Pasar al contenido principal

Opinión

Alberto Jordán Hernández

Con voz propia

Con hiperinflación que arriba a cuatro años y vislumbra guerra civil, el nar-corrupto-régimen prioriza fraude electoral que con farsantes que se dicen opositores se realizará el domingo. Nada les importa crímenes de lesa humanidad y que 79,8 % de la población (más de 22 millones) esté en pobreza extrema. Estamos entre los primeros del mundo con la mayor cantidad de hambruna. Nuestra Conferencia Episcopal advierte que esos comicios agravarán crisis y manifestó respaldo a consulta popular que apoyan más de 100 ONG.

Para Nicolás Maduro mandar es un show, cuya oficialización inquieta porque en su presencia y del alto mando militar, en acto protocolar de la FAV se impuso condecoración al rockero Paul Gillman, quien lució uniforme nazi.

A pesar de la pandemia, el día de su cumpleaños, le llevan serenata con mariachis y conjuntos criollos a Miraflores y en cadena nacional le exhiben bailando con “cilita” y niños “afortunados”. Cerca del palacio se veían infantes recogiendo sobras de comida para paliar hambre.

“Para el que no vote, no hay comida” chantajea el maldado Cabello. NRC controla alimentación. Tres mil líderes que alimentaban diariamente a 25 mil niños en 14 estados, les cerraron cuentas de 239 comedores. Era Plan de ONU y de allí obtenían finanzas.

Mientras en el show la usurpadora pareja presidencial festejaba con inocentes niños hijos de huéspedes del Palacio, en Trinidad la nefasta autoridad echaba al mar como expulsados a 16 infantes venezolanos. Con sus familiares pedían refugio, pero tal autoridad calificó a los menores de indeseables, con falso pretexto que “ocasionará que ingresen traficantes de armas, de drogas, y pandilleros”.

Debe recordarse que Trinidad perteneció a nuestro territorio desde su descubrimiento en 1498 hasta 1797, cuando cae en poder de ingleses. En dicha isla se fundó El Correo de la Trinidad Española, primer periódico de Venezuela, el 13 de agosto 1789.

Comentamos la Venezuela pseudo socialista en la cual el NRC que desgobierna acabó con la moneda nacional, que en el castro comunismo da la siguiente cifra: Bs100.000.000,000.000; es decir somete a la miseria a más del 90% de la población. El dólar que de hecho está en circulación, sobrepasa el millón de bolívares.

En este sombrío ambiente sin antecedentes en la historia y el cual, aliado con farsantes opositores el NCR de NM programó relegitimar el venidero domingo. Los ex candidatos presidenciales Claudio Fermín, Eduardo Fernández (se cortó sus garras) Henrique Capriles, que armó el escándalo anti unitario y se marchó; Henri Falcón y Javier Bertucci, llaman a votar.

Bien saben que con el fraude que ellos respaldan, el NCR tiene normado el triunfo con votos: 192 (120 de lista nacional y 72 en las regional). 84 se lo disputará con alacranes de cuello blanco y los de azul.

Nos hacen recordar la fábula rana y el alacrán. Este le pide a ella que lo ayude a cruzar el río y promete no hacerle daño, porque ambos morirían ahogados. La rana lo monta en su lomo, pero a mitad del trayecto el alacrán la pica.

«Ahora moriremos los dos» alega la rana.

«No he tenido elección; es mi naturaleza», justificó el alacrán.

Moraleja en vigencia del dólar: No debes engañarte con quien crees igual que tú; hay personas que sacarán maldad sin importarles consecuencias.

A los del NCR &, la sociedad civil responderá con las consultas: está de acuerdo con I) “el cese de la usurpación de NM y convocar elecciones presidenciales y parlamentarias; II) Rechazo al 6D: III) gestiones ante comunidad internacional para activar rescate de la democracia y proteger al pueblo de los crímenes de lesa humanidad.

AL MARGEN: Tan pavoso como fatal resultó el año de la Rata o Ratón, como denominaron los chinos al 2020. El carácter de bisiesto, que se da cada 4 años, es asociado con malos augurios. Esta calificación se concretó en la peste china, es decir la Pandemia.

jordanalberto18@yahoo.com.

 3 min


Asdrúbal Aguiar

En mis libros El problema de Venezuela (2016) y De la pequeña Venecia a la disolución de las certezas (2020) avanzo en la descripción crítica del largo y muy doloroso proceso de desmantelamiento de la nación y la república a partir de 1999. Acaso para completar mi Historia inconstitucional de Venezuela (2012), en la que identifico los 174 atentados sustantivos que sufre el texto constitucional sustitutivo de la celebérrima Constitución democrática de 1961, amplío el espectro hasta el presente. Lo hago a partir del golpe de Estado terminal que ejecutan Nicolás Maduro y Diosdado Cabello a raíz del fallecimiento de Hugo Chávez Frías en 2012, hasta el cierre simbólico que ocurre, pasados treinta años, de esa etapa de ruptura de paradigmas globales que ocurre a partir de 1989 y enlaza con el inicio de la pandemia. Esa ampliación consta en el prólogo que escribo para la obra reciente de Allan R. Brewer Carías The Colapse of The Role of Law in Venezuela and The Struggle for Democracy (2020) y lleva como título “The Constitutional Dismantling of the Venezuelan Nation and State”: El desmantelamiento constitucional de la nación y el Estado venezolano 1999-2020.

Afirmar la cabal desaparición de la nación y el Estado venezolanos es máxima de la experiencia, no algo metafórico. La primera resulta de la dispersión de un pueblo que alcanza su unidad histórica y cultural alrededor del Estado y sus cuarteles, antes de que fragüe la idea de la ciudadanía en los intersticios de civilidad que se nos vuelven excepciones. Pero, en uno u otro caso, tales identidades desplazan las raíces culturales originarias y plurales que sostienen desde antes la diversidad fundacional que somos y alcanza su primera madurez hacia la emancipación. Éramos hijos de la civilización judeocristiana y grecolatina.

De la república, nada que agregar a lo que es palmario. No existen hoy poderes constituidos o espacios públicos reales, salvo en las cárceles o en el exilio. Lo prueba la fragmentación de los órganos previstos en la Constitución: dos jefes de Estado, una constituyente, dos asambleas, tres tribunales supremos: uno en Caracas y dos en el exilio, dos cabezas del Ministerio Publico, unas franquicias partidarias dispersas y también divididas e incapaces de interpretar –es una observación– el inédito fenómeno social señalado; desapareciendo otra vez y a la par, como el siglo XIX, el monopolio militar de las armas que justifica nuestro ingreso tardío al siglo XX.

¿Por qué fue imposible que, sin solución de continuidad, la experiencia democrática y civil que conoce Venezuela a partir de 1958 se prorrogase hasta el presente siglo que ya cubre dos décadas? Bastaban y por lo visto no bastaron algunos pocos datos para confirmar la existencia de una nación que alcanzó su modernidad plena durante medio siglo.

Si el propósito es imaginar el bosque sin tropezarnos con los árboles cabe dejar atrás las simplificaciones; esas que siguen a la orden y en la práctica. Tanto que, tras dos décadas de empeño en sostener la senda decreciente de libertades ante la barbarie que avanza, el propósito revulsivo se nos ha vuelto frustración.

Si la cuestión es la ruptura de la modernidad económica ocurrida a inicios de los noventa, bastaría sacar del poder o derrocar a Maduro e implementar un conjunto de políticas públicas adecuadas, distintas de las actuantes por retrógradas. Y, si en contrapartida, lo pertinente es restablecer las políticas populistas de solidaridad abandonadas, como algunos lo predican, sería suficiente una gerencia pública competente y nada más. Pero la cuestión es de un mayor calado.

La desintegración de lo nacional y su transformación en una red de nichos humanos atados a vínculos fundamentalistas a partir de los años noventa hace que las formas de relación entre la denominada sociedad civil y la política, a través de los partidos, se hayan agotado; sea por explicarse estos en el mismo Estado, por hacerse diafragmáticos, ora por incapaces para darle tejido a una democracia de rompecabezas. Se trata de un fenómeno que no es propio de Venezuela. Se extiende por todos los países americanos y en la Europa occidental. Italia inaugura el deconstructivismo político, dando lugar al hundimiento de los partidos históricos, el socialista y el demócrata cristiano, como ocurre en Colombia con los partidos liberal y conservador y en Venezuela con sus partidos AD y Copei.

En el caso nuestro, la desconcentración del poder político en beneficio de las regiones y ciudades con la elección directa de gobernadores y alcaldes permitió una oxigenación coyuntural y tardía dentro de un aparato institucional en declive, ya inadecuado al cosmos emergente. Mal podían los partidos hacerse intérpretes inmediatos de realidades que les resultaban incomprensibles. Siguieron siendo presas de sus dinámicas electoralistas y clientelares. Y al haberse operado una expansión del espíritu crítico por obra misma de la modernización y expansión educativas alcanzadas hasta 1998, en el caso nuestro resultaba inaceptable el sostenimiento de la visión tutelar militar clásica y la partidaria que se construyen, ambas bajo inspiración bolivariana, a lo largo del pasado siglo. Dicho en términos coloquiales, los partidos no podían estar a la altura de la obra de desarrollo integral que propulsaron.

En suma, agotada la nación y la república, para el tiempo posterior y si la mirada de los venezolanos se quiere dirigir hacia un horizonte de libertad, el desafío reside, exactamente, en saber descubrir o construir un hilo de Ariadna que a todos nos sirva de mínimo común capaz para sostener vínculos básicos entre las retículas sociales y de vocación excluyente, nutridas de desconfianza, que se expanden como identidades caseras, de raza o de género, entre tantas. Para ello urge proveer transacciones sobre las exclusiones razonables que estas denuncian y para que puedan ser satisfechas bajo instituciones probablemente nuevas y capaces de situarse en ese espacio vacío que ahora media entre el ecosistema tribal de los internautas y el sentido globalizador de la humanidad.

correoaustral@gmail.com

 4 min


Eddie A. Ramírez S.

Desde hace dieciocho años Venezuela vive una confrontación entre quienes creemos en la democracia y quienes detentan el poder sin tener la aprobación de la mayoría y pisotean la Constitución y las leyes. En este lapso, los demócratas hemos acudido a todos los medios para intentar que cese la barbarie. Hemos participado en tres paros cívicos, acudido quince veces a depositar nuestros votos que fueron irrespetados, nos negamos a avalar el fraude electoral en tres oportunidades, además hemos acudido a infinidad de marchas de protesta, denunciado atropellos ante la Fiscalía, la Contraloría, Defensoría del Pueblo y tribunales. También grupos pequeños intentaron románticamente sacar a los rojos por la fuerza.

En el camino han sido abatidos numerosos compatriotas por las balas de guardias nacionales, policías y paramilitares rojos; otros han sido torturados, encarcelados o exiliados No hemos tenido éxito porque la dictadura totalitaria cuenta con las armas y con jueces deshonestos, pero seguimos comprometidos hasta lograr éxito. Tenemos cuatro tareas por realizar. Dos son importantes y urgentes y otras dos también importantes pero un poco menos urgentes.

Cabe recordar que el 4 de abril 2002, los trabajadores petroleros iniciamos un paro en defensa de la meritocracia en PDVSA, al que se sumaron la CTV y Fedecámaras, que culminó con la renuncia del presidente Hugo Chávez a solicitud de los militares, quienes pocas horas después cometieron el error de regresarlo al poder. Pidió perdón y prometió enmendarse.

No cumplió, por lo que continuó el malestar y el 2 de diciembre estalló otro paro cívico, esta vez convocado por la Coordinadora Democrática donde estaban representados todos los partidos democráticos, la CTV, Fedecámaras y otras organizaciones de la sociedad civil. Los trabajadores petroleros nos sumamos por iniciativa individual. Sin embargo, esta vez el gobierno se había preparado y, además, la purga en el sector militar, le permitió contar con un grupo de oficiales incondicionales.

La crisis se prolongó, lo cual obligó a actuar a la OEA y a un grupo de países amigos, constituyéndose una Mesa de Negociación y Acuerdos. El gobierno tuvo que ceder y se comprometió a realizar elecciones libres, justas y transparentes, separar y dar independencia a los poderes públicos; respetar los derechos humanos, la libertad de expresión, de información y también a limitar el uso de la fuerza por parte del Estado. Evidentemente no cumplió y no se pudo, o no se quiso, obligarlo a respetar lo acordado. Algunos que exigían a los petroleros sumarse a ese paro, posteriormente los criticaron por “dejar espacios vacíos”. No entendieron que para quienes tienen principios y valores no cabe trabajar con rojos mediocres y que había que hacer lo posible por sacar del poder a quienes violaban la Constitución.

Hoy tenemos por delante dos tareas. Este 6 de diciembre el régimen realizará una farsa electoral que no es reconocida por los países que integran la Unión Europea, por Canadá, Estados Unidos, ni por los principales países democráticos de Hispanoamérica. Nuestra tarea consiste en no votar y convencer a los ingenuos o despistados de que es una operación de la dictadura para perpetuarse.

La otra tarea importante y urgente para los demócratas es participar activamente en la Consulta vinculante de acuerdo a la Constitución. Cuyos objetivos son: 1-Exigir elecciones parlamentarias y presidenciales libres y transparentes. 2- Rechazar la farsa del 6D de Maduro y 3- Pedir apoyo a la comunidad internacional para resolver la crisis en Venezuela. La misma se realizará por internet entre el 7 y 12 de diciembre en Venezuela y el mundo, , y el día 12 para quienes puedan asistir a los Centros a depositar su opinión. La información está disponible en la página www.consultaporvzla.com. Esta Consulta tiene que ser exitosa para debilitar al régimen. Los opositores no deben esgrimir excusas, ni ponerle peros.

Una de las tareas restantes es convencer a dirigentes, articulistas y tuiteros que luchan por la democracia, que este no es el momento de descalificar injustamente al presidente(e) Guaidó y a nuestros diputados. La unidad es un requisito necesario, pero no suficiente, para lograr desalojar a la dictadura. La otra tarea es atraer a gente bien intencionada del chavismo, no cerrarnos a negociaciones bien llevadas, ni a la posibilidad de una transición que no sea excluyente. Las tres primeras tareas son sencillas. La última es más complicada, pero no imposible.

Como (había) en botica:

Los estadounidenses también tienen tareas pendientes. Los del partido Demócrata deben mantener a raya a los dirigentes que se exceden en su posición izquierdista. Los Republicanos deben marcar distancia de Trump, de su ego e intolerancia que debilita la democracia y no es la vía apropiada para convencer a los que tienen tendencias alejadas de los principios de nuestra civilización.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Matthew Smith

Hasta no hace mucho tiempo, las cuantiosas reservas de petróleo, tanto como 303.000 millones de barriles que se encuentran en Venezuela, que son las más grandes del mundo, se consideraban un enorme beneficio económico.

Esa inmensa riqueza petrolera, que rápidamente se convirtió en el motor económico de Venezuela, fue la responsable de moldear el destino del país latinoamericano. En la década de 1970, Venezuela era el país más rico, desarrollado y políticamente estable de América Latina. Incluso después del rápido declive de la industria petrolera de Venezuela, el colapso económico y el casi fracaso como estado viable, muchos políticos y analistas creen que su abundante riqueza petrolera financiará la reconstrucción del país devastado. Lamentablemente, puede que sea demasiado tarde para que Venezuela se beneficie una vez más de su importante riqueza petrolera. El cambio de régimen, que es el derrocamiento de Maduro y su gobierno socialista autocrático por un gobierno reconocido internacionalmente, es cada vez más urgente. El tiempo para que Venezuela explote su enorme riqueza petrolera se está agotando rápidamente.

El surgimiento del pico de la demanda de petróleo y el creciente impulso para descarbonizar la economía para combatir el cambio climático ha trastornado los mercados energéticos mundiales, especialmente después de que se implementaron objetivos específicos como parte del Acuerdo de París. Esos desarrollos han creado una línea de tiempo finita para la desaparición de los combustibles fósiles. Se desconoce la fecha exacta en que se materializará la demanda máxima, pero la mayoría de los analistas y organizaciones de la industria esperan que ocurra entre 2028 y 2035. Cuando llegue, la demanda de combustibles fósiles comenzará a disminuir a un ritmo constante, lo que ejercerá una presión creciente sobre el petróleo y sus precios, lo que a su vez provoca una caída de la inversión industrial y, en última instancia, de las reservas y la producción de petróleo.

La pandemia de COVID-19 ha demostrado lo que sucede con los precios y la producción del petróleo cuando la demanda de energía disminuye significativamente. La llegada del pico de la demanda de petróleo hará que gran parte de las reservas de petróleo recuperables del mundo no sea rentable para explotar, transformándolas en rcursos varados y pasivos potencialmente costosos. Algunos economistas y analistas de la industria creen que la pandemia ha acelerado la llegada del pico de demanda de petróleo, lo que desencadenará un aumento notable en el volumen de recursos petroleros varados. Hace casi una década, las vastas arenas petrolíferas de Canadá, que producen petróleo crudo pesado y ácido y su explotación es costosa y dañina para el medio ambiente, se describieron como un activo inmovilizado. Este riesgo fue inicialmente descartado por los analistas, pero finalmente se materializó este año cuando varias compañías energéticas internacionales, incluida la gran petrolera global francesa Total, amortizaron el valor de sus activos de arenas petrolíferas canadienses en miles de millones de dólares. Habrá más cargos por deterioro en el futuro, no solo debido a la demanda de petróleo más débil y la amenaza de un pico de demanda de petróleo, sino también debido a la creciente demanda mundial de grados de crudo más livianos y dulces.

Esta es una amenaza muy real para Venezuela y podría descarrilar las esperanzas de reconstruir la industria petrolera del país destrozado como un medio para reconstruir la economía del país. El líder opositor internacionalmente reconocido Juan Guaidó ha manifestado en su plan para rescatar a Venezuela de su crisis social y colapso económico que la reconstrucción del sector de hidrocarburos proporcionará los recursos necesarios para reconstruir la nación.

Se especula que podría llevar una década o más reconstruir la golpeada industria petrolera de Venezuela. La cantidad de capital necesario para reconstruir una PDVSA destrozada y la infraestructura energética de Venezuela es inmensa, y un artículo del Financial Times estima que podría llegar a los 200.000 millones de dólares. El lamentable estado de la vital infraestructura energética de Venezuela es subrayado por una serie de eventos recientes. Estos incluyen numerosos derrames de petróleo, en tierra y en el Mar Caribe, una explosión en la unidad de destilación en la refinería Amuay de 635.000 barriles por día, una grave escasez de gasolina y la falla de los pozos de petróleo. Si Venezuela puede atraer la inversión requerida, se estima que la producción solo alcanzará alrededor de 2 millones de barriles diarios o aproximadamente la mitad de la producción máxima de 1970 de Venezuela de 3.8 millones de barriles diarios. Incluso en el mejor de los casos, eso significa que hay un largo camino por recorrer para reconstruir el motor económico de Venezuela, poner fin a la situación humanitaria existente y sacar al país del borde de convertirse en un estado fallido.

En un mundo afectado por la pandemia de COVID-19, donde las empresas de energía se ven lastradas por precios del petróleo mucho más débiles y se avecina la amenaza de un pico de demanda, será casi imposible obtener una cantidad tan inmensa de capital. La dificultad asociada con la obtención de la cantidad requerida de inversión se ve agravada por los altos costos de equilibrio de Venezuela, especialmente en comparación con otros países de América Latina. Según el Instituto de Gobernanza de Recursos Naturales, los precios de equilibrio de Venezuela promedian entre $ 41,97 y $ 56,06 por barril de petróleo crudo producido dependiendo del campo petrolero que se explote.

Estos altos costos de equilibrio hacen que sea difícil atraer el capital necesario de compañías energéticas extranjeras para reconstruir la destrozada industria petrolera de Venezuela, incluso después de que Maduro y su régimen socialista sean desalojados del poder. El cambio de régimen en Venezuela, y el final de dos décadas de gobierno socialista, probablemente crearán un inmenso y potencialmente violento voladizo político que aumentará el grado de riesgo geopolítico asociado con el país latinoamericano. Eso reduce aún más el atractivo de invertir en la industria petrolera de un país que tiene una larga historia de inestabilidad política en un entorno operativo donde las perspectivas para el petróleo crudo son inciertas.

Otro factor que complica la capacidad de atraer la inversión que se requiere con urgencia es que Venezuela produce predominantemente grados de petróleo crudo que son amargos y pesados.

Muchas de las mezclas de petróleo crudo de Venezuela tienen densidades API de 11 a 24 grados, lo que las convierte en variedades de petróleo crudo especialmente pesado. También son particularmente ácidos, con contenidos de azufre que van del 2% al 2,9%. Esto reduce su atractivo para las refinerías debido a los costos adicionales y las complejidades asociadas con su procesamiento en combustibles y productos refinados de alta calidad y bajo contenido de azufre. Eso se magnifica aún más por el impulso global para reducir las emisiones de azufre que está experimentando regulaciones gradualmente más estrictas con respecto al contenido de azufre de los combustibles que se están introduciendo. El último requisito es IMO2020, que reduce el contenido de azufre de los combustibles marítimos del 3,5% por porcentaje en peso al 0,5%. Debido a que la industria marítima es responsable del 50% de la demanda mundial de fueloil, se espera que esa medida tenga un impacto significativo y duradero en la producción y el precio de esos combustibles.

Por estas razones, existe una ventana limitada disponible para que Venezuela explote sus prodigiosas reservas de petróleo. A medida que pase el tiempo y el impulso para descarbonizar la economía global gane mayor impulso y la adopción de vehículos eléctricos se expanda, porciones cada vez más grandes de las reservas de petróleo de Venezuela se volverán antieconómicas de extraer.

Se estima que en un entorno donde la intensidad de carbono de la extracción de petróleo se tiene en cuenta en la toma de decisiones de inversión y se consideran los factores discutidos, hasta 300 mil millones de barriles de las reservas de petróleo de Venezuela será antieconómico de extraer. Esto significa que si la producción de petróleo regresa a 2 millones de barriles diarios, o más de cinco veces mayor que el promedio diario de octubre de 2020 de Venezuela de 367.000 barriles, el país solo tiene cuatro años de producción. Por estas razones, es poco probable que la industria petrolera de Venezuela vuelva alguna vez al tamaño en el que pueda generar los enormes ingresos necesarios para reconstruir la economía destrozada de Venezuela y poner fin a la angustiosa crisis humanitaria que ha surgido.

Por Matthew Smith para Oilprice | Traducción libre del inglés por lapatilla.com

 6 min


Emiro Rotundo Paúl

Está bien que un sector opositor llame a votar. Lo malo es que afirme, con toda seguridad y sin ninguna reserva, que el voto es el único camino para salir de Maduro y ataque acerbamente a la oposición partidaria de la abstención, sin tocar un pelo del régimen madurista que durante cinco años ha pateado a la Constitución y violentado, precisamente, el derecho al voto. Pareciera que la lucha de ese sector no fuera con Maduro sino con el resto de la oposición. Los abstencionistas tenemos un compromiso de lealtad con la Asamblea Nacional legítima que preside Juan Guaidó y con los países de América y de Europa que en solidaridad con esa lucha han desconocido la legitimidad de Maduro y de las elecciones convocadas para el 6D. La abstención es también un arma de la democracia.

Si el voto fuera la única vía para salir de Maduro hace tiempo nos hubiéramos librado de él. A comienzos de 2016 la oposición acababa de ganar la Asamblea Nacional con las dos terceras partes de los diputados y le correspondía conforme a la Constitución activar el referéndum revocatorio del mandato presidencial. Con ese recurso legal hubiéramos destituido a Maduro hace cinco años y hubiéramos avanzado mucho en la recuperación del país. Pero el régimen totalitario anuló el poder del voto inhabilitando a la Asamblea Nacional, impidiendo el referéndum revocatorio y sofocando a sangre y fuego las protestas de la oposición, con saldo de muchos muertos y heridos cuyos victimarios nunca fueron detenidos y enjuiciados.

En pro de la unidad opositora dejemos de lado este tema y presumamos la buena fe de quienes van a votar el 6D confiados en que el régimen en esta oportunidad se comportará de forma correcta y legal, sometido como está a una fuerte presión internacional. Sería justo reconocer que ese posible estado de ablandamiento del régimen es producto de la lucha tenaz de quienes hemos denunciamos sus atropellos y utilizado la abstención en los procesos electorales fraudulentos de 2017 y 2018. La denuncia y la abstención conquistaron la solidaridad de las naciones democracias del mundo y ello cambió, aunque muchos no lo hayan percibido, la naturaleza de la lucha, colocando al régimen por primera vez en una posición defensiva y difícil. Los partidarios del voto deberían agradecer este fruto, o por lo menos atenuar sus críticas contra el sector abstencionista que lo logró. Una vez superada la coyuntura del 6D y cumplidos los compromisos de lealtad y de decoro implicados en la acción abstencionista, podremos estudiar todos juntos las nuevas alternativas y concebir un plan de acción nacional para cambiar definitivamente el rumbo del país.

Tengamos muy en cuenta el escenario que se nos presentará inmediatamente después del 6D. A finales de 2021 (dentro de un año) vendrán las elecciones de Alcaldes y Gobernadores y un mes después, en enero de 2022, Maduro cumplirá la mitad de su ilegítimo período presidencial y podrá ser removido con el referéndum revocatorio. ¿Estaremos preparados para ello? ¿Habremos superado nuestras diferencias? ¿Podremos lograr en cuestión de meses una unidad nacional opositora similar a la de 2015, que tan buenos resultados nos dio?

Si se demuestra que después del 6D el régimen sigue siendo el mismo, que no ha cambiado en nada y que todo ha sido un nuevo engaño, ¿qué haremos? ¿Seguiremos sosteniendo que el voto es la única opción o buscaremos otras salidas? ¿Cuáles serían éstas? Tengamos en cuenta que el valor del voto solo se da en democracia. Sin ella es como el pez fuera del agua. La oposición en su conjunto, sin exclusiones de ninguna clase, tiene que plantearse inmediatamente después del 6D todas estas interrogantes.

Es absolutamente cierto que la oposición unida, curtida con la experiencia de estos cinco años de atropellos y engañifas, puede enfrentar con éxito los eventos que se avecinan, remover a Maduro y sacar al país del desastre en que se encuentra. Si no somos capaces de forjar la unidad y marchar todos juntos al combate, no merecemos seguir interviniendo para nada en los asuntos políticos de este país. Marchémonos al exilio y dejemos que otros se encarguen de él. Seamos honestos con nosotros mismos y con el pueblo venezolano.

26 de noviembre de 2020

 3 min


Jesús Elorza G.

Como era de esperarse, el tema central de la conversación giraba en torno a la muerte de Diego Armando Maradona. Tema controversial, entre su actuación deportiva y su comportamiento fuera de la cancha. Para unos era el "Dios" del fútbol y para otros era una persona despreciable por su adicción a las drogas.

Para aquellos que lo consideran el mejor jugador en la historia del fútbol y, que su conducta deportiva debía separarse de su conducta fuera del campo de juego, es importante recordarles que en el hecho deportivo la actuación de Maradona estuvo marcada también por el consumo de drogas:

...... en 1991 fue suspendido por un año del Napoli FC, por dar "positivo a cocaína" en una prueba de control antidopaje ..... mientras cumplía la suspensión fue detenido por la policía por posesión de drogas y enviado a prisión....lo que marcó que sus actuaciones en el campo de juego estaban alejadas de los valores que promueve la actividad deportiva....

..... en 1994 fue expulsado por la FIFA del Mundial de Fútbol de Estados Unidos tras dar positivo en un control antidopaje, a cinco derivados de Efedrina. Droga empleada para aumentar la resistencia durante exigentes entrenamientos. Varios médicos han advertido que la efedrina es muy peligrosa especialmente para atletas de alto rendimiento. También, es bueno recordar que, en ese mismo evento mundialista, bajo los efectos del alcohol y las drogas atacó a tiros con un rifle a los periodistas y paparazis que buscaban entrevistarlo o fotografiarlo. Por este hecho fue condenado a dos años de cárcel y pago de indemnizaciones a los afectados.....

Estos hechos, ponen en entredicho el falso argumento de considerar que su actuación deportiva fue inmaculada. Que sus goles, lo hacen ídolo mundial y sea un ejemplo a seguir. En el campo de juego, Maradona mantuvo permanentemente su adicción a las drogas. Cada vez con mayor frecuencia para tratar de mantener un alto rendimiento físico o una estimulación momentánea que lo hiciese crecer en la mitología de ser el Dios del fútbol.

Ahora bien, si deplorable fue su conducta deportiva por el consumo de drogas, no menos fue su desempeño en la vida diaria. En Italia, fue acusado de tener convivencia amistosa con "La Camorra" organización mafiosa. Luego de una investigación policial, una fotografía de Maradona juntó al capo de la Camorra sirvió de base para levantarle cargos al futbolista por consumo de drogas y participación en grupos criminales organizados para traficar.

Los que pretenden hacer ver, que la personalidad de este individuo es doble, es bueno recordarles la opinión de su preparador físico Fernado Signorini, el hombre que mejor lo conoció "Con Diego iría al fin del mundo, pero con Maradona ni a la esquina"....sobran los comentarios.

El ascenso a la gloria desde su modesto origen de arrabal en Buenos Aires, el descenso a los infiernos de la droga y sus complicidades con el crimen organizado, sin lugar a dudas, nos permite señalar que estamos en presencia de "Un ídolo con pies de barro".

 2 min


Elsa Cardozo

Al presentar como presidente electo de Estados Unidos a su equipo de política exterior y seguridad, Joe Biden resumió lo esencial de la reorientación que imprimirá su gobierno a las relaciones con el mundo bajo la consigna “Estados Unidos está de vuelta, listo para liderar… por el poder del ejemplo”. Fue un modo de resumir el contraste que se propone establecer entre la gestión internacional del gobierno de Donald Trump, quien, bajo el lema “Estados Unidos primero”, separó o cuando menos distanció a su país de acuerdos y organizaciones internacionales en los que se sustenta el orden internacional liberal, así como de aliados democráticos tradicionales. Lo hizo en tiempos en los que poderes autocráticos de alcance mundial o regional no han perdido ocasión para hacer crecer y defender su margen de acción e influencia internacional a una escala sin precedentes, a partir de una densa y las más de las veces turbia combinación de objetivos y recursos.

La secuencia y el contenido de los saludos al presidente electo hablan de la huella que deja y sigue estando dispuesta a dejar la administración saliente, por un lado y, por el otro, de las expectativas internacionales que genera la transición a una administración demócrata.

Es inocultable el entusiasmo inmediato demostrado por los socios europeos, que ven en la trayectoria, los discursos, el programa y las primeras designaciones anunciadas por Biden la voluntad de recuperar las relaciones trasatlánticas en todas sus dimensiones -de principios liberales, de robustecimiento de los acuerdos de seguridad (y ciberseguridad), en materia de cambio climático, de desafíos geopolíticos globales y de protección de la democracia- y particularmente en la concertación diplomática multilateral.

Por otra parte, es notable el cuidado en los momentos y palabras escogidos por el presidente de China, Xi Jinping, entre el cálculo de las reacciones de Trump hasta su último minuto en la Presidencia y el de la oportunidad de felicitar a Biden e influir en la agenda para la revisión de las relaciones bilaterales ya anunciada para la administración demócrata; esta diferenciaría tres conjuntos de asuntos a tratar con China, que son muchos y muy diversos, a través de la cooperación, la competencia, la confrontación y, en todos los casos, procurando la coordinación de posiciones con otros países de Europa y Asia.

Distinta es la actitud de Rusia, gobierno que ha seguido refiriéndose a Biden como candidato y no como presidente electo, por considerar que los resultados no son definitivos. Esa posición es consistente con la política de alentar dudas sobre la confiabilidad de las instituciones democráticas, pero también con el rechazo a la consideración programática de Rusia como la principal amenaza a la seguridad y las alianzas de Estados Unidos y, particularmente, a las anunciadas iniciativas en busca del fortalecimiento de la relación trasatlántica en torno a la defensa de la democracia y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, tan debilitados durante la presidencia de Trump.

En nuestro lado del mundo, los gobiernos de México y Brasil tampoco han felicitado al presidente electo, en lo que influyen en términos muy pragmáticos los acercamientos y acuerdos que lograron con Trump y quieren mantener tanto como sea posible los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Jair Bolsonaro. Ante el triunfo de Biden pesan para el primero temores a cambios en el arreglo comercial, energético y migratorio alcanzado con Trump y para el segundo el compromiso ambiental de Biden.

Lo cierto es que aparte del discurso que anuncia el regreso a una política exterior de orientaciones políticas liberales (de respeto a acuerdos, compromiso democrático y multilateral) y de mayor presencia y liderazgo, son muchas y diversas las expectativas sobre los efectos que para “tirios y troyanos” tendrá el cambio de gobierno en Estados Unidos.

En esto de las expectativas es muy fácil reconocer el altísimo contraste entre la política exterior y de seguridad desarrollada desde 2017 y la propuesta de la administración que se instalará el próximo 20 de enero. Pero para colocarlas en perspectiva es tan o más importante reconocer también que en el equipo que vamos conociendo se manifiesta tanto la experiencia de los años de la presidencia de Barack Obama y vicepresidencia de Biden, que tentaría al nuevo gobierno a restaurar todo lo abandonado en los últimos cuatro años, pero también el ascenso de profesionales que cuentan con la experticia para renovar. Se tratará en definitiva de una combinación de restauración y renovación, comenzando por lo institucional que, con el anuncio de regreso de la diplomacia, coloca como prioridad la recuperación del propio Departamento de Estado y su adaptación para responder a un entorno mucho más desafiante. No parece faltar conciencia sobre la necesidad de este balance y de abandonar “viejas ideas y hábitos” como ha dicho el propio Biden al presentar a esta parte de su equipo. Tampoco en los designados, como lo ha expresado Anthony Blinken, desde sus faenas como asesor del candidato y presidente electo y ahora en su perspectiva como futuro secretario de Estado. El caso es que la urgencia e importancia de la reconducción de relaciones y el replanteo de asuntos fundamentales no solo se deben a las muchas y significativas acciones y omisiones del presidente saliente, que no obstante haber autorizado el inicio de las gestiones para la transición, parece haberse propuesto atar compromisos internacionales hasta el último día de su mandato. También habrán de verse las posiciones a asumir los republicanos en el Congreso, los espacios para el sostenimiento de los acuerdos bipartidistas e incluso el papel de la Corte Suprema tras la incorporación de la candidata promovida Donald Trump pocas semanas antes de las elecciones. No menos importantes son los cambios acumulados y recientes en la situación internacional en todas sus dimensiones, acelerados y profundizados en medio de la pandemia.

Pensemos, finalmente, en las expectativas en torno a Venezuela. Fueron expresadas de modo francamente constructivo en la carta abierta del presidente interino[EC1], Juan Guaidó, al presidente y vicepresidente electos y al pueblo estadounidense. También lo fueron, en términos instrumentales e inconsistentes con sus prácticas, en el mensaje del presidente de facto Nicolás Maduro. El primero agradeció el apoyo recibido del Ejecutivo y el respaldo bipartidista a la causa de la recuperación de la democracia, y manifestó confianza en su continuidad; el segundo insistió en su disposición al diálogo directo con el gobierno de Estados Unidos (seguida días después por medidas que reafirman la esencia autoritaria y posiciones de fuerza que no hay disposición de cambiar y desde la que se propone dialogar). Conviene comenzar por reconocer que en todo caso, racionalmente hablando, ganase quien ganase la elección, eran necesarios ajustes en la atención de Estados Unidos a la crisis venezolana en medio de su agudización -en todos sus ámbitos- y su prolongación en el tiempo. Los ajustes propuestos y hasta ahora conocidos -desde la perspectiva del fortalecimiento de la diplomacia y la concertación internacional entre democracias hasta los cambios en la atención a actores internacionales vinculados al régimen venezolano- no parecen intentos de restauración de las acciones y omisiones de la presidencia de Obama, sino iniciativas que alientan mayor asertividad, consistencia estadounidense y coordinación internacional, y que no queda más que considerar, apreciar y trabajar en Venezuela como oportunidad a aprovechar desde la reorientación de la organización y las estrategias de la causa democrática venezolana a la que el momento obliga.

 5 min