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Opinión

Américo Martín

Venezuela vive en estado de aguda tensión que, por cierto, tiende a extremarse por causa de recientes iniciativas adoptadas por las esquinas del conflicto nacional. De especial importancia vuelven a ser las postuladas por la comunidad internacional para celebrar elecciones libres en el marco de una integral democratización de Venezuela.

Cualquier nuevo pronunciamiento de los factores mencionados debe ser analizado con el detenimiento del caso, especialmente coincidentes con un reciente discurso del presidente Joe Biden, quien no por casualidad dedica frases especialmente elogiosas a Juan Guaidó. Sería ese el camino confiable para dejar atrás la oscura tragedia que sepulta a nuestro país y se expande a todos los ámbitos de la administración, la economía, el deterioro acelerado de los servicios y los más peligrosos índices de hambre y miseria.

El problema se agrava porque el oficialismo insiste en predicar que los comicios que celebrarán en noviembre son inobjetables, enfrentando el criterio adverso de la comunidad internacional, que se viene uniendo alrededor de la advertencia de que esos muy cuestionados comicios no serán reconocidos como válidos y, por tanto, de persistir en realizarlos contra viento y marea, la crisis se profundizará y las sanciones continuarán y hasta se agudizarán.

Lo sorprendente es que si se cumplieran las condiciones que normalizaran democráticamente la realidad nacional, la tragedia comenzaría a desaparecer como por arte de magia.

Primero, porque la comunidad internacional –como lo revela la desmilitarización de Afganistán– prefiere la paz a la guerra; así los fervientes partidarios de que los malos de la partida sean los otros, en tanto que los buenos, por supuesto, son ellos. Pero la realidad es que los países que han dictado sanciones lo han hecho contra violaciones aviesas de los derechos humanos y más bien grotescos incumplimientos de las más elementales normas electorales.

Sin esas profundas irregularidades por parte del oficialismo tanto las sanciones como el claro reconocimiento de las elecciones se convertirían en realidades automáticamente aceptadas, como por lo demás lo fueron consecutivamente desde 1958 hasta 1998, los célebres 40 años de democracia, fructíferos, que ha sido calificados como «la edad de oro de la historia nacional» y también «la revolución democrática de la república civil». Sin extenderme en consideraciones económicas, es evidente que el impetuoso crecimiento del país fue digno de admiración universal.

Como bien afirmara el economista Ángel Alvarado Rangel, es la calidad de la moneda, su resistencia al desorden inflacionario, uno de los indicadores por excelencia de la estabilidad y prosperidad de los países. El caso es –insiste el profesor Alvarado Rangel– «que entre la década de los 40 y principios de los 70, el bolívar aparecía en el ranking internacional como una de las tres mejores monedas del mundo. Era un periodo de sostenido crecimiento económico y estabilidad política» (¿Por qué no llegamos a fin de mes? La inflación y sus males en Venezuela. Fundación FORMA. Caracas s/f)

El elogio brindado por Biden a Guaidó no es ocasional ni menos incomprensible, puesto que en enérgica declaración oficial EE. UU., Canadá y la Unión Europea trazaron una política de fuerte respaldo a su interinato.

Los contornos del documento conjunto no podían dejar nada importante fuera de foco. Y realmente nada quedó en el aire. Lo primero, salirle al paso a la lógica de sanciones integradas como el mármol, y beneficiarse gradualmente de la posible división de la comunidad internacional. El documento único no lo permitió porque rechazó las concesiones al detal. Maduro debía democratizarlo todo a cambio de la derogación de todas las sanciones. Y en lo concerniente a las condiciones para el sufragio libre de veras, se incluye la plenitud de lo consagrado en las Constituciones de las democracias occidentales, como base inamovible del reconocimiento universal a sus resultados. La negociación entre las partes se haría cargo de los pormenores enojosos que, dejados sin respuesta, podrían llevarse en los cuernos el mejor de los diálogos. Se incluyen el tratamiento que recibiría Maduro al dejar el mando. Digamos que se decidiera considerarlo expresidente, con el trato usual que se otorga a los expresidentes en democracias. A cambio de tan generosa concesión, la victoria que lo desplace del poder sería nacional e internacionalmente reconocida.

La enorme importancia de acuerdos de semejante rango se mediría al romper en una fuerte consolidación de la democracia y el surgimiento de la convivencia, base para una granítica consolidación institucional que enviaría a un prehistórico pasado los momentos más ignominiosos que, por más de 20 años, atormentaron a nuestro país, por el manejo más disparatado, ligero y reprochable de una nación que merecía mejor suerte.

El mal paso, darlo rápido, dicen que dijo la reina Victoria. Si esa alusión se refiere al diálogo, la negociación y las elecciones libres, transparentes, iguales y protegidas por el mundo entero, creo que bien valdría la pena entrar en el proceso de purificación democrática bajo los emblemas flameantes de la libertad, la democracia, la justicia, la convivencia civilizada y la más acelerada y merecida prosperidad económico-social.

Twitter: @AmericoMartin

Américo Martín es abogado y escritor.

 4 min


Ismael Pérez Vigil

La llamada “negociación” se abre camino, continúa, y es por tanto importante no errar en el análisis del régimen que tenemos enfrente y en comprender su estrategia y objetivos; o más simplemente, en el análisis de por qué hace lo que hace y en consecuencia, en el análisis de nuestra propia fuerza y estrategia.

Temas sobre la mesa

Solemos batirnos en algunos temas sin reparar en que, a lo mejor, se trata de uno de esos famosos “trapos rojos”, término que nosotros mismos hemos acuñado para describir las cosas que hace el régimen, que atribuimos a estratagemas para distraernos, atemorizarnos, ver hacia otro lado y sobre todo para que nos enzarcemos en discusiones estériles que lo que sirven es para dividirnos y debilitarnos más y más – su verdadero objetivo.

Por ejemplo, ahora nos debatimos con varios, entre ellos los de “ganar tiempo, la “debilidad” del régimen y las ciudades comunales o ley de las comunas. No pretendo polemizar o ir contra corriente en estos temas. Solamente quiero llamar la atención para que les dediquemos un segundo pensamiento, una reflexión desde otro ángulo, que nos abramos a la posibilidad de que estemos tomando el rábano por las hojas o planificando con base a mitos o temores que no son tan ciertos. Veamos

Ganar tiempo

Con respecto al “tiempo” o atribuir lo que hace el gobierno a su intento de “ganar tiempo”, siempre me he preguntado; ¿Quién está apurando al gobierno?, ¿Quién lo amenaza tan seriamente con desalojarlo del poder, como para que esté interesado en “ganar tiempo”?

Creo que cometemos un error en ese análisis. El régimen tiene todo el tiempo que necesita, nadie lo está apurando, nadie −que represente una amenaza real− lo está empujando para que se vaya; y si alguien lo hiciera a nivel interno, que representara una sombra de amenaza. Cuenta el régimen con la fuerza armada −más bien el régimen es la Fuerza Armada−, con los mecanismos de represión del Estado y con el sistema de justicia para someter hasta el más mínimo y tibio alzamiento o desorden, que vaya más allá de las diarias protesta por todo tipo de carencias que tiene la población; protestas justificadas, numerosas, importantes, pero desarticuladas de contexto y eficacia política. Creo que confundirse en ese análisis y pensar que “ganar tiempo” es el objetivo del régimen es alimentar la fantasía del fin inmanente e inminente, en la que hemos caído varias veces.

Más bien creo que somos nosotros, en la oposición, los que estamos interesados en “ganar tiempo”. En efecto, nosotros necesitamos “tiempo”: para dirimir nuestras diferencias y alcanzar la tan ansiada unidad; para limar las asperezas y librarnos de las discusiones estériles en las que nos envolvemos y nos consumen; necesitamos tiempo −que ya no queda mucho, por cierto− para decidir si vamos o no a participar en las elecciones regionales; tiempo para que, en caso que decidamos participar, encontrar los candidatos apropiados, esos que despierten la atención y el entusiasmo de votar de una población amodorrada y ensimismada −con toda razón− en resolver su pesada cotidianidad; tiempo para que podamos organizar unas primarias, si esa va a ser la fórmula para escoger los candidatos, o para decidir por “consenso” quienes serán, opción que por cierto consume mucho más tiempo; o simplemente, necesitamos tiempo para organizarnos, en caso de que la decisión sea la de no participar, para dar una respuesta alternativa, que nos distinga de la abstención indiferente que desde 1998 se instaló en casi un tercio de la población votante del país. De manera que, no creo que sea precisamente el régimen el interesado en “ganar tiempo”.

La debilidad del régimen

Otro tema que fácilmente aflora en las discusiones es el de la “debilidad” del régimen. Uno de los argumentos hace alusión a que el gobierno ya “no tiene recursos”, como los que tuvo años atrás −cosa que, por lo demás, es cierta− debido al despilfarro, la destrucción de la economía, la corrupción y −desde luego− las sanciones internacionales.

Pero, también me pregunto, ¿Quién ha dicho que este gobierno se sustenta en “recursos”? Esa fase del populismo que necesitaba recursos para repartir dádivas y ganar procesos electorales que lo “legitimaran” ya quedó atrás. Ahora al régimen le basta con la fuerza y la represión que ejercen aquellos para quienes los recursos que existen sí son suficientes: los jerarcas del régimen, sus aliados internacionales y quienes los mantienen en el poder −fundamentalmente militares− que no están tratando de resolver los problemas del país, pues ese no es su objetivo, para lo que sí se necesitarían recursos. Además, el régimen tampoco sufre por la falta de recursos, pues tienen suficientes para ellos: no sufren por la falta de gasolina o diésel, no tienen escasez de gas o de alimentos, seguramente están vacunados contra el coronavirus −y seguramente también, con dos dosis− de manera que la pandemia les afecta menos; ¿Cuál es entonces la debilidad del régimen?

Por supuesto que quieren mejorar su imagen internacional y lograr que les levanten las sanciones −que les permitiría acceso a mayores riquezas que continuar expoliando− y por ello se avienen a “negociar” y hacen algunas “concesiones” que desde luego no comprometen ni ponen en riesgo su poder. Creo que ese tema de la “debilidad” del régimen no debe ser una conclusión axiomática y, sobre todo, no la debemos confundir con nuestros deseos, o lo que es más grave, con nuestra propia debilidad.

Comunas y ciudades comunales

Pero lo que menos me cuadra es eso de que al régimen y a quienes lo sostienen no les preocupa el resultado electoral o que, por ejemplo, están eliminando la figura de los “protectores” porque su “plan B” es la ley de las comunas, que acabará con gobernadores, alcaldes y municipios.

No hay ninguna duda acerca del carácter inconstitucional de todo lo que gira en torno a las comunas, poder comunal o ciudades comunales. No pongo en duda los exhaustivos, prolijos, profundos y bien fundados análisis que han hecho muchas personas, connotados juristas y analistas políticos. Mucho menos desestimo la pertinencia y adecuada argumentación esgrimida para alertar al país de este nuevo despropósito de inspiración totalitaria. Solamente digo que debemos dar a este tema, como a los anteriores, un segundo pensamiento, “fuera de la caja”, como dicen los anglosajones, para evitar que con un análisis ligero, una vez más, nos dejemos llevar por una falsa interpretación, enfatizada en algunos casos por un anticomunismo enfermizo, que nos haga ver fantasmas detrás de cada árbol y nos impida ver el bosque.

Estamos enfrentando un gobierno que ha hecho todo tipo de esfuerzos por debilitar la democracia; acabó con la descentralización y creó, precisamente, la figura de los “protectores” (aunque ahora, cumplido su propósito, los elimine… pero ojo, que en cualquier momento, máxime controlando todos los poderes del Estado, los puede volver a poner, con ese, u otro nombre), para quitarle poder y recursos a los gobernadores y alcaldes en los lugares en los que perdió las elecciones; y lo hizo porque consideraba que esos gobernadores y alcaldes atentaban contra el poder omnímodo que el régimen quiere mantener a toda costa.

Por otra parte, la FFAA −que es el “poder” real que tiene por detrás el régimen− es jerárquica, militar, autoritaria, para nada democrática y es la que sostiene a un gobierno que se ha esforzado en centralizar y controlar, hasta el punto de nombrar autoridades políticas, judiciales, electorales y académicas a dedo, o en todos aquellos lugares y procesos en los que no logra ganar o hacer trampa.

Ante esos dos elementos surge mi duda: ese régimen, sostenido por una fuerza militar que se ha aprovechado del poder, ¿va a tolerar que se cree una estructura −como las ciudades comunales− que le pudiera a la larga minar o competir por su poder? ¿Va a transferir recursos y competencias, a unas autoridades que −aunque no electas por el voto universal, libre y secreto, sino designadas verticalmente−, se pueden terminar convirtiendo en unos reyezuelos locales, que serán difíciles de controlar en el tiempo?

Dicho de otra manera, un régimen que con Hugo Chávez Frías intentó tomar el poder por las armas en 1992, que lo “conquistó” luego a base de engaños en 1998 y lo mantuvo con trampas y repartiendo recursos a troche y moche, abusando del poder, persiguiendo y encarcelando a sus enemigos, acabando con la expresión de la democracia −los partidos políticos−, acosando a la sociedad civil, etc. … que designó después un heredero, y ese “heredero”, después de 21 años en total de régimen autoritario, ¿va a acabar con ese proyecto de centralización del poder, creando una estructura de caciques o tiranuelos locales, difícil de manejar, con la que a la larga él también perderá el poder de designar a dedo autoridades regionales y locales? Me parece que eso va contra toda la lógica totalitaria del régimen.

Por último, desde 2006 el régimen está tratando de reacomodar el territorio y los esquemas de poder; para ello creó consejos comunales, habiendo fracasado en modificar la constitución en 2007, decretó entonces una ley en el año 2010; creó zonas de paz en el año 2013, etc. y en estos días −de manera brutal, especialmente para los que viven en el oeste de Caracas, pero antes en el interior del país− estamos viendo en lo que han acabado esos “experimentos”. El Koki, el Vampi, el Conejo, el Garbis, el Willeisy y todos los demás, están acabando con el “sueño” del poder comunal y las comunas del régimen. Si los diputados de su dócil Asamblea Nacional, espuriamente electa en 2020, tienen dos dedos de frente, creo que se cuidarán muy bien de continuar ese experimento de crear estructuras que una vez “empoderadas” pueden resultar en una tragedia incontrolable de violencia como la que estamos viviendo en estos días.

Es probable que me equivoque con estos temas −lo de “ganar tiempo”, el de la supuesta debilidad del régimen y el de su “estrategia” con las comunas o ciudades comunales−, pero invito a todos a que le demos un segundo pensamiento, a que por lo menos sean tema de conversación y no una suerte de dogma o anti anatema. No proyectemos en el régimen lo que podrían ser algunas de nuestras fallas y redoblemos el esfuerzo de presentar una opción que unifique al país.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 8 min


Carlos Raúl Hernández

Lo imagino carcajeándose al enterarse que en cierto país del Nuevo Mundo descubierto por su paisano Cristóbal Colón, un grupo opositor con 70% de apoyo, el gobierno abrumado por 80% de rechazo popular y la hostilidad de “casi 60 países”, decidió que “no había condiciones para votar”. Murió hace veinte días y 494 años (junio 21, 1427 y le debíamos un comentario). Hay por decenas corrientes de amantes y odiantes de Nicolás Maquiavelo. Hegel lo consagró como “uno de los mayores talentos y corajes de la historia” y para Bertrand Russell, El Príncipe era “un manual de pandilleros”. En la literatura victoriana incluido Shakespeare, aparecen más de 400 juicios terribles sobre su “maldad”. Aquél funcionario honorable, trabajador, después de dirigir por 15 años la defensa, relaciones interiores y exteriores de su país, preso y torturado por el gobierno, cortó y vendió leña para vivir exilado y muere de peritonitis en la pobreza en brazos de su mujer, sus siete hijos y sus amigos. Años después de morir se publicaron sus dos obras principales.
El crimen fue describir cómo funciona exactamente el poder autoritario y sacar el debate de la falsificación propagandística. Pese a que lo declaran fundador de la ciencia política, no creo que sea una obra científica, porque los métodos de investigación y exposición de la ciencia inductivo experimental, surgirán en el siglo siguiente con Galilei, pero es empírico, no metafísico y basado en la observación. Habían pasado mil años de horrorosos desafueros de gobernantes laicos y eclesiásticos, retratados a la perfección, paradójicamente por Shakespeare y otros gigantes de la literatura. Aunque está a años luz de promover la inmoralidad, El Príncipe desnuda lo mismo que Macbeth y Ricardo III, que la moralidad del poder es otra distinta a la doméstica, y desató una reacción en cadena.

El advenimiento de la democracia limita la arbitrariedad de quienes mandan porque los somete a la Constitución y con frecuencia terminan en desgracia por violentarla, pero, aunque disminuida, la iniquidad permanece. Stalin, Mao, Castro, Hitler, Videla, Somoza, Franco, demuestran que ayer como hoy se cumple el axioma de Ashley: “el poder corrompe: el poder absoluto corrompe absolutamente”. La absolución de Maquiavelo, aunque Ud. no lo crea, se la dan grandes pensadores eclesiásticos, comenzando por los padres del liberalismo, que no son ingleses ni franceses de la Ilustración, sino curas dominicos y jesuitas de la Escuela de Salamanca en los siglos XVI y XVII. Maquiavelo niega que, en un mundo perverso, los mandatarios deban decir la verdad, ser bondadosos, justos, cristianos, respetuosos de la palabra dada y amados por sus pueblos.
La virtú en política no tiene que ver con la virtud de los griegos. Es la razón de Estado: el arte de conquistar el poder y no dejarse derrocar. Los teólogos jesuitas españoles comprenden el planteamiento y con rodeos terminan por aceptarlo, se maquiavelizan. El primero de ellos en analizarlo, Pedro de Rivadeneira, lo rechaza, pero comienza la evolución. En 1595 publica El príncipe cristiano, y su reacción es convencional: la razón de Estado hace del mandatario, que debe ser moralmente superior, un tirano, un criminal, un mentiroso y no puede ser cristiano. Luego Francisco Suárez da un gran viraje en De las leyes y el Dios legislador.
Dice que Maquiavelo creó una teoría del poder y una nueva moral política, pero que no puede articular las dos repúblicas: temporal y no temporal, la razón de Estado con los valores cristianos, y esa es la tarea. El príncipe debe garantizar el poder porque lo desempeña para proteger la comunidad que lo legitima. Pero Suárez flexibiliza el uso de la verdad: “hay que pasar del Dios engañoso del absolutismo, al Dios indescifrable… El Príncipe debe serlo… y hablar en claves cuando sea necesario”. Juan de Mariana avanza aún más en la maquiavelización jesuita. La justicia y la política nacen de dos reflexiones que no se cruzan. ¿Qué hacer cuando el poder está en juego y con él, el bien común? No hay que mentir, pero si ocultar, disimular, no se puede decir la verdad.
Baltazar Gracián fue confesor de un Virrey y vivió en la corte, no un diletante. Afirma que el hombre tiene que ser misterioso en la política porque Dios lo es: “sin mentir… no decir toda la verdad… hay que saber jugar con la verdad … no todas las verdades se pueden decir porque unas me afectan a mí (el Príncipe) y otras a los demás (la comunidad)”. En El Héroe y en El Criticón sostiene, como Maquiavelo, que “las cosas no pasan por lo que son sino por lo que parecen” y “la plebe carece del arte y no puede descifrar”. Gracián recomienda “hacer uso próximo de la mentira para llevar al pueblo por el buen camino” y defiende de las puyas de Maquiavelo a “Fernando de Aragón por ser el oráculo mayor de la razón de Estado”. Con la aceptación de la razón de Estado, el círculo de la vindicación maquiavélica por los jesuitas se cierra. Diego de Saavedra Fajardo escribe que “las palabras indiferentes y equívocas imitan al gran Creador. Quien no sabe disimular no sabe reinar... Decir la verdad sería de peligrosa sencillez”.

@CarlosRaulHer

 4 min


BBC Mundo

"Aquellos que no pueden cambiar de opinión no pueden cambiar nada", dijo el dramaturgo, crítico y polemista irlandés George Bernard Shaw.

Y el cambio no solamente es indispensable sino también inevitable, pues la vida no es estática ni inmutable, sino más bien fluida.

Por eso, conviene tener una mente elástica, o lo que los expertos llaman flexibilidad cognitiva, esa capacidad de adaptar nuestros comportamientos pensamientos y sentimientos de acuerdo con las circunstancias.

Pocas veces hemos requerido de ella de una manera tan dramática y urgente como el período que estamos viviendo desde principios de 2020; ante la pandemia mundial, los gobiernos, las instituciones, las empresas y la gente se vieron forzados a hacer las adaptaciones necesarias y creativas para enfrentar una situación incierta y en rápida evolución.

Las respuestas a la pandemia, desde la negación y el mantenimiento del status quo hasta la acción rápida y decisiva para reducir la propagación del virus, proporcionaron un ejemplo vivo de la razón por la cual esta la elasticidad mental es vital.

Pero desde mucho antes de la aparición de covid en nuestras vidas, su importancia era ampliamente reconocida: varias investigaciones sobre el desarrollo y la vida útil muestran que la flexibilidad promueve el rendimiento académico, el éxito laboral, la transición exitosa a la edad adulta y hasta en la vejez puede mitigar los efectos del deterioro cognitivo.

Una prueba

Todo indica entonces que vale la pena tener una mente elástica. Pero, ¿cómo sabes si la tienes?

"Cuando tu cerebro no puede predecir algo, o cuando tienes que asimilar nueva información que no predijiste, tu cerebro puede actualizarse -eso es lo que llamamos aprendizaje- o puede ignorar los datos de los sentidos y simplemente insistir con su propia predicción", le explicó a BBC Ideas la neurocientífica y psicóloga Lisa Feldman Barrett.

"Hay una demostración muy conocida de flexibilidad llamada la prueba de Stroop", señaló el psicólogo Volker Patent.

En ella, te muestran los nombres de los colores escritos con tintas que no coordinan...

Palabras de colores

...y tienes que apretar los botones de colores que correspondan lo que te dice la palabra, no su apariencia.

"La idea detrás de eso es que para poder hacerlo tienes que cambiar diferentes piezas de información en tu mente. En términos simples, lo que sucede es que cuando escaneas el color de la palabra, los procesos automáticos de lectura de la palabra interfieren con la capacidad para indicar el color en voz alta. Cuanto más difícil le resulte a una persona, generalmente menos flexible cognitivamente es".

Ser psicológicamente flexible te permite utilizar de la manera más óptima los recursos que tienes disponibles para lidiar con el estrés, por ejemplo.

Quienes sufren de inflexibilidad psicológica tienden a usar una gama muy estrecha de sus recursos para poder adaptarse, explica Patent.

"La idea en la flexibilidad psicológica es sacar a las personas de un estado de lo que los psicólogos llaman languidecer, a uno en el que puedan lograr más de su potencial.

"Lo que impide que cambien sus vidas de un estado de baja satisfacción a uno de mayor satisfacción a menudo tiene que ver con la inflexibilidad en la forma en que abordan el problema que enfrentan".

Para la doctora Feldman Barrett, hay una lección muy profunda.

"Puedes tomar más control sobre tu entorno. No eres sólo un receptor pasivo de lo que el mundo te da".

A la una, a las dos y a las...

La idea es ser proactivo: dedicar el tiempo a cultivar experiencias y buscar nueva información. "Son oportunidades para exponerse a errores de predicción para que tu cerebro pueda resolver problemas de manera más flexible en el futuro".

"Exponerte a cosas que no conoces, y tal vez incluso ideas que no te gustan, puede hacerte sentir mal en el momento, pero resulta ser una muy buena inversión para tu bienestar", asegura la experta.

Y, si no sabes por dónde empezar, no te preocupes: he aquí unos ejercicios cortesía del físico Leonard Mlodinow, autor de "Elástico: pensamiento flexible en un mundo en constante cambio" (Elastic: Flexible Thinking in a Constantly Changing World).

1. Elige una idea en la que no crees

Yo llamo a esto 'la idea del día'.

No me refiero a ir pretender. Me refiero a sinceramente tratar de imaginar cómo alguien que piensa de manera diferente a ti, pero alguien que respetas, podría aceptar esta idea y tratar de convencerte de ello.

2. Reflexiona sobre tus errores

Cuando nos equivocamos a menudo tratamos de olvidarlo.

Pues en este ejercicio vas a pensar en cuando te equivocaste. Recuerda una época en la que estabas equivocado -entre más equivocado más importante era, mejor- y concéntrate en ella.

Date cuenta de que no siempre tienes razón.

Una de las barreras para el pensamiento elástico es nuestra tendencia a pensar siempre que estamos en lo correcto y a seguir avanzando en la misma dirección.

Este ejercicio te ayudará a liberarte de eso.

3. Prueba comidas nuevas

Este es divertido.

Elije un restaurante al azar o uno al que normalmente no irías y pide algo que normalmente no pedirías.

Asegúrate de que no es el plato más popular, más bien, el menos popular.

O compra ingredientes que no has probado, aprende a cocinarlos y pruébalos.

Los estudios indican que si te estiras de una manera tan simple como ésta aumenta tu creatividad e imaginación.

4. Habla con extraños

Tus padres te enseñaron "No hables con extraños".

Pues tu cuarto ejercicio es desobedecerlos.

De hecho, habla con personas lo más diferentes posible de ti, personas que creen de una manera distinta, o simplemente personas al azar y trata de entender cómo piensan.

Y cuanto más estés expuesto a la forma en que otras personas piensan, más amplio será tu propio pensamiento.

5. Ve arte

No me refiero a un Rembrandt, me refiero al arte que es diferente, incluso si no te gusta.

Mira una exposición que te exponga a un arte diferente del tipo que normalmente ves (lo puedes hacer online). Eso te ayudará a pensar de otra manera.

La investigación muestra que si haces ejercicios como estos cinco, tu mente será más elástica, te será más fácil adaptarte al cambio y hasta podrías ser tú quien lo cambie todo, señala Mlodinow.

* Este artículo fue adaptado de los videos de BBC Ideas "Five ways to be more elastic in your thinking" y "The benefits of flexible thinking".

10 de julio 2021

https://www.bbc.com/mundo/noticias-57559533

 5 min


DW

El ministro alemán de Finanzas, Olaf Scholz, anunció este sábado (10.07.2021) que el G20 ha llegado a un acuerdo para respaldar el mecanismo de fiscalidad para multinacionales consensuado el 1 de julio por la mayoría de países que forman parte del llamado marco inclusivo de la OCDE.

"Los países del G20 se han puesto aquí de acuerdo en que quieren abordar un nuevo orden tributario internacional", dijo Scholz en declaraciones a los medios acreditados en Venecia, donde se desarrolla la reunión. Este calificó de "gran momento histórico" el acuerdo en el marco del G20 y dijo que cuando se alcanzó el consenso "se rompió en un aplauso" en la sala, porque "todo el mundo entendía que algo grande estaba pasando".

Los ministros de Finanzas y gobernadores de los bancos centrales del G20 se han reunido durante dos días en Venecia y han llegado a un acuerdo político para secundar este sistema, que tratará de evitar que las multinacionales evadan impuestos o desvíen sus beneficios a paraísos fiscales.

Este sistema se basa en dos pilares, el modo de asignar un porcentaje de los beneficios de las empresas, en particular de las digitales, a ciertas jurisdicciones para que paguen impuestos donde operan aunque no tengan presencia física; y en la aplicación de un tipo mínimo del impuesto de sociedades de, al menos, el 15% a las empresas con una facturación como poco de 750 millones de euros.

Los ministros, según afirmaron fuentes de la negociación a AFP, acordaron también lanzar un llamamiento a los países recalcitrantes, debido a que la declaración ha sido firmada hasta el momento por 131 de los 139 miembros del grupo de trabajo de la OCDE que agrupa a países avanzados y emergentes. "Estoy absolutamente seguro de que habrá un acuerdo en octubre", afirmó el ministro alemán al ser preguntado por estos países recalcitrantes, convencido del poder de arrastre que tiene el G20, que representa "el 90% del (producto interior bruto) PIB global.

10 de julio 2021

DW

https://www.dw.com/es/el-g20-aprueba-el-impuesto-global-a-las-multinacio...

 1 min


Carlos Machado Allison

En 1955, hace 66 años, tuve mi primer contacto con el mundo universitario. De hecho, un poco antes, ya que mis textos de zoología y botánica de bachillerato habían sido redactados por profesores universitarios, porque en el sistema mexicano, los dos últimos años de la educación secundaria dependían de la UNAM y no del ministerio. Así que el tránsito de un sistema a otro no fue traumático y sin duda emocionante tener como profesores a los autores de los libros. Al caer Pérez Jiménez regresamos a Venezuela y aunque no pude ingresar a la UCV por las diferencias en los planes de estudio, fui testigo de esas semanas de emoción donde se mezclaban los aires de libertad con la apertura de las universidades y el desarrollo de nuevas facultades, escuelas y carreras. Poco después, al graduarme me incorporé a la recién creada Facultad de Ciencias de la UCV y sin duda el Rector Francisco De Venanzi se sumó a mis héroes académicos.

Las décadas de 1960 y 1970 fueron de pasión y crecimiento, se fueron llenando las universidades de jóvenes entusiastas que soñaban, profesores y estudiantes, en un nuevo, democrático y próspero país. Pero no todo era positivo, ya que desde el primer día de libertad, los partidos políticos se plantearon controlar las universidades y tan pronto llegó el momento de elegir rectores, decanos o representantes estudiantiles, las garras del clientelismo comenzaron a desgarrar los valores académicos.

Como crecía la matrícula y era necesario contratar nuevos profesores, cada partido pujaba por colocar a “su gente” en posiciones académicas o administrativas. ¿Falta de madurez? ¿Bastardas ansias de poder? ¿La ideología por encima de los valores académicos? Quizás estas cosas y otras más como la conformación de liderazgos, muchos de ellos basados en un prestigio bien ganado, pero con frecuencia rodeados por quienes tenían menos méritos y estaban muy necesitados de protección.

Nada nuevo ni especial, ese “arrimarse” a un líder con talento, eso ocurre aquí y en otras latitudes, la diferencia estriba en que esa tendencia encuentra barreras institucionales infranqueables en las mejores universidades. Estas poseen mecanismos que separan la dedicación y el talento, que castigan el nepotismo y la segregación, donde además dominan códigos de ética que bloquean los compadrazgos y premian la calidad. Sin duda, donde están las mejores universidades, son países cuyos líderes políticos entienden que las universidades no deben ser parte de su calistenia electoral y además, que el sistema educativo no puede ser un feudo de tal o cual ideología. Cuando esa perversidad ocurre la historia nos cuenta como ha sido el triste destino de esos países y de sus malvados líderes.

Así nuestras universidades crecieron, la proporción de docentes con títulos doctorales obtenidos gracias a una saludable política de becas determinó la conformación de un sistema de investigación y desarrollo tecnológico, así como un espacio y clima que permitió la formación de excelentes profesionales, a pesar de que la institución universitaria cargaba plomo en las alas. Así, a lo largo de varias décadas tuvimos buenos y malos rectores, decanos, estudiantes, administrativos y obreros. Nos fuimos pareciendo al resto del país, aunque con frecuencia la libertad de las universidades se enfrentó al status del momento y no faltaron los conflictos, así como algunas intervenciones.

El modelo de la ilusión, bastante romántico, de 1958, se fue erosionando y la maldad, no encuentro mejor término, fue ganando espacios y en la misma medida se fueron castrando iniciativas y deseables reformas. Un día el populismo ganó suficientes aliados como para decretar la homologación de sueldos de los profesores a pesar de que existían diferencias que en otros sitios se resolvían mediante contratos individuales. Dos décadas atrás descubrimos que en el seno de las universidades, la libertad académica y la falta de evaluaciones adecuadas, había tenido un componente teratológico. Así, de su propio seno, surgieron sombras malvadas que pasaron a ocupar cargos importantes en los ministerios y desde allí, por diseño, como explícita política de Estado, y no por incompetencia, decidieron destruir a su Alma Mater. Algunos se arrepintieron, otros persisten en sus prédicas y ansias de poder, la mayoría guardó un silencio conformista.

Hoy pretenden abrir la última página del diseño, allí está plasmada una nueva Ley y un contrato colectivo donde en cada línea se observa la intención de liquidar a las casas que vencen las sombras. ¿Parece estúpido, no es cierto? Pero es que el autoritarismo no tolera la disidencia ni la libertad y menos que voces sustentadas en el conocimiento y no en las ideologías, les digan que sus planes económicos han sido un desastre, que han arruinado al país, que los servicios no sirven, que el sistema de salud colapsó y que nuestros jóvenes tienen hambre y serán víctimas de la ignorancia. Manipular al pobre y al ignorante es más fácil.

 3 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

Hay asuntos que no debemos dejar bajo la mesa. Hay que ponerlos encima, reiterarlos hasta el fastidio y no dejar que se escondan tras la epopeya oficial, particularmente desbordada en estos días de celebraciones patrias, a través de la que se nos quiere emperifollar el entorno dentro del que transcurre la vida venezolana, anunciando, por ejemplo, una nueva política financiera y anti inflacionaria que se limita a quitarle varios ceros al bolívar o una transformación a fondo del sistema judicial, después convertir al Estado de Derecho en casi una ficción.

Una gotita de amor

Como lo resaltan dos artículos recientes, uno de Pablo Liendo y otro de Vladimiro Mujica, la desnutrición en el desarrollo del niño, desde que es concebido hasta que cumple tres años de edad, ponen en grave riesgo su salud, ocasionando, sobre todo, profundas e irreversibles consecuencias en su cerebro.

En este sentido, algunos estudios que consulté reportan que alrededor del 40 por ciento de nuestros niños entre 0 y 2 años, se encuentran desnutridos y que poco más del 70 por ciento de los menores de 5 años se consideran muy mal alimentados. Estamos hablando, así pues, de una gran cantidad de venezolanos que inician su vida con limitaciones que difícilmente podrán superar y que estarán pagando a lo largo de los años una factura que les dejó la sociedad, sin saber si alguna vez tendrán la oportunidad de cancelar.

Por otro lado, algunas investigaciones revelan que, encima de la insuficiencia alimentaria las condiciones dentro de las que se desenvuelve la educación venezolana, tanto en lo que respecta a la primaria como al bachillerato, son deplorables: niveles bajos en la asistencia de alumnos, notable déficit de maestros, programas inadecuados y paremos de contar. Se trata de factores que vienen de atrás, - lógicamente agravados con la pandemia -, cuyas secuelas no son difíciles de imaginar, sobre todo en los sectores más vulnerables de la población, acentuando notoriamente la desigualdad social.

En este contexto, y sin que tengamos muy clara la situación del país en cuanto al coronavirus (estamos desinformados por tanta información, no sólo en Venezuela, desde luego), el gobierno ha asomado la oportunidad de un cercano regreso a las clases presenciales y ha tomado la decisión de relanzar el programa Una Gotita de Amor para mi Escuela, a fin de mejorar, a través de voluntarios, las instalaciones de primaria y secundaria, como si ese fuera el problema central de nuestro sistema educativo y no existieran los que resumidamente cité en el párrafo anterior, conjuntamente con los que añadiré haré al final del artículo

Incendio en la UCV

En medio del propósito que persiguen estas líneas, resulta imposible no hacer referencia al incendio que hace pocos días se generó en la Escuela de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela, parte de un rosario largo de actos violentos contra varias universidades autónomas, sin que hasta ahora se sepa, ni en este reciente episodio, ni en los demás, por qué ocurrieron y quienes son responsables. Estos hechos representan un ingrediente adicional en la configuración de un contexto caracterizado por presupuestos a niveles casi risibles, la migración de profesores e investigadores, la disminución del número de alumnos, los sueldos miserables del personal docente y administrativo, etcétera. No debe extrañar, entonces, que ahora sean instituciones que funcionan apenas a media máquina.

Mientras tanto, el gobierno busca conformar un sistema universitario paralelo, cimentado en una ideología que resulta cada vez más enredada y en el hasta ahora casi indescifrable objetivo de “contribuir al desarrollo nacional”.

Por si lo anterior no fuera bastante, se encuentra circulando un proyecto que plantea un modelo de contratación colectiva para las universidades autónomas que, entre otros aspectos, implica que 7 de cada 10 profesores e investigadores serán seleccionados por un sindicato afín al oficialismo, cobrando cuerpo lo que vendría a ser una suerte de “gestión socialista universitaria”.

Callejón sin salida

Es ya casi un lugar común indicar que la crisis política es la que ha parido las dificultades que sufre el país en todos sus espacios y, si bien es cierto que su resolución empieza a despejar el horizonte a fin de que las distintas crisis se vayan solventando, cada una a su modo, cada una a su ritmo. no es pesimista quien alerte que la tarea se llevara su tiempo, que no es cosa sencilla en ninguno de los espacio.

En el diagnóstico de la situación nacional, suele ponerse la lupa en la recuperación económica, lo que por supuesto resulta fundamental. Pero creo que en el análisis se miran desde más lejos las dificultades existentes en otros terrenos, por ejemplo, el de la educación, tema que resulta clave en este mundo en el que todo pareciera redibujarse. Un mundo marcado por la complejidad, la incertidumbre y la velocidad, nacidas de infinidad de interacciones y relaciones causales, que repercuten en nuestra forma de interpretar la realidad, en la base de los sistemas productivos, en la estructura política enmarcada dentro de la globalización y la interconexión, además, obviamente, de tener efecto en el esqueleto organizativo de las sociedades. Un mundo que llama a la unidad del conocimiento humano, la formación interdisciplinar y las sinergias necesarias entre ciencia, tecnología y ciencias sociales y humanas. Un mundo que, conforme a quienes se han ocupado de examinarlo, ya deja ver un punto de ruptura, esto es, el inicio de un nuevo período de la historia que envuelve la resignificación del ser humano, tema que ya es parte relevante del debate intelectual contemporáneo. Un mundo, en síntesis, que va dejando huella a partir de cambios profundos y acelerados que, como señalaría el poeta Mario Benedetti, nos modifican las preguntas, cuando creíamos saber todas las respuestas.

Pareciera evidente, entonces, la necesidad de pensar una transformación radical de nuestro sistema educativo en todos sus niveles, dotándolo de nuevos propósitos, de nuevos esquemas institucionales y de nuevos mecanismos de funcionamiento. Como pareciera obvio, también, anotar que en dicha transformación se juega el porvenir de muchos venezolanos, hoy en día niños y jóvenes, cuya vida actual pudiera ser la metáfora de un callejón sin salida. En suma, luce absolutamente claro que medidas rimbombantes como el Programa de una Gotita de Amor para la Escuela, no le hacen mella a una realidad tan desfavorable, cuya complejidad va más allá de la remodelación de las edificaciones y remiten, subrayo, a la formulación de políticas públicas sustancialmente diferentes a las vigentes, concebidas en función de despejar el futuro de las nuevas generaciones de nuestro país.

El Nacional, miércoles 6 de julio de 2021

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