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Opinión

En un encuentro celebrado en Madrid el pasado miércoles, presentamos a Luis Almagro, Secretario General de la OEA, el informe sobre el impacto de la corrupción en la violación de derechos humanos (DDHH), que pronto publicaremos con valiosos aportes de expertos académicos y políticos internacionales, gracias al apoyo de la Dra. Mariela Morales Antonazzi del Instituto Max Planck de Alemania.

Ampliamos así el debate sobre el vínculo entre la corrupción y la violación de DDHH que iniciamos en 2013 con la publicación del libro Estado Delincuente: Cómo actúa la delincuencia organizada en Venezuela, y luego en 2015 con El Gran Saqueo: Quiénes y cómo se robaron el dinero de los venezolanos. En ambos libros presentamos propuestas de Ley: una para la transparencia y el buen gobierno, y otra para la recuperación de los bienes vinculados a la corrupción.

Ratificamos: La crisis humanitaria que hoy azota a Venezuela no se debe solo al fracaso de un modelo político obsoleto, sino también a la forma como la corrupción y la impunidad se adueñaron del país.

Coincidimos con Luis Almagro en que la OEA y la ONU deben establecer acciones menos declarativas y más contundentes para minimizar el impacto que tiene la corrupción sobre los DDHH.

El Dr. Almagro, al frente de la OEA, ha puesto en el tapete con firme compromiso, la crisis humanitaria venezolana, resultado de la dictadura del hambre y la corrupción de Maduro. Quiero transcribir algunas de las palabras que pronunció en un emotivo acto realizado en Madrid al recibir el premio FAES de la Libertad, que reflejan la dramática situación que sufre Venezuela:

“La corrupción y la incapacidad del régimen de Maduro han ocasionado una crisis humanitaria de graves consecuencias donde casi cinco millones de personas apenas hacen una comida al día y todos los días mueren de desnutrición entre 5 y 6 niños (…) La mortalidad materna ha aumentado en un 66% por falta de suministros médicos para proporcionar los tratamientos más básicos, y en 2016 murieron siete bebés cada día antes de cumplir un año de edad”.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó el viernes pasado una resolución considerando que “la corrupción es un complejo fenómeno que afecta los DDHH en su integridad – civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales-, que debilita la gobernabilidad y las instituciones democráticas, fomenta la impunidad, socava el Estado de Derecho y exacerba la desigualdad”.

En nuestro diálogo con Almagro insistimos en sumar esfuerzos por la unidad de todos los venezolanos para alcanzar un desenlace viable que saque al país de manera urgente del abismo en el que se encuentra.

La fuerza es la unidad: De frente en todos los frentes

20 de marzo de 2018

Twitter: @TablanteOficial

Facebook: Carlos Tablante Oficial

Web: www.carlostablante.com

 2 min


El 20 de febrero 2018, el padre Luis Ugalde invitó a los dirigentes políticos y a todas las organizaciones sociales, a superar las diferencias e intereses y activarse para “salvar al país” exigiendo elecciones democráticas este año y la construcción de un frente nacional.

Además, el padre Ugalde destacó que el desafío del presente es levantar, entre todos los actores, las bases de la gobernabilidad y la reconstrucción nacional a los fines de “pasar del caos y la muerte a la vida para todos”[1].

“La gran unidad, es la única posibilidad que tenemos para salir de esta catástrofe”, afirmó Ugalde el 15 de marzo de 2018, y valoró los encuentros realizados en la UCV y en el Centro Cultural Chacao, como un “despertar esperanzado de Venezuela que se pone de pie para marchar de la muerte hacia la vida libre y digna[2]”.

El Frente Amplio aspira a unir a todos los actores de la sociedad civil, a los fines de rescatar la democracia, cambiar al Presidente y el modelo anticonstitucional que se nos ha impuesto, tal y como expresamente lo señala el propio Manifiesto del Frente Amplio Venezuela Libre del 8 de marzo de 2018.

No cabe duda de que hay consenso entre todos los actores de la sociedad civil sobre la necesidad de exigir el libre ejercicio del voto, para que a través de la soberanía popular se cambie al Presidente, y se facilite el camino para el reencuentro entre los venezolanos y hacia la reformas políticas, sociales y económicas que el país reclama para salir de esta grave y aguda crisis.

Todo parece indicar que la reconstrucción del país se convierte en una suerte de pegamento para el Frente Amplio Venezuela Libre, pero para que el mismo sea suficientemente resistente, es urgente restaurar niveles óptimos de confianza entre todos sus actores, a los fines de facilitar la suficiente cohesión social entre los integrantes del Frente para generar la credibilidad necesaria para convocar a todos los venezolanos hacia la transformación política del país.

El Frente Amplio Venezuela Libre claramente es una iniciativa que intenta superar la desconfianza ciudadana hacia los partidos políticos y su dirigencia, pero preocupa que los días van pasando y desde la acera de enfrente no se percibe una estructura organizativa concreta y, menos aún, una hoja de ruta a corto plazo que no sea la tradicional estrategia de movilizarnos por una estricta razón electoral.

La MUD como plataforma electoral y aquel Frente Nacional de la Defensa de la Constitución[3] impulsado en el 2017 por la Asamblea Nacional, deben servirnos de experiencia para entender que esa unidad política y social que la gran mayoría exige, necesariamente debe superar una estrategia estrictamente electoral.

La hoja de ruta electoral debe complementarse con una estrategia política y social, que reivindique el ejercicio de la política, la noción de ciudadanía y la vigencia de la Constitución, todo ello enmarcado en el artículo 333 de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela.

Esa estrategia política y social no debe limitarse a la protesta pacífica, por el contrario, debe complementarse con una acción política concreta, que sea capaz de sembrar esperanza, a través de la construcción de consensos básicos para un Gran Acuerdo Nacional por la Reconstrucción del País, que como documento público reitere a los gobiernos del mundo la decidida voluntad de reconstruir el país en un marco de unidad electoral, política y social, expresada en un compromiso nacional.

Pensar en un Gran Acuerdo Nacional aprobado por la Asamblea Nacional, como producto de un debate nacional previo, en cuyo contenido se legitime el Frente Amplio Venezuela Libre –reivindique la Asamblea Nacional y presente los consensos sobre las líneas programáticas generales para abordar en un futuro Programa de Gobierno para la Reconstrucción Nacional– podría ser un ejercicio político importante a los fines de sembrar esperanza y restaurar niveles básicos de confianza entre todos y cada uno de los actores que integran el Frente, y entre éste y la sociedad civil en general.

Un Gran Acuerdo Nacional por la Reconstrucción del País, además, vendría a ser un instrumento útil para alimentar el espíritu democrático que debe inspirar la acción y la movilización política-electoral.

Las piezas del rompecabezas llamado Gran Acuerdo Nacional para la Reconstrucción del País, están allí al servicio del país, lo que hace falta es definir quién o quiénes son los actores que facilitarán el proceso político para la construcción de ese rompecabezas.

Pareciera que la Conferencia Episcopal Venezolana y los rectores de las Universidades, son los actores más adecuados para asumir la noble tarea de facilitar ese proceso político de construcción de los consensos básicos sobre los lineamientos generales para reconstruir a Venezuela, que luego sean registrados para ser aprobados en un Gran Acuerdo Nacional.

Es claro que una pieza fundamental es la Asamblea Nacional, que como único poder público legítimo, puede en el marco constitucional revestir ese proceso político de debate en un Gran Acuerdo Nacional. Por su parte, la sociedad civil puede, a través de asambleas de ciudadanos o cabildos abiertos donde sea posible, validar ese acuerdo demostrando políticamente que hay unidad nacional y reivindicando así la vigencia de la Constitución.

Las distintas exigencias programáticas de los actores sociales se convierten en piezas efectivas de ese mismo rompecabezas. En tal sentido, si comparamos la Proclama de la Sociedad Civil, presentada el 6 de marzo en la UCV, con el Manifiesto del Frente Amplio Venezuela Libre, presentado el 8 de marzo de 2018 en el Centro Cultural Chacao, se puede identificar con claridad el consenso de todos los actores en la necesidad de priorizar el tema de la ayuda humanitaria y la transformación económica del país.

Hay una pieza útil de ese rompecabezas que no debería perderse de vista, pues resulta uno de los documentos útiles para la discusión y el debate político nacional sobre un Gran Acuerdo político y social, ese documento es el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad que fue presentado por la Unidad Democrática el pasado 19 de julio 2017.

Si empezamos a unir las piezas, encontraremos que incluso la propuesta programática que Soy Venezuela ha divulgado por los medios sociales, resulta complementaria a las propuestas o exigencias de la sociedad civil en su proclama del 6 de marzo y a las mismas propuestas presentadas en el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad del 2017. En otras palabras, no son contradictorias y menos aún incompatibles.

Si cada pieza se pudiera unir en una suerte de agenda para el debate de un Gran Acuerdo Nacional político social, como base o pegamento para el Frente Amplio Venezuela Libre, el resultado de la comparación de las distintas propuestas podría resultar de la siguiente manera:

Situación humanitaria: con énfasis en salud y alimentación.

Economía: superar hiperinflación, desarrollo productivo, mejorar salarios. Autonomía del Banco Central de Venezuela. Economía de Mercado Abierto.

Reinstitucionalización del país: BCV. Separación de poderes. Recuperación del Senado de la República. Refundar la justicia. Recuperar la confianza en la FANB. Reivindicar la participación ciudadana.

Modelo federal descentralizado: Reconocimiento de los actores regionales y municipales. Descentralización.

Electoral: No reelección, segunda vuelta presidencial.

Política internacional: Mejorar las relaciones internacionales.

Políticas sociales: Seguridad ciudadana. Inclusión de la sociedad civil.

Resulta oportuno señalar que el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad propuso, en julio 2017, un programa común desarrollado en tres etapas, que podría ser objeto de un claro debate entre los actores del Frente Amplio, a saber: atención de la emergencia social, estabilización del país bajo un nuevo modelo social y económico que procure el progreso y ejecución de reformas necesarias para lograr el bienestar del país.

Las piezas de este rompecabezas están sueltas, no se contradicen, por el contrario, se complementan. ¿Seremos capaces de valorarlas para construir la gran unidad a la que hace mención el padre Ugalde y lograr con ellas sembrar esperanza en un futuro posible y viable para Venezuela?

@carome31

[1]El Nacional. Alianza democrática para la liberación. 20 de febrero 2018.

[2]El Nacional. Venezuela despierta. 15 de marzo de 2018.

[3]Caraotadigital.net. Juramento al Frente Nacional en defensa de la Constitución. 25 de mayo

PolitiKa UCAB, marzo 20, 2018

https://politikaucab.net/2018/03/20/el-frente-amplio-y-la-necesidad-del-...

 6 min


José Rosario Delgado

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) desde hace mucho tiempo mantiene un sospechoso e inentendible culipandeo en torno de los procesos electorales y es por eso que, lamentablemente, pierde credibilidad en densos sectores de la población venezolana, incluso entre quienes los siguen ciegamente, a pie juntillas, como única posibilidad de crear una fuerza que no sólo capaz de derrotar a la dictadura que nos acogota, sino que logre transformar a este país en lo que realmente queremos todos los venezolanos, dentro y fuera del país.

Eso de deshojar margaritas cada vez que se asoma un proceso no es propio de gente responsable y seria; no puede ni debe ser que no tenga agendizado el movimiento de sus estrategias frente a la gravísima crisis de institucionalidad y electoralidad existente y de cara a las trampas que a cada rato arma el gobierno a través de sus sigüises instalados en el Consejo Nacional Electoral (CNE), Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), Fiscalía General de la República (FGR) y ese adefesio que llamamos La Prostituyente.

Triste es el recuerdo de la abstención inducida por la MUD en 2005 y aquellos polvos trajeron estos lodos que cubren de fétida asquerosidad la conformación de los ya mencionados órganos del Poder Público durante años y, por supuesto, permitieron anular totalmente las funciones constitucionales de la Asamblea Nacional (AN), atando de manos y pies al pueblo venezolano y a sus instancias de esperanza útil.

Ahora, cuando se anotaron unos sí y otros no a las elecciones regionales y municipales, y cuando no se inscriben para las presidenciales, comienzan a asustarnos con el fantasma de la programada e inducida abstención y satanizan la posibilidad candidatural de Henrí Falcón, quien se constituye, hasta hoy (es candidato), en la única opción cierta de enfrentar las aviesas pretensiones del gobierno dictatorial de eternizarse en el poder por el poder mismo.

Henrí Falcón se inscribió, respondió a la apertura del proceso eleccionario viciado, tramposo, tracalero, manipulado, fraudulento, “puyao”… pero eso es lo que hay durante los últimos 18 años, por lo menos, y le ha servido a unos y a otros; no sabemos por qué antes sirvió y ahora no les sirve. Quizás porque el candidato no es el que quiere ser o el que ellos quieren que sea; por eso, tal vez, pudieran promover animadversión hacia Falcón “no vaya a ser que gane”.

No se detienen a pensar en que también pudieran ser Henrí Falcón y su Avanzada el chivo expiatorio del sistema y del tamaño y la capacidad que tiene el venezolano cuando se le presenta un compromiso de semejantes dimensiones; compromiso que les permita a los millones de electores descontentos con la tiranía echar mano a su poderosísima y oportuna arma secreta que durante muchos años ha salido a relucir en momentos difíciles.

Están acostumbrados a escoger e imponer al candidato para que la gente vote por él, pero jamás han permitido que la gente escoja e imponga su candidato para hacer de él un Presidente de la República a través de su única, insustituible, poderosa y secreta arma: el Voto. Al pueblo no se le puede disuadir para que no vote; todo lo contrario, para preservar la democracia hay que persuadirlo para que vote. Voto e invito a Votar…

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​José E. Rodríguez Rojas

En un artículo previo hemos señalado la condición de Estado fallido de Venezuela, la cual se refleja en la crisis de gobernabilidad y la elevada criminalidad que enfrenta el país. La ENCOVI 2017 ha evidenciado que la mayoría del territorio es presa de la violencia criminal. Los venezolanos vivimos con miedo y nos abstenemos de realizar compras y actividades recreativas por miedo a ser asaltados, con las correspondientes implicaciones económicas que ello tiene. Trasladarse de una ciudad a otra en transporte público es una aventura incierta. Caracas se ha transformado en la segunda ciudad más insegura del mundo. El agudo incremento de la tasa de homicidios y delitos en general se ha producido después de 1998, debido a la complicidad del régimen chavista con la narcoguerrilla colombiana y bandas criminales (Ver: Estado fallido y violencia criminal. Dígalo Ahí, N° 4, marzo 13 2018).

Amplias regiones del país y zonas de importantes ciudades se encuentran en manos de las bandas de delincuentes, que en los casos más extremos impiden la entrada de los cuerpos policiales, como es el caso de la barriada conocida como “23 de Enero” en Caracas, la cual se encuentra bajo el control de los llamados “Colectivos”, o la zona de San Vicente en Maracay, donde los cuerpos policiales deben unirse a los militares para poder hacer alguna operación en la zona.

La Gran Caracas se ha convertido en una de las zonas más inseguras del país. Caracas está catalogada como la segunda ciudad más insegura del mundo. El entorno de la capital también ha sido presa del flagelo de la violencia criminal. Los conductores de la línea que hace el transporte público entre la capital y el estado Vargas están amenazando con ir a un paro a fin de presionar al gobierno para que tome acciones contra las bandas que asaltan a las unidades de transporte en forma constante. La vía es una ruta obligada para los turistas caraqueños que se dirigen a las playas de Vargas y dinamizan la economía local, en especial los fines de semana.

Muy cercana a Caracas está la zona de Barlovento, que fue declarada “zona de paz” en un acuerdo tácito del gobierno con las bandas criminales, quedando bajo el control de las que secuestran personas en Caracas y utilizan a Barlovento como una tapadera para mantenerlas en cautiverio. Las bandas de la zona constituyen un azote de la cercana región de Higuerote, donde los apartamentos vacacionales son objeto de constantes robos y saqueos, desincentivando la actividad turística. Barlovento es una zona de tránsito hacia las playas del oriente del país y uno de los escollos que los turistas que se dirigen a esa zona deben superar, convirtiendo el viaje en una riesgosa aventura que puede finalizar en tragedia. Los agricultores y técnicos que laboran en la zona viven bajo la misma zozobra. Los productores de cacao deben realizar la cosecha con mayor frecuencia de lo necesario a fin de evitar que ésta termine en manos de los delincuentes. Uno de los agrotécnicos que labora prestando asistencia técnica en la zona, me comentaba que debía asistir a la misma en una camioneta blindada dada la peligrosidad de ésta.

Otras zonas del país han sido presa de las bandas criminales como es el caso del estado Guárico donde la banda dirigida por un sujeto llamado “El Picure” hizo de las suyas con la complicidad de funcionarios de la gobernación del estado mencionado, manteniendo en zozobra a los ganaderos y agricultores de la zona, lesionando la actividad productiva de la región. Varios ganaderos han sido asesinados, lo que ha sumergido a la sociedad local en la consternación y la impotencia ante unas bandas que merodean por la región a sus anchas. La zona de El Sombrero se transformó en una de las áreas de producción de hortalizas de mayor importancia, sin embargo en los últimos años ha vendió reduciendo su producción debido, entre otros factores, a la amenaza de las bandas de delincuentes que pululan en la zona, como la de “El Picure” y sus herederos.

Lo mismo se puede decir de la península de Paria que posee una compleja y rica gastronomía así como playas excepcionales. La zona es productora de un cacao de alta calidad. Es una de las zonas de mayor potencialidad para el turismo internacional. Sin embargo, hace varios años los carteles colombianos aterrizaron en la zona y la han utilizado como área de depósito de sus cargamentos antes de ser distribuidos en el Caribe. La delincuencia y la inseguridad han prosperado a tal nivel que los bañistas en las hermosas playas de la zona deben resguardarse temprano, al igual que los dueños de los chiringuitos que pululan en las mismas. Muchos de los turistas extranjeros que se han aventurado a visitar la zona han sido víctimas de los delincuentes, lo que ha deprimido el turismo internacional. Conozco de primera mano el caso de un alto funcionario del sector público regional que tuvo que abandonar la zona después que lo asaltaron por cuarta vez. En la última ocasión, los malandros tuvieron piedad de él por su avanzada edad. Apresuradamente recogió sus macundales y salió huyendo de la región en busca de nuevos aíres y mayor seguridad.

La inseguridad se ha transformado en una de las limitantes más importantes para la producción agrícola y el turismo. El desarrollo y recuperación de ambas actividades no puede darse sin derrotar al narcotráfico y las bandas criminales que incentivan la violencia. El país carece de los recursos para enfrentarlos pues las policías están penetradas por los facinerosos. El caso colombiano pone en evidencia que es necesario alianzas con la comunidad internacional y las organizaciones antinarcóticos para tener éxito en tal labor.

Profesor UCV

josenri2@gmail.com

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Perkins Rocha

Con emotividad y esperanza arrancó este esfuerzo de la sociedad civil que no dudo en calificar de altamente alentador. El acto en el Aula Magna del 6 de marzo pasado fue sencillamente esplendido y el replique ciudadano que tuvo en varios estados el pasado sábado 17 de marzo, fue realmente enaltecedor. No así, el triste espectáculo, cerrado y con atmósfera de conciliábulo que la dirigencia presuntamente opositora monto el 8 de marzo en el anfiteatro de Chacao, casi como obligada por dar una respuesta inmediata para no quedarse atrás de la brillantez de la iniciativa social de grupos no partidistas. En esa oportunidad, las incoherencias conceptuales insuperables entre la teoría y la acción de las mismas cúpulas partidistas que no han sabido conducir la disidencia por un fértil camino político en medio de las evidentes adversidades, salieron a relucir en su máximo esplendor. Vimos a los mismos dirigentes que en un pasado reciente, han sugerido trabajar a favor del régimen para que se levanten las sanciones internacionales a parte de sus funcionarios; y a otros que forman parte de agrupaciones partidistas que sin vergüenza alguna, permiten que sus gobernadores electos por sus pueblos vayan a juramentarse ante la Asamblea Constituyente.

Si la sociedad civil entiende que, para alcanzar nuevamente el poder es necesario reconstruir el país, sus ideales e instituciones, entonces tiene que arribar a la perentoria conclusión de que es también urgente, reconstruir su dirigencia política. No se trata solo de nuevos hombres, necesitamos también nuevas ideas y nuevos procedimientos, tal como lo proclamo el General Cipriano Castro, en su momento.

Dentro de esa idea de reconstrucción del país, todo el esfuerzo debe centrarse en la idea de fortalecer la ciudadanía. El ciudadano debe entender que el poder político lo tiene él y que los partidos son tan solo sus legítimos delegatarios. No podemos seguir culpando a los partidos de nuestras penurias políticas pues ellos son el vivo reflejo de nuestros propios males sociales: egoísmo, egolatrías, intolerancia... son todos los lados negativos de una misma moneda, contra los que debemos luchar.

El ciudadano debe entender, concebir y concientizar definitivamente que estamos en Dictadura. No seamos eufemistas ni ingenuos creyendo que por la realización de actos masivos, los cuales no dudo en llamar esplendorosos socialmente, como el del Aula Magna del 6 de marzo pasado, no estamos en tal situación política. Toda Dictadura necesita de esos actos y sabe administrar su ocurrencia, con la precisión del relojero, a diferencia de la Tiranía que los impide absolutamente.

En definitiva, si estamos en Dictadura y sabemos que las Dictaduras no se cuentan y si se cuentan no pierden, ¿qué debemos hacer para alcanzar nuestros objetivos de cambio político y social? Pues lo primero, entender que necesitamos un nuevo perfil de dirigente o representante político. No uno que cohabite con el régimen tratando de pactar acuerdos que aquel continuamente solicita para luego incumplir, extendiendo así su perversa dinámica de permanencia que implica constantemente, generar expectativas de cambio que no se cumplen, para inmediatamente, entrar en un nuevo ciclo de esperanzas renovadas, que conducirían inexorablemente a otra etapa de diálogos, acuerdos y negociación que también incumplirá y así sucesivamente mantenerse, entre expectativas y frustraciones de los ciudadanos. El líder o representante de la oposición que necesitamos, es aquel que entienda que en Dictadura los factores disidentes activos deben retar al gobierno de facto para que incurra en costos políticos. Es un líder que resulte incomodo para el régimen porque está dispuesto a arriesgar su libertad y esfera de comodidad por forzar situaciones extremas en las que se produzcan definiciones. No que trabaje en lograr periódicos alientos prolongados en diálogos disfrazados de extremaunción, que solo esconden una intención de extensión o continuidad del sistema.

Llegará el momento en que podamos sentarnos a negociar con el enemigo parcelas para una transición en aras de una salida inevitable. Pero ese momento solo será posible, después de una fuerte presión socio-política y solo será útil para la disidencia, en la medida en que ella pueda administrar la conveniencia y oportunidad de un triunfo político, con el ahorro de un costo social. Falta que corra mucha agua debajo del puente para llegar a ese momento.

21 de marzo de 2018

@PerkinsRocha

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La revuelta ha tomado de sorpresa al bestiario militarista y su impacto ha sido tal, que no se ha terminado de comprender que esa retreta, entendida como el toque militar que avisa a las tropas en el cuartel de un evento importante. Ese evento importante no es otra cosa más que la insurrección, rebelión y conmoción de hombres que a lo interno de la organización están dispuestos al levantamiento. Amotinamiento como furia e irritación por falta de comando y comandantes que respondan a lo interno de la organización, y a lo externo no del sistema político sino de la República.

La revuelta como toque de retreta anima a lo interno de la organización a que se generalicen los revoltosos como consecuencia de una revolución incapaz, pero –sobretodo- inmoral ya no para responderle a la sociedad toda que se ha engañado y pervertido, sino cumplir con el mínimo de responsabilidades que corresponde y toca a lo interno de la organización armada.

La revuelta es un revolcón a los inexistentes mandos, a los grises comandantes y a los jefes militares que no entienden de la miseria exponencial que hoy viven hombres y mujeres profesionales, sargentos y soldados que alguna vez creyeron en las mentiras sistemáticas que ya no pueden sostener Generales irresponsables, que bien sabe cuán destartalada es la situación que se vive a lo interno del cuerpo armado.

La revuelta con su toque de retreta convida a que los ciudadanos demócratas que hoy se organizan en las plazas públicas, donde seguramente está presente la esfinge del Padre de la Patria, entiende que ese gran hombre más que un militar fue filósofo y un político. Un hombre que leyó a Rousseau, a Hume y Voltaire, que entendió de manera extraordinaria la necesidad de confrontar al gigante del norte, pero no con revoluciones marxistoides capitaneadas con cobardes e ilusos, sino por hombres sabios, líderes civiles, académicos, ciudadanos y, en especial, por esa masa societal igualitaria que tenemos que ser el mestizaje de venezolanos que hoy están dispuestos -una vez destrozado el sistema político- a que no se pierda la República.

El toque de la retreta por la vía de la revuelta alerta al sistema internacional, pero además le muestra al Sistema Interamericano que ese toque de retreta es una alerta tempranera para que quienes tienen responsabilidades políticas de acuerdo a lo establecido en la OEA, cumplan con la responsabilidad geopolítica de que no venga mas nunca a instalarse en América Latina, la desgracia oprobiosa guerrilla o revolución que ocurrió en Cuba y que por cincuenta años ha impuesto los más férreos controles para que no haya libertad, para que no exista ciudadanía y para que haya pobreza y marginalidad, tanto en lo social como en lo político, lo científico e histórico-moral

El toque de retreta pareciera que sugiere al demócrata venezolano la necesidad de que recorra como participación activa por las calles de la democracia a muchos hombres y mujeres, que teniendo como arma la Constitución y haciendo brillar la ecuación de la democracia, puedan construir por vientos favorables la transición. Casi sería como un concierto de demócratas prestos y dispuestos a reinstalar por la vía de la transición y la participación política el nuevo amanecer de la democracia.

El toque de retreta como invitación jamás pudiese indicar que la tarea por hacerse en el complejo espacio político es fácil. No. Es complicada, difícil, requiere del genio y del coraje del ciudadano, así téngase como cierto es el ciudadano que es tanto ciudadano por la vía de su convicción democrática, que tiene que oír la retreta para constituirse en masa crítica que entiende el peligro del 20 de mayo y que desde ya se disponga como demócrata hacer valer su decisión inquebrantable de oponerse a la arbitrariedad, que aún el bestiario militarista acaricia diciendo “Nosotros mas nunca vamos entregar el poder político”.

El toque de retreta expresado en la revuelta como disección, furia, revuelo y perturbación en el cuerpo armado pudiera asimilarse a un toque de diana del cuartel que retumba en las almas en el amanecer y en el gentilicio de los venezolanos demócratas, para que nunca más sea posible que ciudadanas y ciudadanos de uniformes instauren la democracia que la República demanda y requiere.

El toque de retreta, en esta tan grave coyuntura, quizá demanda de una interpretación hermenéutica con la cual se consolide todo el sentir democrático expresado en una responsabilidad de organización político social, que termine por desenmascarar al bestiario militarista incapaz, indolente y cobarde que le dio la espalda a la sociedad de la cual deviene y a la cual regresará enjuiciado como cobardesy vergüenza de una institución ahora desdichada y agónica

Es original,

Director de CEPPRO

@JMachillandaP

 3 min


Venezuela es un país petrolero, aunque quizá podría decirse que lo fue. Ahora solo es uno con grandes reservas de petróleo, con riesgo de que se queden en el subsuelo. Relativamente pocos libros se han escrito sobre el tema y todavía menos sobre el descalabro de nuestra industria de los hidrocarburos desde que los rojos la tomaron por asalto en el 2003. Por ello, nos complace dar la bienvenida al libro de José Suárez Núñez que puede adquirirse a través de Amazon, cuyo título tomé prestado para este artículo.

Este veterano periodista no se limitó a presentar y analizar información sobre la Faja Petrolífera del Orinoco, sino que hace un recuento desde los primero años de nuestra industria petrolera hasta el presente. Suárez ha cubierto esta fuente desde hace muchos años, por lo que ha tenido acceso a los presidentes y directores de Pdvsa, a ministros del área y a distinguidos especialistas.

En el período antes de la estatización de 1976, Suárez relata los primeros descubrimientos y explotaciones, la corrupción con las concesiones y la injerencia de las transnacionales durante la época del dictador Juan Vicente Gómez. Narra hechos poco conocidos como la carta de Preston Mc Godwin, jefe de la Legación estadounidense, en la que informa sobre “la absoluta corrupción de los tribunales de Venezuela”, algo que perdura. El empleo desde 1924 de mujeres zulianas como secretarias y mecanógrafas. La perforación en 1926 de un pozo en Cabimas al lado de la casa de Clementina Romero, a quien ordenaron no cocinar por el peligro de incendio.

El proceso de nacionalización incluyó a tres empresas venezolanas, por lo que el autor del libro señala que “en el fondo yacía un fuerte criterio estatista para ir creando el Estado todopoderoso”. Refiere que a Carlos Andrés Pérez le costó contener la presión de sectores extremistas que aspiraban se despidiera a trabajadores de la nueva empresa, por haber trabajado con las transnacionales. Así mismo, que Pérez instruyó a Alfonzo Ravard de no aceptar recomendaciones de los políticos.

El libro reseña los logros del cambio del patrón de refinación, las actividades de exploración , los resultados en producción y los beneficios de la internacionalización, la creación de las Asociaciones Estratégicas para extraer y procesar los crudos pesados de la Faja del Orinoco y los Convenios Operativos manejados por empresas privadas nacionales y extranjeras. También presenta opiniones sobre la eliminación de las filiales Maraven, Lagoven y Corpoven, lo cual según algunos destruyó el escudo protector contra la politización. Quien escribe este artículo considera que nada hubiese impedido que Chávez tomara por asalto a Pdvsa y que era necesario reducir costos y eliminar triplicaciones.

Suárez relata cómo Chávez se valió inicialmente de Mandini hasta que lo sustituyó por Ciavaldini, quien inició descaradamente la politización en la empresa; el período de Lameda, quien al ser destituido tenía el reconocimiento de los trabajadores y declaró que “ No se pueden pagar dividendos al Ejecutivo con ingresos que no han sido generados, porque es importante que Pdvsa no se descapitalice”. Lamentablemente eso fue lo que sucedió.

La bochornosa y corta actuación de Gastón Parra y la designación de cinco directores no calificados. El paro petrolero de abril del 2002. La designación de Alí Rodríguez Araque como presidente de Pdvsa, quien inicialmente fue bien recibido, pero que gradualmente permitió que los rojos de la empresa actuaran como activistas. El paro cívico de diciembre 2002 y el genocidio laboral. Sobre estos tópicos Suárez Núñez refiere declaraciones de Juan Fernández y de Horacio Medina.

El libro contiene un capítulo escrito por Diego González sobre el mito de la Faja y consigna información sobre la corrupción con la venta de gasolina y el otorgamiento de contratos sin licitación. También las declaraciones de Luis Vierma, vicepresidente de Pdvsa en ese entonces, en las que reconoció que “Pdvsa otorgó un contrato por 1000 millones de dólares a una empresa con 800 millones de bolívares de capital y que no tenía taladros. Denuncias de dos diputados oficialistas por contratos irregulares a las empresas Cosma, C.A. y a Constructora Interbolivariana.

La corrupción con las gabarras, con el Fondo de Pensiones, valija de Antonini, el mal negocio del trueque, el pésimo acuerdo con China, las donaciones a Petrocaribe y al Alba, el pago a Cuba de 1.275 millones de dólares por tres meses de servicios médicos, la confiscación de empresa prestadoras de servicio. La mala gerencia, pocas inversiones y el exceso de personal, junto con lo señalado anteriormente, explican la debacle de Pdvsa. Esta empresa tiene una deuda elevada, importa gasolina, diesel y crudo ligero y la producción en febrero, incluyendo la de las empresas mixtas, fue de solo 1.586.000 barriles por día. La Faja, el Plan Siembra Petrolera y otras ofertas han sido claramente un engaño.

Como (había) en botica: Los militares y demás ciudadanos siguen protestando, el régimen sigue reprimiendo, Henry Falcón y el atrabiliario Semtei siguen engatusando y nuestros dirigentes siguen desuniendo.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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