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Opinión

Maxim Ross

La coordinación política de la oposición democrática está a punto de decidir si se participa o no en estas elecciones presidenciales, aun cuando ya existen suficientes argumentos que inclinan la balanza en favor de no hacerlo, principalmente aquellos que provienen de las manifestaciones de la alianza internacional que viene respaldando a Venezuela. Sin embargo, existen varias opiniones que aun generan dudas en la sociedad civil venezolana que vale la pena considerar y, quizás, la mas importante de ellas es la que pregunta por el “después” de no hacerlo, queriendo indicar que, si esta pregunta no tiene respuesta se objeta no participar en ellas. En estas notas deseo poner el énfasis en ese “después”, aunque primero unas breves consideraciones sobre el “antes”.

Antes de las presidenciales.

Primero: quienes argumentan que el “no” no tiene un después, tampoco, que se conozca, presentan un después claramente delineado, más allá de continuar participando en las restantes elecciones. Quienes opinan que la vía, la única vía, es la electoral dejan el resto de las acciones civiles solo en ese plano: “Seguir votando es la consigna” en condiciones de una evidente ausencia de garantías electorales y políticas.

Lo segundo es el tema del dilema entre votar o no, entre participar o no en ellas, lo cual lleva a un doble problema. Por una parte, de nuevo se coloca a la sociedad civil con la sola opción del voto como expresión política y allí existe un grave enfoque que la mantiene paralizada, porque lleva automática y simplistamente a que única otra opción que queda es la “calle” o la “guarimba” un dilema del que hay que salir.

Por otra parte, está el tema del “falso dilema”, cuando este solo es cierto para las organizaciones políticas y no para la sociedad civil, puesto que aquellas se han quedado solo con la opción del voto para hacerse un lugar en el terreno político. Lo que caracteriza un partido político: doctrina, programa, organización, defensa de la ciudadanía, del país, de la propiedad, en fin, de la Nación y la Republica han desaparecido. Aun con honrosas excepciones esa es la regla general.

Lo tercero es que la sociedad civil no tiene, ni puede tener ese dilema si se acoge a sus intereses legítimos[1], cuales son de principio sus derechos civiles y políticos, esencia de los derechos humanos de la sociedad contemporánea y, muy particularmente preservados en la Constitución de 1999, aún vigente. No hay dilema sobre participar o no en unas elecciones donde esas garantías han sido vulneradas sistemática y expresamente por quien ejerce el poder. El dilema es de los partidos, pero solo si se quedan en el puro y estricto plano del voto y del interés partidista, que no es otro que quedar con “algún número” que los deje posicionados en el campo electoral.

Si la sociedad civil no tiene ese dilema su tarea, antes de las elecciones, es elevar su voz en contra de ese estado de cosas, no si decide participar o no. El desarrollo de una campaña y una o varias consignas en esa dirección es la postura correcta e inobjetable, tal como la han iniciado la Conferencia Episcopal, la Asociación de Rectores y varios gremios empresariales. Desde luego un apoyo masivo es necesario para convencer a la opinión pública, al venezolano común y a la comunidad internacional de lo inconveniente de realizarlas.

Antes y después: Una coalición civil por la democracia.

La sociedad civil tiene que salir en su propia defensa. Su integridad y su vigencia misma están en juego. Varias voces han clamado por este llamado. El sacerdocio, los ciudadanos, los estudiantes, los gremios profesionales y algunas organizaciones políticas y civiles se han pronunciado de manera aislada, pero no termina de cuajar una voz colectiva, lo suficientemente fuerte y masiva para contener el riesgo y evitarle un daño irreparable a la Republica, a Venezuela y a la misma sociedad civil. Solo sus organizaciones institucionales y representativas tienen la capacidad para desarrollar una respuesta de envergadura, que sea acogida y apoyada por los partidos políticos. El mundo militar tiene que reaccionar frente a una propuesta de una sociedad que quiere vivir en democracia y ha de defenderla. Se ha dicho: “La Unión hace la Fuerza”

Si hay un Después.

Y este es, precisamente, el primer tema para el “después” porque obliga a desarrollar una ruta de defensa de esos legítimos intereses y derechos. Al participar, convalidando, esas violaciones, no hay razones para adversarlas luego. Esa “Coalición Civil” que se propone debería mantenerse y superar su “status” defensivo. Ese sería el primer paso para el “después”: constituirse formalmente para mantenerse en el tiempo, como una organización para defender, ahora y siempre, esos derechos.

La Reforma Política.

Se puede comenzar con un riguroso diagnóstico de la ruptura de ese orden y proponer los cambios políticos necesarios para restaurar plenos derechos civiles y democráticos en Venezuela. No solo aquellos referidos al periodo “revolucionario”, sino también los que estructural e institucionalmente entraban la representatividad y la participación de la gente en los intereses generales. Entre ellos la vigencia de un excesivo “presidencialismo”, la manera de elegir al presidente de la Republica, la dotación a la Asamblea Nacional de poderes realmente efectivos, el formato de la representación de la sociedad en los poderes públicos, la reglamentación de las facultades constituyentes. El “rejuvenecimiento”, la democratización y la representatividad de los partidos políticos. Un formato debe ser ideado para garantizar la concordia y la participación política de todos los partidos, independientemente de sus doctrinas e ideologías. La Reforma Política es la primera y principal tarea.

Con “hambre y pobreza” no hay democracia.

La segunda gran tarea de la sociedad civil para el “después” va en dirección de reforzar el peso social que debe tener una autentica democracia, porque, mientras Venezuela arrastre una tasa de pobreza y, ahora de sus secuelas coyunturales de hambre, escasez y precariedad en todo sentido, la democracia corre el riesgo de caer en “manos de cualquiera”. Por consiguiente, un plan sostenible y duradero para atenuar estos dos problemas y superarlos coherentemente debe ser desarrollado por las instituciones de la sociedad civil organizada, en especial aquellas que tienen el poder económico y productivo para ponerlo en práctica. Una tarea que no se puede dejar solo bajo la responsabilidad del Estado venezolano.

El país productivo.

Asombra muchas veces escuchar como los empresarios y los trabajadores están a la espera de una Comisión Tripartita para acometer la tarea de la estabilidad, del crecimiento y el desarrollo productivo, como si los verdaderos responsables de esos actos no son ellos mismos. Un acuerdo del capital y el trabajo para el País Productivo es imprescindible. El Petróleo debe jugar una tarea integradora en concordancia con las vocaciones económicas regionales y con la participación de la sociedad civil. Los ingresos petroleros deber ser convertidos en Fondos de Ahorro e Inversión Productivos.

La sociedad civil y el Estado venezolano.

Una relación que tiene que cambiar y revertirse en favor de los intereses legítimos de la sociedad civil. El Estado al servicio de la sociedad civil y no lo contrario exige una profunda reforma de ese Estado, hiperactivo, preponderante, dueño de todo, expropiador, clientelar, omnipotente y omnipresente en favor de la gente y sus intereses individuales y colectivos.

¿Una utopía?

Hemos nombrado algunas de las tareas que debería asumir esta sociedad y estamos consciente de su complejidad y de los grandes y difíciles obstáculos que tiene por delante, pero si bien parecieran utópicas esas tareas, lo que está en juego, como indicamos antes, es su vida misma y su integridad como tal, por lo que acometerlas se hace indispensable si es que Venezuela ha de mantenerse integrada como una sola Nación o perece en manos de la desintegración. Ya hay rasgos y síntomas lo suficientemente claros como intentar el ensayo.

 6 min


Muchos compatriotas creen -con sobrada razón- que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha sido un rotundo fracaso, pues no logró su objetivo fundamental: desalojar al chavismo del poder y que, ni siquiera, supo cobrar su clamoroso triunfo obtenido en las elecciones legislativas del 6 de diciembre de 2015.

Yo, contrariamente a lo que opina la gran mayoría de mis conciudadanos, creo que pocas organizaciones políticas han logrado tantas metas; que la MUD se inscribe entre las organizaciones más exitosas de Latinoamérica, capaz de mostrar un palmarés sin igual.

Esta visión tan heterodoxa del desempeño de ese pool de partidos políticos, deriva de mi convicción de que los verdaderos objetivos de la MUD eran totalmente contrarios a los que pregonaba. A riesgo de parecer tremendista, me atrevo a decir que la MUD nunca quiso lo que dijo querer. Recordemos, aun cuando parcialmente:

En el año 2012, acepta el adelanto de elecciones presidenciales, que desde 1958, se habían efectuado en el mes de diciembre; esto hizo posible que un Chávez moribundo fuera candidato y pudiera, como luego efectivamente sucedió, traspasar el poder cual herencia privada. Si en aquella ocasión no se hubiera admitido el injustificado adelantamiento, el chavismo no hubiera tenido oportunidad alguna de hacerse con el triunfo, pero pasó lo que ya es historia y Henrique Capriles salió –presuroso- a reconocer la dudosa victoria de quien muriera pocos meses después.

Al año siguiente concurre de nuevo a elecciones presidenciales, con el mismo candidato, pero esta vez contra el muy gris Nicolás Maduro, designado sucesor político por Chávez. En el ambiente flotaba el temor de que los votos electrónicos que iba a producir el inauditado Registro Electoral Permanente (REP) y el avasallante y creciente ventajismo que se venía observando desde votaciones anteriores, podían determinar el resultado final, ese que la inefable Tibisay Lucena llama irreversible; pero a pesar de esas fundadas sospechas, poco se hizo para acopiar y resguardar las actas electorales que hubieran generado una tibia esperanza de que el resultado real fuera reconocido oficialmente. Capriles, en vez de llamar a la calle al pueblo para exigir respeto al artículo 5 constitucional y con las masas desbordadas en todo el país, demandar una exhaustiva revisión de todas y cada una de las urnas y el cotejo con sus respectivas actas, optó por hacer una solicitud formal de auditoría ante el Consejo Nacional Electoral que, como era de esperarse, negó de plano.

El 6 de diciembre de 2015, la MUD concurre a elecciones legislativas y obtiene las tres quintas partes de los votos y una mayoría calificada. Pero este triunfo que fue calificado de «popular», a pesar de que el 80% de los candidatos fue señalado a dedo, para lo único que sirvió fue para que los partidos llenaran de sumisos activistas la Asamblea Nacional, los cuales cumplen sin chistar las órdenes que les giran Ramos Allup, Julio Borges, Manuel Rosales y Leopoldo López, quienes son los verdaderos depositarios de la soberanía popular.

Luego aceptó el desconocimiento de los tres diputados indígenas y, con él, la pérdida de la mayoría calificada, no sin antes presenciar pasivamente el nombramiento de unos rectores del CNE y de unos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia designados entre gallos y medianoche por la saliente A.N., presidida por Diosdado Cabello.

Mas hay otros eventos que llaman a reflexión y alborotan las suspicacias: la mega marcha del 1° de septiembre, que se estima movilizó a más de 1 millón de personas y fue disuelta apresuradamente antes de las dos de la tarde por un Jesús Torrealba que parecía más interesado en congraciarse con el régimen que en lograr el objetivo propuesto. Luego, vino el referendo consultivo del 16 de julio que, a pesar de las dificultades logísticas, recibió un inmenso apoyo popular, pero que la MUD no quiso hacer valer y echó, como otros varios logros de la ciudadanía, al ominoso sacó del olvido.

¿Cómo se explican todas estas extrañas conductas? Simplemente, a pesar del título de opositora que ha manejado como una franquicia, la MUD jamás ha sido oposición y mucho menos ahora, cuando desvergonzadamente se dispone a concurrir a una elección presidencial convocada por la írrita Asamblea Nacional Constituyente.

Pero lo más grave de todo fue su política de marchas sin destino, bailantas sin sentido y cacerolazos inútiles; con ella nos hicieron sentir pusilánimes, temerosos y, por tanto, merecedores de una larga esclavitud al estilo cubano.

Si acaso la injerencia humanitaria (que preferimos llamarla urgencia humanitaria) no impide que se materialice el proyecto electoral del régimen, para la MUD la cantada derrota del 22 de abril será su última victoria. Amén.

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

14 de febrero de 2018

 3 min


Jesús Elorza G.

Dos amigos españoles, conversaban animadamente, en la barra de “La Taberna del Chato” en Madrid. Uno de los temas, era la crítica situación que en la actualidad se vivía en Venezuela.

Degustando unas tapas de tortilla y gambas al ajillo, Pepe le señaló a su amigo Santiago que no entendía bien el papel jugado por Rodríguez Zapatero en ese problema.

-Arza hombre, respondió Santiago, ese tipejo, que fue escogido como mediador, siempre estuvo cuadrado al lado del “Gobierno” de Maduro. Nunca arrimó una pa’l mingo de la oposición.

Me cuesta creer, lo que estás diciendo, siempre lo veía en televisión hablando de las maravillas del proceso del dialogo que se estaba celebrando en República Dominicana.

-Deja que termine este pulpo a la gallega que esta exquisito para explicarte los detalles: siempre cargó el peso de la responsabilidad por el fracaso del proceso de diálogo a los dirigentes opositores, exonerando al chavismo. Por otro lado, coloca al régimen como un niño de pecho, mientras se mostraba exigente con una oposición perseguida, encarcelada, exiliada, asesinada.

Espérate un momento, ripostó Pepe, mientras saboreaba un vino Rioja blanco, él hizo un llamado a los sectores de la oposición para que firmaran el acuerdo, que según su criterio era lo mejor del mundo para resolver la crisis.

-Siiii Pepe, ponte a creer. Ese mamotreto no era un Acuerdo de Paz, sino una rendición ante la dictadura. Ese panfleto avalado por Zapatero les quita derechos a los venezolanos y lejos de solucionar la crisis, la profundiza, no plantea elecciones libres ni transparentes, son convocadas por una ilegitima Asamblea Nacional Constituyente y dirigidas por el brazo electoral de la dictadura que es el Consejo Nacional Electoral (CNE).

Me cago en la ostia, que le pasa a ese señor Zapatero, que no distingue entre democracia y dictadura.

-Déjame decirte que si sabe cuál es la diferencia entre una y otro. Lo que pasa es que se hace el pendejo para proteger sus intereses o negocios que desde hace mucho ha tenido con el régimen chavista.

Explícate, no me dejes en el aire.

-Ya va. Déjame terminar este queso manchego que está del carajo.

-Listo, ahora un vinito para aclarar el gañote: Ese tipejo de Zapatero, vendió su alma y su conciencia a la dictadura por la “módica suma” de ¡¡¡38 millones 610 mil euros!!!

¿Queeeé? exclamó Pepe, en medio de un ahogo por culpa de un pedazo de chorizo a la sidra que se le atragantó al escuchar a su amigo.

-Para tu conocimiento, déjame darte los detalles: En el año 2005 el bichito de Zapatero, siendo Presidente de España, suscribió un acuerdo con el Gobierno de Venezuela -entonces presidido por Hugo Chávez-, para la venta de cuatro barcos para la Armada de ese país. En ese entonces, el ministro de Defensa, y máximo responsable de la venta de material militara otros países, era José Bono, quien ocupó esa cartera en tiempos de Zapatero entre los años 2004 y 2006.

El acuerdo firmado entre los dos gobiernos incluía la construcción de cuatro Buques de Vigilancia Litoral con un costo total de 508,68 millones de euros; y de cuatro Patrulleros Oceánicos con un precio de 698,71 millones de euros.

El costo total de la negociación fue de 1.207,39 millones de euros. Precio final del acuerdo, pero que en los papeles varía sensiblemente: El gobiernote Venezuela abonó 1.246 millones de euros en la operación, es decir, 38.610.000 de más.

Este sobre costo se debe a que en las fases finales de la operación de venta, se dio cabida a una gran empresa dedicada a la consultoría internacional, que habría de embolsarse el 3,5% del total del dinero del contrato.

Se trataba de la compañía Rebazve Holding S.L., que está inscrita en el Registro Mercantil de Vizcaya, y que está dirigida por dos venezolanos, Juan Rafael Carvallo López y Pedro Enrique Malavé Benavides.

Juan Rafael Carvallo López es uno de los grandes empresarios “bolivarianos” de la época de Hugo Chávez, mientras que Pedro Enrique Malavé, el otro administrador de Rebazve Holding S.L., también es responsable de otra empresa española: Fashion Canary Islands.

Hasta el sol de hoy, ni Zapatero ni su ministro de la defensa han ofrecido ninguna explicación.

-Que mantequilla, dijo Pepe. Claro, empleando testaferros y empresas fantasmas se embolsillan millones de euros y siguen con su cara muy lavada frente a la opinión pública. Ahora entiendo, el apego de ese tipejo con el régimen chavista. Parafraseando un viejo refrán popular, pudiera decir “Zapatero, a tus zapatos o mejor dicho a tus negocios”

Mesonero, traiga otra ración de queso y la cuenta por favor.

 3 min


Gustavo Gorriti

¿Latinoamérica se está volviendo trumpista? Si sigues y concuerdas con el argumento del reciente artículo de Brian Winters, The truth about Trump and Latin America (La verdad sobre Trump y América Latina) publicado en la revista que dirige, el Americas Quarterly, eso es lo que está pasando.

Es un artículo que deja una sensación grata a quienes analizan América Latina desde la perspectiva de una hoja de cálculo y otra opuesta a los demás. Está escrito con la cínica levedad que supuestamente señala a quienes conocen al mundo tal como es, con algunos de los trucos retóricos del caso (“hace un mes, me senté para escribir una columna incendiaria. Hombre, qué bien se sentía. [...] Pero había un pequeño problema… [El argumento] no era realmente verdadero… así que no la publiqué”).

¿Qué “no era realmente verdadero”? Que la potencial deportación de 200.000 salvadoreños iba a provocar “un grave daño a las relaciones diplomáticas en la región”, por ejemplo, y que “las imágenes de latinos sollozantes arrancados a la fuerza de sus familias” iba a disminuir todavía más la desbarrancada popularidad estadounidense en el hemisferio.

¿Y qué es entonces verdadero? Según Winters, que las relaciones diplomáticas de Washington con la región están bien, que, de hecho, la “región se está moviendo hacia una visión trumpista del mundo [worldview]”.

¿Ejemplos? La elección del billonario Sebastián Piñera en la presidencia de Chile. Y no solo porque entre ricos se entienden, sino, argumenta Winters, Piñera también aboga por reprimir la inmigración de Haití y Venezuela. Cierto que no es posible un muro porque Chile tiene 3.200 millas de frontera (y tampoco hay mexicanos para pagarlo, digo, aunque la cordillera andina y el desierto de Atacama algo ayudan a la Weltanschauung trumpiana).

Hay otro ejemplo, al lado. Mauricio Macri, otro millonario, menos mal, que, “según es fama, jugó golf con Trump en los ochenta”, lleva firmemente a Argentina hacia la derecha. En el Perú, Pedro Pablo Kuczynski, “que hizo su fortuna en Wall Street, considera Nueva York su segundo hogar y habla, me dicen, frecuentemente por teléfono con Trump” (bueno, así se explica…).

En la ola actual de elecciones, Winters encuentra otras buenas noticias. En Costa Rica, un predicador evangélico disputará la presidencia en segunda vuelta, para asegurar que los ticos no permitan el matrimonio homosexual. Costa Rica será pequeña, pero ¿y Brasil? Jair Bolsonaro sería el aliado soñado por Trump. Bolsonaro, refiere admirativamente Winters, “dijo a una audiencia de banqueros la semana pasada que él enfrentaría la violencia en la mayor favela de Río de Janeiro volanteando desde helicópteros un ultimátum a los criminales a salir dentro de las siguientes seis horas; y luego mandaría a la policía a que entre a matar a los criminales que se hayan quedado. Lo ovacionaron de pie”. A Rodrigo Duterte lo hubieran sacado en hombros.

¿Y López Obrador? Que se sepa, no es multimillonario ni ha jugado golf con Trump. Winters no pierde las esperanzas. “No puedo sino pensar que al final se llevarán bien. Ambos son nacionalistas [...], es por lo menos posible que su compartido disgusto con respecto al TLC los pueda conducir a un acuerdo mutuamente aceptable”.

Su actitud ante Venezuela, escribe Winters, hace que Trump “sea admirado incluso por algunos de sus críticos”. Su “claridad y disposición a actuar ha sido ampliamente apreciada, aunque no esté claro si será útil o no”. Creo que si hay alguien que le prende velitas al retrato de Trump, es Maduro, a quien ha regalado el pretexto de la defensa nacional cuando terminaban de caérsele los últimos harapos de disfraz ideológico para revelar al tirano cleptócrata que destruye su país mientras prospera el crimen organizado.

Alguien debería contarle a Winters que si Calígula estuviera aposentado en el salón oval de la Casa Blanca, buena parte de los grupos de poder latinoamericanos nombrarían a por lo menos un caballo en sus Gabinetes ministeriales y a otro en sus directorios. Ahora maltratan el golf y ordenan comida chatarra.

Latinoamérica es mucho más compleja que las clases dirigentes que no tiene. Pese al escepticismo que refleja el latinobarómetro, las democracias superficiales y frágiles que sucedieron a las dictaduras de la última parte del siglo pasado hicieron progresar a sus naciones, disminuyeron la pobreza y crearon o aumentaron una clase media que transita ahora por la promesa y los peligros propios de la adolescencia.

Claro que América Latina padece tremendos problemas. La criminalidad organizada es quizá el mayor de estos. Como las epidemias de causa desconocida de antaño, surgen demagogos como Bolsonaro (o Trump) que no proponen aceite de culebra sino sangre, la falaz solución que fracasa cada día en esta, la región más homicida de la tierra.

A Trump no le faltarán interlocutores con coeficiente intelectual atenuado entre los grupos de poder latinoamericano. Lo hemos vivido ya, con exceso, en la historia de la región. Pero más allá de la superficialidad política, me es difícil pensar en una gestión tan dañina para las relaciones de EE UU con Latinoamérica, y para la democracia en la región, como lo es ya el Gobierno de Donald Trump.

El País

17 Feb 2018

https://elpais.com/internacional/2018/02/17/america/1518824374_941675.html

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Lester L. López O.

Apreciación de la situación política número 133

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) reporta que en el mes de enero se produjeron en nuestro país 23 protestas y 14 intentos de saqueos cada día, números que continúan en el presente mes; la diáspora de venezolanos por las fronteras de Colombia y Brasil también se incrementa diariamente y ha obligado a los gobiernos de ambos países a movilizar tropas militares para prevenir disturbios, control ciudadano e implementar iniciales medidas humanitarias.

La asistencia hospitalaria nacional es cada día más crítica. A la tragedia de enfermos renales que fallecen por la falta de diálisis debido a la carencia de reactivos e insumos, se le suma el no menos trágico fallecimiento de menores por intoxicación con yuca amarga asociada con la ingesta de comida en la basura de las calles, pero también a la falta de información adecuada por parte de las autoridades sanitarias del país.

Otras autoridades alegan que las continuas fallas eléctricas y apagones que han afectado recientemente a la ciudad capital se producen por saboteos de diferentes actores pero que nunca detienen a los culpables por lo que los saboteos y, en consecuencia los apagones, continuaran.

Las fallidas negociaciones en República Dominicana solo auguran que la crisis y la conflictividad social se incrementará en el futuro cercano y el régimen continuará acumulando rechazo en la comunidad internacional. La reciente decisión del gobierno peruano, anfitrión de la próxima Cumbre de las Américas en el mes de abril, declarando no grata la presencia del mandamás venezolano en la misma y apoyada por la totalidad de los países integrantes del Grupo de Lima, es testimonio del rechazo internacional sin obviar el incremento de medidas sancionatorias a funcionarios del gobierno por parte de la Unión Europea y las declaraciones en contra del llamado a elecciones fraudulentas por parte del régimen.

Todas estas muestras de la tragedia general que nos agobia permanecen en el ambiente carnavalesco más triste de nuestra historia. Sin embargo, en declaraciones que comienzan a poner en dudas la salud mental del mandamás o, como muestra de la gran capacidad de cinismo que posee, declara que asistirá a la referida Cumbre por aire, mar o tierra y que hemos disfrutado de los mejores carnavales del mundo.

Parecen cosas de locos…

@lesterllopezo 16/02/18

 1 min


Alberto Hernández

Los años setenta se nos ofrecían en pleno ambiente universitario. Maracay era el pueblo que sigue siendo, con la diferencia de que no es la misma Maracay afectiva de aquellos días de convulsiones callejeras planificadas en la UCV o en el Pedagógico. Y eran los días juveniles del MAS, el partido que fundaran Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez. Y también los días del “glorioso” Partido Comunista, a través de la JC, cuyos militantes éramos tan ignorantes como desenfrenados. Pero también campeones en cien metros planos cuando aparecía la policía.

Eran los días de Carlos Tablante, Didalco Bolívar, Nelson González, Gustavo Cabrera, Luisa Ortega Díaz, Carlos Pinto, César Girón (no el torero, por supuesto), Carlos Javier Velarde, entre otros tantos de otras organizaciones de la llamada izquierda, quienes mandaban a sus muchachos a desestabilizar el sistema y a asaltar el cielo, aunque los del MAS no estaban muy convencidos de tales asaltos, pues lograron otros cuando arribaron al poder y se olvidaron de sus deberes políticos. Por supuesto, con las excepciones de siempre.

Y también eran los días de Leopoldo Sequeda, quien llegó a ser Secretario de Gobierno en 1974. Gobernaba Acción Democrática. Para muchos, Leopoldo era el terror de los revoltosos.

Las tantas veces que lo nombraban era para hacer sentir que le tenían miedo. Que era una suerte de hombre duro del gobierno adeco en Aragua. Hombre duro sí era. Tenía carácter. Hablaba con firmeza y no tenía miedo.

A mí me toco conocerlo cuando ya no era un tirapiedras. Me tocó conocerlo siendo yo periodista, gracias a mi cercanía y familiaridad profesional con Gustavo Urbina, fundador del diario “El Periódico”, luego bautizado “El Periodiquito”.

Gustavo y Leopoldo eran como hermanos. Se levantaron juntos en el barrio Belén de Maracay. Sus “peleas” eran de antología. Siempre terminaban con una botella de whisky. Y allí estuve yo muchas veces, las tantas veces que Leopoldo y Gustavo se “peleaban” y decidían terminar el último round en alguna tasca, por supuesto, una vez cerrada edición del periódico, que era cuando Leo se aparecía con muy malas intenciones.

Fueron muchas las ocasiones con Leopoldo. En sus reuniones taurinas. En discusiones políticas. En la redacción de periódico. En una calle. Durante una entrevista. Un día, de esos tantos con Leopoldo, me tocó irme con él en su viejo Mercedes Benz. En los otros vehículos iban Gustavo y Juan Onofre Páez Castillo y Juan Carlos Carabaño. Recuerdo que el Mercedes de Leopoldo se movía como una ballena y se lo hice saber. Se carcajeó y me dijo: “Si quieres te dejo aquí”. Esa noche fue de fiesta como las tantas veces con Leopoldo.

Otro día en su mismo carro le recordé que al único revoltoso que no había logrado meter preso fue a mí. Entonces volteó hacia el lado del pasajero y me dijo: -¿Ah, no, coño? ¡Qué vaina!

Me contó las veces que logró llevarse detenidos a Tablante y a otros izquierdosos de la época.

-Pero, mira, Alberto, yo iba a la casa de la mamá de Carlos en el barrio La Coromoto y le decía que se lo tenía guardado en un cuarto y que al día siguiente lo soltaba. Y que no se preocupara que yo le compraría pollo y hallaquitas y después se lo mandaría para la casa.

Muchos amigos comunes, aquellos que fueron “perseguidos” por Leopoldo, terminaron siendo muy amigos de él. Y confirmaban a diario que ese abogado que estuvo en el poder era más bien un tipo que amaba a su ciudad y no escatimaba en buscarse amigos.

Así era este hombre duro. Leopoldo fue un buen amigo. De duro tenía la cara, pero era un tipo bondadoso, solidario. Me tocó esa etapa de alegría y luego verlo recién operado del corazón. De un fortachón que era se convirtió en un hombre que me hacía la competencia en peso. Y eso le causaba gracia.

Celebro haber sido amigo y compañero de tertulias de este ciudadano maracayero que se sigue llamando Leopoldo Sequeda.

Acaba de morir. Pero como tantas veces, Leopoldo estará en nuestros recuerdos.

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​José E. Rodríguez Rojas

La Academia de Ciencias Económicas envió una carta al presidente de la republica Nicolás Maduro en la cual presenta un diagnóstico de la crítica situación de la economía venezolana. Para realizar el diagnostico, los economistas utilizaron las cifras del propio gobierno contenidas en un informe gubernamental enviado a la Security Exchange Commision (Comisión de Bolsas y Valores de los Estados Unidos). El informe se extiende hasta el año 2016 pero los economistas hicieron una proyección hasta el 2017 basados en otras fuentes.

De la información gubernamental se deduce que la economía está en el suelo postrada por el excesivo crecimiento de la emisión de dinero y la liquidez, una inflación fuera de control, caída en las reservas internacionales y la producción de petróleo, políticas de controles que han lesionado la producción y los servicios, contracción de la inversión y un elevado déficit fiscal.

En este contexto se ha producido, durante el gobierno de Maduro, una fuerte contracción del consumo por habitante la cual se estima en 32,1%, hay una situación de hambre creciente, problemas para conseguir alimentos y medicinas, malnutrición, es decir, el venezolano enfrenta una situación trágica. Según Humberto García Larralde, Presidente de la Academia, la intención de la carta es poner en evidencia que el gobierno y el presidente conocen la situación y no pueden argumentar que desconocen su propio diagnostico, escabullendo el problema diciendo que se trata de una guerra económica.

En torno a la economía de controles, de regulaciones y de precios diferenciales del tipo de cambio, García Larralde plantea que se han conformado poderosos intereses que están atrincherados en los nodos de decisión del Estado y no les interesa que se desmantelen las políticas de controles. Las enormes diferencias entre el tipo de cambio del Sistema de Divisas Protegidas (Dipro) y el del mercado paralelo es muy grande. Debido a ello, quienes tienen el monopolio de la importación de alimentos, los militares, enfrentan la gigantesca tentación de usar los dólares preferenciales para venderlos en el mercado paralelo.

También los militares tienen la función de custodiar la frontera donde el negocio de revender la gasolina, que en Venezuela cuesta 1 centavo de dólar y en Colombia más de 1 dólar, arroja pingues ganancias a los intermediarios. También la distribución de alimentos regulados, cuya responsabilidad está en manos de los militares y otros funcionarios, se presta a la reventa a precios de mercado que sobrepasan varias veces su precio regulado.

Todos estos negocios son amparados por la falta de transparencia y la rendición de cuentas, pues los organismos que deben cumplir esta función como la Asamblea Nacional, han sido acorralados por el gobierno, lo que le impide cumplir con su papel como contralor de la gestión gubernamental. El gobierno y el presidente están conscientes de la crítica situación que enfrenta la población, no toman decisiones pues esto afectaría los poderosos intereses de los diversos grupos que se han beneficiado de la economía de controles, en particular los militares.

Las afirmaciones de Larralde confirman lo que hemos sostenido en un artículo previo donde señalamos que el socialismo venezolano ha derivado en un capitalismo de amiguetes, al igual que el socialismo ruso. El capitalismo de amiguetes describe una economía en la cual el éxito en los negocios depende de la conexión con los funcionarios gubernamentales. Este tipo de economía se asocia fundamentalmente con gobiernos intervencionistas y autoritarios muy frecuentes en las economías petroleras. Este término fue utilizado por el afamado premio nobel de economía Paul Krugman, para describir a la Rusia de Vladimir Putin como un caso extremo de capitalismo de amiguetes, la cual constituye una cleptocracia donde los leales al régimen consiguen apropiarse de sumas en masa para su uso personal.

Krugman describe el entramado de corrupción que se desarrolló en torno a Vladimir Putin, con motivo de la contratación de la deuda externa rusa; la cual fue adquirida por entes privados que derivaron el monto del endeudamiento hacia el exterior de Rusia, invirtiéndolo en negocios inmobiliarios alrededor del planeta. Al final, el gobierno de Putin reconoció la deuda como propia y puso a los rusos a sufrir las angustias derivadas de su pago, sin haberse beneficiado en ningún momento de las inversiones asociadas a la misma (ver Capitalismo de amiguetes y crisis humanitaria. Digalo Ahí, 29 junio, 2016)).

Las bases del capitalismo de amiguetes en su versión venezolana las creó Hugo Chávez, quien, como lo ha señalado apropiadamente el historiador mexicano Enrique Krauze en su libro “El poder y el delirio”, no diferenciaba entre lo que era parte de su patrimonio personal y el del Estado venezolano. Dispuso de los bienes públicos como si se tratara de su peculio personal, creando alrededor de su figura un entramado de corrupción, que se extendió al manejo de la deuda, al sistema de control de cambio, a la importación y distribución de alimentos, al control de precios… y pare usted de contar. En este tinglado, los abnegados militares que lo acompañaron en su gesta revolucionaria ocuparon posiciones privilegiadas, dando lugar a uno de los más escandalosos procesos de corrupción que ha conocido el país.

Al lado de los militares, otros grupos se integraron con el tiempo a este tinglado de complicidad y corrupción, entre ellos comprometidos grupos de ultraizquierda como la Liga Socialista, Patria Para Todos y el Partido Comunista de Venezuela, quienes han visto así recompensada su larga vigilia por los intereses de la patria.

A su fallecimiento, Hugo Chávez pasó la titularidad de la gestoría del entramado a Nicolás Maduro, quien con menos recursos que el prócer de Sabaneta ha tratado de prolongar las políticas de controles y regulación de su predecesor, sin alterar los rasgos fundamentales de la estructura que sostiene al gobierno bolivariano, en particular lo relacionado con el privilegiado rol de los militares en el mismo.

La torpe gestión de Maduro ha llevado al país a una encrucijada que demanda el desmantelamiento de las políticas de controles, sin embargo, como lo ha afirmado García Larralde, esta decisión conspiraría contra los intereses de los amiguetes del régimen que se benefician de la economía de controles, entre ellos los militares, lo cual impide una solución a la crisis económica que atravesamos desde hace varios años.

Nota: la información sobre la carta de la Academia de Ciencias Económicas y los planteamientos de García Larralde son tomados de una entrevista que le hicieran en un programa de CNN Dinero de mediados de enero de este año.

Profesor UCV

Josenri2@gmail.com

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