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Opinión

Luis Pedro España y María Gabriela Ponce

Si un visitante desprevenido no se aleja de ciertos circuitos citadinos, puede pensar que la crisis humanitaria que leyó en la prensa internacional antes de llegar a Venezuela es sencillamente una exageración.

Podría pasar por alto el hecho de que está en un país donde los niveles de pobreza de ingresos son de los más altos de Suramérica, que padece la recesión económica más espantosa y jamás vista por ningún otro país de América Latina, y donde la escasez, los racionamientos eléctricos y las calles desiertas le harían recordar las historias sobre la Cuba del Periodo Especial, empeorado en nuestro caso a consecuencia de la violencia y la inseguridad.

En el país donde la miseria toca la puerta de la inmensa mayoría de sus habitantes, nuestro despistado visitante podría comprar exquisiteces culinarias en varios y selectos establecimientos comerciales, degustar comidas y buenos tragos, así como visitar paraísos naturales, cuyas imágenes serán la envidia de sus amistades, y todo ello a precios convenientemente accesibles en divisas a cambio paralelo. Para nuestro visitante imaginario pasarán desapercibidas las escenas de quienes comen de la basura, de los que padecen el caos de los servicios públicos, de las madres y padres que no tienen cómo enviar a sus hijos a la escuela, de los enfermos que no consiguen los tratamientos, en definitiva, de los hogares que no saben si alguna vez terminará esta crisis.

Claramente, quien no salga de la cúpula de la Venezuela minoritaria que vive en dólares no conocerá la otra que sobrevive en bolívares. Esta situación no sólo acompaña nuestro presente, sino que, lo más importante, no va a cambiar tras las medidas económicas anunciadas recientemente.

¿Cómo es posible que en el país de las desgracias convivan dos realidades tan diferentes? ¿De qué tamaño es esa desigualdad? ¿Por qué la crisis de unos pareciera ser el beneficio de otros? ¿Cuáles fueron los factores que convirtieron a Venezuela en un lugar de contrastes y diferencias tan vulgares? ¿Qué podemos esperar que ocurra con la desigualdad social después de los anuncios del 17 de agosto?

Hay varias formas de responder a estas preguntas. Se puede apelar a la historia de los países que han vivido socialismos totalitarios, como el nuestro, y allí veremos cómo los sistemas de controles y privilegios asociados a las economías estatizadas van generando estamentos sociales (no es posible definirlas como clases, porque son impenetrables), cuyos estilos de vida, acceso a bienes y placeres distan mucho de parecerse al promedio cotidiano de las mayorías, por lo general, empobrecidas. Adicionalmente, en estos países difícilmente ocurren cambios económicos importantes sin que medien cambios políticos; en otras palabras, para estos gobiernos refractarios a las críticas y represivos de la oposición les resulta casi imposible enmendar y, cuando lo hacen, lo hacen mal o a medias.

Otra forma es ampararse en la teoría social y económica para darnos cuenta de cómo, casi con independencia de los contextos históricos, la supresión de la libertad en nombre de la igualdad termina generando sociedades serviles, muy desiguales entre los favorecidos y los empobrecidos, aunque igualadas por la pobreza de la mayoría.

Son sociedades que, por el tipo de relación Estado-sociedad, se asemejan o reproducen sistemas pseudofeudales, donde la desigualdad entre las “cúpulas” y los “pobres” se justifica por las relaciones de protección que se desprenden a partir de políticas públicas o sistemas distributivos (cupos de consumo o subsidios de precios) que, en nuestro país, y para entendernos, se llamarían “cajas CLAP” o ventajas asociadas al “Carnet de la Patria”.

De esta situación es poco probable salir sin una medicación política. La relación neoservil no es más que un modo de control social y permanencia en el poder, sesgo que ha acompañado a todas las políticas públicas del gobierno de Nicolás Maduro y que, como veremos, tampoco le es ajena a los anuncios del pasado viernes 17 de agosto.

Para el caso del presente trabajo, vamos a dimensionar el problema de la “nueva desigualdad” social en Venezuela apelando a la evidencia empírica que nos aporta el sistemático levantamiento de la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) que, desde 2014, han realizado un conjunto de universidades del país y que, por ahora, es la única fuente de información que permite conocer de manera cuantitativa la situación social de Venezuela[1].

El artículo lo hemos ordenado en cuatro partes. Una primera donde daremos cuenta del aumento de la desigualdad en el país y su comparación con otros países de la región. Para ello presentaremos los cálculos del coeficiente de desigualdad de ingresos de Gini entre 2014 y 2017, índice que por razones pedagógicas, por ser el más conocido, lo escogimos frente a otros indicadores de concentración (como el de Theil o el Atkinson, etc.), ciñéndonos a las diferencias de ingresos únicamente, sin abordar otras dimensiones de la desigualdad, como lo son las de género, urbano-rural o territorial, generacional, educativa y, en general, cualquier otra que tenga por origen el acceso diferenciado a las oportunidades sociales.

En segundo lugar, vamos a discutir sobre las causas de esta desigualdad reciente en Venezuela. Allí veremos cómo la desigualdad que padecemos no es un infortunio ni algo que no se pudo evitar o que no se puede resolver, sino que la misma es consustancial al sistema político e ideológico que se nos han impuesto.

En tercer lugar, describiremos cómo opera un “país dual”[2], uno que vive en dólares y otro que vive en bolívares, la oportunidad de consolidarse y de qué manera las políticas recientemente anunciadas no parecen sino hacerlas más distantes e irreconocibles entre sí.

Por último, abordaremos brevemente el contrasentido sociocultural que esta realidad de “país dual” produce en el imaginario igualitario del venezolano, el cual, además de tener un “origen” histórico, forma parte de una aspiración y de un valor. Con esta discusión final queremos preguntarnos qué puede pasar con la desigualdad social después de los anuncios del 17 de agosto y, lo que nos parece aún más relevante, si este agravamiento de las diferencias sociales en Venezuela que, como veremos, tiene una raíz no sólo económica sino también sociopolítica, es sostenible en el tiempo sin que ella produzca algún tipo de condición material que sea el anticipo de un cambio de naturaleza política.

1. La medición de la desigualdad social

Existen varios índices estadísticos para medir la desigualdad de ingresos. El índice de Gini, que será utilizado en este trabajo, es una medida de desigualdad a partir de la forma como se realiza la distribución del ingreso total de una población. Su estimación parte de la Curva de Lorenz, que es una representación gráfica de la desigualdad en el reparto de la renta existente en un determinado territorio. Cada punto representa la distribución acumulativa de los ingresos de la población, en la que partes porcentuales acumuladas de los perceptores de ingresos (per cápita de los hogares) reciben porciones acumuladas del ingreso total.

El índice calcula la distancia entre los perceptores de ingresos agrupados en deciles[3], y el porcentaje acumulado del ingreso total que cada decil tiene (Curva de Lorenz) con respecto a la diagonal. Esta diagonal representa la igualdad absoluta en donde cada 10% de los perceptores de ingreso reciben el 10% del ingreso acumulado total (Gráfico 1).

El índice de Gini (G) se calcula a partir del área entre la diagonal y la curva de Lorenz: G= A/(A+B)

Donde A es el área entre la diagonal y la distribución del ingreso analizada, es decir, qué tanto se aleja la distribución representada en la curva de Lorenz de la igualdad perfecta, divida entre el área total (A+B) que constituye toda el área de fluctuación posible hasta llegar a la máxima desigualdad, en la que el último perceptor de ingresos se quedaría con el 100% del ingreso total.

Esta forma de construcción hace que el índice fluctúe entre 0, que representa una distribución totalmente igualitaria en la que todos en la práctica tienen los mismos ingresos (equivalente a la diagonal), y 1, perfecta desigualdad. Esto hace que el índice de Gini sea de fácil interpretación y divulgación, permitiendo, a su vez, comparaciones entre países, áreas territoriales o subgrupos de población.

En Venezuela, de acuerdo a los datos resultantes de la ENCOVI, el índice de Gini sufrió un aumento considerable en los últimos años, pasando de 0,407[4] en 2014 a 0,681 en 2017. La gráfica a continuación muestra el tamaño de la diferencia entre ambos años y la forma como en el 2017 la distribución del ingreso del país se aleja de la diagonal que representa la igualdad perfecta. Así mismo, la excesiva concentración en el origen y la dispersión al final de la curva en el año 2017 indica una mayor aglutinación de hogares en los tramos de menores ingresos acumulados y una menor concentración de hogares en la zona de mayores ingresos.

Este incremento de la desigualdad se hace evidente cuando se comparan los porcentajes del ingreso total que captan los deciles poblacionales y las brechas entre los extremos (decil 1 y decil 10), que corresponden al 10% de los hogares de menor y mayor ingreso, respectivamente.

Para 2014, el 10% de los hogares más pobres captaba el 2,1% del ingreso total, mientras que el decil más rico concentraba el 30%, porcentaje de ingreso equivalente a la participación agregada en el total de ingresos de los deciles 1 al 6.

Para 2017, el decil más pobre reduce su participación a menos de la mitad, captando sólo el 0,7% del ingreso total, mientras que el decil más rico duplica su participación al concentrar el 61% del ingreso de todos los hogares. Este porcentaje supera la participación agregada de los deciles inferiores (1 al 9), dado que su participación en el ingreso total es de 38,9% (Gráfico 3).

Al establecer la comparación en el periodo, queda claro cómo la contribución porcentual de todos los deciles, con excepción del más rico (decil 10), desciende en su participación en el ingreso total, pero son los deciles más pobres (decil 1 y decil 2), quienes más pierden participación con 62,5% y 57,9%, respectivamente. Por su parte, el único decil que aumenta su participación es el más rico, con un incremento del 103,8%, mostrando la profunda brecha regresiva que ha experimentado la distribución del ingreso en apenas tres años (Gráfico 4).

Al comparar estas cifras con respecto a América Latina se observa que Venezuela, en el año 2014, aún con la diferencia arrojada por ENCOVI respecto a la información oficial (Ver Nota 3), se encontraba por debajo del promedio del continente, cuyo coeficiente de Gini se ubicaba en 0,491[5], es decir, Venezuela se ubicaba como uno de los países de menor desigualdad de la región, con un valor de desigualdad similar al de los países del Cono Sur (Uruguay y Argentina) que tradicionalmente han sido los menos desiguales de la región[6].

En el año 2016, última información disponible para la mayoría de los países de América Latina[7], el índice de Gini se situaba en 0,467[8], con una reducción promedio anual de 0,2%[9]. En ese año, de acuerdo a los cálculos realizados sobre la ENCOVI, el Coeficiente de Gini para Venezuela se ubicaba en 0,462, con una aumento de 5,5 puntos porcentuales respecto al 2014, lo cual lo asemeja al coeficiente general de la región y nos alejaba de los valores de los países menos desiguales, como Uruguay y Argentina, que permanecieron estables; pero, aún nos encontrábamos muy lejos de los países más desiguales, como Guatemala, Colombia, Panamá, Brasil y México, cuyos coeficientes de Gini se ubican entre 0,535, para el caso guatemalteco, y 0,504, en el caso mexicano (CEPAL, 2017).

Los resultados para Venezuela del año 2017, con un Gini de 0,681, nos ubica, sin duda alguna, como el más desigual de la región[10], por encima de Haití[11], en el continente reconocido como uno de los más desiguales del mundo, un fenómeno sin precedentes, tanto en el país como en América Latina en las últimas dos décadas.

2. Los factores que pueden explicar el aumento de la desigualdad

¿Qué ha pasado en los últimos cuatro años, y especialmente en los últimos dos, para que la desigualdad del país sea la más altas del continente?

Lo primero que tenemos señalar es que este aumento de la desigualdad ha ocurrido en muy corto tiempo. Por lo tanto, debe tener por causa factores distintos a los que normalmente asociamos a la desigualdad, es decir, cambios en las condiciones sociales que alteran el acceso a las oportunidades.

La desigualdad de ingresos suele tener una base estructural: el acceso diferencial a las oportunidades. Educación suficiente y de buena calidad, alimentación adecuada y servicios de salud, especialmente de atención primaria y preventiva de enfermedades infectocontagiosas, son parte de los principales componentes que explican la desigualdad de tipo estructural. Estos son factores de relativa poca variabilidad en el tiempo, para sociedades con los niveles de ingresos que tuvo Venezuela, y por lo tanto no siendo nuestro caso el de sociedades con bajos niveles de desarrollo donde campañas alfabetizadoras, masificación de la educación primaria y control de enfermedades endémicas o altamente prevenibles, pueden generar cambios importantes en los niveles de desigualdad en corto tiempo; nuestra desigualdad reciente se debe a fenómenos distributivos asociados a las políticas públicas del actual gobierno, su impacto en el mercado laboral y en la forma como se distribuyen los ingresos, en especial el que proviene de la renta del petróleo.

El manido discurso del gobierno sobre su intención de distribuir la riqueza a favor del pueblo, y cuya “supuesta realización” terminó desatando las iras conspirativas de las clases ricas del país, se hace trizas precisamente cuando los datos indican que la desigualdad ha aumentado gracias al conjunto de factores regresivos presentes en las políticas públicas, las cuales, junto a la crisis de ingresos de los últimos años, terminó derivado en que seamos el país más desigual de la región.

El germen de la fuerte regresión en la distribución del ingreso que hemos evidenciado han sido las políticas de privilegios y controles implementados desde la presidencia de Chávez. Desde los procedimientos de asignación de las divisas preferenciales hasta las políticas sociales de fuerte sesgo regresivo, en el contexto actual de hiperinflación, han terminado convirtiéndonos en una sociedad mucho más desigual de lo que habíamos sido.

Desde el punto de vista de la política social, en los últimos 20 años no se distinguió entre los beneficiarios por su condición material y, como lo igual entre desiguales termina siendo injusto, hoy más que nunca se hizo verdad aquella denuncia de quienes hoy están en el poder: “los ricos son más ricos, y los pobres son más pobres”.

El empobrecimiento masivo de la población ha sido el resultado de una mezcla entre la destrucción sistemática del aparato productivo (de manera expresa por medio de expropiaciones o confiscaciones de activos productivos en manos del sector privado o, indirectamente, por el cese de las operaciones dadas las condiciones macroeconómicas adversas), junto con la reducción del ingreso petrolero y su distribución regresiva. La drástica reducción del ingreso petrolero fue, en primer lugar, por la caída de los precios, y luego, por la destrucción de PDVSA y el consecuente desplome de la producción, lo que ha significado el estallido de todos los desequilibrios económicos e ineficiencias estatales arrastradas por años, convirtiéndonos, en meses, de ser un país con inflación crónica y severa escasez, a terminar siendo una economía hiperinflacionaria, gravemente desabastecida y, adicionalmente, al borde del colapso por la crisis de los servicios públicos.

La inflación en Venezuela genera desigualdad porque los ciudadanos tienen mecanismos diferenciados para defenderse de ella. La inflación, también denominada el “impuesto a la pobreza”, distingue entre los que tienen y los que no tienen porque estos últimos están expuestos a los precios directamente. Lo que ganan es para comprar alimentos, su única protección es gastar el dinero lo más rápido que puedan. Eso también ocurre en el caso de cualquier otra economía sometida a condiciones similares, pero en nuestro caso, el hecho de que la hiperinflación tenga lugar en un contexto de controles y privilegios hace que los mecanismos de defensa ya no sólo tienen que ver con aquellos puramente económicos, sino que intervienen otros de naturaleza política, fuera del mercado, y que se crean desde las propias políticas públicas.

Estos mecanismos extra-mercado son dos. En primer lugar, el acceso diferenciado a las divisas controladas o de tipo preferencial, así como otros beneficios selectivos propios de una economía intervenida (acceso a créditos públicos, permisos de operación, licencias, ventajas regulatorias, etc.) y, en segundo lugar, al sesgo de las políticas sociales a favor de los sectores sociales políticamente más activos, con mayor capacidad de demanda y con más poder de generar costo político, lo cual es la resultante de un gobierno cuya principal prioridad es la permanencia en el poder.

El sesgo político de la política social, es decir de la política redistributiva, no sólo tienen que ver con favorecer a los partidarios del gobierno, sino también de aquellos que tienen más poder de voz, pero sin llegar a ser parte de las élites. En otras palabras (y casi con independencia de la preferencia política), los que viven en las principales ciudades, los que tienen acceso a la información o son percibidos por el gobierno como posibles activadores de demandas ante las burocracias gubernamentales. Nos referimos a los grupos medios de los sectores populares (donde ciertamente milita parte de quienes apoyan al gobierno, pero no todos), así como los habitantes de las principales ciudades quienes son los que en mayor medida son beneficiarios de los programas sociales.

Sobre el primer factor que ha agudizado la desigualdad en Venezuela, es decir, el acceso al subsidio al tipo de cambio y otras prebendas económicas, existe alguna documentación al respecto y precisamente por ser este factor el principal causante de las nuevas y exorbitantes fortunas en Venezuela, han sido objeto de otros trabajos de investigación, los cuales, y sólo para resumir, estiman que producto del favoritismo cambiario, fueron miles de millones de dólares los que alimentaron las nuevas fortunas en Venezuela.

El segundo factor, el componente regresivo de la política social del gobierno, es sobre el que quisiéramos profundizar.

De “Robin Hood” a “Hood Robin”

La política social que inauguró el chavismo (y que continuó casi que con mayor perversidad el madurismo), se basa en pretender no distinguir entre los beneficiarios. El supuesto universalismo de la entonces nueva política social se oponía al principio de focalización o de selección entre los beneficiarios. Es ampliamente reconocido que una política social que no distinga entre beneficiarios, tiene similares efectos regresivos que las políticas de subsidios indirectos. Quienes tienen más capacidades de hacerse con los subsidios (información, recursos económicos, acceso a lobbys, etc.) definitivamente lo harán, incrementando la desigualdad social. Adicionalmente es imposible hacer política social progresiva si no se distingue entre la población vulnerable o en estado de necesidad, de aquella que no lo está.

La política social de los últimos años en Venezuela no hizo esa diferencia y, lo que es peor, pretende seguir sin hacerla. Tras los anuncios del 17 de agostos, el gobierno se propone adelantar un programa económico de ajuste sin atender las diferencias sociales, o peor aún, tratará de compensar a los sectores sociales más favorecidos, es decir, los empleados formales con un aumento del salario mínimo a 30$ al mes (aproximadamente)[12] y a los propietarios de vehículos particulares, que claramente se concentran en el tercer tercio de venezolanos con mayores ingresos.

La política social convenientemente propagandeada como Misiones Sociales concentraron sus beneficios (pocos o muchos según las disponibilidades presupuestarias), en los hogares no pobres y en las zonas más urbanas del país. Hoy cuando la política social se reduce en el mejor de los casos a una caja mensual o trimestral de algunos productos alimenticios[13], este sesgo distributivo se mantiene.

Pero, probablemente, el problema mayor ocurrirá en los próximos días. Los anuncios de sinceración de tarifas, en primer lugar la de los combustibles (al cual le seguirán del gas y otros servicios púbicos), junto al aumento de los salarios mínimos del sector formal (que aún con el aumento sigue siendo el más bajo de la región) deja a su suerte a los más vulnerables. A los que trabajan en el sector informal, a los desempleados, y ni que decir de los empleados en sectores poco productivos (sector servicios en general o de uso intensivo de mano de obra) cuyos establecimientos seguramente se verán obligados a cerrar sus puertas por la imposibilidad de enfrentar el nuevo costo laboral.

¿Qué pretendió el gobierno con esto? Es difícil imaginárselo por completo, pero al menos esta medida regresiva está en sintonía con el sesgo distributivo del gobierno que proviene de sus erróneas concepciones de política social. Quizás lo que pretende, al menos en el corto plazo y seguramente a costa de la destrucción de muchos empleos, es desactivar la ola de huelgas y protestas laborales que ya habían comenzado (como las del sector salud) y otras que, a partir de los próximos meses, activarían otros gremios vinculados a la educación, los servicios públicos e incluso la propia administración pública y algunas empresas del Estado.

Ante la inminencia de lo que era un improrrogable ajuste económico, aplazado por años con despilfarro del ingreso petrolero, lo que debió ser una política social progresiva que no ampliara aún más las brechas sociales del país, era haber instaurado un sistema de transferencias monetarias para los hogares más pobres (en vez del aumento del 3.500% del salario mínimo) y, para el caso de la gasolina, además de la necesaria progresividad en el aumento, una transferencia directa con el monto del subsidio fiscalmente sostenible, privilegiando los sectores del transporte de carga, para aliviar el impacto en el precio de los productos y en el servicio de transporte público. Pero este tipo de compensaciones, si bien son mucho más justas, no aportan el rédito político de “compensar” a los grupos asalariados organizados, los gremios y sindicatos, cuyos asociados no son precisamente de los sectores sociales más pobres.

Pero lo peor es que todo este sufrimiento resultará en vano. No estamos en presencia de un ajuste, dado que el principal desequilibrio (el déficit fiscal) no se ha atendido. Incluso es probable que aumente la brecha entre ingreso y gasto del Estado y, por lo tanto, los problemas de hiperinflación y escasez continuarán. En consecuencia tenemos las mismas causas de la desigualdad intactas.

3. Hacia un país dual

Las políticas económicas y sociales en Venezuela han generado una desigualdad social tan grande que estamos en presencia de un país dual. Para decirlo en términos sencillos, tenemos un país que “vive en dólares” y otro que “vive en bolívares”. Unos bolívares que sin importar su apellido, tanto hoy, como mañana no mantendrán su poder de compra.

Los hogares que tienen acceso a divisas los tienen por varias vías, que no necesariamente son excluyentes. Además de los beneficiarios del sistema de privilegios políticos y cambiarios, se encuentran los hogares que tienen parte o todo su patrimonio en el exterior. Fueron hogares que viven en el país y con alguna regularidad van cambiando divisas acumuladas en el pasado y, cuando se trata de patrimonios importantes cuyos dueños (que por alguna razón siguen viviendo en Venezuela), también van usando sus ahorros en el exterior, pero sin que necesariamente ello merme su patrimonio gracias a las rentas o dividendos que producen.

A este grupo de la “Venezuela que vive en dólares” también pertenecen quienes por su actividad en el país reciben parte (o la totalidad) de sus ingresos en divisas. Un tercer grupo estaría constituido por aquellos hogares receptores de remesas provenientes del exterior, las cuales, según algunas estimaciones, basadas en el cálculo de venezolanos que viven en el exterior, arrojan una cifra próxima a los 2.000 millones de dólares para 2017[14].

Calcular el tamaño de estos grupos, saber el número de hogares impactados favorablemente porque una parte de sus ingresos este constituida por divisas, es una tarea pendiente y no son muchas las estimaciones confiables que están disponibles. Pero con independencia de sus tamaños es evidente que los mecanismos económicos y de políticas públicas que han permitido esta “economía del dólar” en Venezuela ha sido uno de los responsables del aumento de la desigualdad.

Una forma de aproximarnos al tamaño de estas dos poblaciones es a partir de los deciles ya trabajados. En el 2014 el 45,4% del ingreso se concentraba en los dos deciles más ricos (que representan el 20% de los hogares del país). En 2017 ese mismo 20% de los hogares concentra el 70,6% de los ingresos. Si suponemos entonces que es en estos dos últimos deciles donde se ubican los hogares receptores de divisas, por cualquiera de los mecanismos señalados, en el mejor de los casos solo el 20% de los hogares venezolanos formaría parte de la “Venezuela en dólares”. Adicionalmente según los datos de la ENCOVI 2017, el 35% de los hogares que reportaron la migración de uno o alguno de sus miembros se ubica en los deciles 9 y 10. Esta sobrerrepresentación proporcional de los hogares con miembros que han salido a vivir al exterior en los deciles que más concentran ingresos, refuerza el hecho de que incluso el mecanismo de las remesas se estaría concentrando en los deciles más altos.

De esta forma el 80% de los hogares restantes, que no parecieran pertenece a la Venezuela Dual del dólar, vive bajo unas condiciones de precariedad inmensas. Esa es la parte de la población que depende de las cajas CLAP para “comer un poco mejor cuando llega”, o es la candidata a ser dependiente del Estado bajo las condiciones de sumisión implícitas a esta dependencia actual y las que puedan generarse en el fututo dada la práctica politizada de la política social del gobierno.

¿Qué significa pertenecer a una u otra Venezuela? La diferencia es abismal. Pongamos por cierta que lo que necesita una familia de cinco miembros para alimentarse adecuadamente[15], a precios de mercado, es de unos 300 millones de bolívares (3.000 de los soberanos), eso representa según el cambio más ventajoso que se podría obtener en el paralelo para la fecha del cálculo de la canasta, unos 75 dólares al mes. Una remesa promedio de 150 dólares (que pudiera no ser tan exagerada si tenemos en cuenta que las remesas familiares en El Salvador se calcularon en 2017 a un promedio de 250$ por transacción[16]), le permitiría a un hogar en Venezuela vivir con relativa holgura a pesar del caos. Si se dispone de alguna remesa, de una remuneración parcial o total en divisa o se tienen ahorros en el exterior, esos hogares estarían resguardados frente a imprevistos con relación a la reparación o renovación de equipos, problemas o emergencias de salud e incluso permitirse algunas actividades recreativas que para un venezolano de la “otra Venezuela” sencillamente le son prohibidos.

La diferencia entre tener acceso a alguna cantidad a divisas o no tenerla, hace una diferencia gigantesca y permite ciertas “seguridades o tranquilidades”, que no las tiene el hogar de la Venezuela en bolívares. Para esta última es probable que su única protección sean las promesas del gobierno, el contacto con algún funcionario, la pertenencia a alguna estructura del partido político en el poder, la posibilidad de presión como funcionario o burócrata de la administración pública o de alguna de las empresas del Estado, en suma, su único posible protector es el Estado o, como toda persona en la Venezuela actual, acudir al “rebusque”, no solo de ingresos sino también de precios, o a la red de solidaridad social primaria o familiar a la que pertenezca.

Las implicaciones sociopolíticas de esto son importantes. Lógicamente esta inmensa Venezuela “no dolarizada” tiene variabilidades importantes y difícilmente toda ella dependa en su consumo de las políticas distributivas del Estado. Pero aun así, el gobierno podría tener la fantasía de pretender consolidarse políticamente por medio del control social de la “Venezuela en bolívares” y confiar que la “Venezuela en dólares” tendrá cómo mantener cierto nivel de vida que desactive o reste motivos a su descontento o potencial oposición activa. En todo caso, de fallar los mecanismos de contención política que aplica en cada una de las Venezuelas descritas, siempre tendrá a la mano un piquete de la Guardia Nacional para controlar a los que se desvíen.

Llegados a este punto la pregunta es si este plan de control social, basado en la nueva dualidad de la sociedad venezolana, puede o no equilibrar al gobierno. La respuesta va a estar muy condicionada por lo que ocurra en el corto plazo. En otras palabras, si en lo que queda de este año y el próximo ocurre cierta estabilización económica que permita que la Venezuela no asistida por ingresos en divisas pueda satisfacer sus necesidades sin el sobresalto de la hiperinflación y la escasez, entonces el precario equilibrio resultante podría estabilizar el descontento.

Independientemente de lo que ocurra con el plan económico y su remota posibilidad de equilibrar la economía nacional, para que sea posible este plan de control social basado en la dualidad de Venezuela, el Estado tiene que disponer de una maquinaria de compensación que hasta ahora no ha demostrado. Además, necesitaría que la parte de la economía liberalizada (o que maniobra en condiciones de modernidad) efectivamente cuente con las normas y garantías de operación que, de igual forma, hasta ahora tampoco ha tenido y, por último, necesitaría que las sanciones y cierres económicos se relajen, o al menos no sigan aumentando, de forma tal que los márgenes de acción ya precarios (tanto para el sector público como para el sector privado que actúa en este contexto) no se sigan reduciendo.

A este respecto el Gobierno de Venezuela no es el único gobierno sancionado en el mundo, existen otros (no solamente Cuba) con los cuales los jerarcas del diseño de esta nueva estabilización se están asesorando. Está por verse si sus enseñanzas les servirán para estabilizar nuestra maltrecha economía.

4. El futuro de la desigualdad social en Venezuela

Supongamos por un momento, y por razones analíticas, que el Gobierno logra algún equilibrio, aunque precario, en el corto plazo. ¿Sería éste posible de mantener en el largo plazo?

Para responder a esta última pregunta vamos a prescindir de argumentos económicos o políticos y vamos a echar mano de explicaciones de tipo socioculturales. A fin de cuentas, uno de los factores que hace que el 80% del país siga aspirando un cambio de rumbo y de conducción gubernamental tiene que ver con la creencia del pueblo venezolano en la necesidad de la libertad y su aspiración por volver a ser un país democrático y de movilidad social. Creencias éstas que finalmente llevan mucho tiempo convertidas en valores y que, a pesar de 20 años de intentos por cambiarlos, pareciera mantenerse incólumes en la sociedad venezolana. Por fortuna, el propio Chávez no pudo hacerlo en el pasado teniendo recursos económicos y liderazgo mesiánico para ello y, de hecho, alguna parte de su discurso terminó abonando estas creencias, lo que puede ser una garantía de que tampoco podrán cambiarlos quienes no sólo no tienen carisma, sino tampoco dinero.

Uno de esos valores que lleva el venezolano entre pecho y espalda es el de la igualdad. Fue el deseo de una sociedad igualitaria lo que nos llevó a las fauces del autoritarismo, pero probablemente también sea el que nos saque de ellas. Démosle una mirada a nuestro imaginario sobre la igualdad para ver si allí encontramos la clave de nuestro desenlace.

El igualitarismo en Venezuela tiene una línea conductora en lo que probablemente es o fue su génesis, a saber, el mestizaje. Al menos el 80% de población es y se reconoce como mestiza[17]. Ello genera una base fenotípica de igualdad nada despreciable y, aunque muchos sostengan la idea de que el mestizaje ha sido el encubridor de otras desigualdades, lo cierto es que éste es un primer rasgo que alimenta nuestro imaginario igualitarista.

El segundo factor que no pocos autores señalan como alimentadores de este imaginario fue la Guerra Federal y su supuesto contenido social distributivo de la tierra. Elemento éste que, con independencia de su verosimilitud, durante mucho tiempo fue otro componente que sustentó el imaginario igualitarista del país.

El tercer factor es a nuestro juicio el más importante. Se trata del proceso de movilidad social ascendente producto de la explotación del petróleo en la Venezuela de principios del siglo XX y la captación de una renta internacional del suelo por parte del Estado venezolano con fines distributivos y transformadores del país rural al país urbano.

Por último, el cuarto factor fue la conquista democrática y la posibilidad de llevar la lucha igualitaria al terreno político, convertirlo en legislación constitucional, en políticas públicas y, finalmente, poner o quitar gobiernos por medio del voto y tener como argumento para las preferencias electorales el saldo social, la igualdad alcanzada, el acceso al progreso y la justicia social.

Chávez alcanzó precisamente la presidencia de la República sobre ese argumento. Luego de 20 años de crisis económica (1982-1999), capitalizó el descontento de la desigualdad e instauró un nuevo orden político y económico bajo la promesa del igualitarismo.

No es éste el lugar para hacer balances al respecto. Todo lo expuesto hasta acá es la prueba de su fracaso. Pero ello no significa que el imaginario igualitario se haya roto, que haya desaparecido. Por el contrario, frente a los actuales contrastes, puede que el descontento sea mayor precisamente por este aumento de la desigualdad.

El imaginario está allí, listo para ser tomado nuevamente por una nueva promesa de progreso y bienestar. Esperemos que esta oportunidad sea sobre la base de un liderazgo auténticamente democrático y verdaderamente responsable con lo que deben ser las políticas públicas para la Venezuela del futuro.

[1] Desde el año 2014, la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad Simón Bolívar (USB) vienen llevando adelante la Encuesta de Condiciones de Vida, conocida por sus siglas ENCOVI. Este esfuerzo responde a la sistemática opacidad y carencia de información oficial que permita conocer el impacto de la profunda crisis que se manifiesta en todos los ámbitos de la vida nacional en las condiciones de vida de los venezolanos. Desde entonces, ENCOVI se ha convertido en una investigación periódica que año a año reporta un diagnóstico de la situación social especialmente en materia de pobreza, salud, educación, alimentación, empleo y protección social y seguridad ciudadana. La tendencia a lo largo de los cuatro años para los que se ha realizado la ENCOVI devela un importante deterioro en prácticamente todas las áreas que abarca la investigación. Esta información puede ser consultada en el sitio web: https://encovi.ucab.edu.ve/

[2] El concepto de economía dual fue creado originalmente por Julius Herman Boeke para describir la presencia simultánea de dos sectores: uno más avanzado (en ascenso) y otro subdesarrollado (en declive) en economías coloniales. Posteriormente el término fue popularizado por Arthur Lewis (premio nobel de economía en 1979) quien distinguió en las economías de los países subdesarrollados un sector de bajos ingresos y rural, dedicado a la subsistencia y con exceso de población y oferta de mano de obra, de un sector urbano capitalista, (el industrial) desarrollado tanto tecnológica como económicamente, debido al uso intensivo de capital, e inserto en el mercado global mundial. En todas las acepciones se trata de dinámicas económicas profundas que generan desigualdades.

[3] Los deciles son medidas estadísticas de posición. Distribuyen la variable analizada en 10 grupos de igual tamaño de forma ascendente.

[4] De acuerdo a las cifras oficiales publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) el índice de Gini para el año 2014 se ubicaba en 0,380.

[5] Promedio simple de 18 países: (Argentina 2014, Bolivia (Estado Plurinacional de) 2013, Brasil 2014, Chile 2013, Colombia 2014, Costa Rica 2014, Ecuador 2014, El Salvador 2014, Guatemala 2014, Honduras 2013, México 2014, Nicaragua 2009, Panamá 2014, Perú 2014, Paraguay 2014, República Dominicana 2014, Uruguay 2014 y Venezuela (República Bolivariana de) 2013).

[6] El Coeficiente de Gini de Uruguay y Argentina se ubicó en 0.392 y 0.391 respectivamente. CEPAL (2017). Panorama Social de América Latina 2017. Santiago de Chile: Naciones Unidas

[7] CEPAL (2017). Panorama Social de América Latina 2017. Santiago de Chile: Naciones Unidas

[8] Es necesario aclarar que esta comparación es a título ilustrativo. En la publicación de la CEPAL utilizada como referencia la unidad de análisis es a población en nuestros cálculos el hogar. En esta nueva publicación CEPAL además incluyó los hogares con ingreso 0 los cuales fueron excluidos de nuestros cálculos. Dado que los hogares pobres en general son más numerosos y a la inclusión de los hogares sin ingresos que abultan los deciles más pobres, es posible que la estimación de CEPAL sea aún mayor a la expuesta para el caso venezolano en este trabajo.

[9] CEPAL, 2017: 44

[10] Una reversión tan abrupta de la distribución del ingreso no es usual en los países y tampoco existen indicios para considerar que ello esté ocurriendo en otras latitudes de nuestra región. Las series históricas y en partículas de los años recientes muestran variaciones anuales del Coeficiente de Gini para América Latina muy por debajo de la diferencia que este coeficiente arroja en el caso venezolano entre los años 2016 y 2017.

[11] El coeficiente de Gini de Haití es de 0,608. Extraído de la base de datos del PNUD. Disponible en: http://hdr.undp.org/en/countries/profiles/HTI

[12] Nivel que nos sigue ubicando como el país con menor sueldo mínimo. El promedio de los salarios mínimos en la región supera los 300 dólares del mes.

[13] Sobre la periodicidad de distribución de las cajas CLAP según el nivel de urbanización y desarrollo de las localidades del país puede consultarse a España, L. y Ponce, MG. (2018) Pobreza. Encuesta sobre Condiciones de Vida. ENCOVI 2017. Disponible en; https://encovi.ucab.edu.ve/wp-content/uploads/sites/2/2018/02/ucv-ucab-u...

[14] De acuerdo con el Banco de Desarrollo de América Latina (antigua CAF), en 2017 ingresaron al país $2 mil millones por concepto de remesas y se estima que en 2018 el monto podría alcanzar los $6.000 millones. La firma Ecoanalítica calculó que en 2017 ingresaron US$1.500 millones en remesas, lo que es apenas el 1% del Producto Interno Bruto (PIB).

http://revistazeta.net/2018/07/12/quien-controlara-los-envios-remesas-fa...

http://efectococuyo.com/economia/con-dolar-a-bs-1-303-270-inician-operac...

[15] De acuerdo a las cifras del Centro de Documentación y Análisis para los

Trabajadores (CENDA), la Canasta Alimentaria Familiar, contentiva de 60 productos para una familia de 5 miembros, ascendió a BS. 295.821.795,32 para el mes de julio de este año.

Disponible en; http://cenda.org.ve/noticia.asp?id=173

[16] https://www.laprensagrafica.com/departamento15/Cuanto-recibio-El-Salvado...

[17] Según el censo de 2011, que incorporó el tema de “la raza” en un país donde eso no pareciera haber formado parte de las preocupaciones de la agenda pública.

Prodavinci

23 de agosto de 2018

https://prodavinci.com/venezuela-es-el-pais-mas-desigual-del-continente-...

 30 min


Edgar Benarroch

El presente es hoy. El pasado ocurrió, lógicamente se recomienda tenerlo presente solamente en aquellos recuerdos buenos cargados de felicidad, ello a los efectos de no tener contaminado nuestro espíritu con situaciones que nos afectan y perturban. Sé que esto no es fácil hay hechos y circunstancias que se nos meten en el alma y no es fácil olvidar. El futuro es incierto está por venir no estamos en facultad para determinarlo con certeza. En algunos planteamientos científicos podemos hacer ejercicio de cálculos y aproximarnos a las consecuencias de un acontecimiento, pero todo será especulación y aproximación, nunca determinaremos con rigurosa y milimétrica exactitud el mañana.

Saulo de Tarso, mejor conocido como San Pablo, fue una de las principales figuras del cristianismo. De perseguidor inclemente de los cristianos, una vez que Jesús se le apareció y le preguntó ¿ Por qué me persigues? se convirtió de una manera profunda y radical y se transformó en uno de los más notables apóstoles. San Pablo recomendaba vivir el presente con el acompañamiento del Espíritu Santo, vivir en Cristo, comer su cuerpo y beber su sangre para ser felices y ganarnos el porvenir.

Vivir el presente es desenvolvernos acertadamente en medio de las situaciones y circunstancias que a diario nos rodean y condicionan. Lo que ocurre diariamente o en momentos determinados nos afecta para bien o para mal. Es la inteligente capacidad y la carga espiritual lo que nos ayuda a salir debidamente se los hechos sean agradables o adversos

Vivimos tiempos de inmensa dificultad agravados por decisiones desacertadas e inimaginables en gente medianamente racionales. Nuestra población depende en elevada medida de las decisiones del gobierno. Si ellas son razonables y buenas nos provocará bienestar, pero si son equivocadas o con mala intención nos llevan a los días que estamos confrontando.

Las recientes medidas anunciadas por el Presidente de la Republica son un verdadero adefesio y contrarias a elementales normas de la ciencia económica que profundizará el caos, traerá más cierre de pequeñas y medianas industrias y establecimientos mercantiles provocando mayor desempleo que Dios quiera no se transforme en mayor delincuencia.

Ya llevamos muchísimo tiempo padeciendo este maligno régimen. Me extraña la que parece ilimitada paciencia y capacidad de soporte del pueblo venezolano. Si tenemos que actuar con inteligencia y espiritualidad en este momento, es urgente la adopción de medidas concretas que produzcan cuanto antes los cambios necesarios y nos conduzcan a la reconstrucción nacional que será también con mucho sacrificio, voluntad y entrega.

El Quijote le dijo a Sancho: "No es posible que el mal sea tan durable, pero habiendo durado mucho el mal, el bien está muy cerca". Comparto con el Quijote su afirmación, nos esperan días distintos que tenemos la obligación patriótica y moral de construir y reclamar con mucho coraje y valentía.

Dios y el tiempo premian la constancia, tenemos el ineludible deber de seguir en nuestra tarea de superar esta dolorosa y bochornosa situación que cada día nos empuja a un despeñadero con consecuencias inimaginables.

Las medidas anunciadas traerán ya mayores males y distorsiones perjudiciales para todos, especialmente para los más desprovistos.

Hay que ser extremadamente obtuso y carente de las más elementales normas en la administración del país y hasta no tener sentido común para presentar y ejecutar la semejante barbaridad que el gobierno pretende. En el régimen hay gente, aunque muy poca, con medianamente criterio, por ello sostengo y repito que estas medidas están fríamente calculadas y se practicarán con el único propósito de exterminar la poca economía e iniciativa privada que queda y el Estado ponerle la mano a todo el aparato productivo y de servicios del país. Ya lo han con cinismo y descaro lo han anunciado : empresa que cierre, empresa que tomamos. No se explica de otra manera este criminal paquete. Van tras el país íntegramente estatizado.

Debemos por Dios, por la patria por nosotros y por las generaciones futuras salirle al paso a esta monstruosidad que pretende sepultarnos.

Si nos ayudamos, Dios nos ayudará.

 3 min


Jesús Elorza G.

Al término de la cadena nacional, en la cual fueron anunciadas las nuevas medidas económicas, los milicianos agrupados en los colectivos revolucionarios, brincaban de la alegría y se decían unos a otros “por fin, somos millonarios”. El camarada Nicolás, tiró la casa por la ventana. Ahora, el salario mínimo será de 1.800 bolívares soberanos, ¡¡o sea ciento ochenta millones de los viejos!!…La euforia los condujo a gritar la siguiente consigna “Con petros soberanos, Maduro es mi hermano”

La derecha golpista y oligárquica se quedó con los ojos claros y sin vista, dijo el comisario político del consejo comunal. Mi camarada Nicolás, se colocó a la altura de los grandes economistas mundiales. Adam Smith, Milton Friedman, Robert Malthus o Stuart Mill por solo citar algunos. Todos ellos quedaron en pañales frente a mi presidente.

Epa, comisario y donde quedan los camaradas Marx y Engels.

Clase aparte mi pana. A esos dos, la teoría económica de Nicolás “Cero mata cero” los resucitó del olvido histórico al que habían sido sometido por el capitalismo.

-¿Cómo así?

-Bueno, muy sencillo, el nuevo cono monetario, viene a demostrarle al mundo la derrota definitiva de la economía capitalista y la implantación del sistema socialista revolucionario sin la dependencia colonialista del dólar imperialista. Ahora, diría el camarada Carlitos Marx “No se trata de interpretar al mundo económico sino adecuarlo al petro”

No me queda ninguna duda, continuó señalando el comisario, que el próximo Premio Nobel de Economía ya tiene nombre asignado: Nicolás Maduro. Solamente, tomen en cuenta este hecho: El Fondo Monetario Internacional, había indicado que la inflación en Venezuela alcanzaría 1.000.000% a finales de año…y Nicolás con su tesis del cero mata cero o la reducción de ceros en nuestro signo monetario !!!la redujo a 10%!!! ¿Cómo les quedo el ojo?

Bueno, cambiemos de tema. Conversen entre ustedes, en que van a invertir o gastar los miles de bolívares soberanos que les sale por la vía de salario mínimo o si prefieren hablar con el bolívar fuerte, entonces piensen en millones.

Todos, en el consejo comunal de su localidad, comenzaron a especular que iban a hacer con sus millones:

-Creo que al fin voy a poder comprarme mi carrito, dijo uno.

-Me voy de rumba, en un crucero por el Caribe, dijo otro.

-Pa’ Orlando directo a visitar los parques de diversiones con mis chamos, expresó una de las camaradas jubilada.

El día después, todo se derrumbó. Todas las millonarias ilusiones revolucionarias, se vinieron al suelo, al ver y sentir que la economía de mercado imponía su realidad.

-Creo que me engañaron, me hablaron de millones y ahora resulta que el famoso ½ Petro no pasa de ser más que un dólar diario…no me joda, con esa miseria de vaina si me alcanza para comprarme una botella de refresco.

-Yo pase la noche pensando y preparando mi viaje para Orlando, en la mañana caí en cuenta que la pensión no pasaba de 42 Bolívares Soberanos, según el anuncio del gobierno. Entonces donde están los mil ochocientos prometidos…me cobearon. Y no me vengan con el cuento que el próximo mes me actualizan. Acaso se les olvido que los pensionados cobramos el mes adelantado. Hoy nos corresponde cobrar septiembre y nos pasaron por bolas.

-La cara más larga, la tenía el comisario. A su casa, en horas muy tempranas le llegó una correspondencia y al abrirla de vaina no se desmayó. La “empresa socialista” en la cual trabajaba, le comunicaba “que había sido despedido por reducción de personal” …no podían cubrir el pago de personal por el desmedido aumento de 3.500% en la nómina, producto de las medidas anunciadas por el gobierno de su camarada Nicolás…Coño e su madre, no fue ½ Petro lo que me metieron sino MEDIO PALO.

 3 min


Durante 10 años tomó nota de todo lo que escuchaba y veía: nombres, direcciones, teléfonos, cantidad y peso de los bolsos llenos de dólares que le ordenaban entregar.

Los cuadernos de Óscar Centeno, conductor de un alto funcionario del gobierno de Néstor Kirchner, develaron una escandalosa trama de corrupción. En menos de dos semanas, la justicia argentina ha imputado a 38 personas, detenido a 15 y tomado declaración a 9 arrepentidos que están colaborando. Entre ellos, el presidente de la Cámara de la Construcción quien detalló cómo las empresas privadas debían pagar sobornos del 15 y 25% para obtener contratos de obras públicas.

La confesión más impactante ha sido la del ex funcionario Claudio Uberti quien aseguró que le llevaba a Néstor Kirchner los bolsos con el dinero que recaudaba de las concesionarias viales y que hacía las entregas en la propia Casa Rosada o en la residencia presidencial de Olivos. Uberti también confirmó que Cristina Kirchner estuvo presente varias veces y que el encargado de comunicarle sus tareas era el exministro de planificación Julio De Vido.

Al principio, la trama de sobornos pretendía conseguir dinero para las campañas del kirchnerismo, pero luego las recaudaciones no se correspondían con los tiempos electorales.

Uberti, De Vido y Kirchner viajaban con frecuencia a Caracas. No en vano les llamaban “la embajada paralela en Venezuela”. Empresarios argentinos con inversiones en nuestro país afirman haber sido extorsionados por el grupo, supuestamente a cambio de proteger sus intereses frente el afán estatificador de Chávez.

Uberti es conocido por el famoso caso del maletín de Antonini Wilson en el cual quedó al descubierto el financiamiento ilegal de Hugo Chávez a la campaña de Cristina Kirchner con recursos de la Pdvsa “roja-rojita” de Rafael Ramírez.

El argentino fue uno de los muchos episodios de subvención política ilegal del gobierno de Chávez a otros países. La larga lista incluye a Evo Morales, Rafael Correa, Ollanta Humala, Daniel Ortega y varios políticos caribeños. Dirigentes de los partidos españoles Podemos e Izquierda Unida también obtuvieron lo suyo, ya fuera por medio de honorarios por asesorías a través de la Fundación CEPS, o por compras de aceite de oliva sobre-facturadas, a través de un alcalde de Izquierda Unida.

Twitter: @TablanteOficial

Facebook: Carlos Tablante

Web: www.carlostablante.com

 1 min


Paul Krugman

Ser o no ser un tugurio socialista, he ahí la cuestión. Perdón, no pude evitarlo.

El fin de semana pasado, Trish Regan, una comentarista de Fox Business, desató un ligero incidente internacional al describir a Dinamarca como un ejemplo de los horrores del socialismo, justo como Venezuela. El ministro de Finanzas de Dinamarca le sugirió que visitara su país y se enterara de algunos hechos.

En efecto, Regan no pudo haber elegido un peor ejemplo o, para los progresistas estadounidenses, uno mejor.

Y es que Dinamarca efectivamente ha tomado un camino muy diferente al de Estados Unidos en las últimas décadas, desviándose (mesuradamente) hacia la izquierda donde nosotros hemos girado hacia la derecha. Le ha resultado bastante bien.

La política estadounidense ha estado dominada por una cruzada en contra de un gobierno burocrático; Dinamarca ha adoptado la función de un gobierno expansivo, con un gasto público de más de la mitad de su PIB. Los políticos estadounidenses temen las conversaciones sobre la redistribución del ingreso de los ricos a los menos favorecidos; Dinamarca lleva a cabo esa distribución a una escala que en EE. UU. resultaría inimaginable. Las políticas estadounidenses han sido cada vez más hostiles hacia los sindicatos y estos casi han desaparecido del sector privado; dos terceras partes de los trabajadores daneses están sindicalizados.

La ideología conservadora dice que las decisiones políticas de Dinamarca deberían ser desastrosas, que las calles de Copenhague deberían lucir descuidadas. De hecho, Regan estaba describiendo lo que sus empleadores piensan que debería estar ocurriendo en ese país. No obstante, si Dinamarca es un infierno, hace un buen trabajo para ocultarlo: acabo de estar ahí y luce bastante próspera.

Además, los datos coinciden con esa impresión. En comparación con los estadounidenses, hay más probabilidades de que los daneses tengan empleo, y en muchos casos ganan mucho más. En general, el PIB per cápita en Dinamarca es un poco más bajo que en Estados Unidos, pero eso sucede básicamente porque los daneses toman más vacaciones. La desigualdad de ingresos es mucho más baja, y la expectativa de vida es más elevada.

La realidad es que la vida es mejor para la mayoría de los daneses de lo que es para los estadounidenses. Hay una razón por la cual Dinamarca siempre obtiene un lugar mucho mejor que Estados Unidos en las mediciones de felicidad y satisfacción de vida.

¿Acaso Dinamarca es socialista?

El libertario Instituto Cato dice que no: “Dinamarca tiene una fuerte economía de libre mercado, además de sus transferencias del Estado del bienestar y un alto gasto gubernamental”. Esa es una clasificación que da qué pensar.

Es cierto que Dinamarca no encaja para nada en la definición clásica de socialismo, que incluye la propiedad de los medios de producción en manos del gobierno. Es en cambio socialdemócrata: una economía de mercado en la que las desventajas del capitalismo se mitigan por la acción gubernamental, que incluye una red de seguridad social muy fuerte.

Sin embargo, los estadounidenses conservadores —como Regan de Fox— siguen desdibujando sistemáticamente la distinción entre socialdemocracia y socialismo. En 2008, John McCain acusó a Barack Obama de querer el socialismo, básicamente porque Obama hizo un llamado a expandir la cobertura de salud. En 2012, Mitt Romney declaró que Obama sacaba sus ideas de los “socialdemócratas de Europa”.

En otras palabras, en el discurso político estadounidense, a cualquiera que quiera hacer la vida menos desagradable, brutal y corta en una economía de mercado se le acusa de socialista.

Esa campaña de desprestigio ha tenido un efecto predecible: tarde o temprano, si llamas “socialismo” a cualquier intento de mejorar la vida de los estadounidenses, mucha gente concluirá que el socialismo está bien.

Una encuesta reciente de Gallup descubrió que la mayoría de los electores jóvenes y quienes se autodenominan demócratas prefieren el socialismo al capitalismo. Sin embargo, esto no quiere decir que decenas de millones de estadounidenses quieran que el gobierno se apodere de los altos mandos de la economía. Solo significa que a mucha gente que quiere que EE. UU. sea un poco más como Dinamarca se le llama socialista y acaba creyendo que el socialismo no es tan malo después de todo.

Lo mismo se puede decir de algunos políticos demócratas. Se ha dicho mucho de Alexandria Ocasio-Cortez, no solo debido a su victoria sorpresiva en las elecciones primarias, sino también porque se autodenomina socialista. Sin embargo, su plataforma no tiene nada de socialista según la definición tradicional. Solo es abiertamente socialdemócrata.

Eso la coloca en línea con el resto de su partido. Siempre que leo artículos que cuestionan aquello que apoyan los demócratas, me pregunto si los escritores están prestando atención a lo que los candidatos están diciendo en términos de políticas. El Partido Demócrata de hoy en realidad está impresionantemente unificado en torno a metas socialdemócratas, mucho más que en el pasado.

Es cierto, hay diferencias entre las políticas y la estrategia retórica. ¿El impulso por la cobertura universal de salud debería incluir Medicare para todos o simplemente el derecho a que todos compren un programa Medicare mejorado? ¿Los demócratas deberían simplemente ignorar las calumnias de los republicanos acerca de sus ideas socialdemócratas o deberían tratar de convertir la mancha “socialista” en una insignia de honor?

No obstante, estas no son divisiones muy profundas, sin duda nada cercano a las divisiones entre los liberales y los centristas que fracturaron al partido hace un par de décadas.

El hecho indiscutible es que hay más miseria en Estados Unidos de la que debería. Todos los demás países avanzados tienen atención médica universal y una red social mucho más fuerte de la imperante en EE. UU., y no debería ser así.

New York Times

19 de agosto de 2018

https://www.nytimes.com/es/2018/08/19/krugman-socialismo-dinamarca/?rref...

 4 min


El 21 de agosto de 2018, la Asamblea Nacional, aprueba el Acuerdo de ratificación de la decisión de la Asamblea Nacional de declarar el abandono del cargo de Nicolás Maduro Moros, y sobre su responsabilidad penal por los hechos de corrupción vinculados a la empresa Odebrecht.

El texto del nuevo Acuerdo consta de 10 considerandos y 6 acuerdos.

Los considerandos que presenta el Acuerdo, registran una relación de hechos políticos a través de los cuales se configura el vacío de poder en el marco de la Constitución y de los Tratados vigentes.

Ese vacío de poder es consecuencia de dos hechos que son destacados en el texto del Acuerdo, a saber:

1.- La ruptura del orden constitucional, lo que lleva a la Asamblea Nacional a recordar en el Acuerdo que el gobierno de Maduro no puede ser considerado democrático y menos aún, apegado al Derecho, por el contrario, debe ser calificado como un régimen autoritario, que ha pretendido derogar de facto la Constitución.

2.- La ausencia de autoridades legítimas en el Poder Ejecutivo Nacional, la irregular composición y parcialidad política del Tribunal Supremo de Justicia integrado por los Magistrados designados antes de 2015, del Poder Electoral y del Poder Ciudadano.

Los hechos políticos que registra el Acuerdo, se presentan a continuación de manera cronológica y se convierten en documentos referenciales para el análisis político de la realidad venezolana. A saber:

1.- Los Acuerdos aprobados el 13 de diciembre de 2017 y el 9 de enero de 2017, en donde se declara expresamente la responsabilidad política y el abandono del cargo de la Presidencia de Nicolás Maduro Moros.

2.- El Acuerdo del 22 de mayo de 2018, mediante el cual la Asamblea Nacional declaró como fraudulento y en consecuencia inexistente, el proceso de supuesta reelección de Nicolás Maduro como Presidente de la República.

3.- El Acuerdo del 5 de abril de 2017, a través del cual, declaró que existen méritos suficientes para continuar el proceso judicial que se inició en contra de Nicolás Maduro Moros, por hechos de corrupción relacionados con Odebrecht.

4.- Los distintos acuerdos, cuyas fechas omitió la Asamblea Nacional, en los cuales se ha rechazado y desconocido la convocatoria, elección y decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente.

5.- Por último, este Acuerdo del 21 de agosto 2018, a través del cual, se manifiesta expreso respaldo político de la Asamblea Nacional a la decisión suscrita por los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, designados y juramentos por la Asamblea Nacional, el pasado 15 de agosto de 2018.

La Asamblea Nacional, en este Acuerdo, deja constancia que desde el año 2016 ha venido denunciando las sistemáticas violaciones a la Constitución, especialmente, por parte de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, las cuales han provocado la ruptura del orden constitucional y democrático en Venezuela, así como la violación de la Carta Democrática Interamericana, entre otros Tratados de Derechos Humanos.

En tal sentido, este Acuerdo del 21 de agosto 2018, reitera y denuncia que en Venezuela hemos tenido un golpe de Estado permanente que comenzó a implementarse desde el año 2016.

Precisamente en ese golpe de Estado permanente la Asamblea Nacional encuentra la razón por la cual los órganos de seguridad no han acatado los exhortos, llamados y declaraciones de la Asamblea Nacional a través de sus diversos Acuerdos. Aun así, en este Acuerdo de agosto 2018, nuevamente emplaza a los órganos de seguridad del Estado a cumplir los Acuerdos de la Asamblea Nacional.

Otro aspecto importante a destacar de este nuevo Acuerdo de la Asamblea Nacional, está en el reconocimiento que hace a la necesidad de diseñar e implementar una estrategia de amplio apoyo popular que permita la transición democrática, fundamentada en los artículos 333 y 350 de la Constitución.

En tal sentido, en este Acuerdo de 21 de agosto de 2018 la Asamblea Nacional asume el compromiso de iniciar las consultas con todos los sectores de la sociedad venezolana para promover un proceso de restablecimiento de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, como lo ordena el 333 y 350 de la propia Constitución y como expresamente se exigió en la consulta popular del 16 de julio del 2017.

Preocupa que en el pasado, también ha habido el reconocimiento a impulsar acciones de inclusión de otros sectores de la sociedad en el proceso de reestablecer el orden constitucional y democrático, pero las mismas, hasta la fecha, no han resultado efectivas.

Hoy más que nunca estos compromisos deben ser concretados para el bien de todos y en especial, de la Asamblea Nacional, porque es la única vía para restaurar la confianza perdida de sus electores, quienes son la fuente esencial de la legitimidad que hoy detenta y que la convierte en el único Poder Público válido y vigente de la institucionalidad venezolana.

Las piezas del rompecabezas están en la mesa, hay argumentos políticos y jurídicos que han sido registrados en distintos acuerdos que configuran la responsabilidad política; el abandono del cargo por no cumplir las funciones que le son inherentes y con las cuales, mediante juramento público se comprometió; la ilegitimidad de la Asamblea Nacional Constituyente; la responsabilidad por corrupción del Presidente Maduro; las violaciones sistemáticas a los derechos humanos; el desconocimiento a la Constitución y al orden jurídico vigente, etc...

Lo único que hace falta en ese rompecabezas, es que haya una Unidad de acciones y estrategias políticas que permitan conectar a ciudadanos y dirigentes en una hoja de ruta concreta hacia el restablecimiento de la democracia.

Se han hecho esfuerzos e intentos importantes, pero que hasta la fecha no han resultado, en esas experiencias pasadas, sin duda alguna, hay lecciones que deben ser revisadas y lograr identificar aquellas enseñanzas importantes para la dirigencia política y la sociedad civil en general.

Los ciudadanos han esperado por una Unidad que aún no se concreta y muchas veces han buscado respuestas inviables, porque no han logrado una organización básica, y porque no hay espacios para el debate, la discusión y el encuentro con sus dirigentes, para aclarar las expectativas y revisar los hechos de manera adecuada.

Como nunca antes, el país reclama de sus ciudadanos mayor organización local, reconocimiento de las dificultades de comunicación a nivel nacional y de la responsabilidad que hoy tenemos de no esperar por una receta mágica, sino por el contrario, ser parte de la construcción de esa hoja de ruta para restituir el orden constitucional y democrático en Venezuela.

Nos corresponde llamar a los diputados de nuestros Estados, en cada rincón del país, para que inspirados en los valores, principios y garantías constitucionales y atendiendo a esa consulta a la cual la Asamblea Nacional se ha comprometido, el país sea incluido en la construcción de un gran acuerdo regional, que se traduzca luego en Acuerdo Nacional.

En principio, corresponde a los ciudadanos en cada ciudad, tomar la iniciativa de respaldar este último Acuerdo de la Asamblea Nacional, de manera organizada, pública, evidente y por escrito, en Asambleas de Ciudadanas, reconocidas en el artículo 70 de la Constitución.

En esa misma Asamblea de Ciudadanos, es oportuno, primero exigir a Asamblea Nacional a que cumpla con la consulta a que se obligó con todos los sectores del país y de manera incluyente en todas las regiones.

Y en segundo lugar, unir nuestras voces al llamado de la Asamblea Nacional a los órganos de seguridad a que respeten el orden constitucional y democrático atendiendo a los artículos 333 y 350 de la Constitución y en consecuencia actúen.

Hoy más que nunca, nos corresponde activar la soberanía popular, no para convocar a una Constituyente, no para elegir concejales sin poder político real, sino para asumir responsablemente la exigencia a que cada quien actúe en el marco de los compromisos y del respeto debido a los valores, principios y garantías constitucionales.

El desafío no es fácil, porque exige humildad, desprendimiento y comprender que el cambio político exige de todos, no de un líder.

Pareciera que nuevamente Venezuela va a reclamar de una Junta de Gobierno y de un Pacto para que esa junta de gobierno actúe y genere confianza en la sociedad. En la consulta a que se ha comprometido la Asamblea Nacional en el Acuerdo del 21 de agosto de 2018 pudiera estar una oportunidad para identificar los consensos nacionales básicos que sirvan de fuente para legitimar a ese futuro Pacto de gobernabilidad, que cada vez es más necesario y urgente.

22 de agosto de 2018

https://estado-ley-democracia.blogspot.com/2018/08/una-mirada-al-acuerdo...

 6 min


Daniel Eskibel

Ocurrió en Madrid, en diciembre de 2015.

La periodista le preguntó al dirigente político cuales eran las líneas rojas de su partido en la negociación para formar gobierno. El dirigente político respondió con diligencia y explicó todos aquellos asuntos que su formación política no estaba dispuesta a aceptar de ninguna manera.

En los días siguientes los demás líderes políticos fueron explicando públicamente cuales eran las líneas rojas que no traspasarían.

Periodistas, políticos y buena parte de los votantes creyeron que los partidos españoles estaban comenzando una negociación. Y creyeron que la exposición de las líneas rojas de cada cual era un paso sensato e imprescindible.

Estaban equivocados.

El mapa político español se convirtió en poco tiempo en un archipiélago de pequeñas islas rojas, aisladas cada una de las demás. Islas prisioneras de sus dichos, encerradas en sí mismas hasta la caricatura, fortificadas y a la defensiva, dispuestas al ataque ante la menor insinuación.

El resultado era previsible: no hubo ningún acuerdo y fue necesario convocar a nuevas elecciones.

Es que ese camino que comienza por desplegar líneas rojas en el telediario de cada noche no tiene parentesco alguno con la negociación política.

Peor aún: así es la portada del manual básico para que una negociación fracase.

¿La negociación política es pública o privada?

El primer principio que debe guiar una negociación política efectiva y seria es la privacidad.

Vivimos en un tiempo donde lo privado parece estar a la defensiva.

Todo es público, dicen muchos.

Todo debe saberse, ventilarse a los cuatro vientos, divulgarse de inmediato. Mejor aún: en tiempo real.

El mundo así concebido se transforma en una gigantesca casa de Gran Hermano, una casa con paredes de cristal en la cual multitud de cámaras nos van mostrando todo el tiempo ante una audiencia global que consume nuestras vidas con voracidad mientras las suyas propias son consumidas con similar voracidad.

Verlo todo, mostrarlo todo, escucharlo todo, decirlo todo, saberlo todo…ese parece ser el mantra.

Y con respecto a la negociación política el celo se acentúa. Entonces se afirma con grandilocuencia que nada debe hablarse “entre cuatro paredes” y que todo debe ser a la más plena luz del día.

Pues bien. Aunque así se diga, pues me permito decir que no.

No.

Nones.

Primero porque es importante preservar la existencia de ámbitos públicos y ámbitos privados. La mera idea de que todo, absolutamente todo, debe ser público y en tiempo real no deja de ser una creencia que poco se sostiene.

Lo privado también es importante y tiene su valor.

Y algunas cosas avanzan mejor y florecen en el ámbito de la privacidad.

Y en segundo lugar una negociación política estilo Gran Hermano siempre conduce al fracaso.

Porque negociar en política es como negociar en economía, en lo laboral, en las relaciones humanas o en cualquier ámbito.

O sea que implica un ir y venir de argumentos, explicaciones, propuestas y contra-propuestas, una verdadera danza en la cual los negociadores se acercan y se alejan y vuelven a acercarse. Una danza donde se van produciendo cambios, donde se tantea el terreno, donde se avanza y se retrocede.

En ese proceso tan humano de negociar valen mucho las sutilezas y los matices. Por tanto hay que concebirlo como un proceso de producción, no como un espectáculo. Si se vuelve espectáculo las posiciones se congelan y los matices terminan en caricaturas improductivas.

Encerrado en tus propias líneas rojas

Ya vimos en el ejemplo español lo que ocurre cuando trazas abiertamente tus líneas rojas y las comunicas a todo el mundo.

Pasa que quedas atrapado por esas líneas rojas.

Tarde o temprano las estarás defendiendo con todas tus fuerzas. Hasta el punto de poner más energía en ello que en la propia negociación.

Eso no significa que sea negativo tener líneas rojas y ser bien consciente de ellas. Por el contrario, es bueno que ello ocurra.

Pero no para que se transforme en algo declarativo sino para que interiormente tengas claramente delimitado el rango de situaciones dentro del cual te vas a mover en la negociación.

Piénsalo con frialdad: ¿qué sentido tiene informarle a tu adversario cuáles son tus límites y hasta dónde puedes o no llegar?

Además esa reserva inicial de tus propias líneas rojas te permitirá algo esencial: centrar la negociación política en los intereses y motivaciones que siempre están más allá de las posiciones.

Tus intereses y los de tu adversario.

Esos sí serán factores decisivos para culminar con éxito un proceso negociador.

Detecta los intereses detrás de las posiciones

Una posición política es una afirmación, una declaración de intenciones, una bandera política o ideológica que se levanta, una idea que se sostiene, un lugar que se defiende. Esa posición tiene un contenido concreto, específico, bien determinado.

Piensa por ejemplo en una negociación política legislativa. Varios legisladores y partidos discuten un proyecto de ley en una comisión de trabajo. Y proponen eliminar un artículo del proyecto de ley, o agregar otro artículo, o modificar uno en especial. Y plantean textos específicos para agregar, quitar, enmendar o sustituir.

Cada una de estas acciones es una posición que cada cual adopta.

Una posición política.

Pero detrás de cada una de esas posiciones políticas hay intereses en juego.

No me refiero a intereses entendidos con una connotación negativa sino a intereses legítimos.

Pueden ser intereses ideológicos o políticos o culturales o sociales o de diverso orden. Son las verdaderas motivaciones de fondo que te llevaron a tomar esa posición política de querer sustituir un artículo del proyecto de ley por un texto nuevo que presentaste.

Si te quedas en tu posición y nada más, tarde o temprano la negociación se estanca y se frustra.

En realidad ocurre más temprano que tarde, a decir verdad.

Es tu posición contra la de tu adversario y si ambos defienden ese único camino pues luego no queda nada más que hablar.

Pero si identificas cuales son los intereses o motivaciones que hay detrás de tu posición y también los que hay detrás de la posición del otro…entonces ocurre algo maravilloso.

Ocurre que te das cuenta que tanto tus motivaciones como las del otro se podrían llegar a satisfacer con alguna posición diferente a las que están en juego ahora mismo.

Al final del día, eso es negociar: avanzar hacia un acuerdo que supere las posiciones específicas de cada cual con nuevas posiciones que satisfagan a ambos.

O sea: que satisfagan intereses y motivaciones de ambos.

Porque la posición política concreta se puede ajustar y modificar, pero no la motivación que la respalda.

Y lo bueno de la mesa de negociaciones está allí, en lograr una forma nueva de cumplir con tus fundamentos profundos de siempre.

Lo cual por supuesto no es un proceso frío, matemático, puramente lógico y desprovisto de emociones.

Por cierto que no lo es.

Las emociones en la mesa de negociación

Una negociación es un evento psicológico muy delicado donde se ponen en juego todas las capacidades humanas. Racionales y emocionales. Todas.

Por eso es importante el equilibrio emocional de los negociadores, su templanza, su ecuanimidad, su confianza en sí mismos, su serenidad ante las situaciones de presión y su apertura mental para seguir trabajando en pos de soluciones aún en los momentos más duros.

Pero además hay otro nivel emocional igualmente importante: la conexión y la empatía con los negociadores adversarios.

Sí. Con los otros.

Con esos que están ahí del otro lado de la mesa. Con quienes representan opciones políticas tan disímiles. Con ellos mismos.

Es necesario considerar que la negociación política es un trabajo, una operación conjunta, un mecanismo de producción de algo nuevo.

Ya sabes: si fuera simplemente una trinchera no sería negociación sino apenas un nuevo debate encubierto.

Para negociar hay que crear un clima de trabajo conjunto. Y para eso se necesita un cierto nivel básico de confianza en los otros y de empatía hacia ellos. Lo cual debe ser mutuo, claro está.

Y cuando te digo que “debe ser mutuo” no me estoy refiriendo a un posible imperativo moral sino a un criterio eminentemente práctico y funcional. Debe serlo para que la negociación funcione y sea productiva.

Eso, simplemente eso.

Sin empatía, sin confianza, sin conexión y sin un buen clima de trabajo, pues la negociación no logra nada.

Emociones, que de eso están hechos todos los ámbitos humanos.

También y muy especialmente cuando se necesitan soluciones para un determinado asunto político.

Las soluciones no se encuentran porque no existen

Hay una escena bastante penosa pero muy reiterada. Termina una negociación política y los protagonistas declaran que no han podido encontrar ninguna solución al problema que encaraban.

La escena es penosa porque muestra que esos protagonistas no aprendieron aún una de las lecciones más importantes de la psicología de la negociación.

Me refiero a que las soluciones no existen. Y menos en política.

Reitero: las soluciones no existen.

No hay algo que esté en algún lado y que constituya una solución y que simplemente haya que buscarlo y encontrarlo.

No.

Las soluciones a las que llega una negociación son su producto, su creación. Se llegó a la instancia negociadora justamente porque no habían soluciones. Los negociadores son los encargados de crearlas.

Ese es su trabajo, su misión.

Un trabajo colectivo, duro, arduo, complejo.

Ya sabes: trabajoso.

Si llegas a la mesa de negociación buscando una solución, entonces estás confiando tu destino a la magia. Y pronto verás que “nada por aquí, nada por allá”. La solución no está. La magia no resultó. Los negociadores se levantan de sus asientos, y todo queda como estaba.

Pero si llegas a la negociación con el concepto de producir, de trabajar para crear la solución, entonces estarás mucho más cerca de lograrlo.

Y de paso, estarás mucho más cerca de lograr tus objetivos.

7 pautas para tu próxima negociación política

En suma, cuando vayas a tu próxima negociación política te sugiero estas pautas simples:

Negocia en un marco de privacidad y reserva.

Guarda en tu interior tus líneas rojas.

Busca cuales son las motivaciones que fundamentan tus posiciones y las de tus adversarios.

Negocia en base a esas motivaciones más que en base a posiciones fijas.

Mantén la serenidad, la calma y la templanza en todo momento.

Crea con esos adversarios un clima de trabajo de confianza, respeto y empatía.

No busques soluciones. Mejor será que te dispongas a participar de la creación colectiva de las mismas.

Una vez culminada la negociación repasa todo el proceso y verifica cuánto has avanzado.

Te sorprenderás.

Maquiavelo&Freud

https://maquiaveloyfreud.com/conducir-negociacion-politica/

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