Pasar al contenido principal

Opinión

Amanda Mars

Madeleine Albright(Praga, 1937) ha sentido el totalitarismo de cerca. Huyó de él dos veces y lo ha visto frente a frente en más de una ocasión. Ha sido embajadora ante Naciones Unidas, la primera mujer en dirigir la diplomacia estadounidense (1997-2001, durante la Administración de Bill Clinton) y el primer alto cargo de un Gobierno de EE UU en visitar Corea del Norte para tratar de abrir una negociación. En el libro Fascismo. Una advertencia (Ediciones Paidós) aborda un concepto gaseoso, a menudo banalizado, del que hoy ve destellos preocupantes. Albright se encuentra en esa estación de la vida en la que uno emplea palabras gruesas con un reposo que desarma, como cuando dice que Donald Trump es el presidente estadounidense más antidemocrático de la historia moderna. O cuando asegura, en una frase ya famosa, que hay un lugar especial en el infierno reservado para las mujeres que no apoyan a otras mujeres. Lo dijo en un acto de campaña electoral de Hillary Clinton y le llovieron las críticas. “Se malinterpretó como que había que votar a otra mujer porque sí. Pero yo no hubiera votado a Sarah Palin ni aunque fuera la última persona sobre la tierra”, explica.

¿Cree que se presta poca atención al sexismo entre las mujeres? Me he encontrado que con frecuencia las mujeres no se ayudan entre ellas. Yo fui madre de gemelos y, después de eso, volví a estudiar, y quienes me lo ponían más difícil eran mujeres, que me preguntaban por qué no estaba con mis hijos. Una parte de ello tiene que ver con los celos, otra es una proyección de la propia debilidad.

Su voz suena limpia y fuerte en su oficina de Albright Stonebridge Group, una firma de estrategia empresarial con sede en Washington, a tres manzanas de la Casa Blanca. En la chaqueta del traje azul luce uno de sus broches característicos. En una de las paredes reposa enmarcada una copia del registro de entrada a Estados Unidos de varios ciudadanos correspondiente al 11 de noviembre de 1948. Entre los nombres figura Marie Jana Korbelová, una niña de 11 años que nació en Praga cuya familia pedirá asilo político en Estados Unidos, huyendo del comunismo. Antes había escapado del régimen nazi. Es Madeleine Albright, una de las mujeres más poderosas del siglo XX.

¿Qué es el fascismo? Un fascista se identifica como miembro de un grupo tribal y dice que ese grupo encarna una nación. Un líder así hace todo lo posible por dividir a la gente en lugar de unirla. Y lo que separa a un fascista de un dictador es el uso de la violencia con el fin de conseguir o mantener lo que quiere. El modo más fácil de definirlo es como un matón con ejército.

Algunos de esos elementos suenan familiares. Recuerdan a ciertas políticas en Europa y EE UU, pero ¿cree que la vuelta del fascismo es un riesgo real en democracias consolidadas como esta? El libro se llama Fascismo. Una advertencia, y hay quien lo ve alarmista. Pero está hecho a propósito, porque si empezamos a pensar que dividir a las sociedades es normal y que es una forma de solucionar problemas, corremos un grave peligro. Un líder de tendencias fascistas es probable que mantenga las divisiones y encuentre a algún grupo como cabeza de turco. Ahora, en Europa y Estados Unidos estos son los refugiados o los inmigrantes. La mejor cita del libro es de Mussolini, quien dijo: “Si desplumas a un pollo pluma a pluma, nadie lo nota”. Y creo que en la actualidad se están quitando muchas plumas en muchos sitios. En Hungría, [Viktor] Orbán cree que lo está haciendo bien y no quiere saber nada de las minorías. Se define como democracia iliberal y eso significa, básicamente, que manda la mayoría y no hay derechos para las minorías.

Hablando de Mussolini, en su libro cuenta que Churchill y Gandhi hablaron de él como “el tipo adecuado”. Me he preguntado por qué pensaron eso. En los años treinta las sociedades estaban muy divididas, algunas de ellas debido a lo que pasó en la Primera Guerra Mundial o por la situación económica, así que quizá pensaron que era importante tener un líder fuerte en lugar de alguien que no supiera qué hacer. Mussolini venía de fuera del sistema, en un momento en el que Italia tenía un Gobierno tras otro y una crisis económica.

Pero hoy en día, ¿hay motivo para tanto enfado? Hay algunas razones. En Europa hay una insatisfacción por la situación económica. Demasiada gente se ha beneficiado mucho y de múltiples formas con la globalización, pero eso tiene un inconveniente. La globalización no tiene rostro, la gente no sabe qué identidad tiene y en Europa se plantea de veras la pregunta de qué pasa en Bruselas y cuáles son las reglas. Todos queremos saber cuál es nuestra identidad étnica, lingüística o religiosa, y eso está bien, pero si mi identidad odia tu identidad, se convierte en algo muy peligroso.

¿Radica ahí la diferencia entre patriotismo y nacionalismo populista? Sí. El patriotismo es una cosa, es bueno, pero el nacionalismo y el hipernacionalismo son muy peligrosos.

Usted y su familia han escapado dos veces de regímenes totalitarios. ¿De qué manera la ha marcado eso? De todas las maneras. Cuando los nazis llegaron hasta Checoslovaquia en 1939, yo tenía dos años, mi padre era un diplomático checoslovaco y quería estar con el Gobierno en el exilio, en Londres. Pasamos allí la guerra. Volvimos a Checoslovaquia y en 1948 se produjo el golpe comunista. Mi madre, mis hermanos y yo fuimos por un tiempo a Inglaterra y después, como la ONU estaba en Nueva York, nos instalamos allí. Mi padre llegó un poco más tarde, desertó y pidió asilo político. Todo eso ha afectado a mi vida. En primer lugar, creo en la bondad de EE UU y en ese país como modelo de buenos valores. Checoslovaquia fue traicionada en el acuerdo de Múnich, que británicos y franceses firmaron con alemanes e italianos sobre las cabezas de los checoslovacos. Y EE UU no estaba ahí. Cuando vivíamos refugiados en Londres se produjo el bombardeo y finalmente los estadounidenses llegaron a Europa para tomar parte en la guerra, y todo cambió. Así que siendo una niña noté la diferencia que marcó esa llegada de los americanos. Mi padre solía decir: “En Inglaterra la gente es muy amable, nos dice: ‘Siento mucho que tu país haya caído en manos de un dictador terrible, eres bienvenido, pero… ¿cuándo vuelves a tu casa?”. Y en EE UU nos decían: “Lo sentimos mucho, pero… ¿cuándo te convertirás en ciudadano estadounidense?”. Mi padre me decía que eso es lo que ha convertido a EE UU en un país distinto. Esto me lleva a lo que pasa ahora, y es que el número de inmigrantes que vienen a este país es el más bajo de la historia y eso, para mí, es antiamericano. Es una de las cosas que me molestan de lo que pasa hoy.

¿Qué aprendió de sus padres? Lo que más admiro de ellos es cómo convirtieron en normal lo anormal. Ambos venían de familias acomodadas y de repente estábamos viviendo en Inglaterra como refugiados. Luego volvimos y mi padre fue nombrado embajador en Belgrado y teníamos cocineros y chóferes y todas esas cosas. Luego llegamos a Estados Unidos y volvimos a no tener nada, éramos refugiados. Tenían una gran resistencia. Recuerdo que mi madre estaba preocupada todo el tiempo.

¿Por qué? Es algo que entonces no entendía y ahora sí. Vivíamos en Denver (Colorado) y no teníamos parientes. Mi madre decía que todos eran viejos y habían muerto. Cuando me nombraron secretaria de Estado, un periodista, Michael Dobbs, se puso a escribir un perfil sobre mí y descubrí no solo mi origen judío, sino también que 26 miembros de mi familia habían muerto en campos de concentración. Mis padres se habían convertido al catolicismo después. Cuando me enteré, ya habían muerto.

Desde esa experiencia vital, ¿qué piensa del enfoque no solo de Trump, sino de muchos políticos de la izquierda estadounidense, que rechazan que EE UU tenga que hacer de “policía del mundo”? Los estadounidenses no quieren ser la policía del mundo. Desde el principio de su historia, EE UU no ha sido colonialista en general. Después de la Segunda Guerra Mundial hubo una verdadera sensación de responsabilidad, pero los americanos no quieren gobernar el mundo, se lo puedo asegurar. Clinton fue el primero en decir que éramos la nación indispensable, pero “indispensable” no significa “sola”. Significa que debemos estar implicados, tener alianzas con los socios adecuados y acciones multilaterales. Lo que pasa, en parte como resultado de la guerra en Irak y en Afganistán, es que a los estadounidenses ahora hay que persuadirlos de que debemos ayudar internacionalmente. Trump juega a decir que nadie nos lo agradece, que qué tenemos que ver con países de los que no hemos oído hablar, y que somos víctimas. Pero es ridículo, somos el país más poderoso del mundo.

¿Qué aspectos del Gobierno de Trump le preocupan más? No creo que Trump sea un fascista, creo que es el presidente estadounidense más antidemocrático de la historia moderna. Él no creó las condiciones que le llevaron a ser elegido. Ya había divisiones en nuestra sociedad, algunas basadas en las crisis o en avances tecnológicos que llevaron a la gente a perder su empleo. Trump no respeta las instituciones, se cree por encima de la ley, llama a los periodistas enemigos del pueblo y culpa a los inmigrantes. Hay aspectos muy preocupantes. Lo que lógicamente no ha hecho Trump es usar la violencia.

¿Qué espera de las negociaciones para la desnuclearización de Corea del Norte? La cumbre de Singapur del pasado junio ha sido de momento una victoria para Kim Jong-un. Trump ya ha dado algo, ha dejado de realizar ejercicios militares con nuestros aliados. Pero no está claro lo que Corea del Norte ha dado a cambio. Es difícil de predecir. Yo fui el primer miembro de un Gobierno estadounidense en visitar Corea del Norte y las negociaciones con sus dirigentes son muy duras. No sabemos cuál va a ser el papel de China. Queríamos que nos ayudaran con todo esto, pero Trump los está castigando con aranceles. Resulta todo confuso, pero es mejor hablar con Kim que llamarle “hombre cohete”.

¿Teme efectos a largo plazo por el distanciamiento de Estados Unidos respecto a sus socios tradicionales o de la ONU? Sí. Vivimos tiempos muy complicados. Soy una gran defensora de la ONU, aunque algunos aspectos deben mejorar. Hay un buen secretario general, António Guterres, pero es difícil [que mejore la organización] si Estados Unidos no paga lo que se supone que debe pagar. Estoy muy preocupada por el lugar hacia dónde va la Unión Europea, defiendo la OTAN y creo que todo el mundo debe pagar su parte, pero el modo en que Trump ha hablado sobre el tema me inquieta.

¿Cómo ve esa química que Trump parece sentir con Vladímir Putin? Está más allá del entendimiento. Conozco a Putin, es muy inteligente y ha jugado una baza débil muy bien jugada. Es un agente del KGB, sabe cómo usar la propaganda, ha menoscabado no solo las elecciones estadounidenses, sino a Europa, pero también es muy interesante ver lo que ha hecho en Oriente Próximo, donde los rusos se han convertido en una especie de grandes actores. Hay mucho debate en Estados Unidos sobre cuál es la base de esa relación y parte de ella es que Trump halaga a Putin y Putin halaga a Trump. Eso es lo que la gente quiere que se investigue.

¿Cuáles han sido el mayor éxito y la mayor frustración a lo largo de su carrera? Mi principal frustración fue como embajadora ante Naciones Unidas en un momento en el que había acabado la guerra del Golfo y Clinton había dicho que éramos indispensables. No estábamos haciendo lo suficiente en Bosnia ni lo bastante pronto, y tampoco hicimos nada con Ruanda, y parte de ello tuvo que ver con que no tuvimos la información correcta. Lo que considero mi mayor éxito es Kosovo. Entonces era secretaria de Estado. Dije: “Está bien, esta vez vamos a hacer algo”. Primero tuve que convencer al Gobierno estadounidense, el secretario de Estado puede decir muchas cosas, pero no tiene ejército, así que debe convencer al Pentágono y al presidente. Y llegó el punto en que decidimos usar la fuerza en Kosovo.

Y hace 20 años, ¿cómo era vivir todo eso siendo una mujer? Volvamos a Bosnia: seguí lo que ocurría con mucha atención. Pensé que debíamos usar la fuerza para detener la limpieza étnica. Colin Powell era el jefe del Estado Mayor Conjunto. Ambos éramos nuevos en el cargo y Powell era ese hombre grande y guapo que venía en uniforme con medallas de lado a lado, que explicaba muy bien las cosas que podían hacerse y que nunca quería usar la fuerza. Y al final le dije: “General Powell, ¿para qué está reservando todo este Ejército?”. Y se enfadó mucho conmigo. Yo era una mera mujer mortal, una civil discutiendo con un héroe. Tiempo después escribió un libro en el que dijo que había tenido que “explicarle con paciencia” a la embajadora Albright que nuestros soldados “no eran de juguete”. Le llamé y le pregunté por qué mencionaba “pacientemente”. Me respondió que porque yo no entendía nada. Luego me envió un ejemplar firmado con una dedicatoria: “Con cariño y admiración, etcétera. Pacientemente, Colin”. Y yo le envié una nota de agradecimiento diciendo “con admiración, etcétera. Enérgicamente, Madeleine”. Es un ejemplo de lo que era ser mujer. Era la única en aquella sala. Yo no paraba de insistir en aquellas conversaciones que no podíamos dejar morir a aquella gente y me decían: “No seas tan emotiva”. Aprendí a discutir de forma diferente.

“Soy feminista; las sociedades son más estables cuando las mujeres tienen poder político y económico. Pero no es fácil. Se necesitan más mujeres en la sala”

Ante esta ola de feminismo, ¿cree que el cambio es real? No lo sé. Lo importante es no permitir que ahora se produzca un rechazo. Fui la primera secretaria de Estado en poner los asuntos de la mujer en el centro de la política exterior, y no solo porque soy feminista, sino porque las sociedades son más estables cuando las mujeres tienen poder político y económico. Pero no es fácil, se necesitan más mujeres en la sala. Cuando era embajadora en la ONU, había 180 países miembros y solo otras seis mujeres. Ahora hay muchas más embajadoras, ministras de Exteriores, de Defensa…Y es interesante el número de mujeres que se están presentando a las elecciones al Congreso estadounidense.

¿Es usted feminista desde que recuerda o ha sido un proceso? Ambas cosas. Cuando fui a la Universidad creía que las mujeres eran capaces de hacer lo que quisieran, pero en la siguiente generación el proceso fue más incisivo. Para mí, que tengo 81 años, se trataba de intentar averiguar cómo crecer haciendo cosas interesantes. Soy feminista. Hay a quien no le gusta esa palabra, pero no es una mala palabra. No creo que el mundo deban dirigirlo solo mujeres. Quien lo crea se ha olvidado de cómo era el instituto, con todas aquellas chicas mandonas diciendo a todo el mundo lo que había que hacer… Es importante que haya una colaboración entre hombres y mujeres. 

El País

20 de septiembre de 2018

https://elpais.com/elpais/2018/09/20/eps/1537435497_152676.html

 12 min


El comentario de la semana

Recientemente Aragua en Red aprobó hacer pública una propuesta que a la par, ha comenzado a ser presentada a y discutida con diputados y dirigentes políticos estadales y nacionales. La misma, construida a partir del análisis de diferentes posibilidades formuladas por propios y extraños a nuestra organización, se incluye al final del artículo pero para su valoración apropiada trataremos de esquematizarla facilitando una mejor interpretación.

  1. Es una solicitud al único y exclusivo órgano legislativo que tiene legitimidad de origen, la Asamblea Nacional (AN), en el cual participan o deberían participar todos los diputados electos en 2015, sin distinción de colores partidistas e ideologías. Por su origen y composición es el escenario político para el debate y la búsqueda de consensos democráticos.
  2. La consulta popular solicitada está contemplada en el artículo 70 de la constitución nacional vigente.
  3. Ante la posibilidad de que se pudiese argumentar la falta de forma legal para determinar los procedimientos y el alcance de esta figura constitucional, la AN es la instancia llamada a llenar este vacío, cosa que ha debido hacer mediante la modificación de la ley de eventos electorales según el proyecto que está discutiendo desde ya hace bastante tiempo y en el cual no puede faltar el enfatizar el carácter vinculante de la mencionada figura, ya que es inadmisible consultar al poder soberano para luego decidir hacer algo distinto a lo que este recomienda.
  4. La propuesta le permite a la AN darle forma de continuidad operacional a su declaración del vacío de poder presidencial por ella misma decidido y ratificado recientemente.
  5. Lleva implícita el carácter transicional de la designación (unipersonal o grupal) que llenaría el mencionado vacío de poder y el objetivo de la misma (el cambio de gobierno lo más pronto posible como requisito para iniciar la recuperación de la institucionalidad democrática).
  6. Ofrece tres (3) alternativas excluyentes entre sí para el qué consultar y deja a juicio de la AN decidir cuál de ellas (solo una) reúne la mayor competencia política y que a la vez sea operativamente más factible de implementar.
  7. Las dos (2) primeras alternativas incluidas en la propuesta destacan que cualquiera de ellas que fuese eventualmente consultada obligaría, a quién o quiénes llenasen el vacío de poder presidencial, a convocar en un lapso perentorio (3 meses) una Asamblea Nacional Constituyente Originaria (ANCO).
  8. La tercera implicaría la aprobación directa de la convocatoria de la ANCO y establece para dicha asamblea como primera obligación una vez constituida, la designación del presidente o de la junta de gobierno llamada a conducir la transición, período mediante el cual se elaboraría la nueva constitución destinada a subsanar las deficiencias demostradamente existentes en la constitución vigente. No está demás decir que la propuesta de una nueva constitución tendrá que ser sometida a la aprobación de los venezolanos.
  9. El proceso de consulta sería dirigido por un ente electoral ad hoc ante la desconfianza justificada que se le tiene al CNE, nombrado dicho ente por la propia AN entre los postulados por sectores representativos de la sociedad civil, postulados estos a los que solo se les exigiría ser demócratas con honestidad y capacidad, haciendo abstracción de sus ideas políticas concretas, pero sin militancia partidista activa. La consulta en todas sus fases contaría con observación electoral por parte de organizaciones nacionales e internacionales con capacidad para ejercerla.
  10. Por último y quizás lo más importante de la propuesta si es que ello no hubiese quedado suficientemente claro; rescata el poder de la gente para decidir el destino político de la república mediante la emisión de un mandato claro a sus únicos representantes legítimos, es decir, todos los diputados de todas las tendencias y representaciones políticas electos en el 2015, sin distingos ni exclusiones de ningún tipo o naturaleza.

Como todo producto humano lo que propone Aragua en Red es perfectible, pero seremos vigilantes de que cualquier modificación no desvirtué su motivación que no es otra que la de delinear un camino que nos permita salir del atolladero político en el que nos encontramos y que ese camino proponemos que lo recorramos todos los venezolanos, reencontrándonos como seres que compartimos no solo un espacio político territorial sino sentimientos a favor de la paz, la convivencia y el deseo de un futuro inclusivo mejor que el mejor que hayamos tenido en nuestra historia republicana.

La propuesta

Solicitar a la Asamblea Nacional convocar una consulta popular vinculante para llenar el vacío de poder declarado por la misma asamblea, mediante la designación de un presidente o una junta de gobierno que se encargue de conducir el período de transición indispensable para la recuperación de la institucionalidad democrática en nuestro país.

Para el logro de la mencionada designación se propone específicamente que se someta a consulta popular, con carácter vinculante, la alternativa que se considere política y prácticamente más conveniente, entre una y solo una de las siguientes opciones:

  1. elegir directamente y en el mismo acto de consulta al presidente o a la junta de gobierno para la transición y que la instancia electa quede formalmente obligada a convocar a una Asamblea Nacional Constituyente Originaria en un plazo no mayor a tres (3) meses.
  2. aprobar que la propia Asamblea Nacional designe el presidente o la junta de gobierno para la transición y que la instancia designada quede formalmente obligada a convocar a una Asamblea Nacional Constituyente Originaria en un plazo no mayor a tres (3) meses.
  3. convocar una Asamblea Nacional Constituyente Originaria que tenga en sus bases comiciales como una de sus potestades específicas una vez constituida, la designación inmediata del presidente o de la junta de gobierno para la transición.

La consulta popular vinculante estará dirigida en todas sus fases por un cuerpo rector designado por la Asamblea Nacional a proposición de los sectores académicos, religiosos y gremiales formalmente reconocidos y deberá contar con observación electoral independiente, nacional e internacional.”

 4 min


Rodrigo Zeidan

Cuando tenía 10 años, en la década de los ochenta en Brasil, mi trabajo consistía en correr por los pasillos del supermercado para rebasar a unos adultos que, armados con máquinas etiquetadoras tan grandes que daban risa, deambulaban por todo el lugar dedicados a subir los precios a lo largo del día. Como era bueno para las matemáticas, mi mamá me daba el dinero que podíamos gastar en las compras de la despensa cada mes y yo corría por todo el supermercado para llenar el carrito. Como no tenía que detenerme a teclear los precios en una calculadora, ahorraba tiempo valioso para evadir a los etiquetadores.

Este ciclo se repetía el día 5 de todos los meses, la fecha en la que la mayoría de los brasileños que tenían un trabajo fijo recibían su sueldo mensual. Los empleados públicos gozaban de más privilegios y recibían pagos quincenales, así que los envidiábamos porque podían comprar cuando los supermercados no estaban abarrotados de familias ansiosas.

Quizás por ello no fue una gran sorpresa que haya decidido ser economista: desde entonces, debía elegir suficientes alimentos para todo el mes con un presupuesto reducido. Debía pelear con mis dos hermanos por los mejores productos —como el bote de dos litros de helado o la botella de refresco— que desaparecían casi de inmediato al llegar a casa. Ese era el escenario recurrente hasta que Brasil finalmente superó la hiperinflación en 1994.

Ahora que Venezuela se hunde en la hiperinflación se han visto fotografías que muestran cómo la gente paga provisiones simples con pilas enormes de dinero. Las reacciones al plan reciente del gobierno de eliminar cinco ceros de la moneda variaron desde la burla hasta el desconcierto. Teníamos la idea de que la hiperinflación era una especie de enfermedad exótica que casi había desaparecido; pero, al parecer, en algunas ocasiones los gobiernos hacen todo lo posible para empeorar la vida de sus ciudadanos.

Se ha especulado mucho sobre el efecto emocional a largo plazo de los venezolanos a la represión política y el derrumbe de las instituciones. Pero es fácil ignorar los efectos de un aspecto más abstracto, como la hiperinflación. Sin embargo, el legado de la hiperinflación actúa con sigilo y sus efectos penetrantes dejan huellas profundas.

La hiperinflación que sufrió Brasil en las décadas de los ochenta y los noventa se diferencia de la que Venezuela experimenta en este momento en ciertos aspectos fundamentales. En Brasil, vivíamos muy mal y la situación se mantuvo así hasta que se solucionó el problema. La hiperinflación (al igual que la enorme desigualdad en los ingresos, un problema que por desgracia todavía persiste) fue el resultado de errores de administración terribles, pero no se combinó con un régimen de opresión tiránica. Brasil ahora es solo otro país corrupto y mal administrado, cautivo en la trampa de los ingresos medios, pero nunca estuvo al borde del colapso ni los brasileños emigraron en masa para huir de la hambruna.

De cualquier forma, la experiencia de Brasil con la hiperinflación puede darnos algunas lecciones valiosas. Me refería antes al abuso físico y emocional de la hiperinflación, además de sus repercusiones para la salud mental. Se podría añadir el trauma económico. Factores como la pobreza, la hiperinflación y la desigualdad en los ingresos producen comportamientos poco saludables a la larga.

Una investigación reveló que los niños que viven en condiciones de pobreza corren más riesgo de tener dificultades con la autorregulación y otras funciones ejecutivas, como falta de atención, impulsividad, una actitud desafiante y malas relaciones con sus pares. Una sociedad tarda varias generaciones en sanar por completo tras periodos de profunda inestabilidad. Un estudio realizado al inicio de la década de 2010 demostró que a los habitantes de Alemania —un país en el que hace casi cien años terminó un periodo de hiperinflación— les preocupaba más la inflación que contraer una enfermedad mortal como el cáncer.

A mí, pese a que soy un académico especializado en finanzas, todavía me cuesta mucho hacer planes para la jubilación.

Por lo general, la hiperinflación conduce a dos tipos de comportamiento miope: el cortoplacismo y el ultraconservadurismo.

Cuando los precios suben más del 10 por ciento cada mes, si no gastas el dinero que tienes en el bolsillo, lo pierdes. Ahora me alegra encontrar un billete arrugado y olvidado en unos pantalones, pero cuando vivía en la hiperinflación me habría dado de golpes por no haberlo gastado. Incluso todavía hoy gasto de inmediato la mayor parte de mis ingresos. Mis hermanos adoptaron la actitud opuesta. Comenzaron a ahorrar en cuanto ganaron su primer sueldo, mucho más de lo aconsejable; su trauma se debió a la incertidumbre ocasionada por la volatilidad de los precios y los ingresos, y a las mudanzas constantes a causa de las fluctuaciones salvajes en las rentas.

Después de comenzar a escribir este artículo me di cuenta de que la hiperinflación también contribuyó a mis vicios alimenticios. En sentido estricto nunca sufrimos incertidumbre alimenticia. En nuestro peor momento, seguimos siendo una familia de clase media baja, así que en realidad nunca nos faltó comida.

¿Pero los alimentos más costosos? Crecí con el conocimiento de que no tendría acceso a ellos a menudo. Así que en cuanto tuve la suerte de poder adquirir comida cara y de alta calidad, me atiborré de ella. Todavía lo hago. Hoy, gracias a mi situación económica actual, puedo comer en restaurantes finos, pero también atiborrarme con placeres más simples, como un buen salmón o queso camembert. Hasta el día de hoy, sencillamente arraso con todo el salmón que me pongan enfrente.

El punto es que las personas que vienen de países que han experimentado episodios de hiperinflación tardan mucho en aprender a manejar adecuadamente el dinero. Se ha demostrado que quienes no son versados en cuestiones financieras sobreestiman la inflación, por lo que es menos probable que sus planes para el retiro sean atinados. Los brasileños suelen ser más versados en finanzas que personas de otras nacionalidades, pero falta mucho por hacer. No es sorpresivo: los profesores que deben impartir consejos financieros sensatos nunca experimentaron un ambiente estable en el que pudieran tomar decisiones en materia de ahorro e inversiones.

La tragedia que vive Venezuela ha costado miles de vidas y la cifra va en aumento. A fin de cuentas, la crisis humanitaria de Venezuela continuará mucho después de que concluyan el régimen del presidente Maduro y su hiperinflación.

Es posible ponerle un alto a la hiperinflación, como demuestran las experiencias de Israel y América Latina en las décadas de los ochenta y los noventa. En algún momento el coco de la hiperinflación desaparecerá; sin embargo, la experiencia de haber tenido que lidiar con ese demonio dejará cicatrices perdurables que se manifestarán en el comportamiento financiero de los venezolanos por varias generaciones.

19 de septiembre de 2918

New York Times

https://www.nytimes.com/es/2018/09/19/opinion-hiperinflacion-venezuela/?...ón&region=Footer&module=MoreInSection&version=WhatsNext&contentID=WhatsNext&pgtype=article

 5 min


Quedaron atrás los tiempos en los que la estabilidad política en América Latina era jaqueada por golpes militares. Sin embargo, no con ello acabó la inestabilidad. Ahora deriva, más bien, de la “caída libre” de legitimidad de ciertos liderazgos políticos con lo que su contenido es diferente y el resultado, acaso, más impredecible.

Son vertiginosos los ritmos en los que, al perder legitimidad, los liderazgos colapsan velozmente, sin pena ni gloria. Esto genera escenarios y cursos de salida distintos de los que derivaban de los cuartelazos y los golpes de antaño. Prevalecen las salidas constitucionales en lo que hay varios ejemplos recientes.

Para mencionar solo dos, vale recordar lo ocurrido en Guatemala con Pérez Molina y en el Perú con Kuczynski. En Guatemala, una investigación sobre corrupción puso hechos graves en evidencia y el clamor popular —al grito de “yo no tengo presidente”— precipitó la renuncia de Pérez Molina, al que sucedió un Gobierno de transición y nuevas elecciones.

En el Perú la renuncia de Kuczynski, después de escasos 20 meses de presidencia, tampoco fue por un “golpe” por el colapso de su legitimidad, dada la inoperancia de su Gobierno y por las alegadas revelaciones de conflictos de interés con Odebrecht de cuando fue ministro de Economía (situación aprovechada por la mayoría opositora en el Congreso). Asumió la presidencia su primer vicepresidente, Martín Vizcarra, en ese instante personaje poco conocido para la mayoría de la población. Lo ocurrido esta semana en el Perú es un poco más de lo mismo pero en una dinámica distinta.

Distinta, porque en este caso las fichas se han movido de otra forma; lo mismo porque, otra vez, la clave está en la crisis de legitimidad, pero más bien la del Congreso. De un lado, se ha fortalecido —al menos temporalmente— la legitimidad y apoyo al nuevo presidente. Un discurso presidencial enérgico contra la corrupción, que en el Perú no se escuchaba desde la presidencia de Valentín Paniagua en el Gobierno de transición (año 2000), subió su aprobación al 45 %.

Por otro lado, el colapso de la legitimidad de Keiko Fujimori (KF) y de su mayoría parlamentaria. Por un abstruso sistema electoral, en el 2016, con poco más del 38 % de la preferencia electoral, el grupo de KF pasó a tener más del 70 % de los representantes parlamentarios. Con ese trasfondo, que la desaprobación a KF sea ahora de más de 80 % dice mucho de cómo están las cosas. Una agenda —la de KF— concentrada en escarceos parlamentarios contra el Gobierno (antes PPK, ahora Vizcarra), sin señal alguna de una temática sustantiva en asuntos como la anticorrupción o la delincuencia, explica el colapso de su imagen.

Al haber asumido Vizcarra el protagonismo —al proponer reformas constitucionales y legales que tienen que ver con el enfrentamiento a la corrupción— se está en una situación de temporal fortalecimiento de la figura presidencial y reforzamiento de su legitimidad. Bueno para él y la estabilidad política. Pero, a la vez, hay grandes retos y demandas sociales que, de no ser satisfechas, pueden convertir al Ejecutivo en la próxima víctima en el mediano plazo. Las reformas presentadas al Parlamento son piezas —perfectibles— que han servido más que todo para dar señales de iniciativa por el Ejecutivo. Pero, en el fondo, no cambian el escenario de manera sustancial. Ellas y el referéndum que vendrá luego no son varitas mágicas ni responden a la magnitud del deterioro institucional.

Es evidente que lo concretado en estos cambios fragmentarios es insuficiente para enfrentar la corrupción y la crisis en instituciones democráticas como la justicia. De no perfilarse y ponerse en marcha una estrategia más integral y ambiciosa de cambios institucionales, los ardorosos episodios de estos días podrían quedar —como tantas veces en la historia— como otra suma de buenas intenciones y declaraciones formales. Y, acaso, como la inercial antesala de un clamor ciudadano de “que se vayan todos”. Es de esperar que no sea así.

El País

21 de septiembre de 2018

https://elpais.com/internacional/2018/09/21/america/1537481261_602678.html

 3 min


José Rosario Delgado

Dicen que Lenín decía que “de los capitalistas, sus placeres y sus mujeres”. Y no le faltó razón. Por eso es que sus seguidores de viejo y nuevo cuño hacen todo lo posible no sólo para degustarlos y disfrutarlos, sino para gritarlos a los cuatro vientos, aprovechando las redes sociales para hacerlos más virales e inmorales. Y esas mujeres y esos placeres del capitalismo se disfrutan y se degustan precisamente con dinero, casi siempre trabajado en capitalismo de grandes empresarios y eficientes trabajadores bien pagados, pero a estos por encima se les ve que no son sudados, sino robados de la manera más cínica e impune y ante los ojos del mundo.

La ostentación del cargo que detentan no sólo se refleja en las opíparas comidas que se sirven dentro y fuera del país, sino en el lujo y las prendas que exhiben en sus palacios, en sus casas o en casas de sus amigotes y vecinos que les entregan todo como privilegio y prerrogativa adulante, arrastrada, desvergonzada, únicamente para aprovecharse de las circunstancias y también repartir lo mal habido sin detallar en el qué dirán ahora ni mañana porque, contrariamente a lo que muchos piensan, sí hay y habrá mañana, Dios mediante.

Si en Venezuela nos acostumbramos en los albores de la Nacionalidad que comunistas eran los ricos y ricachones bien trajeados y fumando habanos que podían pagarse viajes y darse ciertos lujos y libertades propagando su ideología, hoy día vemos cómo unos solemnes pelabolas cometen los grandes atracos para meterse sus grandes atracones con exquisiteces y delicatesses, además de enfundarse en los costosos trajes y vestidos de los mejores y más exclusivos modistas del International Jet Set, con el favor de Christian Dior.

Pero, con su permiso, dejemos que nuestro amigo, colega y tocayo de siglas, José Ramón Díaz, nos cuente quién fue y quién es una de esas socialistas de nueva cepa: “A mí Cilia Flores jamás me ha caído mal. Será porque he percibido en ella ese performance del melodrama, además ese toque tan seductor de ella como mujer de barrio y de prontísimo ascenso en la escala social criolla. ¡De novela, pues! En sus días de pobre diabla, ella vivió en esos barrios paralelos a la autopista Caracas-La Guaira ¡que no es pecado, porsia...! Era en aquellos arrabales de Catia, pero jamás llegó a imaginarse sería una de las mujeres más poderosas de este país y ser integrante por sí o por no del más agreste y corrupto régimen que encabeza su marido NM y de manos con esos generales de las FAN, oscuros militares junto a civiles comprometidos con el narcotráfico, a tal punto que hasta por las venas de esta 'Primera Combatiente' corre sangre de sus sobrinitos juzgados por crímenes y tráfico de drogas en EE UU. Entonces ¿ser rico es malo? No lo sé, pero esa era la ramplona filosofía de Hugo Chávez.

“Lo cierto es que Cilia hoy es otra -sigue JRD-, muy diferente a aquélla del viejo barrio de Catia. Ahora (y hasta envidiada por otras mujeres del régimen) vemos a nuestra 'combatiente' en actos protocolares de la tiranía con ese elegantísimo 'sombrero pamela' al mejor estilo inglés; y luciendo esos costosos lentes de marca con bellos cristales foto-cromáticos, cadenas de oro, anillos con brillantes y reloj de moda juvenil; y en estos días devorando carne de la buena en el lujoso restaurant Nursret de Estambul, por allá en Turquía, ¿Envidia? Discutible, compatriotas… ¿acaso Cilia no es 'socialista'? Al menos que hoy intenta lavarles la cara a esos personajes ya despojos de la Revolución Bolivariana”.

 2 min


Joanna Klein

Las plantas no tienen ojos ni oídos ni boca ni manos. Tampoco tienen cerebro… ni siquiera sistema nervioso. ¿Qué decir de músculos? Ninguno. Permanecen inmóviles siempre en el mismo lugar; lo único que hacen es absorber la luz del sol y los nutrientes del suelo. Sin embargo, cuando se aproxima alguna criatura con la intención de comerlas, pueden sentirlo.

Entonces, responden a ese estímulo.

¿Cómo es posible?

“Ahora tenemos que pensar como plantas”, dijo Simon Gilroy, botánico de la Universidad de Wisconsin-Madison que estudia la forma en que las plantas perciben el medioambiente e interactúan con él.

“Las plantas no son animales verdes”, explicó Gilroy. “Son diferentes, aunque algunas veces sus funciones exhiben similitudes asombrosas con las de los animales”.

Como parte de un estudio publicado en la revista científica Science, diseñado con el propósito de dilucidar qué mecanismos secretos emplean las plantas para comunicar que se aproxima alguna amenaza, Masatsugu Toyota —quien ahora es catedrático en la Universidad Saitama de Japón— y otros investigadores del laboratorio de Gilroy en Wisconsin observaron a algunas orugas masticar una planta y utilizaron tijeras para cortar las hojas con el fin de ver cómo respondía.

Aplicaron glutamato, un neurotransmisor importante que ayuda a las neuronas de los animales a comunicarse.

Al menos en otros diez videos, además del que se presenta aquí, emplearon una proteína verde y brillante para observar cómo el calcio y los mensajes químicos y eléctricos resultantes se desplazaban a través de la planta. También observaron bajo el microscopio cómo se movían las señales de alarma por las extremidades de las hojas, un fenómeno que reveló que las plantas no son tan pasivas como parece.

Los mensajes se originan en el punto de ataque, desde donde el glutamato propulsa una ola de calcio que se propaga a través de las venas de la planta, como si se tratara de una red de tubería. Esta inundación activa las hormonas del estrés e interruptores genéticos que abren el arsenal de la planta y la preparan para defenderse de sus atacantes, sin necesidad de un solo pensamiento o movimiento.

Al igual que los animales, las plantas son eucariontes —organismos pluricelulares— que se derivaron de un ancestro universal común (llamado LUCA por su sigla en inglés) hace miles de millones de años. Impulsados por nuestro instinto de supervivencia cuando percibimos una amenaza, enviamos a través de nuestro cuerpo o tejidos un mensaje de alerta acerca del peligro para reaccionar a su presencia. Las acciones que aplicamos son muy variadas, ya que dependen de adaptaciones personales a nuestro estilo de vida en ambientes distintos; no obstante, gran parte de la maquinaria celular básica es igual. La biología dejó estos mecanismos intactos, pues si algo no está descompuesto, ¿qué necesidad hay de arreglarlo?

Un mecanismo que comparten nuestras células es la fluctuación en los niveles de iones de calcio, que contienen una carga eléctrica. En los seres humanos, esta carga ayuda a controlar la transmisión de mensajes entre las neuronas. Un cambio en los iones de calcio puede hacer palpitar nuestro corazón o provocar la contracción de nuestros músculos, de tal forma que podamos ponernos de pie y huir si percibimos alguna amenaza.

Obviamente, las plantas no pueden correr. No obstante, los investigadores sabían que los genes que elaboran receptores similares a aquellos sensibles al glutamato disparan señales eléctricas que se desplazan por las plantas cuando sufren alguna herida. Activan genes en el resto de la planta para que puedan responder.

Con la ayuda del glutamato, los iones de calcio pueden fluir y llevar su señal a través de canales: el glutamato ingresa en los espacios receptores especiales de manera similar a una llave que embona en la cerradura de un candado, y así va abriendo compuertas de acceso. Estos canales no son exactamente iguales a los del sistema nervioso de los mamíferos, pero su apariencia es muy similar y es probable que su funcionamiento sea parecido. Basados en esta idea, Gilroy y su equipo se dedicaron a observar el flujo de los iones de calcio.

Para ello modificaron plantas Arabidopsis con la intención de elaborar una proteína que fabrican las medusas y que produce un color verde brillante bajo el microscopio. Este sensor, en este caso, brilla más cuando aumentan los niveles de calcio.

También eliminaron de algunas plantas el receptor similar al glutamato. En ellas, la señal fluorescente era débil:

La verdadera sorpresa fue la velocidad con que se transmitían las señales de hoja en hoja; un par de minutos, siempre y cuando estuvieran conectadas a través del sistema vascular. Es una reacción más lenta que la de nuestro sistema nervioso, pero “para un biólogo botánico, es rápido”, dijo Gilroy.

Al parecer, la planta también podía percibir la severidad del daño, porque cuando aplastaban una hoja, toda la planta respondía:

En todas las áreas que tocaba el calcio, la planta producía ácido jasmónico, una hormona que controla procesos de defensa en situaciones de estrés; los científicos creen que activaba genes que de alguna manera producen una reacción de las defensas químicas y físicas de la planta.

El metil jasmonato, uno de los productos del ácido jasmónico, flota por el aire como un perfume con aroma a jazmín. Para los insectos puede resultar repulsivo o interrumpirles la digestión, por lo que estos comensales evitarán regresar. Las defensas físicas además pueden endurecer la pared celular de la planta, para que sea difícil comerla.

“Los autores le sumaron muchas piezas al rompecabezas para descubrir cómo una herida localizada dispara defensas generalizadas en hojas distales”, dijo Ted Farmer, botánico de la Universidad de Lausana en Suiza, quien describió las señales eléctricas de las heridas en las plantas.

Sin embargo, gran parte del proceso sigue siendo un misterio, como qué maquinaria es responsable del funcionamiento de esas reacciones.

El aspecto no tan misterioso es que, en gran medida, las plantas y los animales enfrentan los mismos problemas. Si los humanos pueden manejar las amenazas, también las plantas pueden hacerlo.

“Es posible que incluso tengan mejores sistemas que nosotros para percibir el ambiente, ya que no tienen la ventaja de poder ponerse de pie y salir corriendo”, subrayó Gilroy.

New York Times

17 de septiembre de 2018

https://www.nytimes.com/es/2018/09/17/plantas-clorofila-mensajes/?rref=c...

 4 min


El malthusianismo es una teoría demográfica, económica y sociopolítica, según la cual el ritmo de crecimiento de la población responde a una progresión geométrica ( 2-4-8-16-32-64) mientras que el ritmo de aumento de los recursos alimenticios que demanda esa población, lo hace en progresión aritmética (1-2-3-4-5-6-7-8-9).

Ahora bien, por esta razón, de no intervenir obstáculos represivos e inhibidores del crecimiento de la población, como por ejemplos las guerras, el hambre y las enfermedades, el nacimiento de nuevos seres aumentaría la pauperización gradual de la especie humana; por lo tanto y con base en esta teoría, la humanidad está condenada de por vida a la guerra.
Obviamente, esta teoría propuesta por el economista ingles Thomas Robert Malthus, aparte de ser muy pesimista, justifica la guerra. En este orden de ideas, presumimos que el hombre actual ha alcanzado tales niveles de conocimientos tecnológicos para producir bienes y mercancías capaces de satisfacer las necesidades básicas de la población humana, que lo mal distribuido no es la riqueza sino el talento, el conocimiento y la capacidad para producirla, y eso solo se logra a través de un proyecto educativo que se fundamente en el trabajo, pues la riqueza es directamente proporcional a la educación eficiente y al trabajo creador.

Por añadidura, esta teoría ha sido retomada por lo que ha dado en llamarse el neomalthusianismo, el cual continua considerando el crecimiento desproporcionado de la población en relación con la producción de alimentos, el problema a resolver, proponiendo como solución el control de la natalidad a través de métodos anticonceptivos dirigidos muy especialmente hacia las clases más pobres y menos favorecidas por el sistema; en este sentido, reiteramos que el único camino para resolver este problema está en la educación eficiente, el trabajo creador y la distribución equitativa de la capacidad para producir riqueza.
Villa de Cura, miércoles 19 de septiembre del 2018.

 1 min