Pasar al contenido principal

Opinión

El Observatorio Global de Comunicación y Democracia (OGCD) señala en su último informe, recientemente publicado y disponible en la web, que el oficialismo inició esa tarea en el año 2012 y la ha prolongado hasta mediados del 2018. Se refiere a que, con ocasión de la celebración, durante ese lapso, de diversos episodios electorales, se adoptaron distintas medidas orientadas a perjudicar a algunos partidos opositores, considerados políticamente incómodos por el Gobierno.

La tarea fue hecha por intermedio de lo que, por comodidad, me gustaría llamar un Sastre Electoral, integrado por varias instituciones del Estado (CNE, Contraloría, TSJ, ANC), que en ciertos casos buscó afectar su funcionamiento interno (interviniendo sus directivas), mientras que en otros optó por inhabilitarlos. Como resultado de ello, a la fecha de hoy ha ido quedando una oposición confeccionada a la medida del gobierno, integrada por algunos grupos, suficientes, pareciera, para figurar que en Venezuela se llevan a cabo eventos comiciales cumpliendo con los cánones democráticos.

En resumen, hoy en día de los 21 partidos políticos nacionales legitimados por el CNE, diez son afines al oficialismo, dos son de tendencia opositora vinculados a la extinta MUD y ocho de tendencia opositora o independientes sin pertenecer a esta última. Así, al escoger la oposición que más le conviene –sacando del juego a los partidos más importantes- se enturbia la competencia electoral y consecuentemente se achica el espacio de la democracia venezolana. Se trata, en fin, de una iniciativa que se suma a un menú diverso de decisiones que apuntan hacia el mismo propósito, lesionando gravemente el derecho de los venezolanos a tener una oferta política diversa.

Así las cosas, ¿cabe pronosticar que tendremos, con mayor o menor disimulo, un régimen de partido único?. Es el tema que asoma el OGCD, luego de un análisis minucioso y consistente del actual ecosistema de movimientos políticos. Carezco de respuesta con referencia a la posibilidad de que ello ocurra, pero es un tema, me parece, que por el sólo hecho de plantearse y colocado, además, junto a otras propuestas y acciones gubernamentales, suscita inquietud por el futuro democrático del país.

En fin, otro día hablaremos del Carnet de la Patria.

El Nacional, miércoles 26 de septiembre de 2018

 1 min


El Ambiente Político Real Violento que sufre Venezuela es causa de la irresponsabilidad, incompetencia e incapacidad del régimen que hoy ha sido sacudido en las Naciones Unidas cuando 93 Estados han aprobado la responsabilidad de proteger, para que quede claro en el sistema internacional que el régimen de Venezuela no puede pretender imponer un comunismo en contra del 87% de mujeres y hombres, que enjuician y desprecian la autocracia militarista sustentada en un elemento armado que actúa como partido político en armas. El mundo vive un proceso de interdependencia compleja. ¿Lo comprendieron?

El mundo sabe como el régimen de Maduro persigue, encarcela, maltrata y hasta liquida venezolanos de manera directa e indirecta. La sociedad venezolana tiene el registro de un militarismo aberrante que persigue al ciudadano, al demócrata, mientras protege la economía paralela, la mafia y la subversión que está establecida en la geografía nacional y se irradia en el hemisferio occidental. El mundo hoy después de la decisión de las Naciones Unidas sabe que existe una respuesta internacional para que se reinstale la democracia, que aviva en el ciudadano venezolano su decisión de resistencia civil.

La resistencia civil es el instrumento democrático que conducirá a salvar la República, en el tanto y cuanto quienes tienen responsabilidades como grupos motores sociales se aboquen a que la mayoría de demócratas desobedezcan a este régimen perverso, cobarde y mafioso, que poco le importa la República, que ha destruido el sistema político y que se ha enriquecido de forma inmoral generando la más terrible diáspora, tragedia del país y del continente entendiéndose Venezuela como una amenaza.

La resistencia civil es, entonces, la respuesta que facilitará a toda la sociedad venezolana -ahora respaldada por las Naciones Unidas- para que acelere, direccione y comprometa su participación como ciudadano para activar acciones con motivo, dirección y sentido que permitan la desobediencia civil. Los ciudadanos, los demócratas, quienes creemos en la democracia liberal, la importancia de la libertad y de la seguridad, tenemos el derecho de reclamarles a quienes gobiernan que cumplan la Constitución, que respeten a la ciudadanía y –aún torpes- que fracasaron y no pueden seguir siendo gobierno en la República venezolana. Que entiendan que desde ya estamos en resistencia civil.

Lo internacional más la política doméstica se atan para producir un efecto, o punto ignición, que será por noble y decidido superior a la miseria exponencial, más grande que el dolor que produce la calamidad político social, y aunque Venezuela vive la tragedia de una sociedad ahuecada triunfaremos los demócratas haciendo realidad una participación política contendiente. Esa participación política contendiente motorizará los más recónditos espacios para que sepa el bestiario militarista que este un pueblo que ama, respeta y está dispuesto a reinstalar la democracia, con libertad y seguridad.

Lo internacional y la política doméstica han mandado a detener a la barbarie. Sí la barbarie no se detiene, los ciudadanos –que ya sabemos que tenemos el apoyo del mundo- la haremos detener. No hay miedo… ni temor bastardos hombres armados, cómplices de una desgracia que desgarra a una sociedad noble, buena, que casi sin saberlo ha tolerado mentiras, falsas promesas, grandes latrocinios, pero ya… no soporta más. Venezuela como sociedad y ciudadanía ha dicho ¡No más! al militarismo y al socialismo a juro.

Venezuela y los ciudadanos venezolanos aprendimos a vivir en democracia. Sabemos que cuesta. Que es difícil. Que necesita consensuar. Pero jamás nos imaginamos que hubiera tanto déspota, tanta cobardía y tanto ladronismo de resentidos sociales, que mal entienden el marxismo, que viven de la angustia y del complejo de inferioridad, que no fueron capaces de echar adelante mediante un proceso de educación y formación privilegiado que existió en Venezuela entre 1958 y 1999. Es la hora del ciudadano, de la participación política, del apoyo internacional, de la confraternidad, pero jamás del diálogo y menos del hecho electoral. Eso está negado en la República. La República será reconstruida mediante la resistencia civil que tendrá como punto la Huelga General, y a partir de allí un gobierno de transición que nos permita cantar con orgullo el himno nacional.

Director de CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 25 de septiembre de 2018

 3 min


En diversos centros se diseñan políticas para ejecutar en el período de transición que va del régimen de Maduro hasta la instalación de un nuevo presidente, producto de elecciones libres, justas y limpias. Es un período que nadie puede predecir, pero que se podría estimar –a ojo de buen cubero– entre uno y dos años. Muchos se preguntan cómo serán las medidas, cuáles sus ritmos e impactos. Sostengo que depende de dos variables que son difíciles de predecir: la primera se refiere al grado de paz o de violencia que tenga la transición; la segunda se refiere al grado de legitimidad que tenga la transición, lo cual refiere al reconocimiento nacional e internacional del gobierno que suceda al régimen de Maduro. Hoy me refiero a la primera variable.

Nadie duda que una transición pacífica y totalmente legítima es ideal. Esta se habría podido lograr en la medida en que los dueños del poder rojo se convencieran de que su proyecto no solo fracasó sino que no tiene ninguna –léase bien, ninguna– posibilidad de sobrevivir mucho más tiempo. En este caso, una negociación para la salida, con ciertas garantías a los jerarcas que se avinieran a dejar el poder y sus oropeles, garantizaría paz y, por supuesto, legitimidad en el cambio político.

Sin embargo, se sabe que la situación no es tal. Aunque ya hay varios importantes personajes del régimen que han pedido pista para aterrizar en otros países, el núcleo que no tiene regreso se mantiene preparado para impedir su relevo por medio de la violencia policial, militar y paramilitar que ejerce sin medida ni contención alguna. La transición involucrará la presión internacional, la protesta popular y la actuación de los militares que busquen devolver la vigencia de la ley; en este caso, la violencia dependerá del grado de resistencia que oponga el régimen saliente.

La capacidad de Maduro de resistirse mediante la violencia al cambio depende del grado de control militar que ostente. Por los signos recientes y las conspiraciones detectadas, así como las acciones que no por aisladas dejan de ser indicativas, pareciera que la ruptura entre los generales y almirantes de un lado, y los oficiales de más bajo rango, por el otro, deja a Maduro sin el apoyo de la masa de oficiales y soldados de la FAN. Pero no está inerme: cuenta con los grupos más represivos de la policía política y la inteligencia militar, los colectivos, además de las unidades antimotines de la Guardia Nacional y la Policía Nacional. ¿Cuántos serán estos agentes? ¿Cinco mil? No lo sé. Pero matan.

La transición se aproxima inexorable.

 2 min


Elaborando una guía-resumen para estudiantes titulada “Escucha Joven Liceísta” la cual se las distribuí a través de Facebook, relacionada con: el conócete a ti mismo de Sócrates, la teoría de las ideas de Platón, el punto medio de Aristóteles, el sí pienso luego existo de Descartes, la logoterapia de Frankl, el manifiesto de Marx, la reverencia por la vida de Schweitzer, la voluntad del placer de Freud, la voluntad del poder de Nietzsche, la dialéctica de Hegel, el existencialismo de Sartre… no percibí una verdad tan sencilla e irrefutable como la que se enseña en la etnia de los Xhosa al Sur del África Continental: “Yo soy porque nosotros somos; es decir, yo soy porque nosotros somos, y dado que somos, entonces soy”….

Ahora bien, estas enseñanzas se agrupan en una Escuela de Filosofía que se conoce con el nombre de: “UBUNTU” que, dicho sea de paso, me tome la libertad de calificar como “El Solidaridarismo africano” … Quien practica esta manera de filosofar, es persona abierta, dispuesta a ayudar a cualquier hora, respalda a los demás, no se siente amenazado y está seguro de sí mismo porque sabe que pertenece a una gran totalidad.

Por añadidura, la eficacia y la eficiencia del “UBUNTU” fue demostrada por Nelson Mandela, quien, tras 27 años de cautiverio por razones políticas y racistas, asumió la presidencia de la República Surafricana y con educación eficiente, trabajo creador y esta manera de filosofar, logro sacar a su país del intrincado laberinto donde “el hombre blanco” lo tenía metido, a tal punto, que se organizó un mundial de futbol -parámetro que mide el desarrollo de un país- y a Nelson Mandela se le otorgó el premio Nobel de la Paz.

Obviamente, no es muy difícil llegar a la conclusión de que la base sobre la cual se fundamenta esta filosofía africana es, la solidaridad: valor moral que ha sido muy útil para el género humano, pues gracias a la solidaridad la especie humana no sólo ha alcanzado los más altos grados de civilización y desarrollo tecnológico a lo largo de su historia, sino que ha logrado sobrevivir y salir adelante luego de las más terribles guerras, pestes, incendios, terremotos, inundaciones, crisis sociales, políticas, económicas, militares y morales. Por esta razón y por otras muchas más, es que el “UBUNTU”, es, a menudo traducido como: "Yo soy porque nosotros somos”.

Para concluir y como consecuencia de los tiempos borrascosos que con fuerza están soplando sobre el rostro de Venezuela: ¡Ah malaya surja en mi país una especie de solidaridarismo africano para que echemos por la borda toda la intolerancia política acumulada que nos tiene sumidos en el más lamentable, denigrante y deprimente subdesarrollo tercermundista!!

Villa de Cura, lunes 24 de septiembre del 2018.

 2 min


Confieso ser cobarde a la hora de encarar los horrores del régimen de Maduro. La imagen del niño de 12 años con menos de 11 kg. de peso que murió de inanición, la del joven Vallenilla fusilado a sangre fría por un miserable soldado cuando ejercía su derecho a la protesta pacífica, los relatos de torturas y tratos viles a estudiantes presos y tantos más, me aplastan. Trato de evitar los detalles de cada nuevo vejamen. Porque son demasiados, muchísimos. Ahora son los miles de compatriotas que, a diario, huyen del hambre a pie por carreteras de países hermanos, muchas veces con niños, pero siempre sin dinero.

Pero no hay escapatoria de tanto horror, por más que se intente evitar sus imágenes. La inevitable pregunta es, ¿Por qué someter al pueblo a tanto sufrimiento, por qué tanta maldad?

Uno está acostumbrado a ver al crimen y al atropello a los demás como una anomalía, como algo que transgrede la convivencia entre humanos y que, por tanto, la sociedad busca castigar. Pero cuando la maldad se convierte en sistema, escapa de nuestra comprensión. Lo que podía parecer una infantilidad, que el sufrimiento de los venezolanos se debe a gente malvada, se convierte en realidad palpable que clama por su análisis como categoría. Es menester entender que la maldad se manifiesta como resultado de decisiones y acciones de quienes tienen poder sobre los demás. No existe a priori ni ocurre por accidente. ¿En qué condiciones se convierte la maldad en elemento distintivo de un régimen?

Ofrezco tres dimensiones para abordar esta pregunta, de ninguna manera excluyentes entre sí. La primera, sicológica, apunta a traumas personales que se expresan en la forma de resentimientos, odios y sed de venganza que terminan siendo descargados a través de actos de maldad. Es el caso de los sociópatas y sicópatas. Valga la confesión impúdica de Delcy Rodríguez: “la revolución Bolivariana es nuestra venganza personal”. No siendo experto en el tema, no añado comentarios.

La defensa de privilegios basados en injusticias, atropellos y/o despojos que afectan a otros, representa otra dimensión de la maldad. Es la maldad del gánster –o del potentado-- que estamos acostumbrados a ver en películas y series televisivas[1]. El capo y/o sus mafiosos descargan su maldad sobre quienes interfieran con sus fuentes (ilegales) de lucro y posición social, o amenacen con hacerlo. Sin duda que el régimen de expoliación en que se convirtió la Revolución Bolivariana está en la base de extendidas maldades cometidas contra los venezolanos. La negativa a rectificar políticas que claramente han provocado hambre y muerte se debe a que éstas --la intervención discrecional del estado, los controles, expropiaciones y las normas punitivas--, son fuente de riquezas para las mafias militares y civiles que hoy depredan al país. Que ello se exprese en una pavorosa hiperinflación que empobrece drásticamente a las mayorías, que hayan destruido la empresa petrolera y provocado el colapso de servicios públicos básicos, causando gran malestar a la población, les rueda: ¡“El show –el saqueo—debe continuar”! Y como en todo saqueo lo que amasan unos es necesariamente en detrimento de otro(s), es menester someter como sea a quien se interponga. Los asesinatos cometidos por militares en la región minera de Guayana, en barrios populares con robo frecuente de enseres de la vivienda de la víctima, las confiscaciones de transportistas en aduanas o fronteras, y de negocios de todo tipo, son actos de maldad de este orden. Tales crímenes por parte de la fuerza pública revelaban antes grietas en el Estado de Derecho. Hoy se han convertido en sistema, amparado en la desaparición de todo contrapoder de supervisión y denuncia. Diosdado y El Aissami son figuras emblemáticas de ese sistema.

Por último, están las construcciones ideológicas, maniqueas, del fascismo, que “legitiman” toda acción requerida para aplastar a quienes amenazan las “conquistas” del pueblo. “Verdades” reveladas por la mitología, la Historia (con mayúscula) o por dogmas religiosos cerrados, presagian destinos providenciales que motivan la acción a su favor de sectas diversas. “El fin justifica los medios”. No hay freno moral, ético o, mucho menos, legal, que debe interponerse a su consecución. Más bien, la ética y la moral se determinan a partir de su funcionalidad para con el fin trascendental. Se disuelve toda referencia entre bien y mal, entre lo que es correcto y lo que es incorrecto, que no derive de aquél[2]. Por eso a la moral “revolucionaria” le hace cosquillas la observación de derechos humanos consagrados en la Declaración Universal de las NN.UU., en las legislaturas de la mayoría de los países y en los estatutos de tantas organizaciones internacionales, a pesar de constituir quizás la conquista más importante de la humanidad. Se le atribuye a Stalin haber afirmado que la muerte de un individuo es una tragedia, la de miles, una mera estadística. Las fuerzas inexorables de la Historia no se sujetan a pequeñeces.

Pero los que comandan el régimen de expoliación venezolano no necesitan creer realmente las sandeces que profieren para cometer sus maldades. Éstas cumplen dos propósitos: alimentan el odio y el espíritu de secta de sus seguidores, facilitando su regimentación en bandas violentas; y sirven para absolver conciencias. Cuando Maduro y los suyos niegan que el pueblo padece hambre o que la tragedia de su emigración masiva es un “montaje”, se amparan en un imaginario platónico en el que “el pueblo” no es la gente de carne y hueso que padece sus desatinos, sino un ente idealizado construido con base en clichés y embustes: “su” pueblo. El refugio en esa falsa realidad no solo facilita la evasión del horror que han urdido, sino que “justifica” las maldades cometidas contra los venezolanos.

Por último, como el fin justifica los medios, los sicópatas y sociópatas mencionadas arriba obtienen reconocimiento, siempre que rindan pleitesía a las verdades reveladas en los clichés. Sus perversiones se refuerzan con la absolución ideológica, construyendo un sistema de contravalores que sirve para reclutar a los peores. Los “malos”, que existen en toda sociedad, de pronto son los que mandan.

En Venezuela estas tres fuentes de la maldad se entrelazan y refuerzan entre sí. Maduro, bajo directrices cubanas, ha sembrado una mentalidad de guerra para justificar sus atropellos. De ahí la afinidad de militares inescrupulosos con el régimen, pero, sobre todo, por su complicidad en el saqueo de la nación. La formación militar, basada en la obediencia sin discusión, mandos autoritarios y el uso de la violencia (la muerte) como instrumento de acción, o la amenaza de ella, es fácil presa de embelesos fascistas.

El problema fundamental es cómo derrotar la maldad cuando ésta se convierte en sistema. Los testimonios recogen que Hitler, refugiado en su bunker ante el asedio de tropas soviéticas a las afueras de Berlín, echaba pestes al pueblo alemán porque no había estado “a la altura” de sus designios. Lejos de explorar posibilidades de rendición negociada, manda a reclutar adolescentes y a fusilar en el acto a quién intentase desertar.

Es menester aislar la manzana podrida de la maldad, derrotando los incentivos perversos que le dan beligerancia. La defensa de los derechos humanos y políticos que el régimen neofascista ha conculcado, y su conexión con las aspiraciones de los venezolanos por una vida mejor debe ser siempre el norte.

[1] En la medida en que acciones de guerra son vistas como respuesta a las injusticias del bando contrario –todo depende del lado desde donde se mire--, entrarían también bajo esta consideración.

[2] De ahí la famosa “banalidad del mal” con que Hannah Arendt acuñó la amoralidad con que Adolf Eichmann envió centenares de miles de judíos a su exterminio.

Economista, profesor de la UCV.

humgarl@gmail.com

 6 min


Este lunes se realizó en el Aula Magna de la UCV, con la mayor amplitud y combatividad, el lanzamiento de un plan de organización y movilización. Al lado de la legítima protesta de los movimientos sociales por la falta de medicinas, alimentos, por un salario justo y contra la hiperinflación, la violencia y la inseguridad desbordadas, al lado de las justas razones que nos llenan de indignación, como los presos políticos y la falta de libertad, también están presentes las propuestas que discutiremos para avanzar hacia la Venezuela que seremos, una vez que hayamos logrado el restablecimiento de la legalidad democrática y la vigencia plena de la actual Constitución frente al falso poder seudo constituyente que de manera usurpadora ha intentado anular las competencias de la legítima Asamblea Nacional, verdadero poder legislativo de Venezuela.

La agenda y los temas presentados como propuestas para la discusión de un programa de transición hacia la democracia, no están crudos. Durante todos estos años ha habido un esfuerzo multidisciplinario en el cual han participado grupos sociales, partidos políticos, gremios y sindicatos, vecinos y estudiantes, que son un buen punto de encuentro entre los diferentes actores comprometidos con el cambio.

Sería conveniente incluir también los siguientes asuntos de cara a la transición: 1. Cómo organizar a las víctimas de las ilegales expropiaciones y confiscaciones y restituirle el derecho a la propiedad. 2. La recuperación de los bienes vinculados a la corrupción robados al pueblo venezolano. 3. La transparencia en la política: el financiamiento de la democracia, de los partidos y las campañas electorales. 4. Descentralización política y federalismo: Cómo lograr federalizar y municipalizar la vida pública del país.

La emergencia económica. la institucional, la social, la crisis humanitaria reclama, además del necesario discurso y de las propuestas, la acción política que apoye las manifestaciones de la sociedad contra el desastre general cuyo principal responsable es el autócrata Maduro, rechazado por el 80% de los venezolanos.

Debe ser un esfuerzo descentralizado que llegue a todos los rincones de la nación. Que promueva el debate y el diálogo sobre la Venezuela que queremos pero al mismo tiempo refuerce el reclamo y la lucha. Venezuela se levanta frente a la dictadura del hambre y la corrupción.

Como he dicho, debemos actuar de frente y en todos los frentes, con un gran compromiso ante el apremiante cambio político pero con responsabilidad al plantear salidas viables y realizables.

Amplitud y unidad son palabras claves que promueve el Frente Amplio para fortalecer la alternativa esperanzadora que Venezuela necesita y reclama con urgencia.

Twitter: @TablanteOficial

Facebook: Carlos Tablante

Web: www.carlostablante.com

 2 min


Impermeables al desaiento
Nicolás Maduro , luego de un breve descanso en la ejecución del Plan Destructor del País (PD) , aliviado de los efectos aletargante que producen los condumios reservados para quienes ejercen el Poder como privilegio ilimitado, retorna a su carácter crepuscular y autoritario para amenazar que el País seguirá sufriendo de socialismo. Lo anuncia dirigido al “al mundo “como solía decirlo su máxima deidad fallecida , creando un contraste entre la reducida dimensión intelectual de sus consignas y la pretendida audiencia universal que sólo existe en el delirio de los megalómanos .
El viaje a China lo toma como anuencia (no hay préstamos, ni ayudas financieras) de sus anfitriones para proseguir en sus extraviadas políticas económicas y multiplicar la miseria. Conviene advertir el síndrome de “viaje a La Meca” (visitas a Fidel Castro, al Gobierno Chino y algo de Putin) sufrido por el Presidente fallecido y ahora por Maduro, es una renovación de fe, del cual regresa con mayor extravío, pero con la aquiescencia para convertir en una página gloriosa la etapa más oscura de Venezuela.
Obnubilado por modales ceremoniosos milenarios , olvida que negocia con los más eficientes comerciantes de la historia, quienes tratan estos asuntos con practicas imperiales, respaldados por el poder del capitalismo salvaje interno ,soportado en la unión de nuevas tecnología productivas con mano de obra abundante y sin derechos, que utilizan en sus contratos con otros países firmados , bajo la mirada atenta de Mao Zedong (Tse Tung) , cuyas fotografías( no su pensamiento) solo se conservan discretamente en las oficinas donde se atienden a los pocos Maduros que aún quedan en el mundo . No hay auditorio, los chinos están en la cola frente a APPLE, entusiasmados por el nuevo modelo i phone que ese mismo día sale a la venta.
Sabe la nomenclatura gobernante el efecto devastador y la desmovilización política organizada ,que genera la pobreza extrema en las personas angustiados por la incertidumbre cotidiana para conseguir r bienes esenciales, pero no desconoce que en toda sociedad asediada , donde la existencia adquiere visos estoicos , se pueden producir reacciones indetenibles frente a los fracasados experimentos ,tanto de socialistas autoritarios como fascista por construir sociedades supuestamente justicieras, donde reina el hombre nuevo, que se trasforman en maleficencia social , cuyos dirigentes al perder apoyo popular y no alcanzar el ideal , según el cual los individuos prescinden de su autonomía individual y colectiva para actuar como el régimen exige , apelan al adoctrinamiento , al control de la educación ,de los medios de comunicación. Si ello no es suficiente tienen a sus disposición la imposición encubierta o directa.
El socialismo autoritario como deber, como orden social obligatorio es la sustitución de la política por la represión. Pero en los genes sociológicos de las personas no hay abandono perpetuo de la propensión a la autonomía colectiva para asociarse y luchar pos sus derechos y la libertad. Tampoco existe aceptación pasiva de la pobreza impuesta. Por mucho que pueda estar menguadas las vanguardias políticas, los seres humanos mediantes múltiples manifestaciones demuestran su irreductible afán por la libertad y la prosperidad, que estos derechos no son rémora del capitalismo. Son el resultado de luchas épicas durante siglos para alcanzar la civilidad, venciendo muros que parecían infranqueables y represiones que tampoco eran invencibles.
Los demócratas venezolanos, como en todas partes del mundo rechazan la conseja del advenimiento de un hombre, cuyo arribo está signado por un proceso de cárceles, exilios y ajusticiamientos. Para que al final ocurra lo demostrado: cuando la redención pareciera haber llegado, el hombre nuevo, emerge encarcelado, o parte de una diáspora o en largas colas en procura de medicamentos, comida con su dignidad maltratada, los menos “afortunados” están en el delito o las drogas, víctima de hombres viejos armadas con viejas ideas. Ese ha sido el historial innoble del socialismo autoritario junto a sus derrotas correspondientes.
Amalio Belmonte

 3 min