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Opinión

El 87% de los venezolanos decidió desde 2017, cuando votó ciudadana y masivamente hasta contar 7.676.894 en el plebiscito del 16J, que la revolución nacida de una conspiración militarista con un enjambre de hombres armados, reforzados por el cubanismo, mancillando la dignidad del venezolano no pudo ni podrá destruir la estructura social de la nacionalidad venezolana, ni meneos aniquilar la oposición democrática que está consciente que el Ambiente Político Real Electoral generado por el 6D es una farsa. Farsa violatoria de la Constitución y tramoya politiquera, construida con grupos de politiqueros compraos, de fracasados operadores, cobardes y parte de la más baja ralea política, que operan como comerciantes del voto en Venezuela durante los últimos 40años.

El 87% de ciudadanos demócratas han leído el tono totalitario de un régimen hoy ahogado y desesperado, que no puede hacer política por cuanto todos ellos son corruptos e ignorantes. En extremo, no les queda más que echar mano a la anti política. Anti política como expresión de un socialismo fracasado, de reformistas impacientes, analfabetos, con enorme estrechez histórica que lo que tienen a la mano es la fuerza bruta. La fuerza bruta representada y operacionalizada por un militarismo vergonzoso a tal extremo, que con su descaro se verifica en la pirámide ocupacional invertida más en su servilismo a una supuesta revolución, que lo que ha hecho es sembrar hambre, miseria y dolor en un país maravilloso que está dispuesto a recuperar la decencia cívica y la democracia.

El 87% de demócratas esta lejos a años luz de esta desgracia autodenominada revolución. En consecuencia, democráticamente ha actuado cuando le negaron el referéndum revocatorio. Sufrió cuando el régimen instrumentó la guerra civil del siglo XXI y, con mucha mayor fortaleza, hoy está dispuesto y listo para defender su derecho histórico, cívico y constitucional de desnudar la farsa del 6D. Para ello ya ha perfilado su conducta: crecer en un movimiento político de renacimiento, que comienza por ignorar el 6D. Ignorar el 6D para crecer como ciudadanía, dispuesto a abrazar la resistencia civil como derecho cívico, instrumento político consistente y -sobre todo- expresión ética de la ciudadanía, hoy subestimados por el marxismo-militarista y los compraos con un discurso de tribuna.

La ciudadanía como respuesta es la civilidad democrática postmoderna, esa que no puede comprender la barbarie de socialismo militarista ideologizado, que todavía y nunca se leyó a Marx pero lo usa. La ciudadanía venezolana en su 87% cree y práctica la democracia, esta asqueada de la revolución y está lista, dispuesta a construir la democracia. Simple, es la venezolanidad que con vergüenza y orgullo ha llegado a la política. A la política como ciencia y arte para recuperar la dignidad del sistema político venezolano… a ella llegan los venezolanos, accionando con ética utens y ética docens, pero además con un gran coraje civilista que ya está puesto en marcha como vía de redención a la decencia política.

La ciudadanía civilista está presta para retornar a la política, por ellos a liberado al partidismo y al partido y a de actuar como la masa democrática del países, vale decir, la que funde en los grandes valores del individuo u del grupo para convertirse en él hiato fuerza y ordenar lo que unos bárbaros corruptos han pretendido construir la nación política. Somos y seremos los ciudadanos demócratas creando un cambio con una cosmovisión política en la cual sepamos todos y sobretodo la instituciones que deben ser reconstruidas y ajustadas a la Constitución ya las leyes

La ciudadanía democrática creadora oteará una Nación Postmoderna, distante de los atavismos históricos, de las leyendas y la ignorancia junto a la violencia. La ciudadanía, creadora como ciudadanía del orden, cumplidora de las leyes e inspirada en la ciencia, en la tecnología y las artes… es la Venezuela que proyectaron grandes valores de la libertad, la decencia y el gentilicio que han querido -sin poder- subestimar los revolucionarios como demonios de la ignorancia y de la estupidez, denominando a esta regresión como revolución.

La ciudadanía, con sus instituciones y en ejecución de la política está dispuesta a reconceptualizar la vida política del país. Reconceptualizar la vida política del país para el buen desarrollo de todos. Es y será hacer una nación venezolana con una función creadora que nacerá amparada con la fe, distante del 6D que tiene sectores confundidos, como consecuencia de la perversión de la maldad líquida. Maldad líquida que deviene y aspira poner control sobre todo, apoyándose en la fuerza y en una guerra psicológica inhumana y perversa para crear separación, división y odios entre quienes somos una extraordinaria raza humana. Le tienen miedo a la oposición, por cuanto es oponerse al 6D, porque será el punto de partida para priorizar y crecer en acciones haciendo política y permitiendo además, que el venezolano común sea un ciudadano corajudo, sobrado de interés por reponer vía su participación política contendiente la Nueva democracia de Venezuela en el siglo XXI.

Es auténtico,

Director CSB CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 4 de agosto de 2020

 4 min


Sadio Garavini Di Turno

Fidel Castro el 22 de enero de 1959, en Caracas, anunció que en dos años iba a convocar elecciones en Cuba, pero el 1º de mayo de 1960 sentenció: «¿Elecciones para qué” y más nunca ha habido elecciones libres en Cuba. A partir de 1976, empezaron las farsas electorales con partido único y mayorías del 99%, como en la desintegrada Unión Soviética.

En Venezuela, antes de las elecciones parlamentarias del 2015, había un autoritarismo competitivo, el gobierno utilizaba todos los poderes del Estado para obtener y comprar votos e impedir, inhibir, anular y hasta secuestrar votos de la oposición, sin embargo al final se contaban más o menos correctamente los sufragios. Pero ya desde ese entonces, cuando la oposición ganaba cargos regionales relevantes el régimen les quitaba atribuciones y presupuesto y les nombraba “al lado” un “Protector”, una especie de “gauleiter” nazi. A partir de diciembre del 2015, al ganar la oposición democrática las dos terceras partes de la Asamblea Nacional (AN) el régimen desconoció totalmente la Constitución y ha asumido arbitrariamente todos los poderes, confiscando y usurpando todas las atribuciones y funciones de la AN. Con el reciente nombramiento de un árbitro electoral fantoche y el mismo secuestro de los partidos de oposición se ha profundizado la deriva totalitaria del régimen. A esto hay que agregarle los nexos cada vez más evidentes con la criminalidad organizada y el terrorismo. En este escenario y en medio de una pandemia en crecimiento exponencial, el régimen irresponsablemente ha convocado elecciones parlamentarias para el 6 de diciembre.

La comunidad democrática internacional, incluyendo a los EEUU, la UE, la OEA y el Grupo de Lima, han manifestado que las elecciones son ilegítimas y que no reconocerán sus resultados. Entre los que en la oposición todavía consideran conveniente participar en estas elecciones hay diferencias relevantes. Están los que simplemente se vendieron por un “puñado de dólares”. Hay colaboracionistas convencidos y derrotados psicológicamente que creen que ya no hay más nada que hacer, sino adaptarse y lograr que el régimen les conceda unos “carguitos” de diputados o concejales, para sobrevivir como políticos profesionales. Así sobrevivieron los dirigentes del Partido Campesino en la Alemania Comunista. Pero hay también venezolanos que en buena fe creen que si fuera a votar ese 80% del electorado que se opone al “madurismo”, el resultado sería tan abrumador que el régimen se desestabilizaría. Mi primera objeción es que aunque tuviesen razón, no es realista pensar que sea posible, con estas condiciones y con ese árbitro, lograr que la gran mayoría de la oposición vaya a votar.

Pero sobretodo es necesario entender que la oposición no puede perder el apoyo de la comunidad internacional, que ha escogido el camino de las sanciones financieras y judiciales para erosionar al régimen y buscar un quiebre interno. El régimen, de todas maneras, cada día más está perdiendo la capacidad misma de gobernar frente al desastre socioeconómico y a la pandemia, que “por ahora” le ha facilitado al régimen el control de las crecientes protestas populares. Pero su ineptitud para manejarla irá creando las condiciones para el fortalecimiento de la presión sociopolítica interna, por cierto la variable que falta para el quiebre del régimen. En efecto el apoyo de la comunidad internacional es absolutamente necesario, pero no suficiente. Antes de diciembre del 2015 fui siempre partidario de participar en las elecciones, ahora iré a votar cuando lo apoye la comunidad internacional y la mayoría democrática de la AN.

https://www.analitica.com/opinion/elecciones-para-que-2/

 2 min


Maxim Ross

Pareciera ingenuo, tonto e inoportuno discutir el tema que propongo en el título, pero creo que, como menos, podría provocar una reflexión en los dos mundos que están interesados en una solución perdurable de la situación venezolana. El de los partidos políticos y el de la sociedad civil; los primeros porque podrían perder una oportunidad importante de reorientar su plan de acción y la segunda porque es y seguirá siendo la más afectada si las cosas siguen como van. Pensemos, por un momento en que el actual régimen de gobierno se mantenga y se consolide para largo o definitivamente. Es un escenario que no podemos desechar y sobre el cual debemos reflexionar, aun cuando algunas voces esperen cambios y resultados prontos o en un plazo cercano.

Si nos colocamos, como hasta ahora, esperando una solución internacional, cualquiera que sea, solo una negociación entre partidos o una salida electoral, en mi humilde opinión estamos confundiendo la estrategia con la táctica, pues todas estas acciones recién nombradas son tácticas para, posiblemente, recuperar el poder, pero no resuelven un problema básico, cual es quitarle el apoyo popular a la “revolución”. Para ello, habría que atacar y resolver de manera sostenible la situación de pobreza en que vive la gran masa de la población, a la que se le ha arrebatado el ordenamiento democrático que garantice sus decisiones electorales y una prosperidad sostenible en el tiempo. A esa gran mayoría debería dirigirse la oposición con otro discurso que se salga del conflicto político.

Entonces, ¿Cuál puede ser una verdadera estrategia? Otra vez, en mi humilde opinión, lo que debería proceder es que la oposición se proponga recuperar el poder en su sentido más amplio, esto es recuperar de nuevo el apoyo popular. Ciertamente, cambiar el Parlamento, el Tribunal de Justicia y el Gobierno es necesario, pero no es suficiente, pues con ello no terminamos de enfrentar los temas de fondo que acosan la sociedad venezolana, principalmente los de los más vulnerables y de menores recursos.

Conquistar ese poder, creo, es el que no pareciera haberse planteado la oposición porque cree tener ganada y a su favor a la gran mayoría de la población y esta es la interrogante que planteo y que tendría que reflexionarse seria y rigurosamente. Si bien muchas encuestas registran una gran insatisfacción con el gobierno y eso se interpreta como un apoyo tácito y automático a la oposición, este no necesariamente termina de traducirse en un claro y definitivo respaldo para el cambio político. Las manifestaciones de apoyo se expresan en los momentos electorales y estos están contaminados por el fraude, el engaño y el peso de los recursos y la propaganda. Por ello, se obtienen resultados distintos y contradictorios.

Ahora bien, una estrategia en aquella dirección solo cobraría sentido si el discurso político de la oposición politica cambie de contenido, se coloque en esa perspectiva y cuando su liderazgo se replantee reconstruir el verdadero rol del partido político, esto es la conquista del apoyo popular. Algunos analistas y partidarios del mundo opositor han planteado con suficiente razón que nada pasará en Venezuela para lograr un cambio político, si al gran apoyo internacional obtenido no se le suma un componente significativo de “movilización interna”, pero este no se dará jamás si el liderazgo político no cambia su visión de la conquista del poder y la limita a la táctica de dominar la Asamblea o conquistar el Poder Ejecutivo.

Esa gran mayoría, reconozcamos, fue conquistada y convencida por un discurso que penetró en sus más profundas entrañas y todavía esa herencia sigue presente en el animo de la gente. Aun cuando la situación económica y social siga siendo terrible, el temor a un cambio que no termina de inspirarles confianza es un elemento decisivo y ella solo se conseguirá acercándose a sus graves problemas, a sus intereses y a sus valores., Cuando estos giren su mensaje en esa dirección abrirán las puertas de la movilización interna

Mientras tanto: ¿Qué puede hacer la sociedad civil, siendo que, frente a este cuadro, sabe que el país se le va de las manos, no solo por el creciente déficit democrático, sino porque al final termina “pagando los platos rotos” y porque ha dejado el país a la deriva? Soy de la opinión de que debe tomar iniciativas articuladas y provocar un encuentro que obligue a retomar el camino del país que todos queremos y que obligue a los partidos políticos a salirse de la ruta de un exclusivo conflicto político. La sociedad civil debería constituir y articular un mecanismo de defensa en esa dirección.

Solo si logramos la confluencia de los partidos políticos y la sociedad civil en una dirección de alto vuelo que ponga a Venezuela por encima de todo, que reconquiste la confianza de la gran mayoría por la opción de una sociedad abierta, sin paternalismo y con la mira puesta en prosperidad para todos, podremos superar esta transición “revolucionaria” que tanto daño ha hecho, que ha traído desgracia y división entre venezolanos. Creo posible que algunos o muchos de los que la apoyan verían con buenos ojos una iniciativa de este carácter.

Ahora, frente a la urgencia y la emergencia originada en la pandemia, se presenta una gran oportunidad para rehacer el camino e ir en conquista de esa gran mayoría que sigue pendiente de que alguien se les acerque, le genere confianza y les presente una solución creíble y sostenible para su futuro. Quizás, de esa manera, logremos captar una inmensa mayoría para ese objetivo táctico de propiciar una gran movilización interna en favor del cambio.

 4 min


No es fácil encontrar categorías teóricas que nos ayuden a comprender el proceso político venezolano: la demolición de uno de los países que por sus condiciones materiales podrían considerarse de los más afortunados y prometedores del planeta. Acosado por un modelo político destructor, es difícil entender cómo éste se sostiene, cómo logra fortalecerse mientras peor es su desempeño, cómo logra sobrevivir con el mundo en contra, con sanciones internacionales y una larga lista de etcétera.

Resulta, pues, que ya hay un desarrollo conceptual que nos permite explicar el fenómeno político venezolano de los últimos tiempos: la antifragilidad. La idea ha sido desarrollada por el escritor libanés-norteamericano Nassim Nicholas Taleb en su libro: Antifrágil: las cosas que se benefician del desorden Creo que la mejor manera de presentar este concepto es como lo hace su propio autor: «Algunas cosas se benefician de los sobresaltos, prosperan y crecen cuando se exponen a la volatilidad, la aleatoriedad, el desorden y los factores estresantes y aman la aventura, el riesgo y la incertidumbre.

Sin embargo, a pesar de la ubicuidad del fenómeno, no hay palabras para lo opuesto a lo frágil, llamémoslo antifrágil. La antifragilidad está más allá de la resiliencia o la solidez. El resiliente resiste los choques y permanece igual, lo antifrágil mejora». El régimen político venezolano es, quizá el más claro ejemplo de antifragilidad aplicada a la política.

Fenómenos, como la corrupción, el irrespeto al ordenamiento constitucional, el fraude electoral, la violación a los derechos humanos y la destrucción de la economía, entre otras situaciones que, en su conjunto o aisladamente, han acabado con los regímenes políticos que los promueven, en Venezuela terminan robusteciendo al poder.

Mucho se dijo –por ejemplo– que, sin dinero, un sistema político populista no podría sostenerse, pues parece que la ausencia de ingresos le hace más fuerte en otras formas de dominación. Cada desastre brinda a la oligarquía gobernante nuevas oportunidades de afianzar su poder.

Si la gente emigra huyendo, se beneficia de las remesas internacionales; si escasea la comida, el control político de la gente que depende de los alimentos repartidos por el gobierno es mayor; si convoca a elecciones y frente a ellas la oposición se abstiene, se beneficia porque le resulta menos complicado ganar, pero si participa, también se beneficia, porque logra legitimar la trampa.

Es que incluso, la crisis del combustible en un país petrolero, ha hecho que el aumento del precio de la gasolina –tan polémico en otros tiempos– se haya dolarizado, como decían los giros de crédito de antes: “sin aviso ni protesto”. Todo lo que para otros regímenes políticos es adversidad, para el de Venezuela es aprovechable, ventajoso, favorable: narcotráfico, guerrilla, terrorismo internacional, etc.

Los propios errores terminan convirtiéndose en una gran ventaja para el régimen venezolano: si falla la electricidad, se logra movilizar a la población contra el “Imperio que ha causado la falla” y entonces cada apagón termina favoreciendo la tesis de la conspiración y del complot internacional, que además sirve de excusa para detener a adversarios políticos que puedan representar incomodidad u obstáculo.

Quizá el más reciente ejemplo de la antifragilidad del régimen es la pandemia del covid-19, que en otras latitudes ha debilitado gobiernos, en Venezuela le vino al régimen como anillo al dedo para aumentar el control social, para convertir el retorno al país en un delito, para encarcelar a periodistas independientes dispuestos a informar, para ayudar a sobrellevar el colapso del combustible y para mantener a la gente recluida e impedida de protestar.

En definitiva, hay gobiernos que se tambalean cuando lo hacen mal, el régimen venezolano se fortalece con cada calamidad, sea ésta provocada por él o producto del azar.}Al enviar un paquete con contenido delicado, se le suele poner una etiqueta que dice: “frágil, manéjese con cuidado”. Venezuela es un paquete que lleva por fuera una etiqueta diferente: “antifrágil, manéjese a los coñazos”. Y ya sabemos quién se la ha colocado.

@laureanomar

 3 min


El rescate de la agricultura venezolana es una obra factible de realizar en relativamente corto tiempo, hablando por supuesto en tiempos agrícolas, distintos a los tiempos sociales y tiempos políticos, pero requiere de un gran esfuerzo sostenido desde varios ejes. En tal sentido se han elaborado algunas propuestas, y de ellas la más conocida es el Plan País Agroalimentario (PPA).

Conjuntamente con esta tarea surge la favorable oportunidad para propiciar los cambios culturales que conduzcan a la transición de un paradigma basado en el consumo y la ineficiente utilización de los recursos disponibles a uno que, por el contrario, asuma principios y pautas más amigables con el ambiente, cómo lo es la bioeconomía, teniendo especial consideración el equilibrio entre la producción de alimentos, la de energía y la de otros bioproductos, así como también el desarrollo de los territorios rurales, donde es sabido, golpean con más fuerza la pobreza y la inseguridad alimentaria.

Esta última tarea, que podríamos denominar “materia pendiente”, la venimos arrastrando algunos agrónomos desde nuestros tiempos en las aulas de la Facultad de Agronomía (UCV-Maracay), y no se puede negar que ha habido intentos. Unos con buena intención pero con escaso basamento tecnológico, otros sin soporte político, otros beneficiando solo a un componente del sistema alimenticio, de manera que el modelo agrícola venezolano ha sido una “colcha de retazos”, hasta estos últimos tiempos donde solo ha servido para llenar bolsillos de militares, empresarios, e incluso productores, llamados ahora “enchufados”. De un tiempo para acá, el sustento para la alimentación del venezolano han sido los petrodólares, ahora muy disminuidos.

Comienzo esta “materia pendiente” rindiendo tributo a dos de nuestros más ilustres profesores, los cuales, en mi opinión, aún no reciben el merecido reconocimiento: el Dr. Baltazar Trujillo y el Dr. Eduardo González Jiménez, quienes también fueron destacados militantes del entonces Partido Comunista de Venezuela (*)

Aclaro que no estoy desconociendo los valiosos aportes de otros como el Dr. Felipe Gómez Álvarez, el Dr. Víctor Jiménez Landinez o el Dr. J.J. Montilla, quienes en efecto no solo han sido reconocidos, sino alcanzaron posiciones destacadas en el direccionamiento de la política agrícola nacional.

Permítanme entonces, hacer un poco de memoria al respecto:

A finales de la década de los 70 (Caldera I), cuando iniciaba mis estudios en agronomía, la Venezuela agrícola comenzaba a dar poderosas señales de su maltrecha situación. Con la política de precios mínimos no era rentable la producción de ajonjolí, cuyos rendimientos habían descendido estrepitosamente debido al deterioro de los suelos, y la incidencia de insectos y malezas. Sucede entonces la primera marcha de tractores en la historia venezolana. Después de una semana de negociaciones, el gobierno se vio obligado a modificar los precios. Comienza el problema agrícola a ocupar espacio en las noticias y en la agenda política. En 1973 aparece el fenómeno del desabastecimiento de azúcar, caraotas y leche, producto tanto de la contracción interna como de la crisis mundial de la agricultura. La respuesta siguió siendo la importación de alimentos: a partir de 1974 (CAP I) las importaciones agrícolas se incrementan sostenidamente. Entre 1978 y 1983, la superficie cosechada se redujo en 20%, pasando de 1.872.000 a 1.508.000 ha. Era la misma agricultura que a comienzos de los años 60 había contribuido a que la agroindustria fuese la primera actividad industrial del país, con un aporte de casi del 50% al producto bruto industrial, después del petróleo.

En 1981, durante la instalación de las Primeras Jornadas Técnicas de Especialistas en Malezas (después Congreso de Malezas), cuando ya había pasado el impacto del milagro de los herbicidas, Baltazar Trujillo expresaba su inquietud, y la duda, sobre la “justeza de lo que se ha venido haciendo en materia de malezas y de agricultura, ya que no se corresponden las enormes inversiones del Estado y el esfuerzo de los verdaderos agricultores, con los resultados obtenidos hasta ahora por la investigación”. Seguidamente llamaba a responder las siguientes preguntas: “Si aceptamos que el problema de las malezas es esencialmente ecológico, y como tal interdependiente de la agricultura a emprender: ¿Cual ha de ser esa agricultura? ¿Es parcial o totalmente realizable?”

Trujillo fue pionero en el abordaje del manejo integral de las malezas en la producción agrícola y en la necesidad de una “nueva agricultura”.

No menos importante fue su dedicación a la creación de los Jardines Botánicos como elementos fundamentales para el conocimiento y conservación de la biodiversidad.

Como bien sabemos los agrónomos, pues somos protagonistas de esta película, la agricultura continuó dando bandazos sin que pudiera cumplir su propósito, con un creciente pasivo ambiental y un sostenido aumento de la pobreza rural. Desde mediados de los 70 hubo una caída en el consumo de alimentos, que condujo a que desde el inicio de los años 90, las disponibilidades de calorías se situaran por debajo de los requerimientos promedio. El deterioro nutricional de buena parte de la población era evidente.

Por su parte Eduardo González Jiménez fue destacado promotor de la “alimentación animal alternativa” para contribuir a la producción de proteínas animales autóctonas en vez de la importación masiva como una opción para resolver la inseguridad agroalimentaria. Pero también, tenía una visión sistémica para darle solución a la prolongada crisis agrícola: “Hay que establecer estrategias a largo plazo, políticas estables que permitan asentar sistemas alimenticios sostenibles, compatibles con el ecosistema tropical y que no degraden los sistemas ecológicos. Es necesario vincular la agricultura venezolana a la ecobase tropical, es decir, producir mediante cultivos de ciclo largo (palma africana, plátanos, yuca y raíces y tubérculos) y cereales tropicales como arroz y sorgo, más la utilización de la biodiversidad, tanto vegetal como animal”.

A pesar de las advertencias, y de las evidencias, con este modelo agrícola “a retazos”, entramos en el siglo XXI, y aunque muchos se nieguen a ver los resultados, comienza entonces un proceso de “recuperación” de la agricultura. La mejora del bienestar que se logró durante el primer gobierno del presidente Chávez se obtuvo mediante mayor intervención del estado en la economía y de la disposición de abundantes ingresos petroleros que hizo posible la expansión del consumo tanto público como privado. Pero no se puede negar que hubo crecimiento de la producción agrícola, por lo menos hasta el 2008. Nunca en la historia agrícola venezolana se ha sembrado y producido tanto maíz, arroz y caña de azúcar, por citar algunos rubros vegetales. En 2001, el consumo anual per cápita de carne era de 17,2 kilogramos por persona, mientras que en el 2010 la cifra se elevó a 19,5 kilogramos. La mayor producción de carne bovina ocurre en 2006, con 442.654 toneladas. De igual manera, la producción de huevos, pollos y cerdos, crecieron amparados con el acelerado incremento de las importaciones de maíz amarillo y soya.

Obviamente, el modelo no era económicamente, ni mucho menos ambientalmente sustentable, aunque si se redujo la inseguridad alimentaria y la pobreza de las áreas rurales. Sin embargo, hay quienes quisieran reeditarlo.

(*) Conviene aclarar que, ni Baltazar ni Eduardo, se marcharon de este plano apoyando la vergonzosa estafa del Socialismo del Siglo XXI. Eran demasiado inteligentes para ello.

Agosto 2020

 5 min


Jesús Elorza G.

El nombramiento de Antonio Álvarez Cisneros como director del hospital de campaña del Poliedro de Caracas agarro a mas de uno fuera de base. ¿Quien es ese tipo, se preguntaban los milicianos destacados para proteger el Poliedro de Caracas.

- Camaradas, no es ningún extraño. Es uno de los nuestros desde el inicio de la revolución. Conocido por todos como "El Potro Álvarez", pelotero y cantante revolucionario, les dijo el comisario político a los milicianos.

-Verga, una cosa es ser pelotero y otra muy distinta es ser "Director de un Hospital". No sabía que el camarada tenía título de doctor, dijo asombrado uno de los presentes.

-Me imagino, que se graduaría en los cursos express de la Universidad Bolivariana o se ganó ese título en los cursos de tres meses que dictan los cubanos para los "Médicos Integrales" dijo otro.

Por otro lado, el nombramiento del cantante fue recibido con indignación por parte de la comunidad médica de Venezuela, que se preguntó por qué una persona no relacionada con la sanidad fue elegida para manejar este sitio de atención para la pandemia.

Julio Castro, médico internista e infectólogo de la Policlínica Metropolitana, expresó públicamente que “El nombramiento del cantante como director del "hospital intermedio" frente a las sugerencias de las academias, es una expresión de lo que tenemos y, lo que es peor, de lo que vendrá si las cosas no cambian drásticamente”.

El asombro y la indignación se hicieron presente en todo el territorio nacional. Todo el mundo coincidía en que un director de un centro hospitalario debe tener una formación en el área de medicina o salud pública, en el area administrativa de recursos humanos y en este caso el pelotero cantante no reune ninguna de esas condiciones. Por el contrario, su gestión en distintas áreas del gobierno se ha caracterizado por su incapacidad, narcisismo y corrupción.

Recordemos que fue el Ministro para el Deporte desde el pasado 9 de enero de 2014 hasta el 28 de abril de 2015 y en ese lapso el Fondo Nacional del Deporte fue transferido al Tesoro Nacional por la falta de transparencia en el manejo de esos recursos económicos; en materia de construcción de instalaciones deportivas las obras fueron asignadas a dedo incumpliendo los procesos de licitación e igual ocurrió con todo lo relacionado con los gastos de transporte, alimentación y alojamiento. Los Juegos Bolivarianos de Playa sirvieron en su gestión como fuente de corrupción.

Como premio a tan destaca gestión en el área deportiva, fue designado como administrador del Poliedro, presidente de la eternizada "Junta Liquidadora" del INH, y a la vez se auto supervisa como "Superintendente Nacional de Actividades Hípicas (Sunahip). Este policamburismo totalitario le abrió las puertas para entrar de lleno al manejo de la jugada hípica.

Para todos los sectores involucrados en la actividad hípica; caballericeros, entrenadores, jinetes, empresarios, empleados y obreros con el Potro Álvarez comienza el proceso de muerte lenta de la actividad hípica nacional.

Cinco claves destacan en su desastrosa gestión:

  1. Inseguridad. Esta es una de las principales causas que han derivado en la crisis; hípicaen todos los recintos han sucedido hechos lamentables, como el asesinato y canibalización de caballos en Valencia o los casos de robos en La Rinconada, aunándose a esto, todos los problemas que sufren los refugiados que conviven en este recinto.
  2. Falta de pago de los premios. El incumplimiento de los pagos ha sido una de las constantes en los últimos días, los retrasos generan que los propietarios incumplan contratos con jinetes, caballerizos y entrenadores.
  3. Falta de mantenimiento. En todos los hipódromos del país ha faltado mantenimiento tanto de las pistas como con algunos de los equipos utilizados.
  4. Deterioro de la infraestructura. Los recintos hípicos en el país se han ido deteriorando, generando el cierre de los hipódromos de Valencia y Maracaibo (Santa Rita), quedando solamente “La Rinconada” en Caracas.
  5. No han realizado el proceso de liquidación. Desde el año 1999 cuando salió en la Gaceta Oficial N° 5.397, el Decreto 422, donde se suprime y ordena la liquidación del INH, ya han pasado 13 años y aún no ha realizado.

En el INH, durante la gestión del Potro Álvarez, solamente se ha instaurado la pillería mafiosa a través de mecanismos que van desde la asociación para delinquir, juegos ilícitos, malversación de fondos, peculado doloso, peculado de uso, piratería e irregularidades de toda naturaleza. Son estos méritos de gerencia los que han servido de justificación al régimen para designarlo como Director del Hospital de Campaña, muestra irrefutable que la asistencia sanitaria para los afectados por la pandemia, de ahora en adelante, irán al galope revolucionario sobreprecios y comisiones en todo lo concerniente a infraestructura, medicamentos, aparatos, equipos, servicios...... y el discurso permanecerá igual: bioterroristas, cuarentena radical, tenemos suficiente número de camas, cuarentena radical, compra de alimentos por número de cedula y todo es culpa del imperialismo.

 3 min


Tal día como hoy, en 1937, López Contreras creó la Escuela del Servicio de Seguridad, punto de partida de una Guardia Nacional muy diferente a la actual. En mi casa se hablaba con respeto de esa Guardia, ya que mi padre fue uno de los oficiales del ejército asignado en la etapa inicial en la sede de Villa Zoila. ¿Qué pensaría el coronel José Machado Briceño, uno de sus primeros directores, o Cecilio Marrero Suárez, capitán de la Guardia Civil española asignado como asesor, sobre la Guardia actual? Por cierto que cuando en 1954 nuestra familia pasó por Tenerife rumbo al exilio en España, el capitán Marrero y su esposa le regalaron a mi mamá una Virgen de la Candelaria.

La Guardia Nacional ha sido tradicionalmente un importante apoyo al gobierno de turno. La excepción fue en 1962 en el Carupanazo, donde el Destacamento 77 se sumó a la insurrección en la que estuvo involucrada la extrema izquierda. Ese apoyo a los gobiernos es lógico, ya que una de sus funciones es el mantenimiento del orden público, cuando la policía es desbordada. También, por resguardar fronteras y alcabalas, sus integrantes están expuestos a ser comprados por contrabandistas, por lo cual en el pasado hubo efectivos enjuiciados por corrupción.

En un país civilizado los organismos de seguridad tienen que utilizar medidas disuasivas en contra de manifestaciones no autorizadas. Sin embargo, durante el régimen de Chávez- Maduro, efectivos de la Guardia Nacional se exceden con frecuencia, disparando balas de plomo, perdigones, bombas lacrimógenas y repartiendo peinillazos. Estas agresiones son por lo general ante manifestaciones políticas pacíficas. Procuran ocasionar daño, lanzando las lacrimógenas delante, detrás y en medio de los manifestantes. En otros casos delinquen por omisión, permitiendo que grupos de paramilitares rojos disparen a los ciudadanos.

Los atropellos se iniciaron el 11 de abril del 2002, fecha en que guardias asesinaron a tres ciudadanos. El 17 de enero del 2003, el general eructo Acosta Carlés ordenó agredir a un grupo de damas en Valencia. El 25 de setiembre del 2003, los chacales del Destacamento 44 agredieron en horas de la madrugada a ancianos, mujeres, niños y trabajadores petroleros en el campamento residencial de Los Semerucos, en Falcón.

El 27 de febrero y días sucesivos del 2004, la Guardia arremetió contra los ciudadanos en Caracas, con saldo de numerosos muertos. El 1 de marzo del 2004, un pelotón de la Guardia permitió el acceso y escape de paramilitares motorizados que asesinaron en San Antonio de los Altos a José Manuel Vilas, de Gente del Petróleo y Unapetrol. El 4 de marzo de ese mismo año un subteniente asesinó a Evangelina Carrizo en Machiques. El 16 de agosto permitieron el asesinato de Maritza Ron.

Entre el 12 de febrero y el 29 de mayo del 2014 fallecieron en diferentes hechos, los más por armas de fuego, 42 ciudadanos. No todos pueden achacarse a la Guardia Nacional e incluso fueron asesinados seis efectivos de ese cuerpo. Los hechos fueron confusos, ya que participaron policías, paramilitares rojos y también algunos opositores. Está claro que guardias nacionales asesinaron a Geraldine Moreno y a José Alejandro Márquez. Entre el 1 de abril y el 31 de julio 2017, fueron asesinados y heridos cientos de venezolanos Hasta el presente están señalados guardias nacionales en los asesinatos de Gruseny Calderón, Mervin Guitar Díaz, Juan Pablo Peñaloza, Eyker Rojas, Yeison Mora, Diego Arellano, Manuel Castellanos, Yormán Bervecía, Manuel Sosa, Fabián Urbina, Roberto Durán, y Rubén Morillo. La joven Marvinia Jiménez fue golpeada en el suelo con el casco por una gorila de la Guardia. El pasado día 25, el capitán Carlos Borregales Castellanos fue imputado, junto con cuatro guardias, por el asesinato de Carlos Chaparro, en Anzoátegui.

Además, frecuentemente aparecen en la prensa casos de oficiales y guardias acusados de contrabando, tráfico de drogas, asaltos y matraca.

Hoy día nuestra Fuerza Armada está desprestigiada por permitir las violaciones a la Constitución, abusos en el Arco Minero y permisividad con la guerrilla del ELN. El componente Guardia Nacional está incurso en numerosos casos de violaciones a los derechos humanos. Necesariamente tendrá que haber una purga y castigo para los responsables. En el caso de la Guardia, su Comandante General, Fabio Zavarce, es señalado de reprimir con violencia y encubrir a los delincuentes.

Por otro lado es justo reconocer que numerosos oficiales de la Guardia están presos, exiliados o dados de baja al no prestarse a las violaciones de los derechos humanos. Confiamos en que este otrora prestigioso cuerpo pueda ser saneado para que los ciudadanos confiemos en el mismo. Los pioneros se deben revolcar en sus sepulcros.

Como (había) en botica:

María Corina y Ledezma no se sumaron al documento de la unidad opositora. ¿No fueron invitados o siguen con la idea de montar tienda aparte? Mala señal.

Nuestros políticos deben establecer una relación estrecha con integrantes retirados de la Fuerza Armada. El Frente Institucional Militar es una buena vía.

El conversatorio con el diputado Juan Pablo Guanipa, fue una buena iniciativa del coronel Antonio Guevara.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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