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Opinión

Jesús Elorza G.

El equipo de “Asalto” capitaneado por Greivis Vásquez, se prepara para la invasión final de la Federación Venezolana de Baloncesto. En los preparativos para el ataque, ha contado con todo el arsenal gubernamental para garantizar que su agresión sea en términos de tierra arrasada y colocar la bandera de la nueva Federación Bolivariana de Baloncesto.

Lo primero que hizo fue impugnar el proceso electoral convocado por las legítimas autoridades de la disciplina deportiva. Hecho este que de inmediato fue avalado y sancionado favorablemente por las autoridades del Ministerio del Deporte y del Instituto Nacional del Deporte.

Acto seguido, se movieron las piezas del Tribunal Supremo de Justicia que en una descabellada e ilegítima sentencia Nª 202 según expediente Nº AA70E-2017-0000042 ordena al Consejo Nacional Electoral CNE que nombre “Una Comisión Electoral Ad-Hoc” para que dirija el proceso de elecciones en la federación. Esa decisión, fue cumplida en tiempo record por el organismo electoral en Resolución Nº 180117-001 y publicada en Gaceta Electoral Nº 882.

No se había secado la tinta de la resolución, cuando la Comisión Electoral Ad-Hoc procede a notificar al Comité Olímpico Venezolano de la decisión de arrasar con las legítimas autoridades del baloncesto mediante una arbitraria e ilegal decisión del TSJ. Sumisamente, las autoridades olímpicas asumen el papel de cómplices y se prestan al juego de violentar la autonomía federativa. Como obedientes esclavos, ceden las instalaciones del COV para que allí se lleve a cabo el asalto a la federación.

Ya establecido en sus puestos de combate el TSJ, el Ministerio del Deporte, el Instituto Nacional de Deporte y el Comité Olímpico Venezolano la Comisión Electoral procede a fijar la fecha de elecciones para el 14 de marzo del presente año. Y en un hecho por demás insólito ¡¡¡Elabora y hace público un Registro Electoral!!! Los nombres de los atletas, jueces, entrenadores y delegados que allí aparecen, ¡¡¡Fueron suministrados en su totalidad por el equipo de asalto de Greivis Vásquez!!! Solo le faltó a la Comisión Electoral, anunciar que Tibisay Lucena informaría los resultados electorales cuando los mismos fueran irreversibles.

En esta guerra asimétrica, Greivis se movilizó por todo el territorio nacional para contactar a los gobernadores identificados con el régimen, y asegurar sus apoyos en esta cruzada por instaurar en el país una organización deportiva revolucionaria: La nueva Federación Bolivariana de Baloncesto. Además, solicitarles el apoyo logístico para la movilización de los milicianos que aparecen en el Registro Electoral y puedan trasladarse para ejercer su derecho al voto.

Los gobernadores, atendieron la solicitud del camarada, para no poner en riesgo la entrega de las Bolsas Clap, que son administradas por las empresas de alimentos que están relacionadas con el jugador según la información suministrada a los medios de comunicación por el mayor general (Ej) Hebert García Plaza, quien fuera ministro de Transporte Acuático y Aéreo y ministro de Alimentación.

Sin embargo, es importante señalar, que todo ese poder político, jurídico y económico que hoy arremete contra las legítimas autoridades y la autonomía de la federación tienen al frente la resistencia de entrenadores, jueces, atletas y directivos que no se entregan a los postulados del totalitarismo y que frente a las adversidades defienden el derecho a elegir democráticamente sin intervención del gobierno a sus autoridades.

En el plano internacional, las organizaciones deportivas son fieles defensoras de las autonomías de las federaciones nacionales. En consecuencia, Greivis y su equipo de asalto serán los responsables de la suspensión de Venezuela por parte de la Federación Internacional de Baloncesto FIBA.

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Lester L. López O.

Apreciación de la situación política número 134

Aunque las observaciones de la presente apreciación no sean pertinentes a la misma, aventuraré a exponer, una vez más, lo que considero una equivocación de la mayoría de los factores de la oposición democrática ante la coyuntura electoral que le ha planteado el régimen.

Para ello es necesario recordar de la técnica de solución de problemas las tres posibilidades más comunes que se presentan cuando no se identifica claramente cuál es el problema en sí: a) la solución correcta al problema equivocado; b) la solución equivocada al problema correcto; c) la solución equivocada al problema equivocado. Como se puede inferir la peor situación sería la tercera, por lo que en ese caso se le define un problema del tercer tipo. También es menester indicar que las tres situaciones mencionadas son muy frecuentes en el quehacer diario de las personas, grupos, o relaciones sociales en general.

Lo que se le ha planteado a la oposición democrática con la convocatoria adelantada a elecciones presidenciales para el 22A, y ahora pospuestas para el 20 de mayo, es un problema de características equivocadas porque dicha decisión se tomo de manera arbitraria al ser convocada por un ente ilegitimo, por fraudulento, como es la ANC que no está facultada para esa convocatoria. Ese, pareciera ser la equivocación de fondo.

Las respuestas de la oposición democrática han sido soluciones equivocadas porque inicialmente entraron en un dilema entre ir o no ir a la convocatoria de elecciones, también por las razones equivocadas, ya que situaron el problema en la falta de condiciones electorales minimizando la ilegitimidad de la convocatoria por el organismo que la convocó inicialmente que, como mencioné anteriormente, tampoco es el problema principal o de fondo. De allí que, no es de extrañar, que la dirigencia opositora se haya mostrado confundida y divergente en sus formas de acción, para finalmente decidir, una parte mayoritaria de ella, no asistir a las elecciones por las razones equivocadas -no existen condiciones electorales adecuadas- y, en consecuencia, sin ningún plan alterno para lograr el cambio de gobierno, peor aún, perdiendo la confianza del electorado opositor.

Una exmagistrada emérita de reconocido prestigio nacional sale al paso de tanto yerro y plantea el problema correcto: en la Constitución Nacional no está previsto el adelanto de elecciones, salvo que se produzca la ausencia absoluta del presidente y, en ese caso, el CNE debe llamar a elecciones en un plazo de 30 días, tal como sucedió con el difunto eterno, pero, como es obvio, no es el caso de ahora.

Otros juristas constitucionalistas van más allá y advierten que de consumarse las elecciones del 20 de mayo, el presidente lejos de legitimarse, que es lo él quiere, más bien se deslegitimaría pues su actual período constitucional finaliza el 10 de enero del 2019, por lo que estaría produciéndose de facto una situación voluntaria de abandono de cargo o lo que es lo mismo, la falta absoluta del mismo para terminar su periodo constitucional y, en ese caso, la AN, que si está legitimada, declararía la falta absoluta y llamaría a nuevas elecciones.

De tal manera que, como lo advirtió la exmagistrada emérita, el problema no son las condiciones electorales sino la violación de la Constitución y que la solución correcta sería advertir, por parte de la oposición democrática, que no se va a las elecciones porque sería violar la CN y si el régimen no cesa en su empeño electoral, después del 20 de mayo declarará la falta absoluta del presidente y llamará a nuevas elecciones. Esa sería el argumento legal y legítimo para no asistir a las elecciones, no crearía ningún falso dilema, dejaría la decisión al régimen y lo que es más importante aún, deja implícito un quehacer a la oposición democrática después del 20M. Todavía hay tiempo…

@lesterllopezo 03/03/18

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Richard Casanova

La unidad es esencial en la lucha democrática y fracturarla es el objetivo principal del gobierno, el cual necesita una candidatura creíble y con la fortaleza necesaria para legitimar unos comicios ilegalmente convocados, sin garantías, ni observación internacional y con la participación sólo de los candidatos y partidos que interesan al régimen. Pero la candidatura de Henri Falcón no les sirve ni para dividirnos, ni para legitimarse puesto que tiene un ostensible rechazo en el mundo opositor y exhibe el respaldo de partidos con una debilidad evidente y de dudosa factura democrática. Además el candidato viene con plomo en el ala: luego de 18 años en el poder, siendo gobernador en ejercicio y con el respaldo de todas las fuerzas de la Unidad, Henri Falcón resultó derrotado por una bate-quebrado como “la Almiranta” Carmen Meléndez. Saque usted la cuenta…

Advierto que mi intención no es descalificar a Henri Falcón, a quien conozco personalmente. Su decisión es muy lamentable pero no es lo que molesta y hasta diría que tiene derecho a ser chavista en esta hora menguada de la “revolución”. A lo que nadie tiene derecho es a usurpar el espacio de la oposición democrática con esa candidatura para legitimar al gobierno. Lo que molesta es que quienes apoyan esta operación divisionista no sean capaces de asumir su decisión e intenten justificarse con argumentos participacionistas como si no fuera obvio el rol que decidieron jugar. Es muy duro decirlo y no me complace hacerlo, más bien es una obligación que -como decía un amigo- genera “sentimientos encontrados”, pues no somos abstencionistas y nadie ha renunciado a la ruta electoral o al voto como instrumento de cambio, solo que no estamos dispuestos a participar en esta parodia inmoral de un gobierno agonizante que tiene a la gente muriendo de hambre.

Y así llegamos al meollo. La dramática realidad nos trae al punto: la crisis social es el gran tema y es donde debemos encontrarnos como país. La situación hoy es pavorosa, una tragedia y vista la abierta disposición del gobierno al fraude, unas simples elecciones no son la solución pero francamente la abstención tampoco basta. Votando o no, la crisis avanza, el país va rumbo a un colapso, se hace inviable y la dictadura no resuelve su problema de gobernabilidad. Quienes dicen que si no participamos, Maduro “gana y se atornilla”, desconocen que su permanencia frente al gobierno depende de los poderes fácticos que sostienen a toda dictadura, no de ganar unas elecciones chimbas. ¿Y acaso votando el gobierno no “ganaría” también? La diferencia sería que el país se sentiría efectivamente derrotado. Es obvio que estas elecciones tampoco resuelven los problemas de la oposición: No posibilitan su cohesión en torno a ellas, ni propician las condiciones para el cambio.

Lo que realmente cohesiona al país es la dolorosa crisis que sufre hoy la población venezolana. La motivación principal de una inmensa movilización del país que pueda fracturar los cimientos de la dictadura es la lucha por las reivindicaciones sociales. La prioridad de un político con sensibilidad social es la crisis humanitaria, no estas elecciones que más bien parecen unas primarias del PSUV. ¿A quién le importa el resultado de esa sátira? ¿Ese resultado -que nadie reconocerá- podría cambiar la realidad social del país o le daría estabilidad al gobierno? ¿Qué cambia con este circo electoral? ¡Absolutamente nada! Entonces mientras “el pastor”, Falcón y Nicolás andan en esa absurda campaña electoral, el liderazgo opositor debe tomar la iniciativa y acompañar al pueblo en sus penurias, hablar con la gente sobre el futuro. No basta con unas elecciones y la abstención no es suficiente: la unidad democrática debe alinearse con el sentimiento real de los venezolanos, con sus angustias y sus esperanzas, construir soluciones y movilizar al país. De eso se trata la política.

Dirigente progresista / Vicepresidente ANR del Colegio de Ingenieros de Vzla.

Twitter: @richcasanova

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José Andrés Rojo

La actitud de una parte de la gente de izquierda de España sobre Venezuela produce una infinita tristeza. Han decidido convertir lo que está pasando allí en un problema de aquí, de política interna, con lo que les interesa una higa lo que de verdad ocurre. Muchas veces su actitud es prepotente, resabiada, cínica. Construyen grandes discursos para echar paletadas de tierra sobre una realidad desoladora y consideran que todo vale bajo el barniz de las buenas intenciones.

Ya ha sucedido otras veces. Tras el triunfo de la revolución de octubre, fueron muchos lo que miraron a otra parte cuando algo rompía la imagen ideal que habían construido sobre el triunfo de la utopía comunista en la Unión Soviética. Así que resultaba latoso tener noticias sobre la suerte que corrían las personas que vivían allí. Mejor cultivar el cuento de las transformaciones profundas y la épica de la liberación. Los intelectuales tuvieron en esa tarea de ocultamiento y de justificación un papel muy activo.

No todo iba, sin embargo, a pedir de boca. A Osip Mandelshtam, por ejemplo, lo detuvieron en 1934 por escribir unos versos contra Stalin. A los cuatro años murió en Kolymá, en los campos de trabajo del Gulag. El sistema lo trituró sin mayores contemplaciones. Para muchos es uno de los mayores poetas rusos del siglo XX. Por lo que explica Igor Barreto en su último libro, hace un tiempo se encontró “en la parte alta del barrio de Ojo de Agua, en una zona llamada Monterrey”, con “un hombre alto, muy melancólico”. Era Osip Mandelshtam, tantísimos años después de su muerte en Siberia, de regreso al mundo en una zona marginal de favelas de Caracas. La vida te da sorpresas.

Cuenta Barreto que Mandelshtam se dedicó a leer los Cantos de Dante durante su cautiverio en las frías estepas. Y que de ahí salió un ensayo en el que reflexiona sobre el significado del tiempo. Lo que le interesa destacar es una de sus observaciones: “Aquí el presente puro está tomado como escapatoria. Totalmente separado del futuro y del pasado, el presente se conjuga como miedo, como peligro”.

El muro de Mandelshtam es un libro que pone los pelos de punta. El poeta venezolano Igor Barreto se ha encontrado con el poeta ruso en una de las zonas abandonadas de Venezuela y no han tenido inconveniente alguno en ocuparse de ese mundo donde reinan el miedo y el peligro. La pobreza es, por tanto, el asunto central de una exploración poética que recorre las zonas más oscuras y las experiencias más desoladoras de una gente condenada a sobrevivir en las peores condiciones. La violencia, la enfermedad, el vacío de ir sorteando las horas, los olores, la descomposición de toda esperanza, los estallidos de furia y la desoladora paz de la rendición, la muerte. Todo está ahí.

En uno de los poemas aparece una caja de madera en una vereda de Ojo de Agua. Al parecer en su interior está la definición de la pobreza, pero nadie consigue abrirla. Así que termina abandonada. “¿Qué interés pueden tener en una pobreza / que ya no les molesta?”, dicen unos versos. Y de pronto esas palabras adquieren una extraña resonancia. En Venezuela ha llegado el punto en que la pobreza ya no les molesta a los que gobiernan, ni les importa. Es el momento en que toca rendir cuentas. Y también la izquierda debería exigirlo. No hay otra.

3 de marzo de 2018

El País

https://elpais.com/elpais/2018/03/02/opinion/1520018494_765674.html

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Francisco Andrés Pérez

La UE se encuentra en pleno debate sobre el futuro de la financiación de la investigación (I+D). El informe Lamy ha evaluado los resultados de su programa estrella, Horizonte 2020, dotado con casi 80 mil millones de euros para el período 2013-2020. Para el próximo Programa Marco (el noveno aún sin nombre comercial) el Parlamento y la Comisión han pedido aumentar el presupuesto de forma considerable, se habla de 120 e incluso 160 mil millones de euros. Según el comité presidido por Pascal Lamy, que ha defendido una posición complaciente con la Comisión –de “evolución” en lugar de “revolución”–, el programa arroja buenos resultados en excelencia y en cierta incorporación de las Pymes y la industria, pero aún son muy mejorables las cifras en el impacto esperado; es decir, en traducir el conocimiento en riqueza y empleo.

Un actor fundamental en esa transferencia de conocimiento son los llamados Research and Technology Organizations (RTOs), redes u organizaciones público-privadas que funcionan como intermediarios entre el mundo de la ciencia básica y el del mercado. Las economías más dinámicas y diversificadas en Europa se han dotado de dichas estructuras que conectan el laboratorio con la empresa y promueven la investigación aplicada. Son organizaciones con una filosofía que trata de equilibrar la visión a largo plazo y el riesgo asumido con los resultados presentes y los beneficios de las empresas. Nos encontramos así ante un cambio de paradigma en la investigación científica, en esa apropiación social del conocimiento que anticipan los expertos y en un reto esencial para la industria europea, presionada por la competencia con China y Estados Unidos.

Quizás sea conveniente también evaluar el presente, el aquí y el ahora, para detectar aquello que difícilmente podrá cambiar la lluvia de millones que se anuncia desde Bruselas o la promesa vacua de un futuro innovador. Además de inversión, se necesitarán políticas inteligentes y diseños institucionales que, además de resolver el déficit estructural en las economías europeas, permitan una convergencia real de los sistemas de innovación. Una de las claves será no sólo alinear las prioridades, sino también integrar las estructuras o equiparar al menos las capacidades nacionales. Para ello es clave aprender de las lecciones aprendidas. Existe aún mucho camino para acortar las diferencias entre países que han generado ecosistemas de empresas innovadoras y RTOs con gran apoyo público, pero sin grandes interferencias ni control político. Son ejemplos modélicos TNO en Países Bajos, Fraunhofer-Gesellschaft en Alemania o VTT en Finlandia. En estas estructuras el Estado suele financiar el 30% de la estructura básica, y sin dicha financiación basal es imposible tener capacidades a largo plazo. El resto de la financiación proviene de contratos público-privados competitivos, como los europeos, y de prestación de servicios a la industria.

En España por primera vez se ha contemplado en los presupuestos generales la creación de una Red Cervera de transferencia tecnológica siguiendo el modelo de la red de institutos Fraunhofer alemán. La idea, aunque bien intencionada, choca con la fragmentación del modelo español con mayor protagonismo de las Comunidades Autónomas. En el País Vasco y la Comunidad Valenciana existen TECNALIA Research & Innovation y REDIT respectivamente, con características organizativas propias basadas en tejidos productivos también diferenciados, que han permitido cierto dinamismo en la innovación industrial. Sin embargo, la idea de una red nacional dista en recursos del modelo de la prestigiosa red alemana, fundada en 1949, con más de dos mil millones de euros de presupuesto y 25 mil trabajadores. También los alemanes aprendieron de los errores (clientelismo, excesivo control político, falta de adaptación y flexibilidad, excesiva burocracia) Su evolución hacia un modelo orientado a satisfacer la competitividad de la industria alemana no estuvo exento de vaivenes políticos ni retrocesos. Hoy, sin embargo, se asienta en un trabajo de muchas décadas, en la continuidad de las políticas y de las prácticas, lo que ha generado una visión y estrategia compartidas.

En la European Association of Technology Organizations (EARTO), hay registradas 97 RTOs localizados en 24 Estados Miembros. Sin embargo, existe un gran desequilibrio en las capacidades y tamaño de dichas organizaciones. Todas asumen una cierta visión compartida, la de generar servicios a la industria basados en conocimiento, estar orientadas a la resolución de retos sociales y asumir el riesgo de la innovación industrial. Todas compiten en sistemas de innovación muy diferentes. Y el maná europeo no cae igual para todos los centros de investigación ni todas las empresas innovadoras. Para algunos representa parte de su supervivencia, mientras que, en otros países con una decidida financiación nacional, significa solo la guinda de su estrategia. Participar en Europa no es casus belli sino un valor añadido que les da acceso a redes europeas o a talento.

Haciendo un símil con el debate en el mundo del fútbol sobre el llamado “doping financiero” que practican algunos clubes con recursos ajenos al negocio –la expresión fue acuñada por Arsène Wenger, entrenador del Arsenal cuando, perdió la Premier de 2005 a manos del Chelsea del oligarca Román Abramóvich–, podríamos preguntarnos, de forma muy provocadora, ¿existe doping financiero en el I+D en Europa? Quizás la Unión Europea debería plantearse el diseño de políticas que incentiven el cambio estructural y cultural de algunos sistemas de innovación. Una suerte de disciplina financiera o ayudas condicionadas que vinculen la financiación europea en investigación a ciertos objetivos estructurales. De otro modo no impediremos la perversión de tener algunos sistemas de innovación nacionales subsidiados con fondos europeos sin servir al tejido productivo ni a las sociedades que los sustentan.

28/02/2018

Real Instituto el cano

https://blog.realinstitutoelcano.org/existe-doping-financiero-en-el-id-en-europa/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+BlogElcano+%28Blog+Elcano%29

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José Rosario Delgado

Venezuela es el único país del mundo, sí, del planeta, en el que cualquier anuncio sobre incremento de sueldos y salarios pone a temblar a todos los presupuestos y supuestos beneficiarios, pues de inmediato viene atrás el hiperaumento de precios que hace trizas y cenizas los ingresos del pueblo, pone de fiesta los egresos del erario y abomba las entradas extra de los funcionarios depredadores de todos los presupuestos habidos por haber de chinos, rusos, y bielorrusos.

Ilusos y difusos asalariados bailan en una sola pata cuando el populista y burlista mandamás mete sus cuatro patas en busca de una perpetua reelección que no debería darse por nada del mundo, ni de vaina, y que únicamente pretende, a troche y moche, sostener su mandato sobre bonos y monos miserables como entretenimiento abusivo y televisivo para los que a morir de hambre vamos saludemos y aplaudamos.

El régimen y sus cabecillas, ciegos, sordos, bulleros y hambreadores, saben muy bien lo que hacen y por qué lo hacen mientras una mayoría sonríe, otra llora y los demás se quedan de lo más indiferentes aguardando con esperanza inútil qué pasará con el trabajo de algunos hasta que termine de hundirse este país ya derrumbado entre los despojos de lo que una vez fue.

No hacen caso a los gritos que les lanzan interna y externamente como alerta para que paren de una vez por todas, pues el miedo del salario o el salario del miedo nada soluciona ni beneficia cuando no se puede adquirir más de tres productos con la miserable mesada que no pasa de la limosna con la que este nefasto régimen busca indulgencias al mantener sus erradas políticas de economía de guerra.

Aumento salarial inasible, dinero disfrazado de petro que sólo existen en la cabeza desquiciada de quien dice gobernar pensando sólo en mantener el poder por el poder mismo y con su empeño en tirar al despeñadero lo poco que va quedando, sin plata en efectivo ni puntos de venta que funcionen y transferencias abultadas por la usura y las trampas de quienes aprovechan esos errores para mantener sus obscenas y pingües ganancias.

Mientras al pueblo macilento, abobado y mendicante les dan caldo sin sustancia o petros que no valen nada, la dictadura y sus acólitos trúhanes de uniforme y con uniforme amasan fortunas en euros, dólares, yenes y yuanes para cuando les toque, Dios mediante, salir en volandillas a gastarlos, quién sabe dónde, pero por nada del mundo se salvarán del castigo que les viene y que se merecen porque, en algún momento, se darán cuenta o alguien les contará lo que hicieron y lo que dejaron de hacer y, por su puesto, les llegará la factura…

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Maite Rico

Además de crear ficciones memorables, el Nobel de Literatura se ha batido incansable por la defensa de la sociedad libre. Con su nuevo ensayo, ‘La llamada de la tribu’, quiere reivindicar el pensamiento liberal y rendir homenaje a siete autores que lo marcaron. Con él hablamos del liberalismo, de la ceguera de los intelectuales con los totalitarismos y de los peligros que acechan hoy a la democracia.

MARIO VARGAS LLOSA está en plena forma. Combativo, desbordante, de carcajada fácil, el premio Nobel (Arequipa, Perú, 1936) se multiplica en viajes y en frentes intelectuales, urdiendo ficciones y escudriñando realidades. Esta semana publica su ensayo La llamada de la tribu (Alfaguara), un alegato a favor del pensamiento liberal a través de siete autores que le influyeron y a los que rinde homenaje: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin y Jean-François Revel. Voces de una corriente que reivindica al individuo como ser soberano y responsable, y a la libertad como valor supremo; que defiende la democracia y la separación de poderes como el sistema que mejor concilia los valores contradictorios de la sociedad. Una doctrina que reacciona frente al “espíritu tribal” que han alimentado históricamente el fascismo, el comunismo, el nacionalismo o el fanatismo religioso. Y que quizás por eso, dice el escritor, ha sido “el blanco político más vilipendiado y calumniado a lo largo de la historia”. La llamada de la tribu es también una suerte de autobiografía intelectual del propio Vargas Llosa, de su evolución desde el marxismo y el existencialismo a la revalorización de la democracia y el descubrimiento del liberalismo.

“El nacionalismo entraña una forma de racismo y conduce a la violencia. El desvanecimiento de las fronteras es lo más progresista de nuestro tiempo”

¿Por qué el pensamiento liberal es la diana de tantos ataques? Ha sido el blanco de las ideologías enemigas de la libertad, que con mucha justicia ven en el liberalismo a su adversario más tenaz. Y eso lo he querido explicar en el libro. El fascismo, el comunismo han atacado tremendamente al liberalismo, sobre todo caricaturizándolo y asociándolo a los conservadores. En sus primeras épocas el liberalismo fue asediado sobre todo por la derecha. Ahí están las encíclicas papales, los ataques desde todos los púlpitos a una doctrina que se consideraba enemiga de la religión, enemiga de los valores morales. Creo que estos adversarios definen muy bien la estrecha relación que existe entre el liberalismo y la democracia. La democracia ha avanzado y los derechos humanos han sido reconocidos fundamentalmente gracias a los pensadores liberales.

Los autores que analiza tienen rasgos comunes, entre otros, que nadaron contra corriente. Incluso dos libros de Hayek y Ortega estuvieron prohibidos. ¿Un liberal está condenado a ser un corredor de fondo solitario? El liberalismo no solo admite, sino que estimula la divergencia. Reconoce que una sociedad está compuesta por seres humanos muy distintos y que es importante preservarla así. Es la única doctrina que acepta la posibilidad de error. Por eso insisto mucho: no es una ideología; una ideología es una religión laica. El liberalismo defiende algunas ideas básicas: la libertad, el individualismo, el rechazo del colectivismo, del nacionalismo; es decir, de todas las ideologías o doctrinas que limitan o cancelan la libertad en la vida social.

Hablando de nacionalismo, últimamente habrá pensado más de una vez en Ortega y Gasset y en sus advertencias premonitorias sobre los peligros del nacionalismo en Cataluña y País Vasco. ¿Por qué los liberales rechazan el nacionalismo? Porque es incompatible con la libertad. El nacionalismo entraña, cuando uno escarba un poco en la superficie, una forma de racismo. Si crees que pertenecer a un determinado país o nación, o a una raza, o a una religión es un privilegio, un valor en sí mismo, crees que eres superior a los demás. Y el racismo inevitablemente conduce a la violencia y a la supresión de las libertades. Por eso el liberalismo desde la época de Adam Smith ha visto en el nacionalismo esa forma de colectivismo, de renuncia a la razón por un acto de fe.

Populismo, resurgimiento de los nacionalismos, el Brexit…, ¿está renaciendo el espíritu de la tribu? Hay una tendencia que se opone a lo que yo creo que es lo más progresista de nuestro tiempo, que es la formación de grandes conjuntos que están lentamente desvaneciendo las fronteras e integrando a diferentes lenguas, costumbres, creencias. Es el caso de Europa. Esto provoca mucha inseguridad y mucha incertidumbre y una tentación muy grande de regresar a esa tribu, a esa sociedad pequeña, homogénea que nunca existió en la realidad, donde todos son iguales, donde todos tienen las mismas creencias, la misma lengua… Ese es un mito que da mucha seguridad, y eso explica brotes como el Brexit, como el nacionalismo catalán, o los nacionalismos que hacen estragos en democracias como Polonia, Hungría, incluso Holanda. El nacionalismo está ahí, pero mi impresión es que, como ha ocurrido en Cataluña, es minoritario, y la fuerza de las instituciones democráticas va a ir socavándolo poco a poco hasta derrotarlo. Soy más bien optimista.

“Los intelectuales, con una ceguera enorme, han visto siempre la democracia como un sistema mediocre, que no tenía la belleza de las grandes ideologías”

¿Cómo se puede luchar intelectual y políticamente contra esas corrientes? Hay que combatirlas sin complejos de inferioridad. Y decir que el nacionalismo es una tendencia retrógrada, arcaica, enemiga de la democracia y de la libertad, y que está sustentada en ficciones históricas, en grandes mentiras, en eso que ahora se llaman posverdades históricas. El caso de Cataluña es flagrante.

Su evolución desde el marxismo al liberalismo no es infrecuente. De hecho, es la misma que siguieron algunos de los autores que glosa, como Popper, Aron, Revel. ¿Conocer desde dentro el mecanismo totalitario actúa como revulsivo? Mi generación en América Latina despierta a la razón en un continente de desigualdades monstruosas y dictaduras militares apoyadas por Estados Unidos. Para un joven latinoamericano que tenía cierta inquietud era muy difícil no rechazar esa especie de caricatura de democracia, con la excepción de Chile, Uruguay y Costa Rica. Yo quise ser comunista, me parecía que el comunismo representaba la antípoda de la dictadura militar, de la corrupción y sobre todo de las desigualdades. Entonces entré en San Marcos, una universidad nacional y popular, con la idea de que ahí debía de haber comunistas con los que vincularme. Y efectivamente, me vinculé. Ahora bien, en ese tiempo el comunismo en América Latina era el estalinismo puro y duro, con partidos subyugados a la Komintern, a Moscú. A mí me defendieron del sectarismo Sartre y el existencialismo. Yo tenía todo el tiempo discusiones en mi célula, y solo milité un año. Pero seguí siendo socialista de una manera vaga, y eso lo fortaleció la revolución cubana, que al principio parecía un socialismo distinto, no dogmático. Me entusiasmó. En los sesenta viajé a Cuba cinco veces. Y poquito a poco vino el desencanto, sobre todo a partir de la creación de las UMAP [Unidades Militares de Ayuda a la Producción]. Hubo redadas contra jóvenes que yo conocía, fue un trauma. Y me acuerdo de haber escrito una carta privada a Fidel diciéndole que estaba desconcertado, que cómo Cuba, que parecía un socialismo abierto y tolerante, podía meter en campos de concentración a “gusanos” y homosexuales con criminales comunes. Fidel me invitó a mí y a una docena de intelectuales a conversar con él. Estuvimos toda una noche, 12 horas, de las ocho de la tarde a las ocho de la mañana, oyéndolo hablar, básicamente. Fue muy impresionante, pero no muy convincente. Desde entonces empecé a tener una actitud un poco recelosa. La ruptura definitiva vino con el caso Padilla [el proceso contra el escritor Heberto Padilla, encarcelado en 1971 y obligado a una terrible autocrítica pública, que marcó el fin del idilio de importantes intelectuales con el régimen cubano]. Tuve un proceso difícil, más bien largo, de reivindicación de la democracia, y poco a poco de acercamiento a la doctrina liberal, a base de lecturas. Y tuve la suerte de vivir en Inglaterra los años de Margaret Thatcher.

El retrato que hace de Thatcher, como una mujer culta, valiente, de hondas convicciones liberales, contrasta con la imagen que se ha difundido de ella. Es una caricatura absolutamente injusta. Cuando yo llegué, Inglaterra era un país en plena decadencia. Un país con libertades, pero sin nervio, que se apagaba poco a poco dentro de ese avance del nacionalismo económico de los laboristas. La revolución de Margaret Thatcher despertó a Gran Bretaña. Fueron tiempos difíciles: acabar con las sinecuras sindicales, crear una sociedad de mercado libre, de competencia, y defender la democracia con la convicción con la que ella lo hizo, sin complejos, frente al socialismo, frente a China y la URSS, las dictaduras más crueles de la historia. Para mí fueron años definitivos porque empecé a leer a Hayek, a Popper, que eran autores a los que Thatcher citaba. Ella decía que La sociedad abierta y sus enemigos era un libro fundamental en el siglo XX. La contribución de Thatcher y de Ronald Reagan a la cultura de la libertad, a acabar con la Unión Soviética, que era el mayor desafío que había tenido la cultura democrática, es una realidad que está desgraciadamente muy mediatizada por la campaña de una izquierda cuyos logros son muy pobres.

¿Y cuál es hoy el principal desafío para la democracia occidental? El mayor enemigo hoy es el populismo. No hay nadie medianamente cuerdo que quiera para su país un modelo como el de Corea del Norte o el de Cuba, o el de Venezuela; el marxismo es ya marginal en la vida política, pero no así el populismo, que corrompe las democracias desde dentro, es mucho más sinuoso que una ideología, es una práctica a la que por desgracia son muy propensas las democracias débiles, las democracias primerizas.

La crisis bancaria de 2008, el aumento de la desigualdad han reavivado las críticas a la doctrina liberal, que de unos años a esta parte ha sido rebautizada como “neoliberalismo”. Yo no sé qué cosa es el neoliberalismo. Es una forma de caricaturizar el liberalismo, presentarlo como un capitalismo despiadado. El liberalismo no es dogmático, no tiene respuestas para todo; se ha ido transformando desde Adam Smith hasta nuestros días porque la sociedad es mucho más compleja. Hoy día hay injusticias, como la discriminación de la mujer, que ni siquiera aparecían en el pasado.

Dentro de las diferentes tendencias en el liberalismo, entiendo que la principal divergencia se deriva del mayor o menor peso que se otorga al Estado. Sí. Los liberales quieren un Estado eficaz pero no invasivo, que garantice la libertad, la igualdad de oportunidades, sobre todo en la educación, y el respeto a la ley. Pero junto a ese consenso básico hay divergencias. Isaiah Berlin dice que la libertad económica no puede ser irrestricta, porque siéndolo en el siglo XIX llenó las minas de niños. Hayek, en cambio, tenía una confianza tan extraordinaria en el mercado que pensaba que podía solucionar todos los problemas si se lo dejaba funcionar. Berlin era mucho más realista, él pensaba que, en efecto, el mercado es lo que traía el progreso económico, pero que si el progreso significaba crear desigualdades tan gigantescas, la esencia misma de la democracia quedaba perjudicada, ya no funcionaba la libertad de la misma manera para todos. También Adam Smith, al que se considera el padre del liberalismo, era muy flexible. Hombre, claro, hay deformaciones del liberalismo, yo cito el caso de economistas completamente cerrados, convencidos de que solo las reformas en el campo económico traen como consecuencia inevitablemente la libertad. Yo no estoy de acuerdo, yo creo que las ideas son más importantes que las reformas económicas. Volviendo a las caricaturas, o las trampas del lenguaje, es muy significativo el uso de la etiqueta “progresista” que en España, por ejemplo, se colocan fuerzas que defienden las dictaduras de Cuba y Venezuela. Yo creo que desgraciadamente es una contribución de los intelectuales a la deformación del lenguaje. Ellos han impregnado de prestigio el marxismo, el comunismo, como antes lo hicieron con el nazismo o el fascismo, a los que rodearon de una aureola que seduce a cierta gente joven. Los intelectuales, con una ceguera enorme, han visto siempre la democracia como un sistema mediocre, que no tenía la belleza, la perfección, la coherencia de las grandes ideologías. Fíjate que esa ceguera no es incompatible con una gran inteligencia. Heidegger, por ejemplo, quizá el filósofo más grande de la modernidad, ¿cómo pudo ser nazi? Lo mismo ocurrió con el comunismo. Atrajo a escritores y poetas de altísimo nivel que aplaudieron el Gulag. Sartre, el filósofo francés más inteligente del siglo XX, apoyó la Revolución Cultural china…

Con Sartre quiero hacer un aparte. Su obra ha envejecido mal, justificó genocidios, apoyó tiranías y convivió con los nazis mientras otros, como Albert Camus o André Malraux, se jugaban la vida en la Resistencia. ¡Y luego se dedicó a dar lecciones! ¿Por qué se le sigue venerando? Bueno, sabes que para mí fue fundamental en mi adolescencia.

Por eso le pregunto. Lo define como un gran intelectual. Era un hombre…, digamos que sus posiciones políticas estuvieron siempre equivocadas. Creo que hay una explicación probablemente muy personal y quizás demasiado psicologista, pero él no fue un resistente de verdad…, incluso aceptó reemplazar a un profesor que había sido expulsado de la enseñanza por ser judío, y aunque perteneció a un grupo resistente en el que prácticamente no hizo gran cosa, creo que nunca se liberó de ese complejo y estuvo el resto de su vida haciendo esfuerzos, algunos grotescos, para merecer el nombre de progresista y revolucionario. Una necesidad que fue muy generalizada en su época: los intelectuales querían dar prueba de progresismo porque era lo que se esperaba de ellos. Entonces se equivocaron monstruosamente y contribuyeron muchísimo a dar esa especie de aura al comunismo, como antes al nazismo. Del Tercer Mundo, ya ni hablamos. Si tú en América Latina en los años sesenta no eras un intelectual de izquierdas, simplemente no eras un intelectual. Se te cerraban todas las puertas. Había un control de la cultura por parte de una izquierda muy sectaria, muy dogmática, que deformaba profundamente la vida cultural. Creo que eso ha cambiado considerablemente.

“Si comienzas a juzgar la literatura en función de la ética, no solo quedaría muy diezmada, es que desaparecería. La literatura y la moral están reñidas”

También ha ocurrido en Europa. Sí, claro. Aunque en Inglaterra, cuando yo vivía allí, había intelectuales que daban la batalla, que salían a enfrentarse, que no tenían complejos de inferioridad, y aquello me ayudó muchísimo a ser más honesto conmigo mismo.

Es que en muchos casos es un problema de honestidad intelectual. Élites que defienden modelos que jamás soportarían... Así lo creo. Bertrand Russell, por ejemplo, defendió causas muy nobles, y fue una persona admirable en muchas cosas, y al mismo tiempo defendió cosas horrendas, y se dejó manipular por una izquierda que no tenía ningún respeto por sus obras, por sus ideas, que ni siquiera lo había leído. ¿Cómo te explicas esa contradicción? Por desgracia, la inteligencia no es una garantía de honestidad intelectual. Isaiah Berlin, sin embargo, creía que era imposible disociar la grandeza intelectual o artística de la rectitud ética. Que talento y virtud van unidos. No, no es verdad. Si fuera así, no se darían esas contradicciones tan flagrantes que hemos visto alrededor nuestro… Heidegger no hubiera muerto con su carné del partido nazi, Sartre no hubiera defendido la Revolución Cultural china, ni declarado, como hizo, en 1946, a su regreso de Moscú: “La libertad de crítica es absoluta en la URSS”… Pero ese no es el caso de ninguno de los intelectuales que yo menciono en el libro. Ellos creen que la moral es inseparable de la política. Y que hay que estar dispuesto a corregir y a aprender de los errores. En eso insiste mucho Popper.

Este debate ha cobrado actualidad. Estamos viendo en el cine, por ejemplo, cómo se condena al ostracismo la obra de creadores acusados de actos deplorables (con o sin pruebas): Polanski, Woody Allen... Y en literatura, Gallimard ha decidido no publicar los panfletos antisemitas de Céline. Estas prohibiciones son estúpidas.

¿Debe respetarse la obra de un canalla? No solo debe respetarse. Debe publicarse. Si tú comienzas a juzgar la literatura en función de la moral y de la ética, la literatura no solo quedaría muy diezmada, es que desaparecería… No tendría razón de ser. La literatura expresa aquello que la realidad se empeña en ocultar por distintas razones. Nada estimula tanto el espíritu crítico en una sociedad como la buena literatura, además de la belleza que significa el placer que te produce. Pero la literatura y la moral están reñidas, son enemigas, y hay que respetar la literatura si tú crees en la libertad. Que haya escritores demoniacos, desde luego, hay muchísimos, que no son para imitarlos, pero sí para aprender de ellos. El marqués de Sade está lleno de horrores, escribió las cosas más atroces y al mismo tiempo pocos escritores se han adentrado con tanta profundidad en las complejidades de la mente humana, del mundo de los deseos y los instintos. Y Céline fue un miserable por apoyar a los nazis y por su racismo, sin duda, y al mismo tiempo fue uno de los más grandes escritores modernos. Yo no creo que haya en la Francia moderna, después de Proust, ningún escritor tan original ni tan grande como Céline. Yo he leído sus dos grandes novelas dos o tres veces, y son obras maestras absolutas. Dentro de su pequeñez, de su visión tan mediocre del ser humano, expresó una realidad no solamente de la sociedad francesa, sino de todas las sociedades sin excepción.

¿La corrección política puede amenazar la libertad? La corrección política es enemiga de la libertad porque rechaza la honestidad, es decir, la autenticidad. Hay que combatirla como una desnaturalización de la verdad.

Recientemente hemos descubierto las fake news como si fuera algo nuevo. Pero en El conocimiento inútil, Jean-François Revel describe cómo, en los años ochenta, la URSS dio la gran batalla de la desinformación en Occidente, en la que participaron intelectuales, por supuesto, y medios de comunicación, con coberturas sesgadas y campañas contra dirigentes conservadores. Ahí nacieron los grandes bulos… Palabras nuevas para realidades muy antiguas. En el caso de la desinformación, de la manipulación, el comunismo tuvo una habilidad diabólica para desnaturalizar las cosas, para desprestigiar a figuras honestas, para encubrir las mentiras con falsas verdades que al final prendían y sustituían a la realidad.

La URSS cayó, pero ahora llega desde Moscú una nueva forma de injerencia cibernética en las elecciones de EE UU, en Cataluña, en las campañas electorales de México y Colombia... Lo que hay es una revolución tecnológica que está sirviendo para pervertir la democracia más que para fortalecerla. Es una tecnología que puede ser utilizada para fines muy diversos, pero de la que están sacando provecho los enemigos de la democracia y de la libertad. Es una realidad a la que hay que enfrentarse, pero desgraciadamente yo creo que todavía la respuesta es muy limitada. Estamos como desbordados por una tecnología que se ha puesto al servicio de la mentira, de la posverdad, y que puede llegar a ser, si no atajamos ese fenómeno, profundamente destructor y corruptor de la civilización, del progreso, de la verdadera democracia.

25 de febrero de 2018

El País

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