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Opinión

Lester L. López O.

Apreciación de la situación # 75

De un régimen de malandros y delincuentes se puede esperar cualquier cosa menos que cumplan con las leyes, acuerdos y mucho menos con principios y valores, especialmente cuando los árbitros institucionales que deben intervenir para que esto no ocurra son parte del mismo régimen, por lo que para los opositores al mismo, solo le queda el recurso de la protesta pública y masiva que concluya, por la vía de la presión popular o de fuerza, con el fin de la tiranía reinante.

Pero esta solución de facto puede acarrear consecuencias posteriores adversas para las nuevas autoridades, especialmente en el ámbito internacional, si estas autoridades no están comprometidas con principios y valores reconocidos por esa comunidad y también porque los costos de la transición fueron mínimos en cuanto a pérdida de vidas humanas y materiales. De allí que la observación de organismos multilaterales internacionales en el periodo previo a las acciones que concluyeron con la caída del régimen, cobran vital importancia al momento en que el concierto de la naciones deban reconocer las nuevas autoridades que, por supuesto, deben tener carácter transitorio y una promesa de elecciones libres para elegir nuevas autoridades en el corto plazo o en el tiempo necesario para organizarlas. Eso dice el librito.

Afortunadamente en nuestro país, el constituyente en 1999, previó el mecanismo del referendo revocatorio para evitar esas salidas de fuerza, de tal manera que se pudiera salir de un mal gobierno por la vía pacífica, democrática y electoral si el pueblo o el soberano así lo solicitaran. Pero el actual régimen de malandros y delincuentes, de cuyas raíces salió la idea del referendo revocatorio, ahora dice que eso es una forma de derrocarlos-descubriendo el agua tibia- y alegan que tienen derecho a ejercer su derecho de cumplir su periodo constitucional hasta el año 2019. Nada mencionan, esta vez, de los derechos del soberano a quien se ufanan de representar y han llevado a condiciones de miserias inaceptables.

La MUD nacional, con el apoyo de la sociedad civil organizada, ha programado un evento de protesta masiva, pacífica, el primero de septiembre, con el nombre de “la toma de Caracas” para exigir al ente rector tres cosas: a) que fije la fecha para la recolección del

20% de las firmas exigidas para el RR; b) que fije la fecha para la realización del RR y c) que fije la fecha para las elecciones regionales de gobernadores y diputados a los conejos legislativos de los estados; todo para este año 2016 como lo establece la Constitución Nacional.

Pero las amenazas de los voceros del régimen no se han hecho esperar, ya convocaron una contra marcha en Caracas para el mismo día y acciones con los cuerpos de seguridad del estado para que los manifestantes que vienen de las distintas regiones del país no puedan llegar a tiempo a la manifestación. No prever un enfrentamiento, por parte de los organizadores de la MUD nacional, entre ambos grupos de manifestantes sería una demostración de candidez por parte de los mismos.

En previsión a eso, la MUD debe insistir en la presencia de representantes u observadores internacionales de todos los organismos multilaterales con los que se han tenido conversaciones hasta ahora aunque no se hayan tenido resultados prácticos para la fecha, son los que pueden certificar que nos hemos conducidos de la manera más democrática y pacífica posible en caso de que las acciones se salgan del cauce debido, especialmente porque el gobierno va a buscar provocar las acciones violentas. No se debe olvidar que la rectora autonombrada como la única persona que decidirá el futuro del país, porque no acepta presiones de nada ni de nadie, ha amenazado, en diferentes oportunidades, con suspender el proceso revocatorio si las condiciones de estabilidad política y social del país no eran las adecuadas.

Por estas razones, y otras que expondremos más adelante, es necesario que la MUD insista en la presencia internacional en nuestro país y especialmente en la aplicación de los principios de la Carta Democrática de la OEA, no pueden dejar al señor Almagro por fuera.

22 de agosto de 2016

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A Barack Obama, el presidente número 44 de Estados Unidos, le quedan solo 5 meses en el puesto. Por eso parece necesario hacer un balance de sus casi 8 años en esa posición, tan prestigiosa y a la vez tan llena de pesadísimas responsabilidades. Es una tarea cuesta arriba, casi diría que un atrevimiento, pretender hacer un juicio acertado sobre un período que solo será visto con imparcialidad y lucidez con el paso de los años, pero creo que merece la pena hacer el intento.

Fue sorprendente, y todavía hoy lo es, que un negro llegara a la Casa Blanca. Ese fue su gran logro producto de un empeño tenaz en alcanzarlo. Hoy se puede decir que esa condición racial no ha empañado su desempeño, porque nunca la usó para justificar sus fallos o para defender injustamente a los de su misma raza. En cambio, lo que es sostenido por muchos opinadores y personas del común en Estados Unidos es que en muchos casos, más de los que podríamos suponer, la oposición republicana, conservadora, blanca, a lo largo de su presidencia tiene en el fondo una base racista.

Su presidencia arrancó con una condición que a muchos nos preocupó de inmediato: la enorme esperanza, más allá de lo racional, que suscitó en mucha gente dentro y fuera de Estados Unidos. Como si por arte de magia, el hecho de su ascenso al poder fuera a resolver muchos de los grandes problemas del mundo. Como era de esperar, esa ilusión desmedida pronto se vio atenuada en el ejercicio diario y frustrante del poder.

Obama recibió la presidencia en enero de 2009 en medio de una recesión causada principalmente por el manejo irresponsable de instituciones financieras, lo que llevó a la crisis llamada la burbuja inmobiliaria. Fue una recesión tan seria que ha sido considerada la más fuerte y peligrosa desde la que se dio a finales de los 1920s en Estados Unidos. En febrero de 2009, al mes de jurar el cargo, firmó un paquete fiscal de $787.000 millones para estimular la economía, lo que fue una de sus acciones principales con el fin de dar un empuje fundamental para sacar al país de la recesión. Con ese paquete fiscal y con el apoyo a los constructores de vehículos de Detroit fue logrando su objetivo: hoy en día podemos decir que Estados Unidos salió de esa recesión, tiene una economía que crece aunque a una tasa no muy elevada, tiene un desempleo de 4,9 % cuando era de 10% o más cuando recibió la presidencia, cuenta con una industria automovilística boyante y con unos indicadores financieros que han roto records. De manera sorpresiva, estas decisiones fiscales de Obama fueron adversadas por muchos de los componentes del partido republicano, sobre todo por aquellos cercanos al Tea Party.

A pesar de los logros económicos de Obama , todavía hoy en día un 60% de la población americana dice que el país va por un camino equivocado. Al parecer este descontento generalizado, sobre todo entre la población blanca, trabajadores manuales, de las pequeñas ciudades de Estados Unidos, no se atribuye solo al período de Obama sino que se ha ido concretando a lo largo de decenas de años y de varios presidentes.

Una vez que lanzó su paquete de rescate financiero, y teniendo la mayoría del congreso entre 2009 y 2010, se dedicó a la aprobación del Affordable Care Act, conocido como ObamaCare, con el cual logró que, de los 50 millones personas que no tenían ningún seguro de salud, 20 millones pasaran a tenerlo lo que se considera un buen logro. Sin embargo, ese programa de salud, que pretende darle un seguro de calidad y asequible a más norteamericanos, ha tenido muchos contratiempos y enemigos porque parece haber afectado negativamente a la clase media al aumentar los costos anuales de sus cuidados de salud. Se ha convertido en el centro de los ataques de los republicanos contra Obama.

Mucha gente critica que se dedicara tanto tiempo y esfuerzo político al ObamaCare, descuidando otras metas prioritarias como una reforma financiera que regulara las instituciones de esa área con el fin de evitar en el futuro otro desastre como el de la burbuja inmobiliaria. Algo se logró en este aspecto, al aprobar el congreso el llamado Dodd-Franck Act en 2010, que, entre otras medidas, estableció mayores requerimientos de capital para los bancos, fortaleció los procedimientos para resolver las fallas de los bancos y otras instituciones financieras y limitó las capacidades de los bancos de invertir en papeles financieros riesgosos.

Obama ha sido criticado porque en su primer período, sobre todo cuando tenía mayoría en ambas cámaras del congreso, no le haya dado prioridad a las leyes de inmigración para tratar de resolver el problema de los 12 millones de inmigrantes ilegales que hay en Estados Unidos. Luego, cuando ya perdió esa mayoría, nunca más pudo avanzar en esas leyes por la oposición de los republicanos. Ante esa situación, Obama se ha valido de decisiones ejecutivas para tratar de alcanzar logros parciales en el área migratoria, especialmente las conocidas como DACA(Deferred Actions for Chilhood Arrivals) y DAPA (Deferred Action for Parents of Americans and lawful permanent residents), pero esas decisiones de gran significación para los latinos ilegales, se han visto detenidas por la decisión de un juez de Texas, la cual sigue vigente luego de que la Corte Suprema no tomara posición gracias a una votación de cuatro magistrados a favor y cuatro en contra de cambiar la decisión del juez tejano.

Los demócratas solo tuvieron mayoría en ambas cámaras del congreso entre 2009 y 2010. Luego perdieron esa mayoría, especialmente en la cámara de representantes, y nunca más la pudieron recuperar. Ese hecho ha sido un enorme lastre para la presidencia de Obama porque los republicanos han mantenido una oposición obcecada ante casi todas sus iniciativas. Pocas veces, quizás nunca, se había visto una división tan abismal entre los dos partidos esenciales, casi únicos, de la política norteamericana.

En el segundo período, 2012-2016, después de haber superado la dura campaña electoral en la que se enfrentó a Mitt Romney, Obama pudo dedicar mayores esfuerzos a aspectos no muy trabajados en su primer período, como la cuestión ambiental. En este aspecto, él ha sido un convencido de la importancia capital de tomar medidas para frenar el progresivo calentamiento global producido por las emisiones de CO2 e incidir sobre otros aspectos del deterioro ambiental. A través de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) se ha logrado disminuir las emisiones de carbono y otros elementos contaminantes. Antes de Obama, el 50% de la electricidad provenía de la quema del carbón, hoy en cambio es el 33%. Las fuentes alternativas de energía, como el uso de la energía solar y del viento, han visto un repunte. Hoy en día un millón de hogares norteamericanos tiene instalaciones para el uso de la energía solar. Otra acción aplaudida por los ambientalistas fue el rechazo de Obama a la aprobación del oleoducto que iba a ir desde Canadá hasta el sur del país, conocido como Keystone XL Pipeline. Aprovechando el apoyo dado a la industria automovilística se aprobaron también regulaciones para limitar la producción de dióxido de carbono, y otros contaminantes ambientales por carros y camiones ligeros.

Lamentablemente, los últimos 10 años están entre los más calientes en los registros meteorológicos, han aumentado los incendios forestales, la concentración atmosférica de dióxido de carbono sigue aumentando lo mismo que los niveles de los océanos. Es evidente que solo una acción concertada y constante por parte de todos los países, en especial los industriales, puede permitir la disminución de esos alarmantes índices ambientales en los próximos 20 años.

Una de las preocupaciones más profundas de Obama, pero en la que no ha logrado casi ningún avance apreciable, ha sido el control de la venta indiscriminada y el uso cada vez más frecuente de armas en Estados Unidos. Este país es el que posee un mayor número de armas en manos privadas y en el que ocurre el mayor número de homicidios en todo el mundo. Basados en la segunda enmienda de la constitución, los republicanos defienden agresivamente el derecho de la gente común de poseer armas de todo tipo. La Asociación Nacional del Rifle es una organización poderosa que apoya esa política y que ha manifestado su apoyo irrestricto a Trump en su campaña electoral.

En política internacional, Obama ha sido considerado por muchos como un presidente débil que no ha sabido enfrentar diversas situaciones peligrosas como las del Oriente Medio. Resulta contradictorio, por decir lo menos, oír el lamento de los americanos cuando sus hijos mueren en guerras en el extranjero, pero ver cómo en estos años, cuando no ha habido acciones bélicas de consideración, critican al presidente por no ser más agresivo en su política internacional.

Una de las situaciones más difíciles de manejar fue la prometida salida de Iraq. Obama, a diferencia de Hillary Clinton, nunca aprobó la invasión de Iraq pero recibió el encargo de tratar de terminarla. En el año 2011 salieron casi todas las tropas de Iraq, pero pronto se vio que iba a ser difícil salir definitivamente de allí. El gobierno de Nouri-Al-Maliki no ayudó en nada al empezar una persecución de los sunitas. Luego vino el surgimiento de ISIS que ocupó gran parte del Iraq sunita, limitante con Siria, donde también tiene territorio. Aquí todo el mundo está de acuerdo en que la invasión de Iraq por el gobierno de Bush fue la raíz del surgimiento de ISIS, pero también hay muchos republicanos que culpan a Obama por haber salido de Iraq demasiado pronto. Es muy difícil saber dónde está la verdad, porque el manejo político y mediático de todo lo relativo al Oriente Medio está lleno de confusión y de posiciones interesadas. Hoy en día ha ido aumentando poco a poco la presencia americana en Iraq, hay alrededor de 4500 comandos especiales allí, y se hacen bombardeos de la zona donde está ISIS usando cada vez más los drones para ese fin.

Siria ha sido el más molesto y permanente de los dolores de cabeza de Obama y de los países de Europa. Estos últimos han recibido una oleada de refugiados que huyen del hambre y de una muerte segura. Llama la atención que muchos líderes europeos y americanos critiquen tan acerbamente la política de Merkel o de Hollande de recibir a los refugiados, tan solo porque es factible que entre esos refugiados se cuelen algunos radicales islamitas. No son capaces de ponerse en los zapatos de los refugiados.

Hay un capítulo de la guerra en Siria relacionado con Obama que merece ser destacado. En el año 2012, Obama señaló que había una línea roja que Bashar Al Assad no debía pasar, so pena de que Estados Unidos lo atacara militarmente y terminara su gobierno. Esa línea roja era un ataque con armas químicas a los rebeldes anti Assad. En agosto de 2013 se produjo, en los suburbios de Damasco, un ataque con gas Sarin contra los rebeldes en el que murieron 1.500 personas, 400 niños entre ellas. Sus muertes fueron horribles entre espasmos y espumarajos. A los pocos días parecía que el ataque de Estados Unidos era inminente, pero de repente Obama lo detuvo para consultar al congreso y al pueblo si estaban de acuerdo con la guerra en Siria. Ambos contestaron que no. En ese momento surgió inesperadamente una salida gracias a un comentario de Kerry, Secretario de Estado, que llevó a Rusia a intervenir, con el resultado final de que Siria reconoció que tenía armas químicas y que estaba dispuesta a entregar 1.300 toneladas de esas armas a una coalición internacional, lo que finalmente hizo. De esa manera, sin disparar un tiro, se alcanzó un gran logro. Sin embargo, Obama fue acusado, y todavía lo es, de cobarde y débil al no lanzar la guerra contra Assad y sacarlo del poder.

La guerra en Siria es un rompecabezas que heredará el próximo presidente de Estados Unidos. En ese país destrozado concurren, como actores, el gobierno de Bashar Al Assad, los rebeldes que pretenden su caída, Rusia que apoya a Assad, ISIS que es combatido por Rusia y Estados Unidos y por el mismo Assad, y los kurdos. Además, de manera menos evidente pero cierta, intervienen Arabia Saudita e Irán.

Una de las cosas que suceden con la política internacional de Estados Unidos es que los países europeos y los pa]ises árabes, que serían los primeros llamados a resolver sus problemas cercanos, esperan que Estados Unidos intervenga; cuando no lo hacen los critican y cuando lo hacen también. Unas veces quieren que Estados Unidos se quede quieto en su mundo americano y en otros que haga el papel de policía del mundo.

Una de las últimas acciones de Obama es el tratado de comercio con países del Pacífico, conocido como TPP (Trans Pacific Partnership), que incluye a 11 países, entre los cuales están Canadá, Mexico, Perú, Chile, Australia, Malasia, Singapur y Japón. Todavía no ha sido concluido y firmado, pero gracias al apoyo republicano y con la oposición de los demócratas, Obama podría negociarlo y luego tratar de que el congreso lo apruebe. Sin embargo, parece que eso no va a ser posible porque le queda muy poco tiempo a Obama y porque tanto Trump como Hillary se oponen a él.

Queda, entonces, para la posteridad hacer un juicio definitivo sobre el gobierno de Obama, pero se puede decir que ha hecho un gobierno aceptable, por no decir que bueno, dentro de las posibilidades y limitaciones enormes que el congreso y los grandes intereses financieros e industriales le colocan a todos los presidentes, sean demócratas o republicanos. Para los latinos que venimos de países con grandes fallas, especialmente si se trata de Venezuela, esta enorme nación es un polo de atracción por su seguridad y sus posibilidades de crecimiento económico pero para muchos norteamericanos está en el camino equivocado, lo que para nosotros es incomprensible.

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¿Cuándo un pueblo se hace pueblo?

Una de las dificultades para entender a un pueblo como algo “no hecho” sino como algo que “se hace” reside en la identificación, las más de las veces retórica, entre pueblo y nación. Más grande es la dificultad si se toma en cuenta que desde el punto de vista de la nación el pueblo está formado por todos los con-nacionales y en su expresión jurídica estatal, por todos los con-ciudadanos. Luego, si la nación es indivisible, el pueblo también lo sería.

Ese criterio de pueblo-nación no puede, sin embargo, ser asumido por ninguna teoría política moderna. La razón es que la política actúa siempre sobre un campo divisible poblado de conflictos y antagonismos. Sin divisibilidad no hay política. Por lo mismo, el pueblo en política es, y debe ser –a diferencia del pueblo-nación- un pueblo dividido. Usando un ejemplo extremo se puede decir que el pueblo de los fascistas no puede ser el mismo que el pueblo de los demócratas, ni al revés tampoco.

En términos no políticos, el pueblo político al ser confundido con los conceptos de nacionalidad, ciudadanía, etnia e incluso raza, opera en el imaginario colectivo como un pueblo fundador, es decir, como un pueblo histórico. En cambio, desde la perspectiva del pensamiento político, el pueblo histórico no existe como tal y en su lugar aparece un pueblo en su historia, historia que al ser historia va mutando de modo incesante. Podríamos decir, por lo tanto, que el pueblo no-político es un pueblo estático y el pueblo político es un pueblo activo, en constante transformación. En breve: “un pueblo que se hace pueblo”.

La noción de un pueblo que se hace puede ser ejemplificada a partir de un estudio realizado por Sigmund Freud relativo al momento de fundación del pueblo judío durante el largo periodo del Éxodo. En los tres ensayos contenidos en su última obra “Moisés y la religión monoteísta” (1934-1938), dejando de lado especulaciones relativas a la nacionalidad de Moisés, según Freud un noble egipcio perteneciente a la corte del faraón monoteísta Akenaton, derrocado por el “partido politeísta”– la idea freudiana es que no fue el pueblo judío el que realizó el “éxodo” sino el “éxodo” hizo posible al pueblo judío. Tesis que encuentra ciertos fundamentos en la propia narración bíblica. Pues a través del largo viaje, los emigrantes pre-judíos fueron creando reglamentos (mandamientos), estructuras, jerarquías e instituciones que le permitieron constituirse como pueblo antes de ser nación.

En cierto sentido –eso no lo dice Freud pero es deducible de sus sugestivos ensayos- antes de que el pueblo judío fuera un pueblo religioso fue un pueblo político y como tal fue constituido a partir de múltiples y violentas luchas de poder las que adquirían –no podía ser de otro modo- un formato religioso (idolatría vs. monoteísmo, por ejemplo). El concepto de pueblo religioso es, por lo tanto, una variante del concepto de pueblo histórico (o pueblo fundacional).

Benedicto XVl, como es sabido, propuso, en analogía al pueblo judío hablar del “pueblo cristiano”. Pero en cualquiera de los dos casos el pueblo religioso no puede ser un pueblo político. La razón es obvia: en un pueblo político caben los miembros de todas las religiones y confesiones habidas y por haber.

Un pueblo histórico y/o religioso pudo haber sido en sus orígenes un pueblo político. Pero desde el momento en que “pasa a la historia”, deja de ser político. El pueblo político es, en cambio, un pueblo “haciendo su historia”. Eso no quiere decir que en política no exista cierta recurrencia a la noción de pueblo histórico (fundacional), pero solo con el objetivo de reafirmar la existencia de un pueblo político.

Ahora, en la teoría política moderna –esencialmente contractual- el concepto de pueblo opera como una premisa ficticia o principio regulativo cuya función es dar sentido al acto constituyente originario (Hans Kelsen, Teoría general del Derecho y el Estado) Un ejemplo: la Constitución de los EE UU en su preámbulo 1787 dice: Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos.

El pueblo constituye y destituye

Evidentemente, la Constitución norteamericana no fue dictada por el pueblo pero se sustenta sobre el principio que da sentido al acto constituyente en donde el pueblo actúa (de modo ficticio) como agente fundador. Siguiendo a Kelsen y en cierto modo a la idea del velo de la ignorancia de John Rawls (Teoría de la Justicia), las premisas constitucionales, si bien siendo ficticias o imaginarias, cumplen el papel de regular el sentido mismo de la Constitución. Así puede ser posible que el pueblo “de carne y hueso” no actúe como agencia fundadora de un pueblo, pero sí es introducido en una Constitución como agente fundacional, el pueblo “de carne y hueso” puede ser activado en cualquier momento.

Para seguir con el ejemplo norteamericano, sabemos que en la Declaración de Independencia de 1776 fue establecido que “todos los hombres han sido creados iguales” pese a que no todos los hombres –sobre todo los esclavos negros- eran iguales en la recién fundada nación. Pero dicha frase confirió posteriormente al partido anti-esclavista del norte una vía constitucional sobre la cual hizo transitar sus demandas. Por esa misma razón, cuando Obama fue elegido presidente, el principio de la igualdad ante la ley, plenamente activado, dejó de ser una ficción y se convirtió en realidad. Así sucede con el principio del pueblo como agente constitucional. Dicho principio regulativo aplicado sin el pueblo puede ser usado a posteriori por el pueblo el que a la vez se convierte en pueblo en defensa de ese mismo principio.

El pueblo es quien constituye. Esa fue la definición del jurista Carl Schmitt en su libro Teoría de la Constitución (1928) En palabras breves, el pueblo es político, según Schmitt, cuando asume su plena soberanía.

La noción del pueblo soberano –básicamente contractual- asumida por Schmitt en 1928 contrasta, sin embargo, con la expresada de modo radicalmente taxativo en su libro Teología Política publicado en 1922. La premisa de Schmitt en ese texto era: Soberano es quien decide sobre el estado de excepción.

Según esa primera acepción, el muy hobbesiano Schmitt entiende a la soberanía como una atribución derivada del uso de la fuerza. Schmitt, efectivamente, no confería en 1922 importancia a la diferencia entre dominación militar y hegemonía política. Tampoco al concepto de mayoría, tan decisivo para Hannah Arendt en la génesis del poder político (Violencia y Poder). Para el Schmitt de 1922 la soberanía se deduce simplemente del poder y el poder de la violencia. Esa fue la razón por la cual los teóricos políticos dedicados a dar fundamento ideológico a regímenes dictatoriales han abrazado con entusiasmo la tesis schmittiana de 1922 desconociendo la de 1928. No podemos olvidar por ejemplo que Jaime Guzmán. el filósofo político de la dictadura de Pinochet, seguía a pies juntillas las tesis formuladas por Schmitt en sus libros Teología Política y La Dictadura desconociendo por completo la tesis del pueblo como soberano expuestas por el mismo Schmitt en 1928.

Por cierto, Schmitt, a diferencia de Arendt, nunca fue un demócrata. Cuando en 1928 acepta la tesis de que el pueblo es quien constituye reconoce simplemente que el pueblo puede ser poder constituyente pero a la vez no niega la posibilidad de que ese poder también pueda derivar del principio monárquico el que bajo la categoría Führerprinzip (principio del líder) puso Schmitt al servicio de la Constitución nacional-socialista de 1933. No obstante, como el principio monárquico no puede ser traspasable a ningún principio civil pues el poder del monarca proviene teóricamente de Dios, la vinculación establecida por Schmitt fue la de líder y pueblo entendiendo al pueblo como una proyección “hacia abajo” del soberano constituyente representado en el Führer (Hitler).

Yo soy el pueblo

El dictador, de acuerdo al Führerprinzip se arroga no un poder divino pero sí el poder del pueblo. Él es el pueblo. Nos explicamos entonces por qué Napoleón declaró en un discurso Yo soy el poder constituyente. Frase dicha en contraposición a la de El Estado soy yo formulada por Luis XlV. En otras palabras lo que Napoleón dijo fue: Yo soy el pueblo. De más está decir que ese principio, el napoleónico, ha hecho escuela entre los filósofos de las dictaduras desde el español Donoso Cortés, el alemán Carl Schmitt, hasta llegar en América Latina a ser representado en personas como el dominicano Joaquín Balaguer, el chileno Jaime Guzmán y el argentino Norberto Ceresole.

El pueblo, para los filósofos de las dictaduras es una prolongación de la persona del dictador. El dictador en lugar de ser representante del pueblo convierte al pueblo en representación de la voluntad general (Rousseau) encarnada en el Partido, en el Máximo Líder, en el Caudillo. Ahí reside la índole populista de la mayoría de las modernas dictaduras. Sean los comunistas, sean los actuales autócratas eurasiáticos (Putin y Erdogan), sean los neo-dictadorzuelos latinoamericanos (Ortega, Maduro), todos reclaman para sí la representación absoluta y total del pueblo.

No obstante, si aceptamos la premisa del Schmitt de 1928 –no hay razones para no hacerlo– el pueblo, en tanto poder constituyente, puede ser, por lo mismo, poder destituyente. Más todavía si consideramos que todo acto constituyente supone un previo acto destituyente. Así, el pueblo, al ser el agente que convoca, es también el que revoca.

Llevemos ahora la tesis del Schmitt de 1928 hasta sus últimas consecuencias. Si el pueblo constituyente es destituyente, el pueblo cuando destituye no puede ser un principio regulador ni ficticio ni imaginario como en muchos casos es el pueblo constituyente. Para destituir debe ser en primera línea un pueblo “de carne y hueso” pues un pueblo como principio regulador no puede destituir a nadie. En otras palabras, nunca un pueblo es más pueblo que durante el acto de la destitución. A través de ese acto, la letra se hace cuerpo, el espíritu se hace realidad y el pueblo se hace pueblo. La soberanía tácita del pueblo se convierte en soberanía manifiesta durante el acto de destitución o revocación. Más todavía: un pueblo que no puede destituir tampoco puede -en términos reales y no ficticios- constituir.

No en el poder constituyente sino en el destituyente se expresa -repetimos- la noción de la soberanía popular. El acto destituyente puede ser llevado a cabo mediante el simple proceso electoral o de acuerdo a normas constitucionales. Pero si ese acto es negado serán abiertas las compuertas para activar el derecho natural a la desobediencia y a la rebelión.

No antes del acto destituyente sino durante, el pueblo actúa como instancia política plenamente soberana. Por lo mismo, si deja de actuar como soberano activo (constituyendo, destituyendo, eligiendo) el pueblo vuelve a su condición pasiva y se convierte en pueblo histórico o simbólico, en pueblo demográfico o población, en pueblo jurídico (ciudadanía) e incluso en “masa” cuando el lugar del soberano es usurpado por otro agente político (monarquía, dictadura, líder máximo).

El principio Fuenteovejuna

Tal vez una de las mejores documentaciones que muestran como la soberanía destituyente se hace presente en un pueblo lo encontramos en la era pre-política de España documentado en la legendaria obra de teatro escrita por Lope de Vega: Fuenteovejuna (1612).

El tiranicidio cometido en la persona del Comendador de Calatrava fue asumido por el pueblo de Fuenteovejuna en su conjunto. Nadie delató, aún bajo tortura, al ejecutor. El pueblo se hizo pueblo a través de la solidaridad colectiva, esto es, a partir de la formación de un “nosotros constitutivo” aparecido como consecuencia de la negación física a la tiranía.

- ¿Quién mató al Comendador?

- Fuenteovejuna, Señor

- ¿Quién es Fuenteovejuna?

- Todo el pueblo a una.

La negación a la tiranía aparece en Fuenteovejuna a través de un tiranicidio así como después en Francia apareció a través de un regicidio. En ambos casos la soberanía del pueblo se expresa en el acto pre-político de la negación física del representante del poder. No obstante, en la era política –se supone, es la que vivimos- la negación de la tiranía no pasa necesariamente por la eliminación física del tirano sino por su simple destitución.

En las repúblicas parlamentarias basta la simple mayoría en el parlamento para que un mandatario legal y legítimo cese en sus funciones. En algunos regímenes presidencialistas los mandatarios pueden cesar cuando dos poderes del Estado, el judicial y el parlamentario, se unen en contra del ejecutivo o simplemente cuando son puestos en práctica los dispositivos revocatorios inscritos en la misma Constitución.

Cuando no existe separación de poderes y a la vez son cerradas las posibilidades revocatorias inscritas en la constitución, solo quedaría el camino de la destitución mediante la recurrencia al derecho natural a la rebelión. Así ocurrió en 1989-1990 en las llamadas “democracias populares” dependientes de la URSS. En la mayoría de ellas la Nomenclatura fue destituida mediante la acción de masivas rebeliones populares. Pero solo en Rumania el dictador fue ejecutado. El espíritu de la soberanía popular políticamente organizada mediante el acto de la destitución –es decir, el principio Fuenteovejuna- prevaleció en todos esos países.

Quizás no hay mejor ejemplo para ilustrar como el principio Fuenteovejuna continúa vigente en la modernidad que ese grito colectivo surgido en las manifestaciones de los días lunes en la RDA de 1989/1990: Nosotros somos el pueblo.

En esa simple frase está condensada toda la teoría del pueblo político aparecida de modo embrionario en la magistral obra de Lope de Vega. Nosotros significa, nosotros somos la mayoría y no ustedes (la Nomenclatura, la minoría)

La “nosotridad” opera entonces como agente divisorio entre el pueblo y los que ejercen soberanía en nombre del pueblo. A través de la negación del poder de los otros, el nosotros alemán se hizo pueblo soberano reclamando para sí la soberanía ejercida en nombre del pueblo por una minoría dictatorial Y asumiendo su soberanía, el pueblo se convirtió en destituyente y por lo mismo en constituyente.

Por cierto, no en todas las destituciones presidenciales, por muy constitucionales que sean, el pueblo actúa como poder destituyente. En América Latina tenemos algunos ejemplos en las destituciones de Alberto Fujimori en Perú (2000), de Manuel Zelaya en Honduras (2009), de Fernando Lugo en Paraguay (2012) y en menor medida en la de Dilma Rouseff en Brasil (2015). En todas ellas, el pueblo si es que actuó, lo hizo recurriendo al principio de delegación.

Distinto fue el caso de la destitución de Pinochet. En Chile, durante el legendario plebiscitito de 1988 se dio una combinación entre pueblo destituyente y una vía inscrita en la propia Constitución.

En el curso del plebiscito chileno se enfrentaron dos poderes, el constituyente basado en el Führerprinzip de acuerdo al cual el pueblo actúa como prolongación del poder del Estado representado en un caudillo y el destituyente, convertido en pueblo mediante el voto del NO. El triunfo del pueblo destituyente pasó a ser constituyente solo después del retiro del dictador. En cierto sentido el NO a la prolongación del mandato presidencial de Pinochet fue la representación gramatical de una rebelión constitucional.

El pueblo, en suma, es pueblo político cuando revoca (destituye) y convoca (constituye). En ese mismo orden.

Post-scriptum para (e)lectores venezolanos

De la misma manera que en el Chile de 1988, en la Venezuela de 2016 tiene lugar un enfrentamiento de poderes entre el Führerprinzip (principio del caudillo) y el principio del pueblo destituyente (principio Fuenteovejuna).

El principio caudillesco ya no puede ser poder constituyente entre otras cosas porque en Venezuela ya no hay caudillo (Führer). Chávez es un cadáver biológico y Maduro un cadáver político. Ya no hay fuerza, razón ni lógica que constituya al “pueblo chavista”. Solo resta la razón de la fuerza representada en el ejército. En la Venezuela de hoy solo rige el poder de las armas. De ahí que el revocatorio es la única alternativa para restaurar la democracia. Así lo han entendido incluso sectores ayer afines al chavismo quienes, con toda la razón del mundo, no quieren pasar a la historia como subordinados de una dictadura militar; con o sin Maduro.

El RR16 adoptado por el conjunto de la oposición para hacer válida la destitución del gobierno y del régimen que representa, está inscrito en la propia Constitución. Todo intento por invalidar, desconocer o retrasar el RR16 es, por lo tanto, anti-constitucional.

El pueblo del Revocatorio actúa en primera línea en defensa de la Constitución. En segunda, de las instituciones que la representan (Asamblea Nacional entre otras) y en tercera, de la vía electoral como medio y forma para acceder al gobierno. Al lado del RR16 se encuentra la legalidad institucional, la legitimidad popular y la mayoría nacional. Esas son razones por las cuales el llamado al RR 16 no puede ser comparado con otras alternativas de protesta popular como las que tuvieron lugar en Venezuela en Febrero del 2014.

El llamado del 2016 no solo es constitucional. Además, es constitucionalista. No solo es legítimo. Además, es legal. No surge después de ninguna derrota electoral (como fueron las elecciones municipales de 2013) sino después de la aplastante victoria del 6-D del 2015. No emerge desde una oposición dividida sino de una que ha alcanzado el máximo punto de unidad. En otras palabras, el RR16 no solo es fuerza mayoritaria. Es también la principal fuerza hegemónica del país. Este último punto hay que subrayarlo pues si bien no toda mayoría es hegemónica, toda hegemonía debe ser mayoritaria.

El RR16 obedece a la lógica de una última ratio. Luego, su legitimidad no proviene solo del hecho de que la gran mayoría del país lo aprueba. Si así fuera, sentaría un peligroso precedente para el futuro pues cada gobernante podría ser destituido cada vez que pierda la mayoría electoral.

El RR16 debe ser puesto en práctica no porque proviene de la mayoría, sino por una razón de extrema urgencia, a saber: que todas las alternativas para que el gobierno hubiera enmendado su rumbo anti-constitucional ya han sido agotadas. La necesidad del RR16 surgió recién con fuerza cuando estuvo claro que el gobierno Maduro intenta clausurar a la AN mediante usos ilícitos, confiriendo poder legislativo al oficialista TSJ.

El Parlamento, con todos sus defectos, es la voz del pueblo. No solamente es el órgano destinado a promulgar leyes. Es antes que nada el centro del debate y por lo mismo del diálogo entre las diversas fuerzas que constituyen a la política de una nación. Es por eso que la democracia de nuestro tiempo es y debe ser parlamentaria. Sin parlamento no hay democracia. El parlamento es –dicho de modo taxativo- la democracia. Luchar por la vigencia del Parlamento no significa solo defender las voces de las mayorías sino también la de las minorías, incluyendo también a las del chavismo.

El régimen que representa Maduro ha provocado el más grande desastre económico que conoce la historia de su país, ha anulado la independencia de los poderes públicos, ha militarizado el poder político y hoy pretende desconocer al propio sistema electoral que lo llevó al poder, es decir, al pueblo como poder constituyente.

Por esas razones, y no solo por haber perdido la mayoría, Maduro y su régimen deben ser revocados. En nombre del pueblo, de la Constitución y de las Leyes.

http://polisfmires.blogspot.com/2016/08/fernando-mires-destituir-y-constituir.html

21 Agosto 2016

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Cuando sabemos que a algún amigo le ha sucedido una catástrofe, sentimos empatía y un poco de vértigo al mismo tiempo. Nos preguntamos si nos podría pasar lo mismo: ¿Es la catástrofe producto de alguna característica peculiar del amigo que por fortuna no compartimos? O ¿somos igualmente vulnerables? De serlo, ¿podemos evitar una suerte similar?

La misma lógica se aplica a los países. El fin de semana del 16 y 17 de julio, a los venezolanos se les brindó la oportunidad de cruzar la frontera con Colombia por hasta 12 horas. Fue un evento que hizo recordar la caída del Muro de Berlín. Más de 135.000 personas aprovecharon ese respiro para ir a Colombia a comprar productos de primera necesidad. Viajaron cientos de kilómetros y convirtieron su dinero por apenas el 1% de las divisas que habrían recibido si se les hubiera permitido cambiar a la tasa oficial que se aplica a los alimentos y medicinas. Pero de todos modos encontraron que valía la pena, en vista del hambre, la escasez y la desesperación que reinan en su nación.

La prensa internacional ha informado sobre el colapso de la economía, como también del sistema de salud, la seguridad personal, el orden constitucional y los derechos humanos en Venezuela. Todo esto está pasando en el país que tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo, apenas dos años después de que terminara el auge del precio del crudo más prolongado de la historia. ¿Por qué? ¿Podría suceder en otro lugar?

Los detalles particulares de cada situación siempre son, precisamente, particulares y por eso no viajan bien. Pero ello nos puede proporcionar un falso sentido de seguridad; si se la examina de manera adecuada, la experiencia venezolana proporciona lecciones importantes para otros países.

La crisis de Venezuela no es resultado de la mala suerte. Por el contrario, la buena suerte proveyó la cuerda con la que el país terminó ahorcándose. La crisis es la consecuencia inevitable de las políticas gubernamentales.

En el caso venezolano, estas políticas han incluido expropiaciones, controles de precios y de cambio, exceso de endeudamiento en épocas de vacas gordas, reglamentación anti empresarial, cierres de fronteras, y más. Consideremos, por ejemplo, este pequeño absurdo: en varias ocasiones, el presidente Nicolás Maduro ha negado la autorización para que se impriman billetes de denominación más alta. En la actualidad, el valor del billete más alto es menos de US$ 0,10. Esto causa estragos en el sistema de pagos y, además, en el funcionamiento de los bancos y de los cajeros automáticos, lo que es una fuente de constantes molestias para la ciudadanía.

Por lo tanto, la pregunta relevante es: ¿por qué un gobierno habría de adoptar políticas perjudiciales y por qué una sociedad habría de aceptarlas? El caos en el que ha caído Venezuela puede parecer imposible de creer. Pero, de hecho, es producto de creencias.

El que una política parezca disparatada o sensata depende del paradigma conceptual, o sistema de creencias, que usamos para interpretar la naturaleza del mundo que habitamos. Algo que puede considerarse disparatado bajo un paradigma, puede ser del más puro sentido común en otro.

Por ejemplo, entre febrero de 1692 y mayo de 1693, el normalmente sensato pueblo de Massachusetts acusó a mujeres de practicar brujería y las condenó a la horca. Si uno no cree en la brujería, esta conducta parece incomprensible. Pero si uno cree que el demonio existe y que se posesiona de almas de mujeres, entonces ahorcarlas, quemarlas o lapidarlas, parece ser una política pública razonable.

El paradigma del chavismo venezolano achacó la inflación y la recesión a una conducta empresarial traidora, que debía ser controlada mediante una mayor reglamentación, más expropiaciones y el encarcelamiento de un mayor número de gerentes. La destrucción de personas y organizaciones se percibía como un paso en la dirección correcta. El país iba a sanar deshaciéndose de esas brujas.

Los paradigmas conceptuales que tienen las sociedades para comprender la naturaleza del mundo que habitan no pueden estar anclados solamente en hechos científicos, ya que, a lo más, la ciencia puede establecer la verdad de creencias individuales; no puede diseñar un sistema de creencias que lo incluya todo, ni tampoco asignar un valor moral a las consecuencias.

La política se trata de la representación y evolución de sistemas alternativos de creencias. Rafael Di Tella, de la Universidad de Harvard, ha demostrado que las creencias de los ciudadanos constituyen un determinante fundamental de las políticas públicas que se adoptan. En los países donde se considera que los pobres tienen mala suerte, se desea la redistribución de la riqueza, pero no es así donde se piensa que son flojos. Cuando la ciudadanía cree que las empresas son corruptas, quiere una mayor reglamentación; y, con suficiente reglamentación, las únicas empresas que tienen éxito son las corruptas. De modo que quizás sea posible que las creencias se auto perpetúen.

Consideremos a Donald Trump, quien ha sido nominado candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano. Según él y sus numerosos partidarios, los líderes de su país son unos alfeñiques explotados por astutos poderes extranjeros que se hacen pasar por aliados. El libre comercio es un invento de los mexicanos para arrebatar puestos de trabajo a Estados Unidos. El calentamiento global es un embuste de los chinos para destruir la industria estadounidense.

De esto se desprende que Estados Unidos debería dejar de desempeñar un papel de liderazgo en la creación de un orden global funcional basado en reglas y valores universales, y en su lugar debería emplear su poder para obligar a otros a someterse. Bajo el paradigma actual, como lo sostiene Joseph Nye de la Universidad de Harvard, esto implicaría la destrucción unilateral de la fuente más importante del poder "inteligente" de Estados Unidos. Sin embargo, de acuerdo a la visión del mundo que posee Donald Trump, ello significaría un paso adelante.

Gran parte de esto puede que se aplique al voto del Reino Unido a favor de abandonar la Unión Europea. ¿Estaban realmente las reglas de la UE y los inmigrantes frenando el progreso de la nación, lo que implica que el Brexit abrirá el paso a una mayor prosperidad? O ¿es la desaceleración económica que se ha producido desde el referendo un indicio del gran valor de la integración y del libre movimiento de los europeos para la vitalidad del propio Reino Unido?

El peligro que Venezuela pone de manifiesto –y que posiblemente también lo haga Gran Bretaña dentro de poco– es el daño que un sistema disfuncional de creencias puede ocasionar al bienestar de una nación. Si bien lo más probable es que el credo chavista que destruyó a Venezuela termine por colapsar bajo el peso de su propio catastrófico fracaso, la lección que deja es que adoptar un sistema de creencias potencialmente disfuncional acarrea un costo extremadamente alto. En lo que se refiere a cambios a gran escala en los paradigmas de creencias, Venezuela muestra lo prohibitivo que pueden llegar a ser esos experimentos.

Cambridge

https://www.project-syndicate.org

Traducción del inglés de Ana María Velasco

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La política en las economías occidentales avanzadas está sumida en una reestructuración nunca vista desde la década de 1930. La Gran Deflación que asola ambos lados del Atlántico está reactivando fuerzas políticas latentes desde fines de la Segunda Guerra Mundial. La pasión vuelve a la política, pero no como muchos de nosotros esperábamos que lo hiciera.

La derecha se ha visto animada por un fervor contestatario que hasta hace poco era exclusivo de la izquierda. En Estados Unidos, Donald Trump, el candidato a presidente republicano está reprendiendo a su oponente demócrata Hillary Clinton —de manera bastante creíble— por sus estrechos vínculos con Wall Street, su deseo de invadir territorios extranjeros y su disposición para abrazar acuerdos comerciales que han socavado el nivel de vida de millones de trabajadores. En el Reino Unido, el brexit ha producido ardientes thatcheristas que asumen la forma de entusiastas defensores del servicio nacional de salud.

No es un cambio sin precedentes. La derecha populista tradicionalmente ha adoptado una retórica cuasi izquierdista en épocas de deflación. Quien sea capaz de soportar otra vez los discursos de los fascistas y nazis líderes de las décadas de 1920 y 1930 encontrará en ellos llamamientos —los himnos de Benito Mussolini a la seguridad social o las hirientes críticas de Joseph Goebbels al sector financiero— que resultan, a primera vista, indistinguibles de las metas progresistas.

Lo que estamos experimentando actualmente es la repercusión natural de la implosión de las políticas centristas debido a una crisis del capitalismo global en la cual un crack financiero llevó a una Gran Recesión y a la actual Gran Deflación. La derecha simplemente está repitiendo su viejo truco de aprovechar el enojo justificado y las aspiraciones frustradas de las víctimas para promover su propia agenda repugnante.

Todo comenzó con la muerte del sistema monetario internacional establecido en Bretton Woods en 1944, que había forjado un consenso político de posguerra basado en una economía "mixta", límites a la desigualdad y una fuerte regulación financiera. Esa "época dorada" terminó con el llamado shock de Nixon en 1971, cuando Estados Unidos perdió los superávits que, reciclados en el resto del mundo, mantenían estable al capitalismo mundial.

Sorprendentemente, la hegemonía estadounidense creció en esta fase posterior a la Segunda Guerra Mundial en paralelo con sus déficits comerciales y presupuestarios. Pero para seguir financiando esos déficits, los banqueros debieron liberarse de las restricciones que les imponían el New Deal y Bretton Woods. Sólo entonces fomentarían y gestionarían el ingreso de los capitales necesarios para financiar los déficits gemelos, fiscal y de cuenta corriente, de Estados Unidos.

La financiarización de la economía era la meta y el neoliberalismo, su manto ideológico; las subidas de las tasas de interés de la Reserva Federal en la era de Paul Volker fueron el disparador y el presidente Bill Clinton fue la persona fundamental para cerrar el acuerdo faustiano. El momento elegido no pudo haber sido más oportuno: el colapso del imperio soviético y la apertura de China generaron una oleada de oferta de mano de obra para el capitalismo mundial —1.000 millones de trabajadores adicionales— que impulsó los beneficios y limitó la subida de los salarios en Occidente.

El resultado de la financiarización extrema fue una desigualdad enorme y una profunda vulnerabilidad. Pero al menos la clase trabajadora occidental tuvo acceso a créditos baratos y a un valor inflado de sus viviendas para contrarrestar el impacto de los salarios estancados y las menores transferencias fiscales.

Entonces llegó el crack de 2008, que en EE. UU. y Europa produjo una enorme oferta excedente tanto de dinero como de personas. Mientras muchos perdieron sus empleos, viviendas y esperanzas, billones de dólares en ahorros han estado dando vueltas alrededor de los centros financieros del mundo desde entonces, sumándose a los billones inyectados por bancos centrales desesperados deseosos de reemplazar el dinero tóxico de los financistas. Con las empresas y los actores institucionales demasiado asustados como para invertir en la economía real, los precios de las acciones han florecido; el primer 0,1 % no puede creer su suerte y el resto observa indefenso como las viñas de la ira "[...] crecen y se llenan, preparándose para la cosecha".

Así ocurrió que grandes partes de la humanidad en Estados Unidos y Europa se endeudaron demasiado y se tornaron demasiado caras como para no ser descartadas... y quedaron listas para verse atraídas por la siembra del miedo de Trump, la xenofobia de la líder del Frente Nacional Francés Marine Le Pen, o la reluciente visión de los partidarios del brexit: una Gran Bretaña que vuelve a comandar las olas. A medida que aumenta su número, los partidos políticos tradicionales se disuelven en la irrelevancia y son suplantados por la emergencia de dos nuevos bloques políticos.

Uno de esos bloques representa la antigua troika de la liberalización, la globalización y la financiarización. Aunque aún detente el poder, sus acciones están experimentando una fuerte baja, como pueden señalarlo David Cameron, los socialdemócratas europeos, Hillary Clinton, la Comisión Europea y hasta el gobierno griego de Syriza posterior a la capitulación.

Trump, Le Pen, los británicos de derecha partidarios del brexit, los gobiernos intransigentes de Polonia y Hungría y el presidente ruso Vladimir Putin están formando el segundo bloque. La suya es una Internacional Nacionalista —una criatura clásica del período deflacionario— unida por el desprecio hacia la democracia liberal y la capacidad de movilizar quiénes pueden aplastarla.

El choque entre ambos bloques es tanto real como engañoso. La de Clinton contra Trump, por ejemplo, es una batalla genuina, al igual que la de la Unión Europea contra los partidarios del brexit; pero ambos combatientes son cómplices, no enemigos, para perpetuar un bucle infinito de mutua reafirmación en el que cada una de las partes es definida —y moviliza a sus partidarios sobre la base de— aquello a lo que se opone.

La única forma de salir de esta trampa política es el internacionalismo progresista basado en la solidaridad entre grandes mayorías en todo el mundo, preparadas para reavivar la política democrática a escala planetaria. Si esto suena utópico, vale la pena destacar que las materias primas ya están disponibles.

La "revolución política" de Bernie Sanders en EE. UU., el liderazgo del partido laborista por Jeremy Corbyn en el RU y el DiEM25 (el Movimiento Democracia en Europa 2025) en el continente son heraldos del movimiento internacional progresista que puede definir el terreno intelectual sobre el cual se debe construir la política democrática. Pero estamos en una etapa temprana y enfrentamos una violenta reacción de la troika global: observen el tratamiento que recibió Sanders del Comité Nacional demócrata, el enfrentamiento con Corbyn de un ex activista de grupos de presión farmacéuticos y el intento de levantar cargos en mi contra por haberme atrevido a presentar batalla al plan de la UE para Grecia.

La Gran Deflación plantea una gran pregunta: ¿es capaz la humanidad de diseñar e implementar un nuevo Bretton Woods, tecnológicamente avanzado y "ecológico" —un sistema que provea a nuestro planeta de sostenibilidad ecológica y económica— sin el sufrimiento y la destrucción masivos previos al Bretton Woods original?

Si nosotros —los internacionalistas progresistas— no respondemos esa pregunta, ¿quién lo hará? Ninguno de los dos bloques políticos que compiten por el poder en Occidente están siquiera dispuestos a que alguien la plantee.

Ex ministro de finanzas griego, profesor de economía en la Universidad de Atenas.

Atenas, julio 31 de 2016

project syndicate irg

Traducción al español por Leopoldo Gurman

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Los Juegos Olímpicos han degenerado. Antes no competían atletas que devengaban ingresos por practicar el deporte, no existía el dopaje y durante las Olimpíadas se suspendían las guerras. Hoy hay atletas que ganan millones, un creciente porcentaje se dopa, no existe un armisticio entre quienes están en guerra y un egipcio mahometano se niega a saludar a un judío israelí. Desde luego respetamos a la mayoría de los atletas que juegan limpio. Quizá las olimpíadas reflejan lo que sucede en muchos países, en los cuales personas inescrupulosas utilizan el engaño para imponerse.

Tal es el caso de las cuatro Rectoras del CNE quienes se ¨dopan¨ con patrañas amparadas con el poder que detentan circunstancialmente para actuar con ventajismo con el objeto de avalar a un régimen dictatorial. Olvidan que el pueblo las abuchea y las desprecia, tal como los espectadores en Rio con los atletas que han utilizado sustancias prohibidas.

Ante esta aberrante actuación de las rectoras del CNE y del TSJ, la salida electoral se complica. Abundan razones para recordar la frase de Churchill ¨ A quienes solo entienden el lenguaje de la violencia hay que hablarles en el idioma que puedan entender ¨. De una u otra forma saldremos de este totalitarismo. ¿Será posible lograrlo conjuntamente con aquellos que erraron el rumbo?

Destacados compatriotas encabezados por Maxim Ross, Juan Garrido y Werner Corrales piensan que ello es posible y presentaron el documento ¨Acuerdo Nacional para el Progreso y la Paz ¨, el cual fue avalado por varias organizaciones. Un acuerdo nacional es imprescindible. Por ello aplaudimos cualquier iniciativa en esta dirección. El problema, tal y como reconocen sus autores, es que ¨´Todo lo dicho en este documento luce idílico si no se logra que convivan las distintas doctrinas e ideologías¨.

Las líneas generales del documento son aceptables como guía para la dirigencia democrática. El quid es si es posible incorporar en el Acuerdo a quienes han avalado los atropellos a la Constitución. Esto no es fácil, ya que la lucha no es entre ellos y nosotros, sino entre demócratas y totalitarios.

Quizá para atraer a quienes hasta recientemente han estado del lado del régimen, el documento magnifica errores del pasado y olvida los atropellos actuales. El mismo señala que ¨Esta crisis no es nueva: se origina en el modelo económico, social y político que ha dominado la Venezuela contemporánea … ¨, lo cual compartimos. Sin embargo, añade ¨… y que se ha exacerbado en los últimos años, encontrándonos ahora en un punto de inflexión histórico¨. Esta segunda parte es demasiado condescendiente con los rojos, ya que no es cierto que lo heredado se haya exacerbado, sino que los rojos han incurrido en hechos nunca vistos, como la apropiación indebida de bienes del sector privado y acoso a empresarios, persecución masiva de disidentes y utilización tramposa del sistema electoral. Esto no existió en los 40 años de democracia, ciertamente imperfecta y que en algunos episodios violó derechos humanos en medio de una subversión armada.

Además, no es cierto que, como dice el documento, ¨ La experiencia histórica nos dice que las prácticas de exclusión política que se inician y se mantienen desde el siglo XIX hasta hoy…¨. Realmente, durante los 40 años citados convivieron en el Congreso todas las ideologías y solo cuando un grupo procedió a tomar las armas, robar bancos y secuestrar a ciudadanos fue cuando se produjo la exclusión de los rojos de entonces, los cuales fueron al poco tiempo perdonados.

Con respecto a política petrolera plantea crear otro(s) sistemas de propiedad, control y manejo de la Industria Petrolera. Sobre este punto hay que recordar que la Constitución establece que las acciones de Pdvsa son del Estado, por lo que no cabe otro sistema de propiedad, salvo que se modifique la Carta Magna. Lo que sí procede es recuperar a Pdvsa, la cual no podrá tener la dimensión del pasado, y que el crecimiento sea vía las empresas mixtas en las cuales el Estado sea socio minoritario pero con un mecanismo que asegure que su voto sea decisivo en aspectos importantes.

En síntesis, consideramos que es necesario un Acuerdo Nacional en el que participen algunos de quienes están en el poder. También habrá que olvidar algunos atropellos. Esto último no es fácil de aceptar. Para quienes no están enterados, mi hija fue agredida injustificadamente con 110 perdigones disparados a quemarropa por guardias nacionales, fue despedida de su trabajo, mi yerno fue dado de baja del ejército y me negaron la pensión después de estar jubilado, pero estoy consciente de que en aras de la gobernabilidad y de la paz habrá que olvidar algunos hechos sin dejar de señalarlos. Sobre los culpables recaerá la sanción moral del desprecio popular.

Como (había) en botica:

Felicitaciones a Yulimar Rojas por su medalla de plata. Eulogio Del Pino pretende esconder el descenso de la producción de petróleo. La realidad es que no informó a la Opep la producción actual y esta organización reportó que la misma es de 2.095.000 barriles por día. Para manipular, a Del Pino solo le faltó incluir como barriles producidos el equivalente a la leña y carbón quemado en fogones rurales. Exigimos revocatorio y elecciones regionales este año. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados! eddiearamirez@hotmail.com

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* Documento global que tiene respaldo con mayor detalle en las elaboraciones realizadas por las instituciones y centros de estudios que han participado en las reuniones.

Venezuela en un punto de inflexión histórico

Nuestro país, nuestra Venezuela, tiene hoy día necesidad urgente de un acuerdo nacional, que le permita encontrar un senda de progreso y de paz para enfrentar y superar la crisis que sufre en todos los órdenes de la vida social y que tiende a agravarse aceleradamente a juzgar por las actuales tendencias en el entorno económico y político. Esta crisis no es nueva: se origina en el modelo económico, social y político que ha dominado la Venezuela contemporánea y que se ha exacerbado en los últimos años, encontrándonos ahora en un punto de inflexión histórico.

El fondo del problema radica, más allá de las ideologías y de la coyuntura, en que nuestra estructura político-económico-social se ha asentado, en los últimos cincuenta (50) años, sobre un modelo hiperpresidencialista, centralista, estatista, partidocrático, rentista, fiscalista, monoproductor y socialmente dualista, inequitativo e insolidario, todo lo cual dificulta enormemente la configuración de una sociedad democrática y una economía moderna bien posicionada en el mundo.

Todo ello conforma un triángulo vicioso en el cual la falta de integración política, económica y social incide negativamente en el crecimiento económico, lo cual, a su vez, agrava las tensiones sociales impidiendo el crecimiento económico y el progreso político y social. Por su parte, la ausencia de estabilidad económica impide la reducción de las tensiones sociales y del consenso político necesario para superarlas. Se ha generado así el peor de los efectos: una estructura social de pobreza, incompatible con los recursos de Venezuela y con los inmensos ingresos recibidos. En una palabra, ¡Incompatible con los principios morales de una sociedad moderna y justa!

A ello debe añadirse que en la actual coyuntura se combinan factores y circunstancias de carácter político (conflictividad política, imposición del socialismo), económico (déficit muy agudo de ingresos petroleros y destrucción de la estructura de producción) y social (impacto devastador de la inflación y de la escasez sobre el bienestar de la población), todo unido a una situación de absoluta inseguridad personal.

Ante esta realidad, hace falta entonces un cambio sistémico y un impulso moral, individual y colectivo, que facilite un proyecto integrador porque no se trata politicamente de que el Estado tenga una Sociedad sino de que la Sociedad tenga un Estado que respete sus derechos y en lo económico es al revés, vale decir, no se trata de que la Sociedad tenga un Estado sino de que el Estado tenga una Sociedad que lo mantenga y pueda exigirle el cumplimiento de sus deberes.

Por ello, las soluciones sesgadas y sectarias, que nos dividen en “Dos Venezuela” han demostrado que no resuelven los graves problemas y que, por el contrario, los han agravado.

Atendiendo a este diagnóstico de la realidad venezolana, este documento presenta, en una síntesis, los distintos planteamientos que ha elaborado un sector de la sociedad civil organizada, con relación a lo que podría y debería ser la Venezuela del futuro próximo. Busca encontrar los temas comunes y las coincidencias entre las distintas “Propuestas País”, así como los grandes desafíos que de ellas provienen. Su objetivo es ofrecerlas modestamente a la consideración de la opinión pública, de las fuerzas políticas y de la sociedad en general.

Una imagen objetivo del País en que queremos vivir

Un país progresa y tiene paz cuando toda su población puede desarrollar la plenitud de sus facultades y capacidades; donde el desarrollo humano se logra de manera integral y el individuo cuenta con capacidades y oportunidades para ser agente de su propia vida y nadie ejerce sobre el coerción externa que le impida emplearlas. Al mismo tiempo, el libre desarrollo de la personalidad exige un conjunto de condiciones y circunstancias materiales y morales que permitan lograr tal desarrollo.

Un propósito institucional de estas dimensiones supone alcanzar simultáneamente tres objetivos:

1

La paz y la convivencia política y pacífica como columnas vertebrales de una sociedad moderna y civilizada,

2

Una prosperidad económica sostenible y compartida por todos nivelando las diferencias históricas de propiedad, educación y poder e igualando las condiciones de acceso a estos elementos.

3

Una democracia deliberativa, plural, que ofrezca una auténtica representatividad y participación.

Desde luego, para alcanzar estos objetivos es indispensable un Estado de Derecho que garantice, no solo la igualdad ante la Ley, sino también la existencia de un sistema de Administración de Justicia y de jueces que actúen con probidad, honestidad, competencia profesional y técnica e independencia del poder político.

Los grandes desafíos de la sociedad venezolana en el siglo XXI

Para poder conseguir los objetivos antes mencionados, deben enfrentarse desafíos muy significativos. Entre esos desafíos son fundamentales los siguientes:

1

EL GRAN DESAFÍO: Erradicar una estructura económica que, en lugar de generar riqueza, crea pobreza y desigualdad

El tema de la pobreza y la desigualdad es el tema más relevante de nuestro tiempo, más todavía si, estando ya casi en la tercera década del siglo XXI, permanecen en ella aproximadamente un 50% de venezolanos, ¡y todos los días se agrega un venezolano más!, sin esperanzas en el corto plazo de revertir esta tendencia, pero sí de ser solidarios en el presente con la vista puesta en el futuro queremos crear. Si queremos prosperidad consistente, hacer reversible el “populismo” e irreversible una economía productiva en una democracia pluralista es imperativo erradicar la pobreza. En este sentido sugerimos, que no podemos dejarle su solución solo al Estado. Debe ser asumido por la sociedad en pleno como un Compromiso de Todos. El verdadero pilar de una política integradora en forma sostenida y duradera supone:

Una toma de conciencia por parte de toda la sociedad de que éste es su problema principal.

El convencimiento del mundo político, en especial de los partidos políticos, de que es su responsabilidad crear un entorno de concordia política para coordinar la política económica y la política social.

El diseño de un conjunto de responsabilidades compartidas entre el Estado venezolano y la sociedad.

2

SEGUNDO DESAFÍO: Superar el modelo rentista petrolero y cambiar el rol del petróleo en la economía y la sociedad

Los efectos perjudiciales del rentismo en los últimos cuarenta (40) años están a la vista: devaluación e inflación crónicas y astronómicas; al menos, la mitad de la población en zonas marginales o de barrios que origina un dualismo social injusto; el Estado endeudado por encima de sus capacidades; cuantiosos capitales venezolanos fuera del país; grave falta de inversión nacional e internacional; concentración de la riqueza de forma tal que, cada vez más, menos gente tiene más y más gente tiene menos; pero lo peor del rentismo son las conductas socio-políticas que ha inducido y una pérdida del sentido ético individual y social. Del rentismo hay que salir y poner al petróleo en línea integradora con la actividad productiva y con la Sociedad Civil. Para ello se propone:

Cambios de paradigmas:

De la política de precios a la inversión y producción en campos menores,

Otro(s) sistemas de propiedad, control y manejo de la Industria Petrolera

Crear un mecanismo institucional (o Constitucional) que garantice que el excedente petrolero sea ahorrado y no gastado y sea estrictamente utilizado para fines productivos en la economía no petrolera que genere divisas,

Desligar las contribuciones fiscales petroleras del Fisco venezolano para que éste se sustente, estrictamente, en impuestos internos derivados del crecimiento económico.

3

EL TERCER DESAFÍO: Reformar el Poder político para superar el hiperpresidencialismo, el Centralismo y reforzar los poderes regionales, el rol de los partidos políticos y la participación ciudadana

El sobrepeso del Estado, del Poder Ejecutivo y del Centralismo ahoga las capacidades legislativas y los poderes democráticos que reposan en las regiones, localidades, comunidades y partidos políticos. La Asamblea Legislativa es el órgano por excelencia de representación de la voluntad popular y, por encima de ellas no puede ni debe materializarse poder alguno. La democracia no puede funcionar sin la herramienta de la sociedad para expresarse políticamente y para acceder al poder, como son los partidos políticos. Son necesarios, imprescindibles, pero no suficientes. La experiencia de las democracias modernas dice que la participación ciudadana es también indispensable y debe ser organizada para expresar sus intereses y colaborar real y efectivamente en la solución de los problemas

Se trata, entonces, de encontrar nuevas fórmulas de relación entre el Estado y la sociedad que permitan conciliar los intereses de los partidos políticos y de los grupos económicos y financieros con los intereses concretos de los ciudadanos, a los fines de satisfacer real y efectivamente las necesidades fundamentales de todos y no solo de una parte de la población.

Contexto geopolítico mundial

Antes de seguir adelante, es preciso tener en cuenta que ninguno de los grandes desafíos y medios planteados en esta propuesta para superar el estado de crisis en que ha vivido Venezuela en los últimos años puede lograrse si no se la ubica en los grandes cambios que ha sufrido la sociedad y la economía mundial, por lo que a ellos debe sumarse una estrategia respecto de nuestro rol en una economía internacional caracterizada por un amplio desarrollo de cadenas globales de valor y de progresos sociales y democráticos. Un país como el nuestro, con tan elevadísima dependencia de la venta de un solo producto, tiene que entrar en una agresiva etapa de diversificación económica que no puede realizarse fuera del contexto de la geopolítica internacional.

Medios indispensables para el progreso económico y social

Para poder alcanzar los objetivos planteados y dar los pasos para superar los tres grandes desafíos antes referidos necesitamos acordar medios que se tornan indispensables:

Estabilidad macroeconómica

Uno de los efectos más perversos de nuestra experiencia económica, con graves impactos sociales desintegradores y altamente desestabilizadores en el plano institucional, proviene de la mortal combinación de la devaluación, la inflación, un bajo crecimiento o una recesión, la cual no puede repetirse en el intento de rehacer Venezuela. Es por esa razón que el tema de estabilidad cobra importancia decisiva y que, sin él, el resto de los objetivos corren alto riesgo de no consolidarse. Por ello decimos que es inaplazable diseñar y ejecutar un Programa de Estabilización, cuyo punto de partida sea garantizar una estabilidad política duradera e irreversible, a la vez que debe ejecutarse simultáneamente con un programa amplio de reformas de mayor aliento. En ese sentido proponemos examinar los siguientes aspectos:

Fijar una meta inflacionaria (inflation target) de dos a un digito bajo (10 a 2%) para los 4/5 próximos años, respaldada por la reducción progresiva del déficit fiscal y un Programa Ordenado de Reforma Fiscal y Monetaria,

Unificación del tipo de cambio, mediante el desmantelamiento del sistema de control existente en un plazo a acordar, seguido de un principio de estabilidad cambiaria en el tiempo,

Un Banco Central con plena autonomía y autoridad para imponer estas metas en base a sus atribuciones constitucionales.,

Marco regulatorio para promover y democratizar el capital privado

Diferentes estudios y experiencias internacionales demuestran que sin una vigorosa participación y protagonismo del capital privado el crecimiento sostenido se ve comprometido y que este no puede prosperar sin un entorno que propicie la libertad de empresa y la libertad económica. Por ello, un marco regulatorio que dé pie a un relanzamiento de la actividad económica resulta indispensable. Su objetivo principal ha de ser el desarrollo de la economía no petrolera, cuyo pivote es el rescate de la agricultura, la industria, el comercio y los servicios que conforman un eslabonamiento natural y que permiten un aumento consistente de la productividad. Por ello es necesario:

Acordar un programa de recuperación económica de la capacidad productiva venezolana,

Establecer condiciones institucionales, jurídicas y regulatorias para que el sector privado venezolano asuma un rol protagónico, incluyendo la vigencia y garantía de derechos de propiedad y del cumplimiento de los contratos,

Clausurar definitivamente el esquema proteccionista y mercantilista, instaurando un sistema basado en la competencia, las reglas de mercado y la competitividad internacional,

Establecer un sistema de contratación con el Estado y sus empresas, a partir de reglas de licitaciones públicas transparentes y competitivas,

Rescate de las vocaciones sectoriales y regionales tradicionales

El Acuerdo nacional que estimamos necesario debería darle una alta prioridad a la construcción de una economía descentralizada y más equilibrada local y regionalmente, por lo que se propone una plataforma económica consistente con aquella que implica rescatar las vocaciones ya experimentadas por Venezuela. Entre ellas:

1. El turismo: el litoral central e insular y todo el país.

2. La alimentación: la región andina y del sur del Lago de Maracaibo, la zona aledaña y cercana a Caracas,

3. Los graneros: Portuguesa, Guárico, Barinas...

4. El café y el cacao: Litoral Central, Barlovento, Península de Paria, Zona Andina

5. La pesca: Península de Paria (Carúpano)

6. Energía, la metalurgia y la cadena forestal: Guayana

7. El petróleo: Zulia, Monagas, Anzoátegui

8. La industria ligera: zonas actuales (Centro costera)

Dos elementos pueden contribuir adicionalmente a consolidar la economía regional y local: incentivos fiscales, financieros y de oportunidades para estimular la migración de las empresas y de la población hacia las regiones y localidades con ventajas comparativas y nuevas reglas de potestades tributarias para las Gobernaciones y Alcaldías, promulgando, por ejemplo, una Ley de Autonomías Regionales y Locales.

La Conservación del Ambiente y el tema del Cambio Climático

Estos temas de altísima sensibilidad para la sociedad actual deben ser colocados en la agenda de las grandes tareas que Venezuela debe enfrentar si quiere completar, como hemos defendido, un proceso que integre todos los componentes del desarrollo y la prosperidad pues, sabemos muy bien y ya la sociedad lo ha asimilado que sin cuidar y preservar la naturaleza donde vivimos aquéllos se ven seriamente comprometidos.

Alta prioridad para una Educación de Avanzada a fin de incorporar el país a las nuevas tecnologías y a la Sociedad del Conocimiento

Desde la primaria a la Universidad, con énfasis en la primera, la educación básica, Venezuela debe reencontrarse con la ruta de una sociedad moderna, donde el conocimiento y la tecnología son las verdaderas herramientas estratégicas del desarrollo y la prosperidad. Sobre esta base, el talento venezolano que ahora tiende a acumularse en otras latitudes pondrá seguramente su “grano de arena” en hacer realidad esta tarea.

Acuerdos, pactos y consensos indispensables

Si realmente queremos modernizar a Venezuela y hacerla compatible con el mundo de hoy, con el mundo de avanzada donde la Sociedad Civil tiene un papel preponderante y ha desarrollado capacidades civiles y políticas de participación y representatividad, no se puede eludir revisar y definir con rigurosa honestidad el rol de los diversos componentes de la sociedad, así como sus necesarias interrelaciones. En este sentido, se precisan acuerdos, pactos y convenios políticos, económicos y sociales que le permitan a Venezuela dar un “salto cualitativo” hacia una sociedad moderna, civilizada, pacífica, próspera y verdaderamente democrática. Una sociedad en la que todos sus miembros tengan iguales derechos de acceso a la prosperidad y a la equidad. Una sociedad en donde los millones de personas que todavía viven en condiciones infrahumanas reciban el apoyo de toda la sociedad venezolana para superarlas.

Identificar y suscribir esos acuerdos, pactos, convenios y consensos necesarios para lograr el progreso y la paz de Venezuela es la gran tarea que nos toca a todos en la cual todos somos necesarios pero ninguno suficiente.

A título ilustrativo indicamos a continuación los que pueden considerarse como acuerdos político-económico-sociales básicos de los cuales puedan derivar todos los que sean necesarios para superar los desafíos antes referidos.

Un Gran Acuerdo Socio-Laboral

Las relaciones laborales deben basarse primordialmente en el diálogo Social y el Acuerdo entre trabajadores y empleadores, con el fin de preservar el empleo, las remuneraciones de los trabajadores y el poder adquisitivo, las contrataciones colectivas y la seguridad social, según los convenios que ha firmado el Estado venezolano en el contexto de la OIT. A fin de lograr establecer un sistema de relaciones laborales estable es fundamental el reconocimiento de los sindicatos y organizaciones gremiales, en igual término las organizaciones de empleadores, con la participación fundamental del Estado en el contexto del diálogo tripartito orientado a la promoción del trabajo digno como política pública.

La experiencia internacional dice que un arma fundamental para reducir los niveles de pobreza y desigualdad es la creación de empleos productivos, por lo que un acuerdo laboral en esa dirección es una herramienta indispensable para colocarle un piso a los desafíos indicados. La creación de empleos productivos bien remunerados y el desarrollo de una vigorosa clase media son concordantes.

Un Gran Acuerdo Político: Imperiosa necesidad de la Convivencia Política

Todo lo dicho en este documento luce idílico y superfluo sin plantearse seriamente la necesidad de lograr un acuerdo que sustituya la práctica de la exclusión política por un sistema institucionalizado donde convivan las distintas doctrinas e ideologías. Para ello, es indispensable identificar las causas que generan en el tiempo la falta de acuerdos políticos, económicos y sociales, que impiden lograr objetivos en materias de libertad e igualdad. La experiencia histórica nos dice que las prácticas de exclusión política que se inician y se mantienen desde el siglo XIX hasta hoy no han servido para resolver los grandes problemas de nuestro país y que, por el contrario, los han ido agravando.

La proclama por un acuerdo de este tipo de gran profundidad y gran aliento luce una herramienta indispensable para tomar la senda de la paz, de la prosperidad y de una auténtica democracia. Por todo ello, si es verdad que Venezuela y los venezolanos deben estar por encima de todo entonces ¡todos! debemos asumir la gran tarea de convivencia política, de progreso económico, de nivelación social y de erradicación para siempre de la pobreza en Venezuela.

Suscriben este documento:

Asociación Integral de Políticas Públicas

ASOPRODEM, Alianza para la Defensa de los Derecho Humanos, la Ecología y el Medio Ambiente

Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad. CEDICE Centro de Estudios de la Economía Venezolana. Universidad Monteávila Centro de Orientación en Energía. COENER

Centro Internacional de Formación y Políticas Públicas Arístides Calvani - IFEDEC Confederación Venezolana de Industriales - CONINDUSTRIA

Consejo Nacional del Comercio y los Servicios. CONSECOMERCIO Directivo de SIPUCAB. Secretario Ejecutivo CTV

Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela. FEDECAMARAS Fundación Alberto Adriani

Fundación Venezuela Positiva

FVM. Federación Venezolana de Maestros

Grupo La Colina A.C.

La Venezuela que queremos todos. Iniciativa Democrática

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