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Opinión

Ismael Pérez Vigil

A la memoria de Miguel Rodríguez Mendoza (1948-2021) gran venezolano, mejor amigo

La discusión acerca de participar o no en las próximas elecciones de gobernadores es un tema político aún en discusión. Para reflexionar al respecto me voy a valer de un tuit y su respectivo “hilo”, publicado en días pasados por Jesús Seguías, analista político y presidente de Datincorp, empresa de estudios y diagnósticos organizacionales.

Se trata de uno de sus acostumbrados tuits o artículos en el cual analiza algunos de los aspectos políticos del país. No hay nada nuevo o distinto en los planteamientos de este asesor en esta última entrega, en el sentido de que él ha sido siempre uno de los grandes defensores de la vía electoral −o detractores de la abstención, que es lo mismo− y así lo reafirma ahora.

Los tuits y artículos de Seguías, polémicos, son usualmente bien fundamentados, con argumentos, que suelen ser muy buenos y contundentes y con los cuales coincido, excepto cuando denigra y le carga la mano a la oposición, a los políticos y a los partidos; pero, en éste que hoy comento, hay que reconocer que no lo hace. (Quizás es porque quedó escaldado por su discusión reciente con la también periodista y analista Elizabeth Fuentes).

Veamos ahora punto por punto los argumentos de este analista:

· Es cierto, el fraude contra Andrés Velásquez es uno de los fraudes electorales comprobados en Venezuela; en las elecciones de gobernador de 2017, en el Estado Bolívar, se desconoció el resultado de la votación electrónica o de las máquinas y se “inventó” un conteo y actas manuales con las que se le arrebató el triunfo a Velásquez.

Pero no comparto tanto eso de que a Andrés Velásquez “lo dejaron solo en sus reclamos”; no creo que haya sido así y recuerdo el apoyo de varios partidos e incluso algunos dirigentes, que sin creer o haber participado en el proceso electoral, se desplazaron al estado Bolívar para apoyarlo. Más bien creo que Andrés Velásquez no fue lo suficientemente enfático y contundente en su reclamo, que era en su región, en su bastión político, donde él tenía más fuerza. A lo mejor fue por eso que dice Seguías que la diferencia entre los candidatos era menor de 5 puntos y por eso Velásquez desistió. No lo sé. Pero no creo que haya sido por falta de apoyo de la oposición.

· Totalmente de acuerdo con que la no juramentación de Juan Pablo Guanipa en el Zulia ese mismo año fue un error político; Guanipa ganó, como dice Seguías, en el estado “de mayor relevancia estratégica del país” y luego él, Guanipa, con su partido, Primero Justicia (PJ), tomaron una decisión política, para la que tenían sus razones, pero dejaron en la estacada a la gente que había votado por ellos; la gente votó para que Guanipa fuera gobernador, no para que mantuviera posiciones de principios, que para la gente suelen ser abstractas; de ese error, por cierto, a PJ y Guanipa en el Zulia les costará recobrarse.

· Sabemos que no basta ganar en las elecciones, que también es necesario defender el voto y además lograr que el voto sea “eficaz”, es decir que las personas que se elijan ocupen los cargos para los que fueron electos. Comparto lo que dice Seguías que por los momentos es imposible “hacer un buen gobierno” por lo que lo importante “no es tanto el poder que se gana sino el poder que se le arrebata al adversario”. Pero, no creo que eso sea lo que entiende la gente que vota por un candidato; a la gente no le basta con lo de “la recuperación de espacios”, eso es para los políticos; la gente podría estar dispuesta a apoyar y defender el voto, sí le dicen cómo −y si es factible hacerlo− pero, para que el candidato que elija ejerza su cargo y resuelva los problemas que lo afectan. Si eso no va a ser así, hay que explicarlo políticamente, con antelación y durante el proceso electoral, algo que no ocurre. La figura del “protector” es un fraude más, contra el que hay que luchar políticamente.

· También estoy de acuerdo con lo que dice Seguías que “… el CNE ha reconocido todos los resultados donde la oposición ha ganado”; es cierto, pero hay que matizar esa afirmación. El CNE y el gobierno reconocen los resultados electorales, pero ya sabemos que el triunfo se desconoce de muchas maneras: se nombran “protectores”, se le arrebatan funciones, se le niega recursos presupuestarios, y un sinfín más de artimañas del régimen para desconocer el voto popular cuando no los favorece. Y esos son temas que nunca están claramente definidos en la agenda de lucha política; los partidos y las organizaciones de la sociedad civil involucradas en los temas políticos, nos limitamos a lo electoral.

Lo que no comparto en este punto es la afirmación de Seguías con respecto a que a Capriles se le hizo fraude en 2013. En ese proceso se hicieron muchas trampas −fraudes− de varios tipos, pero no creo que se haya alterado el resultado de la votación, aun cuando la diferencia fue muy estrecha; al menos, eso nadie lo ha podido probar. Lo de ese fraude creo que es una fantasía, en la que el propio Capriles al final también cayó y ahora anda diciendo que no reclamó ese resultado como una actitud responsable para evitar un baño de sangre; me parece que eso es alentar un mito: Capriles alentando un mito que lo favorece y otros alientan ese mito porque favorece su posición abstencionista o concuerda con su posición anti partidos y anti líderes opositores.

· En las elecciones de 2017 el CNE hizo también todos los fraudes a los que nos tiene acostumbrados −que no voy a repetir una vez más− pero ciertamente la oposición no perdió por eso; se perdió, como dice Seguías, por los errores cometidos, porque el exceso de confianza hizo que la oposición bajara la guardia y porque la gente se abstuvo masivamente. La abstención creo que fue la causa principal de que perdiéramos una cantidad considerable de gobernaciones que se hubieran podido ganar. ¿Por qué se abstuvo la gente?, ese es otro problema; ¿Fue por los errores? ¿Por la falta de unidad en algunas regiones? ¿Por la decepción de la “fracasada insurrección”, como la denomina Seguías en su tuit? ¿Por la decepción porque no se hiciera nada con los contundentes resultados de la consulta popular del 2017? ¿Por una mezcla de todos esos factores?, esto último es lo más probable; lo cierto es que la abstención fue muy alta.

· Por supuesto comparto la afirmación final de Seguías de que la “imperfecta ruta electoral” es la vía y cualquier otra es “realismo mágico” y abstenerse no es una opción útil, mucho menos si es una abstención pasiva como las que hemos tenido. Tras el fracaso o la abstención en las elecciones regionales de 2017, se llamó a la abstención en las elecciones municipales de diciembre de 2017, en las presidenciales de 2018 y en las de Asamblea Nacional en 2020; y por los vientos que soplan, tras los últimos documentos, el de los 40 partidos y el de la Asamblea Nacional 2015, posiblemente se llamará a la abstención en las regionales de 2021.

Recuperar ahora la confianza en el voto y en la vía electoral resulta una tarea ciclópea, que como dice un amigo: “por ciclópea que sea, habrá que insistir”.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 5 min


Abel Sierra Madero

Leonardo Padura es uno de los escritores cubanos contemporáneos más difundidos en el mundo editorial hispanoamericano. A principios de la década de 1990 le dio vida a Mario Conde, un personaje policial que le ha servido para contar, a través de sus novelas, una parte de la Cuba posrevolucionaria. En 2011, escribió un ensayo en el que confesó que a veces le gustaría ser Paul Auster para poder hablar más de literatura y no tanto de política en las entrevistas que concede a la prensa internacional[1].. En agosto de ese año, Padura me recibió en su casa en Mantilla, el barrio habanero donde vive y firma todos sus libros.

Conversamos por dos horas, hablamos de la literatura de la Revolución, de la relación de los artistas y escritores con el poder y el Estado, también de la viabilidad del socialismo y de las reformas que entonces emprendía en la Isla el general/presidente Raúl Castro. De ese intercambio salió esta extensa entrevista que hoy comparto con los lectores de “Fiebre de Archivo”.

A mí me gustaría comenzar la conversación preguntándote acerca del papel de la literatura cubana de inicios de la Revolución, en el proyecto de construcción del “hombre nuevo” y del socialismo en general. Podemos partir de ahí…

Ese es un tema muy complicado, porque tiene muchas aristas y muchas respuestas posibles. Creo que la literatura que se produjo en Cuba en los años sesenta —pienso ahora, así rápidamente, en Guillermo Cabrera Infante, Calvert Casey, Lisandro Otero, el propio Lezama, en Carpentier con El siglo de las luces…— es una literatura que, en la mayoría de los casos, fue pensada en los años 50 y publicada en los años 60. O sea, que las condiciones de su escritura son diferentes a las condiciones en el momento de su publicación. Eso implica varias cosas que me parecen que son importantes. La propaganda política ha tratado de establecer como una verdad absoluta que en Cuba, antes de 1959, publicar era todo un páramo, cuando en realidad había una serie de movimientos literarios, pictóricos… El caso del cine es especialmente notable. Por veinte o treinta años se escondieron las películas cubanas que se habían hecho antes de 1959, para demostrar que en Cuba no había cine.

Sí creo que a partir del año 65 o 66 empieza a producirse una nueva literatura en Cuba, que es muy evidente el caso de la cuentística, con tres libros de cuentos que un poco caracterizan ese momento: el de Jesús Díaz, el de Norberto [Fuentes] y el del Chino Heras [Eduardo Heras León], donde ya hay una incorporación de la problemática revolucionaria desde una perspectiva de los años 60.

Esta es una literatura que no creo que rompa con la literatura anterior, de alguna manera la continuó. En el caso de Jesús, por ejemplo, evidentemente, era un seguidor de los estilos y las maneras de hacer de Guillermo Cabrera Infante; pero su propuesta literaria tiene una visión filosófica diferente con respecto a la realidad. En esta literatura ya comienza a asomarse ese nuevo hombre o esa persona creada en un contexto diferente, donde la cosa política adquiere un peso que no tenía anteriormente. En todo esto hay que tener en cuenta que, en el año 60, 61, se vivió un proceso en el que todas las producciones materiales y espirituales son intervenidas y regentadas por el Estado.

Hay un fenómeno que creo que siempre hay que tener en cuenta y que yo he manejado bastante en estos días, precisamente por la novela que estoy escribiendo, que es la relación del artista con el mecenas. Con las revoluciones socialistas del siglo XX, esa relación se complica más, porque desaparece el comprador burgués, quien es sustituido por el Estado como único comprador.

Pero muchas veces la propaganda revolucionaria ha tratado de demostrar que el campo que había para los pintores y los escritores cubanos antes de 1959 era muy limitado, y que la Revolución les dio un nuevo mercado y una serie de recursos que antes no tenían…

Y en parte es muy cierto. En el caso de la literatura, por ejemplo, hay un boom en el público lector. De pronto el escritor empieza a tener un reconocimiento público que no había tenido hasta los años 50. En el caso de las artes plásticas es un poco más complicado, porque si bien el Estado compra de distintas maneras la obra de los pintores, desaparece cualquier atisbo de mercado; desaparece, y le queda al pintor una situación incluso anterior a la del Renacimiento, en la que practica el trueque. Conozco pintores que cambiaban un cuadro por una grabadora a un canadiense o a un puertorriqueño que venía a Cuba, porque no tenían manera de comprar una grabadora en las tiendas para técnicos extranjeros, que fueron anteriores a esas shoppings de los años 90. Estoy hablando de los años 70. Me acuerdo, por ejemplo, que Ajubel [Alberto Morales] lo hizo. Entonces este nuevo comprador de arte, en definitiva, igual que hizo la iglesia y la corte, igual que hizo la burguesía, pone sus reglas de juego, porque tiene los medios de producción y de distribución del arte. Además, es el único comprador, y empieza a establecer unas determinadas reglas, y esas reglas se van convirtiendo en una estética.

Hay un punto importante en esta historia, que son las famosas Palabras a los intelectuales de Fidel. Hasta qué punto influyeron o no en la realización del arte que se produjo después. Creo que es algo que valdría la pena estudiar con detenimiento, y no se ha hecho, siempre se ha hablado de qué significaron las Palabras… y no de qué resultados provocaron en la producción artística.

¿Qué piensas al respecto?

Creo que habría que detenerse, porque es un tema muy complicado. Cómo una política de Estado puede influir en la decisión de un artista de crear un determinado tipo de arte. Es más complicado que el acto de la censura, porque el acto de la censura tiene una lectura más directa. Por eso creo que esto merecería un estudio.

A mí lo que me resulta interesante es cómo la máxima “dentro de la Revolución todo” funcionó como una sentencia disciplinaria. Es una especie de pedagogía que le da al artista o al escritor una serie de coordenadas por donde tienen que moverse, y establece los límites…

A ver, porque el problema es que la interpretación que se le dio a la frase de Fidel fue la peor de las interpretaciones posibles. La aplicación práctica de esa sentencia fue la peor de las posibles, y eso fue lo que provocó que una creación de alguna manera necesaria y espontánea, como la de estos tres cuentistas, se convirtiera precisamente en una producción artística que no fue bien vista por algunos que consideraban que eso no era lo que había que crear en aquel momento. Ese Estado todopoderoso, dueño de los medios y, a la vez, receptor de la obra del artista, empieza a llenarse de un pensamiento burocrático —en un proceso típico de las revoluciones socialistas—, y ese pensamiento burocrático tiene un carácter conservador, retardatario y reaccionario con respecto a lo que puede ser un espíritu revolucionario.

Por lo tanto, el espíritu revolucionario que podía haber en Condenados de Condado, Los años duros y Los pasos sobre la hierba o La guerra tuvo seis nombres, se convierte en un estigma contra una literatura que problematiza la realidad, y se comienza a pedir una literatura que refleje la realidad que esa burocracia, con el apoyo del Estado, piensa que es la realidad que debe existir.

Lo que Arturo Arango ha llamado “el matrimonio feliz entre los artistas cubanos y la Revolución”, se termina en un período muy corto, muy breve. Ya en el año 68 comienza a haber manifestaciones de un dogmatismo de las instancias del Estado con respecto a la cultura, que explota con el caso Padilla y el de Antón Arrufat. Fuera del juego y Los siete contra Tebas son ejemplos paradigmáticos de lo que ocurrió en esos momentos. Tú puedes escribir lo que quieras, yo no acepto que lo hagas; incluso, si escribes lo que quieres, puedo castigarte, porque tengo el poder.

Ahí también influyó la sospecha estatal sobre los intelectuales. El poder los condenó de antemano por no ser “auténticamente revolucionarios”. El propio Ernesto Guevara los acusó de ser portadores de un “pecado original”.

Creo que ni siquiera los artistas pensaron en eso; me cuesta trabajo creer que hubieran pensado en que, bueno, yo no cogí un fusil y me fui a la Sierra, o no cogí una pistola y me fui a secuestrar a Fangio, o no traté de tirarle una piedra a Batista. No creo que hayan pensado en eso, yo creo que lo que comenzó a funcionar prácticamente desde el principio, es un elemento mucho más pernicioso que un pecado, que es el miedo a un nuevo pecado.

No sé si será cierto, pero se dice que uno de los días de estas reuniones en la Biblioteca Nacional, Virgilio Piñera pidió la palabra y cuando se la dieron, dicen que dijo: “Yo lo que quiero decir es que tengo mucho miedo”. No sé si será cierto, pero debería serlo, porque empieza a instaurarse un Estado, sobre el cual yo hablo bastante en mi novela, porque todavía no hemos salido de él, que es el Estado del miedo, el miedo como elemento condicionante a la hora de pensar la obra, de realizar la obra, y a la hora de promover la obra.

El artista siempre piensa que está haciendo algo que no es correcto, algo que no va a ser bien visto, y que eso puede provocarle un castigo. Ese miedo mediatiza por completo el desarrollo del arte, y con los ejemplos absolutos que fueron el caso Padilla y el de Arrufat, ya se terminan de establecer los espacios para que ese miedo funcione.

Creo que las palabras de Fidel en el Congreso de Educación y Cultura pudo habérselas ahorrado. Fue redundante, porque lo que se produjo a partir de entonces ya estaba sembrado, ya estaba en la tierra, y se iba a realizar una producción artística de este tipo, inevitablemente, en los años 70.

La literatura, el arte, el cine de los años 70, son producto de esas limitaciones, de esa relación del artista con el mecenas, y también de ese miedo. Se puede decir, bueno, que Retrato de Teresa, o que Servando Cabrera pintaba Macheteros, o que Cofiño escribiera novelas como La última mujer y el próximo combate, tienen que ver con la evolución y los cambios. Creo que es más complicado, y tiene que ver con esta relación del artista con el sistema, con la aparición de unos preceptos determinados de cómo debe ser el arte y este elemento del miedo, que es tan importante.

En los años 70 esto llega a su punto más complejo, cuando, no sé, sería muy difícil calcular la cantidad de artistas que fueron perjudicados o afectados por medidas de carácter institucional, cultural o burocrático: en el teatro, en el cine, en la literatura, en las artes plásticas; es muy difícil contabilizarlos. Lo que es más fácil contabilizar es cuántas de las obras que se produjeron en estos años trataron de no complejizar esa realidad para no caer en este territorio, y cuántos silencios se crearon.

Creo que el caso más dramático de todos es precisamente el del Chino Heras, que es mandado a trabajar a Antillana de Acero, o Cubana de Acero, siempre las confundo; a una fábrica de acero. Se aparece de pronto, a finales de los años 70, principios de los 80, con dos libros de cuentos en los que trata de problematizar la vida socialista del obrero. Trata de hacer una literatura en la que, sin perder el carácter literario, a la vez el conflicto se resuelva de una manera diferente, porque los artistas han empezado a entrar en el juego y saben cómo deben manejarse determinadas categorías en el conflicto intrarrevolucionario, el conflicto entre el pasado y el presente, entre burgueses y proletarios, y ya saben cómo moverse en un determinado territorio.

Esto sucedió en el período de los 60 y de los 70, porque ya en los 80 comienza a ocurrir algo diferente. Si dramático es el caso de un artista como el Chino Heras, absolutamente lamentable es el de otros artistas de una consagración incluso internacional, mucho más reconocida, que también adoptaron la misma posición.

Hay un texto que creo que es cada vez más importante sobre qué ocurre en la literatura cubana, en la novela cubana de esos años, que es el libro de Rogelio Rodríguez Coronel, La novela de la Revolución cubana. Rogelio, que es un hombre inteligente, es un hombre culto, es un hombre con capacidad de análisis, trata de demostrar por qué La última mujer y el próximo combate es mejor novela que El siglo de las luces, porque tiene una comprensión marxista de la realidad. No creo que Rogelio haya hecho eso para congraciarse con nadie; creo que Rogelio es hijo de una circunstancia, es hijo de una situación, y que decentemente pensaba que lo que él estaba diciendo podía ser cierto.

Hay otros casos que son muy visibles como estrategias de supervivencia, como es el caso de Guillermo Rodríguez Rivera y Luis Rogelio Nogueras, que comienzan a escribir novelas policíacas revolucionarias. Y eran justamente novelas policíacas revolucionarias, porque tenían la conciencia de que esa era una vía para poder escapar del ostracismo en el que vivían. Un día, en Casa de las Américas, hace de esto fácilmente quince años, en un conversatorio sobre literatura policial, [Antonio José] Ponte criticó a Wichy por haber escrito estas novelas, y yo le respondí, le dije: “Mira, Ponte, me parece que estás siendo injusto, porque es muy fácil valorar desde una perspectiva como la que tenemos hoy, que no es la mejor de las perspectivas posibles, pero es diferente, a una persona como Wichy Nogueras”. Que no fue mi amigo; es decir, fue mi amigo y terminamos peleados. Yo dije que una de sus novelas estaba inflada para ganar dinero, y lo publiqué, porque yo creía que tenía que decirlo, y Wichy le escribió una carta al director de El Caimán Barbudo, que fue uno de los argumentos que después se utilizaron para que a mí me botaran de El Caimán…

Pero hay que entender que un escritor de treinta años, que de pronto se encuentra en una situación de que no sabe cuándo va a volver a poder publicar otra vez en su vida, prácticamente es capaz de hacer cualquier cosa. Y la salida que encontraron Wichy y Guillermo fue una de las salidas más dignas posibles, fue aceptar una estructura literaria que estaba consagrada y tratar de hacer con ella un producto literario lo más digno posible, que fue primero el caso de El cuarto círculo, de Wichy y Guillermo, y después Wichy con Y si muero mañana; porque era la única manera que tenían de encontrar una vía para reinsertarse en lo que era su vocación y su necesidad expresiva.

Pero el caso más triste de todos me parece que es el de Carpentier. Y volvemos a Carpentier, porque si bien se discute si el final de El siglo de las luces es un final manipulado por Carpentier después del año 59, creo que esa manipulación, si se produjo, fue una manipulación altamente literaria, y que el final de la novela es uno de los finales más tristes que puede tener un episodio que cuente la historia de una revolución, que es la frustración absoluta y la pérdida de los ideales de una revolución.

Es decir, que si Carpentier manipuló el final de su novela después del año 59, lo hizo desde la experiencia que él tenía de lo que había sido la Revolución francesa, que conocía muy bien, y la Revolución inglesa un poco antes, y de lo que había sido la Revolución rusa, que él sí sabía lo que había significado en la Unión Soviética. A pesar de que fue un admirador no entusiasta hasta ese momento, pero admirador del proceso soviético, él tenía que conocer realmente lo que había ocurrido en Moscú durante los años 20 y los años 30, porque, incluso, por pertenencia familiar, él tenía un vínculo especial con la revolución rusa.

El problema es que Carpentier se ve compulsado, en medio de este ambiente en el que Wichy Nogueras y Guillermo escriben una novela policíaca revolucionaria, en el que el Chino Heras escribe unos cuentos de obreros, en el que Servando Cabrera pinta macheteros y milicianos, en el que una nueva generación de artistas plásticos también pintan macheteros y milicianos, Fabelo, Choco, Zayda, porque no había otra cosa que pintar; Carpentier se siente compulsado, por su propia estatura intelectual de carácter internacional, de ser partícipe de ese proceso, y escribe las dos novelas grandes de los años 70 posteriores a El siglo de las luces, por supuesto, que son El recurso del método y La consagración de la primavera.

Una, la coloca en un país latinoamericano indeterminado; y la otra la coloca directamente en una historia que tiene nombres, apellidos y lugares muy específicos, que van desde Rusia a España, de España a Cuba. Y escribe una novela en la que, en el caso de La consagración de la primavera, trata de hacer la novela de la Revolución y lo que logra es el trabajo más lamentable de su carrera.

Esas páginas finales de la novela, con la rusa gritando en Baracoa: “Viva la Revolución”, es una de las cosas más lamentables que existen en la literatura cubana, y hubieran sido absolutamente justificadas en una novela de Manuel Cofiño, de Hugo Chinea o de cualquier otro escritor, pero absolutamente increíbles en una novela de Alejo Carpentier, teniendo el conocimiento que tenía Carpentier de lo que significaban estos procesos. Esto no quiere decir que no haya habido la posibilidad de que una rusa en Baracoa haya gritado “Viva la Revolución” cuando entraron los rebeldes, eso era muy posible, lo que pasa es que la literatura tiene que tener, o tiene, por sus propias características, un carácter de síntesis, de representatividad, de simbolismo, que hace que un hecho particular adquiera unas connotaciones diferentes.

Muchos de los ideólogos de la Revolución cubana han insistido una y otra vez en la originalidad del proyecto. Tomando en cuenta todo el estudio que has hecho de las mentalidades dentro del socialismo soviético, ¿percibes alguna diferencia entre la implementación del socialismo soviético y el cubano? Después de haber escrito El hombre que amaba a los perros, ¿crees que puede defenderse todavía la tesis de la originalidad?

Mira, me estás pidiendo que escriba un libro. Sí, vaya, este es un tema que tiene mucha, mucha tela… Voy a decirte dos o tres cosas que tal vez te puedan servir. Creo que todas las revoluciones se parecen, pero todas son diferentes. En el caso cubano, de la Revolución socialista cubana, ha habido un elemento muy importante del cual a veces no se habla, que es el elemento climático. Creo que el calor que hace en Cuba, este ruido, la playa, el ron, que es diferente al vodka y hay que tomarlo con un hielito, nos salvó de muchas cosas, y calcos que pudieron haberse producido, se evitaron. A la gente se le olvidaba que tenía que darle una patada en el culo al otro, porque faltaba la gasolina y no había cómo llegar. El ruso hubiera ido arrastrándose a darle la patada en el culo al otro, y el cubano dice: “No, esa se la doy mañana”, y eso creo que es muy importante. Está la idiosincrasia, que tiene que ver también con el clima y con la cultura. Este es un país completamente distinto a China y completamente distinto a Rusia, y tanto lo es que hoy en día, cuando tratas de ver cuáles son las huellas que dejó la presencia soviética en Cuba, cuesta encontrarlas, porque desapareció la Unión Soviética y desapareció esa presencia. Además, hay una serie de elementos muy importantes en el carácter de la Revolución socialista cubana que llega al poder, justamente, cuando se está produciendo el desmontaje del estalinismo.

Del llamado deshielo…

Eso hizo que la relación de Cuba con la Unión Soviética durante los primeros años fuera diferente. Se complejiza mucho más con la Crisis de los Misiles del año 62, con la destitución de Kruschev, con la presencia del Che Guevara en Cuba, que hacen que esa relación no tenga el mismo carácter que tuvo en los países de Europa del Este, donde, por ejemplo, en el caso de Checoslovaquia, se produjeron los juicios del año 48, que fueron una réplica de los procesos de Moscú. Nosotros tuvimos una sola mala réplica de los procesos de Moscú, con el caso de Heberto Padilla. Tan caricaturesco que, evidentemente, Padilla repitió actitudes, palabras, modos de expresarse, de lo que él suponía que había hecho Bujarin en sus retractaciones del año 38. Por lo tanto, es complicado este tema, porque aquí entran a jugar muchos componentes históricos en esta relación.

Sin embargo, la Revolución cubana hereda a los ideólogos de la línea dura del Partido, el mismo Partido que la emprendió contra Mella años antes, por ejemplo… Estoy pensando en Carlos Rafael Rodríguez, en Blas Roca, en Edith García Buchaca, entre otros.

Sí y no, discúlpame, sí y no, porque recuerda que uno de los procesos más interesantes que se produjeron en esos primeros años de la Revolución, fue entregarle cuotas de poder a los viejos comunistas, pero a la vez controlar ese poder de los viejos comunistas por parte de Fidel Castro. El caso de Ordoqui y Edith García Buchaca creo que es sintomático de este proceso. El caso de la “microfracción” de Aníbal Escalante, también. Y en el plazo de unos seis, siete años, ¿quiénes son los que quedan?: los ideólogos con menos ideología, excepto Carlos Rafael Rodríguez. Pero gente como Blas Roca o como el de los sindicatos, Lázaro Peña, en fin, era gente que tenían menos aval teórico. Carlos Rafael y Juan Marinello son los dos más representativos, pero también entraron bajo de la sombrilla de esta estructura de poder y de pensamiento, que está centrada alrededor de la figura de Fidel.

Háblame un poco de la relación de tu generación con el poder.

Los que nacimos entre el 50 y el 60 —que es la generación a la que pertenezco—, llegamos al año 80 con veinticinco, treinta, más o menos por ahí, en esa edad, y empezamos a tener una presencia primero en la creación y después en la producción de cultura, y tratamos de marcar un espacio con respecto a las generaciones o promociones anteriores.

El momento en que es evidente que se está produciendo algo diferente ocurre en el año 1981, con Volumen I. La exposición Volumen I es absolutamente clara en este cambio de actitud. Como en la década siguiente, en el año 93, 94, Fresa y chocolate va a ser otro hito que marca el fin de un período y el comienzo de otro.

Si el período anterior había empezado con la defenestración del Bebo Padilla y de Antón en el año 68, 69, mi generación empieza en el año 81 con la exposición Volumen I. No es para nada casual que uno o dos años antes, Senel y Mejides ganaran el Premio David; que Fabelo empiece a tener una pintura diferente; que aparezca Volumen I; que en el cine comience una producción mucho más masiva, que evita los temas excesivamente políticos a través de estrategias costumbristas: el cine de Rolando Díaz, de Juan Carlos Tabío; y se comienza a despolitizar el hecho artístico.

Creo que la esencia de lo que pasó en esos momentos me la dijo Sacha [Francisco López Sacha] varios años después, seguramente en una reflexión posterior: “No, el problema es que nosotros lo que hicimos fue seguir haciendo lo mismo que se estaba haciendo, pero sacando la política de la literatura, sacando el contenido político evidente de la literatura”.

Ahí empiezan a aparecer estos cuentos de Senel de los becados que se enamoran; los cuentos míos de un tipo que lo que quiere es tener una mejor relación con la mujer; los cuentos de Mejides sobre un pescador en Nuevitas; Reinaldo Montero con ese mundo florido y barroco que crea; Luis Manuel García, en fin.

El caso de la narrativa lo conozco mucho mejor que el de la poesía, en el que se produce algo paralelo. Es el momento en el que ya las figuras mayores de la generación: Aramís Quintero, Alex Fleites, Reina María Rodríguez, empiezan a escribir poesía amorosa, y las figuras menores de la generación: Omar Pérez y Ramón Fernández-Larrea, empiezan a escribir una poesía que tiene un carácter mucho más agresivo con respecto a la realidad.

Y sin que cambien las circunstancias, sin que desaparezca el elemento del miedo, sin que la censura se haya hecho más flexible, comienza a producirse una creación artística diferente de la que había en años anteriores. Para hacer una película en el ICAIC había que discutirla con tantas instancias como fuera posible; discutirla, y siempre había una última aprobación que estaba en manos de la dirección del ICAIC, que había pasado en esos momentos de Alfredo Guevara a Julio García Espinosa.

En una revista como El Caimán Barbudo, en donde yo trabajé en esos años, en el momento en que justamente está pasando eso y que para mí fue determinante, igual que fue determinante y muy importante que me botaran en el año 83, vivíamos en un juego de tensiones que es muy difícil de explicar. Creo que la gente de tu generación no va a entender nunca que escribías un comentario de una obra de teatro, y decías cualquier elemento crítico, y por escribir un comentario con un elemento crítico de una obra de teatro podías terminar en una oficina discutiendo tu trabajo con el jefe del Departamento de Cultura del Comité Central.

Eso era así. Yo iba al Comité Central cada dos meses. Una vez cada dos meses, aquello era realmente impresionante. En aquella época el director de ese Departamento de Cultura era Chinea; y el del Departamento Ideológico era Antonio Pérez Herrero. Y entre los funcionarios estaban Lucía Sardiñas y Emilio Comas Paret. Puedes preguntarle a Emilio. Sería interesante, porque él vivió desde dentro lo que fue ese período en las esferas del poder.

¿Cómo asumió esas presiones la dirección de El Caimán Barbudo?

En el Caimán… la figura del policía que nos atendía era una figura pública. Estaba sentado en la dirección, con el director. Venía todos los días con su guayabera, la llave del Lada en la mano, e interactuaba con nosotros como si fuera un trabajador más de la publicación. Entonces, tener esos pesos sobre los hombros hacía muy difícil los procesos críticos, reflexivos, que uno pudiera hacer a partir de la cultura o a partir de la realidad; no obstante, empezamos a hacer cambios.

Hubo una estrategia en esos momentos que fue muy interesante y maquiavélica, que fue utilizar a las que empezaban a ser las cabezas visibles de ese movimiento de cambio, como figuras representativas de la generación. A partir del año 81, a Fabelo, Senel, Arturo, Víctor Rodríguez Núñez, Alex Fleites, Reina [María Rodríguez], a mí y a dos o tres más, nos convierten en directivos de la Brigada Hermanos Saíz.

En esos momentos ya las cosas han adquirido una velocidad, una dinámica en que se hace insostenible esa explosión que se está produciendo dentro de la cultura. Yo todavía no había terminado de escribir mi primera novela, he publicado dos cuentos y diez críticas, y ya era el presidente de la Sección de Crítica y Ensayo de la Brigada Hermanos Saíz. Es evidente que había todo un estudio de quiénes éramos nosotros y de qué podíamos ser nosotros, para tratar de limitarnos a través de concedernos cuotas de poder.

La idea era asimilarlos para neutralizarlos, ¿no?

Trataron de hacernos parte del poder para de alguna manera neutralizarnos. En el año 83 se produjo la gran crisis de El Caimán…, que está en el centro de todo esto, aunque parezca que no. Aquello explota y deciden desintegrar el equipo de El Caimán… Ángel Tomás y yo vamos a Juventud Rebelde, Pichy va al ICAIC; a Bernardo Marqués lo mandan una época para Pioneros,o Somos Jóvenes; a Víctor Rodríguez Núñez lo mandan un año a la Escuela del Partido, y a partir del año 83 prácticamente se rehace un nuevo Caimán, que ya no volvió a ser el mismo.

Durante los años 80 nadie pretendía irse, nadie pretendía ser disidente, nadie pretendía escribir algo que no se lo publicaran en Cuba, porque habíamos asumido esas reglas del juego. No teníamos capacidad de respuesta para una realidad que fuera diferente; entre otras cosas, porque estábamos absolutamente convencidos de que el único espacio posible era el espacio que ofrecía el Estado, y que estar fuera de ese espacio era absolutamente imposible. Después supimos que Reinaldo Arenas había tratado de hacer algo diferente en los años 70, y bueno, terminó preso, yéndose por el Mariel, en una vorágine.

¿Qué sentiste cuando te sacaron de El Caimán…?

Cuando a mí en el año 83 me dicen que estoy botado de El Caimán… y que me mandan a trabajar para Juventud Rebelde, lo que me hizo darme cuenta de hasta qué punto no tenía espacio, y de lo que aquello podía significar, fue la reacción de Lucía. Cuando llego de la reunión en el Departamento de Cultura de la Juventud y le digo: “Lucía, me botan de El Caimán… para Juventud Rebelde”, ella empezó a llorar como si fuera el fin del mundo. Ahí me di cuenta de que me había caído todo el peso de ese Estado que podía decidir sobre la vida.

Lucía y yo nos conocemos desde la Universidad, empezamos a noviar en el año 78; es decir, ya llevábamos unos años de relaciones.

Para mí al final fue una gran ganancia que me sacaran de El Caimán Barbudo y me pasaran para Juventud Rebelde, porque creo que en mi propio proceso de maduración, de crecimiento, de pensamiento, incluso de capacidad de escritura, los seis años que pasé en Juventud Rebelde fueron fundamentales. En esos seis años tuve la oportunidad de escribir prácticamente todo el tiempo de lo que quería y como quería, algo que es absolutamente inusual en cualquier periodismo del mundo.

Escribía sobre la Virgen de la Caridad del Cobre, sobre el ron de los Bacardí y sobre Yarini; eso es inusual en cualquier periodismo, y me permitió empezar a entrar en La Gaceta. Estoy un tiempo con una beca Alejo Carpentier, digo, Razón de Ser, y después en una especie de prestación de servicios. A cada rato me llamaban del periódico para que escribiera un reportaje… En fin, estoy yéndome todo el año 89, principios del 90, hasta que voy para La Gaceta.

En ese momento justo, escribo un cuento que se llama “El cazador”, que cambia por completo mi concepción de la literatura, mi estilo de escritura, todo. Y comienzo a escribir Pasado perfecto, una novela sobre Mario Conde. El escritor o el aprendiz de escritor que entró en Juventud Rebelde botado de El Caimán… y el que sale, ha sufrido una evolución absoluta.

Me decías que el miedo había sido importante en la producción cultural de la Revolución. ¿Tú particularmente has sentido miedo?

Bueno, este proceso de los 80 está muy presente todavía, por esta relación del artista con el Estado abarcador y todopoderoso; y está muy presente el elemento del miedo. No sé si otros escritores o teóricos hayan meditado sobre este tema, pero yo, tal vez porque soy más cobarde que los otros, sí lo he pensado mucho. Porque yo me paso la vida cagándome de miedo, cada vez que escribo algo digo: “Esto ahora sí va a ser la cagazón y el carajo”, y me paso la vida con miedo, y eso creo que es una de las cosas más jodidas que pueden pasar. Lo que pasa es que me atrevo; tengo miedo, pero me atrevo.

Pero esa relación de artistas y escritores con el poder que describes cambió en la década de 1990.

Viene el año 91, desaparece la Unión Soviética, no hay papel en Cuba, no hay celuloide para hacer películas, no hay electricidad para montar obras de teatro, no hay comida, no hay guaguas, y la relación entre el Estado y el ciudadano, tanto como la relación entre las instituciones culturales y el artista, cambian por completo, se rompe esa dependencia absoluta… ¿En qué año tú naciste?

En 1976.

Tenías quince años. Ya tú sabes lo que pasó, tú lo viviste, me imagino con los zapatos lo que habrás pasado, la comida en tu casa, la electricidad; ya tienes conciencia de eso, a pesar de que eres muy joven.

De pronto, todo lo que el Estado te podía quitar antes, te lo quitó, se lo quitó a todos, y ahí desapareció un elemento de tensión muy importante, y para el artista —como el Estado dejó de ser el mecenas y dejó de ser el productor, de ser el comprador de su obra porque no tiene manera ni de producirla, ni de comprarla, ni de sustentarla— también desapareció la dependencia.

Una primera opción para muchos artistas fue irse de Cuba, y el 90 % se va de Cuba a buscarse la vida. No se va de Cuba perseguido, ni porque le estén cayendo a palos, ni porque crea que va a hacer la revolución en otra parte, o la contrarrevolución, o lo que sea. Toda la historia de Zoé Valdés y todas esas cosas… eso es mentira. Zoé Valdés vivía mejor de lo que vivimos ahora los que nos ganamos la vida decentemente, porque ella era parte de esa estructura de poder que conservó determinadas prebendas, incluso en esos años 90. Porque tú bien sabes que si hay alguna persona que su estatus de vida apenas ha cambiado en Cuba de un momento a otro, ese es Alfredo Guevara, y ella vivía bajo la sombra de Alfredo Guevara en muchos sentidos.

Al desaparecer esta relación entre el individuo y el Estado, o al hacerse más laxa o desaparecer por completo, y al cortarse las relaciones entre instituciones productoras de cultura y el creador cultural, empieza a haber un espacio diferente para la reflexión, para la creación.

Creo que ahí, en los años 90, se produce el cambio cultural más importante en Cuba posterior al que se había producido en los años 60, previos a la defenestración de Padilla y de Antón. Aquel cambio de mentalidad tiene ahora un correlato en otro cambio de mentalidad completamente diferente.

Si aquí en los 60 se escribió una literatura problematizada y real de un posible hombre nuevo, ahora se escribe la literatura de lo que ha resultado el proyecto del hombre nuevo, y aparecen los personajes de Senel, el personaje de Mario Conde y mis novelas, los personajes de Pedro Juan Gutiérrez. En el cine, bueno, se hace Fresa y chocolate, se hace Guantanamera, se hace la película de Fernando Pérez, la más importante de todas: Madagascar. Creo que Madagascar es una… bueno, ya después La vida es silbar es como el mazazo en la cabeza, pero la película de los noventa es Madagascar; estas bicicletas y esta gente comiendo, los come-coles estos, son una cosa terrible.

El túnel lleno de bicicletas…

Y en la plástica pasó lo mismo. Incluso ocurrió algo muy curioso, y es que por primera vez en todo este proceso, la música popular bailable cubana empieza a establecer conexiones con el resto de la música del Caribe, lo que produjo un boom de la salsa en Cuba, que se había evitado hasta esos momentos por muchas razones. No voy a entrar ahora en el terreno ese, porque ahí sí nos volvemos locos.

En fin, ese hombre nuevo… Voy a ponerte el ejemplo de la música: ese hombre nuevo era Michel Maza Márquez, el hijo de Beatriz Márquez, en la Charanga Habanera, cantando en un escenario con una luz atrás. Él es un mulato que tiene una cosa así de este tamaño, con un pantalón blanco transparente, sin calzoncillos, y cantaba así, y le ponían la luz atrás para que se le viera la mandarria. Ese era el hombre nuevo al que habíamos llegado… Y era, bueno, como ya te dije, el Diego, El Rey de La Habana de Pedro Juan, el desencanto de Mario Conde.

Ya a partir de ahí empieza a perderse un elemento: ese elemento tan importante y tan omnipresente como fue el miedo, empezó a ser menos pesado, menos presente, y los creadores empiezan a aumentar sus espacios de reflexión, sus espacios de penetración de la realidad, de representación de la realidad con un sentido diferente al que había antes.

Un caso muy importante y sintomático es el de Pedro Juan. Pedro Juan puede hacer su carrera con independencia del mercado cubano, con independencia de la restricción que tiene en Cuba.

Trilogía sucia de La Habana, por ejemplo, no se ha publicado en Cuba…

Sí, sí, no se ha publicado. Creo que se va a publicar Un rey en La Habana, se va a publicar…

Un rey en La Habana se va a publicar ahora…

Pero Pedro Juan puede hacer su carrera al margen de lo que ocurre en Cuba. En mi propio caso, yo a partir del año 95 cambio completamente esa relación, y mi editorial cubana es beneficiaria de una autorización que generosamente le conceden mis editores y mis agentes españoles para que se hagan ediciones cubanas del libro sin pagar derechos.

Para que puedas hacerte una idea: yo publico en el año 91, en México, Pasado perfecto, en una colección pequeñísima y marginalísima de la Universidad de Guadalajara, que se llamaba Hojas negras, dirigida por Paco Ignacio Taibo. Paco vino una vez a Cuba y me trajo mil dólares por los derechos de la novela, el anticipo de la novela, que fue todo lo que cobré.

En el año 91, mil dólares era mucho dinero, con él podías resolver cosas increíbles. Y yo, que siempre he tenido la política de que los problemas es mejor enfrentarlos antes de que te enfrenten a ti, fui a ver al director de la Agencia Literaria Latinoamericana, Jorge Timossi, a la cual pertenecíamos por decreto o por la maldición de haber nacido en Cuba todos los escritores cubanos, firmaras o no contratos con ellos. Reinaldo Montero tuvo una primera disputa bastante fuerte con esta Agencia y con su director. Y yo voy y le digo: “Mira, acabo de publicar una novela en México y Paco me ha traído mil dólares, te lo digo para que lo sepas”. Y me dice: “Bueno, está bien, pero no lo vuelvas a hacer, no lo vuelvas a hacer”.

Es muy importante esa frase: “No lo vuelvas a hacer”. Era como conservar la imposible posibilidad de una cuota de poder que ya no se podía conservar.

Que ya no tenían…

Porque si ellos hubieran tenido el poder, me hubieran convertido en un caso. Tener mil dólares en esos momentos, y además el hecho de confesarle a un funcionario cubano que tenías mil dólares, cuando la posesión de divisa era penada en Cuba…

¿Por qué lo hiciste?

Para evitar el problema, antes de que el problema me llegara por parte de ellos. Yo siempre hago eso. Cuando publiqué la novela El hombre que amaba a los perros, el primer ejemplar de Cuba lo metí en un sobre y se lo llevé a Abel Prieto y le puse una nota. Le dije: “Mira, Abel, te dejo el libro porque sé que te van a llegar comentarios sobre él. Para que veas que todos esos comentarios son ciertos. Aquí te dejo la novela para que la leas”. Lo desactivé, porque ya no es que: “No, yo oí”. No: tú tienes la novela desde el primer día, y está publicada en España, y si quieren la publican en Cuba y si no, no la publiquen. Eso para mí no es ningún problema, porque ya desde el año 91 empiezo a vivir de esos derechos que gano fuera de Cuba.

En esos momentos, para entrar en eso que tú querías, se da la posibilidad de una cooperación bastante cercana entre la Universidad Nacional Autónoma de México y los escritores cubanos, incluso las instituciones cubanas. ¿Por qué? Porque los dos directivos de la UNAM en esos momentos, el del Departamento de Cultura, Gonzalo Celorio, y el de Publicaciones, Hernán Lara Zavala, tenían una relación muy cercana con un grupo de escritores cubanos, entre los que estoy yo. Una relación de amistad que hemos conservado a través de los años, a pesar de que ya no nos vemos como antes, y un proyecto mucho más ambicioso que era establecer una Casa de la UNAM en Cuba.

Existía la referencia de una Casa de la UNAM fuera de México, que estaba en San Antonio, Texas, un lugar donde hay muchos mexicanos, por supuesto. Y ellos decidieron ver la posibilidad de crear otra en Cuba, y empieza todo este proyecto de trabajo que incluyó publicaciones de libros, exposiciones, producción de documentales, en fin. Visitas, conferencias. Los escritores cubanos íbamos con mucha frecuencia a México en esa época, a un Festival que empezaba en el D.F. y terminaba en la Feria de Guadalajara. Ahí fuimos prácticamente todos nosotros, más de una vez, incluido Lichy [Eliseo Alberto Diego], en aquella época. Entonces, aparece la posibilidad, se le ocurre a Gonzalo la idea, de que yo preparara una antología de cuentistas cubanos contemporáneos.

¿Cuál fue el criterio?

El criterio fue una antología en la que aparecieran los cuentos que, desde mi perspectiva generacional, habían sido los más importantes escritos hasta el año 92 y publicados en Cuba, con independencia del lugar de residencia de sus autores. Por eso aparece Jesús [Díaz], que ya estaba fuera de Cuba, aparece Reinaldo [Arenas], y aparece alguien más, yo no sé si Norberto ya se había ido en esa época…, Norberto y no me acuerdo si hay alguien más.

Ahí está “El cazador”, que hubiera sido impensable hasta ese momento…

El problema es que “El cazador”, “El bosque, el lobo y el hombre nuevo”, y un cuento de Roberto Urías…

“¿Por qué llora Leslie Caron?”

“¿Por qué llora Leslie Caron?”. Los tres se publican en el año 91. Esos tres cuentos aparecen paralelamente, en un momento en que empezamos ya a explotar, o a explorar primero y a explotar después, nuevas posibilidades con respecto al reflejo de la realidad, y aparece de manera evidente la problemática gay en la narrativa cubana. Todo esto está dentro de este proceso de ruptura de una relación de dependencia y de cercanía con las estructuras del Estado, y con este proceso de pérdida del miedo.

Por ejemplo, cuando empiezo a escribir Pasado perfecto en el año 90, la termino en el 91, sobre marzo, abril del 91… Porque yo se la doy a Paco [Ignacio Taibo] en mayo del 91, y después yo logro comprarme una computadora a través de [Daniel] Chavarría, que era el único que podía comprar computadoras en aquella época. Y lo que hago, para aprender a manejar la computadora, es pasar en limpio la novela. Pero lo que hice en realidad fue reescribirla. Por lo tanto, la edición que salió en Guadalajara no es la edición definitiva de la novela, sino la que salió en Cuba en el 94. Tuvo que esperar del 91 al 94 para salir.

Era una especie de deuda temática con realidades y problemáticas que no habían sido, no habían podido ser tratadas hasta entonces. ¿Qué literatura cubana estás leyendo últimamente?

Yo le he perdido el pulso a la literatura cubana desde hace ocho o diez años para acá. Apenas estoy leyendo.

¿Por qué?

Primero, sobre todo, por una razón profesional. Empiezo a escribir, en el 99 empiezo a prepararme para escribir La novela de mi vida. Me tengo que ir al siglo XIX cubano y empezar a releer todo el siglo XIX cubano, una literatura muy compleja de leer y muy jodida a la hora de tú empezar a escribir, porque cuando te lees a Heredia, a Del Monte, a Valera, a Saco y los historiadores de esa época, empiezas a impregnarte de un estilo.

Y de un lenguaje…

Y un lenguaje que es muy complicado, a pesar de que yo quería tener ese lenguaje y ese estilo para escribir en un falso estilo XIX la parte de Heredia. Eso me obligó a empezar a leer paralelamente otra literatura que me permitiera mantener, a nivel de estilo y de pensamiento de la literatura, una posición más cercana a lo que yo quería, y no la encontraba en la literatura cubana. Entonces lo que hice fue sobre todo un proceso de relectura y de redescubrimiento de algunos autores.

Empecé a releerme otra vez a los que mejor escriben en lengua española: a Gabo [Gabriel García Márquez], a Vargas Llosa —especialmente a Vargas Llosa—, a Fernando del Paso, a Cortázar, a Rulfo, al propio Carpentier, y empiezo a leer.

Releo una literatura norteamericana que tiene mucho que ver con mi concepto de la narrativa: Hemingway, Salinger, John Updike, y empiezo a encontrar una literatura que, con una perspectiva más actual, también me ofrecía lo mismo. Sobre todo, el gran descubrimiento fue Paul Auster, que es un tipo que me conmovió en determinados principios. Hago una relectura de [Milan] Kundera, esta cosa un poco ríspida de Kundera, por el manejo de las categorías filosóficas y de pensamiento dentro de la literatura. Y dejo de leer literatura cubana.

Después empiezo el proyecto de El hombre que amaba a los perros,y me tengo que leer…, no sé cuántos libros me tuve que leer, la mayoría traducciones y libros en inglés, que son los dos idiomas que yo leo. Puedo leer un artículo en francés o en italiano, pero bueno, ruso no leo, y tengo que leer traducciones.

Y ahora empecé una novela, de la que ya escribí la primera versión. La primera parte se desarrolla en Ámsterdam en el siglo XVII, alrededor de la figura de Rembrandt. Por eso estoy tan metido en todo ese tema, y prácticamente le he perdido el pulso a la literatura cubana.

Ahora Lucía está preparando una antología, que le pidió mi editor italiano, de cuentos eróticos escritos por mujeres en Cuba. Y Lucía está muy sorprendida. —yo me he leído dos o tres nada más— de que la mayoría de los cuentos no son lo que esperaba mi editor italiano. Él le dijo: “Mira, yo quiero una antología de cuentos de mujeres cubanas que sean cuentos eróticos calientes, calientes, que el lector disfrute leyendo los cuentos”. Bueno, la mayoría tienen sadomasoquismo, relaciones homoeróticas, mutilaciones, sangre, como elemento de disfrute sexual.

El cambio temático y el cambio de la relación con el Estado también se ve en el mundo de la música popular…

Los Aldeanos no hubieran podido existir en otra época. Les han echado fresco, pero no los han tocado. No los han tocado, porque si quisieran tocarlos los hubieran desaparecido. Pero es que ya es imposible, ya es otro país. La relación del creador con su nivel de referencia, con su público y con esos medios de producción, cambió por completo. Porque esta gente no han hecho ningún disco en Cuba, o si los han hecho en Cuba, los han hecho de manera independiente, no con los medios cubanos. Los escritores publican fuera de Cuba. Los pintores tienen galeristas fuera de Cuba. Entonces se rompió esa relación.

Lo curioso de todo esto es cómo sigue habiendo un bastión, que de alguna manera pertenece a la cultura, aunque no tanto, que es el periodismo. El periodismo no ha podido avanzar al mismo ritmo que las manifestaciones culturales, porque el periodismo sí sigue perteneciendo al Estado, sigue siendo una cuestión de Estado.

Yo en estos días tuve una de las indignaciones más grandes que he tenido en los últimos tiempos con el periodismo cubano, porque no se ha dicho nada del concierto de Pablo en Miami. Aquí sale un cubano y canta en las afueras de Guanabacoa y lo sacan en el Noticiero y en no sé dónde, y no se ha dicho nada de lo de Pablo.

Iroel Sánchez publicó un artículo en Cubadebate, muy lamentable[2].

Ese no lo había leído. ¿Lamentable, me dices?

Muy lamentable.

Inmundo García también por allá dijo que Pablo, si no es por la Revolución, hubiera sido un cantante en los bares de Miami[3].

De boleros…

De boleros en los bares de Miami.

Hoy Diario de Cuba sacó un editorial bastante serio sobre el tema.

Entonces, bueno, no hay esa correspondencia, y eso es un problema social que tiene este nuevo país que se está creando a mayor velocidad de lo que nosotros mismos entendemos hoy. Cuando hablan de los cambios de Raúl Castro, la gente dice: “No, pero es que va demasiado lento, no ha cambiado la esencia”. No, mira: Raúl Castro ha abierto una puerta que ya no se puede cerrar, por una sencilla razón: el problema es que hay de un millón y medio a dos millones de personas en Cuba que ya no dependen laboralmente del Estado, y el Estado es incapaz de crear aquella estructura que existió en los años 70 y 80, absolutamente monolítica, que fue la que generó todas estas situaciones.

¿Crees que realmente hay cambios, o que es un autorreciclaje interno?

No, no, creo que hay cambios. Es que solamente ese cambio es un cambio muy importante. Es un cambio muy importante, porque es la mentalidad del país, y está el reflejo ahí en la música, está el reflejo en la literatura, está el reflejo en las artes plásticas, que es un reflejo generalmente tardío, ¿no?, porque es un reflejo que pasa por una reflexión del artista de lo que hay en la realidad. Está produciéndose y creo que se ha producido, y si no ha sido más acelerado el proceso es porque hay un elemento interno en Cuba que es el más temido: no es la disidencia, no son las Damas de Blanco, es la corrupción. Si no se ha acelerado la cosa es porque cada vez que van a poner un pie en el acelerador tienen que quitarlo, poner el cloche, cambiar de velocidad y meter la policía a destimbalar no se sabe a cuánta gente que estaba acabando con la quinta y con los mangos. Ahora está el lío del cable, ETECSA, un canadiense-armenio que estaba aquí en Cuba que tenía no sé qué negocios…

Hablaste de una idea interesante: del proceso de maduración de las ideas y la reflexión. ¿Qué límites tú percibes entre la política y la literatura?

Esos son límites muy variados, son límites muy variados…

Sobre todo la literatura como ejercicio de la política, porque El hombre que amaba a los perros es un libro con un tema evidentemente político. O sea, es la intervención de un intelectual sobre el tema de la política, reflexionando sobre un sistema.

Mira, hay escritores que tienen vocación política, con independencia de lo que escriben. Un caso creo que muy paradigmático en Cuba es el de Jesús Díaz. Jesús Díaz era un escritor con una gran vocación política; tenía que ver en parte con su formación filosófica, su formación personal, cultural, la época en que vivió, los desengaños o los engaños que quiso. Fue político desde que vivía en Cuba, y él pretendía que su literatura tuviera una participación política. Mi generación, con esto de sacar la política de la literatura, también hizo algo que creo que nos define de alguna manera, y es que nos sacó como individuos de la política. Mi generación no tiene representación política.

¿Pero no piensas que la ausencia también es política?

Es una respuesta política, porque un libro como La novela de mi vida es un libro altamente político, y un libro como El hombre que amaba a los perros también es altamente político. Las novelas de Mario Conde son altamente políticas, pero yo no participo de la política.

¿Pero el espacio literario no es un espacio de participación en sí mismo, por la circulación que pueda tener, por las lecturas que pueda tener? Estoy pensando en la política de un modo más abierto, ¿no? No vinculada a la institucionalidad en sí misma.

Sí, sí, pero yo como artista no participo de la cosa política ni quiero participar de la cosa política; no me interesa. El otro día me preguntaban en la televisión: “Bueno, ¿si tú diriges el Equipo Cuba…? Dije: “Mira, yo no me dirijo ni a mí mismo; a mí no me interesa dirigir absolutamente nada”. Esa es un poco la posición. El único dirigente cultural, real, que ha dado la generación de nosotros, es Abel Prieto.

Después de escribir El hombre que amaba a los perros, ¿cuál es tu relación con el marxismo?

A ver, no creo que nunca haya sido un marxista, porque nunca he sido un profundo conocedor de la filosofía. Hay gente que dicen que son marxistas, o que son esto o lo otro. Para decir que tú profesas un determinado credo filosófico, debes partir de un conocimiento profundo de los textos y de las estructuras de pensamiento de esa filosofía. He leído textos de marxismo, he leído muchos textos de existencialismo, sobre todo de existencialismo en la literatura, más que los textos teóricos del existencialismo. La literatura del existencialismo es una literatura que me interesa mucho, no solo la francesa, sino también la que llega a los Estados Unidos con toda una serie de transformaciones. Y soy fundamentalmente un lector, no soy un analista de la filosofía. No obstante, creo que los principios básicos del marxismo, en cuanto a la explicación de los fenómenos económicos, siguen siendo válidos; es lo que creo desde ese conocimiento parcial que tengo.

¿Cuál es el problema? Que la aplicación del marxismo a una sociedad como filosofía, y más que como filosofía, como dogma de una sociedad, se produce en la Unión Soviética posleninista. Lenin trae el principio de la dictadura del proletariado. Trae un partido que se hace del poder y que empieza a eliminar a sus enemigos o posibles enemigos. Eso es una revolución; una revolución no puede ser de otra manera. No puedes pretender un cambio en el régimen aceptando que todos los defensores del antiguo régimen estén de acuerdo contigo; por lo tanto, eso fue lo que hizo Cromwell en Inglaterra, lo que hicieron los franceses en el XVIII y principios del XIX, y lo que hace Lenin en la Unión Soviética.

El problema es que esa conversión del marxismo en dogma y en única filosofía de una sociedad es lo que no me convence, porque yo creo que una sociedad realmente democrática, en los términos en que el socialismo se plantea la democracia, tiene que tener otros espacios, otras alternativas, y otras posibilidades. Y la aplicación del marxismo en el universo de la cultura en la Unión Soviética fue especialmente lamentable. No por gusto un hombre como el propio León Trotski, que en su momento fue un defensor crítico de esa cultura proletaria, porque él nunca las tuvo todas consigo, era un hombre que conocía mucho de los procesos culturales y de lo que es la creación cultural, y escribió bastante sobre el tema. En su último gran documento sobre la relación del socialismo y la cultura, que es el Llamamiento a los intelectuales del mundo de la IV Internacional, que hace con Breton, y firman Breton y Rivera, pide toda la libertad para el arte: ningún condicionamiento por parte ni del Partido ni del Estado.

Se había contradicho, porque en 1925 publicó Literatura y revolución, que es un texto, digamos, ácido en su narrativa, y defiende la vigilancia del Estado sobre el arte…

Es una evolución. No es lo mismo escribirlo en el 25, en ese momento de efervescencia revolucionaria, que escribirlo después de diez años de experiencia estalinista, cuando prácticamente la cultura rusa se ha desmontado. Donde ya han desaparecido toda una serie de figuras que eran o podían ser importantes en esa cultura, y se ha creado esta subcultura de la cual un hombre como Máximo Gorki se convierte en la expresión, a pesar de haber sido desde sus orígenes un antibolchevique, y la razón por la cual Máximo Gorki se convierte en el vocero de esta cultura es por el miedo, por el miedo.

Después de leer El hombre que amaba a los perros, pienso en una izquierda que está tratando de teorizar el futuro del “socialismo posible”. Como escritor, ¿hasta qué punto crees que el socialismo es viable, y cómo sería viable?

Lo que creo que es viable y necesaria es la utopía, cómo se va a conseguir esa utopía. A ver, cuando yo entrevisté a Vázquez Montalbán en el año 91, le hice una larga entrevista que se publicó en la revista Unión, Vázquez Montalbán me decía: “El problema es que hay que rebautizar determinados procesos porque se han viciado los sentidos”. El sentido de la palabra comunismo se vició, y de la palabra socialismo, también. Cuando se habla de socialismo se jodió la cosa, porque se está pensando en algo que no funcionó, por muchas razones. Por lo tanto, tal vez no pueda llamarse socialismo esa utopía, yo creo que necesaria, de que haya unas sociedades en las que realmente el hombre pueda vivir en el máximo de libertad con el máximo de democracia. Creo que esa sería la esencia de una sociedad mejor.

Está demostrado, además, y lo que ha pasado en los últimos tres años en el mundo lo está demostrando de una manera muy dramática, que el capitalismo realmente está atravesando una crisis sistémica; no es una crisis económica: es una crisis del sistema, que no puede funcionar de la manera en que está organizado. Ya llegó a un punto en el que la economía tiene unas reglas tan perversas que es imposible el desarrollo social y el desarrollo humano dentro de los márgenes del capitalismo.

Lo que es terrible es pretender hacer un socialismo de acuerdo con los cánones de lo que fue el socialismo fallido del siglo XX.

Por lo tanto, creo que hay que replantearse muchísimas cosas a la hora de tratar de acercarse a esa revolución. Tal vez esta democracia radical sea una de las soluciones; no conozco esos textos, pero me gusta esta posibilidad de que sea una democracia realmente radical donde lo democrático tenga un valor, un peso, una densidad en el entramado de la sociedad, ¿no?

¿Cómo percibes este nuevo giro político en torno a identidades como los homosexuales y los religiosos, dentro del contexto político cubano?

Hay un momento creo que interesante en Cuba en cuanto a eso. Lo de los religiosos y lo de los homosexuales es muy interesante, pero creo que lo más interesante es lo de los negros, que ha empezado como algo muy sutil pero que ha ido ganando espacios, y se está hablando cada vez más del problema del negro en Cuba.

La independencia de 1902 no resolvió el problema del negro. Y la Revolución de 1959, que se plantea resolver el problema del negro, resulta que tampoco lo ha resuelto desde la perspectiva del negro; desde la perspectiva del poder y desde la perspectiva de la retórica del poder es un tema resuelto, pero desde la perspectiva de los ciudadanos negros, todavía no está resuelto. Por lo tanto, creo que ahí se está moviendo una reflexión de las más interesantes que están produciéndose en Cuba.

El tema del homosexual por supuesto es muy interesante, pero se ha desdramatizado. El tema de los religiosos fue utilizado por las estructuras del poder: absorbieron determinadas iglesias que podían ser aliadas de determinadas políticas, y la iglesia católica ha mantenido una actitud muy propia de la iglesia católica, que es esa sabiduría de que la política es el arte de lo posible, y están moviéndose en el terreno de lo posible para ganar el espacio que siempre han pretendido ganar. No por gusto llevan veinte siglos de existencia.

¿No te parece que este cambio responde a lo que he llamado “travestismo de Estado”, de maquillar la imagen del gobierno ante la pérdida de legitimidad simbólica, sobre todo hacia el exterior?

Hay un cambio político. Mira, solamente la salida de Fidel Castro del poder, de los medios de comunicación, de la vida cotidiana de la gente, es un cambio político. ¿Y por qué es un cambio político? Porque no es posible reproducir esa manera de gobernar de Fidel, y evidentemente Raúl no la ha reproducido: ha tratado de introducir otra. Y creo que en ese proceso ha quedado muy claro que había que cambiar determinado modo de relacionarse con los actores sociales, establecer una relación diferente y más tolerante. Incluso, a pesar de lo que ha pasado en estos días con las Damas de Blanco, hasta la disidencia ha llegado ese cambio. Porque, bueno, los presos que salieron de Cuba eran presos de Fidel, y los suelta Raúl antes de que cumplan sus condenas. Por lo tanto, creo que sí: hay un cambio político, social, pero sobre todo económico. Los cambios que se están produciendo en la economía en Cuba van a provocar, y están provocando, cambios en la relación social y en la relación política y económica.

A mí me resulta interesante esta reflexión, cuando hablas de Fidel Castro y de su salida de la política, cuando hay un proceso de militarización. ¿Por qué seguir privilegiando un análisis económico? ¿No será que la lectura económica que se le está haciendo a la realidad cubana podría ser, digamos, un pretexto para no hablar de otras cosas?

Puede ser. Mira, una de las cosas más enigmáticas y complicadas es realmente esas altas cuotas de poder que están detentando en estos momentos personas con formación militar, personas de extracción militar, o personas, incluso, que siguen teniendo cargos militares. Esa es una de las cuestiones que pueden ser más preocupantes de cara a un futuro.

Lo que ocurre es que hubo un fenómeno muy complejo en el desarrollo de la sociedad cubana que se llamó “política de cuadros”. Esa política de cuadros, que en el caso de la dirigencia estuvo absolutamente coordinada y tutelada por Fidel, resultó un fracaso, y no había esos otros cuadros confiables para determinadas maneras de entender la economía, la política y la sociedad, que no estuvieran vinculados con las Fuerzas Armadas. Es evidente que Raúl ha buscado la gente que él sabe que le pueden garantizar esa disciplina económica que él está tratando de implementar, y la fidelidad que existe en una cadena de mando, que es algo que es tan importante cuando tú estás tratando de hacer determinados movimientos.

Pero pienso que los cambios económicos son más importantes de lo que parecen, porque por primera vez en muchos años en Cuba, se están tomando las decisiones económicas con una visión económica y no con una visión política. Cuando Fidel repartió las ollas arroceras y los refrigeradores, eso fue una medida política. Parecía una medida económica, pero fue una medida política, y todas las acciones de Fidel con respecto a la economía tenían un trasfondo político. Y creo que ha empezado a invertirse esa relación, y que la política está siendo vista desde una perspectiva económica.

En el deporte también se ve. Bajarle las cuotas de atención al deporte de alto rendimiento, y que en la UNEAC se haya hablado de la posibilidad de que los peloteros cubanos participen en ligas profesionales fuera de Cuba, por supuesto, en presencia de Antonio Castro Soto del Valle, es importante. Quiere decir que hay una visión, creo que económica, más profunda de lo que parece, y que realmente, te repito, lo que ha trabado una mayor velocidad, una mayor profundización, ha sido el tema de la corrupción.

Creo que una de las cosas que quiere evitar Raúl es lo que ocurrió en Rusia: el surgimiento inmediato de mafias. Porque, además, las mafias le quitan el poder a él y a cualquiera.

Es muy simpático, o muy simpático no: muy triste, lo que dice un escritor norteamericano sobre lo que significó el socialismo soviético para Occidente: “Bueno, después de tantos años de temerle al fantasma del comunismo realmente derrotamos al comunismo y nos dejó como herencia la mafia rusa”. Que es lo peor.

La última pregunta, ya que hablaste de Antonio José Ponte en algún momento. Hace un tiempo leí una reseña suya de El hombre que amaba a los perros, y él dice que hay una ausencia en el libro. De acuerdo con Ponte, el personaje nunca se hace determinadas preguntas, el libro nunca da cuenta de por qué el asesino de Trotski fue acogido por el gobierno revolucionario, ¿Qué crees de esa opinión?[4]

No, el problema es que eso no era pertinente para la novela, a mí no me interesaba. Todo el mundo sabe que una decisión de ese tipo solamente se pudo haber manejado en altas esferas de poder. Está en la novela que el hombre vino a Cuba, que era lo importante, y era lo que me interesaba a mí.

Creo que en esa reseña a Ponte se le salió la pluma de la envidia. Lo mató la envidia. Y eso es una de las cosas más jodidas de las reacciones de Ponte, que es un hombre tan inteligente, tan articulado… Pero tiene ese defecto: lo mata la envidia, y a veces le invalida muchas de las cosas que plantea, ¿no?

Y esa ausencia…, nada, es como me pregunta una vez una persona: “Bueno, ¿y por qué el diálogo entre Heredia y Tacón, tú no lo pusiste entre el personaje del presente y Fidel Castro?”. Dije: “Porque Fidel Castro no hubiera recibido al personaje en el presente, y porque lo que Heredia le hizo a Tacón es lo que a mí me interesa que se diga”.

¿Pero de qué estamos hablando? La literatura debe tener esa capacidad de sugerencia, y si no la tiene está jodida.

Notas:

[1] Ese ensayo dio nombre a un libro que la editorial Verbum publicó en 2015. Para más información puede verse: Leonardo Padura. Yo quisiera ser Paul Auster, Verbum, Madrid, 2015.

[2] Iroel Sánchez. “Es Pablo Milanés, no Mijail Gorbachov”, Cubadebate, 28 de agosto de 2011. http://www.cubadebate.cu/noticias/2011/08/28/es-pablo-milanes-no-mijail-...

[3] Aquí Padura se refiere a Edmundo García. Un activista es conocido por sus afectos hacia el régimen cubano, aunque reside en Miami.

[4] Antonio José Ponte. “El asesino de Trotski, en una feria de La Habana”, Diario de Cuba, 28 de marzo de 2011. https://diariodecuba.com/cultura/1301305237_1883.html

26 de abril 2021

Polis

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Publicado originalmente en:

https://www.hypermediamagazine.com/columnistas/fiebre-de-archivo/leonard...

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Antonio de la Cruz

La falta de divisas –por la baja exportación de petróleo desde 2020– obligó a Nicolás Maduro a aceptar la ayuda humanitaria del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas. La asistencia de emergencia se va a proporcionar a 185.000 niños a finales de este año. La meta es cubrir 1,5 millones de alumnos de las escuelas de las zonas más afectadas por la falta de comida – apenas 19% de la población menor de 14 años– a finales del próximo período escolar, en 2023. Hasta ahora, el régimen se había negado a recibir cualquier tipo de asistencia. “No somos mendigos de nadie”, dijo el sucesor de Chávez en febrero de 2019.

La posición había sido la de un “gobierno” que envía ayuda humanitaria a otros países, sobre todo al Caribe. Como ocurrió recientemente con los 17.000 litros de agua, comida no perecedera y kits de higiene personal enviados a bordo de un barco de la armada venezolana a la isla de San Vicente y las Granadinas, afectada por la erupción del volcán La Soufriere. Y hace un año lo hizo con la ayuda para detectar posibles casos de contagios de covid-19. Donó pruebas rápidas y de reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés) a San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda, Dominica y Granada.

Mientras tanto, Venezuela, con el régimen de Maduro, vuelve a liderar la lista de los países más miserables del mundo, de acuerdo con el estudio del economista Steve Hanke que evalúa los datos de inflación, variación del PIB por habitante, tasa de desempleo e

Paradójicamente, el régimen de Maduro es el que necesita de la ayuda de los países del Hemisferio Occidental ante la crisis que atraviesa en el frente sanitario, social y económico.

Para rematar –en un baño de realidad–, el FMI señaló, en su informe Prospectivas de la Economía Mundial, que Venezuela terminará con un índice del producto interno bruto (PIB) per cápita igual a 1.540 dólares. Esta cifra, otro logro del socialismo del siglo XXI, nos convierte en el país más pobre de América, oiga bien, ¡por encima de Haití!

En el sector petrolero, el régimen madurista atraviesa por lo que se conoce como el infierno venezolano: “El día que se exporta petróleo tipo Merey no hay combustibles, y cuando hay combustible no hay exportación de Merey”.

La semana pasada, la agencia Reuters indicó que Pdvsa está utilizando los crudos medianos y livianos (Santa Bárbara y Mesa 30) para obtener gasolina y diésel en la refinería de Puerto La Cruz. Esto obedece a la caída de la producción en la faja petrolífera del Orinoco, por lo que no requiere de todo el petróleo liviano (diluyente) para formular mezclas exportables tipo Merey 16 –necesario para cancelar la deuda del Fondo Chino–.

Para satisfacer a las mafias del combustible –precio de venta del diésel en Venezuela es cero dólares mientras que en Colombia está en 0,52 dólares y en Brasil 0,86 dólares– y los envíos a la isla de Cuba, el régimen deja el mercado venezolano desabastecido. Además, busca desesperadamente el desbloqueo de la sanción de Estados Unidos del canje de petróleo por diésel. Y, paralelamente, está tratando de conseguir una extensión del período de gracia de la deuda con China por quinto año consecutivo – en lo que va de abril, la exportación al gigante asiático ha sido de 5.502.420 barriles (45%), según tankertrackers.com–.

Maduro pensó que el conflicto contra el frente disidente de las FARC-Gentil Duarte para dejarle el campo libre y los negocios a sus socios alias Iván Márquez y compañía era coser y cantar. Asumió que el poder de fuego de la FANB en una guerra convencional era superior al de la guerrilla que conoce y controla el área en disputa desde hace más de 20 años.

La fuerza invasora en este caso es la FANB, que ha demostrado que no está preparada para una guerra asimétrica. Los acontecimientos del pasado fin de semana dejan al régimen chavista al desnudo. La ventaja de local ha ido a parar a los insurgentes. Mejor entrenados, mejor preparados y probados en combate, con residentes trasplantados que en defensa de su territorio de adopción han demostrado una mayor resistencia que el Ejército venezolano enviado para hacerle frente. Las 20 bajas en un mes es duro. Los últimos formaban parte de las fuerzas élites de la FANB.

La corporación criminal resguardada en Miraflores cree que los terroristas que hacen vida en Venezuela buscan la transformación política en Colombia. Sin embargo, el frente de Gentil Duarte envía un mensaje claro: este es lo que te espera si aspiras a desplazarme de mi área natural. “Los videos en las redes sociales que muestran los trofeos de guerra” son demoledores.

Hasta ahora, el silencio del pupilo de Raúl Castro lo hace cómplice de lo que ocurre en el estado Apure, donde está visto que prefiere proteger la Segunda Marquetalia y sacrificar los grupos élites de las fuerzas armadas venezolanas.

En 2021, el régimen de Maduro está inmerso en su laberinto.

Abril 28, 2021

El Nacional

 4 min


Jesús Elorza G.

Tremenda molestia le causó a los obreros de Sidor, en el estado Bolívar, al escuchar el discurso de Maduro que con motivo del Primero de Mayo, era retransmitido en cadena nacional por todos los medios de comunicación:

“La solidaridad de clase ha sido uno de los elementos característicos en la acción del movimiento obrero internacional, y se ha erigido en base a la hermandad que los pueblos, históricamente, han demostrado en el combate en contra de la opresión social. El internacionalismo proletario, como actitud y principio revolucionario, se configuró a medida que la conciencia de clase del proletariado se desarrolló y le permitió entender el carácter transitorio del capitalismo -históricamente hablando- y el papel histórico que a aquel le corresponde cumplir para poner fin a este sistema capitalista explotador y construir la sociedad del futuro: el socialismo”.

Seguro, está leyendo una copia que le prepararon para este día, dijo uno de los obreros. No debe tardar en salirnos con una consigna revolucionaria.

Dicho y hecho, acto seguido, Maduro en su discurso plagiado señaló:

“La consigna, Proletarios del mundo, uníos, resume el carácter internacional de la lucha de la clase obrera para poner fin al capitalismo. La liberación social de los trabajadores no puede alcanzarse de manera definitiva si el régimen de explotación capitalista no es derrotado en su totalidad. Además, todo el poder es para los Consejos Obreros, Consejos Comunales y las Comunas y el garante de la revolución es y será La Dictadura del Proletariado ejercida y dirigida por mí”.

Siiii Luisss, fue la expresión generalizada de los obreros. Ya llevamos 22 años con ese cuento chino bolivariano y los trabajadores no le vemos el queso a la tostada. A esa teoría, supuestamente revolucionaria, se le ven las costuras en su aplicación práctica. Por ejemplo:

– En la cúpula del poder gubernamental no hay un solo obrero, no nos vengas con el cuento que fuiste chofer de autobús en el Metro, cuando todos sabemos que solo fuiste un reposero y por el contrario la mayoría de los allí presentes sean burócratas militares.

– En las empresas expropiadas a la burguesía el control no lo tienen los Consejos Obreros sino militares puestos a dedo o civiles enchufaos y todas han fracasado.

– Las cifras de desempleo siguen creciendo a paso de vencedores.

– Pretenden vendernos como revolucionaria la tesis neoliberal de la Tercerización del Empleo.

– La congelación de los Contratos Colectivos.

-Salarios de Hambre que no alcanzan para cubrir la Cesta Básica de Alimentos.

– Los “aumentos salariales” impuestos unilateralmente por el Presidente.

– El Paquetazo Rojito con traducción inmediata en la inflación.

– La política gubernamental de estimular, proteger y legitimar el paralelismo sindical.

– La criminalización de la protesta social de los trabajadores, a través de la iniciación de acciones judiciales contra los defensores de derechos laborales mediante la aplicación de los artículos 357 y 360 del Código Penal los cuales limitan la manifestación pacífica y el Derecho a la Huelga asociadas a reclamos laborales.

No pasemos por alto, dijo uno obrero metalmecánico, que en estos 22años de ”revolución socialista” uno de los sectores sociales que más viene sufriendo altos grados de represión en Venezuela es la clase trabajadora, la más castigada en todos los sentidos por la catástrofe económica y social que se arrastra el país por años.

Podemos decir, que hasta el momento la violencia contra el pueblo trabajador se ha ejecutado en dos niveles. Una represión que es masiva, y dirigida a los sectores sociales más pobres, en clave de criminalización de la pobreza, sobre todo con la utilización de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) y antes vía la “Operación de Liberación del Pueblo” (OLP), sectores que reciben en su vida diaria el peso y las consecuencias nefastas del paquetazo de Maduro y los empresarios; pero golpeando también en las acciones de calle de los trabajadores, impidiéndoles incluso marchar por la vía pública como forma de protesta. Y otra represión más selectiva, que se eleva a niveles escandalosos por los grados de impunidad, implicando brutales ataques a la libertad sindical y a las libertades democráticas contra activistas obreros, dirigentes sindicales, que resisten y se encuentran, sobre todo, en el ámbito de las empresas del Estado.

Uno de los empleados de Sidor, dijo tajantemente que con el paralelismo sindical desarrollado por este régimen, se le dio paso a la creación de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores de la Ciudad, Campo y Pesca (CBSTCCP) para justificar y dar paso a la instauración de los “Cuerpos Combatientes” y las “Cuadrillas de Paz”, que no es otra cosa más que convertir a trabajadores para que actúen en las empresas, casi literalmente, como “policías” del Estado. Se les conforma como destacamentos auxiliares de las FF.AA. dentro de los lugares de trabajo, para “garantizar la operatividad de la empresa ante cualquier circunstancia”, recibiendo entrenamiento de los militares y respondiendo a su estructura de mando. Convirtiendo a tales “milicias” en un componente más de las Fuerzas Armadas.

Compañeros, esa teoría revolucionaria del Siglo XXI, es pura paja, dijo con arrechera una de las obreras presentes. Con sus argumentos plagiados o mal copiados pretenden generar una cortina de humo para justificar los actos vandálicos y de corrupción de este régimen. Sobre los hombros de los trabajadores colocan todo el peso de una política de hambre, miseria y represión. Frente a ello, nuestra consigna debe ser “Proletarios de Venezuela fuñíos, la lucha continúa.

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Ignacio Avalos Gutiérrez

Han pasado unos cuantos años desde que Sergio Dahbar me ofreció la oportunidad de ser columnista en El Nacional. Siempre he escrito, antes en papel y ahora en modo digital, conforme al criterio que personalmente tengo sobre el asunto que he decido abordar.

No quiero desaprovechar estas líneas para mostrar mi solidaridad con el periódico y mi protesta ante la última sentencia emitida por las autoridades judiciales, en respuesta a la demanda planteada por un alto personero del oficialismo, demostración palmaria de que en Venezuela el Estado de Derecho semeja cada vez más un elenco de reglas diseñado y aplicado según la conveniencia de los que ejercen el poder.

Si se me permite un toque personal diré que El Nacional es un periódico que he leído regularmente desde los nueve o diez años de edad, al principio sólo en su sección deportiva, énfasis fútbol y un poco más tarde béisbol. Pero luego de cierto tiempo lo empecé a revisar completo y descubrí de a poquito que, como alguna vez dijo Thomas Mann, el responsable de esa obra maravillosa que es la Montaña Mágica, “… en nuestro tiempo el destino del hombre muestra sus significados en términos políticos…”. En sus páginas he ido encontrando, así pues, informaciones y opiniones que, compartidas o no, me han ayudado a descifrar el país que somos, en el que vivo, tarea esencial, sobre todo en estos últimos tiempos en los que se ha pretendido apretujarlo en un relato político simple y maniqueo, construido bajo el esquema del pensamiento sectario, que sataniza la discrepancia e ignora la realidad.

II

La mencionada decisión judicial debe entenderse como una acción más, dirigida a lesionar el tejido democrático y fortalecer el autoritarismo mediante un modelo político sustentado, en buena medida, en el control y censura de los medios de comunicación impresos, a la par que incrementa su dominio interviniendo los medios digitales. De paso, no se sabe a ciencia cierta cuál es el contenido del Proyecto de Ley sobre el Ciberespacio, pero en el actual contexto y viendo apenas por encimita las cosas, resulta prudente ejercer el derecho a la sospecha. El gobierno seguirá en su afán de ignorar y falsear la realidad, escondiéndola tras una épica mustia que se conforma con reiterar que todas las cosas son pensadas en beneficio de “nuestro pueblo” y en su defensa ante las “amenazas imperiales”, señalando, incluso, que vamos bien encaminados hacia la construcción de la Venezuela Potencia, pues para esos sirven las palabras, no importa si hay o no ladrillos.

El país continúa en su proceso de deterioro casi exponencial, sin exceptuar ninguno de sus espacios y permeado por la violencia en varios formatos, sin duda el problema más agobiante en la vida de sus habitantes. Cierto, nuestra sociedad ha incorporado el miedo a sus haberes de cada día, corriendo el riesgo de perder la capacidad de asombro y de indignación. El miedo es una fábrica para producir ciudadanos desconfiados, es la conmoción resultante de una evidente debilidad institucional, que sirve como pretexto para desempolvar la ley de la selva, la del sálvese quien ´pueda.

III.

En suma, la nuestra es una sociedad desacomodada, precaria en muchos sentidos, producto de una crisis política que pareciera eternizarse. Nuestra dirigencia no ha tenido ojos para ver ni oídos para escuchar cómo, en el subsuelo de la vida nacional, viene cobrando forma una gran queja colectiva que pareciera registrarse sólo en las encuestas y que, por ahora, es un reclamo envuelto en la indiferencia, copado por el día a día, en donde la tarea por la mera subsistencia no deja ver ni siquiera un poquito más allá.

Nuestra elite se encuentra distraída en su lucha por el poder. Que vaina, ¿no?

EL Nacional, jueves 29 de mayo 2021

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​José E. Rodríguez Rojas

En el reciente Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC) Raúl Castro renunció y entregó el liderazgo del partido a Miguel Díaz-Canel y a una nueva generación de líderes. Deja como legado una sociedad agobiada por la inflación, el desabastecimiento y las colas. El nuevo liderazgo en el gobierno, ha obtenido logros precarios. Los jóvenes cubanos están impacientes y demandan resultados. Evidencia de ello es el protagonismo del Movimiento San Isidro.

Hasta ahora las sucesiones en el liderazgo cubano se han llevado a cabo en calma. Sin embargo, este no parece ser el caso del cambio que acaba de ocurrir en el reciente Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC), celebrado entre el 16 y 19 de abril. En el mismo Raúl Castro le entregó el liderazgo del PCC a Miguel Díaz-Canel.

Después de media centuria al frente del régimen Fidel Castro delegó en su hermano el liderazgo del régimen y del PCC. Raúl Castro lanzó un conjunto de tímidas reformas bajo las cuales 600.000 miembros de la fuerza de trabajo pasaron a laborar en cooperativas independientes. Él permitió a los cubanos comprar casas y celulares. Bajo el gobierno de Barack Obama permitió el restablecimiento de relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Él separó los roles del partido y del gobierno y estableció límites de tiempo. El Congreso del PCC completó esta racionalización. Los compañeros de generación de Raúl abandonaron el politburó, aunque su hijo y su yerno mantienen puestos de mucho poder en las Fuerzas Armadas. Estos cambios dejan a Díaz-Canel con las manos libres para rehacer la dirigencia del PCC.

Con la autoridad carismática de los hermanos Castro fuera del juego, el nuevo liderazgo será juzgado fundamentalmente por los resultados. El problema es que hasta ahora estos son muy pocos. El manejo de la pandemia ha sido efectiva, gracias a los avances en el área de salud. Pero la pandemia ha paralizado el turismo y golpeado una ya debilitada economía.

La apuesta de los Castro por el apoyo del régimen chavista fue “Pan pa hoy y hambre pa mañana”. El subsidio permitió prolongar la existencia del socialismo cubano a pesar de sus taras. Sin embargo, al final, la incompetencia del régimen venezolano se tradujo en una crisis que ha derivado en una declinación de la ayuda a Cuba. Esto, aunado al impacto de las sanciones de Estado Unidos bajo el gobierno de Donald Trump e ineficiencias de larga data, se han combinado para colapsar las importaciones y causar un desabastecimiento generalizado, lo que obliga al cubano promedio a desperdiciar buena parte de su tiempo en colas para abastecerse.

Esta situación impulsó a Díaz-Canel a reformular el sistema cambiario, unificando los tipos de cambios, lo que implicó una fuerte devaluación. Ello estaba diseñado para forzar a las empresas estatales a ser más eficientes y exportar más. Esto ha incentivado la inflación que se espera este año crezca hasta llegar a 500%, lo que podría contraer los salarios reales en un 15%, según estimaciones del economista cubano Pavel Vidal. Según éste solo hay dos vías: ajuste y reformas estructurales o estancamiento.

Hasta ahora el incipiente sector privado no llega más allá de una economía de subsistencia Muchos economistas esperan que el Congreso del PCC autorice el funcionamiento de las pequeñas y medianas empresas (PYMES). No ha habido tal fortuna. Raúl Castro en su discurso estableció que las reformas deben tener límites, pues podrían causar la destrucción del socialismo. Sin embargo, el economista Ricardo Torres de la Universidad de la Habana señala que el mensaje del Congreso fue que no podían detenerse las reformas. Torres piensa que las PYMES serán autorizadas progresivamente, comenzando con la producción de alimentos.

En una sociedad infantilizada por el paternalismo los cubanos más jóvenes digitalmente interconectados están impacientes. En los pasados meses hemos observado inusuales demostraciones de artistas y activistas demandando mayor libertad cultural. Estos grupos incluyen a ambientalistas, anti racistas, feministas y artistas, como los raperos creadores de la obra “Patria y Vida”, cuya letra refleja la decepción de los jóvenes con los precarios resultados de la revolución. Incluye también al Movimiento San Isidro que se ha convertido en una piedra en el zapato para régimen. Ellos son difíciles de descalificar como agentes del imperialismo, aunque Díaz-Canel ha tratado de hacerlo. El régimen está controlando esto mediante las tradicionales políticas represivas, de acuerdo con Rafael Rojas, un historiador cubano residenciado en México. El Congreso del PCC ha enviado una tímida señal de apertura sustituyendo al jefe de ideología por Rogelio Polanco una figura más flexible. Adicionalmente Díaz-Canel ha ofrecido conversar con los jóvenes e intelectuales aunque ellos quieren más que esto.

El férreo control del Estado policiaco cubano no está amenazado, en términos inmediatos. Pero la frustración está creciendo. Mucho más que antes la gente está diciendo que quieren emigrar, dice un joven profesor. Esto es un problema en un país cuya población está declinando. Cuando la generación post revolucionaria ascendió al poder en China y Vietnam, ellos lograron que la población sintiera los beneficios del crecimiento económico a través del capitalismo de estado. Díaz-Canel ignora esta lección a su cuenta y riesgo.

Nota: la mayor parte de este escrito está basado en una traducción libre del artículo: The Economist. 2021. After the mith, the grim facts. April 24.

Profesor UCV

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Acceso a la Justicia

Pese a que en ninguno de sus 350 artículos de la Constitución de 1999, prevé el llamado Poder Popular ni mucho menos menciona al Estado comunal, el Gobierno de Nicolás Maduro parece decidido a implantarlos, obviando que la mayoría de los venezolanos se opuso a estas figuras al rechazar el proyecto de reforma constitucional que el fallecido presidente Hugo Chávez impulsó en 2007.

Aunque supuestamente con este tipo de Estado se pretende promover la democracia participativa, es decir, una mayor inclusión de los ciudadanos en los asuntos públicos, en realidad es un modelo que aumentará el control social y el poder del Ejecutivo nacional sobre el ciudadano, especialmente los más vulnerables.

Tanto la normativa ya vigente en la materia desde hace varios años como la que está discutiendo el Gobierno en la actualidad exige que todas las organizaciones comunales estén constituidas con el propósito de alcanzar una sociedad socialista. Los demás poderes del Estado (a nivel nacional Legislativo, Judicial, Ciudadano, Electoral) están en teoría al servicio del Poder Popular y deben «gobernar obedeciéndole», pero en realidad la obediencia es debida al Ejecutivo nacional, pues el Poder Popular (o ciudadanos organizados en instancias comunales) dependen de este último. Los poderes territoriales, Municipal y Estadal prácticamente desaparecen, aunque estén contemplados en la Constitución. Se prevé, además, una justicia comunitaria, que depende del «sistema nacional de justicia de paz».

El Gobierno de Maduro, para dar continuidad a este proyecto de Estado y sociedad, ha realizado últimamente tres movimientos que demuestran sus intenciones de darles vida a estas cuestionadas figuras y profundizar aún más el proceso de desinstitucionalización y desmantelamiento del Estado que ya sufre el país desde hace varios años.

En este sentido, a principios de febrero de 2021 entregó los proyectos de Ley de las Ciudades Comunales y del Parlamento Comunal a la Asamblea Nacional oficialista. Ambas propuestas fueron aprobadas por el Legislativo en primera discusión el 11 de marzo y 13 de abril, respectivamente, y ahora están en la fase de consulta pública.

A estos dos proyectos debe sumarse la resolución 0026 del 1 de febrero de 2021 del Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, que contiene las Normas de Actuación de los Funcionarios Policiales y de Investigación Penal para Atención Temprana y Oportuna de Víctimas de la Violencia de Género, texto publicado en la Gaceta Oficial n.º 42.076 del 26 de febrero de 2021, instrumento que da a los consejos comunales la potestad de recibir denuncias sobre violencia de género en contra de las mujeres.

Primer movimiento: Ley de las Ciudades Comunales

El proyecto, compuesto por cincuenta y nueve artículos, una disposición transitoria y dos disposiciones finales, pretende normar una estructura organizativa inexistente en la Carta Magna: la ciudad comunal. En el artículo 4 se señala que la misma «es una instancia constituida por iniciativa popular, mediante la agregación de comunas en un ámbito territorial determinado a partir de las dinámicas funcionales y geohistóricas, con intereses y valores comunes (…) como expresión del Poder Popular».

Además, la ciudad comunal adopta una división político territorial distinta a la prevista en la Constitución, la cual se refiere a municipios y estados, para reemplazarlos por otros entes, entre ellos la comuna y las ciudades comunales, lo cual contraría el modelo de Estado federal descentralizado contenido en el texto fundamental de 1999. Ello configura un grave atentado a la autonomía municipal (artículos 16 y 168 de la Constitución) y estadal (artículo 159 constitucional), por cuanto se trata de una estructura superpuesta a los municipios y estados.

La estructura de la ciudad comunal, tal como está prevista en la propuesta legislativa, es absolutamente inconstitucional y contraría los valores democráticos porque refuerza el centralismo, vulnerando así, entre otros, el artículo 136 constitucional.

De hecho, señala que el Ejecutivo nacional ostenta el carácter de instancia rectora en la estructura y funcionamiento de la ciudad comunal (artículos 25 y 57), y es quien tiene la última palabra a la hora de decidir sobre transferencias de competencias y de recursos municipales, estadales e incluso nacionales (artículos 7 y 56).

En el mismo orden de ideas, la Ley de las Ciudades Comunales establece que grupos de ciudadanos organizados en consejos comunales podrán asumir la conducción de parte del territorio, y aunque se les prometen fondos, la transferencia de poderes desde la República, estados o municipios, y se les da autonomía para tomar sus decisiones, lo cierto es que al menos la última oferta es totalmente falsa, pues en efecto, los consejos comunales están supeditados a la aprobación del Gobierno nacional, quien los valida o no de acuerdo a lo previsto en la Ley Orgánica de Consejos Comunales.

Asimismo, el proyecto de Ley de las Ciudades Comunales suplanta el sistema republicano del Estado venezolano, el cual está basado en la supremacía constitucional (artículo 7), en el principio de legalidad (artículo 137) y el reconocimiento y vigencia efectiva de los derechos humanos (artículos 2 y 19).

El texto concibe a la ciudad comunal como un pequeño Estado dentro del propio Estado. Cada ciudad debe tener su carta fundacional, su Parlamento, su consejo de Gobierno (integrado por siete voceros), su autoridad electoral, su consejo de contraloría comunal (que sería auxiliar de la Contraloría General de la República), su consejo moral y su procuraduría (artículo 14).

En este modelo de Estado comunal se «funcionaliza» la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, es decir, se suprime su autonomía de acción y se les subordina a objetivos políticos, económicos y sociales, determinados por el Poder Ejecutivo central y según una ideología única. Además, el ciudadano ahora se debe «autoprestar» los servicios públicos a través de las organizaciones comunales con los fondos del Estado y de la manera que este le indique y permita.

Sin duda, la ciudad comunal representa un grave retroceso y la desaparición de la forma de Estado federal en Venezuela que data de 1811, con el propósito no solo de eliminar a los municipios y entidades federales, sino también de intensificar la construcción de una forma de organización político social en la que el Ejecutivo nacional controla las comunidades y ejerce un dominio sin freno de otros poderes del Estado sobre ellas.

Lo anterior ha sido denunciado por Acceso a la Justicia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Segundo movimiento: Ley del Parlamento Comunal Nacional

La exposición de motivos de este proyecto confirma las intenciones del oficialismo de desmantelar la actual forma de Estado, pues señala que el texto es «una herramienta integradora y complementaria de las instancias del poder popular que, hasta ahora, se encuentran limitadas por la división político territorial de la nación».

A lo anterior hay que sumar que en el artículo 6 del texto se faculta al denominado Parlamento Comunal Nacional a:

«presentar ante los distintos niveles del poder legislativo propuestas de leyes nacionales relacionadas con el poder popular, proyectos de reforma de leyes relacionadas con el poder popular, leyes regionales, ordenanzas municipales y cualquier otro instrumento legal que permita dinamizar el avance hacia la construcción del Estado Comunal».

Aunque no le da potestad legislativa general, la instancia queda facultada de manera exclusiva y excluyente para realizar las propuestas legales sobre el tema del Estado comunal en el país, tanto en el ámbito nacional, como en el estadal y municipal, con la finalidad de facilitar la transición hacia la ejecución de esa organización estatal, invadiendo así las competencias de los estados y municipios.

Tercer movimiento: Normas de Actuación de los Funcionarios Policiales y de Investigación Penal para Atención Temprana y Oportuna de Víctimas de la Violencia de Género

La resolución del Ministerio de Relaciones Interiores que regula la actuación de los funcionarios policiales y de investigación penal para atender a las víctimas de la violencia de género también parece destinada a reforzar una institucionalidad paraconstitucional. Así, en el artículo 7, numeral 5 del texto se legitima a los consejos comunales y otras organizaciones sociales para recibir los casos de violencia de género y crear oficinas receptoras de esas denuncias.

Cabe destacar que el texto del citado artículo es una reproducción de la disposición contenida en el artículo 70, numeral 5 de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, aprobada en 2007 por la AN dominada por el oficialismo.

No se puede olvidar que el instrumento señala en su artículo 18 a los consejos comunales como organizaciones sociales de base que promueven «planes, programas, proyectos y acciones de prevención y atención de la violencia de género», actividades que deben recibir financiamiento público.

Al respecto debe destacarse que los consejos comunales son instancias que dependen del Ministerio del Poder Popular para las Comunas y Movimientos Sociales, que pueden ser utilizadas por el Gobierno Nacional como mecanismos de intimidación, coerción o de control social y político, situación que resta objetividad e imparcialidad al rol que tienen para recibir denuncias sobre hechos punibles de violencia contra la mujer en las comunidades, pues pueden presentar falsas denuncias hacia los presuntos agresores, como una medida de represalia, especialmente si son considerados «enemigos» del Gobierno, o no atender denuncias si esos agresores en cambio son «amigos». Además, pueden no contar con la capacitación necesaria para atender este tipo de situaciones o darle una adecuada protección a las mujeres víctimas de estas agresiones.

Y a ti venezolano, ¿cómo te afecta?

Ninguna duda cabe de que el Gobierno de Maduro, luego de recuperar la Asamblea Nacional, ha emprendido una serie de acciones sistemáticas para acelerar el proceso de construcción del Estado comunal en el país, que le permitirá reforzar el poder y control absoluto que actualmente tiene.

Mientras tanto, y ante el deterioro de la institucionalidad, y el debilitamiento de la democracia, la población venezolana sigue padeciendo una grave crisis humanitaria, profundizada por las terribles consecuencias de la pandemia de COVID-19.

Lamentablemente, el Estado paralelo que el Gobierno de Maduro busca afianzar en 2021 no atajará los problemas que tienen los venezolanos, por el contrario, amenaza con prolongarlos aún más.

28 de abril 2021

https://accesoalajusticia.org/venezuela-hacia-afianzamiento-poder-popular-y-estado-comunal/

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