Pasar al contenido principal

Opinión

Juan Luis Cebrián

Desde que Joseph Nye estableciera su famosa teoría sobre el poder blando, las relaciones internacionales han sido escenario de un sinfín de desencuentros entre quienes consideran que es más importante la diplomacia de la seducción y los partidarios del palo y la zanahoria. El creciente deterioro de aquella ha permitido que el nuevo desorden mundial trate de organizarse más a base de amenazas y recompensas que de la atracción que pueda suscitar cada país a sus potenciales aliados. La pérdida de poder blando por parte de España en las regiones en que prioritariamente residen los intereses y las oportunidades de su liderazgo, Iberoamérica y la Unión Europea, amenaza con convertirse en una enfermedad crónica tras los bandazos, inexplicados e inexplicables, de una política exterior cada día más errática y cortoplacista.

En honor de la ministra del ramo, cuyas capacidades en el comercio internacional parecen probadas, habrá que subrayar su concreción a la hora de definir los nuevos horizontes de la diplomacia. Por una parte, disminuye el peso y la atención que ha merecido América Latina desde la implantación de la monarquía parlamentaria, y por otra se renuncia a participar activamente en la reconstrucción de la Unión Europea en línea con Francia y Alemania, que constituyen el núcleo fundacional del proyecto. Ambas opciones son legítimas, pero no lo es el oscurantismo que la política exterior del Gobierno ha evidenciado en los últimos meses. Todavía aguardamos explicaciones sobre lo sucedido en la embajada de México en Bolivia con motivo de la visita de la encargada de negocios de España, y aún resuenan las carcajadas de la opinión tras el sainete protagonizado por el ministro Ábalos en el aeropuerto de Barajas.

Un reciente artículo de José Borrell en estas mismas páginas ha servido, entre otras expresiones de algunos miembros del propio Gobierno, para demostrar que no todo el mundo en el PSOE ha perdido la cabeza, aunque se prodiguen los signos en contrario. El responsable de la Política Exterior y de Seguridad de la Unión llamaba a los integrantes de esta a reaprender el lenguaje del poder, incluido el del poder duro, para que Europa pueda ser percibida como un factor geoestratégico de primera magnitud. Algo que por el momento está en entredicho. Reconozco que conforta oír a un político español en activo hablar del poder como objetivo primordial de la acción política frente a quienes se comportan en su desempeño como si de una oenegé se tratara. El poder blando reside desde luego en gran medida en las diversas representaciones de la sociedad civil. El poder duro en una democracia es en cambio privilegio de los Gobiernos, por lo que los pasillos de los ministerios, por más que sus paseantes pongan cara de buenos, desaguan siempre en las cloacas del Estado. Al fin y al cabo una política exterior que no asumiera los criterios de la seguridad nacional acabaría por ser absolutamente prescindible.

América Latina es hoy por hoy donde las carencias de nuestra acción en el extranjero son más lacerantes, precisamente en un momento en que la presencia de España y de Europa debería ser más activa. El vacío generado por Trump en el subcontinente ha sido ocupado por el poder duro de Rusia, las infiltraciones de Irán a través de Hezbolá y los intereses financieros y comerciales de China. Tras el desestimiento en la normalización de relaciones con Cuba que Obama y el papa Francisco propiciaron, la crecida del neofascismo a ritmo de samba y el aumento generalizado del populismo han logrado que la situación se asemeje cada vez más a una confrontación entre bloques. Las manifestaciones y protestas que se vivieron en Ecuador, Chile y Colombia, o el desarrollo de los acontecimientos bolivianos, mucho tienen que ver con las desigualdades sociales y el fracaso de las instituciones, pero resultaría ingenuo suponer que el activismo de toda laya no aprovecha el descontento popular en beneficio de intereses partidarios, legítimos o no. Los antiguos equilibrios en la zona han sufrido además notables cambios. El retorno del peronismo mitigado a la Argentina y el liderazgo de López Obrador en un México asolado por la violencia contrastan con el abrupto final del régimen boliviano y el retorno al poder de la derecha en Uruguay. Pero donde mayormente se juega a corto plazo el futuro latinoamericano es en una Venezuela arruinada por la corrupción y la incompetencia de su tiránico Gobierno cuya gestión es responsable entre otras cosas de la existencia de casi tres millones de ciudadanos desplazados fuera de sus fronteras.

Se acusa a Podemos de ser el principal culpable de la indolencia de Sánchez frente a los crímenes de lesa humanidad cometidos por el actual régimen bolivariano. Pero el liderazgo moral que la democracia española ejerció durante las últimas décadas en aquellos países está siendo hecho pedazos entre otras cosas por el alineamiento del expresidente socialista Rodríguez Zapatero con los intereses objetivos del Gobierno de Maduro. Pese a los esfuerzos por disimularlo, el Gobierno de coalición español y el principal partido que lo sustenta parecen cada día más propicios a coquetear con el populismo izquierdista de las diversas latitudes de América, con perjuicio de las ya de por sí débiles instituciones democráticas de los países de la zona. No estoy seguro de que los asesores de Moncloa sean capaces de valorar en sus justos términos el daño reputacional generado para España en las democracias más avanzadas por el inaudito tratamiento dado a Guaidó en su visita a Madrid. Peor todavía fue la justificación del hecho por parte del presidente Sánchez, al recordarnos que el opositor Leopoldo López sigue en la Embajada española en Caracas, como si de un privilegio se tratara y no de la prestación del derecho de asilo. La negociación del futuro de Venezuela corresponde prioritariamente a los propios venezolanos. España puede y debe favorecer una salida pactada que mejore las esperanzas de la ciudadanía, pero es inmoral y estúpido pretender hacerlo desde una pretendida equidistancia entre el Gobierno de la dictadura y la oposición democrática.

La aparente renuncia española a implementar una política de Estado beligerante sin duda alguna a favor de la consolidación de la democracia liberal en América Latina coincide con las nuevas amenazas que allí se ciernen sobre los intereses de nuestras empresas, de cuyo comportamiento depende en gran medida la evolución de la economía en la península Ibérica. El anuncio de desinversiones por parte de algunas de las más emblemáticas, el retroceso de nuestra influencia cultural, la escasa solidaridad con las víctimas de la violencia, sea de los Gobiernos o de las mafias, y la ausencia de una hoja de ruta en el palacio de Santa Cruz, pese a lo que diga la retórica oficial, resultan palpables. Desde luego hemos vivido tiempos peores y no todo es culpa de este Gobierno, pues la situación viene de lejos. Si la derecha pretendidamente moderada y que tanto reclama pactos de Estado se hubiera prestado a facilitar el más importante de todos ellos, consistente en la gobernabilidad, hubiera podido ayudar a los demócratas venezolanos mejor que mediante la concesión de honores municipales, pues por muy merecidos que estos sean tienen nula incidencia en la resolución política del conflicto.

Todavía es momento para que unos y otros rectifiquen, aunque no es probable que lo hagan. Como también podrían los estrategas de la diplomacia estimar las ventajas de recuperar el eje Berlín, París, Madrid que en su día estableció Felipe González con Kohl y Mitterrand. Ayudaría a mejorar la consideración geoestratégica de Europa que Borrell reclama. Lo mismo que sucedería en Latinoamérica si se apoyaran los esfuerzos del actual secretario general de la Organización de Estados Americanos por mantener viva la llama de los derechos civiles y la limpieza de los procesos electorales en sus amenazadas democracias. El Gobierno tiene la obligación de ayudar a que no se dilapide ni desaparezca el poder blando de España en la zona, sin renunciar en ningún caso al poder duro que garantiza la seguridad internacional. De la combinación de ambos podría derivarse incluso un poder inteligente, aunque quizá eso sea ya pedir demasiado tal y como andan las cosas.

10 de febrero 2020

El País

https://elpais.com/elpais/2020/02/09/opinion/1581262715_957184.html

 6 min


Alejandro J. Sucre

Que la Superintendencia Nacional de Valores (Sunaval) permita emitir títulos valores en moneda extranjera es realmente un cambio económico para celebrar en grande. Liberar el control de cambio y de precios, permitir la libre iniciativa, y abrir el mercado de valores venezolanos, sin recurrir a nuevos endeudamientos, sino a inversión es la combinación de políticas económicas perfectas. Entiendo que los dirigentes de Ron Santa Teresa y del Fondo de Valores Inmobiliarios han sido parte de los propulsores de los cambios recientes en el mercado de valores junto a sus autoridades de Finanzas. Mucho tenemos que agradecer esta actitud de dichos empresarios y de los funcionarios públicos que han hecho posible nuevas condiciones para que todos podamos emprender y producir más en nuestro país.

También se habla de privatizar empresas del Estado y transferir mas actividad económica al sector privado. Este proceso debe hacerse con participación ciudadana a través del mercado de valores y con co-inversionistas corporativos nacionales e internacionales a través de procesos transparentes para que no haya retrocesos, revanchas e inseguridad jurídica en el futuro. El oficialismo también debe negociar con la oposición para superar las sanciones y acordar que los fondos generados por las privatizaciones vayan a un fideicomiso que no debe ser usado en gasto corriente ni despilfarrado por Fonden como en el pasado. El fideicomiso será usado para pagar deuda externa auditada y/o en proyectos de infraestructura pre acordados por las dos partes y congelar los fondos mientras no haya acuerdos políticos ni auditoría apropiada.
Adicionalmente el oficialismo sin necesidad de acuerdos con la oposición debe adelantar reformas en el gasto fiscal y hacerlo mas eficiente. Para ello debe implantar procesos de licitaciones de las obras de infraestructura, y de toda contratación de servicios en todas las entidades del Estado. Todos estos cambios pueden ser ejecutados y no son impedidos por las sanciones. De esta manera el sector privado volvería a tener el peso que le corresponde y a protagonizar el despegue de la economía. Poco a poco el país económico despegaría, y las sanciones económicas tendrían menos efecto ya que la economía privada no está afectada directamente.
El oficialismo y la oposición no han tenido fuerza para eliminarse uno a otro. Pero con una economía en manos de los ciudadanos, producto de un nuevo consenso económico en marcha, esas batallas políticas tendrían menos consecuencias y harían menos daños en el nivel de vida de los venezolanos. Haber llevado la batalla política nacional a una batalla política entre naciones es algo que muestra las fallas a todo nivel de las instituciones democráticas del país comenzando por los partidos políticos. Todas las diferencias políticas debieron debatirse en los partidos políticos, entre los ciudadanos y sus dirigentes de diversos partidos, en las campañas electorales de alcaldes, gobernadores, diputados y presidente, en la AN, y en todos los gremios. Los debates debieron no solo hacerse sino que además realizarse sin amenazas, siempre sobre ideas sustentables y no personas. Con paciencia y sin amenazas. Con debates permanentes a todo nivel poblacional e institucional, muchas de las fallas en la política económica del 2013-2019 pudieran haber sido enderezadas, como lo demuestran los cambios de los últimos meses. Diente por diente y ojo por ojo, e insultos personales, o marchas y prisioneros no permite que germinen las mejores ideas. Las políticas económicas de apertura recientes son un ejemplo como los debates entre el sector privado venezolano y el oficialismo sí producen resultados. Señala el camino para el resto de los factores de la sociedad.
Twitter: @alejandrojsucre

https://www.eluniversal.com/el-universal/61311/otro-acierto-en-el-mercad...

 2 min


Benjamín Tripier

Oposición fuerte

Para Venezuela es importante contar con una dirigencia opositora fuerte con vocación de poder y que no sea solo una alianza con propósitos electorales. A partir del 2019 eso se ha ido construyendo, ya más desde el punto de vista de la visión de futuro que del “Maduro vete ya” tradicional. La evolución que llevó a que algunos dirigentes opositores se integraran al ecosistema chavista, mostró una cierta cohesión principista, que fue alineándose detrás de Guaidó, quien en su lucha solitaria, se ha convertido para el resto del mundo en el paladín de la libertad. Claro que como con todo: “nadie es profeta en su tierra”.

Dicho lo anterior con respecto a la dirigencia política, hay que mencionar que entre ella y las bases hay una brecha importante, pues esa polarización radical que se observa con claridad arriba, prácticamente no existe a nivel de la gente, que en su gran mayoría -entre el 70 y 85%- rechaza al ecosistema chavista y a veces por convencimiento y a veces por default, se inclinan por el opositor. Podría decirse que internamente la oposición tiene a la gente y el chavismo tiene el poder.
La brecha se nota en cada acto público del gobierno donde se presenta un país que todos sabemos que no existe y está despegado de la realidad; y por el otro lado, la exitosa gira de Juan Guaidó no le cambia la vida diaria de padecimientos a esas bases.
La situación es riesgosa, pues si alguien como Guaidó no se conecta directamente (y sin partido) con esas bases, el sufrimiento puede convertirse en explosión y arrastrar a toda la dirigencia, de lado y lado, sumiéndonos en el caos.
Noticias Destacadas

  • Juan Guaidó: Sí hay riesgos en el regreso a Venezuela. Estados Unidos a Maduro: “Cualquier acción contra Guaidó tendrá consecuencia”.
  • La Corte Internacional de Justicia cita a Venezuela y Guyana para audiencias sobre pugna territorial (eso sí es un riesgo estratégico).
  • Fetraharina advierte que el inventario del trigo “está en cero” (¿de dónde está saliendo el pan entonces?).
  • El Aisami: “Vamos a elevar los aranceles a todos aquellos productos que en Venezuela estamos produciendo” (¿será el retorno de los CNP y la alcabala que representaban?).
  • Estados Unidos amenazó a Repsol, Rosneft y Reliance por sus nexos con Venezuela.

Lo que no es noticia _(y debería serlo)

  • Que “Guaidó aún no se ha percatado del sentimiento que ha despertado en el mundo su lucha solitaria por un país cuyos ciudadanos están dormidos”.
  • O que refiriéndose a los viejitos que la emigración dejó atrás, una siquiatra decía en tv que “el desamor duele como una quemadura de segundo grado”.
  • Ni que el uso de la palabra “usurpación” está prohibido por Conatel.
  • Tampoco que ahora, más que nunca, las empresas que puedan hacerlo deberían profundizar sus estrategias de RSE porque el hambre en este primer trimestre se ha incrementado.

https://www.eluniversal.com/economia/61423/vitrina-venezuela

 2 min


Carlos Raúl Hernández

Al arrestarlo la inquisición, Galileo se retracta de que la tierra se movía. Su ayudante, airado ante lo que interpretó cobardía, le enrostra: “desgraciados los países que no tienen héroes… No -respondió el sabio- desgraciados los países que necesitan héroes”. Bertold Brecht puso en boca de ambos este diálogo desgarrado. Durante la etapa bárbara y gran parte de la civilizada, la cultura giraba alrededor del heroísmo de caudillos guerreros que gobernaban cubiertos de cicatrices.

Del pellejo cuarteado y cosido emanaba el derecho de gobernar a los demás. Con el triunfo de la política en sentido moderno, Aquiles, Alejandro, Carlo Magno y Napoleón cedieron el paso a Jaurés, Churchill, Roosevelt, Betancourt, Togliatti, Adenauer, De Gasperi, que enfrentaron la oscuridad y la violencia y salvaron la cultura, pero las erupciones autoritarias hicieron que en ciertos momentos los líderes civiles tuvieran que tornarse en aquellos.
El 4F de 1992 se abrió la tierra de los cementerios y regurgitó una legión de espectros amenazantes que querían arrastrar el país a sus tumbas. Pero un héroe, Carlos Andrés Pérez, al frente de las FF.AA hizo el exorcismo y los regresó al lugar de origen. Lejos de reconocer su arrojo, el coraje personal que lo llevó, junto a Blanca de Pérez, a jugarse la vida por defender la democracia, élites que lo odiaban precisamente por sus virtudes, pasaron a la conspiración civil.
Grupos empresariales, comunicacionales, sindicales, eclesiásticos, torcieron el destino del país y los suyos propios, celebraban la ordalía, y se probaban trajes nuevos para la juramentación. Los partidos acobardados por el rugido del atraso, destituyeron a Pérez en una degradante sesión del Congreso, hicieron el juego a una manga de bribones con el nombre de Corte Suprema de Justicia, convertidos en tinterillos de los deseos de los golpistas.
Doctora Corte de los Milagros
Caldera en el Senado defendió las razones de éstos y lo mismo hizo Uslar en un panfleto, Estado y golpe, que misteriosamente hoy no es posible conseguir. En consecuencia, el mismo Caldera, ya Presidente, libera a los insurrectos y los emplea en la administración pública. Pretende tranquilizar la fiera arrojándole carne y sangre frescas, y más bien la cebó. Pero su obra magna, por la que será recordado, es dar sobreseimiento, declarar sin delito al cabecilla que así se convertía en Robin Hood ante la opinión pública.
Si sencillamente lo hubiera indultado, habría salido en libertad, pero sin derechos políticos. Nunca hubiera sido candidato presidencial y otra sería la historia. Pero el designio era diferente: menoscabar a Eduardo Fernández quien tiene un laurel de oro en la memoria de quienes conocen su valor cívico el 4F. Un grupo de ciudadanos presenta recurso para inhabilitar como candidato a las elecciones presidenciales de 1998 a quien había dirigido el levantamiento armado.
Y la misma Corte de los Milagros lo declara sin lugar. Ya candidato disfruta de apoyo incondicional de dueños y gerentes de importantes televisoras, cadenas de radio y periódicos, (algunas no lo apoyan de forma abierta sino le hacen el trabajo de atacar al “puntofijismo”), le facilitan aviones, automóviles, dinero, residencias y damas de compañía. Los intelectuales le escriben teatro, sonetos, telenovelas (Por estas calles, proclamas, endechas y hasta poemas de amor).
Como sabemos triunfa como río crecido, pero necesita el poder total, por lo que levanta el arma mortífera. Quiere convocar una figura contra constitucional, espúrea y violatoria de los derechos fundamentales, una irracionalidad que consiste en conceder el poder total, supra constitucional, por encima de la Ley, la llamada constituyente, a ciento sesenta diputados, para quebrar el espinazo a los demás poderes.
Supra constitucional será tu…
¿Y para qué están los amigos? ¿Para qué está la Corte de los milagros sino para satisfacerle los íntimos deseos? Al concederle el derecho de gobernar arbitrariamente con la “constituyente supra constitucional” (algún pensador declaró que “por encima de nosotros solo están Dios y el Pueblo”), se inicia la ofensiva totalitaria que arrasa los ingenuos y “vivos” que lo apoyaron, y estremece el llanto de los desengañados. Pérez, el héroe que hubiera preferido otra muerte, vaticinó lo que hoy pasa.
Para caracterizar los ingenuos y vividores, es alarmante que si Ud. revisa la lista verá que muchos de los protagonistas de entonces, hoy a esta hora que Ud. lee, perpetran sistemáticos detrimentos y son responsables de errores suicidas de las fuerzas democráticas en estos treinta años y contando. Apelaré a un gran amigo poeta, quien vivió algo similar, la pérdida de su país por la igual ineptitud de las élites y en quien suelo refugiarme a menudo. Tampoco allá pudieron ver lo que tenían en sus narices.
“…vi personas que caminaban y lloraban en silencio con paso lento. Estaba cada uno retorcido de modo extraño con la cara volteada hacia la espalda y tenían que caminar hacia atrás, por haber perdido la capacidad de mirar hacia adelante… Ahora bien lector, que Dios te permita sacar fruto de esta lectura. Considera si mis ojos podían permanecer secos cuando vi de cerca figuras humanas tan torcidas, que las lágrimas les corrían entre las nalgas”. Dante (Infierno, Canto XX).
@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/61309/el-heroe

 4 min


Analítica.com

Para los que alegremente piden una intervención militar, les recomendamos vean la película Secreto de Estado, actualmente proyectándose en las principales salas del país.

Lo que se narra en ese film es la historia real de Katherine Gun, una funcionaria del servicio secreto de inteligencia británica, equivalente a la CIA, que al estar en conocimiento de un documento de la NSA (National Security Agency) en 2003, cuando Bush hijo, impulsado por sus principales consejeros Chenney y Rumsfeld, estaba concoctando una intervención en Irak y cómo, a diferencia de su padre, en el caso de la invasión a Kuwait, no lograba obtener la aprobación para una intervención militar del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Hay que recordar que el uso de la fuerza está regido por el capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas y que es de obligatorio cumplimiento para todos los miembros de la organización.

Al no alcanzar, en ese entonces, convencer a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU que aprobasen la intervención militar, el gobierno norteamericano le planteó al gobierno británico que interviniera los teléfonos de sus miembros, para encontrar elementos que pudiesen servir para presionarlos a que votasen favorablemente.

Esta joven funcionaria, indignada moralmente por esa recomendación, decidió anónimamente hacer público el documento secreto. Eso terminó llevándola a los tribunales como espía revelando secretos de Estado.

Ante la evolución negativa de la opinión pública inglesa por la intervención militar en ese país, y al no encontrar lo que habían dicho para justificarla, es decir, la existencia de armas de destrucción masiva en Irak , la fiscalía británica decidió retirar la acusación contra Katherine Gun, quien salió del juicio libre de culpas.

¿Qué lección nos deja esta película? Que hoy no es tarea fácil organizar una intervención militar al margen del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

https://www.analitica.com/el-editorial/secreto-de-estado/

 1 min


José Rafael Herrera

Hace pocos días, quien ocupa desde tiempos inmemoriales la presidencia del gremio de los empleados administrativos y de servicio en la Universidad Central de Venezuela, exigió ante los medios, con su acostumbrado tono pendenciero, procaz y de gavilla, la participación del gremio laboral en las elecciones de autoridades universitarias. “Si no participamos no van a haber elecciones”.

Este fue el mensaje de fondo, aunque nada oculto. Un “mensaje a García”, en sentido literal y enfático, al que ya la comunidad universitaria de la primera casa de estudios del país está acostumbrada, sobre todo después de aquellos tristes y vergonzosos eventos de “la toma” del Consejo Universitario, en tiempos del rector Gianetto, en los cuales se exigía una “constituyente universitaria”, cuyo basamento consistía en la imposición del llamado “uno por uno por uno”, esto es, que el voto de un profesor posea el mismo valor del voto de un estudiante y el de un empleado u obrero. Si, según la Constitución, todos los venezolanos tienen igual derecho para elegir al presidente de la república, con más razón -argumentan- todos los sectores universitarios tienen que ser igualados, todos tienen derecho de votar para elegir a sus autoridades, sin ningún tipo de discriminación. Ese es -y sigue siendo- el argumento central que mantuvo -y sigue manteniendo- en crisis orgánica no solo a la UCV, sino a todas las universidades autónomas. Pero, a partir de entonces, la UCV se duplicó sobre su propio reflejo.

Toda duplicación es una fictio, una ficción que, al extrañarse recíprocamente, se cristaliza, es fijada y se escinde, generando el desgarramiento. La duplicación no es tan solo la forma numérica, matemática, de la conversión de lo uno en dos. No es cosa exclusiva de cálculo o medida. Ella es, ontológicamente, un traspaso, una dolorosa fractura, la confirmación en sí misma de la idea general de partido: “Existe efectivamente un partido -apunta Hegel en sus Wastebook- cuando este se escinde en sí mismo”. Que algo sea ficticio no significa que no exista. Por el contrario, existe porque el entendimiento lo ha fijado.

La característica esencial del morbo social y político conocido como “socialismo del siglo XXI” es, justamente, la de la duplicación. El cáncer es eso: una acelerada duplicación celular que no se detiene, y que se va diseminando por los tejidos del organismo viviente hasta hacerlo colapsar y conducirlo, finalmente, a la muerte. Las células malignas son una ficción -un duplicado, un “error de replicación”- de las células sanas, por lo que pueden reproducirse sin ser detectadas por las defensas del cuerpo, hasta crear una “lesión de ocupación de espacios” (LOE) que se va apoderando por completo de todo mientras lo van destruyendo. Venezuela padece de cáncer. Y como la UCV es, junto con el resto de las universidades autónomas, el sistema nervioso central de Venezuela, tarde o temprano la tumoración tenía que alojarse en sus entrañas. Y fue así como se produjo el fenómeno de su carcinogénesis. Aquella “toma” por la “constituyente” fue, más que un síntoma, la primera manifestación palpable de la patología, la consecuencia directa del largo proceso de estimulación de múltiples duplicaciones -de repliques- celulares que son el supuesto de toda la representación populista. Paradójicamente, la “casa que vence las sombras” ha terminado por cosecharlas en sus entrañas. Y de aquellas sombras provienen estas tinieblas.

El chavismo no es bizarro -valiente-, sino bizarre -ficticio-, la duplicación, la proyección invertida de la imagen. No es verdad que porque el presidente de un determinado país sea escogido por todos en igualdad de condiciones las autoridades de una universidad tengan que ser elegidas por todos, porque los requisitos para ser presidente son equivalentes a los de sus electores. Las elecciones se consignan en condiciones de paridad. Si un candidato a la presidencia es un ciudadano nacional sus electores tienen que ser ciudadanos nacionales. Ese es el requisito. Bastará un simple ejemplo para mostrar la diferencia.

Un grupo de abogados decide organizar una asociación gremial. Se reúnen en asamblea estatutaria y nombran una junta directiva, conformada por distinguidos profesionales del derecho. La asociación va creciendo y necesitan personal profesional, administrativo y obrero para el mejor desempeño de sus funciones. Emplean secretarias, administradores, computistas, personal de mantenimiento, motorizados. Un par de años después, son convocadas las elecciones para la nueva junta directiva. Y serán los abogados, pertenecientes al gremio, quienes la elijan. En ellas no participarán ni las secretarias ni los administradores ni los motorizados, simplemente porque ellos no son abogados. A menos que estudien Derecho, se gradúen y formen parte del gremio.

Lo mismo pasa con la universidad: se trata de una elección entre quienes conforman el hecho académico, es decir, los profesores y estudiantes, en igualdad de condiciones. De ahí la diferencia de los porcentajes electorales, porque siempre habrán más estudiantes que profesores. Este es el espíritu que se expresa en la Constitución de Venezuela y en la Ley de Universidades vigente, y ningún tribunal está facultado para modificarlo. En síntesis, al ciudadano presidente lo eligen sus pares, los ciudadanos; a las autoridades académicas las eligen sus pares, los académicos. El resto es el chantaje del malandro, del ignorante, que confunde razón con resentimiento y argumentación con amenaza y agresión.

Por supuesto, la realidad es mucho más que la simple percepción sensible, y las ideas y valores más que el temor y la pusilanimidad. Es verdad que si las autoridades de la UCV, en busca de la supervivencia de la institución, ceden ante la exigencia y el chantaje de un proceso electoral “abierto”, extra académico, la apuesta del régimen por una universidad servil, sumisa y sometida perderá inevitablemente.

En todo escenario posible se impondrá el triunfo de quienes defienden los valores autonómicos, democráticos y libertarios de la academia, porque saben que el conocimiento solo puede crecer ahí donde hay libertad. No será con un payaso mediocre, como Jesús Silva, que la UCV podrá recuperar su bienestar. Pero, en todo caso, existe el riesgo de que, al permitir una elección de corte populista y rentista, la idea de alma mater se desnaturalice, deje de ser lo que es y pase a ser cualquier otra cosa. No se trata de ningún maximalismo, ni de ningún extremismo. El llamado “centro”, tan invocado en estos tiempos, no es tan neutro como aparenta. Es, más bien, una forma de extremismo acomodaticio impulsado por la superstición y el miedo a la verdad. Piel de Zapa. Una forma de confundir el “realismo político” con el peor de los inmediatismos empíricos. El cáncer es curable. Para ello no solo basta con seguir rigurosamente el tratamiento indicado. Es indispensable tener la consciencia y el valor de hacerlo.

6 de febrero de 2020

@jrherreraucv

 5 min


Enrique Villalba

Tener que explicar el valor de la formación humanística en nuestro mundo y en nuestras enseñanzas –universitarias o no– es ya indicador del punto al que hemos llegado.

La razón utilitaria dominante y una suerte de totalitarismo economicista producen argumentos que llevan a relegar los estudios humanísticos: su inutilidad en términos de competitividad en el mercado laboral o la escasa rentabilidad de sus estudios e investigaciones en una universidad cada vez más gerencial y mercantilizada. La comparación con las disciplinas STEM se lleva fundamentalmente a esos terrenos.

Ante el descenso de la financiación pública, la Universidad pugna por atraer estudiantes y generar más proyectos de investigación, no solo buscando la pregonada excelencia sino incrementar sus ingresos. En ese escenario, las Humanidades están en clara desventaja: la proporción del alumnado de estos estudios es menor y hay una enorme diferencia entre las aportaciones medias a los proyectos de investigación de estos campos con respecto a los de muchas disciplinas científicas.

Por otra parte, esa deriva hacia un modelo considerado productivo, se ve acentuada con los vigentes criterios de valoración, baremos, calificaciones…, omnipresentes en todo el ámbito académico, que privilegian valores de rentabilidad y producción científica e indicadores casi siempre ajenos a los modos propios de las disciplinas culturales y humanísticas.

El diagnóstico es claro y ampliamente compartido. Así lo expresaba Antoine Compagnon ya hace una década: “La Universidad atraviesa un momento de incertidumbre sobre las virtudes de la educación general, acusada de conducir al paro y en competencia con la formación profesional, que, se considera, prepara mejor para la vida laboral, de manera que la iniciación al estudio de la literatura y la cultura humanística, menos rentable a corto plazo, parece peligrar en la escuela y la sociedad del futuro”.

Contra la deriva utilitarista

Nuccio Ordine, autor de la que quizá ha sido la obra reciente de más impacto en defensa de la formación humanística, se muestra también así de tajante: “En los próximos años habrá que esforzarse para salvar de esta deriva utilitarista no solo la ciencia, la escuela y la Universidad, sino también todo lo que llamamos cultura. Habrá que resistir a la disolución programada de la enseñanza, de la investigación científica, de los clásicos y de los bienes culturales. Porque sabotear la cultura y la enseñanza significa sabotear el futuro de la humanidad”.

No nos encontramos, entonces, ante un episodio más de la tradicional –e indeseable– contraposición entre letras y ciencias, sino ante un cambio de modelo y de valores, que afecta al propio fin de la Universidad. Ni la formación integral de las personas, ni la función social parecen ser ya sus objetivos prioritarios, sino que la utilidad medida en rentabilidad, en empleabilidad… es el argumento definitivo para apostar, de modo dominante, por unas formaciones profesionales.

Así, cualquier reflexión en torno a los estudios humanísticos debe serlo también acerca de la finalidad y el modelo de enseñanza que necesitamos. Una Universidad que no solo se aleja de su misión y visión originales sino que reacciona dudosamente ante las necesidades y oportunidades del mundo digital. Ese modelo de Universidad tiene su mayor amenaza en haber hecho suyos los intereses de un mercado al que puede estar empezando a resultar más práctico prescindir de ella, al menos de la exclusividad de la que gozaba hasta hace poco.

Desde su origen medieval, era el monopolio de la expedición de títulos académicos lo que, en último término, constituía una Universidad: la capacidad de otorgar grados, a diferencia de otras instituciones formativas. Ahora empezamos a comprobar cómo, por una parte, la certificación de estudios puede ser razón insuficiente para mantener la exclusiva universitaria y, por otra, otros centros –por ejemplo, creados por empresas– comienzan a ofrecer formación y títulos socialmente reconocidos en un mercado en el que las universidades aceptaron colocar su mercancía y en el que, en consecuencia, ahora han de competir.

Naturalmente, no se trata de enrocarse en esa idea monopolística sino de resaltar lo que puede ser diferencial en las enseñanzas universitarias, en un mundo digital, en constante cambio, que precisa una formación continua no solo para el empleo sino para una vida activa que se prolonga mucho más allá de la meramente profesional.

Las Humanidades forman personas

Es en ese sentido, donde hoy la formación humanística y la cultura tienen mucho que aportar; precisamente, yendo más allá. Las Humanidades no buscan formar operarios para el sistema económico sino personas; y tampoco consideran el conocimiento como algo finalista. Como nos recuerda Antonio Rodríguez de las Heras: “si el conocimiento es ver el mundo –pues el mundo no es evidente–, la cultura es mirar lo que el conocimiento nos hace ver. El conocimiento desvela, dilata el horizonte y le da profundidad” y la cultura, con la posibilidad de sus múltiples miradas, “enriquece sin fin el conocimiento” porque cada una de esas miradas ordena el mundo, es creadora.

Así como la lectura sin interpretación es superficial, plana, lo es el conocimiento sin cultura; ver el mundo sin mirarlo. La cultura proyecta miradas que interpretan nuestro mundo –por tanto, lo proyectan, creativamente, hacia el futuro– pero también, como señala Piglia con relación a la lectura, hace memoria: “La lectura es el arte de construir una memoria personal a partir de experiencias y recuerdos ajenos” (Ricardo Piglia, 2014).

La mirada humanística y la cultura aportan la fuerza de la experiencia personal.

Crisis cultural

Nos encontramos inmersos en una transformación de gran calado y velocidad que nos lleva a un mundo digital. Parecería natural una modificación de las enseñanzas a favor de las tecnológicas propias de ese mundo. Pero este nuevo mundo digital, lejos de arrumbar la formación humanística requiere de ella necesariamente. El alcance de la transformación digital supone una verdadera crisis cultural de la que ha de salir –más configurada– una cultura digital. Y en ella, son imprescindibles las miradas humanistas para resituarnos en el mundo.

Los humanistas del Renacimiento –otro momento de gran densidad de cambios históricos radicales y acelerados como el actual– se proponían, ante todo, entender el mundo en el que vivían, un mundo nuevo que estaban descubriendo a través de la ciencia, la técnica, las exploraciones, el pensamiento, el arte… y entender el lugar que el hombre ocupaba en él, es decir, la cultura.

Necesitamos estudios humanísticos digitales

Como ellos, necesitamos entender ahora nuestro papel en un mundo cambiante; precisamos unos estudios humanísticos digitales, claro. Si, como decía Croce, toda historia es contemporánea, todo estudio sobre la cultura también lo es. De ahí que el término Humanidades digitales, que en los últimos años ha gozado de aceptación, es en realidad redundante: todo estudio humanístico es necesariamente digital en la medida en que ha de tener la mirada puesta en entender nuestro mundo, debe plantear nuestras preguntas al pasado e incorporarlas a la memoria que estamos haciendo.

Pero digital no significa, como a veces ocurre, que se sirva de la cacharrería o de determinado software –es decir, entendido de un modo puramente instrumental–, sino que se ocupa de la comprensión de una cultura digital que cambia el mundo, el modo de estar en él y sus valores. La reclamación humanística no puede hacerse desde la nostalgia de lo que fue, una vuelta a los orígenes de una erudición sin contexto en el presente. Sino de unas humanidades esencialmente transdisciplinares y, en consecuencia, idóneas para la comprensión de la cultura.

Cultura en primer plano

Necesitamos poner la cultura en primer término de la educación: con estudios propios y, también, de modo transversal en la formación académica. La cultura aporta memoria, creación, posibilidad de disenso, espíritu crítico… imprescindibles para enfrentarnos a un mundo mercantilizado y en continua transformación. Su lugar no es el mercado, cerrado, privado, espacio de transacciones comerciales, sino la plaza pública, abierta, común, espacio de encuentro. Esa plaza que adquiere nueva dimensión en el mundo digital y sus modos de hacer comunidad.

No obstante, pese a lo dicho, la dedicación cultural, humanística, por su componente vocacional y hasta apasionado, creativo, es muchas veces vista como un privilegio, como un lujo superfluo, que paradójicamente condena a muchos de quienes se dedican a ella a una situación de precariedad cada vez más intolerable y que el sistema propicia.

La cultura trae memoria, genera experiencia, es siempre creadora. Sus valores y su espíritu crítico son creativos, liberadores, permiten generar espacios de resistencia y dar voz a los discordantes, contribuir al bien común y a hacernos distintos. Pero también –y no podemos olvidarlo– los estudios humanísticos nos ayudan a comprendernos a nosotros mismos, nos hacen mejores.

Que seamos ya cíborgs no quiere decir que no necesitemos entender nuestro lugar en el mundo, es decir, nuestra cultura: más bien al revés, el mundo está cambiando pero nosotros –humanos– lo hacemos con él. Frente a nuevas formas de mercantilismo utilitarista, nuevas formas de humanismo. Frente a un panorama uniformizador que puede llevar a la automatización del empleo, unas humanidades que aportan diferencia, el valor único de cada uno, de su mirada.

Compartimos la reflexión de Rodari sobre la virtud liberadora de la palabra, cuando reclama “todos los usos de la palabra para todos”: la palabra –la cultura– sirve “no para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo.

Podemos terminar este alegato con las palabras de T.S. Eliot: "la cultura puede ser descrita simplemente como aquello que hace que la vida merezca la pena ser vivida”.

The Conversation

Enero 28, 2020

La versión original de este artículo aparece publicada en el número 112 de la Revista Telos, de Fundación Telefónica.

https://theconversation.com/la-cultura-nos-hara-libres-el-valor-de-las-h...

 7 min