa del 6 de diciembre que adelanta el fascismo.

Esperemos que Biden, una vez presidente de EE.UU., apoye con firmeza e inteligencia, la concreción de elecciones presidenciales en Venezuela, con las garantías debidas. Asimismo, que ponga su peso en neutralizar las acciones de Rusia, Irán, China y Cuba, a favor de Maduro. La carta de negociación sería el levantamiento progresivo de las sanciones contra la verificación de pasos concretos, por parte del fascismo, a favor de la realización de elecciones en las condiciones deseadas. Pero es imprescindible contar con una oposición venezolana revitalizada para fundamentar las transformaciones a emprender.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

 6 min