Pasar al contenido principal

Opinión

No dejamos de horrorizarnos con los sucesos cotidianos de Venezuela. La falta de servicios y algunas veces su mala calidad nos complica la vida enormemente. Las fallas en el suministro de electricidad crean caos en las calles porque los semáforos no funcionan; los residentes en edificios no pueden utilizar los ascensores y recursos de seguridad como puertas y portones eléctricos, cámaras y otras facilidades; además que tener que recurrir a las velas para no vivir en tinieblas. Las fallas en el suministro de agua potable nos regresa a los tiempos pueblerinos cuando había que ir con recipientes a la “pila”, que era un sitio común para un vecindario completo, al cual llegaba una simple tubería; o ir al sitio donde se estaciona un camión cisterna y reparte agua a los vecinos; y además se nos dificulta el aseo personal. El servicio de internet tan malo y frecuentemente ausente en zonas densamente pobladas que complica cualquier transacción comercial, ya que no hay dinero en efectivo circulando y tampoco los puntos de pago con tarjetas funcionan. El pésimo servicio de recolección de basura que contamina las ciudades, dejándolas llenas de desechos regados por calles y aceras, que se convierten en rápidos criaderos de moscas y promueven la invasión de ratas. La falta de medicinas que causa grandes trastornos a la salud de los ciudadanos, y hasta se convierte en un arma mortífera cuando el enfermo no consigue el remedio adecuado y oportuno, y fallece. La falta de alimentos que está promoviendo una generación de desnutridos y ha causado la locura de muchos, por la desesperación de no conseguir el alimento para sus hijos, llegando a cometer actos fuera de toda norma ciudadana.

¡Qué barbaridad!

Como resultado de esa locura colectiva, recientemente pudimos observar videos mostrando grupos de personas asaltando fincas ganaderas para matar animales y poder tener carne para la alimentación, en episodios que muestran el salvajismo al que ha llegado nuestro pueblo, y además, la impunidad con la que realizan estos actos. Estos grupos se comportan igual que un grupo de leones al acecho de una víctima, que puede ser un bisonte, un venado, una jirafa, una cebra, o cualquier otro animal que les pueda brindar su carne para el banquete. Lo rodean, lo persiguen, se rotan en este proceso hasta que la víctima comienza a mostrar cansancio y eventualmente a detenerse. En este momento una de las fieras trata de morderlo y retenerlo por una pata, otra fiera lo muerde por el vientre, y el golpe final lo asesta la fiera que logra morderlo en el cuello, tumbarlo y asfixiarlo hasta que moribundo, ya sin fuerzas, comienza a recibir las dentelladas que van rompiendo sus carnes, desmembrando su cuerpo.

De igual manera pudimos ver a estas fieras humanas perseguir a un indefenso maute, cansarlo dentro de los alambres de púas de un limitado potrero, tratar de agarrarlo y tumbarlo, hasta que el pequeño bovino, ya sin fuerzas, se rinde y comienza a recibir las dentelladas asesinas, que en este caso no son los dientes leoninos sino una variada gama de armas blancas que se hunden en las carnes de la víctima y luego comienzan a deslizarlas para desmembrar su cuerpo y repartirse el botín.

¡Qué barbarie!

Esta locura que no respeta la vida de animales domésticos, también ha llegado a que en Venezuela no se respete la vida de las personas. Hemos visto, ya durante años, y recientemente con mayor frecuencia y saña, cómo persiguen a la gente, los acorralan, los engañan con falsos acuerdos, y luego las víctimas comienzan a recibir las dentelladas de estos salvajes, que son la metralla que sale de piezas de artillería liviana y pesada, esos trozos metálicos comienzan a hundirse en las carnes, ahora humanas, hasta que se acaba la vida de estos ciudadanos.

¡Qué barbarie!

Otra barbaridad son las declaraciones recientes del ministro de agricultura, que han sido excelentemente analizadas por el estimado Profesor Werner Gutiérrez. Quiero anexar un comentario a esos anuncios. En primer lugar, lo etéreo en señalar que la “agricultura evolucionó 67% en el 2017”. ¿Qué quiere decir eso? Creo que solo en la mente de este militar está la respuesta. En segundo lugar, declaró que se sembraron 168.000 hectáreas de arroz. Si eso fuese cierto, con un rendimiento promedio de 5 toneladas/hectárea (porque menos que eso sería antieconómico y resultado de una mala práctica agrícola), esa producción alcanzaría para un suministro de 31 kilogramos de arroz per cápita para una población de 30 millones de personas, lo cual sería excelente y no hubiese sido necesario importar arroz de Surinam, Pakistán y Brasil, entre otros.

¡Qué barbaridad! Cómo mienten.

Enero 2018

pedroraulsolorzano@yahoo.com

www.pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

 3 min


Aragua en Red se dirige al pueblo venezolano, y en particular a la dirigencia política, social y económica del país, en estos momentos de tanto sufrimiento, con la finalidad de plantear lo siguiente:

1.- Es público, notorio y noticioso el terrible momento por el que estamos pasando los venezolanos, caracterizado por la escasez de alimentos y medicinas; la desnutrición creciente, en particular en menores de edad y en los más pobres; la hiperinflación que hace inalcanzable los alimentos y suministros; la falta de insumos en los hospitales, el resurgimiento de epidemias antes desaparecidas o controladas; la inseguridad jurídica y personal dado el control que tiene el hampa en nuestras ciudades y pueblos; entre tantos otros males. Esto ha generado muchas muertes, la pérdida severa de la calidad de vida y la migración de más de dos y medio millones de venezolanos.

2.- Todo lo anterior es consecuencia de las políticas económicas y la corrupción generalizada del régimen, y forman parte de los mecanismos que ha implementado para controlar a la población, como dictadura con rumbo al totalitarismo que es. Resulta paradójico que este dantesco cuadro de hambre y muertes, sea acompañado de un discurso gubernamental lleno de frases rimbombantes que hacen referencia a supuestos “triunfos”, la “paz”, el “país potencia”, mientras celebran bailando en público esta tragedia nacional.

3.- El pueblo venezolano sabe quiénes son los responsables de esta catástrofe, razón por la cual los deseos de cambio de gobierno son superiores al 80 %.

4.- La dirigencia opositora no ha sabido capitalizar el rechazo y ha dado lamentables muestras de división e incoherencia, siendo la falta de verdadera unidad la causa de los retrocesos después del formidable triunfo en las parlamentarias de diciembre de 2.015.

5.- En nuestro criterio, no es cierto que se ha errado en la estrategia para enfrentar al régimen, sino que, cualquier estrategia exitosa para enfrentar a esta dictadura requiere indispensablemente de UNIDAD. El error no ha sido ni es acudir a elecciones, como tampoco lo es la abstención, ni la lucha de calle, ni la negociación con el régimen. Consideramos que no hay ni habrá salida sin UNIDAD, y esto es lo que ha ocurrido en los últimos años. No hay triunfo en elecciones si no hay unidad, como tampoco tendrá sentido la abstención si su llamado o convocatoria es el resultado de divisiones.

Por lo tanto, desde las organizaciones de la sociedad civil que conforman Aragua en Red, demandamos, exigimos, reclamamos a las organizaciones políticas, las que integraban la MUD y las que se excluyeron, que se unan, al margen de las diferencias, antipatías y/o rencores, al margen de los intereses, por muy legítimos que estos sean. Solicitamos, con la urgencia del caso, que se conforme el nuevo bloque unitario, que incorpore a todos los partidos de oposición, al chavismo disidente y, muy importante, a integrantes de la sociedad civil organizada.

Además, para que sea ciertamente unitaria se deben reunir frente a frente los dirigentes con cargos de dirección, con regularidad, para concertar las políticas, estrategias, tácticas, las acciones y el discurso unitario que se llevará adelante, para que, por un lado se supere la desesperanza y la frustración que caracteriza a los venezolanos, mientras que por el otro se construyan las bases para salir de la autocracia y liberar a Venezuela.

Para finalizar, siendo las elecciones presidenciales un evento que vendrá sin duda alguna, dado el alto nivel de rechazo que tiene la dirigencia político-partidista, tal como lo señalan todas las encuestas, -como dato de la realidad y no como parte de una estratagema anti partidos o anti-política-, proponemos acordar la selección de un candidato “único y unitario”, extra-partido, para un gobierno de transición de no más de tres años de duración y sin posibilidad de reelección, que pueda implementar las políticas económicas, sociales e institucionales amparado en un gran acuerdo de gobernabilidad que permitan reinsertar al país en la senda del progreso, el desarrollo, la subsidiaridad y la equidad social. Un acto de desprendimiento que bien merece nuestro golpeado país.

27 de enero de 2018

Aragua en Red

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Reclaman fortalecer la Unidad, imperativo categórico que ojalá contuviera propósitos hondos de rectificar. El problema es que pareciera que unos van a las elecciones, otros no, y una separación podría producirse. No hay que recontar los episodios de autodestrucción de los dos años anteriores, sino precisar por qué se llegó a ellos, y nuestra intransmisible responsabilidad en los avatares de 2018. Nos derrotamos nosotros mismos, fuimos víctimas de nuestros bumeranes, de la ferocidad de la abstención. Los sicoanalistas piensan que reconstruir la microhistoria personal ayuda a superar los espectros que nos perturban.
El país entero se unió contra la autocracia en la abrumadora mayoría política de 2015. Se cambió por espejismos, corta vista, juegos de abalorios, actuar a la loca. La Unidad funcionó desde 2012 porque los partidos derrotados aceptaron con humildad ponerse al servicio de quienes habían ganado internamente en buena lid, e hicieron grandes esfuerzos por su triunfo; la generosidad luego se convirtió en veneno. En vez de gratitud vinieron feroces ofensivas de desprestigio contra los aliados, que se mantienen incluso hasta hoy y se quiso discriminar entre puros e impuros. Lance la primera piedra, tendrá una matanza paleolítica.
En 2014 arrancaron sangrientas razzias contra la MUD, R.G. Aveledo y cualquiera que no comulgara con las alucinaciones de la salida. Desde 2015 gente incuestionable recibió y recibe aún “fuego amigo” desde dentro de la Unidad, por el simple hecho de disentir o inquietar aspiraciones de otros. Luego de su memorable trabajo se produjo el insólito “despido” de Chúo Torrealba como a un ingeniero de Pdvsa. Durante los fatales 2016-2017, el asalto del cielo en las calles significó la exclusión y marginación de los partidos que no fumaron del mismo tabaco.

Fuego amigo
Ya sabemos qué vino después y por qué estamos en el peor de los mundos. Atormentado por la deriva de la guerra española, César Vallejo exclamó: “cuídate, España, de tu propia España”. Como entonces los fusilamientos fueron adentro, porque a la antipolítica se le sale la babita y mantiene la cruzada de descrédito desde Madrid, Miami y etc. Un señor famoso por su torpeza, su lamentable y errático criterio político, todos los días denigraba de quienes dialogaban. No se ocupaban de la muerte de Oscar Pérez, “por andar entretenidos en elecciones”. Como si tal cosa, al día siguiente lanza su candidatura desde el oso de la Puerta del Sol.

Lo hace sin sonrojo y con un enorme cucurucho de palomitas acarameladas en la mano, bolsa de Galerías Preciado. Obviemos las pintorescas, por cosas más operativas. La unidad ahora implica incorporar nuevos factores y volver a hacer de la Mesa una instancia de debate sin hegemonías. Mandar es mucho más fácil que ejercer liderazgo, arte que requiere convencer. Son antitéticos conducción y caudillismo, dirigir y mandar, Betancourt y Chávez. Aunque dice una importante encuesta que cualquiera de los candidatos democráticos le ganaría al gobierno 70 a 30, el radicalismo logró el antimilagro de transformar la mayoría social en minoría política.

No ir a las elecciones y a cambio aferrarse a fantasías como supuestas invasiones extranjeras, haría desaparecer la oposición como en 2005 y con ella la esperanza democrática. Esa es la obra de unos que andan dentro y fuera del país con el único oficio de desacreditar cualquier acción práctica. Su calumnia descerebrada va contra el diálogo, el voto, los partidos, la oposición real. Con ese invalorable apoyo, el gobierno convoca elecciones para arrancar las fuerzas democráticas de raíz.

Refugio de perdedores
Se pide unidad, pero cómo se conjuga con la gritería abstencionista, sin sentido, vacía, grupos crónicos que no hacen absolutamente nada salvo vivir para la intriga y la maledicencia en las redes. El perdedor o cabillero digital es un prototipo que se presenta como tendencia en todas partes y llama la atención de estudiosos del tema. Es el que compensa su fracaso como ser humano denigrando de otros con su único recurso: una madriguera en las redes donde se esconde el taxi driver de Scorsese de la era digital. Pero se observa una auspiciosa reacción contra ellos.

Es una corriente racional y decente que se reveló contra los que hacen de las redes una sentina ética a su imagen y semejanza. Esta extraordinaria aparición contribuirá a higienizar los debates, reducir la influencia de los cabilleros, cobradores de peaje y grupos de exterminio del ciberespacio. Fueron esta semana un chorro de aire fresco y renovación del lenguaje, mujeres y hombres que discuten sin ensuciarse la boca, con elegancia e inteligencia, que no sucumben a la ira sino a la razón. No insultan sino ironizan. Enjuagan la vulgaridad, la mentira, la ruindad de los tuiterneitor que dejan su pestilencia en los teléfonos.

Nadie debería apostar a quimeras o creer que la miseria será catalizador de un cambio. Los marxistas solían decir que “lo bueno de la situación es lo malo que se está poniendo”, apuesta suicida a imponderables que ahora consigue nuevos seguidores. La experiencia práctica y teórica indica que quien pasa hambre dedica su tiempo a conseguir alimentos y no a la lucha política. Samuel Huntington, uno de los más importantes estudiosos del tema, escribió las 500 páginas de Política y sociedad en época de transición para sustentar esa hipótesis.

@CarlosRaulHer

 4 min


Jesús Elorza G.

Cuando los sindicatos del transporte decidieron ir a un “Paro General” para enfrentar la actitud del gobierno de no atender sus reclamos, relacionados con la escasez de insumos o repuestos para sus unidades o el aumento del pasaje para poder medianamente atender la situación hiperinflacionaria de la economía y su brutal incidencia en los elevados costos de los productos, el usuario se preguntaba ¿Cómo resolver mí movilización diaria?

-Algunas personas optaron por trasladarse caminando hasta sus sitios de trabajo. Otros buscaban que alguno de sus vecinos con carro le diera la cola.

-Pero la gran mayoría no podía optar por esas soluciones, ya que, las distancias a cubrir eran muy extensas y sus vecinos o no tenían carro o no cubrían la ruta…..el desespero comenzó a tomar cuerpo en la población.

-Mientras tanto, el régimen en su permanente empeño en no aceptar la realidad de la crisis que atraviesa el país, se empeñó en actuar de espalda a los problemas y siguió con su cantaleta de la “Guerra económica”. El colmo de la desfachatez gubernamental, alcanzó su punto más alto, cuando Nicolás, anuncia que nadie se debe preocupar por la falta de transporte. El caminar, dijo con su cara muy sonriente, es una actividad que genera beneficios cardiopulmonares a las personas.

Frente a la desidia gubernamental, el paro continuaba día tras día. Mientras tanto, comenzaron a surgir soluciones de transportación inesperadas: Las personas que tenían un camión comenzaron a recoger pasajeros en las diferentes vías. Transportaban a las personas como ganado de un sitio a otro. Popularmente esta forma de movilización fue bautizada con el nombre de “Transbaranda” por las estructuras de maderas que se requieren para transportar las cargas.

En términos de horas, el negocio se hizo floreciente. Camiones iban y venían cargados de personas. Lo sorprendente del hecho, es que el pasaje era igual o superior a lo exigido por los sindicatos….y la gente lo pagaba sin protesta alguna.

Al progresar los negocios de los Transbarandas, los dueños de las unidades, decidieron darle forma organizativa a la nueva empresa surgida en tiempos de revolución y decidieron transformarse en “Cooperativas Comunales de Transporte” e incorporaron colectores para cobrar los pasajes y emplearon escaleras portátiles para facilitar la subida y bajada de las personas.

Todo iba viento en popa, hasta que los camiones comenzaron a tener fallas de motor o necesidades de cambio de aceite o cauchos y surgieron con toda su fuerza las leyes del mercado, que en materia económica regulan la oferta y la demanda del servicio o las pérdidas y ganancias de la empresa.

O el gobierno nos subsidia o nos veremos en la necesidad de aumentar los precios del pasaje anunciaron todas las Cooperativas Comunales……mientras tanto, el gobierno seguía como si no pasara nada y asesorado por el G-2 cubano que si sabe de problemas de transporte público, decidió poner en práctica “La Operación Centella”, sacando a la calle los camiones militares para que sirvieran como unidades de transporte gratis para el público. Pero, la operación duró lo que dura el trazo luminoso de un rayo en el cielo.

Por un lado, el número de camiones fue insuficiente y por el otro las cooperativas comenzaron a protestar alegando que esa “Centella” era un atentado directo contra el Liberalismo Comunal al prestar un servicio gratuito de transporte afectando a la libre empresa revolucionaria comunitaria. El gobierno debe dejar de lado el proselitismo demagógico de buscar votos o comprar conciencias regalando toda vaina, señalaron unánimemente las cooperativas. Exigieron que de forma inmediata sean sacados de circulación las unidades militares de lo contrario irían a un Paro General de Transporte”

Los camiones de estacas se respetan. No somos soldados para andar montados en unidades militares. Centella es demagogia, Transbaranda es solución revolucionaria. Las Cooperativas Comunales de Transporte representan la Libre Empresa Revolucionaria. NO a la militarización del transporte. Camiones o Muerte…..y el gobierno mirando para otro lado…..Nicolás bailando y el pueblo caminando.

 3 min


Douglas Barrios y Miguel Ángel Santos

Si es verdad aquello de “es la economía, estúpido”, la hiperinflación que arropa a Venezuela debería ser más que suficiente para señalar el fin de un modelo de dominación social que ha devastado al país en dos décadas. El problema está en que la posibilidad de que las hiperinflaciones generen transiciones políticas favorables a la democracia depende precisamente de la naturaleza del sistema político en el momento en que estas ocurren. Con la autocracia de Nicolás Maduro en pleno apogeo, la estupidez radica en creer que será la economía el catalizador del cambio.

Para saber si un país ha entrado en la hiperinflación se suele utilizar la cota de 50 por ciento de inflación mensual acuñada por Phillip Cagan en 1956. Es un criterio fácil de medir, si no fuera porque el Banco Central de Venezuela no publica cifras de inflación desde el año 2015. Este vacío de información oficial ha sido llenado por varias fuentes complementarias. La Asamblea Nacional prepara su propio índice de precios al consumidor, según el cual la inflación de noviembre y diciembre pasados fue de 57 por ciento y 85 por ciento, respectivamente. El Instituto de Tecnología de Massachusetts tiene una página pública, que registra las variaciones de precios recabadas semanalmente a través de una aplicación telefónica, según la cual la inflación en noviembre fue de 43 por ciento y de 146 por ciento en diciembre (248 por ciento en el caso de alimentos). Otras fuentes independientes también apuntan a noviembre como el inicio formal de la hiperinflación, y coinciden en ubicar la inflación de cierre para 2017 en cerca de 2700 por ciento.

Este desquicio es en buena medida producto de la creación de dinero para sustituir los ingresos fiscales que se han desvanecido, tras una recesión que ha destruido el 40 por ciento de la economía en cuatro años. La creación de dinero en octubre pasado representaba el 79 por ciento de los ingresos fiscales del gobierno. Esta tendencia se aceleró en los dos últimos meses de 2017. Solo en la semana del 15 al 22 de diciembre, el gobierno creó dinero equivalente a cuarenta millones de salarios mínimos mensuales.

Cuando se piensa en la catástrofe de Venezuela, uno se siente tentado a creer que la hiperinflación puede ser el catalizador de una transición hacia la democracia. Sin embargo, hacer predicciones políticas a partir del desempeño económico de un país es un ejercicio arriesgado. Si alguna lección se puede extraer de las experiencias previas de hiperinflación es que es mejor no apresurarse a sacar conclusiones.

Dado lo inusual de las hiperinflaciones, la posibilidad de establecer paralelismos entre el destino de los países que sufrieron hiperinflación también es limitada. Los dos últimos casos, Zimbabue y República del Congo, se remontan a diez y veinte años, respectivamente. Pero es esa misma rareza lo que convierte a la experiencia de los países que han sufrido hiperinflaciones en el único espejo a través del cual vislumbrar lo que podría esperarle a Venezuela.

En los últimos setenta años han ocurrido 37 hiperinflaciones en 29 países —hay ocho repitientes—. La duración de estos procesos depende de cuán funcional sea la democracia de ese país en el momento hiperinflacionario. Las hiperinflaciones en países autoritarios suelen durar más. Los diecisiete casos que se cuentan en esta categoría han durado catorce meses en promedio, dos veces más que los veinte casos que se registraron en contextos más democráticos. Entre los primeros se cuentan las dos hiperinflaciones más largas de la historia, Nicaragua de 1986 a 1991, 63 meses, y Azerbaiyán de 1992 a 1995, 36 meses.

También existen grandes diferencias en términos de la intensidad. En contextos autoritarios, la inflación promedio en el punto de máxima intensidad equivale a duplicar los precios cada seis días. Aquí se incluyen los casos más extremos, ocurridos en enero de 1994 en Yugoslavia y en noviembre de 2008 en Zimbabue, donde los precios llegaron a duplicarse cada dos días. En el grupo de países más democráticos, los precios llegaron a duplicarse en promedio cada veintidós días en el momento de mayor aceleración inflacionaria.

Las hiperinflaciones más prolongadas e intensas ocurren de forma casi exclusiva en contextos autoritarios. Las tendencias hiperinflacionarias recuerdan la tesis de Amartya Sen, según la cual todas las hambrunas que se han registrado en la historia han sucedido en contextos autoritarios. De modo semejante, un sistema democrático de rendición de cuentas disminuye las posibilidades de una hiperinflación intensa y prolongada.

La pregunta más relevante es si la hiperinflación puede ser un catalizador de transiciones políticas hacia la democracia. A pesar de sus devastadoras consecuencias sociales y económicas, no existe evidencia de que las hiperinflaciones sean por sí mismas capaces de liberar una fuerza democratizadora. Tres años después del fin de la hiperinflación, 24 de los 37 casos no habían experimentado cambios significativos en sus niveles de democratización. Esta conclusión no varía si solo consideramos hiperinflaciones ocurridas en contextos autoritarios. La frecuencia con que han ocurrido transiciones democráticas en estos casos —incluyendo Polonia con Lech Wałęsa y Nicaragua con Violeta Chamorro– no difiere significativamente de la frecuencia con que ocurren transiciones democráticas en países autoritarios que no hayan sufrido hiperinflaciones.

Irónicamente, las hiperinflaciones sí pueden ser un catalizador de transiciones políticas en los países democráticos, aunque en la dirección equivocada. Las transiciones hacia regímenes autocráticos en el contexto de una hiperinflación —entre las que se cuentan Lukashenko en Bielorrusia y Pinochet en Chile– son siete veces más probables que en democracias donde no ocurrieron hiperinflaciones.

Este es un giro relativamente predecible. Las hiperinflaciones traen consigo grandes desequilibrios sociales. Los hábitos y costumbres con que las sociedades han funcionado hasta entonces resultan inocuas para hacerle frente al caos generalizado. Todo esto suele llevar a la tentación de buscar una figura autoritaria e investirla de poderes especiales a cambio del restablecimiento del orden.

Durante años, los venezolanos han recurrido a todas las estrategias posibles para evadir la miseria que les ha traído la revolución bolivariana. Sin embargo, las circunstancias presentes en Venezuela se asemejan cada vez más, en lo político y económico, a las de los países que sufrieron hiperinflaciones más prolongadas e intensas. Agotados los remedios propios, el país ha pasado a depender en gran medida de la ocurrencia de un evento externo que nos lleve hacia una mejor democracia como por arte de magia.

La experiencia sugiere que es improbable que la hiperinflación por sí misma consiga el cambio anhelado, especialmente ahora que la Asamblea Constituyente anunció el adelanto de las elecciones presidenciales para el 29 de abril. Eso no quiere decir que no habrá transición, o que con o sin ella no pueda reestablecerse algún orden en la economía. Solo indica que la catástrofe ha creado las condiciones para la consolidación de un liderazgo autoritario que le devuelva la estabilidad al país, en lugar de llevar a una transición democrática. Aún en el mejor escenario, va a ser difícil devolver el genio a la botella.

Douglas Barrios es economista e investigador del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard y Miguel Ángel Santos es profesor adjunto de Políticas Públicas en la Escuela Kennedy de Gobierno de Harvard e investigador del Centro para el Desarrollo Internacional de la misma universidad.

25 de enero de 2018

New York Times es.

https://www.nytimes.com/es/2018/01/25/opinion-hiperinflacion-democracia-...

 5 min


Moisés Naím

Los ricos están más contentos que nunca. Las principales economías están creciendo, los riesgos de colapsos financieros parecen bajos, Trump redujo los impuestos, los precios de las empresas en las Bolsas de valores están por las nubes y, por lo tanto, las fortunas de sus dueños y directivos también. Por todo esto, en la reunión anual del Foro Económico Mundial que acaba de terminar en Davos (Suiza), el ambiente entre los ricos que allí asisten fue de euforia. Pero de una euforia angustiada, ansiosa. Saben que hay algo que no está bien. O, mejor dicho, muchas cosas no están bien.

La lista es conocida y los científicos y analistas que van a Davos la recordaron hasta la saciedad. Cambio climático, guerras, pobreza y desigualdad, descontento social, terrorismo, ciberataques, malos líderes políticos y todo lo demás. No está claro de dónde vendrá la mala noticia que acabará con la bonanza, ni cuándo. Tampoco es seguro que llegue. ¿Quién sabe? Quizás no ocurra la catástrofe que descarrile este tren.

Uno de los temas que dominó esta reunión anual del Foro fue el de la inteligencia artificial. Para Sundar Pichai, el jefe de Google, “la inteligencia artificial (IA) nos va a salvar, no a destruir. Es probablemente lo más importante en lo que la humanidad jamás ha trabajado. Creo que la IA tendrá un efecto más profundo que la electricidad o el fuego”. Casi nada.

El optimismo de Pichai no es compartido por Jack Ma, el fundador de AliBaba, la gigantesca empresa china que es el rival más acérrimo de Amazon. En Davos, Ma dijo: “La inteligencia artificial y el big data son una amenaza para la humanidad. La IA debe apoyar a los seres humanos. La tecnología siempre debe hacer cosas que empoderen a la gente, no que la inhabiliten”. Cabe señalar que Google y AliBaba son dos de las empresas líderes en este campo y están entre las que más invierten en el desarrollo de inteligencia artificial.

Una de las sorpresas de la reunión la provocó el milmillonario inversionista y filántropo George Soros. Para él, las empresas de tecnología de información constituyen una grave amenaza contra la cual los Gobiernos deben actuar de manera firme e inmediata. “Estas empresas a menudo han desempeñado un papel innovador y liberador. Pero a medida que Facebook y Google se han convertido en monopolios cada vez más poderosos, se han vuelto obstáculos para la innovación”, dijo Soros. Y continuó: “Las empresas obtienen sus ganancias explotando su entorno. Las compañías mineras y petroleras explotan el ambiente físico; las empresas de medios sociales explotan el entorno social. Esto es especialmente nefasto porque las empresas de medios sociales influyen en cómo las personas piensan y se comportan sin que ellas siquiera lo sepan. Esto tiene consecuencias adversas de largo alcance para el funcionamiento de la democracia, particularmente en la integridad de las elecciones… Facebook tardó ocho años y medio en llegar a tener mil millones de usuarios y la mitad de ese tiempo en añadir mil millones más. A este ritmo, en menos de tres años Facebook se quedará sin gente a la que convertir en usuarios… Facebook y Google controlan efectivamente más de la mitad de todos los ingresos por publicidad en Internet… La excepcional rentabilidad de estas compañías se debe a que no pagan por el contenido de sus plataformas. Ellos afirman que, simplemente, están distribuyendo información. Pero el hecho de que sean casi monopolios los convierte en servicios públicos y por ello deberían estar sometidos a regulaciones más estrictas, dirigidas a preservar la competencia, la innovación y el acceso universal, justo y abierto”.

Pero a Soros no solo le preocupan los efectos de estas empresas sobre la competencia y la innovación. También aprovechó el Foro de Davos para denunciar su impacto en nuestras mentes y conductas: “Las empresas de medios sociales engañan a sus usuarios manipulando su atención y dirigiéndola hacia sus propios fines comerciales. Deliberadamente promueven la adicción a los servicios que brindan. Esto puede ser muy dañino, especialmente para los adolescentes. Más aún, algo también muy dañino, y tal vez irreversible, le está sucediendo a la atención humana en la era digital. Y no es solo la distracción o la adicción que estas empresas estimulan; también inducen a las personas a renunciar a su autonomía de pensamiento, lo cual las hace más vulnerables a ser manipuladas políticamente”.

Muchos reaccionaron contra estas denuncias de Soros y otros las aplaudieron. Un ejecutivo de una de las mayores empresas en este campo me dijo que, en su opinión, Soros exagera, aunque reconoció que algunos problemas que mencionó son reales. “Pero nosotros mismos los vamos a solucionar”, afirmó, “y si no lo hacemos nosotros lo van a hacer los Gobiernos. Y eso será peor para todos”.

El impacto de las tecnologías digitales se va a acentuar y expandir. Antes, las empresas necesitaban capital financiero, capital humano, capital tecnológico y capital reputacional para tener éxito. Dinero, gente, tecnología y buena reputación. De aquí en adelante también necesitarán de capital digital. Esta también es una tecnología. Pero, tal como estamos descubriendo, sus usos y consecuencias son aún muy inciertos.

28 enero 2018

@moisesnaim

El País

https://elpais.com/elpais/2018/01/27/opinion/1517070349_796487.html

 4 min


Cuando llegamos a vivir a esta casa, hace ya una porrada de años, la calle era muy distinta. Hoy está atochada con edificios de departamentos. Los inquilinos llegan y se van, nadie conoce a nadie. Del antiguo tiempo solo resta una que otra casa vieja, entre ellas la mía, que es de los años cincuenta. Y las dos del frente: dos casas iguales, casi mellizas. Una tiene incluso la fecha de construcción en el frontis: 1914. Justo cuando comenzó la primera guerra mundial.

Cuando llegamos a residir en esta ciudad las dos casas del frente estaban habitadas por dos matrimonios de viejos. Los dos hombres viejos eran calvos, redondos, rosados y de baja estatura y, al igual que las dos casas, muy parecidos entre sí. Las dos mujeres, altas y delgadas, también se parecían. “A estos los hicieron en duplicado”, comenté yo, la primera vez que los vi.

A los pocos días de haber llegado, uno de los viejos vino a saludarnos. Nos preguntó de cual país veníamos y se mostró muy afable con nosotros. No fue simple cortesía. Cada vez que nos veía iluminaba su cara y se acercaba a darnos la mano. El otro viejo, en cambio, casi nunca saludaba y cuando lo hacía, más bien gruñía. Las dos mujeres no aparecían nunca en la calle. Después supimos que ambas estaban muy enfermas. Si de la misma enfermedad, no lo sé. Para diferenciarlos, y guiados por esa manía tan chilena de poner sobrenombres a todo el mundo, bautizamos entre nosotros –Norma y yo- a los dos viejos. Uno sería el Bueno y el otro, el Hosco.

Nos llamó sí la atención que entre ellos nunca se saludaban. Y cuando trabajaban en el jardín que da a la calle, ni siquiera había una mirada. Nada.

Un día el Bueno se cruzó en la acera con Norma y le preguntó de sopetón: ¿“entiende usted inglés”? Al oír respuesta afirmativa sacó del bolsillo un sobre y le dijo: ¿“Podría traducirme esto al alemán”? Era una tarjeta postal, venía de Michigan. Un simple saludo de cumpleaños que le enviaba un nietecito.

Al día siguiente el Bueno golpeó la puerta de nuestra casa. Traía consigo un atado de cartas, todas escritas por nietecitos de Michigan. Cuando Norma las traducía le brillaban los ojos de contento. Estaba feliz. Fue imposible no tomarle cierto cariño al viejo, al Bueno.

Una mañana el repartidor de correo tocó el timbre y me pasó una carta certificada. Iba dirigida al Hosco quien no estaba en su casa. Me pidió que yo la firmara y después se la entregara, lo que hice en cuanto lo vi de regreso. Cuando el Hosco me dio (me gruñó) las gracias, yo comenté que me parecía raro que el repartidor no se la hubiera entregado a su vecino lateral (el Bueno) quien estaba precisamente en la puerta de calle en ese momento. “Con ese no nos hablamos” – respondió el Hosco. “Típica enemistad entre vecinos” - dije yo, solo por decir algo. “No, no es eso. Durante la guerra (durante Hitler) ese hombre era el encargado oficial del barrio (Gauleiter). Fue él quien me denunció. Por culpa suya pasé un buen tiempo preso. Yo era socialista”. Calló unos segundos y luego agregó: “Antes fuimos amigos; los dos éramos albañiles”

Cuando conté el episodio a Norma, ella no lo podía creer. ¿El Bueno un nazi y el Hosco un preso político? Años después, gracias a un estudiante que escribía su doctorado sobre el tema “historia del nacional-socialismo en Oldenburg”, pude verificarlo. Así había sido, exactamente, había sido así.

El Bueno (el nazi) siguió siendo afable con nosotros y el Hosco continuó gruñendo a guisa de saludo. Hasta que un día el Hosco murió. A las dos o tres semanas murió el Bueno. Poco tiempo después divisé desde una ventana de mi casa a las dos viudas. Solo separadas por una hilera de rododendros enanos, conversaban. Pese a la llovizna no paraban de hablar. Incluso gesticulaban. Vi a las dos levantar los brazos al mismo tiempo, como si fueran a pelear. Luego se despidieron, para mi sorpresa, con un abrazo, frío, pero abrazo al fin. Al cabo de unos meses, ninguna apareció. Hoy las casas del frente, algo modernizadas, albergan a matrimonios jóvenes con un montón de chiquillos chillones. Una conserva todavía la fecha de construcción: 1914, al comenzar la primera guerra mundial.

¿Cuándo fue que yo - ahora quizás tan viejo como el Bueno y el Hosco- me acordé de esta historia? Hace muy poco. Fue a fines del 2017 cuando leía esa intensa (y extensa) novela escrita por Fernando Aramburu cuyo nombre es “Patria”. Una gran novela, más bien una saga. La historia trata de dos mujeres y de dos familias. Es una novela que a ti te toma de pies a cabeza. La empiezas y ya no pararás de leerla hasta el final.

Dos familias, dos mujeres dominantes: Bittori y Miren. Dos hombres, amigos entrañables desde la niñez: empresarios trabajadores, uno Txato, exitoso. El otro, Joxian, algo más pobre. Ambos amantes del ciclismo, comedores de pescado y de vez en cuando, visitantes de la cantina y bebedores del buen vino. El personaje principal es el pueblo. Todos podrían haber llevado una vida feliz sino hubiera sido por ETA, cuando apareció matando en nombre de “La Patria”.

Txato - al negarse a pagar las altas contribuciones que exigía ETA a los empresarios del pueblo para mantener su maquinaria de matar- fue asesinado por un comando en el cual estaba involucrado un hijo de Miren (Joxe Mari). La familia de Txato fue condenada por el pueblo al aislamiento total. Las dos familias llevaron desde ese momento una vida trágica, hasta que llegó el momento de la rendición de ETA. Después, la difícil reconciliación, el imposible perdón. La novela termina con un abrazo frío entre las dos mujeres, ya muy viejas, y una, Bittori, al borde de la muerte. Un abrazo sin palabras. Imposible para mí fue no recordar el abrazo – en verdad, un abrazo de despedida- entre esas dos mujeres de mi calle: la del Bueno, el nazi, y la del Hosco, el preso político.

La calle donde está mi casa, oculta, como casi todas las calles de Alemania, una historia subterránea. Alguna vez, mucho antes de que aparecieran los edificios de departamentos solo hubo casas como las de mis vecinos del frente. En lugar del anonimato, hoy apoderado de la calle, la gente regresaba del trabajo, bebía cerveza y compartía la vida cotidiana paseando perros o acompañando a sus hijos a la escuela. Hasta que irrumpió el nacional-socialismo y lo cambió todo.

En la mayoría de esas, hoy inexistentes casas, debió haber flameado una bandera con la svástica. Algunos tranquilos habitantes se fueron transformando lentamente en fanáticos energúmenos. O en delatores, como el Bueno. Otros, los menos, tuvieron que marcharse para siempre. Más de uno debió haber sido judío. No pocos, como el Hosco, fueron enviados a prisión. Probablemente las paredes de su casa fueron rayadas con insultos como sucedió con la casa del Txato, antes de que fuera asesinado en nombre de “la patria”. Su esposa debió haber padecido el aislamiento más feroz, así como lo padeció Bittori, la esposa del vasco Txato.

Después del desastre hitleriano la vida volvió a su curso normal pero solo en sus apariencias. Algunos ciudadanos, como el Bueno, se mimetizaron con el nuevo orden de cosas y de nazis radicales pasaron a convertirse en ciudadanos ejemplares. Otros, como el Hosco, no pudieron olvidar y pasaron el resto de sus días gruñendo. Sus mujeres no volvieron a ser amigas. Pero había que seguir habitando la misma calle. Solo por eso, ya viudas, ambas se hablaron.

Hoy el pasado yace sepultado debajo de los modernos edificios de departamentos. Sepultado, pero tal vez no muerto. Puede revivir en cualquier momento como revivió con furia en la guerra del Kosovo o en las masacres a los chechenios en Rusia. Quizás hoy mismo, algunas casas de ciudadanos kurdos amanecieron rayadas por los ultranacionalistas turcos como ameneció un día la del Txato, antes de que fuera asesinado en nombre de “la patria”.

Fernando Aramburu ha sido muy entrevistado por la prensa. Su libro “Patria”, traducido y publicado en Alemania por la editorial Rowohlt, ha logrado un imponente éxito. En todas esas entrevistas Aramburu ha manifestado sus temores frente al nacionalismo catalán. A mí me parecían algo infundados. Los catalanes pueden ser nacionalistas pero en su mayoría son ciudadanos muy civiles. Sin embargo, hace algunos días leí en la prensa digital una denuncia de Albert Rivera, líder de Ciudadanos, el partido catalán anti-independentista. Los padres de Rivera son dueños de una pequeña tienda en Granollers, en la calle del Triomf. Pues bien, por segunda vez consecutiva las cortinas y las paredes del negocio de la familia Rivera amanecieron con rayados insultantes, todos hechos en nombre de “la patria”. Debo confesar que al mirar esas fotos sentí correr un frío a lo largo del espinazo.

POLIS: Política y Cultura

El portal de Fernando Mires

https://polisfmires.blogspot.com/

 7 min