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Opinión

Laura Delle Femmine

“Es una oportunidad única”. “Tenemos que estar a la altura”. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, se ha referido con estas palabras a la necesidad de aprovechar este momento histórico, marcado por una pandemia sin precedentes y la peor crisis económica en décadas, para “repensar y arreglar el sistema tributario internacional y crear un sistema que sea verdaderamente adecuado para el siglo XXI”. La economista ha hecho hincapié en la fiscalidad de las multinacionales y ha respaldado la reciente propuesta de Estados Unidos de imponer un tipo mínimo del impuesto de sociedades a nivel global, mostrándose confiada en que este mismo año pueda alcanzarse un acuerdo internacional en el seno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), encargada de coordinar las negociaciones para reformar las reglas fiscales mundiales.

“Los impuestos son tan antiguos como la civilización... al igual que los esfuerzos por escapar de ellos”, ha dicho Georgieva este martes con ocasión de la presentación del informe del Fondo Impuesto de sociedades bajo presión. Por qué una reforma es necesaria y cómo podría ser diseñada. “Pon un impuesto a las ventanas y la gente las tapiará. Grava demasiado las importaciones y tendrás contrabandistas. Grava los ingresos corporativos, y las empresas trasladarán las ganancias, invertirán o harán planes para evitar pagar. Pero los impuestos bien diseñados pueden minimizar este comportamiento”, ha ejemplificado.

Con esta premisa clara, queda establecer cómo hacerlo. Las grandes corporaciones, al calor de la digitalización y la globalización, llevan años desviando beneficios a territorios de baja tributación para rebajar su factura fiscal. Las artimañas que emplean para mover sus ganancias y reducir sus bases imponibles han impulsado una carrera a la baja en el tipo del impuesto de sociedades en todo el mundo, y han mermado la recaudación de los Estados por este tributo. Encontrar una solución a este desafío, que pone de manifiesto la obsolescencia de unas reglas fiscales diseñadas en los años veinte del siglo pasado, se ha hecho aún más urgente con la actual crisis, que ha tenido una virulencia comparable solo con los conflictos bélicos y ha generado un enorme agujero en las cuentas públicas.

“Mirando hacia atrás, el mayor impulsor histórico de la innovación de la política fiscal ha sido la guerra”, ha apuntado Georgieva. “El coste de la Primera Guerra Mundial y la reconstrucción de la posguerra ayudaron a crear impuestos corporativos modernos. Ahora, nos enfrentamos a dos crisis desastrosas y muy costosas: la covid y el cambio climático. Estas necesidades urgentes, combinadas con un espíritu renovado de multilateralismo, nos brindan una oportunidad única para repensar y arreglar el sistema tributario internacional”.

Georgieva ha subrayado que encontrar una solución a la tributación de las grandes corporaciones “es especialmente importante” para los países en desarrollo de bajos ingresos, y ha añadido que el FMI respalda “plenamente las negociaciones de la OCDE”, en la que participan 139 países. Estas se congelaron el año pasado después de que Donald Trump decidiera abandonarlas. El nuevo inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden, ha cambiado radicalmente la postura de Washington, y ha permitido reactivar las conversaciones multilaterales.

Impuesto mínimo global

A ese giro en la Administración de EE UU se ha referido la directora del FMI, al mencionar que la propuesta de establecer un impuesto mínimo de sociedades a nivel global “ha dinamizado la conversación” sobre la reforma de las reglas fiscales. “Este tipo de enfoque multilateral es la única forma de garantizar que las multinacionales altamente rentables paguen impuestos suficientes, y los paguen en los países en los que tienen una participación significativa”, ha dicho Georgieva. “Somos particularmente optimistas con respecto a un acuerdo global sobre el impuesto de sociedades en 2021, este año. Y se necesita urgentemente para evitar, en el futuro, el riesgo de caer en una espiral caótica de impuestos o guerras comerciales en las que todos pierden”.

La economista jefa del Fondo, Gita Gopinath, ya había afirmado el mes pasado que el FMI está a favor de la propuesta estadounidense, en la enésima señal de que el organismo pretende alejarse de la imagen de austeridad y recortes que la caracterizó tras la anterior crisis financiera. Al inicio de la pandemia, Georgieva pidió a los Gobiernos abrir al máximo el grifo del gasto; después, recomendó elevar los impuestos a los más ricos y las empresas más rentables para costear los servicios públicos y crear un impuesto temporal a las rentas más altas y las multinacionales.

“¿Qué está mal en el sistema actual y por qué?”, se ha preguntado Georgieva. “¿Cómo deberíamos tratar a las empresas digitalizadas que operan a nivel internacional y que están entre las más valiosas y rentables del mundo? A muchas de ellas les ha ido muy bien durante la pandemia, haciendo negocio en casi todos los países. Pero las reglas [fiscales] centenarias otorgan derechos impositivos solo a los países donde las empresas tienen presencia física. Los gigantes de internet, y muchas otras sociedades, también eluden impuestos moviendo activos intangibles valiosos y desviando beneficios a territorios con impuestos bajos. ¿Cómo solucionamos esto?”.

El informe publicado este martes por el FMI analiza la estructura fiscal internacional y pone sobre la mesa posibles reformas para gravar a las multinacionales. Entre ellas, modificar el concepto de “establecimiento permanente” y las reglas para asignar los beneficios de las grandes corporaciones, elementos que deben combinarse con una mejor cooperación internacional y transparencia.

Georgieva ha cerrado su intervención con una anécdota relativa al impuesto sobre las ventanas, instaurado en el siglo XVIII en el Reino Unido. “Se ideó como una innovación: aumentar la privacidad, al permitir que los inspectores fiscales hicieran su trabajo sin entrar a los hogares. Pero cuando la gente empezó a tapiar las ventanas, se distorsionó: se transformó en un tributo odiado sobre la luz y el aire fresco”, ha dicho. “El sistema internacional de impuestos corporativos se ha vuelto igualmente oscuro y distorsionado. Pero tenemos una oportunidad especial este año para traerle la luz de la simplicidad y la justicia. Debemos estar a la altura de las circunstancias”.

4 de mayo 2021

El País

https://elpais.com/economia/2021-05-04/el-fmi-insta-a-alcanzar-un-acuerdo-global-para-gravar-a-las-multinacionales.html

 4 min


Eddie A. Ramírez S.

¿Cómo está el movimiento sindical venezolano? ¿Es posible un sindicalismo independiente de los partidos políticos? ¿Cuál es el futuro del movimiento sindical? ¿Cuál debe ser la contribución de los sindicatos en la recuperación del país? El sindicalismo surgió en Europa en la segunda mitad del siglo XIX y en 1868 se aprobó el 1 de mayo como Día Internacional del Trabajo, aceptado gradualmente por casi todos los países. En Venezuela, el presidente López Contreras decretó que el Día del Trabajo sería el 24 de julio, pero el presidente Medina lo cambió, para el 1 de mayo.

Inicio: En nuestro país, los primeros trabajadores en organizarse fueron los petroleros. En 1925 estalló la primera huelga petrolera en Mene Grande. En 1936 estalló otra organizada por los sindicatos petroleros de Zulia y Falcón. Las mismas tuvieron como motivo reclamaciones socio económicas. En 1950 hubo otra huelga petrolera, con cierto tinte político, que fue reprimida brutalmente. Los comunistas tuvieron un rol protagónico en los primeros sindicatos, siendo desplazados posteriormente por dirigentes de Acción Democrática. En 1944 se realizó la primea Convención de Trabajadores, produciéndose también la primera división entre comunistas y acciondemocratistas. En 1947 se creó la Confederación Venezolana de Trabajadores (CTV), con una clara mayoría de militantes de Acción Democrática, partido que estaba en el poder. La dictadura de Pérez Jiménez la ilegalizó y creó un parapeto oficialista. En 1958 renació de sus cenizas.

Auge: Durante la república civil, 1958 a 1999, Acción Democrática controló la CTV y fue evidente el poder político que tuvo el Buró Sindical de ese partido. Copei y la Causa R también formaron parte de la CTV. En ese período el Petroestado tuvo una gran influencia en las organizaciones sindicales. La CTV incursionó en negocios, tales como el Banco de los Trabajadores. Hubo señalamientos de corrupción y dirigentes presos por esa causa. Los copeyanos formaron sindicatos y la Causa R tomó control de sindicatos en Guayana. El presidente Hugo Chávez intentó controlar a la CTV. Las violaciones a la Constitución y el empeño del gobierno de limitar la libertad sindical y dominar la CTV desencadenaron los sucesos del 2002, tendentes a procurar la salida de Chávez.

Algunos alegarán que el movimiento sindical no debe ser utilizado para intentar derrocar gobiernos. Esto es cierto en democracia, pero frente a una dictadura todos tenemos la obligación constitucional y moral de hacer lo posible por derrocarla.

Decadencia: Hoy, tanto la CTV como los sindicatos chavistas están de capa caída. La semana pasada las organizaciones Venamérica y Venezuelan American Petroleum Association realizaron un evento con participación de Carlos Ortega, presidente de la CTV, León Arismendi, director del Inaesin y Carlos Henríquez, profesor en la UCAB. Ortega recalcó la necesidad de salir de la usurpación, para lo cual insistió en que los partidos políticos del llamado G4, abran las puertas a otras organizaciones, la necesidad de ayuda internacional y que no hay salida electoral. Arismendi enfatizó en la fragmentación sindical, la formación de sindicatos paralelos afectos al régimen, la persecución a los dirigentes y la necesidad de reconstruir el movimiento, lo cual requiere mejorar vínculos de la dirigencia con las bases. Según él, las prioridades actuales de los trabajadores son lograr la vacunación, mejorar la remuneración y la libertad sindical; la lucha por el poder no los motiva. Henríquez disertó sobre las restricciones impuestas por el régimen a la libertad sindical, tales como no autorizar elecciones, lo cual impide la discusión de contratos colectivos, persecución mediante la justicia militar y aplicación del Código Penal, establecimiento de Zonas de Seguridad para impedir huelgas y protestas, creación de Consejos de Trabajadores para limitar el radio de acción de los sindicatos y establecimiento de milicias obreras. Recalcó que la dirigencia debe decidir cambios de paradigmas para contribuir a la reconstrucción del país y que deben considerar la difícil situación económica de Venezuela, sin olvidar las penurias que atraviesan los trabajadores.

En el mundo, el movimiento sindical ha decaído y cada día hay menos afiliados a los sindicatos. Quizá ello se deba no solo a la decepción con los dirigentes, sino a la realidad de que la mayoría de los patronos no son los explotadores del pasado. Los empresarios están conscientes de que está en su mejor interés contar con buenos trabajadores. Por eso hacen lo posible para establecer un adecuado ambiente de trabajo y otorgar condiciones socioeconómicas acordes con el tamaño y desempeño de la empresa. Desde luego, todavía hay patronos explotadores. Hay trabajadores que entienden las limitaciones de la empresa y hacen lo posible por mejorar la productividad. Hay otros que se aprovechan de la protección del sindicato para rendir lo mínimo y faltar al trabajo.

Reconstrucción: Los sindicatos deben autoevaluarse y adaptarse a la nueva realidad. Su contribución a la reconstrucción del país es importante. Serán necesarios acuerdos con los trabajadores y sus sindicatos. Si queremos salir del foso habrá que minimizar los conflictos obrero-patronales. En el caso de las empresas del Estado, hay que estar conscientes de que el gobierno no podrá seguir subsidiándolas. Todas están quebradas y habrá que desarrollar un proceso de privatización. ¿Lo entenderán los partidos políticos, los trabajadores y los sindicatos? Por otra parte, La experiencia indica que no es sano que la dirigencia sindical surja por la injerencia de un partido político. Tampoco que los trabajadores busquen ese apoyo para escalar posiciones. Trabajadores, patronos y partidos políticos tienen la palabra.

Como (había) en botica:

Paulina Gamus, en excelente artículo sobre Aristóbulo, menciona su comportamiento conciliador y equilibrado antes de 1999, y el cambio drástico después de esa fecha. La distinguida exparlamentaria finaliza : Llegará el día de juzgar a los culpables de la ruina y destrucción de nuestro país. Ese día tendremos que saber elegir entre justicia y venganza. La venganza es odio, la justicia es equidad e imparcialidad. Solo así podremos construir un país distinto. Un país reconciliado.

Padrino López y Ceballos deben renunciar. Son los responsables de las muertes de nuestros soldados.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Humberto García Larralde

Insoslayable el tema militar. Por más que se quiera evadir, una implacable lógica lo coloca en el centro de cualquier discusión sobre la actual tragedia de Venezuela. Considérense, como premisas, los hechos siguientes relacionados con el régimen de Maduro:

1) su destrucción deliberada de la economía venezolana, condenando a la inmensa mayoría de sus compatriotas a niveles de miseria y hambre impensados;

2) su desconocimiento del ordenamiento constitucional que da sentido a la democracia en Venezuela;

3) su desmantelamiento de las instituciones del Estado de Derecho;

4) su entrega al tutelaje cubano y ruso sobre temas sensibles de la seguridad nacional;

5) su alianza con organizaciones criminales en busca de apoyo, a cambio de variados “negocios”;

6) su manejo desastroso de la pandemia, ocultando cifras y negándole a la población las vacunas, debido a mezquinos cálculos politiqueros;

7) su negación de los derechos humanos básicos a sus compatriotas, incluyendo el derecho a la vida, como ha sido recogido en variados informes sobre Venezuela de las NN.UU., la OEA y ONGs;

8) su repudio, en consecuencia, por más del 80% de los venezolanos;

9) su desfachatez y burla al país, al cometer abiertamente fraude para reelegir a Maduro en 2018; y

10) su rechazo por más de 50 de los principales países democráticos, muchos de los cuales han aplicado sanciones en contra de sus máximos personeros, por violación de derechos humanos, socavamiento de la democracia y por estar incursos en prácticas ilícitas,

Con base en ellos, se concluye que representa una aberración política, histórica y moral para la nación.

Ergo:

Este régimen no tiene razón de existir. De respetarse la voluntad popular, debería ser desalojado. Su permanencia constituye, por tanto, una anomalía que requiere del ejercicio de una fuerza capaz de romper con la lógica del cambio que se desprende de lo anterior: la de aquellos militares, en posiciones de comando, que han decidido poner las armas de la República al servicio de los intereses de quienes la han pisoteado con saña, hasta convertirla en la calamidad que presenciamos, tristemente, hoy.

Es menester recordar que las fuerzas democráticas han dejado su pellejo en la calle para hacer realidad la voluntad mayoritaria de cambio, tanto por medio de las instituciones existentes –su dominio de la Asamblea Nacional, el Referendo Revocatorio, invalidados ambos por el fascismo--, como por la protesta multitudinaria, sobre todo durante 2014 y 2017, que dejó centenares de muertos, otros tantos presos y numerosos torturados y heridos. Independientemente de sus errores, que no se venga, ahora, a afirmar que los venezolanos no lucharon, que no se entregaron, de cuerpo y alma, a consumar la lógica del cambio inevitable. La dificultad está en que nos enfrentamos a un régimen de naturaleza fascista.

Las razones de la traición a Venezuela de Padrino López, Remigio Ceballos, Hernández Dala, Fabio Zavarse y de otros jerarcas militares, es harto conocida: su complicidad, protagonismo activo y/o aquiescencia con las prácticas de expoliación que el chavismo ha hecho su razón de poder. Ha sido ampliamente documentada la participación militar en el tráfico de drogas (cártel de los soles), en el desguace de PdVSA y de otros entes públicos, en el saqueo del oro y de minerales valiosos de Guayana, en el llamado “contrabando de extracción” de gasolina, en extorsiones, peajes y demás exacciones que les facilita su rol de custodios de fronteras, puertos, aeropuertos y carreteras y, en fin, en los numerosos ilícitos que les depara su dominio de sectores claves de la economía venezolana. En defensa de este botín, han desatado, junto a la banda de exterminio, FAES, una guerra en contra de sus compatriotas.

Pero su traición no termina ahí. Su participación en la expoliación del país los ha llevado también a traicionar a la institución militar a la que juraron lealtad. Desde posiciones de mando han entablado alianzas con las fuerzas irregulares de la guerrilla colombiana, con los “sindicatos” hamponiles que controlan la minería ilegal en Guayana y, por lo visto, con las megabandas que se hacen cada vez más notorias en zonas de la capital --Cota 905, barrio José Félix Ribas--, para que “colaboren” con el mantenimiento del “orden” criminal instituido. Han abdicado, así, de su monopolio de los medios de violencia, argumento Weberiano que acotaba el rol de la Fuerza Armada como institución de los Estado-nación modernos. Es decir, acabaron con la razón de ser de la institución militar como tal. Su pregonada disciplina, obediencia, subordinación jerárquica y unidad de mando han sido disueltas en componendas de oficiales de la Guardia Nacional, del ejército y de otros componentes, con las bandas mencionadas arriba. Ha dado lugar, así, a un estadio de anomia, caldo de cultivo para una red de mafias dedicadas a explotar las oportunidades de lucro dejadas abiertas por la demolición del Estado de Derecho.

Predomina, entonces, la ley del más fuerte. Pero se está viendo que ello no corresponde, necesariamente, con la FAN. Su desmoralización, las penurias por la que pasa la tropa, las deficiencias del apresto militar --no obstante las millonarias adquisiciones de equipos que han llenado los bolsillos a más de uno--, han repercutido en su creciente vulnerabilidad operativa, como ha quedado en evidencia con la muerte de humildes soldados enviados a enfrentar disidentes de las FARC en el estado Apure. Si ello fue por disputas por controlar el tráfico de drogas, se trata, además, de un crimen atroz. El fracaso en someter al “Coqui” o al “Wileixis” y la negociación de “zonas de Paz” con ellos y con otras bandas en distintas partes del país, son otro testimonio. El país parece hundirse en un tremedal de violencia de grupos ubicados fuera de la ley, que sólo se ocupan de sus propios intereses, al costo de lo que sea. ¿Hasta dónde nos lleva el vacío de poder dejado por la destrucción de la institución militar?

Dos cosas finales. La primera, referente al sentir del resto de los militares y a su disposición a asumir posturas activas en defensa de la nación. ¿Están preparados para enfrentar a quienes, a sangre y fuego, han impedido --hasta ahora-- que culmine la lógica del cambio político comentada? Entiendo que existe una represión cruel por parte de la DGCIM, con asesoría del G2 cubano, a los militares que anteponen su lealtad con Venezuela a las trapacerías del régimen y, también, de los intentos por adoctrinarlos con base en clichés de la mitología comunista. Pero los militares tienen familia, amigos y conocidos. Con todo y la censura, no pueden desconocer el sufrimiento infligido a la nación –deliberadamente, por demás—por quienes la expolian. Si no es con militares de aquí, ¿habrá que esperar a que acudan los de afuera para quebrar las bases de sustento del fascismo? Es hora de que oficiales y tropa reflexionen profundamente sobre esta disyuntiva. ¿O dejarán que se disuelva Venezuela definitivamente como país?

El segundo punto es que, una vez que implosione la podredumbre sobre la cual se erige el régimen, será crucial contar con un componente de la FAN lo suficientemente sano y comprometido con el país, que retome su condición de monopolizador de los medios de violencia. Ello será imprescindible para construir un referente de autoridad capaz de enfrentar, en última instancia, las bandas criminales que se han apoderado de extensas áreas de Venezuela. Nos jugamos la recuperación de un clima de paz y de seguridad, tan importante para nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos.

Sea cual fuese nuestra posición sobre la existencia de la FAN, necesitaremos a los militares, pero a los que sienten realmente su compromiso con la patria y con los venezolanos que la formamos.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

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Carlos Machado Allison

Las universidades se encuentran entre las instituciones más antiguas del mundo occidental. Bolonia (1088) y Oxford (1096) ya son milenarias. Le siguen en orden Cambridge (1209), Salamanca (1218) y Padua (1222). En nuestro continente, con algunas polémicas por los sellos y cédulas reales, las más antiguas son la de Santo Tomás (1538) en la actual República Dominicana, San Marcos en Lima (1551) y la Real y Pontificia de México (1551). La nuestra es creada en 1721 y su nombre cambió más de una vez, hasta su denominación actual: Universidad Central de Venezuela (UCV). Está cumpliendo 300 años.

Hoy, la UCV, muestra profundas heridas tanto en su infraestructura como en todos los cimientos de la institución. Semi desierta, estrangulada económicamente y víctima de hampones ha perdido parte su médula que son los profesores y sus estudiantes. No están mejor las restantes universidades autónomas y experimentales que sin duda florecieron a partir de 1958. En estas últimas semanas han circulado varios documentos que tienen en común la denuncia de todas las desgracias impuestas por el actual gobierno y algunos están también motivadas por la posibilidad de elegir nuevas autoridades. En efecto, una de las facetas malévolas de la intervención gubernamental ha sido el tema de las elecciones, no sólo las universitarias, sino también de gremios y otras organizaciones de la sociedad civil que, en la trasnochada visión de algunos jerarcas, deberían todos estar al servicio, no del país, sino del partido de gobierno. En todo esto coinciden los documentos, pero algunos obvian la columna principal de la institución y esa no es otra que la esencia de la vida académica.

Una universidad no es una república, ni aspira a ser democrática. Es, en por su naturaleza y misión, meritocrática y su conducción debe, sin duda alguna, estar en manos de un liderazgo ilustrado y respetado por sus conocimientos, formación y trayectoria. No es la única institución que debe ser impermeable al populismo, existen otras. Por ejemplo, nadie espera que en un ejército los soldados elijan a su general o que el Papa sea designado por el voto universal de los feligreses. De allí que, por centenares de años y hasta milenios como en algunas, existen ciertas reglas y procederes para designar rectores, otras autoridades, decanos y directores. Reglas que trascienden las elecciones porque están basada en sus valores fundamentales.

No se obtiene una licenciatura, maestría o doctorado por ser más popular o pertenecer a un partido político. Tampoco el ascenso de los profesores, desde la primera categoría llamada Instructor hasta la máxima, designada como Titular debe estar corrompida por la política partidista, el compadrazgo o la ideología. La universidad no es sólo un sitio para aprender una profesión, debe ser generadora de nuevos conocimientos, innovaciones y sin duda, traductora y difusora del acontecer científico, literario, artístico o tecnológico global que debe estar disponible para la sociedad. Así, muchos profesores no deseamos que persista el actual estado de las cosas, pero tampoco deseamos simplemente retornar al anterior.

Queremos una universidad mejor estructurada, ajustada a los cambios vertiginosos de la actualidad, apoyada financieramente por sus egresados y los agentes económicos en capacidad de hacerlo. No basta con los recursos del Estado y sus vaivenes, ni es aceptable que la contraprestación del apoyo económico sea la genuflexión porque la gestión del conocimiento es demasiado importante para un país, para que sea regida por una ideología. Autonomía es un sinónimo de libertad para estudiar, pensar, investigar y enseñar con calidad. Por todo esto no basta una elección mediatizada de nuevas autoridades para que todo quede igual. Hace falta, es un clamor, que quienes aspiren a su conducción tengan, no sólo las credenciales, sino también un proyecto para elevar su calidad y asegurar su continuidad.

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Carlos Raúl Hernández

1 Wagner relata en el Anillo del Nibelungo que después de despedazar al dragón, Sigfrido se encharca salvajemente en la sangre para hacerse invulnerable, y arrebata el tesoro Nibelungo que la bestia defendía. Pero una hoja de tilo adherida impidió que parte de su hombro se mojara y recibiera el hechizo. Por ahí lo matan a traición, como a Aquiles por el talón que inspira el mito germánico. Nos enseña que ningún héroe por poderoso, valiente, generoso, es indestructible, y un cobarde puede asesinarlo por la espalda. Tenía pacto de sangre con el rey Gunther, su mejor amigo, pero él trama su muerte con la protegida del dios Odín, la poderosa valkiria Brunilda ciega de celos, quien arrepentida se entierra la espada ante el cadáver. No hay vacuna perfecta.

2 Las vacunas son milagros humanos que eluden la muerte y su origen es apasionante. El médico rural e investigador británico Edward Jenner observó que en las manos de las ordeñadoras nacían aterradoras viruelas, de los males más terribles de la humanidad, pero allí se secaban sin daños, porque el virus atenuado de las vacas inmunizaba a las mujeres. Iluminado por el descubrimiento, decidió dar otro paso e inocular el pus benigno de las lecheras a otros y luego exponerlos a contagio con moribundos, del que salían indemnes. Prohíben el tratamiento en 1840, por miedo a que salieran cuernos o rabos a los variolizados. Pasteur usó el método contra ántrax, cólera y rabia, y en 1881 propone llamar vacuna la inmunización por cepas decaídas, en homenaje a Jenner y la antivariólica.

3 Protección en mano, la Corona española remite a América unos discutibles envases de pus, e imaginamos qué cochinadas llegaron a destino después de la travesía atlántica, y por qué modificaron la forma de enviar la medicina. El nuevo intento, más viable, es expedir vacunas humanas. Embarcaron desde España un grupo de niños y al zarpar variolizaron al primero. Cuando estaba por cumplirse el ciclo de inmunización, con su flujo inocularon al segundo y así una cadena hasta que luego de vicisitudes, llegan a Caracas en 1804. Andrés Bello, el hombre más importante del país, atendió la delegación aunque cometió el error literario, tal vez el único, de escribir una horrible Oda a la vacuna (“Suprema providencia, al fin llegaron a tu morada los llorosos ecos del hombre consternado/ y levantaste de su cerviz el brazo justiciero/ admirable y pasmosa en tus recursos/ tu diste al hombre medicina/ hiriendo de contagiosa plaga los rebaños/ tu nos abriste manantiales nuevos de salud en las llagas/ y estampaste en nuestra carne un milagroso sello/ que las negras viruelas respetaron/ Jenner es quien encuentra bajo el techo de los pastores tan precioso hallazgo”)

4 Ningún guerrero podía derrotar en combate a la esplendorosa valkiria Brunilda, fuerte, bella e invencible guerrera, reina de Islandia. Las runas le anunciaban que su destino sería el único hombre sobre la tierra capaz de vencerla, el valiente Sigfrido y para alejar zopilotes, impuso que se entregaría al que la sometiera en combate (por el estilo, Penélope no aceptaría cortejos hasta que terminara de tejer. Así esperaron al único). Su castillo, construido entre hielo, lo protegía un círculo de fuego y Wilhelm Reich saborea la simbología erótica del mito. Con hechizos, malas artes y trampas, el rey borgoñón la vence, y se casa con él, aunque sospecha la trampa. Estaba vacunada, según versiones con un cinturón de castidad, especie de tanga de leves cadenitas cruzadas, pero no sería fácil quitárselo salvo para Sigfrido, según Reich alusión al orgasmo. Cuando el rey bribón viene por su noche de bodas, ella se mofa: “me dominaste en lucha y te será fácil quitármelo porque tu fuerza puede sobre mí”. El pobre terminó atado simbólicamente a sus pies fuera de la cama (“soy tu esposa, no tu mujer”)

5 Kipling indica “no perder la cabeza cuando otros la pierden a tu alrededor” y hay que entrenarse en pandemia, pues crecen la depresión, violencia doméstica y suicidios que afectan al prójimo. Hacer política con la desgracia es terror sicológico y arrastra gente de buena fe. Difundir miedo, cuestionar datos sin evidencia, desacreditar las vacunas -eficaces y poco peligrosas-, es dañino. Según la OMS, los países de alta mortalidad por millón de habitantes van en este orden: Brasil 1.815, Colombia 1.381, Italia 1.353, Reino Unido 1.334, EEUU 1.200, México 1.111. Con rango bajo de decesos, están Finlandia 163, Noruega 127, Japón 77, Venezuela 69, Australia 36, Surcorea 35, Ruanda 26, Singapur 5, Burkina Fasso 8, Nueva Zelanda 5.11, China 3.5, Eritrea 2, Fiji 2, Bután 1.31, Burundi 0.52, Tailandia 0.58, Taiwán 0.47. Sorprenden las diferencias de letalidad entre países desarrollados, igual que entre atrasados. Que estén globalizados o cerrados tampoco hace el contraste, ni tener buenos o deficientes sistemas de salud. Descubrir por qué, exige estudios especiales. Pero de las grandes pandemias, esta ha sido la más benévola, hasta ahora.

@CarlosRaulHer

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Américo Martín

La tasa de desempleo en Venezuela, de acuerdo con datos del FMI, fue durante 2020 y lo que va de 2021, del 58,3%. Es una cifra escandalosa, la más alta del mundo. La hiperinflación de los cuatro o cinco últimos años se mantiene también en niveles inalcanzables.

Desde el punto de vista de las variables macroeconómicas, Venezuela está sumergida en una muy peligrosa combinación recesivo-inflacionaria que, por sí sola, explica la dramática situación social que padecemos. Se trata de indicadores mundiales que, por lo mismo, necesitan un esfuerzo muy grande para encontrar salidas a riesgo de caer en un abismo insondable.

No vale la pena hacer la crónica detallada del colapso de los servicios públicos —incluidos los de salud y de educación— por mala gestión gubernamental de cara al pronosticado, y ahora tangible, avance de la pandemia que, como es natural, cobra más fuerza en la medida en que el poder la pierde.

Es evidente que los caminos están bloqueados, de modo que tendríamos que imaginar las consecuencias que acarrearían la permanencia o agravamiento de estas malignas tendencias. Por supuesto, que en ese marco tan diabólicamente negativo, caben todas las suposiciones y, de hecho, los indicadores del deterioro militar, en relación con la crisis de la frontera colombo-venezolana, asombran por la crasa ineptitud frente al manejo de las relaciones con los paramilitares y, especialmente, con la atomizada FARC en Apure, el ELN en Bolívar y en cada vez más lugares del territorio nacional.

Venezuela no solo ocupa el primer lugar en los niveles de desempleo e hiperinflación; también, según el FMI, posee el menor PIB per cápita del continente y lidera el Índice Anual de Miseria de Hanke (HAMI) por encima de Zimbabue, Sudán, Líbano. Surinam, Libia, Argentina, Irán, Angola y Madagascar. Son cifras vergonzosas ante las cuales no hay excusa posible, es el fracaso de un modelo y una gestión pública.

Ese cuadro es el que ha impulsado la lucha por el cambio democrático en forma pacífica, que ha recibido un respaldo mundial sin precedentes. Son urgencias sociales que exigen respuesta, pero que hasta el presente la renuencia de Miraflores a cambiar o someterse a un proceso electoral transparente y justo, ha optado por apoyarse en la fuerza militar para perpetuarse en el poder.

Sorprende que semejante práctica no se haya detenido ni siquiera frente a los despropósitos de las FARC y su intento de sellar una alianza, más bien maligna, con Miraflores. En este momento, sin necesidad de ello, es el oficialismo venezolano el que está peleando con grupos armados colombianos en territorio nacional y, todavía más, llevando la carga principal de muertos y heridos.

Es doloroso ver los cadáveres de militares y civiles venezolanos caídos en nombre de una causa que niega a Venezuela y a su inmensa mayoría honrada. Ver a esos compatriotas acompañados del dolor de sus familias, es algo que sencillamente no puede continuar y así debería entenderlo el Alto Mando Militar.

¿Qué necesidad había de dar ese paso tan peligroso y absurdo del cual, hasta ahora, no hemos podido deslastrarnos? ¿Qué puede esperarse de esa otra situación bloqueada?

Hay que preguntarse, además, ¿cuán alto será el desconcierto de nuestros compatriotas militares, sometidos a emboscadas de las FARC, en tierra venezolana y sin que se reciban claras instrucciones del Alto Mando, en el sentido de por qué algunos oficiales, excesivamente plegados al partido de gobierno, consideraban aliados políticos o compañeros en causas revolucionarias a quienes, en este momento, los emboscan y los agreden alevosamente?

Como puede verse, la crisis de Venezuela podría llegar a expresiones volcánicas en medio de las profundas urgencias sociales que revelan las cifras arriba mencionadas.

Como lo he dicho muchas veces, soy contrario a invasiones militares cuyos efectos pueden ser demasiado perniciosos, pero el hecho de que haya políticos importantes del país arrojándole carbón a la máquina de la guerra, podría escaparse de las manos de los líderes más serenos y responsables y la miasma militarista mezclarse con la miseria, el hambre, el desempleo e inflación, como factores con potencial detonante muy acusado.

Creo que es extremadamente importante detener la mano de los partidarios de la guerra e insistir en desbloquear el camino electoral, pacífico y negociado, tal como lo reclama la generosa comunidad internacional, aun cuando la irracionalidad en ritmo de guerra, aprovechando el desesperado estado de ánimo de los venezolanos, intente soluciones maximalistas que por lo general fracasan porque carecen de sentido.

No soy tan ingenuo para no creer que las vueltas y revueltas de la noria no puedan provocar estallidos de violencia con relativo éxito, si es que entre la muerte y la vida llegara a predominar la primera.

Y, por otra parte, tengo la premonición de que Venezuela se saldrá con la suya, reconquistando la democracia, haciendo flamear la libertad, recuperando el acelerado ritmo de crecimiento y desarrollo diversificado que llegó a alcanzar, porque, al fin y al cabo, la tozudez tiene unos límites más estrictos que el más bloqueados de los caminos.

Twitter: @AmericoMartin

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Luis Manuel Aguana

Nadie en su sano juicio, salvo que no tuviera de donde escoger, se dejaría abrir el pecho para operarse del corazón por un estudiante de medicina, y mucho menos por un camillero del hospital. La gente por lo general busca la mejor experiencia que pueda encontrar para una intervención quirúrgica. Lamentablemente en otras cosas de igual o mayor importancia no se sigue la misma lección. Por ejemplo, se buscan a los peores capacitados para administrar un país.

En algún momento alguien propuso que en Venezuela no se podría seguir poniendo como condición para acceder a la Presidencia de la Republica los mismos requisitos de siempre: venezolano por nacimiento, no poseer otra nacionalidad, mayor de 30 años, de estado seglar y no estar sometido a condena mediante sentencia definitivamente firme (Art. 227 Constitucional). Incluso para un puesto de portero piden que los aspirantes tengan al menos un título de bachiller. Es claro que Maduro no hubiera calificado en ningún sentido si se hubiera establecido que el aspirante a Presidente tuviera una carrera universitaria, porque ya de hecho no calificaba por tener doble nacionalidad.

Lo de arriba tiene cierta lógica. Pero al parecer en el campo de la política venezolana asombrosamente eso no aplica. Los peores especímenes que han fracasado en cualquier actividad pueden en realidad conducir lo más difícil y más delicado como lo es el futuro de millones de personas si se aplican a la charlatanería política. Asombroso, ¿verdad? No sé cómo será en otros países, pero en Venezuela es así. Y como venezolano disiento en que siga siendo de esa manera. En un mundo tan complejo, los liderazgos deben tener el mínimo estándar educativo para poder siquiera entender lo que pasa al frente de sus responsabilidades como dirigentes de un país. Parece obvio pero no lo es.

Pero voy más allá. Adicionalmente a lo anterior un aspirante debería tener una experiencia mínima. Ese es otro requisito por el que pasa todo el que aspira a una posición laboral, porque el que no la tiene, si se le da el empleo, debe aprender a realizar el trabajo de los más experimentados. No basta con poseer un certificado de cualquier tipo, tienes que demostrar que sabes cómo se hacen las cosas. Y si no sabes hacerlas porque acabas de salir de la escuela, entonces tu proceso de formación profesional recién comienza.

Entonces el proceso político, económico y social de un país normalmente se realiza con el concurso de lo más experimentado de la población que se disponga, con la segura participación gradual del relevo generacional. Pero Venezuela está lejos de ser un país “normal” desde hace más de 20 años, si es que podemos decir que alguna vez lo fue con todos sus altibajos en un periodo de relativa estabilidad política y económica que duro unos 40 años después de 1958. En todo caso durante ese periodo de relativa estabilidad económica no existía un fenómeno que apareció años después con el castro-chavismo-madurismo: la emigración masiva.

De acuerdo a las cifras de ACNUR, la Agencia de la ONU para los refugiados, para junio de 2020 “el número de personas que han tenido que huir de Venezuela llegó a los 5.082.170”, numero superado en el mundo solamente por Siria con 6,6 millones. De acuerdo al informe es probable “que la cifra total sea mayor”.

Lo anterior es una demostración clara de que nuestra juventud está abandonando el país en busca de mejores oportunidades de vida. Ese fenómeno no es nuevo. Ha ocurrido en el mundo después de grandes tragedias como la guerra y la aplicación masiva de regímenes totalitarios de cualquier polaridad. Y esa es la magnitud de la tragedia que estamos viviendo en Venezuela. ¿Quién se va a quedar en el país para hacer algo para quitarnos de encima esta peste? No será una juventud que no ha vivido lo suficiente para saber que significa una democracia con un Presidente nuevo cada 5 años. Que nunca han vivido la libre convertibilidad de una moneda, que no saben que es poder comprar una vivienda con un crédito bancario que puedan pagar con su sueldo. Que nunca han vivido una inflación estable de menos de dos dígitos. No saben qué es eso. En consecuencia no pueden ser ellos los que tengan éxito en manejar este problema, sin la experiencia debida.

Lo anterior no lo estoy diciendo para descalificar a nuestros jóvenes. Son ellos los únicos que han puesto la sangre en las calles para salir de este régimen de la mejor forma que conocen, la lucha frontal en las calles. Pero esta confrontación vital requiere mucho más que eso. Requiere de la sagacidad, la paciencia y el kilometraje en la vida que solo la experiencia puede dar, y que incluye no solo lo académico, sino la hoja de vida en lo laboral.

En este momento estamos en un punto que quien dirija los destinos de lo que vaya a ocurrir en el país debe ser el mejor cirujano que podamos encontrar para que le abra el pecho a Venezuela, como señalé al inicio, acompañado del mejor equipo médico disponible en todas las especialidades porque el paciente se nos está muriendo. No es el tiempo de la improvisación de los jóvenes. Es el tiempo de la experiencia. Los jóvenes deberán ocupar un sitio en el autobús pero no el asiento del conductor. A ellos se les entregará el país una vez que la experiencia haya realizado la operación y salvado al paciente, para que el país pueda encaminarse para el futuro de mano de las nuevas generaciones.

Esto último siempre me recuerda cuando el precandidato presidencial Diego Arria les decía a todos los jóvenes que le acompañaban como precandidatos, y a toda la audiencia de la Universidad Católica Andrés Bello en un debate ocurrido en su sede, el 14 de noviembre de 2011, estas palabras en sus dos primeras intervenciones:

“Tengo miedo porque conozco bien las consecuencias que el odio y la violencia desatadas por este régimen puede traer en una sociedad. Es el miedo que tiene la gente de salir a la calle, de ir al trabajo de ir a una escuela. Ese es el miedo que hay que acabar en Venezuela. Yo sé cómo hacerlo. Yo propongo presidir un gobierno de dos o tres años que derrote la violencia, que rescate la paz, la seguridad y la esperanza para todos… Es imposible no avalar todas las propuestas de mis compañeros, son absolutamente acertadas.

El problema es que Venezuela está enfrentada a un problema distinto. Venezuela está enfrentada a un régimen que cohabita con una Fuerza Armada contaminada con los elementos de la delincuencia internacional criminal, con las mafias incrustadas dentro de los sectores del Ejercito, sectores de la Guardia Nacional, sectores que al ocupar incluso nuestras fronteras, han permitido que ingresen a Venezuela toda clase de delincuentes bajo el cobijo del Estado, al punto que el 70% de los jóvenes que mueren en Venezuela son menos de 25 años y son por ajustes de cuentas, y esto tienen origen directo en la correlación, de la cohabitación de las fuerzas de las mafias internacionales que operan en Venezuela bajo el amparo de las Fuerzas Armadas, de sectores de las Fuerzas Armadas, de la Guardia Nacional y el régimen. Es imposible que el Jefe del Estado no conozca la extensión, la implicación y la profundidad de cómo Venezuela ha sido tomada por mafias internacionales que han penetrado, no solo las Fuerzas Armadas, los poderes judiciales, el poder legislativo, político y fiscal. Eso hace que no es un problema de cambio de jefe de gobierno, un cambio de todo el régimen….”.

Esto lo dijo un venezolano curtido con una experiencia política nacional e internacional inigualable y no comparable ni de lejos con cualquiera de sus competidores en ese debate, y quien tuvo en su haber la Presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU.

Arria se adelantó 10 años al discurso que cualquier venezolano tiene ahora. Los venezolanos ni el resto de los precandidatos tenían idea de lo que estaba diciendo Arria ni las implicaciones de esas palabras. Pero ahora, a la luz de todo lo que ha pasado hasta el 2021 si pueden ahora entender el porqué la experiencia va primero. Todos esos jóvenes precandidatos, que tienen ahora ese mismo discurso después de haber comprendido todo lo que ha sucedido en Venezuela, debieron haber declinado inmediatamente cualquier aspiración y endosarle su respaldo a esa experiencia incomparable para la elección presidencial del 2012. Pero no lo hicieron. La juventud y las aspiraciones a esa edad superan cualquier cosa, hasta el bienestar de todo un pueblo.

Ahora Venezuela enfrenta agravado y en grado extremo el mismo caso. Las Conferencias para el Restablecimiento Constitucional y Democrático, que reúnen a las organizaciones firmantes del Pacto Ciudadano del mismo nombre, tienen en su haber personas con siglos acumulados de experiencia en todos los órdenes para llevar a cabo la monumental tarea de localizar la mejor forma para sacudirnos este régimen. No volvamos a cometer el mismo error de esos jóvenes que en 2011 no entendían por inexperiencia que pasaba en Venezuela y pusieron sus aspiraciones por encima del bienestar del país. Ojala que definitivamente entendamos el tiempo de la experiencia y acortemos la tragedia de Venezuela.

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