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Opinión

Joseph E. Stiglitz

Aunque ya parece historia antigua, no pasó tanto tiempo desde que las economías de todo el mundo comenzaron a cerrarse en respuesta a la pandemia de COVID‑19. Al principio de la crisis, casi todos anticipaban una recuperación rápida en forma de V; esto se basaba en suponer que una breve interrupción de la economía sería suficiente, y que, tras dos meses de amorosos cuidados y montones de dinero, retomaría donde había dejado.

Era una idea atractiva. Pero ya estamos en julio, y la recuperación en forma de V es probablemente una fantasía. La economía pospandemia será casi con certeza anémica, no sólo en los países que no consiguieron controlar el virus (en concreto, Estados Unidos), sino también en los que se las apañaron bien. El Fondo Monetario Internacional prevé que a fines de 2021, la economía mundial apenas habrá crecido respecto de fines de 2019, y que las economías de Estados Unidos y Europa se habrán achicado alrededor del 4%.

El panorama económico actual puede analizarse en dos niveles. La macroeconomía nos dice que el gasto se reducirá, por el deterioro de los balances de empresas y hogares, una oleada de quiebras que destruirá capital organizacional e informacional, y una fuerte conducta precautoria inducida por la incertidumbre respecto del desarrollo de la pandemia y las respuestas oficiales. Al mismo tiempo, la microeconomía nos dice que el virus actúa como un impuesto a aquellas actividades que implican contacto humano cercano; como tal, seguirá impulsando grandes cambios en las pautas de consumo y producción, que a su vez provocarán una transformación estructural más amplia.

Por la teoría económica y por la historia, sabemos que los mercados por sí solos no pueden manejar bien una transición de esta naturaleza, sobre todo con lo repentina que fue. No hay un modo fácil de convertir empleados de aerolíneas en técnicos de Zoom. E incluso si se pudiera, los sectores que ahora están creciendo se basan menos en la mano de obra y más en el conocimiento especializado que aquellos a los que reemplazan.

También sabemos que las grandes transformaciones estructurales suelen crear un problema tradicional keynesiano, por aquello que los economistas llaman «efecto ingresos» y «efecto sustitución». Aunque los sectores no dependientes del contacto humano estén creciendo al mejorar su atractivo relativo, el incremento de gasto asociado no compensará la disminución del gasto derivada de la pérdida de ingresos en los sectores que se contraen.

Además, en el caso de la pandemia habrá un tercer efecto: el aumento de la desigualdad. Como las máquinas no pueden contagiarse el virus, crecerá su atractivo relativo para los empleadores, en particular en los sectores en contracción que usan mano de obra relativamente menos cualificada. Y como las personas de bajos ingresos gastan en bienes básicos una proporción mayor de lo que ganan que las más pudientes, cualquier aumento que la automatización induzca en la desigualdad será contractivo.

A todos estos problemas se suman otros dos motivos para el pesimismo. En primer lugar, la política monetaria puede ayudar a algunas empresas a enfrentar restricciones de liquidez temporales (como sucedió durante la Gran Recesión de 2008‑09), pero no puede corregir problemas de solvencia ni estimular la economía cuando los tipos de interés ya están cerca de cero.

Además, en Estados Unidos y algunos otros países, el necesario estímulo fiscal chocará con las objeciones de los «conservadores» al aumento del déficit y del endeudamiento. Claro que es la misma gente que estuvo muy dispuesta a reducir impuestos para ultra millonarios y corporaciones en 2017, rescatar a Wall Street en 2008 y echar una mano a megaempresas este año. Pero extender el seguro de desempleo, la atención médica y ayuda adicional a los más vulnerables es otra cosa.

Las prioridades inmediatas están claras desde el principio de la crisis. La más evidente es la necesidad de encarar la emergencia sanitaria (por ejemplo, garantizar un suministro adecuado de equipos de protección personal y capacidad hospitalaria), porque no puede haber recuperación económica hasta que se haya contenido el virus. Al mismo tiempo, para asegurar la rapidez de la recuperación llegado el momento, es esencial implementar políticas que protejan a los más necesitados, provean liquidez para evitar quiebras innecesarias y mantengan los vínculos entre trabajadores y empresas.

Pero incluso acordadas estas necesidades obvias, hay decisiones difíciles que tomar. No debemos rescatar empresas (por ejemplo, tiendas minoristas tradicionales) que ya venían mal antes de la crisis, ya que eso sólo serviría para crear «zombis» y limitar en última instancia el dinamismo y el crecimiento. Tampoco empresas que ya estaban demasiado endeudadas para soportar cualquier shock. Puede decirse casi con certeza que la decisión de la Reserva Federal de los Estados Unidos de dar apoyo al mercado de bonos basura con su programa de compra de activos es un error. De hecho, estamos ante un caso donde la preocupación por el riesgo moral es realmente relevante: los gobiernos no deberían proteger a empresas de su propia temeridad.

Como parece improbable que la COVID‑19 desaparezca en el corto plazo, hay tiempo suficiente para adecuar el gasto a nuestras prioridades. La pandemia encontró a la sociedad estadounidense atravesada por desigualdades raciales y económicas, deterioro de los niveles de salud y una dependencia destructiva de los combustibles fósiles. Ahora que se lanzan programas de gasto público a gran escala, la ciudadanía tiene derecho a exigir que las empresas que reciban ayudas contribuyan a la justicia social y racial, la mejora de la salud y la transición hacia una economía más ecológica y más basada en el conocimiento. Estos valores deben verse reflejados no sólo en el modo en que asignemos el dinero del erario, sino también en las condiciones que impongamos a los receptores.

Como varios colegas y yo señalamos en un estudio reciente, el gasto público bien dirigido, en particular la inversión en la transición a una economía verde, puede ser oportuno, muy demandante de mano de obra (lo que ayudará a resolver el problema del desempleo en alza) y sumamente estimulante; es decir, su relación costo‑beneficio es mucho mejor que, por ejemplo, la de una rebaja impositiva. No hay ninguna razón económica que impida a los países (incluido Estados Unidos) adoptar grandes programas de recuperación sostenidos que refuercen (o ayuden a hacer realidad) el tipo de sociedad que dicen ser.

1 de julio 2020

Traducción: Esteban Flamini

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/covid-2020-recession-how-to...

 5 min


Edgar Benarroch

Después de la resurrección de Jesús, Pedro y Juan se dedicaron a recorrer Jerusalén transmitiendo la buena nueva, hablando de las enseñanzas y sanaciones (milagros) de El Enviado. En estas intervenciones públicas generalmente estaban acompañados por personas sanadas con la palabra o imposición de manos del Hijo del Padre. Esta actividad de Pedro y de Juan produjo descontento y malestar en los integrantes del Sanedrín y procedieron a llamarlos y exigirles que dejaran la prédica y que no hablaran más de la palabra de Jesus y menos de sus milagros. Pedro y Juan no eran de amplia cultura, más bien de muy corta, pero se expresaban muy bien y con gran fluidez y claridad y quienes los escuchaban quedaban cautivados, se dice que el Espíritu Santo hablaba a través de ellos. Cuando ambos escucharon la reprimenda de los del Sanedrín, respondieron: ¿A quienes debemos obedecer y acatar, a ustedes que lo torturaron y asesinaron y ahora nos ordenan que no hablemos, o a Dios Padre que nos pide llevar y proclamar su palabra?

La pregunta como respuesta que Pedro y Juan le formularon al Sanedrín debemos parafrasearla nosotros y preguntarnos ¿A quién obedecemos y acatamos, al sector partidista que pertenecemos, al conciliábulo donde nos desenvolvemos o al llamado de la Patria? La Patria nos pide a gritos agónicos que nos unamos, que diseñemos en conjunto la estrategia adecuada y que todos le presentemos al país el mismo programa , primero para salir de lo que tenemos y luego para reconstruir la nación.

No está en sintonía con el país hacer valer nuestros personales o sectoriales intereses por encima de los de la Patria. Los intereses de la nación siempre son primeros que cualquier otro interés por muy importante que éste sea. Ello lo decimos a diario, lo escribimos y lo gritamos en discursos e intervenciones, pero en la práctica nos encontramos con la triste realidad: Inmensa falta de autenticidad.

No se puede hablar que privan los intereses del país cuando nos encontramos divididos y fracturados, cada quien por su lado haciendo lo que le conviene y lo que es peor hablando uno mal del otro. Cada quien levanta su propia bandera y dejamos sola la tricolor que es la todos. Sino somos capaces de unirnos los que queremos cambio, tampoco somos merecedores de dirigir el país. El pueblo nos ve y observa diariamente y nos percibe mezquinos y sin la altura necesaria para atender con éxito esta hora, ello genera más desesperación, menos confianza y mayor preocupación. El país está urgido de esperanza cierta y somos nosotros los que debemos transmitírsela no solo con discursos sino con hechos. Por nuestras obras seremos juzgados. Dios quiera que el veredicto de la historia sea de reconocimiento por haber dicho y hecho lo que la Patria demandó y estar a la altura del momento que nos correspondió vivir.

Pedro y Juan, en conocimiento que lo que les esperaba era lo peor, siguieron predicando la palabra y comportándose con valentía y coraje al servicio de los demás. Ofrendaron sus vidas para sembrar fe y la esperanza. Pedro murió crucificado y Juan falleció en una prisión después de haberlo sumergido en una inmensa paila rebosante de aceite hirviendo. Nos corresponde parecernos a Pedro y a Juan y no dudar a quien servir, obedecer, acatar y por quién luchar.

 2 min


Carlos Martínez de Ibarreta

Después de semanas de confinamiento por la COVID-19 hemos ido avanzando hacia la “nueva normalidad”. Poco a poco se han ido eliminando algunas restricciones en nuestros movimientos y comportamientos. Sin embargo, no todos queremos ir al mismo ritmo. Todos conocemos a alguien que hubiese deseado tener plena libertad de movimientos y ninguna restricción desde el primer momento. Sin embargo, otros preferimos ir más despacio.

¿Por qué algunas personas valoran más el poder disfrutar ya de estas pequeñas libertades en vez de esperar más tiempo y minimizar los riesgos de rebrotes, lo que produciría mayores beneficios para la comunidad?

El descuento hiperbólico: Valorar el presente de forma exagerada

Esta tendencia a preferir pequeñas recompensas inmediatas a una recompensa mayor pero más tardía es un sesgo cognitivo. Los sesgos hacen que nuestras decisiones no sean tan racionales como quisiéramos. Y todos los humanos lo tenemos, en mayor o menor medida.

Ya en la Biblia (Genesis 25: 27-34) se nos cuenta cómo Esaú cedió su primogenitura a su hermano Jacob por un plato de lentejas.

Los científicos como Daniel Kahneman o Richard Thaler (ambos Premios Nobel de Economía y representantes del Behavioural Economics) llaman a este fenómeno Descuento Hiperbólico.

‘Descontar’ en el tiempo se refiere a qué valor aplicamos a un evento del futuro para ‘traerlo’ o analizarlo en el presente.

Existen muchas evidencias de que los humanos descontamos el futuro de forma hiperbólica. Es decir, otorgamos un peso más elevado a una ganancia o pérdida en el futuro cercano que a la misma en un futuro más lejano. Valoramos el presente de forma exagerada. La mayoría de personas preferirían recibir 100 euros hoy a 110 mañana. Sin embargo, muy pocas preferirían 100 euros dentro 30 días en vez de 110 dentro de 31 días.

¿Por qué tenemos descuento hiperbólico?

La Neuroeconomía sugiere que el descuento hiperbólico es consecuencia de la propia arquitectura de nuestro cerebro. Las técnicas de neuroimagen muestran que, ante decisiones en distintos ámbitos temporales, las áreas cerebrales que se activan son diferentes.

Cuando la decisión o recompensa es inmediata, el área activada es la relacionada con el sistema límbico. Este sistema es el que capta y genera las respuestas emocionales e instintivas. Es de las partes más antiguas de nuestro cerebro. Sin embargo, cuando la decisión o recompensa involucra una planificación a largo plazo, son los lóbulos frontales los que se movilizan, llevando a cabo un proceso de decisión más racional. Esta parte del cerebro tiene un desarrollo mucho más reciente que el sistema límbico.

Se piensa que el descuento hiperbólico puede tener un origen evolutivo. Nuestros antepasados no tenían que pensar en un futuro lejano, puesto que las amenazas eran muchas y la esperanza de vida, baja. Si se cruzaban con un antílope, lo cazaban y se lo comían inmediatamente. No le dejaban ir, esperando poder cazar uno mucho más grande que pudiera aparecer más tarde.

El descuento hiperbólico está presente en muchas situaciones

Existen multitud de comportamientos cotidianos en los que se manifiesta el descuento hiperbólico. Esto sucede por ejemplo cuando nos dejamos seducir por mensajes del tipo “compra hoy y paga dentro de seis meses” y nos endeudamos excesivamente con nuestra tarjeta de crédito. También cuando preferimos darnos hoy un capricho caro que nos apetece, pero no ahorramos lo suficiente para nuestra jubilación.

En el campo de la salud, situaciones como la obesidad, la falta de actividad física, así como las adicciones son en parte consecuencia de preferir irracionalmente gratificaciones del “ahora” en perjuicio de nuestra salud futura.

La procrastinación, que consiste en “dejar para más adelante” aquello que nos cuesta, es otra clara manifestación de este fenómeno. “Desde mañana me pongo a dieta”, pero ese “mañana” se pospone indefinidamente.

Descuento hiperbólico durante la COVID-19: Lo que dicen los datos

Realizamos un estudio empírico junto con Marina Ayuso Castillo, recién graduada por la Universidad Pontificia de Comillas.

Más de 650 personas han contestado un cuestionario a principios de junio de 2020. Algunas preguntas pedían elegir si se prefería poder realizar un comportamiento de forma libre desde “ya” o se prefería esperar aún un tiempo razonable. Las preguntas eran del estilo: “¿Prefiere poder prescindir del uso de mascarilla desde hoy mismo o esperar algunas semanas más?”

Para la mitad de las personas, seleccionadas aleatoriamente, las preguntas hacían referencia expresa a los mayores riesgos de contagio si se elegía poder tener libertad desde hoy mismo.

El cuestionario incluía además un test para medir el grado de descuento monetario (MCQ), un test de personalidad (Big Five) y preguntas acerca de si se había estado enfermo de COVID-19 o se tenían familiares o amigos cercanos que hubieran sufrido la enfermedad.

Los análisis efectuados permiten extraer las siguientes conclusiones:

Las mujeres tienen mayor propensión a esperar tiempo para poder recuperar libertad de acción. Por lo tanto tienen menores tasas de descuento en el tiempo.

La edad no influye en que se tenga una mayor propensión a esperar.

Sorprende que el haber sufrido la enfermedad en carne propia o en familiares o amigos cercanos tampoco provoca mayor propensión a esperar. La única excepción se refiere al uso de mascarillas. Es posible que el descuento intertemporal también actúe disminuyendo el valor negativo del sufrimiento y dolor ya pasados.

Los rasgos de personalidad influyen. Las personas más extrovertidas y afables desean poder tener libertad ya mismo. Sin embargo aquellas con mayor grado de neuroticismo tienen mayor tendencia a esperar.

El tener mayor o menor preferencia por el ahora es un rasgo general de la persona y afecta a diferentes ámbitos de comportamiento. Las personas que valoran más el presente en cuestiones de dinero, también son las que prefieren ir más rápido en la desescalada.

También las personas que tienen hábitos que dañan su salud en el largo plazo (como fumar) tienen menos propensión a esperar.

Por el contrario, aquellas personas con mayor comportamiento medioambiental tienen mayor propensión a esperar. Estas personas son capaces de realizar algunos comportamientos en el ahora que suponen algún esfuerzo (como apagar las luces o ahorrar agua) en aras de un beneficio futuro mayor para la comunidad.

Aparece menor preferencia por el “ahora” cuando se mencionan explícitamente los riesgos de no esperar. Las personas que prefirieron la opción de dejar de usar mascarillas “ya” a seguir usándolas pasaron del 34% al 7% cuando la pregunta hacía mención explícita de los riesgos.

Somos humanos y no siempre somos racionales. El descuento hiperbólico en mayor o menor grado nos viene “de fábrica”. Si las autoridades desean que las medidas de seguridad y prevención sean efectivas y no se relajen demasiado pronto, nuestra recomendación es señalar explícitamente los riesgos en los mensajes. Esto pondrá las cosas más difíciles para que nuestro descuento nos haga preferir descuidarnos ahora, al incrementar el valor negativo de los riesgos futuros.

6 de julio 2020

Profesor del Departamento de Métodos Cuantitativos de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad Pontificia Comillas

The Conversation

https://theconversation.com/por-que-desescalamos-a-distintas-velocidades...

 5 min


Antonio Di Giampaolo

#QUEDATEENCASA (98)

La campaña mundial #QuedateEnCasa que surgió casi desde el inicio de la Covid-19 era vista como algo extraño y distante por muchos hasta que la cuarentena se fue imponiendo en cada país a medida que la enfermedad avanzó y terminó convirtiéndose en pandemia. La recomendación, entonces, lucía sencilla: permanece en tu hogar junto a los tuyos, durante unos días, con la finalidad de evitar la exposición al nuevo coronavirus.

La historia la conocemos todos. Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses, pero en los medios de comunicación y en las populares redes sociales la campaña ha permanecido inmutable. La emergencia sanitaria global ha afectado la cotidianidad de la gente. Las actividades escolares fueron suspendidas y el impacto en el desempeño comercial e industrial ha sido demoledor.

La adopción de la cuarentena, como estrategia epidemiológica, tiene por finalidad incidir en la cadena de contagio del agente patógeno. Al reducir la posibilidad de replicación de la COVID-19 los índices de morbilidad y mortalidad expresada en el número enfermos y de personas fallecidas tienden a desacelerarse con lo cual se minimiza le posibilidad de colapso de los sistemas de salud que no están diseñados para la atención simultanea de una parte amplia y considerable de su población.

La prolongada cuarentena en Venezuela resulta particularmente difícil de cumplir debido a que la inmensa mayoría de la gente depende del trabajo diario para garantizar el sustento. El esfuerzo que implica la lucha diaria por la subsistencia supone una batalla que se libra en cada jornada. Adicionalmente es materialmente imposible para quienes padecen las penurias de la deficiencia de servicios públicos vitales como agua, luz y electricidad acogerse a la campaña #QuedateEnCasa.

El esfuerzo que implica la lucha diaria por la subsistencia supone una batalla que se libra en cada jornada. No en balde alguien sugirió, apropósito de la pandemia que, si bien “todos enfrentamos la misma tempestad, no necesariamente navegamos en la misma barca”. Las calamidades que enfrenta la gran mayoría de nuestra sociedad tienen como consecuencia que la previsión de planes y políticas públicas no tengan el impacto general anhelado.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CronicasDeCuarentena (98)

LA CUARENTENA EXTREMA (97)

Con el pasar del tiempo el adjetivo calificativo de la cuarentena endógena ha ido cambiando paulatinamente. Inicialmente se hablaba de voluntaria, social, colectiva para después mutar a flexible, más recientemente a radical, y ahora a catalogada de extrema. Se trata de un proceso que ha sumado más de un centenar de días y que se enrumba hacia los cuatro meses de duración. El fin último de toda cuarentena es que resulte eficiente para cortar la cadena de contagio del agente patógeno y evitar el colapso del sistema de salud ante la demanda inusitada de atención sanitaria. La población da muestras de agotamiento, buena parte de la actividad empresarial y comercial está paralizada y la gente termina por evadir los confinamientos ante la necesidad de paliar la crisis y asegurar el sustento.

Es indispensable a la luz de la realidad revaluar los esfuerzos, los planes y las políticas en la lucha contra la pandemia. Tal como lo pronosticó la Academia de Ciencias Matemáticas los casos de la COVID-19 se han incrementado considerablemente y en la última semana se registró un aumento en el orden del 50% por ciento. Si bien los índices oficiales no son tan elevados como en otras naciones, no deja de ser angustiante cada caso registrado, porque detrás cada dato, más allá de los números, está la vida humana y la tragedia social de cada historia revelada. Se requiere intensificar la campaña de concientización a la colectividad en relación al uso de la mascarilla y la adopción de las medidas de higiene y prevención. También es necesario reorientar los programas sociales, en particular, en las zonas y localidades en los que hay focos de contagio para contribuir a mitigar las penurias y dificultades de la gente sometida a restricciones severas.

Es vital la dotación de los equipos y el material de requerido por el personal de los servicios de salud pues los casos detectados de enfermos y fallecidos en el sector evidencia, por encima de la retórica y la promesa, que se encuentran desprotegidos de implementos de bioseguridad para cumplir adecuadamente con su labor. La ubicación de puestos de control y alcabalas móviles debe ser rediseñada para que cumplan la función de verdaderos cercos sanitarios que atiendan a un patrón epidemiológico en áreas críticas y focos de contagio y no de alcabalas discrecionales implementadas por efectivos militares y funcionarios policiales.

Hay una inmensa tarea por hacer en materia de la emergencia sanitaria. Hay que analizar los tratamientos a la luz de las más recientes recomendaciones de la OMS sobre la conveniencia y utilidad de ciertos medicamentos. Es indispensable aplicar mecanismos de verificación sobre la data del “Sistema Patria” para que la información en materia de salud resulte efectivamente confiable. Es urgente descentralizar y ampliar las pruebas de PCR con la finalidad de reducir el lapso de espera de la confirmación de casos para brindar la atención requerida de manera oportuna a los potenciales pacientes. Hablar de una “cuarentena extrema” supone que los esfuerzos han sido insuficientes y que el resultado lamentablemente no ha sido satisfactorio. Las consecuencias de lo que se haga ahora, y los efectos de todo cuanto se deje de realizar los veremos en unos pocos días.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CronicasDeCuarentena (97)

LAS MUTACIONES DEL CORONAVIRUS (96)

La revista científica CELL publicó un trabajo que ofrece evidencias sobre una mutación del nuevo coronavirus que muestra que el agente patógeno causante de la COVID-19 se estaría volviendo más agresivo, pero eventualmente podría ser menos letal. La editora difunde trabajos científicos bajo la modalidad de revisión y evaluación por pares, y especialistas, con la finalidad de contrastar la investigación lo cual le otorga un manto de rigurosidad científica a la información divulgada.

El trabajo desarrollado por investigadores de El Laboratorio Nacional de Los Alamos, dependiente de la Universidad de California, en Nuevo México, Estados Unidos revela que fue detectada una variante del SARS-Cov-2, identificada como G614 que, si bien es más infeccioso, no necesariamente resulta más mortal. El trabajo in vitro analizó el genoma original detectado en Wuhan, en Asia, para determinar las modificaciones en su patrón de comportamiento en Italia, Europa, y Estados Unidos, en América. Se trata de una investigación correspondiente al primer trimestre del año, es decir los primeros meses del curso de la pandemia.

Los virus usualmente mutan durante su proceso de replicación y ello tiene consecuencias en los índices de morbilidad y mortalidad que son variables estudiadas por los epidemiólogos. Recientemente en Panamá el Instituto Gorgas detectó una mutación del nuevo coronavirus identificada como A2-PAN. Los estudios de trazabilidad de los virus permiten determinar sus modificaciones y la manera como afectan el organismo de las personas. Las investigaciones en materia genética han permitido concluir que las personas con el tipo de sangre “O” tienen una probabilidad menor de contagiarse de Covid-19 que aquellas correspondiente al tipo de sangre “A”.

Hay quienes albergan la esperanza que el resultado de las variaciones de las cepas siga el curso natural. En Venezuela las autoridades sanitarias señalaron, aunque sin confirmación científica, que el foco de contagio en Maracaibo parecía deberse a una mutación con las características de una cepa más infecciosa. La llamada “Gripe Española” que azotó a la humanidad en varias oleadas en las postrimerías de Primera Guerra Mundial se extinguió por sí sola, luego de un saldo terrible de fallecidos, mientras se intentaban interrumpir las cadenas de contagio y de manera vertiginosa la gente se infectaba, desarrollando finalmente la inmunidad. Todavía ningún estudio científico permite asegurar que el nuevo coronavirus, que pasó de una progresión aritmética, a una tasa de reproducción geométrica, termine siendo más contagioso, pero menos mortífero.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CronicasDeCuarentena (96)

 6 min


Los ciudadanos que padecen mil penurias están conscientes de que la causa de las mismas es la pésima gestión de Maduro y sus palafreneros. Sin embargo, no les importa de quién es la culpa de que todavía permanezcan en el poder. Lo que quieren es que cada uno de nosotros haga lo que esté a su alcance para sacarlos, con la esperanza de que se solucionen los múltiples problemas que los aquejan. Para conectarse con la dirigencia política opositora esa mayoría tiene que percibir sinceridad en la intención de solucionar los problemas y que seleccionen la mejor opción para salir del régimen. Eso es tarea de todos. He aquí algunas sugerencias nada originales.

1- La Fuerza Armada es una organización piramidal y el tema militar es complejo. No deben ser árbitros, pero ante el secuestro de las instituciones llamadas a controlar al Ejecutivo, el Alto Mando está obligado a proceder, si se viola la Constitución. No hay que descalificar a los militares en general, sino acusar al Alto Mando y especialmente a Padrino. Sus declaraciones de este 5 de julio son vergonzosas.

2- Aunque toda la dirigencia opositora tiene claro que es necesario salir del régimen, son evidentes las discrepancias sobre el cómo. Si esas diferencias se dirimieran internamente, quizá el problema no fuese tal, pero no suman cuando salen a la luz pública. Las mismas no solo alimentan las cizañas de los rojos, sino también a las redes sociales, bien o mal intencionadas, que hacen ruido y siembran desconfianza ¿Será mucho pedirles a los dirigentes, una dosis de prudencia y de entendimiento, así como evitar declaraciones que desorientan?

3- El tema de las elecciones parlamentarias es ineludible, ya que el usurpador cuadró fecha y condiciones con su parapeto electoral y con nanopartidos a los que solo les interesa hacer negocios. Ante los atropellos a la Constitución, a los partidos y a sus dirigentes, carecen de peso los argumentos de :”no dejar espacios vacíos” o de que “ganamos de calle porque somos mayoría”.

En estos tiempos hemos votado varias veces y la dictadura se ha burlado de los resultados.

Algunos intentan engañar a la gente afirmando que gracias a que votamos en el 2015 y ganamos las parlamentarias, 58 países, la OEA, el Parlamento Europeo y el BID reconocieron a Guaidó como presidente(e).

La verdad es que ese reconocimiento se debe a que el mundo democrático no reconoció las ilegítimas elecciones para Asamblea Constituyente en el 2017 y presidenciales 2018, en las cuales nos abstuvimos. Sin esa abstención, probablemente solo los venezolanos hubiésemos reconocido a Guaidó.

Ante la complicidad del Alto Mando Militar y la decisión de los países que nos apoyan de no intervenir militarmente en Venezuela, lo cual por demás es indeseable, lo procedente parece ser insistir en que sí acudiremos a votar, pero siempre y cuando haya elecciones limpias, garantizadas por observadores internacionales imparciales.

4- ¿Es necesaria la unidad en la oposición o no importa? Todos quieren la salida del régimen, pero difieren en el cómo. Un grupo insiste en que la salida es electoral, siempre que haya condiciones aceptables, que quizá se puedan lograr con presión interna y más sanciones de otros países. El otro persevera en que Guaidó invoque los tratados internacionales para solicitar la intervención militar extranjera con apoyo de los venezolanos.

Además, un grupo parece pecar de excluyente y el otro de intransigente. En ambos hay gente valiosa, luchadora y con capacidad de análisis para escoger la opción más viable. ¿Pueden convivir? Quizá, siempre y cuando no se descalifiquen mutuamente, pero mientras se sigan negando a lograr un acuerdo el ciudadano común seguirá solo protestando por lo que requiere para subsistir y el régimen se afianza.

5-¿Percibe el ciudadano común que al producirse el cambio se solucionarán sus problemas? Pensamos que no son tan ingenuos para creer que en una transición corta se puedan resolver los problemas. Ya existe un programa mínimo de gobierno. Lo que falta es uno de gobernabilidad. Una opción podría ser que Guaidó asuma el poder real, convoque elecciones en plazo máximo de un año. Los partidos, en consulta con la sociedad civil, seleccionarían un candidato único, que podría ser o no el mismo Guaidó, con compromiso de no reelección. Hay otras posibilidades a evaluar. Los partidos tienen la palabra.

A la mayoría de los ciudadanos quizá no les importa de quién es la culpa de que no cese la usurpación; pero si esta persiste, no perdonarán a quienes no hicieron lo posible para que se produzca el cambio. Tampoco la historia.

Como (había) en botica:

Vanessa Neumann es tan venezolana como Tarek Saab. La diferencia es que ella es demócrata, honesta y excelente profesional; Tarek es totalitario, intelectualmente deshonesto, cobarde y payaso. Las órdenes de captura y congelación de bienes a Vanessa, Ricardo Villasmil y otros profesionales es un atropello más del régimen.

Lamentamos el fallecimiento Mauricio Pérez Badell.También de José Afanador, compañero de Gente del Petróleo y Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Leandro Area Pereira

En dictadura las elecciones son el opio del pueblo. Las pandemias son también campo fructífero para la promoción de los más inusitados desmanes y las mayores y arteras tropelías. Detrás de esas sombras se esconden estas artimañas.

Y es sobre ese escenario que el gobierno de Maduro, que no es el de todos los venezolanos, motoriza la ejecución de una nueva “serie” de atención gratuita y pública, distractiva en apariencia de otros asuntos, que consiste en inventarse e inventarnos, la realización de unas elecciones nacionales para decidir sobre una “novedosa” Asamblea Nacional, hecha a su desmesura y de ponzoñoso origen.

A tal fin decidió que el suyo de él y tan neutral Tribunal Supremo de Justicia nombrara a un novísimo Consejo Nacional Electoral, confeccionado y ajustado a su desmedida voracidad y paralelamente, faltaba más, defenestrara de sus funciones directivas a máximos líderes nacionales de dos importantes partidos políticos como lo son Acción Democrática y Primero Justicia, dando un nuevo giro a la tuerca del inocultable talante dictatorial del gobierno que manda en el país pero no gobierna, sin que tan siquiera ningún órgano constitucional, poder del Estado, militante o individualidad diera muestras o rastro de preocupación mínima, cordura, alerta, expresiones todas inexistentes en el floreciente diccionario de sus desafueros.

Por supuesto y de tanto repetido, este nuevo encandilamiento no es tan solo un pañuelo rojo con el que se llena y vacía al mismo tiempo a la realidad de lo que le conviene al régimen y de lo que no le conviene también, sino que es lo que está a la vista, es decir, un plan fraguado en comparsa imagino, y desde hace tiempo, para actuar según su naturaleza obliga y ya abiertamente y sin tapujos frente a nadie, para vaciar aún más de contenido y formas a una sociedad desprotegida, invadida y descoyuntada que lo rechaza en mayoría aplastante pero sin estructura para reaccionar coordinadamente.

En el seno de la oposición, como si no hubiera aprendido de ruinas, descalabros y rutinas anteriores, en las que hemos sido engañados, robados y despojados de derechos y certezas, se ha abierto un debate imberbe sobre la prudencia o imprudencia de participar en estas elecciones propuestas. Las reacciones oscilan entre los extremos de la farsa o de la oportunidad.

En verdad es cierto que el tema electoral, la fiesta democrática como alguien la definió en su momento, siempre ha estado presente en nuestra mejor “tradición mitológica participativa” que Chávez y también Maduro han sabido utilizar a su favor hasta lo inimaginable, pero de ahí a creernos que seguimos en aquellos ya idílicos tiempos sería por lo menos un desacierto inexcusable.

Dentro de estos parámetros imantativos es que ahora el gobierno de Maduro, el paralelo, lo usa como carnada que en apariencia electoral pero que es política para seguir deshuesando, por otros medios, los resortes ya desvencijados de reacción y acción de la sociedad venezolana.

Por encima de esta estafa electoral montada y a la vista, debería estar el convencimiento pleno de que las elecciones propuestas no son más que una trampa jaula donde van a caer inocentes palomas y otras no tan inocentes, y además encontrar el gobierno argumentos para vestirse con túnicas y venerables mantos de supuestos demócratas.

La lucha por la democracia bajo una dictadura no se resume ni agota ni se deja engañar en los falsos oropeles de unas elecciones absurdas, amañadas a priori, bajo condiciones de usurpación e ilegitimidad en el ejercicio del poder, pues con nuestra participación por el contrario no vendríamos sino a cohonestar una farsa montada a la caza de bobos.

https://www.elnacional.com/opinion/la-farsa-electoral/

 2 min


Julio Dávila Cárdenas

Cuando se salga de este régimen será necesario e imprescindible estabilizar la economía del país. Esto resulta fácil decirlo, pero hacerlo, no creo que lo sea. En primer término, estaríamos saliendo de un perverso populismo que se mantuvo durante más de veinte años.

Durante ese lapso vivimos todas las etapas de tan tenebrosa experiencia:

1.- La previa a la elección de Chávez, en la que buena parte de la población se encontraba frustrada añorando la situación de los años setenta y esperando la llegada del mesías.

2.- Con el arribo de Chávez al poder y el inesperado aumento de los precios del petróleo, se inicia una nueva etapa del populismo latinoamericano, en la que se sigue lo que Perón decía: “dele al pueblo, especialmente a los tra­bajadores, todo lo que sea posible. Cuando parezca que ya les ha dado demasiado, deles más. Todos tratarán de asustarle con el fantasma del colapso económico. Pero todo eso es mentira. No hay nada más elástico que la economía, a la que todos temen tanto porque no la entienden”.

3.- Comienza el período de expropiación y confiscación de empresas industriales y agropecuarias. Se incrementa la corrupción en forma descarada y desproporcionada; la falta de personal capacitado en Pdvsa hace que la producción inicie una dramática caída, sin que se deje de raspar la olla; comienzan a agravarse los problemas de desabastecimiento e inflación y se produce la muerte del dictador.

4.- La llegada de Maduro al poder, trae consigo el arribo del grupo que estaba aguardando su oportunidad para demostrar su sabiduría y rapacidad. Comienzan a imprimirse billetes sin respaldo y con ello se inicia la hiperinflación y la crisis económica más grave que se haya conocido en Latinoamérica.

Por si fuese poco, llega la pandemia del Covid 19 y nos encuentra con un sistema de salud en pésimo estado y un régimen que lo único que le interesa es mantenerse en el poder, a costa de lo que sea. Un país que requiere ayuda humanitaria con funcionarios que se encuentran desesperados por las sanciones que se les han impuesto a nivel internacional y que se encuentran en un nivel de agresividad, similar al de los animales cuando se encuentran en peligro de muerte. Esto les hace tomar medidas poco racionales, como aumentar las persecuciones políticas.

Pero una vez que se salga, hay que tomar en consideración las condiciones en que se encontrará el país. Peores a las que existían antes del arribo al poder de Chávez y por tanto, con una población ansiosa por encontrar un estado de vida muy superior. El mejor caldo de cultivo para el populismo se encuentra en la pobreza, la falta de esperanzas y la desigualdad, lo cual se pone en evidencia con el famoso grafiti que apareció en Lima: “No queremos más realidades, queremos promesas”. Y promesas es lo que se le ha venido dando al pobre venezolano durante estos más de veinte años.

Por ello, las medidas económicas que se deban adoptar, deberán tomar en consideración la realidad social que se tendrá en ese tiempo. En otras palabras, habrá que saber explicarlas y aplicarlas, si bien no con guante de seda, tampoco con guante de hierro. La política decente también deberá entrar en juego.

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