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Opinión

Carlos Raúl Hernández

Varias cosas se desprenden a vuelo de pájaro de los resultados del 21N, que merecerán un estudio detenido cuando terminen de salir los boletines y bajen la adrenalina y el cortisol, para examinar el efecto en los cuerpos colegiados regionales y municipales. La primera de ellas, que el proceso electoral es confiable y todo aquello de las máquinas tramposas, cables submarinos desde Cuba u oficinas del gobierno y hasta enanos escondidos debajo de las urnas, sigue siendo una fábula de mentes alucinadas, digna de Alicia en el país de las maravillas. Los resultados reflejan la voluntad de los electores el CNE merece reconocimiento por comicios limpios y se esperan los resultados de Barinas para emitir juicio. Con 41% de participación, atendiendo a que la diáspora la elevaría relativamente a 47%, la votación se distribuye así: a la fecha, oposición 51.7 % (4.414.874) y el gobierno 46.1% (3.940.335), y otros, 2%. Gana la oposición en términos absolutos y relativos, pero obtiene entre 3 y 5 gobernaciones (hay dos en recuento) mientras el PSUV atenaza entre 18 y 20 gobernaciones.

De ir con un solo candidato en cada circunscripción, los adversarios hubieran obtenido entre 17 y 19 gobernaciones. Eso habla bien del sistema de votación y escrutinios, y mal de los cabecillas opositores, porque contra todas las consejas de trasiego de votos, el gobierno recibió un descalabro contundente. La aplastante derrota en número de cargos opositores obedece a una decisión política deliberada e imperdonable, y no es imputable al sistema electoral ni menos a las máquinas de votación o cualquier otra variable. El cuadro histórico de la votación de PSUV evidencia el desplome en barrena de sus magnitudes electorales, que caen de 8 millones 184 mil, a 3 millones 940 mil, menos de la mitad de su caudal y difícilmente alguien hace trampa para evidenciar un proceso de decadencia sostenida. También eso desmerece la hipótesis de las trampas electorales o fraudes. En varias ocasiones me he referido a la diferencia entre mayoría social o estadística y mayoría política. Como vemos, la oposición está en mayoría social porque el gobierno exhibe un rechazo abrumador en la ciudadanía, pero no tiene la capacidad necesaria para convertirla en mayoría política, en curules u otros cargos a su favor.

Existe la fórmula del PPV (proceso de producción del voto) que se mide en la capacidad para convertir el consenso en escaños, que la gente concurra las urnas, y en la eficacia de un aparato de testigos y miembros de mesa para defender los resultados. La oposición malbarató por incompetente su mayoría social y la última etapa de la campaña se dedicó furiosamente en todas partes, y de manera notoria en Táchira, Lara y Miranda, a despedazar opositores que de otra manera hubieran ganado. Lo ocurrido el 21N es producto de una fractura abierta- más que división- de la columna vertebral opositora. Una parte de ella niega y rechaza social y existencialmente a la otra. Así evidenció desde 2017 cuando se dividió entre insurreccionalistas y pacifistas, partidarios de imaginarias intervenciones extranjeras y defensores de la integridad territorial, con la cadena yuxtapuesta de improperios: tarifados, alacranes, colaboracionistas. Digo fractura y no división, por la dificultad de que cicatricen dos concepciones del mundo, de la política y del país totalmente antagónicas. La “unidad” funcionó hasta 2017, mientras un grupo era ancilla de la claque caraqueña. Cuando en 2018 eso debía cambiar por necesidad política, prefirieron dar el triunfo a Maduro, una de las estupideces políticas más graves que conozca.

Después de sacar ¡por fin! a adecos y copeyanos, no pondrían en la Presidencia un plebeyo. A propósito de 2018 les tocaba negociar con el PSUV una salida con garantías, pero decidieron “sacarlo” por las malas sin la más remota posibilidad, y terminaron aplastados, después de una desesperante secuencia de memeses: R.R, “Maduro vete ya” y el récord Guinness de todas las vaciedades: la abstención de 2018. Pidieron invasión extranjera y golpes de Estado, “explosión social”, sanciones económicas. Maduro, Cabello, Rodríguez, Arreaza, plantearon claramente negociar y los que tenían 80% de apoyo popular asombrosamente lo rechazaron sin que nadie pudiera entender por qué. Jugaban a ser políticos sin serlo, asesorados por idiotas. Nunca olvidaré a un ilustrado y nefasto aficionado a la política –hoy partidario de “convocar un RR”- decir “solo negociaremos con Maduro qué va a comer en el avión de su exilio”. Después de expresión tan descerebrada, como era obvio, todo se derrumbó. La cohorte consolidó a Maduro como Presidente y jefe invicto del PSUV, y sus oponentes conforman el primer caso que conozco de un grupo de aspirantes al gobierno que se corrompe desde la oposición, hoy aferrado por razones económicas a la llamada “presidencia interina”, en descomposición. La historia no es una fatalidad sino una cadena de oportunidades y lo que hemos visto, desde la abstención de 2005 es una de interminable de fracasos que confluyen en el 21N.

@CarlosRaulHer

 3 min


Tim Schauenberg

DÍA MUNDIAL DEL SUELO

La tierra no es solo polvo y suciedad, es el hábitat de millones de bacterias que hacen posible la vida en el planeta. Y los suelos son clave en la lucha contra el cambio climático.

En 1937, el entonces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, dijo a sus gobernadores en un momento de sequías y tormentas de arena: "Un país que destruye sus suelos se destruye a sí mismo".

Tal vez haya quien al escuchar la palabra "suelo" piense en suciedad, polvo o barro. Pero en el Día Mundial del Suelo, este 5 de diciembre, queremos echar una mirada debajo de la tierra para entender por qué los suelos tienen una importancia central para el ser humano y para el ecosistema.

Diversidad de especies asegura existencia del ser humano

La Tierra, el planeta sobre el cual plantamos cereales, frutas y verduras, sobre el cual creen nuestros bosques, y donde excavamos para hacer nuestro jardín, es la superficie a través de la cual respira nuestro planeta. Es una mezcla de sustancias minerales y orgánicas, de sedimentos rocosos, de vegetales en estado de putrefacción y de microorganismos.

Nuestro suelo es uno de los espacios vitales con más diversidad de especies del mundo. Un cosmos aparte, con gusanos, insectos, bacterias y hongos, en el que la vida bulle. Un metro cuadrado de tierra alberga hasta 10.000 diferentes tipos de organismos vivos.

En solo un gramo de tierra se puede hallar a cerca de mil millones de bacterias. Y 160 personas sobre una cancha de fútbol equivalen aproximadamente al peso de esas bacterias bajo el suelo, en la misma superficie: 11 toneladas.

Esos organismos son irremplazables para el ciclo vital de la Tierra. Los hongos y las bacterias descomponen las hojas, los árboles y los organismos muertos. Gracias a eso, las plantas reciben nutrientes que necesitan para crecer.

Los gusanos, las termitas y otros organismos del suelo mejoran la productividad de este al mezclar las capas superiores con su actividad. Eso provoca una redistribución de las sustancias alimenticias. De ese modo, también se airea el suelo y el agua puede llegar hasta él y ser almacenada.

Estamos perdiendo nuestros suelos

Hasta ahora solo se ha investigado una fracción de los organismos vivos del suelo. Lo que los científicos saben, sin embargo, es que nuestros suelos están enfermos, y que la diversidad está disminuyendo.

En todo el mundo, gran parte de las tierras están en un estado regular, malo o muy malo, según un informe de las Naciones Unidas sobre las condiciones de los suelos. Cuanta más vida haya en el suelo, más fértil es la tierra, y eso la protege también de la erosión, por lo cual no será arrastrado tan fácilmente por el viento, la lluvia o las inundaciones.

Sobre todo, Brasil, los países del Caribe, África central y el sudeste asiático han sufrido pérdidas debido a la erosión del suelo en el 70 por ciento de sus tierras cultivables.

Un estudio de 2015 muestra que durante los últimos 40 años el 33 por ciento de la tierra cultivable del mundo se ha perdido debido a la contaminación y la erosión. "Esto es catastrófico si se considera que se necesitan alrededor de 500 años para que se forme una pulgada de tierra vegetal", dijeron los autores del estudio.

Según la Organización Mundial de la Alimentación y la Agricultura (FAO), alrededor del 90 por ciento del suelo podría perderse para 2050. Se estima que 3.200 millones de personas ya están sintiendo las malas cosechas y sus consecuencias, incluidas las comunidades rurales del sur global, los pequeños agricultores y las personas de los países más pobres del mundo.

Agricultura desacoplada

La actual tendencia en la agricultura continúa apuntando hacia los monocultivos. Solo el arroz, el maíz, la soja y el trigo se cultivan en más del 50 por ciento de las áreas cultivadas del mundo.

Si se plantan grandes superficies con un solo cultivo para maximizar el rendimiento y facilitar la cosecha, eso conduce, a la larga, al hecho de que el suelo transporta cada vez menos nutrientes. Esto significa que los agricultores dependen de fertilizantes artificiales, que contaminan el agua y alteran el equilibrio natural de los ecosistemas.

Pero los suelos no solo son un factor vital para la subsistencia de nuestro ecosistema, sino que también es de importancia central para desacelerar el cambio climático. Eso se debe a que no todas las emisiones de gases invernadero van a parar a la atmósfera, sino que son absorbidas por las plantas, los bosques y los océanos.

Cuando las plantas mueren y se descomponen, gran parte del dióxido de carbono (CO₂) que estas absorbieron de la atmósfera es a su vez absorbido por el suelo. Este concentra dos veces más CO₂ que el reino vegetal y la atmósfera.

En especial, los terrenos húmedos y helados almacenan gran cantidad de CO₂. Es por eso que el secado de pantanos para la extracción de turba perjudica doblemente el clima del planeta. No solo se destruye un depósito de CO₂, sino que, al retirar el agua de esos suelos, se liberan gases que estaban acumulados allí, entre ellos, el metano, muy dañino para el clima.

Esto también se aplica a los suelos de permafrost en la Antártida y Canadá. A medida que aumentan las temperaturas, se derriten cada vez más rápido. Si desaparecieran por completo, se liberaría casi tanto CO₂ como si Estados Unidos continuara emitiendo la misma cantidad actual de combustibles fósiles anualmente hasta el 2100.

¿Cómo se pueden proteger los suelos?

Si se quiere evitar la liberación de gases invernadero de pantanos secos, se deben restaurar esos espacios naturales a gran escala, dice un estudio de la revista Nature, publicado en 2019.

Asimismo, en la agricultura, se podrían emplear métodos de cultivo tradicionales, como la permacultura y la agricultura de subsistencia, que permiten que los terrenos se recuperen. Entre esos métodos está la alternancia de árboles frutales en los campos, la combinación de especies vegetales en los cultivos, o el sembrado sin maquinarias ni arado. Son poco rentables, pero los costos de la explotación de los suelos con los métodos usuales son enormes.

Se estima que el aumento de la biodiversidad del suelo podría sumar hasta 2.300 millones de toneladas de cosechas adicionales por valor de 1,4 billones de dólares anuales. La cantidad suficiente de lombrices de tierra por sí sola aumenta el rendimiento de los cultivos en un promedio del 25 por ciento. De modo que los suelos saludables siempre dan sus frutos.

5 de diciembre 2021

DW

https://www.dw.com/es/sin-suelos-fértiles-la-vida-en-la-tierra-no-sería-posible/a-60014073

 5 min


Pau Rodríguez / Victória Oliveres

El día que Mónica Martínez-Bravo, economista e hija del barrio obrero de la Prosperitat, en Barcelona, tuvo la oportunidad de pronunciar un discurso frente a un puñado de colegas y familiares, en ocasión del premio Banco Sabadell que le acababan de otorgar, decidió que hablaría de la igualdad de oportunidades. Ella, de familia humilde y doctorada por la prestigiosa universidad norteamericana MIT, parecía la prueba de que el éxito no entiende de clases sociales, sino solamente de esfuerzo y talento. Pero sus palabras fueron directas a las grietas de este relato.

"Hay tantos instantes en mi trayectoria donde el camino se podría haber torcido que no creo que pueda considerarse representativa", leyó en la ceremonia, celebrada el 26 de septiembre en Oviedo. "A pesar del espectacular crecimiento económico español durante las últimas décadas y del acceso generalizado a la educación pública, la movilidad social sigue siendo limitada", alegó.

Producto de la escuela y de la universidad públicas, y de unos progenitores que le inculcaron la importancia de formarse, Martínez-Bravo reconoce el valor de los estudios para labrarse un futuro mejor, pero por su entorno sabe que no todo el mundo lo tiene igual de fácil en este camino, más arduo y lleno de barreras para quienes proceden de familias desfavorecidas. "No quería que mi caso se entendiese como la prueba de que existe la meritocracia", se reafirma hoy.

El de la meritocracia es un debate recurrente en España y en todo el mundo. ¿Se ordena nuestra sociedad única y exclusivamente en base a las capacidades y calificaciones de la ciudadanía? La discusión aflora constantemente, desde el plano educativo, con el reciente ejemplo del decreto de evaluaciones de la ESO y Bachillerato, hasta el empresarial, con el nombramiento de Marta Ortega, hija de Amancio, como presidenta de Inditex.

Un ascensor con múltiples averías

La realidad de la movilidad social, sin embargo, es mucho más compleja. La literatura científica ha demostrado desde hace décadas que el nivel social y económico de las familias, reducido a veces a su código postal, es un factor clave para predecir el desempeño educativo de los hijos. Pero, aun así, los expertos consultados se muestran muy cautos a la hora de decidir si la sociedad española es o no meritocrática. "La meritocracia existe, pero está averiada. La sociología lleva años observando en la trastienda de este ideal y ha comprobado que parte de él es un decorado", sostiene José Saturnino Martínez García, sociólogo especializado en desigualdades educativas y ahora director de la Agencia Canaria de Calidad Universitaria y Evaluación Educativa.

Lucas Gortázar, director de investigación de 'Economic Policy & Political Economy’ de Esade, y Rafael Merino, sociólogo del Grupo de Investigación en Educación y Trabajo de la UAB, se expresan en términos parecidos. "La meritocracia es una promesa que es importante mantener, pero que está parcialmente incumplida", dice el primero. "Hace 200 años nadie de clase baja accedía a la educación superior y ahora son millones de personas", abunda. Y advierte el segundo: "A los hijos de clase baja les compensa llegar a la universidad, esto es clarísimo. Hacer un discurso de que estudiar no sirve para nada es falso y es clasista".

Pero a partir de ahí, la pregunta es si España es más o menos meritocrática que el resto de países de su entorno y si se puede identificar dónde falla el sistema, el educativo y el laboral, a la hora de garantizar igualdad real de oportunidades. Y por qué.

Los investigadores advierten de que en el acceso al mercado laboral no existen apenas datos para evaluarlo. Pero en el sistema educativo hay unos cuantos indicadores, desde el menor acceso de las familias vulnerables a la educación infantil hasta el mayor abandono prematuro de los jóvenes de clase baja. Pero quizás el dato más sangrante es el de la repetición escolar, un fenómeno en el que España es campeona del mundo desarrollado. "La tasa de repetición se ceba con los más vulnerables más que en ningún otro país", constata Gortázar.

La mitad –el 48,8%– de los alumnos pobres repiten curso en algún momento de su escolarización. Entre los ricos, la tasa es del 8,9%. Pero no es solamente esto. Incluso cuando dos adolescentes tienen exactamente el mismo nivel de competencias de matemáticas o de lengua, el de clase baja tiene cuatro veces más probabilidades de no pasar de curso que el de clase alta, según los resultados de PISA 2018 analizados por Save The Children (un indicador que se ha reducido respecto a los datos de 2015).

¿Cómo es posible que esto ocurra? Además, todo parece indicar que sucede algo parecido con el abandono prematuro, que es del 3,6% entre aquellos que tienen madres universitarias y del 20% entre los que son hijos de progenitores solo con Secundaria.

Hay varias razones. Una de ellas tiene que ver con lo que Martínez García denomina "la cultura escolar". "Por ejemplo, en la disciplina, en la forma de hablar o de vestir [de los alumnos de clase baja], que no acaba de encajar con la idea de buen estudiante", esgrime Martínez García. También puede influir si uno recala en centros más conflictivos y segregados, donde el entorno a veces no anima a seguir estudiando.

Pero sobre todo tiene que ver con la capacidad de la clase medias y altas de sortear esta barrera. De evitar que sus hijos repitan. "Tienen más mecanismos para presionar a la escuela", revela Gortázar. Los padres y madres saben cómo convencer al tutor porque ellos ya pasaron antes por el instituto y saben cómo funciona. Y también pueden pagarle al hijo unas clases de refuerzo si hace falta.

Sobre este debate, el sociólogo César Rendueles publicó recientemente Contra la igualdad de oportunidades. En una entrevista en elDiario.es defendía la tesis de que el concepto de meritocracia no favorece la movilidad social, sino más bien lo contrario: legitima los privilegios de las clases adineradas, que son las que tienen el camino más despejado en los estudios y en el mundo laboral.

Los recursos de las familias, tabla de salvación

La capacidad de apoyo de las familias es decisiva para entender la falta de igualdad real de oportunidades. Martínez-Bravo lo recuerda en su paso por la universidad pública. "Yo tenía que trabajar algunos fines de semana y veranos en la cocina de un hospital, mientras otros compañeros de clase estaban haciendo prácticas en empresas de los conocidos de sus padres", afirma. Son diferencias, opina, que "no cambian radicalmente" los itinerarios, pero sí influyen. "Ni yo acabaré en un supermercado ni tú de CEO de Facebook, pero es una suma", dice.

En este sentido, la premiada tesis del joven sociólogo Carlos J. Gil Hernández, publicada en 2020 (Cracking meritocracy from the starting gate), analizaba –entre otros– los datos del sistema educativo alemán, que tiene la particularidad de separar en distintos itinerarios a los alumnos a la temprana edad de 10 años. Y descubría que, incluso a esas etapas, los niños de clase alta tenían más probabilidades de insertarse en la trayectoria académica –la considerada como mejor– incluso a igualdad de competencias y conocimientos que los de familias más pobres.

Su trabajo citaba también el estudio, ya en 1968, de William Sewell y Vimal Shah, que detectó esa brecha en el acceso a la universidad. Hace medio siglo, el 58% de los niños americanos con bajo coeficiente intelectual y padres formados accedían a hacer una carrera, mientras el porcentaje para los hijos de familias sin estudios era del 9,3%.

Quienes trataron de radiografiar algo parecido fueron los sociólogos Fabrizio Bernardi y Héctor Cebolla en un estudio publicado en 2014. A partir de una encuesta del CIS a la población nacida con posterioridad a 1976, analizaron sus respuestas sobre las notas que recordaban haber obtenido en su día en clase y si cursaron o no posteriormente estudios superiores.

Entre los hijos de trabajadores manuales de baja calificación que recordaban haber sacado buena nota, el 75% cursó estudios superiores, un porcentaje que superaba el 95% en las capas altas de la sociedad. En el otro extremo, con los que habían sacado malos resultados, poco más del 10% de los de clase trabajadora hacía el salto a los estudios superiores, mientas que entre los altos directivos eran más del 65% (no así entre capas medias, donde el porcentaje quedaba por debajo del 50%). Pese a tener el mismo nivel académico, la brecha era más que notable.

Nuevamente, el dato muestra que los hijos de clase alta pueden corregir a menudo su falta de nivel. Es lo que Martínez García denomina el 'efecto Froilán'. "En cualquier familia de clase media o baja, él no hubiese acabado la ESO. Pero lo mandaron a Estados Unidos pagando miles de euros, volvió con el Bachillerato acabado e ingresó en una universidad americana en Madrid", detalla. En términos sociológicos es una anécdota, matiza, pero sirve para comprender la existencia de este "suelo de cristal".

Pero la encuesta muestra también otra cara de esta misma realidad, como recuerda su autor Héctor Cebolla, y es que las notas escolares importan. Y mucho. Un muy buen estudiante hijo de trabajador manual tiene más probabilidades de acceder a estudios superiores que los de buena familia que sacan malas notas o incluso regulares. El problema, de nuevo, es que el acceso a estos méritos, a las notas excelentes, es más difícil para los de entorno desfavorecido.

"La meritocracia, como todo en la vida, está obstaculizada por las desigualdades tempranas que se manifiestan ya desde la forma en que la gente cría a sus hijos", sostiene este doctor por la Universidad de Oxford especializado en desigualdades educativas. Solo el 25% del rendimiento escolar se explica por el efecto de la escuela, argumenta este sociólogo, que ocupa actualmente el cargo de director general de Innovación y Estrategia Social en el Ayuntamiento de Madrid. Añade en este sentido que la forma de corregir las desigualdades educativas es eliminar las de carácter social. "Si el sistema educativo finlandés absorbe menos desigualdad que el español es porque el país es menos desigual", argumenta.

Pese a ello, Merino, de la UAB, no solo sostiene que la escuela sí tiene un efecto determinante, sino que defiende que la existencia de centros educativos segregados es uno de los factores "clave" para entender los fallos de la igualdad de oportunidades. "Estas escuelas acaban bajando el nivel de exigencia, porque les cuesta más gestionar las clases, y para mí este es el origen del problema", valora. En estos centros, que suelen ser mayoritariamente públicos, "se genera un círculo bastante vicioso, en el que el entorno de los jóvenes tiene pocas expectativas y la escuela o el instituto las refuerzan", añade. Y concluye que ninguna Administración educativa está llevando a cabo políticas ambiciosas para corregirlo.

Los factores que operan en el mercado laboral

Al salir del sistema educativo y académico, el rastro de la meritocracia es mucho más complicado de seguir a partir de los datos. Saber cómo influye el origen social a la hora de lograr los mejores contratos, de convencer a tus jefes y de poder escalar lo más rápido a los puestos directivos es complicado de cuantificar. Los expertos consultados advierten de la importancia de los contactos que uno tenga para entrar en determinados empleos. Pero operan otros factores, como las habilidades sociales o el miedo al fracaso, que de nuevo favorecen a quienes tienen más y perjudican a quienes tienen menos.

Sobre esto opina la economista e investigadora ICREA Caterina Calsamiglia. "Esta idea de que el error forma parte del aprendizaje es un lujo. Eso lo dicen los que están suficientemente tranquilos y confiados de que el sistema les permitirá corregirlo o fracasar temporalmente", expresa, en referencia, sobre todo, al entorno laboral. "Igual que decir que el fracaso forma parte del progreso y que es necesario para triunfar".

Montar una empresa y no tener éxito no tiene el mismo coste para quien sabe que sus padres le van a rescatar que para quien puede acabar desahuciado. Pero no hacen falta casos tan extremos. Dejar el trabajo durante un año para cursar un master o para estudiar inglés y mejorar el currículum puede ser otro ejemplo. En las transiciones educativas, esta "aversión al riesgo" está estudiada, observa Merino. Los jóvenes de bajo nivel socioeconómico suelen optar por carreras más cortas y que creen más accesibles y con salidas laborales claras. "El coste que supone mantener años de formación en términos relativos es mucho más grande para la gente de clase baja, con lo que muchos aseguran el tiro", resume Merino, que aun así añade para el análisis que la opción mayoritaria para el perfil de buenos alumnos de familia humilde cuando acaban la ESO sigue siendo cursar el Bachillerato.

Para Gortázar, de hecho, el análisis sobre la meritocracia en España debe ir "inequívocamente unido al funcionamiento del mercado laboral", a si permite o no la movilidad. Y aquí ve necesario destacar el problema del elevado paro estructural, unido a una "alta temporalidad", que hace que se cree una bolsa de "perdedores del sistema". "Si tienes un país donde todo el mundo accede a estudios medios y superiores, no hay trabajadores de tercera, sino, como mucho, de segunda y de primera", sostiene, y añade la ausencia de una apuesta por la FP como una de las causas. Calsamiglia, por su parte, también argumenta que las sociedades con menos diferencias sociales y salariales tienden a ser más meritocráticas.

"Los países con mejor ascensor social, como los del norte de Europa, son los menos desiguales. Porque si no hay grandes diferencias, los padres de clase alta se relajan, porque ya les parece bien que su hijo acabe en un puesto u otro. Pero si las diferencias son enormes y hay que seleccionar a ganadores y perdedores, entonces es más difícil que exista el ascenso social, porque las familias favorecidas van a aprovechar su poder para asegurase de que sus descendientes no caigan", resume esta economista.

2 de diciembre de 2021

elDiario. Es

https://www.eldiario.es/catalunya/meritocracia-son-padres-sistema-educat...

 10 min


Juan Diego Quesada

Venezuela ha expulsado a los observadores electorales de la Unión Europea, que tendrán que abandonar el país este fin de semana, según ha contado a EL PAÍS una fuente oficial. La misión tenía previsto marcharse dentro de siete días, pero el Gobierno chavista no ha renovado la visa de sus integrantes. Los observadores emitieron un informe preliminar en el que aseguraban que las elecciones municipales y regionales venezolanas celebradas hace dos semanas presentaban mejorías respecto a procesos anteriores, pero que arrastraban todavía importantes deficiencias democráticas. La anulación de la victoria de un opositor en el estado de Barinas, feudo del chavismo y cuna de Hugo Chávez, ha tensado la situación. El presidente Nicolás Maduro ha llegado a tildar a los observadores de “espías”.

Los observadores no han emitido ningún comunicado al respecto y su idea es partir de Venezuela con un perfil bajo, sin hacer ruido. No quieren un enfrentamiento directo con el Gobierno de Maduro. Consideran que su trabajo está hecho, aunque no comparten la decisión de acortar la estancia una semana. El primer visado que se les concedió a los eurodiputados y diplomáticos finalizaba el 30 de noviembre y se había acordado con las autoridades venezolanas extenderlo hasta el 10 de diciembre. Al final, esa prórroga no se ha ejecutado y el Gobierno les ha dado un máximo de cinco días para abandonar el país. Los jefes de la misión regresarán a finales de enero para entregar a Maduro el informe final de su observación.

La situación en Barinas parece haber sido el detonante de este final abrupto de la misión. En esa región se enfrentaron un hermano de Chávez, Argenis, y el opositor Freddy Superlano. La justicia venezolana anuló el escrutinio cuando faltaban pocas mesas por contar y Superlano iba en cabeza. Un alacrán, como se les conoce a los opositores controlados por el chavismo, había presentado un amparo constitucional. El Supremo ha mandado repetir las elecciones en enero, a las que ya no se presentará Argenis como candidato del chavismo. El informe de la UE ha criticado la independencia judicial, casi inexistente. Esa ha sido la vía que ha utilizado el régimen para suspender candidaturas de la oposición, pero aún más para intervenir partidos escindidos del chavismo que podían dividir su voto.

El opositor, al que le han escamoteado la victoria, dijo en una entrevista con este periódico que la UE iba a dedicar un apartado especial al caso de Barinas. Los representantes de la misión, sin embargo, no confirman este extremo. De hecho, no iban a emitir ninguna declaración más de la que hicieron dos días después de las elecciones. Ese equívoco puede haber llevado al chavismo a tomar la decisión de pedirles que abandonen Venezuela.

La misión llegó a Venezuela cargada de buenas intenciones. La jefa, la portuguesa Isabel Santos, y su segundo, el español Xabier Meilán, eran optimistas con las concesiones que había hecho el chavismo. Santos aseguró no haber recibido ningún tipo de presión del Gobierno durante la campaña ni durante el día de la votación, que se desarrolló con normalidad. También dijo que el conteo de votos era fiable. Maduro se jactó en varias ocasiones, públicamente, de permitir la visita de la UE, una muestra de transparencia. Este parecía el camino para celebrar en 2024 unas presidenciales con garantías, en las que la oposición pueda tener la oportunidad de desbancar al chavismo. Sin embargo, con el paso de los días el discurso del chavismo se ha ido endureciendo, sobre todo a raíz de los problemas en Barinas.

El día que la UE hizo público su informe, donde destacaba algunas irregularidades, como el acceso ilimitado de dinero público que han tenido los candidatos chavistas para hacer su campaña electoral, Maduro se mantuvo en silencio, a pesar de que había convocado a los medios en el palacio de Miraflores, la sede del Gobierno. Canceló a última hora. Al día siguiente, el presidente celebró su cumpleaños por todo lo alto. El artista mexicano Pablo Montero le cantó a un metro de distancia. “No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey”, cantaron a dúo Montero y Maduro. Cinco días después, el sucesor de Chávez endureció el discurso hasta el límite, coincidiendo con la crisis de Barinas. Acababa de llegar de Cuba, donde conmemoró los cinco años de la muerte de Fidel Castro. Llamó enemigos y espías a los observadores e incluso se atrevió a hacer de editor al cuestionar el estilo del documento: “Un informe lleno de improvisaciones y mal redactado, buscaron y trataron de manchar el proceso electoral impecable y democrático de Venezuela y no pudieron”.

En otras elecciones, el chavismo impuso la figura de los protectores en regiones donde había perdido. Esos protectores manejaban el presupuesto y tenían más poder que el propio gobernador. Era una forma de vaciar de contenido las administraciones que no eran suyas. Esta vez el chavismo se comprometió a no echar mano de este subterfugio y respetar el resultado de las elecciones. Sin embargo, está aplicando otros. El Gobierno ha despojado a las regiones de Cojedes y Zulia, donde se impuso la oposición, de la administración de sus aeropuertos. Además, controlará algunos peajes y fuentes que servían para financiar los gobiernos locales.

Acabadas las elecciones, la UE se mostró optimista con los avances que había detectado. Han sido las resoluciones poselectorales las que han enturbiado el proceso. El ala dura de la oposición no se fía del chavismo y considera que nunca cederá el poder por las buenas ni por la vía electoral. Cree que siempre encontrará alguna excusa para parapetarse en las instituciones. Los más moderados confían en que, poco a poco, reconstruyendo la vida de los partidos opositores se pueda llegar, en un par de años, a unas elecciones presidenciales libres. En realidad, la celebración de las regionales solo ha sido un experimento que, por ahora, no despejan el panorama. Los resultados son contradictorios. Venezuela, todavía, trata de encontrar su camino.

3 de diciembre 2021

El País

https://elpais.com/internacional/2021-12-03/venezuela-expulsa-a-los-obse...

 4 min


Andrés Ortega

Se está abusando del término “guerra híbrida” desde que en 2007 lo puso en boga Frank Hoffman, y muy especialmente desde la anexión rusa de Crimea en 2014. Pero todo no es guerra, ni híbrida, pese a que vivamos tiempos híbridos. Por ejemplo, lo que está pasando en la frontera entre Bielorrusia y Polonia, con el uso de inmigrantes o refugiados traídos de Irak u otros lugares, que se puede describir como un “arma de inmigración masiva”, como hace Mark Leonard en su enriquecedor libro The Age of Unpeace. Sí corresponde a una “zona gris”, pero no es una guerra, ni siquiera híbrida, aunque detrás esté la sombra de Rusia, muy ducha en ese terreno entre la paz y la guerra. En este caso, despierta el recuerdo de una guerra occidental nada híbrida como la de la invasión de Irak en 2003 y lo que siguió. Jugar con la inmigración irregular, además, envalentona a la extrema derecha y radicaliza en este tema a la derecha en Europa (véase en Francia).

Rusia sí tiene un concepto de “guerra híbrida” que, según Mathieu Boulège y Alina Polyakova, es una “aplicación táctica” de la “estrategia del caos”: “Se trata”, explican, “de una guerra de espectro completo que despliega una mezcla de medios convencionales y no convencionales con el fin de afectar a los cambios de objetivo sobre el terreno, al tiempo que trata de evitar la confrontación militar directa con los Estados occidentales”. Pero la fracasada guerra de Vietnam, con su contrainsurgencia (luego desarrollada en otros conflictos), también tuvo mucho de híbrido en este sentido, desde EEUU.

Un reciente informe de Rand prefiere hablar de “amenazas irregulares” por parte de Rusia, que no son todas noveles, aparte de los ciberataques (algo nuevo, en lo que también participan actores privados en busca de beneficios, por ejemplo, con el ransomware, el secuestro de datos y sistemas). Incluyen la desinformación en diversas dimensiones, el impulso de la subversión política y el uso de la violencia o la amenaza indirecta de violencia para socavar el orden político e influir en gobiernos vulnerables, además de soldados irregulares, pero siempre los ha habido. Hay mucho mercenario ruso por el mundo, y sus soldados sin uniforme oficial en Crimea y en el Donbás tampoco fueron una novedad (la verdadera novedad fue lo bien preparados que estaban). Estos son instrumentos que se han usado casi desde siempre. Como la manipulación informativa por parte del editor William Randolph Hearst ante la guerra hispano-estadounidense de 1898, o las llamadas quintas columnas en diversos conflictos. La propaganda la promueven no sólo gobiernos, sino actores privados, a menudo con fines privados.

Hoy hay instrumentos de mayor alcance. Si para Clausewitz la guerra era la continuación de la política por otros medios, esos medios se han transformado. El orden digital –de momento (pues hay otras dimensiones tecnológicas)– impone otras lógicas, o gramáticas, término que prefería usar el pensador militar prusiano. Hay a la vez mucho de nuevo, pero también mucho de viejo o de sempiterno.

Si hay muchos estudios sobre desinformación y sus numerosas campañas por parte de unos u otros (con Rusia a la cabeza), escasean los que miden su impacto real. La realidad es que Rusia no ha conseguido muchos de sus objetivos, no ha sido capaz de traducir esas medidas en logros estratégicos (con la gran excepción de Crimea, por la que ha pagado un precio en sanciones). Putin, más que ganar, a menudo busca influir de forma permanente. Pero en contra de los deseos u objetivos de la Rusia de Putin, como indica el informe de Rand y diversas encuestas, la confianza pública en la OTAN (no tanto en la UE ni en EEUU como tales) en muchos países occidentales ha mejorado desde 2010. Los gobiernos occidentales han mantenido un frente bastante unido frente a Rusia, como ejemplifican las sanciones y los despliegues militares de países de la Alianza Atlántica (España incluida). Hay más unión que frente a Pekín, que en Europa no se percibe como una amenaza militar sino como un competidor económico, tecnológico y de conectividad en sus diversas dimensiones, más que en la tradicional geopolítica. China nos es necesaria en diversos aspectos. Europa no busca un desacoplamiento radical de ese país-civilización (de hecho, la economía estadounidense tampoco).

Los elementos que se suelen incluir en la llamada “guerra híbrida” no son tanto fenómenos nuevos como un refuerzo y mezcla de posibilidades, gracias a la revolución en la conectividad (digital y física) que vivimos. Influidos por el pensamiento y la política estadounidense, además, todo se califica de “guerra” (contra la droga, contra el terrorismo, etc.). Incluso “fría” al hablar ahora de la competencia entre EEUU y China, que, sí, tiene una componente de carrera de armamentos, pero discurre sobre todo en otros terrenos (el dominio de las nuevas tecnologías, no sólo las digitales, en primer lugar, y la influencia geográfica en un segundo término). De ahí que, correctamente, Leonard hable de “no-paz” (unpeace) y evite el término “guerra fría”. Aunque hay guerras calientes, con crecientes posibilidades, por ejemplo, entre Rusia y Ucrania. China sí valora el concepto estratégico (derivado de Sun Tzu) de someter al enemigo sin librar una guerra directa. Las mejores batallas se ganan sin librarlas. Pero Occidente (y la India) lo analizan bajo el concepto de “guerra híbrida” china. De hecho, los expertos chinos llevan años hablando de “guerra no militar” (non-military warfare).

También el concepto de paz ha cambiado, pero no por ello se habla de una “paz híbrida”. Como indica el Índice Normandía, elaborado por los servicios del Parlamento Europeo, que aspira a medir el nivel de amenazas a la paz, la seguridad y la democracia en el mundo, la paz se refiere ya hoy en día no a la ausencia de guerra sino a una dimensión positiva que incluye mejoras en el bienestar de los ciudadanos.

Incluso el uso, manipulación, de migrantes y refugiados para objetivos políticos no es algo nuevo. Leonard cita un estudio según el cual desde que entró en vigor la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, ha habido al menos 75 intentos a nivel mundial por parte de actores estatales (a menudo dictaduras) y no estatales de utilizar a las personas desplazadas como armas políticas, desde millares a varios millones, por parte de regímenes diversos (Pakistán en 1971, el libio Gaddafi con amenazas para sacarle dinero a Europa, el turco Erdoğan después a la UE por los refugiados de Siria, o el reciente caso marroquí en Ceuta). De nuevo, no es ni guerra ni híbrida. Pero en todos los casos hay una cierta mezcla, una hibridación de métodos políticos, económicos, sociales y, en algunos, militares.

El concepto no ya de guerra, sino de seguridad ha ganado en dimensiones y en complejidad, cuando los límites entre lo civil y lo militar se han difuminado, solapándose en ocasiones. “Vivimos en un mundo en el que todo puede ser un arma”, señala Josep Borrell, el alto representante para la Política Exterior y de Seguridad de la UE. Puede bastar un cuchillo para cometer actos de terrorismo. Las amenazas irregulares requieren a menudo de prevenciones o defensas a su vez también irregulares, si bien, en el caso de nuestras democracias, conformes a la ley nacional, europea e internacional.

30 de noviembre 2021

Elcano

https://blog.realinstitutoelcano.org/todas-las-guerras-son-hibridas-pero...

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Blanca Lumbreras Lacarra

Desde el inicio de la pandemia se ha realizado un esfuerzo mundial sin precedentes por parte de investigadores de muchas disciplinas para obtener y sintetizar conocimientos que sirvan de base a las respuestas políticas al SARS-CoV-2. En un plazo de tiempo récord se secuenció el nuevo código genético del virus, y durante los primeros meses de la pandemia se estudiaron las principales vías de transmisión del virus. Todo esto condujo al establecimiento de medidas para evitar la transmisión por parte de las autoridades.

Asimismo, el comienzo de la pandemia se caracterizó por las evaluaciones de la eficacia de distintos tratamientos farmacológicos –solo algunos mostraron resultados prometedores–, así como por el desarrollo urgente de las nuevas vacunas que ahora están ayudando al control de la pandemia.

Por otro lado, adquirimos nuevos conocimientos acerca de las intervenciones no farmacológicas cuyas características son más difícilmente evaluables a través de un ensayo clínico al uso. Es el caso del uso de las mascarillas.

Los déficits que nos han hecho fallar

Muchos países han fallado al adoptar las medidas, o no lo han hecho de manera eficaz. En muchos casos la causa ha podido ser una clara falta de recursos y de estructuras previamente establecidas. Y no solo en el ámbito de la salud pública, como se ha comentado en numerosas ocasiones.

Un análisis profundo de las actuaciones frente a la pandemia desde los distintos ámbitos económicos, políticos, sociales y sanitarios permite evaluar los déficits existentes. Lo que es más importante: permite detectar qué oportunidades hay de mejora.

Por encima de todo destaca la necesidad de establecer una red social más fuerte, mejor salud pública, y una mayor capacidad de respuesta no solo del Estado, sino a través de la cooperación internacional.

Mejora en las estructuras de salud pública

La vulnerabilidad de las estructuras de salud pública, incluyendo los sistemas de vigilancia epidemiológica, ha quedado más que patente durante la pandemia.

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Fernando Mires

Weltschmerz es una de esas palabras alemanas casi imposibles de ser traducidas en sentido exacto. Literalmente significa “dolor de mundo”. En formato ontológico trasunta la contradicción que en algún momento se da entre el ser y el tiempo, sensación dolorosa si entendemos con Heidegger que el ser es ser en el tiempo. El “dolor de mundo” sería así sentido como un desgarro entre lo que somos y el donde estamos. Y como todo desgarro, “el dolor de mundo”, duele.

Hoy me está doliendo el mundo.

¿Dislocación entre el ser y el estar? Podríamos decir también, discordancia entre mi tiempo y su espíritu. Sí. Porque no hay necesidad de ser hegeliano para saber que los tiempos, como todas las cosas vivas de este mundo, tienen espíritu. El espíritu del tiempo, Zeitgeist, es un tiempo que es la suma y síntesis de todos los espíritus expresado en sucesos, acontecimientos, hechos, vale decir en la historia aún no escrita que vivimos.

1. Escribo a fines de noviembre. No es casualidad.

“En noviembre y diciembre los alemanes se suicidan”, leía hace algún tiempo en un artículo de no me acuerdo quien. Suicidios estadísticamente comprobados. El artículo, más bien de magazine, encontraba causas de suicidios en el tiempo climático. Noviembre y diciembre son aquí los meses de la oscuridad. Aclara muy tarde, anochece muy temprano.

La oscuridad, lo sabemos desde Platón, está asociada a la muerte, y la claridad, a la vida. Siguiendo al gran filósofo, la vida nunca accede a la luz total de modo que estamos condenados a vivir –aún en los días más luminosos- en medio de las tinieblas. En la claridad, según Platón, enceguecemos. Nuestra vida es bruma. Aunque en determinados instantes, entre las penumbras, asoman desde lejos las aves luminosas de la divinidad. Pero otras veces, las siniestras nubes de la oscuridad. En noviembre y diciembre reina la oscuridad y hay quienes se hunden en ella. Si esa es la razón de los suicidios, no está comprobado. Simple especulación, pero quizás con un atisbo de verdad si pensamos que “los heraldos de la muerte” (César Vallejos) hacen sonar sus cornetas en noviembre y diciembre. En esos días, el mundo duele.

Pero ahora el mundo duele más que en otros años. No solo estoy hablando de la pandemia, del covid-19, del delta, del omicron, de las tasas de incidencia, de los anticuerpos, de los microsoles, sino de otras cosas, entre ellas, el hastío y la rabia. Hastío o cansancio por la duración del mal. Nos habían dicho que el bicho iba en retirada y hoy contraataca con más fuerza, transportado en cómodos aviones desde Sudáfrica. Justo cuando comenzábamos a caminar tranquilos por las calles, a no ver en el prójimo un enemigo cuyo aliento puede mandarte de cabeza a la estación intensiva, a volver a ser nosotros en medio de los otros.

Rabia, al observar como junto con los virus las principales ciudades de Europa se ven atestadas por manifestaciones de los llamados anti-vacuna, reclamando derechos “liberales” en contra de la “dictadura del estado epidemiológico”. Que las multitudes pueden ser fachas, populistas, peronistas, chavistas, trumpistas, lo sabíamos. Pero que además sean capaces de organizarse para facilitar la expansión de una enfermedad colectiva, eso sí es nuevo. Es el avance de Thanatos (la muerte) contra Eros (la vida y el amor).

Sabíamos por supuesto que el miedo puede convertirse en odio y que el odio puede convertirse en acción política, pero que ese miedo-odio lleve a tantos a desatar una lucha en contra de la única arma inventada para combatir la epidemia, no lo imaginábamos. Veo sus rostros de imbéciles en la pantalla, su histeria indesmentible, el pánico que los acosa, y a pesar de todo, no los entiendo. Ha tenido lugar una separación, incluso física, entre el yo, mi yo, y el mundo. El yo comienza entonces a sentir dolor en el mundo del que está siendo amputado. Ocurre cuando el mundo aparece como ancho y ajeno -para utilizar el título de la novela del peruano Ciro Alegría-. O al revés, cuando la ajenidad (palabra recién inventada a la que no hay que confundir con enajenación) se convierte en constante.

Enweltlichung (separación entre ser y mundo) fue otra magnífica palabra inventada por Heidegger al referirse a ese alejamiento de mundo que a veces experimentamos, palabra que tomó en sentido positivo Ratzinger para incitar a la Iglesia a preocuparse más del cielo que de la tierra (por eso le cayó encima un alud de críticas de parte de sus ignorantes adversarios teológicos)

2. La pandemia, para peor, no ha venido sola.

Viene de la mano de dos personajes que no pasarán a la historia universal por algo bueno que hayan hecho. Me refiero a la parejita Lukachenko- Putin. El primero, perro de presa del segundo, está usando a los emigrantes como proyectiles en contra de Europa. En días de pandemia y frío, multitudes de emigrantes, en su mayor parte venidos del Oriente Medio, avanzan hacia los límites de Polonia y de los países más codiciados por Putin después de Ucrania: los bálticos. Entre las familias hambrientas se ven algunos que parecen más bien mercenarios armados y a quienes se les ve trenzados en batallas campales contra las tropas polacas.

Putin, malo como es, ha descubierto que la crisis migratoria y la crisis sanitaria, unidas jamás serán vencidas, y utiliza a ambas con el propósito de desestabilizar la política interna de algunos países europeos. ¿Para qué? El propósito es más que evidente, Watson: con países europeos en crisis le será más fácil realizar su sueño más húmedo: la reconquista de Ucrania. Pues las tropas que cada día estaciona en los límites con Ucrania no las pone como adorno navideño. ¿O no?

¿Estamos leyendo la crónica de una invasión anunciada? Eso no solo depende de Putin. Depende antes que nada de la actitud que tome la alianza trasantlántica, la OTAN, la que a su vez depende de la decisión de Biden para decir a Putin lo que Truman dijo a Stalin cuando este se preparaba para invadir Grecia. “Ni un paso más”. Stalin entendió la amenaza. Iba en serio.

Por ahora, EE UU parece mostrar cierta decisión. El secretario de Estado estadounidense Antony Blinken dijo desde Dakar: “Estamos muy preocupados por las actividades militares poco habituales de Rusia en la frontera con Ucrania. Estamos verdaderamente preocupados por algunas expresiones que hemos visto y escuchado de Rusia y en las redes sociales”. Más drástico fue el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg: “Rusia pagará un precio muy alto si vuelve a proceder con medios militares en Ucrania”

Putin continúa tanteando el terreno. Sabe que además de la crisis sanitaria y migratoria, Europa comienza a ser azotada por una fuerte inflación. Presiente que en EE UU después de la caótica retirada de Afganistan, nadie se apasiona por un conflicto bélico con Rusia. Intuye que los lazos que unen a Europa con los EE UU no son tan férreos como durante la Guerra Fría. Conoce al dedillo la incapacidad de la UE para tomar decisiones. Avista que el nuevo gobierno de Alemania vacilará antes de arriesgar un conflicto militar después de una larga “paz merkeleana”. En fin, cuando se den las mejores condiciones, Putin atacará a Ucrania, que no quepa duda. Y cuando eso suceda, este dolor de mundo que ahora asoma, será aún más grande. A menos, claro está, que la OTAN abra sus puertas a Ucrania. Su presidente, Blodomir Zeleni, lo está pidiendo a gritos. A veces hay que jugarse el todo por el todo para que el todo no se convierta en nada.

3. Cuando el mundo duele, tenemos cierta tendencia a retirarnos hacia terrenos conocidos.

Mucho más lejos de Ucrania, en el concho del mundo, allí en la patria que tuvo el honor de verme nacer, tienen lugar elecciones presidenciales. Pensaba en efecto que Chile, después del plebiscito y del llamado a una nueva constitución, iba a mantener esa condición centrista que le ha permitido ser considerado, después de la dictadura de Pinochet, como uno de los países más democráticos del continente. Pero Chile también forma parte del mundo. Todas las tendencias macropolíticas de occidente se han hecho presente sobre el largo y flaco país.

En el balotaje del 19 de diciembre que decidirá entre dos bloques antagónicos, Chile ha dilapidado su condición política centrista para convertirse, como la mayoría de las naciones latinoamericanas, en una nación políticamente bipolar. Los partidos del centro no han desaparecido, por cierto. Pero han cedido su hegemonía a los extremos. Quizás el 21 de noviembre ha nacido, sino un bipartidismo, un bifrentismo, algo parecido a los dos bloques formados en Argentina alrededor de los carismas de Macri y de los Fernández.

Para que el lector no chileno tenga una imagen aproximada, es como si en España tuviera lugar un balotaje entre Podemos y VOX debiendo los demás partidos reordenarse alrededor de cada uno de ellos. Y bien, esa transformación geométrica, que ojalá nunca aparezca en España (por el bien de Europa) ya ha aparecido en Chile. Una geometría alterada, pues los partidos que ayer fueron de centro han pasado a ocupar el margen y los que ayer estaban en el margen, al centro. De esa alteración no hay nada bueno que esperar.

De más está decir, ambos bloques se excluyen. No se trata, por lo tanto, de que ambos extremos se tocan. El problema es que no se tocan. Así, el espacio político, rayado en dos, ha perdido su intercomunicación (razón intercomunicativa, diría Habermas) Por eso, gane quien gane la presidencia, solo podrá esperar en su contra una oposición brutal, sin tregua.

Para decirlo de modo simple: el país geográfico se encuentra fracturado en dos países políticos. Cada uno de esos países habla un idioma político diferente. Las posibilidades de entendimiento son mínimas. La lógica de la guerra coexistirá con la de la política, pero en desmedro de la política. Cada bloque basa su discurso en la negación radical del otro, una negación sin afirmación, o si se prefiere, una negatividad sin positividad. Chile acaba de reingresar al mundo de hoy. A ese mundo que duele. Bienvenido.

4. ¡Paren al mundo que me quiero bajar! gritó la Mafalda de Quino.

La Entweltlichung, o abandono de mundo, no tiene por qué ser dramática. Si bien las distancias entre el ser y el mundo han sido alargadas, no hay razón para seguir el ejemplo de los suicidas alemanes de noviembre y diciembre. Para los teólogos, alejarse del mundo es una chance para buscar a Dios. Para los filósofos, es el momento de reencuentro del ser consigo, una posibilidad para iniciar un nuevo comienzo.

Los que no somos teólogos ni filósofos también tenemos alternativas. Una de ellas, es irnos a vivir a otro mundo apelando al recurso más preciado de la condición humana, la imaginación. Eso es por lo menos lo que he hecho siempre cuando el mundo se torna ajeno. Busco un libro, por lo general una novela, y me voy de vacaciones mentales. Repasé entonces la lista de los libros no leídos. Elegí el último de Arturo Pérez-Reverte: El Italiano. Sabía que no me iba a equivocar. Los libros de Pérez-Reverte son como los buenos vinos de mesa -un San Pedro, diría un chileno- nunca decepcionan, libros que sin ser la octava maravilla del mundo, sabes que no te van a defraudar.

Descorché entonces un Pérez-Reverte. El Italiano me llevó rápidamente a otro mundo peor que este, al de la segunda guerra mundial. Pero eso es lo que menos interesa a Pérez-Reverte. A mí tampoco. Después de todo, es un mundo imaginado.

La historia, transcurrida en Gibraltar, nos cuenta de un grupo de buzos italianos al servicio de la Italia fascista, jóvenes que arriesgan la vida en labores de sabotaje en una desigual confontación con la marina inglesa, verdaderos guerrilleros de las aguas. Podrían haber sido comunistas o republicanos, al autor no le interesa, pues sus valores, los que más aprecia, no están determinados por ideologías. Los valores de sus buzos corresponden con los de casi todos los héroes de sus novelas. Profesionales cien por ciento, solidarios, valientes, respetuosos del enemigo y, sobre todo, machos, muy machos. Lo mismo las mujeres, muy hembras. Capaces de darlo todo cuando el momento acosa. La consecuencia es que El Italiano es, como casi todas las novelas de Pérez Reverte, una historia de amor. Entre un buzo italiano, Teseo Lombardo y una librera española, Elena Ambués, estalla un amor sin límites, sin condiciones, sin convenciones.

La verdad, no estoy muy seguro de que en la vida real existan muchos personajes como los que nos presenta Pérez Reverte. Me temo que no. Tengo más bien la impresión de que el autor proyecta en ellos sus propios ideales de vida. Por eso mismo, son más bien personajes fílmicos, carecen de vida interior. Son sus zombies personales. Pero da igual, lo importante es que el novelista nos regala cada cierto tiempo historias que nos incitan a imaginar otras realidades que, aunque nunca serán las nuestras, nos permiten bajarnos, aunque sea por unos instantes, de este mundo. Sobre todo cuando sentimos que se nos ha vuelto en contra.

Bajarse de este mundo no solo es un deseo de Mafalda. Hay quienes eligen otros caminos: las drogas, el alcoholismo, el amor e incluso, la locura. No reconvengo a nadie. Cada uno hace lo que puede cuando el mundo duele. La imaginación es también otro recurso. Y cuando la imaginación es literaria, puede ser, además, un goce. La imaginación viene de las imágenes y las imágenes vienen de las palabras que designan a los objetos.

El dolor de mundo es producto de una escisión, por eso duele. En la primera infancia, cuando no entendemos nada del mundo, esa escisión es sobrecogedora. Por eso los bebés lloran como desesperados. Arrancar al bebé de su locura originaria y unirlo con el mundo, será tarea materna y paterna, no siempre (mejor dicho, casi nunca) bien lograda. Ya pasado lo peor, en la segunda infancia, algunos nos inventamos medios menos escandalosos de evasión. Leer, por ejemplo.

Cuando descubrimos que los libros podían trasladarnos a otros mundos, llegamos a ser lectores compulsivos. Hoy recurrí a la ayuda de Pérez Reverte. Antes, muy niño, solicitaba ayuda a otros autores cuyos mundos todavía me acompañan. El capitán Nemo y su submarino Nautilius de Julio Verne, Sandokan y su amigo Morgan de Emilio Salgari, Tom Swayer y Huckleberry Finns de Mark Twain, Jerry de las Islas de Jack London y, por supuesto, Los Conquistadores de la Antártida de Francisco Coloane. Entre tantos otros.

La deuda que tengo con toda esa gente, sean los autores o sus personajes, es impagable.

3 de diciembre 2021

Polis

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