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Opinión

“Durante más de dos siglos, hasta hoy, el mito de la soberanía popular ha impulsado a millones de hombres y mujeres a luchar para realizar las más grande de las empresas humanas: la construcción de una sociedad basada en la dignidad, en la libertad, en la igualdad civil y política de toda persona, sin discriminaciones”, estas palabras son del historiador italiano Emilio Gentile, en su obra La mentira del pueblo soberano en la democracia.

La reivindicación de la soberanía popular se inicia en Venezuela el 23 de enero y se reafirma el 2 de febrero de 2019, cuando la sociedad venezolana, nuevamente, respondió con gran contundencia al llamado que hizo el Presidente (e) Juan Guaidó de tomar las calles como demostración de una voluntad inequívoca de cambio político

Las palabras de Juan Guaidó, desde su juramentación como Presidente interino, el respaldo que su actuación ha logrado desde el espacio cívico e histórico del cabildo abierto, reivindican por un lado el papel de la Asamblea Nacional como expresión de la voluntad política del pueblo venezolano; por el otro, nos conectan con los valores de nuestra historia y restituyen el ejercicio efectivo de la participación ciudadana, con lo cual se siembran las bases necesarias para recuperar la necesaria cohesión social que el país reclama para recorrer el camino de una transición política.

La cohesión social es un concepto polisémico y multidimensional, que genera un amplio debate sobre su definición, pero que, en la práctica, supone la existencia de diversos elementos o factores que en su conjunto se convierten en una suerte de “pegamento social” a través del cual se busca mantener unida a la población.

En estos momentos, en Venezuela se experimentan distintos componentes que van articulándose progresivamente en función de alcanzar niveles adecuados de cohesión social para hacer sostenible el proceso de cambio político en Venezuela.

Un primer componente está representado por la reivindicación de la Constitución a través de las normas que garantizan la sucesión presidencial y que permiten que Juan Guaidó, en su condición de presidente de la Asamblea Nacional, asumir la Presidencia interina de la República ante un hecho inédito como es la usurpación de funciones de la Presidencia de la República.

Además, la vigencia de la Constitución se reafirma cuando a través de cabildos abiertos y asambleas de ciudadanos se legitima la construcción de un camino que nos va acercando a una transición política, que se inspira en el principio de soberanía popular, de representación política y sin duda en el mandato constitucional previsto en el artículo 333 de la Constitución.

Pero la crisis venezolana es compleja, y en consecuencia, no es suficiente la juramentación como Presidente interino aún cuando se evidencie el respaldo de la ciudadanía; en ese sentido, hay un segundo componente que complementa al anterior y que está representado en el apoyo a la democracia por parte de una enorme cantidad de países democráticos en la comunidad internacional.

Además, hay un tercer componente que aporta una dimensión racional a ese proceso de cohesión social, y que en un principio pareciera no tener mucha incidencia, pero en términos prácticos contribuye con mucha efectividad en la restauración de la confianza entre el ciudadano, sus representantes políticos y la institucionalidad llamada Asamblea Nacional; la confianza es uno de los elementos importantes para poder trabajar en la restauración de los niveles adecuados de cohesión social.

Ese tercer componente es el Plan País, El día después, el cual se presenta como una visión de país compartida, producto del acuerdo entre distintos actores de la sociedad venezolana, a través del cual, como dice el propio documento del Plan, se aspira a estar preparados para el proceso de rescate, recuperación y transformación del país, cuando se active el proceso de transición política.

El Plan País, el día después, se compromete a transformar su contenido en una Agenda Legislativa que oriente la labor parlamentaria de la Asamblea Nacional. Pero resultaría mucho más significativo que la Asamblea Nacional asumiera el compromiso de aprobar ese Plan País como un Acuerdo Nacional de lineamientos para enfrentar el desafío de la transición, como un mensaje de unidad programática dirigido a los venezolanos y a la comunidad internacional, con lo cual aporta un elemento determinante en la recuperación de la confianza y concreta una hoja de ruta para el rescate, recuperación y transformación del país.

Un acuerdo político, presentado como lineamientos generales para alcanzar el desarrollo luego de la transición, reivindica las atribuciones constitucionales de la Asamblea Nacional en el marco de la planificación del desarrollo nacional; no olvidemos que la Constitución reconoce la responsabilidad de la Asamblea Nacional en el debate y aprobación de los lineamientos generales de desarrollo de la Nación.

Resulta importante acotar que desde una dimensión estrictamente política, la tarea de aprobar como Acuerdo Nacional los Lineamientos del Plan País, el Día después, permitiría, de manera formal e institucional, sustituir de manera definitiva el fracasado Plan de la Patria 2013-2019, marcando así un cambio cualitativo y decisivo en la hoja de ruta política del país.

El Plan País, el día después, también se compromete a realizar consultas y mantener el debate sobre su contenido, lo que representa un importante esfuerzo y compromiso de inclusión social que fortalece de manera sensible el aporte de la institución política parlamentaria hacia la restauración de la confianza como elemento clave de la cohesión social.

Juan Guaidó tiene la oportunidad de poner al servicio del país su liderazgo cohesionador, que contribuya a sembrar la confianza en las instituciones, en la dirigencia política y entre nosotros mismos como integrantes de una misma sociedad, todo ello en beneficio de la cohesión social en Venezuela, buscando con ello la sostenibilidad de este proceso de cambio político que experimenta Venezuela.

Queda camino por recorrer. Un proceso electoral para elegir a un nuevo Presidente podría sin duda contribuir enormemente a la cohesión social en Venezuela, en la medida que este se realice con la mayor transparencia, seguridad y confiabilidad posible.

Si asumimos la cohesión social como un pegamento que mantiene unida a la sociedad, hoy ese pegamento en Venezuela se llama cambio político y es complejo porque su naturaleza es multidimensional.

5 febrero, 2019

http://elpitazo.net/opinion/recuperando-la-cohesion-social/

 5 min


Luis Ugalde

Como dice la canción mexicana, lo importante no es llegar primero, sino saber llegar. Está claro que si no fuera por la presión norteamericana el régimen ya hubiera detenido al Presidente Guaidó, eliminado la AN y apresado a los diputados. Solo en un par días han matado a decenas por protestar, detenido a un millar, atropellado a menores de edad, perseguido a los comunicadores… Nos guste o no, la fuerza de disuasión de las democracias del mundo, especialmente de USA, es indispensable para frenar el crimen oficial en Venezuela, eliminar la injerencia dominante de Cuba, la presencia delincuencial del ELN y del narcotráfico, o los oscuros negocios y poder de Rusia o de la dictadura turca.

Hay que evitar la amenaza del baño de sangre y urge salir de la realidad del baño de hambre; ambos son baños de muerte y el usurpador está empeñado en perpetuar el régimen que los impone. Es imprescindible la salida del dictador Maduro, con el mínimo de costo posible, hacer la transición a la democracia con rápido cambio socioeconómico y
crear las condiciones democráticas para una elección libre y justa. Afortunadamente el Presidente interino Guaidó ha actuado con claridad y valentía y ha conectado de modo increíble con la inmensa mayoría de los venezolanos y de los gobiernos democráticos del mundo. Falta que la FAN se decida a cumplir con su deber constitucional para que la
presión exterior no caiga en la indeseable intervención militar y cese el régimen opresor.

Mantener el actual modelo y dictadura es respaldar la perpetuación del hambre, la represión y el exilio para millones de venezolanos. Sumar y multiplicar fuerzas para construir. Es lógica la impaciencia por acortar el sufrimiento y salir cuanto antes de este túnel de la muerte. Pero ahora que ya empezamos a ver la luz en la salida, es indispensable controlar las iras y las ilusiones para llegar a la democracia en condiciones para reconstruir el país en todas sus dimensiones, sumando el máximo de talentos, capacidades y recursos y no fracasar. Pongamos la cabeza en las necesidades constructivas de mañana y tendremos menos peligro de quedar atrapados en el deseo de venganza y de retaliación, o de volver al predominio de los pequeños intereses partidistas que minarían toda reconstrucción. El país se ha levantado y puesto en marcha con la legítima Asamblea Nacional y su Directiva unitaria y se ha desbordado de entusiasmo con su Presidente interino Guaidó; urgen el pronto alivio humanitario, el freno inmediato al disparate económico y elecciones democráticas este año, con todas las condiciones justas. La gente ve en Guaidó un liderazgo fresco y unitario con la mano abierta a la ciudadanía, a los militares y a los adversarios políticos que se unan a la inmediata salida del usurpador. Pero todavía la democracia no está ganada y el régimen está usando su poder de represión criminal.

Saber llegar en condiciones para no fracasar significa llegar con unión de diversos, mucho apoyo internacional y con el país movilizado para construir juntos. El renacer nacional es tarea titánica y exige inteligencia para crear un verdadero clima empresarial, inversión masiva de miles de millones de dólares, trabajo productivo para millones con un salario
que no sea de hambre ni sea saqueado por la hiperinflación antes de llegar a casa. El gobierno democrático tendrá que ser de unidad y necesitará un inmenso prestigio moral que solo lo da el ejemplo. Para ello el Presidente electo (y su equipo) no podrá ser persona que resta y que discrimina, sino un gigante humilde que sabe sumar y multiplicar,
atraer y cultivar un espíritu de reconciliación nacional. Pudiera ser de partido, pero no partidista, o más bien un “outsider”. Guaidó está dando importantes pasos de transición con ese modo suprapartidista, convocando gente destacada que puede ser de su partido u otro de la oposición, o venido de los que creyeron en el chavismo, pero no cayeron en la delincuencia. Ni linchamientos, ni impunidad.

Por ejemplo el sistema de salud. Asusta pensar lo que significa recuperar todo el sistema público de salud con buena complementación del privado. El actual régimen abandonó en los barrios miles de ambulatorios públicos de atención primaria para remplazarlos de manera sectaria con personal cubano en régimen de servidumbre política, a cambio de
miles de millones de dólares para el régimen cubano. El “Barrio adentro” no era mala idea si se hubiera implementado con médicos y enfermeros venezolanos en régimen democrático. Su efecto nefasto es que ahora no tenemos ambulatorios, 70% de los “Barrio adentro” está abandonado y más de 20.000 médicos y trabajadores venezolanos
de la salud se vieron obligados a abandonar el país y brindar a otras naciones el fruto de la inversión multimillonaria que hizo Venezuela en su formación.

Desde ahora hay que pensar en un gran programa de salud primaria para los barrios y los campos remotos con médicos, enfermeros y miles de estudiantes de Medicina y otras áreas de la salud, movilizados con campañas de vacunación y atención primaria, que llenen el vacío y lleven a los sectores más necesitados la esperanza y la prueba de que la democracia es vida y no quedan abandonados. Al mismo tiempo es una tarea urgente, titánica y que requiere muchos recursos el rescate de los hospitales, su personal, su dotación y sus medicinas. Un plan bien pensado y ejecutado podría traer de “vuelta a la patria” a miles de los que se fueron, aunque eso no será de inmediato.

Algo parecido se diga del rescate de la educación del actual naufragio espantoso, con docentes castigados y con salarios de hambre en todos los niveles. La educación en valores y capacidades tendrá que ser la principal inversión de la nueva Venezuela, de su Estado, sus familias y sus empresas.

Así podríamos seguir enumerando otras instituciones públicas que necesitan nacer de nuevo. Sería realmente trágico que por inmadurez política y fanatismo hubiera dirigentes que inviten a despilfarrar todo el ánimo en la venganza, la retaliación atrapados por su mezquindad partidista. Para renacer y reconstruir hay que saber llegar con los ánimos
reconciliados y concentrados en la construcción, dejando que los caminos de la justicia se encarguen de que los crímenes no queden impunes.
El Nacional

Caracas, 4 de febrero de 2019.

 4 min


Luz Varela

EE.UU. no creó las condiciones para invadir a Venezuela. Las creó el régimen “revolucionario”. La potencia norteamericana no requiere invadir a un país latinoamericano tan conflictivo como el nuestro si el propósito es apoderarse de su petróleo. Sucede que EE.UU. es un país muy rico. Tiene dólares, muchos dólares para pagar por el petróleo venezolano. Así lo hizo durante todo el siglo XX, cuando se quedó con el petróleo sin disparar un tiro. Lo hizo pagando a precios de mercado o por medio de royalties, muy elevados, pagados al Estado; tan altos que convirtieron a Venezuela en un país rico; tan rico que se convirtió en receptor de una altísima tasa de inmigrantes europeos y latinoamericanos desde la 2GM y a lo largo del siglo. Esto último sucedió hasta que empezó a contraerse nuestra economía tras la caída del precio del petróleo en los años ochenta, por cuyo motivo el país se vio empujado hacía recetas neoliberales desde 1989, durante los años noventa y los primeros años del nuevo siglo.

La explosión del pozo petrolero Barroso II, en 1922, dio inicio a la industria de la extracción petrolera en Venezuela. Tal proceso se llevó a cabo por empresas extranjeras, pero ni en sus inicios ni posteriormente, a lo largo siglo XX, ni los pozos ni las reservas petroleras llegaron a pertenecer al “imperio”. Las empresas se quedaban con el petróleo, cierto, pero como señalé antes, lo pagaban de forma regular a través de regalías sobre la explotación (royalties) y elevados impuestos. Por disposición constitucional heredada de la legislación hispana, toda la riqueza del subsuelo es propiedad del Estado y éste, durante el siglo XX, estuvo imposibilitado de vender, hipotecar, donar o entregar de forma alguna, tales riquezas a manos privadas. Otra cosa era su producción. Ésta si podía quedar en manos de nacionales o extranjeros a través de concesiones petroleras. No había sin embargo industria de la cual “apoderarse”. Los capitalistas extranjeros tuvieron que levantarla a partir de las concesiones otorgadas por el Estado, que les permitió explorar, extraer, producir y comercializar el petróleo. Pero las concesiones tenían fecha de vencimiento. No eran sino una especie de alquiler para explotar el oro negro durante un tiempo limitado. La legislación venezolana fue redactada con mucha precisión de modo que las empresas debieron pagar elevados impuestos, como el fifty-fifty (el 50% de ganancias para la industria y el otro 50% para el Estado) más el impuesto sobre la renta. Quiere decir que el Estado venezolano llegó a percibir más de la mitad de la ganancia que producía una industria sobre la cual no tenía la mayor responsabilidad pero sí muchos derechos. Tenemos entonces que las empresas extranjeras ponían el capital, asumían los riesgos, pagaban la mano de obra, costeaban la infraestructura, reinvertían, pagaban altísimos impuestos y, aun así, obtenían ingentes ganancias. (¿Invasión? ¿Para qué?)

Tras la formidable subida del precio del petróleo en 1974, Carlos Andrés Pérez, presidente socialdemócrata, nacionalizó la industria el 1ro de enero de 1976, adelantando así la reversión de las concesiones pautada para 1990 y rescatando para la nación una ganancia extraordinaria que de otra forma se habrían quedado las empresas. Y sobre la infraestructura de la industria expropiada se fundó PDVSA. CAP también nacionalizó SIDOR, concentrando en la empresa el manejo de las industrias básicas de Guayana que producían hierro y aluminio. (¿Hubo acaso algún conato de invasión ante tales nacionalizaciones?). De esta forma y desde los años setenta, Venezuela se encargó directamente de la producción de su petróleo, llegando a ser PDVSA, durante los años noventa, una de las 500 empresas más poderosas del mundo. Mientras, seguía suministrando el petróleo que necesitaba USA a precios de mercado. Es de advertir que PDVSA sí otorgaba un trato especial a países latinoamericanos y precios más reducidos a Centroamérica y pequeñas islas del Caribe.

Ahora, afincados ya en el siglo XXI menos aún necesita EEUU invadir a Venezuela para “quedarse“ con su petróleo, sobre todo desde que ha empezado a producir en su propio territorio tal cantidad de barriles diarios que podría prescindir del nuestro. (Solamente en Alaska se han descubierto reservas petroleras que superan a las venezolanas. Y menos aún, cuando los progresos en los estudios sobre los recursos energéticos no fósiles lleva a suponer que en la próxima década, se verá disminuido, a gran escala, el uso de combustibles fósiles). EEUU posee ya tal cantidad de reservas petroleras que podría dejar de adquirir nuestro petróleo sin afectar por ello su situación energética. De hecho, un objetivo clave para su seguridad, trazado por la política norteamericana a mediano plazo, es prescindir de las compras de petróleo de países extranjeros para no correr el riesgo de verse sometido a bloqueos, presiones políticas o militares que pongan en entredicho su estabilidad energética.

Por otra parte, el capitalismo funciona según la máxima de la mayor ganancia y el menor costo posible, entonces ¿qué sentido hay en que EEUU fragüe un conflicto para quedarse con nuestro petróleo (o cualquier otra riqueza) por la cual ha pagado siempre a precio de mercado? Un precio que es infinitamente menor del que costaría una invasión armada. Pero el simplismo del análisis basado en una teoría general de América Latina que no mira las particularidades nacionales y, sobre todo, que desconoce la historia de Venezuela, los planes trazados por la política petrolera estadounidense (e, incluso, ignora nociones básicas de economía), insiste en el tema de que los “gringos“ se quieren quedar con nuestra riqueza. ¡Siempre lo han hecho, pero pagando en dólares, por lo cual Venezuela fue, durante el siglo XX, un país rico y próspero!

Antes era la Teoría de la Dependencia, actualmente, incluso, algunos se apoyan en estudios que cuestionan la razón instrumental. Es inaudito que pensadores complejos estimulen análisis que resultan en más de lo mismo. Observo una instrumentalización de tales análisis para llegar a las mismas conclusiones de antaño, a generalizaciones ahistóricas. Tal simplismo permitió al comandante engañar con su discurso a la izquierda internacional, la cual ha interpretado la historia venezolana según sus teorías (o creencias) y en base a su propia experiencia nacional, y no según los hechos y los procesos históricos venezolanos. Por lo general, nuestra historia es desconocida y por ello muchos aceptan, acríticamente, la versión oficial del régimen.

En Venezuela no hay una lucha entre derecha e izquierda. Es un enfrentamiento entre civilismo y militarismo, entre una oposición institucional y una delincuencia organizada que se ha apoderado de las riquezas de la nación. La que el teniente coronel denunciaba como realidad nacional cuando llegó a la presidencia en 1999, es, paradójicamente, la que ha sido creada como resultado de su gestión: Una mayoría de venezolanos empobrecidos, enflaquecidos, mal alimentados, con un sistema de salud público en ruinas que condena a muerte a quien no pueda comprar en dólares en el mercado negro los medicamentos y otros insumos que necesita para una operación quirúrgica o para realizar cualquier tratamiento médico de emergencia. (De igual modo, con mucha dificultad se puede acceder a tratamientos rutinarios). La mayoría de los venezolanos carece de dólares y, si los tiene, como mucho dispone de 20 ó 50 dólares al mes; ¡pero los productos médicos para una operación no bajan de 500 o de 1.000 dólares! De allí la catástrofe humanitaria que se está viviendo en Venezuela. Y es que al Estado ya se le dificulta dotar a los hospitales de los insumos más básicos, ni que decir que carecen de plantas eléctricas de calidad que garanticen el restablecimiento de la electricidad, (la que falla constantemente) durante las cirugías. (Por cierto, casi todos los hospitales públicos fueron construidos antes de la “revolución”, con la excepción del Cardiológico infantil de Caracas -el que hoy se encuentra en un estado lamentable- que fue inaugurado por el comandante, y de los cientos -quizás, los miles- de CDI, también creados por él. Los CDI son centros atendidos por “médicos” cubanos que solo prestan atención médica primaria pues no están dotados ni de equipos adecuados ni del personal calificado para realizar, siquiera, una cirugía menor).

Actualmente los hospitales venezolanos están en franco deterioro, derruidos, sin presupuesto adecuado para su mantenimiento y con una infraestructura construida hace más de 20 años para una población infinitamente menor. Cuando el régimen consigue algún crédito para dotarlos, las redes de distribución, controladas por militares, desvían los rubros médicos hacía el mercado negro; esto es: hacía el “bachaqueo“ de medicinas. Pero este “bachaqueo“ no es producto de guerra económica alguna. Es capitalismo salvaje en acción y no, precisamente, de la mano de empresarios tradicionales. Los controles, regulaciones y expropiaciones llevados a cabo por el régimen han propiciado la creación de redes paralelas de comercialización en cuyo vértice superior se sitúan oficiales de alto rango, quienes controlan y distribuyen en el mercado negro los bienes imprescindibles para los venezolanos (como alimentos y medicinas, entre otros).

Los venezolanos no solo sufrimos graves problemas de alimentación y de salud. El sistema educativo ha sido casi destruido pese a la creación de un número incontable de universidades. Algo que, de no ser grave, sería risible porque una universidad no se crea simplemente por decreto, por voluntarismo, ni menos, de la noche a la mañana. Mientras, las universidades nacionales públicas y autónomas (gratuitas desde 1958) han sido arrinconadas porque nunca se plegaron al poder. No lo hicieron ni en los años sesenta cuando más bien dieron cobijo a los militantes del PCV y del MIR ‒ partidos de la izquierda venezolana ‒ en su proceso de lucha armada, ni más tarde, tras la Pacificación de los grupos irregulares (1969). De hecho, durante la década de los años setenta muchos guerrilleros fueron incorporados como profesores universitarios. Incluso algunos entraron al Congreso Nacional como diputados tras elecciones limpias y transparentes (no como las que se vienen realizando en Venezuela desde hace casi 15 años, con un CNE chavista, “comprometido con la revolución”; o sea, plegado al poder). Nuestras universidades nunca fueron ni de “derecha“ ni “fascistas“, y esto es tan cierto que, por ejemplo, dieron cabida también a muchos profesores exiliados del Cono Sur. (Durante mis estudios de pre y posgrado tuve como profesores a varios exiliados de las dictaduras, entre ellos, a tres argentinos y un chileno. Recuerdo también a un ecuatoriano y dos colombianos, además de tres profesores españoles, ya mayores, que no militaban precisamente en la derecha). Cuando el teniente coronel llegó al poder en 1999, intentó dar órdenes a las universidades esperando le rindiéramos vasallaje, pero estas defendieron su autonomía. De allí la necesidad que tuvo el régimen de crear sus propias “universidades” y, según su noción de democracia, de ahorcar financieramente a las “universidades al servicio de la oligarquía”. (No entiendo cómo pueda ser oligarca una universidad pública. A menos que se considere oligarca el que se exija a los estudiantes que estudien y no esperen que se les apruebe automáticamente, que como sabemos, sucede en la “universidades” bolivarianas).

La mal llamada revolución en absoluto puede alegar que ha resuelto el problema alimenticio, de salud o educativo en Venezuela. No hay precisamente muchos logros sociales que defender. A menos que pueda entenderse como un avance revolucionario, la entrega (irregular en el tiempo y en las cantidades entregadas) de una caja o una bolsa con algunos alimentos, a un sector de la población. Los receptores de tales dádivas, en contraparte a tal “beneficio” deben ser “leales” y marchar con una camisa roja; firmar en donde haga falta; votar en los continuos y reiterados “procesos electorales“, pero a condición de mostrar el votante su fotografía o el propio talón de votación, tras escanear el carnet de la patria en los llamados puntos rojos, ubicados abiertamente en las adyacencias de los centros electorales.

Si algún sector se ha apoderado de la riqueza de Venezuela es la élite formada tras la llegada del teniente coronel al poder en 1999. Dicha élite sí funge como oligarquía. Sí se ha apoderado rapazmente de nuestra riqueza y ha permitido que los cubanos, chinos y rusos también lo hagan a cambio de apoyo político, militar y/o financiero. Venezuela ahora está arruinada, es verdad, pero este es un logro de la élite “revolucionaria”. La cantidad de dinero que han sacado de nuestro país es inconmensurable. No puedo escribirla pues siempre salen a la luz cifras nuevas. Mi capacidad de abstracción matemática se anula ante números de tal magnitud. Los venezolanos y la comunidad internacional informada son conscientes del robo perpetrado por estos delincuentes pues la exhibición de su riqueza es pública y notoria. Basta con hacer un seguimiento y medio leer las noticias que informan sobre el congelamiento de las cuentas personales y de los bienes a los funcionarios y militares venezolanos en países extranjeros. Son cuentas con montos extraordinarios: millones, cientos de millones y hasta miles de millones de dólares. No niego que antes también había corrupción pero lo que ha sucedido en Venezuela en los últimos 20 años es único en la historia. Nunca una élite había robado en las magnitudes ni con la rapacidad y crueldad con la que ellos lo han hecho. Un doloroso ejemplo es el caso de los bolichicos quienes estafaron a la nación con la compra en Rusia y China, de plantas eléctricas usadas para dotar y resguardar a los hospitales en cuanto fallara el servicio eléctrico. Muchos han sido los fallecidos cuando estas plantas dejan de funcionar en los momentos críticos de las intervenciones quirúrgicas y en las salas de cuidados intensivos. ¿Nadie en el régimen supo que los bolichicos estaban comprando chatarra que entregaron como si fuesen plantas eléctricas de primera? Es de advertir que los bolichicos no pertenecen a alguna “rancia oligarquía venezolana”. Son un grupo de jóvenes, hijos y amigos de altos funcionarios y militares vinculados con el poder, que hicieron de las suyas impunemente. Por ese estilo podrían referirse muchos casos más de corrupción. Ad Infinitum.

Cuando el teniente coronel llegó al poder en Venezuela, el precio del petróleo se situaba alrededor de los 15 dólares. Aun así el país funcionaba, y PDVSA era muy próspera. Pero era autónoma, algo que no gustaba al nuevo presidente, quien tuvo la suerte de que el petróleo empezara a subir de precio de forma creciente y acelerada durante su mandato, sobrepasando los 110 dólares por barril (que, ya sabemos, los pagaba el “imperio”, sin necesidad de invadir). La bonanza petrolera le permitió al comandante actuar a modo de una mezcla de jeque y de Jesús, repartiendo dinero a manos llenas, sin hacer reinversión, y sin pensar en ahorrar para cuando llegara el tiempo de las vacas flacas.

Pero siendo PDVSA autónoma y funcionando según los principios de la economía, se negaba a entregar el dinero de forma descontrolada. Por este motivo el comandante decidió forzar la situación. De este modo, la primera empresa del país, nuestra gallina de los huevos de oro, expulsó a sus profesionales más capaces. Aproximadamente 20 mil de 28 mil empleados que tenía la empresa fueron despedidos en 2002. A partir de ese momento, la empresa pasó a funcionar como propiedad del presidente; además de esto, se vio desbordada por la contratación de más de 120 mil empleados cuyo mérito profesional, en la mayoría de los casos, era su carnet revolucionario. Posteriormente, el precio del petróleo bajó en 2009 (aunque no llegó a las cifras tan bajas de los años noventa). El barril se recuperó en 2011, pero nunca más pudo hacerlo la industria petrolera venezolana. De tres millones quinientos mil barriles diarios que producía a comienzos del siglo, actualmente produce entre un millón doscientos y dos millones. Incluso, tales cifras suelen ser cuestionadas por la OPEP, organización que ha llegado a exigirle al régimen transparencia en sus números pues los que aporta ya no resultan creíbles.

PDVSA prácticamente ha sido desmantelada y se encuentra al borde de la ruina. Sus ganancias, en lugar de reinvertirse, se emplearon durante años para saciar las ansias de protagonismo del comandante, para regalar a manos llenas, comprar conciencias e influencia geopolítica pero sin pensar mucho en el futuro, y, recubriéndose, todo el proceso, con el manto de la justicia social. Desde antes de 2010, Venezuela se vio obligada a endeudarse para seguir con la fiesta revolucionaria. Pero ‒ hoy día ‒ ya el régimen no tiene quien le dé prestado, pues hasta el momento ha entregado todo lo que ha podido de nuestra riqueza a una larga lista de países “no imperialistas”, según los suele llamar, entre ellos: Cuba, Rusia, China, Irán, Turquía, entre otros, como garantía de grandes préstamos o de tratos concertados ilegalmente puesto que no han sido aprobados por la Asamblea Nacional. De allí la crisis mayor. Al parecer, actualmente, buena parte de nuestros activos petroleros está en manos de los chinos y de los rusos quienes se están cobrando de esta forma la mil millonaria deuda contraída con ellos. La opacidad con que el régimen maneja estos tratos nos impide saber en concreto el tamaño de las deudas contraídas y las condiciones en que fueron concertadas, pues suele tratar como si negociara con fondos propios y no con dineros públicos. Pero los expertos petroleros hacen seguimiento y denuncian la situación continuamente, por lo cual, quien esté interesado en el tema puede consultar por internet el seguimiento que se ha hecho al respecto.

En Venezuela, como parte de la transición habrá que invertir mucho, habrá que trabajar mucho para reactivar nuestro parque industrial, no solamente la industria petrolera. De hecho, ha sido desmantelada la mayor parte de las empresas venezolanas a partir de controles, regulaciones, invasiones y expropiaciones. Las haciendas de ganado y las fincas agrícolas, las empresas manufactureras o las comerciales y cualquiera otra organización productiva, caída en manos del Estado, está en situación de ruina. Mal puede culpar el régimen a “los sectores derecha” de que estos le hacen una guerra económica, cuando la mayor parte de las industrias “productivas”, todas las compañías importadoras y casi todos los canales de comercialización están en manos del Estado, de los trabajadores “bolivarianos”, de las comunas o de los militares. De modo que entiendo como muy elemental el análisis de la situación venezolana asentado en la creencia (porque es una creencia sin asidero histórico) de que la crisis venezolana puede entenderse a partir del afán de EEUU y de la derecha por apoderarse de nuestra riqueza. (Con respecto a esto, además, es necesario recordar que una de las críticas que hacen los liberales a la oposición venezolana es ubicar a sus líderes en la socialdemocracia o la centroizquierda, en partidos tales como Voluntad Popular, del cual son militantes Leopoldo López y Juan Guaidó).

Estoy convencida de que ni los chinos ni los rusos están haciendo turismo tropical en este país. Por el contrario, tras el saqueo y desmantelamiento de PDVSA por parte del comandante y de su “equipo de trabajo”, nuestra industria principal, una de las más ricas y poderosas del mundo en los años noventa, propiedad del Estado y sustento de la nación, es posible que no vuelva a nuestras manos. Ahora, 45 años después de la nacionalización petrolera, ciertamente volverán los “gringos“, pero lo harán compartiendo espacios con los rusos y los chinos. Tras la “revolución”, no solo no alcanzamos la supuesta “verdadera Independencia”. Ahora hay que pagarles hasta el alma a los chinos y una parte de nuestro espíritu a los rusos. Y es que al parecer, ahora, por primera vez en la historia venezolana, la propiedad de nuestra riqueza (no solo la industria petrolera) está en manos de empresas extranjeras. Es probable, sí, que hayamos perdido ya nuestra empresa petrolera, pero esto ha sucedido como parte de un proceso concretado por el régimen “revolucionario”. Un régimen que ha entregado (y robado como nunca en la historia de los países latinoamericanos) nuestras riquezas nacionales. Si los “gringos“ entran a nuestro país, como ya lo hicieron los cubanos, los rusos y los chinos, será, no por un plan orquestado por el “imperio” sino por la estulticia concretada en la mala gestión de un régimen corrupto, represivo y hambreador.

Luz Varela
Universidad de Los Andes, Escuela de Historia
Mérida, Venezuela – Enero de 2019

 15 min


Mariza Bafile

Hace ya muchos años, desde que en el universo político venezolano apareció Hugo Chávez con una boina roja en vez de la negra que mejor hubiera encajado con su personalidad, que la izquierda democrática venezolana sufre ataques inclementes de parte de la intelectualidad de cierta izquierda internacional.

Allí donde los ideales dieron paso a un bienestar acomodaticio, encontró terreno fértil un sueño que, sin poner en riesgo su cotidianidad, les permitía evitar mirarse en el espejo de su propio conformismo. Para inflamar sus espíritus necesitados de aventuras… ajenas, ¿quién mejor que un comandante, como Hugo Chávez, con un gran olfato político, capaz de hablar horas delante de un micrófono, de decirle a los periodistas extranjeros todo lo que ellos querían escuchar mientras disfrutaban del calor tropical y de llamar a Bush satanás en un encuentro internacional? ¿A quién le importaba el pasado militar de Chávez y los diez años transcurridos a preparar un golpe de estado, como él mismo confesó? ¿A quién interesaba la erosión de valores democráticos que no se aprecian en los cuarteles, allí donde Chávez transcurrió su vida desde la adolescencia hasta la adultez? ¿A quién le importó saber que el primer asesor de Chávez fue Norberto Ceresole, personaje nefasto quien también había asesorado a Videla y al asesino Viola en Argentina? Ese Norberto Ceresole, quien según informaciones confirmadas por el Equipo Nizkor, de gran prestigio en la defensa de los derechos humanos, fue un doble agente que vendía a los militares informaciones sobre los guerrilleros de quienes se fingía amigo. Gracias a sus comunicaciones muchos fueron torturados y asesinados. Ceresole consideraba que los partidos políticos son una dispersión inútil de energía. Su teoría caudillo-ejército-pueblo es la que sintetizó Chávez en una de sus frases famosas: “Con Chávez manda el pueblo”.

Difícil, a veces imposible, resultaba superar el muro, ese sí real e implacable, que cierta izquierda creó para evitar la filtración de la verdad. El mito revolucionario era más atractivo que la realidad, les permitía soñar, repetir slogan, sentirse anticonformistas, eso sí, sin perder ni un ápice de las conquistas democráticas y del bienestar económico del que gozaban en sus países.

Y así personas con un pasado de lucha, trasparente, honesto, animadas por ideales serios, como Teodoro Petkoff, Manuel Caballero, Pompeyo Márquez, Luis Manuel Esculpi, Americo Martín, Aléxis Márquez, para nombrar solo algunos, han tenido que explicar, decir, soportar la condescendencia crítica de quienes hubieran tenido que respetarlos y apoyarlos. Animados por un ego desmesurado, los “ideólogos” de esa izquierda internacional, consideran que en los países desarrollados se estudian y elaboran las teorías mientras que el mundo en desarrollo pone la lucha y la sangre. Critican, opinan, definen políticas, sin preocuparse de la repercusión que tienen sus palabras. Muchos de ellos nunca estuvieron en Venezuela, otros transcurrieron allí temporadas más o menos breves viviendo en hoteles de lujo. Todos usaron la realidad de ese país para fines diferentes: inflamar electorados, escribir ensayos, participar en conferencias, realizar reportajes que les merecían premios y reconocimientos en sus cómodas vidas. Poco importaba lo que dejaban atrás: la pobreza, el amedrentamiento a los comunicadores, la violencia en las calles, la erosión inexorable de la democracia.

Decir que Chávez y el chavismo son movimientos de izquierda es un insulto a la izquierda verdadera, la que ahonda sus raíces en ideales de justicia, democracia, solidaridad, inclusión. Es una mentira que esos mismos “izquierdistas” que se rajaron las vestimentas para defender a Chávez y al chavismo, sirvieron en bandeja de plata a la derecha internacional debilitando inexorablemente la izquierda democrática del país.

Pasaron los años y el país perdió a Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez, Manuel Caballero, Alexis Márquez, quienes murieron sin ver el fin de un régimen al cual se opusieron con entereza profesional, humana e ideológica. Venezuela es un país con una crisis sin precedentes a pesar de los ingresos petroleros que durante casi diez años inundaron las cajas del gobierno, la corrupción de personas ligadas a la administración pública es un hecho que ya nadie puede desmentir, la población tiene hambre, resurgieron enfermedades que habían sido debeladas, la gente muere por falta de medicinas o sencillamente porque los hospitales quedan sin electricidad, la violencia mata cada año a más personas de una guerra. ¿Suficiente para una crítica o una autocrítica? No, parece que no. Esos mismos personajes que durante años han criticado a la izquierda democrática de Venezuela hoy levantan de nuevo su voz para juzgar y gritar al golpe. Y no se preguntan: ¿Qué valor tiene la palabra democracia en un país en el cual el futuro está en manos de la decisión de los militares? ¿O piensan que democracia es una palabra demasiado grande para un país de América Latina? Con paternalismo y un humillante sentido de superioridad ponen en guardia a los venezolanos para que no caigan en el juego de Trump y de Bolsonaro. Deberían tener la humildad de preguntarse: ¿Quién está dejando el juego en manos de Trump y Bolsonaro? ¿Los venezolanos desesperados por salir de una situación de hambre, miedo, enfermedades, que emigran como pueden para reinventarse a cualquier edad en otros países, o los “pensadores” quienes en sus países ricos, dispensan consejos y advertencias y usan la tragedia de un pueblo para fines políticos personales? ¿Con qué autoridad hablan ellos, quienes en sus países no han sabido escuchar ni ver y han permitido el ascenso de un populismo de derecha y el resurgimiento de movimientos xenófobos y racistas?

El imperialismo de derecha es odioso, ha hecho grandes daños y nadie en América Latina desea volver a las épocas oscuras de las dictaduras del siglo pasado. Sin embargo, lo es también el de izquierda, esa izquierda que marca rutas, juzga, condena y asesina con palabras que en algunos países son piedras pero en otros se transforman en proyectiles.

Febrero 1, 2019

@MBAFILE

Viceversa Magazine

https://www.viceversa-mag.com/la-izquierda-imperialista/

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Pedro Vicente Castro Guillen

En la concentración de este sábado se volvió a ratificar el contundente y masivo apoyo popular a la salida de Maduro el usurpador. Toda la nación se movilizó para mostrarnos a nosotros mismo y al mundo que la razón está de nuestro lado, que la Comunidad Europea no puede seguir apoyando a un tirano que le niega la ayuda humanitaria a su propio pueblo amparado en un ominoso y protervo discurso ideológico que carece de todo sentido frente a la hecatombe social que vive Venezuela.

La figura del flamante Presidente de la Asamblea Nacional (AN) y Presidente Interino del País Juan Guaidó, ha sabido representar las ansias de libertad, de República, de Democracia, de Desarrollo y progreso del pueblo venezolano. Su sólido liderazgo le imprime una dura legitimidad a su desempeño institucional y político. El sábado se ratificó que posee lo que hay que tener para conducir a Venezuela en la realización de la esperanza.

Su mensaje fue muy claro la ruta es salir del usurpador, gobierno de transición y elecciones libres, limpias y democráticas. Esta es la ruta de la unidad nacional contra la tiranía, para recuperar vivir en una sociedad pluralista, diversa donde puedan convivir las formas avanzadas de pensamiento, para la recuperación de la Patria y de una forma de vida civilizada. Ayer la Tarima reflejó la imagen que todos los venezolanos queremos ver una Nación políticamente unidad, trabajando juntos en el seno de la Comunidad Democrática Internacional. Que los venezolanos podamos borrar de nuestro panorama social la miseria que la asola en forma de hambre, enfermedades por pandemias y epidemias viejas y nuevas y la inmensa destrucción de todos los sistemas de soporte de la economía, lo social, lo político y lo cultural.

El camino para que los venezolanos alcancemos el éxito en los objetivos propuestos fue planteado por el Presidente(E) Guaidó de una manera clara y simple: Solicitar (ya realizada) y habilitar la ayuda humanitaria que estará en varios puntos fronterizos como centros de acopio y toda la nación en la calle respaldando la entrada de esta ayuda, que es la forma más inmediata de aliviar las inmensas penalidades por las que están pasando todos los ciudadanos.

Solo la unidad de todo el País con su Asamblea Nacional, la voluntad de permanecer en la lucha, de atender los llamados a tomar la calle, es la única posibilidad de realizar lo que es la gran aspiración de toda la Nación: terminar con el gobierno despótico de Nicolás Maduro y la banda de turiferarios que lo acompañan.

@pedrovcastrog

 2 min


Red Agroalimentaria de Venezuela

Objetivo Central

Establecer, con el máximo consenso posible, una orientación clara en torno a las medidas, políticas y cambios institucionales que habría que hacer en el sector agroalimentario para salir de la crisis y recuperar la producción y el consumo de alimentos en el menor tiempo posible

Abastecimiento de Emergencia

Diseñar un Programa de Abastecimiento de Emergencia para garantizar lo indispensable requerido por la población para recuperar el mínimo necesario de energía y nutrientes en el 1er año del cambio

Recuperación del sistema de distribución comercial de alimentos

Garantía de que el sistema de distribución comercial haga llegar los productos básicos a toda la población en todo el país en el inicio del nuevo gobierno. Unidos sector público y privado para que los alimentos lleguen a todas partes y se terminen las colas

Arranque de la producción agrícola y agroindustrial

Establecer las condiciones mínimas y los recursos necesarios para el arranque de la producción agrícola y agroindustrial, así como para su desarrollo inmediato

Reorganización institucional y normativa

Determinar la reorganización institucional y normativa que requiere el sector agroalimentario y el tratamiento de las empresas públicas para el arranque

Esquema del Trabajo

0.- Premisas Escenarios y Supuestos

0.1.- Supuesto de inicio del cambio político económico

0.2.- Escenarios de cambio en 2019 y sus implicaciones

0.2.1.- Implicaciones para el Programa de Abastecimiento de Emergencia

0.2.2.- Implicaciones para el Programa de Arranque de la Producción Agrícola

0.3.- Premisas del Cambio

0.3.1.- Sociopolíticas, Institucionales, Internacionales

0.4.- Condiciones Macroeconómicas y Agroalimentarias

0.5.- Evolución de la situación hasta finales de 2018

0.4.1.- Condiciones Económicas

0.4.2.- Condiciones Agroalimentarias

1.- Programa de Abastecimiento de Emergencia para garantizar lo indispensable requerido por la población para recuperar el mínimo necesario de energía y nutrientes en los 1er año del cambio

1.1.- Programa de Importaciones de alimentos y materias primas para recuperar niveles aceptables de disponibilidad de alimentos y nutrición

1.1.0.- El papel de la ayuda humanitaria externa

1.1.1.- Rubros básicos considerados en el Programa

1.1.2.- El Consumo Deseable y sus aportes nutricionales

1.1.3.- Estimaciones de la situación agroalimentaria del 2016 en adelante y sus efectos nutricionales

1.1.4.- Posibilidades de Incremento de la producción agrícola en 2019 y 20

1.1.5.-Estimación de la situación en 2019 y 20 con la aplicación del programa

1.1.6.- Estimación de las importaciones requeridas y su distribución en el año

1.2.-Financiamiento de las divisas necesarias para el abastecimiento de emergencia y el arranque de la producción agrícola y agroindustria

1.2.1.- Sistemas posibles de financiamiento Interno de Importaciones

1.2.2.- Acuerdos binacionales o multilaterales de intercambio comercial

1.2.3.- Necesidad de aportes de Financiamiento Extern

2.- Condiciones mínimas y los recursos necesarios para el arranque y desarrollo de la producción agrícola y agroindustrial

2.1.- Importaciones necesarias para garantizar el arranque de la producción agrícola y los suministros requeridos por la agroindustria fuera de insumos agrícolas

2.1.1.- Necesidades de divisas para insumos, equipos, maquinarias y repuestos para la producción agrícola

2.1.2.- Divisas requeridas para suministros de la agroindustria fuera de insumos agrícolas

2.2.- Condiciones y estímulos para el arranque y desarrollo de la producción agrícola y agroindustrial

2.2.1.- Condiciones de financiamiento agrícola

2.2.2.- Condiciones de comercialización agrícola y distribución de alimentos

2.2.3.- Política de Importaciones

2.2.4.-Formación de precios en la cadena y al consumidor

3.- Medidas necesarias para la recuperación del sistema de distribución comercial y que los alimentos puedan llegar a toda la población

3.1.- Programa de Emergencia para superar la escasez de alimentos

3.1.1- Propuestas para la distribución comercial de la industria

3.1.2.- Distribución mayorista y minorista

3.2.-Orientaciones de más largo plazo para la distribución de alimentos

3.2.1.- Traspaso al Sector Privado de la Red Pública Administrada por el Ejecutivo

3.2.2.- Promoción e incentivos para la Coordinación Vertical en los productos de consumo fresco estacionales

3.2.3.- Modernización y mejoramiento de la red comercial que abastece a los sectores más pobres y alejados

3.2.4.- Desarrollo de los Mercados de Cielo abierto a todos los niveles

4.-Reorganización institucional y normativa del sector agroalimentario y tratamiento de las empresas públicas para el arranque

4.1.- Cambios normativos e institucionales para superar la crisis agroalimentaria

4.1.1.- Organización del sector público agroalimentario

4.1.2.- Relaciones con el sector privados y los agentes de las cadenas

4.1.3.- Orientaciones sobre los cambios requeridos del marco jurídico legal

4.2.- Tratamiento de los entes y empresas públicas del sector agroalimentario

4.2.1.- Tratamiento de entes y empresas públicas claves

4.2.2.- Tratamiento de entes y empresas públicas no prioritarias

5.-Elementos Complementarios

5.1.- Orientaciones para las cadenas de productos vegetales de consumo fresco

5.2.- Orientaciones para la cadena de la carne bovina

Enlaces a los resúmenes

Documento

http://redagroalimentaria.website/Materiales%20Basicos/Doc%20Resumen%20de%20Propuestas.pdf

Presentación

http://redagroalimentaria.website/Materiales%20Basicos/Resumen%20Propuestas.pdf

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Así como se publicó un libro titulado: ¿Cómo mueren las democracias?, escrito por Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, podríamos pensar que los recientes hechos políticos en Venezuela, alimentan la posibilidad de escribir un libro titulado: ¿Cómo renacen las democracias? En este caso escrito por el puño y letra de la ciudadanía.

En ese libro, sin duda alguna, el 23 de enero 2019 tendrá un papel fundamental, pues esa fecha representa la reconquista de la esperanza, así como también el inicio de un camino riesgoso, complejo y lento hacia la definición de una hoja de ruta que intentará llevarnos hacia una transición política que logre restaurar el orden democrático y constitucional en Venezuela.

La figura del cabildo abierto logró conectar a las autoridades del Parlamento Nacional con los ciudadanos, a los fines de convertirlas en herramientas políticas, cívicas y pacíficas para que la inclusión efectiva de los ciudadanos en la activación del artículo 333 de la Constitución.

Los cabildos abiertos convocados, no solo reivindican la vigencia y el valor del artículo 70 de la Constitución nacional, sino que, además, nos conecta con nuestro pasado histórico, específicamente con aquello que muchos llaman “el primer grito de independencia” del 19 de abril de 1810. Esta vez el grito fue de esperanza y unidad.

El ejercicio ciudadano de participar en los cabildos abiertos y/o asambleas de ciudadanos en estos días, reivindica el valor y la vigencia del artículo 62 de la Constitución, que garantiza la libre participación de los ciudadanos en los asuntos públicos. Con esa estrategia se ha contribuido a recuperar nuestra cualidad de ciudadanos y, además, se rescató el valor del principio de soberanía popular, el cual había sido confiscado por el régimen a través de la manipulación del derecho y las instituciones.

La Constitución es clara al afirmar que tanto en el cabildo abierto como en las asambleas de ciudadanos las decisiones son vinculantes. ¿Qué significa eso cuando intentamos interpretar de manera integral el artículo 70 y el artículo 333 de la Constitución?, pues simplemente que hay un fundamento constitucional que nos exige realizar la suficiente presión social para que el régimen valore y tome la decisión que corresponde en función de las expectativas e intereses de la gran mayoría de los ciudadanos venezolanos, que han sido expresados en el ejercicio directa de la soberanía popular.

Por supuesto, cuando nos enfrentamos a una dictadura el derecho es insuficiente y en un proceso de transición queda corto, pero su efectividad logra complementarse cuando se unen el apoyo internacional y del ciudadano en el marco del artículo 333 de la Constitución a los fines de restaurar el orden constitucional y democrático de Venezuela.

La presión social pacífica, libre y legítima, reconocida internacionalmente, ha utilizado los mecanismos de participación para hacer vinculante una exigencia que el régimen no podrá ignorar, a saber: el cambio político inmediato.

Por otro lado, ha sido muy importante que esos mecanismos de participación hayan sido promovidos desde la Asamblea Nacional, porque ha permitido restaurar algunos lazos o vínculos con sus electores, lo que ha contribuido a cohesionar a la sociedad civil en defensa del único Poder Público legítimo y además constitucional que queda en Venezuela.

Es la Asamblea Nacional la que ha logrado reivindicar el artículo 5 y 70 de la Constitución, integrándolos a los fines de conducir un proceso político bajo el liderazgo del Parlamento que inspira sus actuaciones en los valores y principios consagrados en la Constitución.

Es oportuno recordar que desde el 2016 la Asamblea Nacional había convocado a los ciudadanos a un gran movimiento cívico nacional para la defensa de la Constitución, el voto y la democracia. A partir del 23 de enero 2019 creo que se han dado pasos sólidos hacia tal fin.

También es importante no olvidar que ha sido esa Asamblea Nacional la que el 23 de octubre 2016 declaró formalmente la ruptura del orden constitucional y democrático en Venezuela. También ha sido el actor político que el 9 enero 2017 y 21 de agosto 2018 declaró la responsabilidad política y penal del Presidente Nicolás Maduro, evidenciando con claridad, en los argumentos presentados, la ruptura del juramento que hizo Nicolás Maduro al asumir la Presidencia de la República luego de la muerte de Hugo Chávez.

Ha sido esa Asamblea Nacional quién de manera reiterada, en varios de sus acuerdos, ha declarado la inconstitucionalidad de la Asamblea Nacional Constituyente y la inexistencia del proceso electoral presidencial convocado en mayo 2018.

Es importante resaltar que, desde el año 1999, ha sido esta Asamblea Nacional, electa de manera universal, directa y secreta, el único Parlamento plural, liderado por la oposición, que demostró la intolerancia de un régimen que simplemente se sintió incómodo con el principio de separación de poderes.

A lo largo de estos años muchas críticas se han hecho desde la sociedad civil a la Asamblea Nacional, particularmente por expectativas creadas que no se manejaron de manera adecuada a través de la comunicación política y que generaron desconfianza, distanciamiento y hasta decepción de la Asamblea Nacional.

Pero si revisamos sus acuerdos desde el 2016, podremos valorar en su justa medida su función contralora, a través del registro sistemático, oportuno y detallado de todo un proceso prolongado de ruptura del orden constitucional y democrático que nos ha traido hasta esta crisis en la cual Venezuela tiene un Presidente encargado, porque no hay Presidente electo, sólo hay una usurpación de funciones de la Presidencia de la República.

En cada uno de los acuerdos dictados por la Asamblea Nacional, cualquier ciudadano podrá encontrar argumentos jurídicos y políticos que hoy permiten comprender mejor la crisis que experimentamos como sociedad, pero además, allí hay suficientes argumentos para la narrativa política de cada uno de los venezolanos.

El 9 de enero de 1999 dos decisiones de la Corte Suprema de Justicia invocaron al poder soberano para lograr una solución política a la crisis del momento, soportadas por la interpretación jurídica de la Corte Suprema de Justicia. Hoy 20 años después, la Asamblea Nacional ha convocado al ejercicio directo de la soberanía, a los fines de rescatar el orden constitucional. En otras palabras, hace 20 años le dimos la espalda a la formalidad constitucional, hoy buscamos en esa formalidad constitucional la solución política para el cambio que el país reclama.

Queda camino por recorrer, pero claramente la Asamblea Nacional plural –lo ha demostrado desde el 2016 hasta el presente– es la única que ha estado al servicio de la democracia y de los ciudadanos, con lo cual se reivindica el valor del voto como fuente de la democracia –y en estos hechos de enero 2019– el valor de la participación como complemento de la democracia representativa que se expresa con claridad en la Asamblea Nacional.

Para reencontrarnos con la democracia, la Asamblea Nacional electa en el 2015 es necesaria, nuestro deber, defenderla.

PolitiKa UCAB

febrero 4, 2019

https://politikaucab.net/2019/02/04/la-asamblea-nacional-un-actor-decisi...

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