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Opinión

La política es conceptualizada como el instrumento para neutralizar los conflictos presentes en una sociedad determinada. A tono con esta premisa el régimen intenta repetir la misma táctica que implementó en el pasado reciente: invitar a la oposición a dialogar sobre la salida a esta crisis. Sin embargo, ya sabemos que el objetivo es otro. Ganar tiempo para intentar solventar la crisis terminal que enfrenta el gobierno. En el otro extremo, la dirección política de la oposición se ha mantenido firme. Ha señalado su disposición a dialogar, una vez que se liberen los presos políticos, en especial Leopoldo López y, desde luego, el referéndum no entraría en la eventual mesa de negociaciones.

Sin embargo, al mismo tiempo que invoca al dialogo, Maduro muestra la naturaleza autoritaria de su régimen y envía señales de la escasa disposición de participar en un intercambio sensato y democrático con la oposición. Voy a subrayar dos. La designación de Didalco Bolívar y Herman Escarrá con la misión de solicitar al TSJ la disolución de la Asamblea Nacional y la ausencia del Presidente de la Republica, del Alto Mando Militar y de los demás poderes públicos en el acto protocolar de la Asamblea Nacional con motivo de la celebración de la firma del Acta de Independencia.

En fin, la república se encuentre cruzada por un conflicto que pareciera que no tiene salida inmediata. Me parece, sin embargo, que existe una puerta para dar escapatoria a este impasse entre los poderes públicos del país. Es indispensable sacar la controversia de los cenáculos de los partidos y volcar la discusión a la calle; incentivar la movilización ciudadana.

¿Cómo movilizar a la ciudanía? ¿Cuál consigna puede ser la apropiada? ¿De qué forma relacionar esta movilización con la solicitud de celebración del referéndum revocatorio?

Bien, voy a intentar dar respuestas a estas interrogantes. Los venezolanos estamos padeciendo una situación de escasez que abarca a una diversidad de rubros y que atraviesa transversalmente a toda la población del país. Pudiéramos denominar a estas insuficiencias (alimentos, medicinas, vehículos, repuestos, ropas de vestir, insumos para la higiene personal, etc.) con la palabra hambre: escasez generalizada de insumos básicos que padece una población de forma intensa y prolongada. En otras palabras, la población sufre de diversos tipos de hambre; desde luego, la más visible de todas es la de alimentos.

Ahora bien, es necesario politizar, en el buen sentido, estas insuficiencias. ¿Cómo hacerlo? Me parece que la respuesta se encuentra en la elaboración de una narrativa que logre articular, por un lado, la necesidad política del momento (referéndum) con esta carencia que padece la población y, por el otro, con la figura de Maduro y su revolución como único responsable de esta calamidad.

Esta narrativa permitiría colocar en el centro del accionar político a los verdaderos protagonistas de esta coyuntura: los ciudadanos. Igualmente, proporcionaría una base adicional de sustento a la iniciativa del referéndum y serviría como elemento de disuasión al intento de aplazar esta convocatoria.

Desde luego, una opción de esta naturaleza tendría posibilidad de éxito si es asumida por la totalidad de los partidos que integran la MUD y, adicionalmente, si rechazan vigorosamente los “cantos de sirena” que provienen del oficialismo.

Las 500 damas que traspasaron la frontera para poder ir a Cúcuta a comprar comida y medicamentos simbolizan la voluntad de cambio que se expresará en el referéndum revocatorio y, en cierta forma, advierten sobre los peligros de caer de nuevo en la trampa jaula del diálogo.

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El asunto del diálogo sí diálogo no ha devenido en un tema de debate nacional e internacional como desiderátum para encarar la crisis venezolana. Incluso para algunos actores políticos se ha convertido en la política, en una especie de solución todo terreno. Al respecto creo necesario hacer algunas precisiones.

La política es confrontación, diálogo, acuerdo, algunas veces la primera, otras la segunda a veces las tres a la vez. La diferencia es que en democracia hay reglas, procedimientos y sobre todo la convicción de que la confrontación no debe trascender ciertos límites y el diálogo es una práctica continua y natural que puede o no desembocar en acuerdos y negociaciones.

El diálogo es un medio, un instrumento - deseable y optimo y si produce resultados, mejor – no un fin en sí mismo. Algunos cometen el error de reducir la política como actividad a la existencia de diálogo, es decir: si no hay diálogo no hay política.

Las experiencias de diálogo y negociación para resolver crisis en otras sociedades son referencias a tomar en cuenta y considerar más no recetas a prescribir para toda ocasión.

La descomunal crisis que vive Venezuela amerita un acuerdo nacional para gestionarla bien y sentar las bases para su superación. Eso sería lo ideal.

Lo anterior es un asunto de sentido común, una verdad de Perogrullo. Pero no se concreta porque quienes detenten el Poder descreen de los acuerdos, de cualquier forma de concertación o negociación salvo cuando ven sus intereses en peligro o mejor dicho su interés básico: el continuismo.

Esa visión proviene de la vocación dictatorial del chavismo. No lo afirmo por maledicencia o interés; si se revisa su discurso y ejercicio del poder se verá que esa ha sido desde el principio su praxis.

Nicolás y la nomenclatura gobernante han desperdiciado varias ocasiones para concretar un dialogo real y productivo. Van por el mismo camino en esta ocasión.

Si querían, sinceramente, construir un proceso de conversaciones serio y con resultados, el régimen debió proceder de otra manera para allanar las justificadas desconfianzas existentes sobre sus motivos. Ha debido hacer algunos gestos para descomprimir el ambiente. Por ejemplo: no boicotear el proceso de activación del revocatorio cambiando constantemente las reglas vía CNE o soltar a los presos políticos, tal y como lo demanda medio mundo; cesar las agresiones verbales y físicas contra dirigentes políticos y ciudadanos disidentes y last but not least autorizar la entrada de ayuda humanitaria.

El actual episodio comenzó mal: Maduro se negó a recibir al enviado del Papa que venía con el encargo de proponer un proceso de conversaciones entre gobierno y oposición. Y con el cuestionado Samper montó un proceso llave en mano sin consultar al interlocutor. Comenzando por una comisión de facilitadores, todos amigos del régimen. Facilitadores que han ido más allá de su labor al sentar opinión como lo hizo Rodríguez Zapatero sobre el Referéndum Revocatorio.

Es correcta la demanda de condiciones y sensatos los planteamientos hechos por la MUD para sentarse con el régimen.

El proceso de diálogo puede ser salvado, y ojalá ocurra, pero para ello el formato original debe ser modificado.

El Gobierno – como principal responsable de que el proceso se materialice, por ser gobierno- debe hacer gestos destinados a descomprimir la situación como los arriba mencionados. Deben incorporarse a la facilitación otros expresidentes o personalidades que generen confianza y credibilidad.

Acierta la MUD cuando busca la creación de condiciones para un diálogo que derive en unos acuerdos convenientes a los intereses de la nación y evitar que sea una pantomima dirigida a comprar tiempo y engañar a los venezolanos con una apertura que no es tal.

Estoy convencido de que viene un cambio por cuanto la situación es demasiado grave e insoportable para el ciudadano común. Preocupa que ese cambio no sea producto de la expresión de la voluntad popular vía Referéndum Revocatorio Presidencial o de una muy justificada renuncia del sr. Maduro. Si el nonato proceso de diálogo revive y facilita ese camino bienvenido sea.

En todo caso las fuerzas democráticas tienen el deber histórico de conducir al país hacia el cambio político necesario y demandado por una mayoría abrumadora haya o no haya diálogo.

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El 10 de julio, decenas de miles de venezolanos cruzaron la frontera colombo-venezolana en busca de alimentos y otros artículos de primera necesidad. Las escenas que nos llegan a través de las redes sociales nos hacen recordar los éxodos provocados por los combates entre ejércitos enemigos acaecidos durante las guerras mundiales o, más recientemente, en la sufrida Siria. En la frontera tachirense quedó demostrado que hay un arma silenciosa capaz de provocar mortandad y miedo: el hambre, a la que un régimen sin justificación ética ni histórica ha sometido al desprevenido pueblo venezolano, que tras ser bendecido por la naturaleza con incontables bienes y bellezas, ha sido convertido a la vuelta de tres lustros en el pariente pobre de la familia latinoamericana.

En 1567, el holandés Pieter Brueghel el viejo, pintó un cuadro de pequeño formato en el que se observan tres hombres tendidos, regordetes y aparentemente ebrios, cada uno de los cuales representa sus respectivas clases sociales: caballeros, campesinos y letrados, igualados por la necedad y la estupidez. Con la pintura que ahora reposa en Munich –Alemania– y que es conocida como El País de Jauja, el autor inspiró diferentes obras literarias, entre las que destaca la del alsaciano Sebastián Brant, La Nave de los Necios. Para hacer breve el cuento, basta decir que El País de Jauja se ha aposentado en el imaginario popular como el lugar de la abundancia, la glotonería y el dispendio y dos de los siete pecados capitales: la gula y la pereza.

Esta digresión literaria no vendría al caso de no ser porque el régimen venezolano ha gastado una ingente cantidad de divisas tratando de convencer al mundo de que el socialismo del siglo XXI, parido por la mente de los comunistas caribeños para justificar su ilimitada permanencia en el poder, ha convertido a Venezuela en un país de jauja donde nada falta y todo sobra, con anaqueles de supermercados repletos a estallar y farmacias que no se dan abasto para almacenar medicinas.

La afirmación de Alfred Adler cada día adquiere mayor contundencia: «Una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa». La gente que detenta el poder en Venezuela es alérgica a la verdad; cualquier cosa que se asemeje a lo cierto les produce piquiña insoportable que los obliga a zambullirse en ese mar de la felicidad ideado por Chávez para justificar su carácter simbionte con los hermanos Castro, arquitectos de la miseria cubana y procónsules de la venezolana.

Por mucho dinero invertido, periodistas sin ética contratados para mentir sin descanso y campañas propagandísticas apuntaladas por camaradas regados por el orbe, la verdad se muestra como un reguero de azogue tratando de ser recogido por las ávidas manos de un niño. En estos tiempos de naciones y personas interconectadas mediante la informática y la telemática, las mentiras son cada día más difíciles de sostener; hoy, cuando millones de cámaras fotográficas y filmadoras están adosadas a los teléfonos celulares y éstos están al alcance de grandes mayorías, aún en países muy pobres, inventar y sostener mentiras se ha convertido en asunto de precario éxito y triste futuro. Antes, cuando la prensa escrita era el único medio de exponer masivamente las ideas a los conciudadanos, bastaba dominar unos cientos de editoriales que controlaban el negocio, para influenciar determinantemente a la opinión pública, al punto de que podemos decir –sin incurrir en tremendismo– que los editores eran los dueños de la verdad sugerida y, por ende, propietarios de un gran poder político.

Para bien de la humanidad, tal estado de cosas ha cambiado. Hechos que pretendieron ser cubiertos por las sombras del anonimato aparecen documentados sin ambages, como el asesinato de Muamar Gadafi y la ejecución Saddam Hussein. Pregunto: ¿Puede un ser sensato esconder la tragedia venezolana, expresada en el cruce de la frontera colombiana por más de treinta mil personas en busca de alimentos? ¿Ese cruce multitudinario no lo hace recordar –caro lector– la caída del muro de Berlín? A mi si, pues al fin y al cabo, a pesar de latitudes y tiempos distintos, las causas son las mismas.

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

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Jesús Elorza G.

El mundo deportivo, fue sacudido al ser presentado ¨El Informe Mc Laren¨ relacionado con los casos de dopaje de los atletas de Rusia y que sirvió de base para que la Federación Internacional de Atletismo (IAAF por sus siglas en inglés) tomara la decisión de suspender a su equipo de atletismo de participar en los Juegos Olímpicos Rio 2016.

Richard Mc Laren es un abogado canadiense, que en el pasado mes de mayo, por encargo de la Agencia Mundial Antidopaje, comenzó una investigación para verificar las acusaciones de manipulación señaladas en el The New York Times por Grigory Rodchenkoy, ex-director del laboratorio antidopaje de los Juegos de Invierno celebrados en Sochi-Rusia en el 2014.

En sus investigaciones, Mc Laren logro determinar que el Estado Ruso, a través de su ministerio de deportes, y con la asistencia de la policía secreta FSB (antigua KGB) organizó entre finales de 2011 y agosto 2015, un sistema de encubrimiento del dopaje sistemático para proteger a los deportistas de alto rendimiento.

En el referido informe, se detalla como en el 2010, el Estado preocupado por los pobres resultados de los Juegos de Invierno de Vancouver-Canadá puso en marcha una metodología para manipular las muestras de orina en los laboratorios antidopaje rusos. Para ello, el Presidente Ruso Wladimir Putin, nombró a Yuri Nagornykh como viceministro de deporte para que supervisara el sistema y reportara sobre el desarrollo del mismo al Ministro de Deporte Vitaly Mutko, hombre de la entera confianza de Putin y además, presidente del Comité Organizador del Mundial de Futbol 2018 y miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA.

El sistema de dopaje desarrollado por el Estado, tenía un método para cambiar los resultados positivos de los atletas antes de enviarlos a las agencias y federaciones internacionales. El Informe lo llama metodología de los positivos que desaparecen, conocida en códigos por las autoridades rusas como ¨El Método de Salva o Cuarentena¨ y sirvió para convertir en negativos al menos 312 casos de dopaje positivos.

Cuando, el análisis de una muestra de orina daba positivo al dopaje, Grigory Rodeschenko informaba al viceministro de deporte y este. luego de consultar con el ministro, contestaba con una de las palabras código. Si respondía ¨Salva¨ Rodeschenko debía reportar el control como negativo en el sistema informático de la Agencia Mundial Antidopaje y de las Federaciones y después falsificar el informe del laboratorio. Si decía ¨Cuarentena¨ el caso seguía sin alteración de los resultados.

Según el informe las muestras manipuladas sobrepasan los 300 casos y están afectados casi todos los deportes olímpicos de verano Atletismo 139 positivos desaparecidos, Halterofilia 117, Lucha 28, Piragüismo 27, Ciclismo 26, Natación 18, Futbol y Remo 11 cada uno, Judo y Voleibol 8 cada uno, Boxeo y Balonmano 7 ambos, Taekwondo 6, Esgrima y Triatlón 4 cada uno, Pentatlón Moderno y Tiro 3, Voley Playa 2, Baloncesto-Vela-Tenis de Mesa y Waterpolo 1.

Meses antes de cada evento, los técnicos rusos designaban a aquellos deportistas que tendrían más posibilidades de ganar medallas para someterlos a sus planes de dopaje. No deberían preocuparse por los controles, pues en el laboratorio de Moscú, donde se analizarían todas las muestras ya sabían que hacer cuando les llegara su orina……Salva o Cuarentena.

A todas estas, el Comité Olímpico Internacional respondió timoratamente frente al escándalo del dopaje ruso y se limitó a decir que esperaría la decisión del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS por sus siglas en inglés). Afortunadamente, el TAS rechazo la apelación de Rusia y ratifico su apoyo a la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) en su decisión de suspender a la Federación Rusa de Atletismo……esperemos ahora que la decisión olímpica supere el Salva o Cuarentena y logre ponerle freno al dopaje como política de Estado. De no hacerlo, quedarían frente a la historia como unos hijos de putin.

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En cuanto me enteré de los primeros detalles del intento de golpe de estado contra Erdogan en Turquía, me vino a la mente la actuación de Chávez el 11 de abril de 2002. En ambos sucesos surge una sospecha que va pasando a evidencia conforme se examinan con atención: parece que existió una decisión, muy riesgosa sin duda, de ambos presidentes de dejar que se desarrollaran los hechos que se presentían como muy probables.

Se sabía que, dados los acontecimientos de los días anteriores al 11 de abril de 2002, ese día habría en Caracas una marcha muy grande, convocada por la Coordinadora Democrática. Esa marcha se convirtió hacia el mediodía del 11 de abril en la manifestación más impresionante de todos estos años chavistas. Se podía prever con facilidad que, dada la alteración política de los días anteriores y las amenazas previas de llegar a Miraflores, en algún momento la multitud iba a pedir ir al Palacio donde estaba Chávez, e iba a tener lugar un gran enfrentamiento de esa multitud con parte de la Fuerza Armada y sobre todo con los civiles chavistas que formaban los Círculos Bolivarianos.

Chávez, informado sobre la existencia de un grupo de militares dispuestos a sacarlo del poder, decidió enfrentar la manifestación que se dirigía a Miraflores convocando al pueblo chavista con una cadena nacional en la televisión, con lo que cortaba una de las vías de comunicación más importantes, porque en ese tiempo no era tan común como hoy la posesión de celulares, ni existían los Twitter y otros medios de comunicación inmediata que hoy forman las redes sociales.

Todo el mundo en Venezuela sabe lo que sucedió: el enfrentamiento, la plomazón por parte de la Guardia Nacional y de los chavistas, especialmente desde Puente Llaguno, el papel jugado por la policía de Caracas, las proclamas golpistas por militares de diversos grados, el apresamiento de Chávez, la indecisión de los generales que no sabían qué hacer con el Presidente, la actuación desastrosa de Pedro Carmona, y finalmente la vuelta de Chávez al poder el 13 de abril.

El golpe fracasado del 11 de abril, paralelo a la manifestación popular, sirvió para identificar a los militares de alta graduación antichavistas y para sacarlos de la Fuerza Armada, con lo que Chávez consolidó su dominio sobre el estamento militar que a partir de allí se vio sometido a sus designios.

No es difícil pensar que la actuación provocadora de Chávez, que comenzó con el despido en cadena nacional de los directivos de Pdvsa, tuvo una intención oculta y muy arriesgada de provocar una crisis que le permitiera cortar cabezas en la Fuerza Armada, lo que logró con gran éxito. De hecho, el mismo Chávez, en un Aló Presidente posterior, confesó que él había provocado el golpe.

En octubre de ese mismo año 2002, 14 generales que actuaron el 11 de abril contra Chávez y que no fueron condenados gracias a aquella famosa decisión del TSJ, calificada por Chávez como una plasta, tomaron la plaza Altamira para convertirla en un supuesto territorio liberado, llamando a la desobediencia contra el gobierno y pidiendo la renuncia al Presidente. Más de 100 militares de diversa graduación se le fueron uniendo con el correr de los días y durante varios meses permanecieron allí, representando una lastimosa tragicomedia, realmente vergonzosa, que no culminó en nada. Como decía un amigo mío: no hay nadie más inútil y sin sentido que un general sin tropas a su mando.

En la noche del 15 de julio de este año 2016 estalló una rebelión militar en Turquía con el objetivo de poner fin al gobierno de Recep Tayyip Erdogan, el presidente autoritario de ese país que había sido elegido en votaciones populares. Ya el sábado la asonada había sido controlada y de ese momento para acá se ha desatado una persecución terrible contra los posibles comprometidos. Más de 6.000 militares, decenas de gobernadores, 2.700 jueces, 15.000 empleados de educación, cientos de funcionarios civiles han sido apresados, retenidos, despedidos o investigados. Se les ha pedido la renuncia a los cargos a más de 1.500 decanos de las universidades del país, e incluso se ha suspendido a cerca de quinientos empleados de la Autoridad Islámica.

Esta represalia ha puesto en alerta a altos funcionarios de la Unión Europea, de Estados Unidos y de Humans Rights Watch. Están alarmados por el alcance insospechable de la respuesta de Erdogan y le han pedido que modere sus actuaciones, porque temen que el intento de golpe sea el pretexto para instaurar en el país un gobierno definitivamente autoritario, por no llamarlo dictatorial. Erdogan mismo ha dicho que el golpe fue un regalo de Dios.

La rapidez con la que el golpe fue debelado y otras informaciones adicionales que comento a continuación son las que dan fundamento a la idea de que, al igual que Chávez en 2002, Erdogan permitió de alguna manera el estallido inicial de la rebelión militar con el fin de descabezar a todos los posibles sospechosos de conspirar contra él. La respuesta de Erdogan es tan implacable, tan acelerada y alcanza a tantas personas de distintas funciones, que permite sospechar que podría haber un esquema preparado de antemano para realizar la purga definitiva de sus enemigos.

Según el Washington Post, las Fuerzas Armadas turcas, unas seis horas antes del inicio del golpe, sabían que algo oscuro se estaba preparando, por eso se tomaron algunas medidas para impedir la salida de tanques y aviones de sus unidades, pero de manera sorpresiva algunos F16 lograron despegar y bombardearon el edificio del parlamento y algunas bases policiales. Se ha sabido también que, desde hace tiempo, ha habido una investigación sobre la penetración de los seguidores de Fethullah Gulen entre los militares, el poder judicial y la policía. Se habían elaborado listas de posibles enemigos dispuestos a dar un golpe de estado.

En relación a esas listas trae el Washington Post el siguiente párrafo que traduzco entero a continuación: "Pareciera que finalmente algo había sido preparado", antes de ordenar el arresto de tantos funcionarios públicos, dijo Johannes Hahn, el comisionado de la Unión Europea, responsable del manejo de la posible entrada de Turquía a esa Unión. "Las listas están disponibles" dijo Hahn, según Reuters. "Lo que indica que habían sido preparadas para ser usadas en cierto momento".

Se puede, entonces, afirmar con algún grado de certeza, que ambos presidentes, Chávez y Erdogan, se jugaron una parada riesgosa que les salió bien y les permitió identificar y descabezar políticamente a sus adversarios. Pero donde no hay comparación es en la respuesta ante el golpe debelado. La de Erdogan es terrible en su alcance y en su dureza. Incluso está promoviendo que el Congreso le apruebe la pena de muerte porque, según él, no es justo que el estado tenga que incurrir en grandes gastos para mantener presos a sus enemigos. Podría decirse que Chávez fue un niño de pecho al compararlo con el presidente de Turquía.

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En diciembre de 2015, el presidente Nicolás Maduro ordenó a los militares que regresaran a sus cuarteles, pero no hubo tal retorno, al contrario, permanecen ejerciendo el control político del país. Ahora son más. Por esta razón, no es sorprendente la creación mediante decreto, de la misión militarizada de “Abastecimiento Soberano”, dirigida por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, como tampoco la designación de altos oficiales, en condición de autoridad única, en cada uno de los cinco puertos nacionales de Venezuela.

La incorporación de miembros de la Fuerza Armada Nacional a la gestión de gobierno fue una política iniciada por Hugo Chávez Frías hace 16 años y continuada por Nicolás Maduro con mayor ímpetu, a pesar de su rotundo fracaso, en lo económico, en lo social, en materia de seguridad y en otros sectores fundamentales.

A toda esta situación se unen hechos ilícitos cometidos por efectivos militares en materia de corrupción (sobornos), fundamentalmente en las aduanas, en el contrabando de cabillas, tráfico de drogas, contrabando de alimentos y cobro de “vacunas” a personas necesitadas de cruzar la frontera entre Venezuela y Colombia.

Desde 1999, altos funcionales de las FAN ejercen importantes cargos públicos y han llegado, con la postulación y apoyo del partido de gobierno, a ejercer como gobernadores, alcaldes y diputados. Asimismo, actúan como dirigentes del MVR y actualmente del Psuv, los partidos del oficialismo.

Es la élite de la FAN - conductora del partido militar - quien controla la administración pública, ejerce dominio total del país, con resultados absolutamente deprimentes, como lo evidencia la grave crisis económica y social que actualmente padece Venezuela. Es el actor político con la mayor suma de poderes, lo que le ha servido para aprovecharse de los recursos públicos y acumular una gran fortuna.

Cerca de dos mil militares entre activos y retirados, han sido ministros, vice ministros, directores generales, superintendentes, presidentes de instituciones públicas, entre otros cargos de la administración pública.

Los resultados están a la vista y en la desesperación de los venezolanos:

En el Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, la mayoría de sus titulares han sido militares. Ninguno ha logrado ejecutar un plan de seguridad que disminuya los altos índices delictivos, que han colocado a Venezuela en primer lugar en América Latina en número de homicidios.

El Ministerio de Finanzas ha tenido tres ministros miembros de la FAN. De este despacho depende la Superintendencia de Bancos y la Oficina Nacional del Tesoro, esta última, con un notorio dominio militar, tuvo protagonismo en la crisis financiera de 2009-2011, dado que los bancos llamados “enanos”, sin contar con la solvencia necesaria, recibieron millonarios depósitos del Estado, con la complicidad castrense . Así negociaron notas estructuradas, bonos de la deuda pública, fideicomisos, y hasta créditos con empresas fantasmas. También adscrita a este ministerio estuvo la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), con mucha presencia militar en cargos de dirección, desde donde asumieron el control del sistema cambiario, mediante desbordadas prácticas de corrupción. Aún está pendiente investigar el gran saqueo que sufrió el país reconocido hasta por los ex ministros Giordani y Navarro a través de un entramado de empresas fantasmas y de la manipulación con el diferencial cambiario.

En el ministerio de alimentación: Seis altos oficiales han ejercido el cargo. Venezuela hoy sufre un severo desabastecimiento de alimentos básicos.

En el ministerio de salud: Cinco miembros de la FAN han sido sus superiores, uno también en la presidencia del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales. La crisis hospitalaria y la terrible escasez de medicamentos junto con el tema de la alimentación tienen al país al borde de una crisis humanitaria.

Ministerio de Industria Básicas y Minería: Aunque de reciente creación, de éste depende la Corporación Venezolana de Guayana, que a su vez integra las empresas básicas, en su mayoría dirigidas por militares que las llevaron a un total desastre por incapacidad gerencial y hechos de corrupción. Empresas como Sidor, Venalum, Alcasa, Carbonorca, Bauxilum, Ferrominera del Orinoco, Minerven, entre otras, presentan actualmente una situación crítica.

No hay ninguna razón para pensar que el creciente control militar está dirigido a mejorar las condiciones de Venezuela. Ellos son responsables fundamentales de la crisis económica, dado que han ejercido el 90% del control del país.

Estamos ante un presidente que todo lo condiciona al apoyo de la FAN, necesita permanentemente de la élite militar, sumado al Tribunal Supremo de Justicia, que funciona como su bufete personal.

El camino para la recuperación del país es la movilización unitaria y la organización social en la calle, exigiendo el cumplimiento de la Constitución y la realización de un diálogo auténtico que debe incluir, además de la urgente ayuda humanitaria que reclama el país, la realización del referéndum revocatorio y la liberación de los presos políticos.

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@TablanteOficial

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Entre los intelectuales dedicados a la tarea de “adivinar” el curso futuro de la humanidad fue, sin duda, uno de los más influyentes. Era filósofo y también sociólogo. Escribió trece libros, tres de ellos fundamentales en lo que fue la línea de su pensamiento: El Shock del Futuro, a principios de los setenta, La Tercera Ola, a comienzos de los ochenta y el Cambio de Poder iniciando los noventa. Dicho en modo píldora, su obra estuvo dedicada a argumentar el surgimiento de una nueva sociedad organizada en función del conocimiento, en reemplazo a la llamada era industrial. Falleció hace dos semanas y se llamaba Alvin Toffler.

Sus aportes se han reunido con el de otros muchos autores, cada uno desde su punto de vista ideológico y político, para abonar en la descripción del futuro que va naciendo, dibujado a partir de un menú de tecnologías de acelerada evolución y con un gran poder de transformación en los diversos planos en los que transcurre la vida humana, tanto desde el punto de vista individual como social.

Al tiempo que busco en la memoria lo escrito por Toffler, uno mira como nuestro país se encuentra prisionero de sus urgencias cotidianas. Su Gobierno no tiene cabeza para la estrategia, sólo piensa en la táctica para encarar la coyuntura y conservar el poder. Sigue extraviado en el laberinto de su épica y se enreda cada vez más en la telaraña de los grandes discursos, marcados por la desmesura verbal, como si quisiera (y pudiera) hacerle trampa a la realidad (verbi gracia la Gran Misión de Abastecimiento Soberano y Seguro).

Así, mientras el presente nos asfixia, los cambios descritos por Toffler y por el resto de quienes se han dado a la tarea del pronóstico, van teniendo lugar. Así, en buena medida desde el desarrollo de la tecno ciencia, el mundo asoma un formato diferente en varios escenarios (político, económico, ambiental, educativo, ético y hasta religioso) del cual derivan otras exigencias, otras oportunidades y, desde luego, otras amenazas. Un formato, en fin, que irremisiblemente también nos concierne y que corremos el riesgo de que nos sorprenda colgados de la brocha porque, como ha dicho Perogrullo, el futuro se dirime en el presente.

HARINA DE OTRO COSTAL

Dándole la razón a las advertencias que desde el comienzo se hicieron respecto a su diseño, la Organización para la Liberación del Pueblo (OLP) ha venido actuando sin prestar mayor cuido por los aspectos legales, soslayando los derechos humanos y asumiendo la Constitución Nacional como si fuera un estorbo, tipo jarrón chino. Numerosos muertos, allanamientos a conjuntos residenciales y barrios, demolición de cientos de viviendas, desalojos forzosos, detenciones arbitrarias de personas, deportaciones masivas, son, entre otros, los ingredientes comunes a sus operativos.

Ante lo anterior resulta imposible no hacerse las mismas preguntas que se formula José Vicente Rangel en un reciente artículo a propósito de una intervención, muy en su estilo, de la OLP en Ciudad Caribia: “¿Quién investiga los hechos? ¿Qué organismo del Estado toma en sus manos la obligación de deslindar entre lo que es lucha contra el delito y violación de derechos fundamentales? ¿O es que acaso cuando las víctimas son seres humildes y los actos se consuman en zonas populares no hay quien denuncie e investigue?”

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